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*************** [ARCO 7: PANDORA / CAOS] ***************
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**Tap, tap, tap, tap**
En el medio de la noche una joven e inocente chica humana vagaba por los alrededores de la no tan pequeña y siempre segura villa humana. Cientos de edificios se alzaban a través de aquel lugar, miles de hombres, mujeres y niños se refugiaban del viento, de la lluvia y de los monstruos en cada uno de sus cálidos y humildes hogares.
Mercaderes se habían dormido hasta altas horas de la noche contabilizando sus ingresos y mercancías, listos para un nuevo día en el cual regresarían al mercado y trabajarían por el bien de la economía de sus compatriotas.
Cariñosas madres y hermosas amas de casa reponían sus fuerzas luego de cumplir con la labor más importante de todas, esperando con anticipación y orgullo poder trabajar un día más por el bien de sus amorosos maridos y de sus preciosos hijos.
Sabios abuelos y abuelas descansaban en sus hogares, listos para transmitir su sabiduría a la nueva generación que ahora se encargaría de cuidar los campos y animales, de los nuevos y pequeños aldeanos que se encargarían de confeccionar una gran variedad de nuevas ropas y vestidos, de crear los más poderosos elixires y remedios medicinales, y de mantener la economía de aquel lugar a flote.
Cocineros tomaban un buen merecido descanso luego de un arduo y caluroso día, algunos habían dejado alimentos fermentándose durante el transcurso de la noche, otros simplemente esperaban despertar desde muy temprano para realizar los preparativos necesarios y abrir restaurantes a través de los cuales esparcirían felicidad a otros lugareños que aún no contaban con una esposa o que simplemente deseaban beber con sus amigos luego de un gran y fructífero día de trabajo.
Las hermosas calles de tierra de aquella villa eran completamente planas y no mostraban la más mínima de las imperfecciones, todas esas eran calles fruto de innumerables semanas de esfuerzo, fruto de la sangre, del sudor y de las lágrimas derramadas por el bien de la comunidad de los más adeptos a la construcción dentro de aquella villa.
**Fjeeeeewww**
Pero aquellas calles normalmente llenas de vida se encontraban completamente vacías.
Si… El día había terminado, y la vida de cientos de hombres, mujeres y niños, siempre trabajadores, siempre felices, siempre serviciales se encontraba en completa paz y armonía.
Todos y cada uno de ellos dormía en paz, su único deseo era poder ver las sonrisas de sus vecinos, familiares y amigos una vez más. En aquella tierra que no perdonaba a nadie, contar con un sitio al que llamar hogar era una de las más grandes bendiciones que los Dioses les habían permitido.
**Fjuuuuuuu**
A aquella nostálgica aldeana, hija de un hombre grande y fuerte reconocido como uno de los mejores leñadores y carpinteros de toda la villa, cuya preciosa esposa aún tenía la bendición de seguir con vida y cuidaba de sus pequeños y traviesos tres hermanos, le encantaba viajar por las noches mientras disfrutaba de la fresca brisa del aire. Las calles eran pacíficas, y nadie tenía nada que temer. Ella podía tomarse su tiempo, disfrutar de la vida hasta el amanecer, pues es entonces cuando ella debía de retomar su papel en la sociedad, como herrera y como mujer.
Cientos fueron aquellos los hombres que desconfiaron de sus habilidades, miles las mujeres que la criticaban por no haberse dedicado a la vida de una esposa y ama de casa, pero su pasión estaba en la creación de herramientas y armas para los aldeanos y cazadores.
Sin ella, los constructores no tendrían los martillos ni sierras necesarias para reparar sus casas y comercios, sin sus esfuerzos, los campesinos no contrarían con una hoz o azada con la que podrían labrar la tierra y atender los campos, sin su trabajo, no importaba lo mucho que los cazadores intentasen conseguir comida, sin flechas, sin cuchillos o espadas todos y cada uno de ellos volverían a casa con las manos vacías.
Si. Esa era su vida, su papel en aquella gran aldea, suya era la vida de una herrera que amaba su pueblo, la vida de una herrera dispuesta a darlo todo por los demás, con la paciencia y resolución de realizar un trabajo bien hecho. Una herrera que había probado toda su valía, y que se ganó el respeto de todos aquellos que la rodeaban con su propia fuerza y destreza.
"Mmmffff~"
Aquella mujer inhalo el puro y grandioso aire fresco que solo aquella gran aldea sin vehículos o fábricas podía ofrecer.
"Haaaa~"
Y exhaló con alegría, estaba realmente feliz, realmente agradecida de pertenecer a aquel lugar.
**Tap, tap, tap**
"¿Mmm?"
Con el sonido de algunos pasos resonando a su espalda, aquella chica observó por encima de su hombro. Y lo que se encontró fue una chica de aspecto extraño, usaba una camisa blanca de un material y calidad de confección que jamás había visto antes, sus piernas estaban cubiertas con un extraño pantalón azul claro de tela rígida que ella era incapaz de identificar, no le tomó más de unos segundos notar que esa era una chica que ella jamás había visto antes en aquella aldea.
"¡Uená Noches!"
Su primer instinto había sido saludarla, aquella chica que aún no se había percatado de su presencia se detuvo tras escuchar el sonido de su voz, y entonces se le quedó mirando, en silencio, mientras grandes lámparas de aceite colgadas de los techos de las casas iluminaban con suavidad las calles y dejaban ver parte de su rostro.
"…"
Su tez pálida resplandecía con el brillo de la luna llena y su piel se veía tan suave como joven, no le tomó demasiado tiempo a aquella herrera notar que esa era la piel de una chica que jamás había trabajado en los campos o en las minas pues, según su experiencia, las únicas mujeres con una piel sin imperfecciones como esa eran aquellas entrenadas para servir al hogar y a su familia.
"¡Jamá te habiá visto pó aquí! ¡¿Tambié viene a disfrutá dér airi frésco!?"
"…"
Aquella extraña chica giró un poco la cabeza, tratando de ignorarla… No parecía querer responder a sus preguntas…
"¡¿Hólá?!"
¿O tal vez simplemente no podía entender su acento? La joven herrera realmente tenía un acento algo extraño cuando interactuaba con otros miembros de la villa, por lo que una reacción así no era realmente preocupante. Y aunque su actitud era definitivamente extraña, la fuerte y orgullosa herrera tampoco podía descartar la idea de que ella fuera una chica con aquella rara enfermedad de no poder hablar que le había contado su abuelo, de ser así, explicaría por qué no la había visto antes y porque su piel era tan hermosa. Normalmente aquellos niños que no podían hablar pasaban el día encerrados en casa, trabajando en la confección de ropa o manufacturación de adornos y recuerdos. Siempre protegidos del sol y de otros niños y adultos que no pudieran comprender sus sentimientos o pensaran que su enfermedad era una maldición de la cual debían de alejarse.
"¿No podéh hablá?"
"…"
La extraña chica comenzó a caminar tras cambiar un poco su curso, trataba de alejarse un poco del camino de aquella herrera y no parecía tener intenciones de permanecer ahí más tiempo.
"¡Buénnn nó pasá naá! ¡Vénih, vénih! ¡Acompáñame!"
La joven herrera se acercó rápidamente hacia aquella chica, y sin decir una sola palabra observó como ella la miraba directamente a los ojos, la mirada de esa chica parecía perdida, era como si estuviera distanciándose a sí misma de algo… O tal vez buscando algo dentro de sus ojos.
"…"
"¿Qué pasá?"
La extraña chica apartó su vista luego de encontrar lo que sea que estaba buscando, y entonces miro hacia el cielo, contemplando la luna que alumbrara su camino incluso más que aquellas lámparas colgadas a los edificios.
"… Voy a atacar esta aldea… Si no quieres morir… Busca a tu familia, y huye mientras puedas…"
"¡Jajajajajaja! ¡¿Alguié tán pequéñah cómo tú?! ¡Bué chíste!"
"Hablo en–"
Pero aquella herrera interrumpió con una fuerte palmada en la espalda que hizo que desestabilizara y mostrase una mueca de dolor.
"¡Té diréh quéh!"
La herrera parecía mucho más alegre de lo usual, aquel chiste de muy mal gusto le había puesto de muy buen humor. Ella estaba completamente segura que algo así era todo lo contrario a lo que esa chica había estado esperando.
"Conozco un sitio bastante bueno en el cual podemos beber algo, me gustaría saber el motivo por el que alguien tan pequeño como tú diría algo preocupante como eso. ¿Acaso tuviste una pelea con tu novio? ¿Tus padres no quisieron comprarte una nueva máquina de coser? No importa el motivo, no creo que estés en condiciones para hacer algo así pequeña"
La herrera comenzó a hablar en susurros, solo le había tomado un instante cambiar su acento por completo y por alguna razón parecía querer intentar ocultarlo.
"…"
Algo así sin duda era una actitud extraña y fuera de lo común, pero no parecía haber molestado en lo más mínimo a aquella chica.
"Ven, bebamos algo, hablemos de tus problemas, y entonces te llevaré de vuelta a casa para que duermas un poco y te olvides por completo de un plan tan tonto como ese. Te prometo que para el día de mañana estarás muchísimo mejor y te habrás olvidado por completo de estos sentimientos"
La herrera no podía creer en lo más mínimo que una chica tan pequeña, tan enclenque, tuviera el poder necesario para atacar a su amada aldea. En primer lugar, ni siquiera podía sentir un rastro de poder espiritual dentro de ella. Era un humano incluso más débil que sus pequeños hermanos.
"Vamos, andando"
"…"
Pero la chica se quitó su brazo de encima y la fulminó con la mirada. Estaba bastante irritada por haber sido tratada como una niña estúpida.
"¿Mmm?"
"… No te lo advertiré de nuevo… Huyan… Ahora"
"¿Aún con esas? ¿Y qué pasará si me niego~? ¿Qué podría hacer alguien como–?"
**CRACK**
Aquella chica levantó su brazo en dirección a una gran casa cerca de ellos, la joven pareja de dueños de aquel edificio había desaparecido recientemente durante una sesión de caza, por lo que no pudieron ser testigos de cómo su hogar comenzaba a inclinarse lentamente.
**CRACK, CRACK**
A través de una de las ventanas podía observarse como dos de los cuatro grandes y gruesos pilares de madera que mantenían aquella estructura de pie habían sido rotos por la mitad.
**¡CRACK, CRACK, CRACK!**
Y sin la fuerza de esos pilares para sostener el edificio, la casa comenzó a derrumbarse bajo su propio peso.
**¡POOOOOOOOOOOOM!**
Hasta que un estruendoso sonido marcó la desaparición de aquel hogar que pasó a ser una pila de trozos de madera.
"… ¿Lo entiendes? Largo de aquí Hikari"
"¡¿…?!"
Aquella herrera retrocedió de inmediato al escuchar su nombre.
"… ¿C-Cómo?"
"No te daré otra maldita oportunidad"
La chica continuó su camino a través de aquella larga calle vacía, dejando a la herrera atrás rápidamente mientras su silueta parecía perderse en la oscuridad de la noche.
"…"
Esa demostración de fuerza era simplemente increíble… Tan ridícula que Hikari no podía creer lo que había visto… ¿De verdad había pasado todo eso? ¿No estaba soñando? … Tal vez alucinaba… Era imposible que una chica tan frágil y joven como esa hubiera hecho algo así… ¿Verdad?
"¡¿Qué está pasando aquí?!"
Pero sus dudas se disiparon cuando un hombre de complexión fuerte dio un grito amenazador a través del balcón de su ventana tras haber sido sujeto a un duro despertar por el estruendoso ruido de un edificio desplomándose bajo la fuerza de su propio peso.
Aquel hombre que observaba la situación aún parecía seguir medio dormido, sin embargo… Tras notar aquella pila de madera hecha pedazos en dónde debería de estar un edificio, su rostro se retorció en una expresión de terror y sorpresa. Ni siquiera podía comenzar a creer lo que estaba viendo.
"¡¿La casa de Ryu?! ¡¿Qué ha pasado?!"
El hombre se frotó una y otra vez los ojos, buscando los alrededores en busca de alguna pista o respuesta de lo que sea que hubiera pasado ahí.
"¡¿Hikari?!"
Hasta que finalmente observó la piel morena de la joven herrera que aún se permanecía de pie en mitad del camino.
"¡¿Eres tú, Hikari?! ¡No te muevas, ya mismo bajo!"
Los fuertes pasos de un hombre azotando sus pies en contra de la gruesa y resistente madera de su hogar se propagaban con facilidad a través del silencio de la noche, decenas de personas comenzaban a mirar a través de sus puertas y ventanas, todos y cada uno de ellos con la intención de descubrir que es lo que estaba pasando.
"…"
Pero aquella joven herrera llamada Hikari no tenía ni un solo minuto que perder.
Corriendo a toda velocidad, la ágil herrera no esperó por su conocido y se dirigió de inmediato de vuelta a casa.
"Lo siento… Lo siento Kai, pero no tengo tiempo para esto… Mi familia… Debo… ¡Debo salvar a mi familia!"
Debía contarles acerca de lo que pasó, acerca de lo que pudo ver, necesitaba alertarles y salir de la villa cuanto antes.
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Hikari corría como el mismo viento en dirección a su hogar, el terror y la ansiedad que sentía estaban comenzando a tomar el control de su cuerpo. Era una sensación de pánico que había acabado con su ego y que había devorado todo rastro existente de su valentía. La pobre herrera jamás se había sentido más débil y vulnerable en toda su vida.
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!"
Un grito desgarrador hizo que el miedo dentro de ella tomará el control de sus piernas y la forzara a detenerse frente a una amplia taberna, aquel había sido un grito como jamás había escuchado antes. La ansiedad dentro de ella hizo que su corazón latiera con fuerza y que sus manos comenzaron a temblar descontroladamente.
"¡AaAAAaaaGH!"
El chillido desgarrador de una mujer ahogándose llegó a sus tímpanos.
Hikari trató de ordenar con todas sus fuerzas que sus pies siguieran corriendo… Pero era inútil, sus pies y su cerebro ya no la escuchaban, ella había perdido todo control sobre su propio cuerpo.
"¡NGNAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"
Un tercer grito emanó del interior de aquel edificio en dónde hombres y mujeres se reunían para descansar, beber y disfrutar de una comida decente sin importar la hora del día. La taberna y albergue de su viejo amigo y compañero de caza, Takeshi.
"A… Ahh…"
Sin importar lo que pasara, ella se negaba a abrir la puerta principal de aquel sitio, sabía perfectamente lo que iba a encontrarse tan pronto como pusiera un pie dentro. Después de todo, ella fue testigo del poder de aquella extraña chica que le dio la oportunidad de huir con su familia.
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!"
Otro grito más… Si ella abría la puerta… Entonces, lo único que se encontraría serí–
**BAM**
Pero sin ni siquiera tener el tiempo para poder comenzar a imaginárselo, un hombre salió corriendo a través de la puerta principal de aquel edificio, y no pasó mucho antes de que Hikari terminara en el suelo, adolorida luego de ser golpeada para salir del camino de aquella pobre alma en pena que fue testigo de algo peor que la muerte.
"¡MONSTRUO! ¡MONSTRUOOOO! ¡CORRAN! ¡CORAAAAAANN!"
El hombre gritó una y otra vez como si su vida dependiera de ello, alertando a todos los hombres y mujeres de la aldea que algo no iba bien.
"Ah… ah…"
"… ¿Hikari?"
"… ¡Ahhhh!"
Caminando con la tranquilidad de un nefasto demonio, aquella chica con un rostro frio y sin expresiones salió del local de su querido amigo.
Su antes ropa impoluta ahora estaba cubierta con sangre, piel e intestinos de lo que solo podía imaginarse era su amigo Takeshi o alguno de sus clientes
"Brgh… ¡BRRGH…!"
El olor que impregnaba el aire alrededor de ese demonio hizo que el estómago de Hikari se retorciera con asco y dolor hasta que ella no pudo soportarlo más y terminó vomitando justo al lado de los pies de aquella chica. Su cabeza daba vueltas, estaba extremadamente agotada tras haber expulsado todo el alimento sin digerir de esa noche, y ahora podía sentir como una mirada la observaba fijamente.
Sus fuertes músculos y su gran orgullo por su oficio no iban a poder ayudarle, el miedo que sentía ante la presión de aquella mirada asesina era un sentimiento mucho más fuerte de lo que jamás pudo haber imaginado.
"… Mis zapatos"
"Haa… Haa…"
Los zapatos de aquella chica habían sido salpicados por el vómito de la asustada herrera, frunciendo el ceño ella preguntó irritada sobre lo único que le molestaba, la única razón por la que ella estaba conteniéndose y no había hecho pedazos a Hikari.
"… ¿Qué diablos sigues haciendo aquí?"
La chica se giró lentamente alrededor de Hikari, pisando el vómito con fuerza y salpicándolo en su rostro, entonces la tomó del cuello de su gris camisa de tela como si ella fuera alguna clase perro faldero, causándole gran molestia mientras la levantaba sin mucho esfuerzo en el aire.
"Escúchame bien… Esto está a punto de volverse una zona de guerra, tienes que largarte de aquí cuanto antes… Sé muy bien la clase de escoria humana que eres, no creas que no recuerdo cómo me trataste igual que todos cuando me expulsaron, conozco tu verdadera personalidad maldita… Sé que fuiste tú quien les dio armas a todos esos idiotas que estaban detrás de mi cabeza. ¿Qué tal se sentía ver como tu negocio prosperaba a costa de la vida de una pobre prostituta, perra?"
"¡AAH! ¡AAH!"
Aquella chica estaba diciendo cosas que no podía entender…
"Te odio… Pero si mueres aquí, entonces mucho del progreso de esta aldea se verá detenido por completo durante al menos un par de décadas. Tu papel en todo esto es el de sobrevivir pase lo que pase, aún si tienes que venderte como la perra que eres, ¿me has oído?"
"¡AAAAAAAAAAHH…! ¡AAAAHHH!"
Pero Hikari no escuchaba a razones, su capacidad para razonar ya se había sido apagado por completo. Lo único que quedaba era el cuerpo vacío de una chica que gritaba por poder permanecer con vida.
"Hey"
"¡AAAAH!"
"Te estoy–"
"¡AAAAAAAH!"
"Tcht… Eres inútil"
La chica dejó caer su cuerpo sin compasión
**PLAP**
Y con el sonido de la carne y huesos de Hikari impactando la tierra con fuerza ella finalmente recuperó el suficiente control de su cuerpo como para poder comenzar a gatear.
"¡AAAAH!"
Ella gateó desesperadamente hasta lograr levantarse y correr por su vida.
"¡TENGO QUE… TENGO QUE…!"
Diez metros, cien metros, quinientos… Su corazón latía con fuerza, el aliento se le había acabado hace mucho, sus piernas le dolían tras haber sido forzadas durante tanto tiempo… Pero ella siguió corriendo.
"¡PAPÁ! ¡MAMÁ!"
Hasta llegar a una gran casa de madera con un yunque de plomo y hierro adornando la entrada.
"¡DESPIERTEN! ¡TENEMOS QUE HUIR!"
Azotando la puerta principal, ella forzó su propia entrada a su querido hogar, tirando todo a su paso y golpeando las paredes con fuerza mientras hacia la mayor cantidad de ruido posible, entonces regresó al marco de la puerta por la que había entrado, lista para escapar.
"¿Hermana…?"
La primera en atender a su llamado fue su pequeña hermana Mei, la joven niña de no más de diez años había estado durmiendo tranquilamente en una de las habitaciones de aquel hogar junto a otra de sus hermanas. Su precioso cabello rubio y ojos azules eran completamente diferentes al del resto de su familia, algunos incluso se preguntaban si ella era realmente hija de su madre, pero independientemente de las críticas y rumores de los demás ella era una pequeña muñeca con apariencia y actitud noble que todo el mundo amaba y respetaba.
"¿Hikari?"
Bajando las escaleras dentro de su hogar la segunda en responder a su llamado fue su querida madre, Yuuki. Su ondulado cabello color nuez estaba bastante desordenado luego de ser forzada a despertar y bajar sin poder prepararse. El color de sus ojos era tan raro de encontrar en aquella villa que muchos hombres intentaron cortejarla sin éxito con la esperanza de que sus hijos heredaran su hermoso color esmeralda.
"¿Qué te pasa ahora?"
Y junto a ella estaba el esposo de su madre, un hombre gentil y amoroso, un padre fuerte y valiente cuyo cuerpo había sido forjado por la dura vida de un leñador sostenía un gran mazo en sus manos. Su padre Tora estaba listo para el combate, dispuesto a dar su vida por defender a su amada familia.
"¿Hika-chii?"
Y detrás de él, el pequeño e inocente Yuu se asomaba por el marco de la puerta que daba a la habitación de sus padres, él había estado durmiendo junto a ellos luego de sufrir de una terrible pesadilla en la que toda su familia era asesinada por una extraña chica vestida con ropa blanca y azul.
Tratando de tranquilizarse Hikari gritó de la manera más amable posible.
"¡Mei, ve por Nami! ¡Mamá, papá, tenemos que irnos de inmediato!"
El único familiar que no había atendido a su llamado era la segunda de aquellos hermanos.
Nami era una chica de cabello plateado que había nacido con la peculiaridad de no poder ver los colores igual que las demás personas, esa extraña enfermedad había dificultado enormemente su capacidad para recibir una educación adecuada, pero toda su familia la apoyaba y le daba palabras de aliento para seguir adelante.
"¿Irnos? ¿Hikari? ¿Qué… Qué está pasando? ¿Te peleaste con Kai otra vez? Ya te he dicho que no importa lo mucho que les guste la herrería, no debes de–"
"¡Por favor, recojan todo y vámonos ya!"
Pero Hikari interrumpió las palabras de su padre y comenzó a perder la calma otra vez.
"¿Hikari? ¿Hija mía, estás bien? ¿Por qué estás tan pálida?"
Su madre pensó que su comportamiento era demasiado extraño y dio un par de pasos al frente, tratando de acercarse a su hija para tranquilizarla.
"¡TENEMOS QUE HUIR!"
Pero eso no hizo más que empeorar las cosas.
"Mamá… Hikari me está asustando…"
Hikari intentó hacerles entender el peligro en el que todos estaban… Pero nadie quería escucharla.
"Vuelve con Nami, Mei. Todo está bien, Hikari solo tuvo una pequeña pelea. Papá se asegurará de que no pase nada, recuerda, en la aldea todos estamos seguros"
Su padre sonrió tranquilamente y la pequeña Mei regresó a su pequeño cuarto junto a su hermana que la observaba un poco asustada por encima de las sábanas.
"Aaah…"
El ataque de pánico de Hikari estaba alcanzado niveles preocupantes y todos se negaban a escucharla…
"¡AAAAAAAAH!"
Si no se apresuraba ella… Esa… Cosa… Iba a venir por ellos, estaba en sus manos salvarlos a todos… Pero… Nadie le prestaba atención sin importar cuantas veces se los advirtiera
"¡ASESINA, HAY UNA ASESINA EN LA ALDEA!"
Y tras algunos segundos de milagrosa inteligencia, pensó en algunas palabras que tal vez podrían serle de ayuda en una situación tan desesperada como esta.
"¡UNA CHICA LOS MATÓ A TODOS! ¡ES TAN FUERTE COMO PARA DESTRUIR UNA CASA! ¡PIENSA ACABAR CON TODA LA ALDEA! ¡TENEMOS QUE HUIR!"
Todo su corazón había sido vertido en esos gritos. Sonidos de pasos realizados por sus curiosos y entrometidos vecinos que normalmente espiaban todas y cada una de sus conversaciones pudieron escucharse a través de la noche. Parecían tomar sus advertencias más en serio que sus propios padres.
"¡¿Una asesina en la aldea?! ¡Rápido mamá, cierra la puerta!"
La amable señora Yuuki se apresuró rápidamente hacia Hikari para apartarla del marco de la puerta y poder encerrar a su familia en la seguridad de su querido hogar.
Hikari se resistió vehementemente a su madre en un patético intento por salvar a su familia.
"¡Hikari! ¡Jovencita! ¡Hay que entrar, no te resistas!"
"¡NO! ¡NO! ¡HAY QUE IRSE, LOS MATARA A TODOS!"
Ella había tenido la esperanza de que en aquel arrebato de inteligencia sus padres la escucharan y todos huyeran de inmediato… Pero no estaba funcionando… Y el tiempo… El tiempo se estaba agotando
"¡Waaaaaaaaaaaaa!"
El pequeño Yuu comenzó a llorar al escuchar las horribles palabras de su hermana, le recordaban demasiado a su pesadilla de esa noche, y recuerdos como ese eran demasiado para un pequeño de su edad.
"¡Hikari!"
Su padre comenzó a acercarse, listo para reprimir a su hija.
"¡Sal de ahí ahora mismo o voy a–!"
**BAAAAAAAAANG**
Pero el sonido de algo atravesando la pared de madera de ese edificio y el viento de un cuerpo volando justo por delante de Tora interrumpió los gritos de aquel hombre.
"¡Urgh…!"
Era aquella extraña chica de preparatoria que había sido lanzada cientos de metros por el aire y terminó impactando por accidente contra la pared de la casa de Hikari.
"Maldita sea…"
La joven chica comenzó a levantarse con algo de dificultad, deshaciéndose de dos grandes trozos de madera que antes de su aterrizaje solían ser una mesa.
Su ropa parecía aún más ensangrentada que antes, y aunque el origen de aquella sangre era dudoso ya no quedaba ni un solo rastro de piel en todo su cuerpo que no hubiera sido bañado con el oloroso hedor de la muerte.
"¡Seeeekiiirrrreeeeenkiiiiiii!"
Luego de recuperarse del impacto la chica gritó un nombre que ninguno de los miembros de aquella familia había escuchado antes. Luego de finalmente notar en dónde había aterrizado ella observó bastante irritada a la familia de Hikari. Todos la miraban fijamente, incluso las pequeñas hermanas Mei y Nami habían salido de su habitación tras aquel gran y ensordecedor ruido.
"¡¿Q-QUIÉN ERES TÚ?!"
Tora no perdió ni un segundo en apuntar a aquella chica llena de sangre con su gran mazo.
Ella era un huésped indeseado que por alguna razón irrumpió en su hogar en mitad de la noche, para aquel padre de familia una persona capaz de levantarse luego atravesar una pared era sin duda una gran amenaza para su familia. El hombre no tenía ni la más pequeña pizca de miedo, pero Hikari sabía que eso no iba a ayudar a su padre en una situación tan desesperada como esta.
"¡¿HAAAA?!"
La chica respondió con un furioso respingo, ya les había advertido más de una vez que debían de largarse de la aldea y en estos momentos no se encontraba de humor como para tener que lidiar con nadie ni nada que se entrometiera en su camino.
"¡¿TE HE PREGUNTADO QUIÉN DIABLOS ERES?!"
Sin avisar, Tora se abalanzó contra esa extraña y la atacó con todas sus fuerzas. Él pensaba que el gran y poderoso mazo que le había sido obsequiado su hábil hija sería suficiente para combatir a cualquier extraño que intentara amenazar a sus seres queridos… Pero…
**CRACK**
No era así, aquel trozo de hierro se rompió en pedazos con solo tocar a aquella mujer.
Era como si el metal fundido dentro de él no hubiera sido más que esquirlas de cristal listas para quebrarse ante la más mínima caricia del viento.
"¡VAYANSE YAAAAAAA!"
La chica tomó al padre de Hikari de uno de sus brazos y tras elevarlo en el aire lo envío volando en dirección a la puerta de entrada de aquel lugar
"¡Kyaaaaah!"
Su esposa Yuuki recibió el impacto del cuerpo de su marido y fue empujada junto a Hikari a través de esa puerta algunos metros, finalmente deteniéndose en mitad de aquella amplia calle de tierra.
**BOOM, BOOM, BOOM**
Justo a tiempo para que un ejército de cabezas flotantes comenzase a bombardear sin descanso ni misericordia el hogar de aquella adorable familia.
**CRRRAAAAAACK**
La madera no pudo soportar más que algunos impactos y entonces cedió rápidamente ante la presión de aquella potente lluvia de balas esféricas.
"¡Mamá!"
"¡Kyaaaaaah!"
"¡Aaaaaaaaaaaaaah!"
Los ensordecedores e inhumanos gritos de tres niños siendo aplastados por el peso de largas vigas y paredes de madera fue lo último que pudieron escuchar antes de que su humilde casa se derrumbase por completo.
Era una escena surreal, casi caricaturesca, ese cálido y seguro hogar en dónde los padres de aquella familia había deposito sus esperanzas se había convertido en una tumba de escombros cuyo único propósito era servir como leña para la fogata de esa noche, solo era una ficha de dominó que tuvo el infortunio de tener que enfrentarse a la todopoderosa bala.
"…"
Hikari solo podía observar en silencio y con lágrimas en sus ojos como sus hermanos y hermanas ahora yacían en alguna parte debajo esa pila de madera, debajo de esa tumba gigante.
Solo podía recordar el sonido de lo que parecían ser huesos quebrándose ante la fuerza de aquel edificio… Solo podía imaginar el dolor que tuvieron que sentir antes de que todo hubiera terminado.
Era algo que jamás la abandonaría… Ella sabía que a partir de ahora jamás podría volver a dormir sin tener pesadillas… Sabía que… Sin importar qué… Ella había fallado en lo único que no debía de fallar… Aun y con aquella advertencia… Había fallado en salvar a su familia.
"M…Mei… Yuu… Nami… AaaAAaaAaA…"
"¡Waaaaaaaaaaaaaaaahhh!"
Pero su padre y su madre no lo aceptaban tan bien como lo hacía ella… Sus gritos, sus lágrimas, sus lamentos, sus aullidos de dolor no tenían punto de comparación con lo que ella estaba sintiendo en ese momento.
"Phew, que molesto fue todo esto"
Una joven señorita con una camisa de manga larga color negro y falda rojo oscuro volaba despreocupadamente por los aires encima de aquel edificio. Sus zapatos negros con detalles rojos cubrían sus pies del frío y una pequeña capa roja cubría su boca, ocultando la mitad de su rostro. Su corto cabello rojo y ojos escarlata resplandecían al entrar en contacto con los rayos de la luna. Sobre su cabeza un lindo y adorable moño color lila daba el toque final a su gran belleza
"¡Bueno! ¡Todo terminó bien!"
Completamente inconsciente de lo que había hecho la chica extendió su capa con un brazo. Esa era la señal que había desarrollado para que todas las cabezas que habían funcionado como torretas móviles volaran en fila y se ocultaran una a una debajo de la oscuridad creada por su fiel accesorio, desapareciendo tan pronto como entraban en contacto la sombra creada por aquella capa.
"Mejor me voy antes de que alguien me v–"
Pero antes de irse, aquella chica pudo notar los ojos inyectados en sangre de Hikari, Yuuki, y Tora. Aquellos padres no la habían notado, a nadie se le hubiera ocurrido mirar hacia el cielo en una situación como esta, sin embargo, ella podía notar que todos estaban completamente devastados tras lo que acababa de ocurrir, después de todo lo que una vez fue una alegre familia había desaparecido, todo lo que quedaba eran fragmentos de miseria e infortunio.
"…"
Aunque no podía entender del todo que había pasado, sabía que tenía algo que ver con lo que le hizo a ese edificio… Por lo que sin tener el menor interés en ser atrapada huyo de la escena a toda velocidad antes de que la familia se percatara de su presencia. Ella se había estado ocultando en la villa humana hasta ahora, y no pretendía permitir que eso cambiara.
"…"
Pero lo que no sabía es que Hikari si la había notado… Ella permaneció en silencio tras observar como aquella mujer que había destrozado su hogar y su familia huía sin decirles ni una sola palabra…
"Mi hogar… Mis hijos… Mi familia…"
Tora yacía de rodillas frente a lo que fue el fruto de su esfuerzo, el hogar que él había construido con sus propias manos, aún incapaz de creer lo que estaba pasando… Incapaz de comprender por qué estaba pasando.
"… Mei… Yuu… Nami… ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!"
Y lleno de ira y dolor comenzó a intentar mover los escombros con nada más que su fuerza bruta y manos desnudas, las filosas astillas de madera se clavaban una y otra vez en su áspera y gruesa piel de carpintero, haciéndole sangrar profundamente con cada trozo de madera que apartaba de su camino.
"Mis bebés… Mis bebés…"
Yuuki no podía parar de llorar, su cuerpo se retorcía dolorosamente mientras dejaba escapar un llanto silencioso que solo alguien que hubiera perdido un ser querido podría esperar llegar a comprender. Era un llanto de tristeza absoluta, en dónde gemidos y gritos se negaban a salir mientras causaban destrozos inimaginables dentro de su corazón.
'Tiene que ser una broma…'
Pero no lo era. Nunca lo fue.
'… Una pesadilla… Es una pesadilla…'
Ninguna pesadilla podía compararse al horror de la realidad.
"… Voy a atacar esta aldea… Si no quieres morir… Busca a tu familia, y huye mientras puedas…"
Hikari repitió en voz baja la advertencia que le había hecho aquella chica…
'Me lo advirtió… Me lo advirtió… Y ahora… Y ahora…'
Hikari se llevó una mano a su pecho… Apretando con fuerza la tela de su ropa, tratando de detener los fuertes latidos de su corazón.
**Tap, tap, tap**
"…"
Aquella herrera pudo escuchar como algunos pasos llenos de tranquilidad sonaban detrás de su espalda… Hikari ni siquiera tenía que mirar para saber perfectamente a quienes pertenecían… Esos pasos pertenecían a alguien que no sentía la más mínima pizca de lástima por lo que estaba enfrentándose su familia, un monstruo que instigó esta situación, y que si quisiera podría acabar con todos ellos solo con chasquear sus dedos.
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡YA VA PAPÁ, YA VA PAPÁ!"
Un monstruo que no sentía amor.
Un monstruo que no sentía empatía.
Un monstruo que no sentía lástima.
"Sniff… Sniff…"
Un monstruo que no sentía angustia.
Una cascara vacía sin sentimientos o corazón.
… ¿Pero … entonces por qué?
Utilizando sus poderes, ese monstruo manipuló la oscuridad a su alrededor.
"¿Mami?"
"¡Waaaaaaaaaaaaaaah!"
"¡Uwaaaaaaaaaah!"
Hasta formar las siluetas de sus queridos hermanas y hermanas.
"¡¿Mei?! ¡¿Nana?! ¡¿Yuu?!"
"… Hijos… ¡Hijos!"
"…"
Ella había hecho que los ojos de aquella familia pudieran ver el rostro y cuerpo de sus seres queridos en dónde no había más que oscuridad.
Su padre y su madre no dudaron en correr hacia sus falsos hermanos, pero Hikari sabía que nada de eso era real, y sin moverse de su sitio pudo notar que cuando ellos estaban a punto de abrazarlos, su adorable y tierno hermano pequeño Yuu los detuvo.
"Mamá, Papá"
"… ¿Yuu?"
Y entonces observó cómo sus pequeñas hermanas señalaban los escombros.
"Mamá… Nosotros… Ya…"
Y como con falsas y enfermizas lágrimas en los ojos… Las pequeñas hermanas asintieron.
"… No… ¡No, no, no! ¡Pero si están aquí mismo! ¿De qué están hablando hijos? No deben de jugar así con los sentimientos de papá…"
'¿Qué está pasando?'
Yuu y sus hermanas se tomaron de las manos.
"… No pudimos huir… Pero… Queríamos despedirnos…"
Los ojos de Hikari se abrieron por completo al escuchar esas palabras, su rostro lleno de sorpresa solo podía demostrar lo mucho que no podía creer lo que estaba pasando… Aquel monstruo estaba intentando tranquilizar el dolor de sus padres… Aquel monstruo que había causado todo esto quería disculparse… Y estaba haciendo un trabajo demasiado bueno como para arruinarlo.
"… Queríamos… Decirles… Cuanto los amamos…"
"…"
Hikari permaneció en silencio, incapaz de comprender el motivo por el que ella había hecho eso, de comprender como es que de repente ese monstruo que tanto odiaba podía mostrar una actitud tan amable con su familia.
"Sniff… Sniff… Aaah…"
"Lo siento… Lo siento… Papá no pudo protegerlos… Papá…"
Hikari no interrumpió su acto, y aquella mujer controló a los pequeños para que permanecieran en silencio… La mirada que había creado en sus hermanos era tan real… Si no fuera porque sabía la verdad ella también hubiera corrido detrás de ellos.
"Mamá… Papá… Tenemos que irnos…"
Pudo escuchar como la sombra que interpretaba a su tan amado Yuu se preparaba para decirles adiós.
"… ¡No… No se vayan, por favor!"
"… ¡Aaaaaah…!"
Para sus padres… Esas palabras eran como si les hubieran arrancado el corazón del pecho.
"… Se nos agota el tiempo… Mamá… Papá… Los amamos…"
"No… ¡Nooo!"
Y sin esperar a ninguna queja, las siluetas se esfumaron con una sonrisa… Era una decisión demasiado cruel… Demasiado apresurada… Pero Hikari sabía que, si no hubiera sido así, sus padres jamás podrían haberlo aceptado… Las sombras se habían ido antes de que descubrieran el secreto detrás de aquel acto, dejando un pequeño y creíble recuerdo que tal vez los ayudaría a soportar ese suceso.
"…"
Hikari pudo sentir como aquella chica monstruo comenzaba a alejarse.
Dejarla ir sería lo mejor, nada bueno saldría de involucrarse con alguien como ella… Sin embargo…
**Snap**
Con el ligero sonido de un polo blanco retractándose ante su agarre, Hikari había detenido el escape de aquella chica antes de haberlo notado.
"…"
Podía sentir como aquella chica la observaba confundida aun sin tener que mirarle a los ojos… Sin decir absolutamente nada ella permaneció en silencio, pensando que su mensaje ya estaba lo suficientemente claro.
'Sé lo que hiciste'
Era un mensaje corto y conciso. Un mensaje que podía interpretarse de muchas maneras y que incluso podría ocasionar su muerte.
"…"
Hikari pudo escuchar algunos pasos… Y entonces una presión apoyarse contra su espalda… Aquella chica se había sentado en el suelo y estaba utilizándola como una pared temporal.
"…"
Sin saber que rostro debería de hacer, Hikari simplemente presionó su cabeza débilmente contra la nuca de aquella monstruosa chica… Había una pequeña diferencia de estatura, pero eso no impedía que ambas se sintiesen cómodas…. Tal vez cómodo no era la palabra que estaba buscando… Realmente sentía que podría morir en cualquier minuto si no se largaba de ahí de una buena vez… Pero…
'Si tengo que morir… Entonces será con una sonrisa'
La valiente herrera decidió que, si tenía que morir, entonces lo haría sin ningún lamento, decidió que moriría enfrentando a aquello que le aterrorizaba, que abandonaría ese mundo sin miedo.
.
Luego de algunos minutos los padres de Hikari parecieron tranquilizarse.
Su padre había dejado de levantar escombros para retirarse las astillas de las manos, vendándolas con un trozo de su camisa para que no se lastimase más.
Su madre aún seguía de rodillas en el suelo, aun parecía adolorida pero su cuerpo ya no se retorcía como antes, simplemente estaba perdida en sus pensamientos.
La villa a su alrededor se había vuelto un caos, cientos de personas, decenas de familias corrían una detrás de otra a través de todo el lugar, todos abandonaban sus hogares cargando únicamente lo necesario, buscando junto a sus vecinos un lugar seguro en el que ocultarse.
Los exagerados rumores de que un monstruo dentro de la aldea había matado a cientos de personas y destruido decenas de edificios se habían esparcido como el fuego.
"¡Hikari, Tora, Yuuki, tienen que salir de aquí, hay un monst–!"
Hikari interrumpió a aquel buen hombre con un gesto de su mano… El considerado aldeano parecía confundido, pero lo que él no sabía es que el monstruo que había matado a todos…
"Iremos en un minuto… Por favor… Sigue tu camino"
Estaba justo frente a él, oculto a plena vista por la manipulación de las sombras y luces emitidas por los rayos lunares.
"¡Pero–!"
La cabeza de aquella familia no dudó un segundo en interrumpir las advertencias de ese aldeano, aunque ya no había estado gritando como antes, aún se sentía extremadamente frustrado por lo que había pasado.
"MIS HIJOS ACABAN DE MORIR AQUÍ, IREMOS EN CUANTO HAYAMOS ENCONTRADO LOS CADAVERES, ¡¿VALE?!"
Si… Tora se encontraba en el peor de los humores… Todo su dolor ya no era más que ira, una ira incontrolable que probablemente nadie excepto él podría entender.
"… Tora… Yo… Lo siento, no sabía"
El buen hombre se disculpó con la familia, aunque había sido un accidente su insensibilidad había tocado un nervio en aquel padre usualmente tranquilo.
"Por favor… Shin…"
Yuuki apoyó la solicitud de su esposo, aun preguntándose por qué no pudo haber sido ella quien hubiera terminado debajo de los escombros en lugar de sus bebés.
"…"
Hikari no dijo nada.
Aquel hombre llamado Shin y su familia siguieron su camino hacia el punto de evacuación.
"Haa…"
La chica llena de la sangre de toda la aldea presionó su codo contra la espalda de aquella herrera un par de veces, la fuerza que había puesto en ese acto era algo excesiva y causaba que todo el cuerpo de Hikari se moviera al unísono, daba la sensación de estar intentando levantarla.
"…"
Sin mucha dificultad Hikari pudo entenderlo, el tiempo que les había proporcionado para poder recuperarse se había terminado y ahora tenían que irse o habría consecuencias.
**Tap, tap, tap**
La chica se levantó lentamente del suelo, y aún sin decir una sola palabra se colocó justo al costado de Hikari, ninguno de los miembros de aquella familia o los aldeanos corriendo despavoridos podían verla. Pero su olor y su presencia eran inconfundibles y fáciles de rastrear.
"Mamá, Papá… Tenemos que irnos"
Finalmente, Hikari volvió a abrir una vez más su boca para decir algunas palabras, la misma solicitud que había hecho desde un principio.
"¡¿Hikari?!"
Tora no podía entender la razón por la que incluso su hija estaba apresurándolos, ya lo habían perdido todo. Su hogar, sus pertenencias, su familia… ¿Qué importaba perder también su vida?
"Papá… Ellos… No hubieran querido que nos arriesguemos así. Por favor… Vámonos"
"¡¿Qué clase de hermana eres?! ¡¿Por qué todos y cada uno de uste–?!"
"Cariño"
Yuuki interrumpió los quejidos de su esposo.
Ella seguía igual de devastada que en un principio, pero sabía que todo lo que su hija trataba de hacer era protegerlos.
"Hikari tiene razón. Ya tuvimos la oportunidad de despedirnos, es hora de que nos marchemos… Antes de que nosotros también terminemos–"
"¿Terminemos muertos? Hahahaha, ¿Pues sabes? Esa no me parece una mala idea ¡HEY, MONSTRUO, VEN AQUÍ Y TERMINA TU TRA–"
"¡PAPÁ!"
Con lágrimas en sus ojos, Hikari dio un grito fuerte y ensordecedor.
No podía creer las crueles palabras de su padre.
"¡NOSOTRAS SEGUIMOS VIVAS! ¡¿POR QUÉ DICES QUE DEBERÍAMOS DE MORIR?! ¡NO QUIERO MORIR! ¡Y TAMPOCO QUIERO QUE MAMÁ MUERA! ¡¿QUÉ DIABLOS TE PASA?!"
"…"
La chica que tanto dolor les había ocasionado solo observaba, no tenía ninguna intención de intervenir en aquella discusión. Solo sabía que si no se apresuraban el monstruo realmente iba a llegar y acabar su trabajo.
"¡¿Qué?! ¡No! ¡Eso no es lo que yo…!"
Pero las lágrimas en el rostro de su hija y esposa podían hacerle notar el tipo de bastardo que había sido… En todo su dolor dejó de considerar la vida de los miembros restantes de su familia… Les había fallado, como padre y como hombre.
"¿Podemos volver por ellos más tarde…?"
Yuuki le preguntó a su hija si al menos podrían recuperar sus cuerpos cuando todo hubiera terminado… El padre de aquella familia no dijo nada mientras se llevaba ambas manos al rostro incapaz de creer lo que había dicho.
"Yo…"
Hikari pudo sentir un pequeño tirón, y entonces las letras "S" "I" siendo escritas en su brazo…. Más lágrimas comenzaron a recorrer su rostro, y entonces asintió agradecida de haber tenido una segunda oportunidad.
"… Si mamá, podemos… Podemos volver por ellos después"
Su madre asintió, feliz de al menos poder entregarle a sus hijos un entierro digno.
Planeaba crear un hermoso altar para ellos, un altar que cuidaría con todo su amor hasta el día en el que volvieran a reunirse.
"… Vamos"
Hikari comenzó a caminar sobre aquella gran calle de tierra, observando con atención hacia donde se dirigían todas las demás personas que aún no habían evacuado. Parecía haber alguna clase de punto de reunión y equipos de búsqueda armados con hachas y mazos a sus alrededores, de acuerdo a sus observaciones aquellos pequeños equipos de avanzada alertaban a todos del peligro que era permanecer dentro de sus casas y los instigaban a huir lo más pronto posible.
Era una situación irreal, algo inimaginable que jamás pensaba ver durante toda su vida.
Aquella aldea, el lugar más seguro para los humanos, su pequeño edén en mitad de este mundo de peligros… Había sido comprometido. Y no había garantía de que las cosas volvieran a la normalidad luego de eso.
Nadie podría volver a dormir tranquilo tras conocer el miedo de poder perder su hogar o su vida en mitad de la noche.
"Lo siento, Nami, Yuu… Mei… Mamá volverá pronto"
Yuuki se disculpó profundamente con sus hijos al no haber podido haberlos protegido.
"…"
Su marido se limitó a observar, no tenía el derecho de ser perdonado tras lo que había hecho.
"…"
Aquella monstruosa chica observó como el padre de aquella familia se negaba a disculparse con sus hijos. Sabía muy bien el motivo detrás del razonamiento de aquel hombre y sin embargo el asco que sentía hacia él no podía ser medido. Aborrecía esa clase de pensamiento humano en dónde una persona no se disculpaba ante los fallecidos por motivos egoístas.
Ambos padres comenzaron a caminar detrás de su hija, adoloridos, derrotados, lamentándose por todo lo que había pasado.
.
"Ya era hora"
Después de ver como esa familia finalmente se alejó lo suficiente, la chica se preparó para incendiar aquella pila de madera perfectamente incendiable, lo único que tenía que hacer antes de eso era sacar los cadáveres de esos niños de debajo de la madera.
"Tcht, no sé ni para que me molesto. Solo lo dije para que se largaran de una buena vez…"
La chica comenzaba a lamentar lo indulgente que había sido con Hikari y su familia, tal vez hubiera sido mejor simplemente aparecer en medio de sus lamentos y echarlos de ahí.
"Pero supongo que una promesa es una promesa… Además, si hubiera hecho eso alguien incluso más problemático seguro ya me hubiera encontrado…"
Pero el peligro de ser descubierta por cierta chica extremadamente fuerte y que ella no era capaz de manejar era bastante alto. Si no fuera por eso tal vez no se hubiera tomado tantas molestias.
"¿Dónde diablos se metieron? Deberían de estar por–"
Sus quejas y murmullos mientras se sumergía como una profesional entre los restos de aquella casa fueron interrumpidos por la imagen de algo inesperado… Los cadáveres que había estado buscando… Seguían con vida.
"¿Qué demonios?"
Dos niñas y un niño gravemente heridos tras haber sido aplastados por el peso de una gran viga de madera extremadamente gruesa yacían inconscientes en el suelo de aquella casa.
La respiración de todos era bastante débil y aquella chica sabía que tras haber sido aplastados por algo así debían de tener al menos una decena de huesos rotos
"Sus intestinos deberían de haber sido aplastados… O al menos perforados por las esquirlas de hueso dentro de su cuerpo… ¿Cómo demonios pudieron sobrevivir a algo como eso?"
Sin querer perder el tiempo ella retiró la enorme viga que tenían encima y tomó a los pequeños entre sus brazos, colocándolos uno a uno en el camino frente a los restos de aquella casa. Todo dentro de su cuerpo le decía que tenía que ayudarlos a sobrevivir. Que tenía que asegurarse que recibieran la mayor ayuda médica posible.
"… ¿Huh?"
Pero la chica no podía evitar sentir que algo estaba mal… ¿Estaba sintiendo? ¿Tenía sentimientos?
"¿Tengo que asegurarme? ¿Por qué?"
… ¿Por qué tenía que asegurarse de salvarlos? Ni siquiera le importaba esa familia, todos los humanos eran igual para ella, su labor era mantener con vida a Hikari y nadie más, no le podría importar menos la vida de esos niños y sin embargo… ¿Por qué tenía el impulso de salvarlos?
"…"
Algo imposible estaba sucediendo, esto era un evento completamente imposible y sin embargo de alguna manera estaba ocurriendo… Algo así solo podía tener una única explicación.
"Supongo que esto es lo que ellos quieren que haga ¿verdad?"
Aquellos seres que siempre escuchaban todo estaban detrás de este extraño suceso.
Los seres que tanto odiaba le estaban tratando de hacer actuar bajo su voluntad.
"Claro… Por qué ellos quieren que todo el mundo tenga un final feliz… Excepto nosotras"
Aki buscó en lo más profundo de su ser en busca de la respuesta a lo que debería de hacer ahora… ¿Debería de matar a esos niños ella misma? Tal vez dejarlos con vida podría serle de utilidad en el futuro… ¿Debería de limitarse a seguir con la historia?
Aki sabía perfectamente que le había prometido a su madre no matar más de lo necesario, pero… No quería bajar la cabeza ante nadie. No tenía intenciones de permitir que alguien más la manipulara ya que iba en contra de todo lo que ella creía y anhelaba.
"¡Por aquí! ¡Más supervivientes!"
Pero antes de haber podido tomar una decisión por sí misma, uno de los tantos grupos de búsqueda y rescate de los aldeanos ya se le habían adelantado.
"¡…!"
Sin perder un segundo ella se ocultó entre los escombros, refugiándose en la oscuridad mientras observaba como los aldeanos tomaban a los pequeños hermanos de Hikari entre brazos.
"¡Deprisa! ¡Son los hijos de Tora!"
"Se ven muy mal… ¡¿Por qué alguien como Tora dejaría a hijos en medio de la nada?!"
"Aquí algo huele muy mal, ¡No bajen la guardia! ¡Puede que sea una trampa!"
Los hombres armados con hachas y mazos se reunieron alrededor del aldeano que cargaba con Yuu, estaban inspeccionando los alrededores en busca de algún movimiento o actividad que pudiera delatar una emboscada.
"¡Deprisa! ¡Tomen a los demás niños y larguémonos de aquí! ¡No podemos perder tiempo! ¡Salgamos de aquí antes de que algo más suceda!"
El líder de aquel pequeño grupo decidió que cada segundo perdido en aquel lugar incrementaba más y más las posibilidades de ser descubiertos, lo que sea que hubiera pasado no le importaba más que la vida de sus hombres.
"¡Deprisa! ¡No debería de faltar mucho! ¡Keine y Reimu están en camino!"
Los hombres corrieron a toda velocidad hacia el punto de reunión de los demás aldeanos y trataban de no sacudir demasiado a aquellos niños mientras se perdían en la oscuridad de la noche.
"… Tcht"
Saliendo de su escondite, Aki chasqueó su lengua mientras pensaba en las palabras de aquel grupo. Keine estaba en camino.
"Maldita sea"
Pero lo que más le molestaba era haber perdido la oportunidad de resistirse ante los caprichos de los seres al mando de su mundo. Ser tratada como una estúpida marioneta hacía que cada gota de su sangre hirviera con rabia.
"¡Maldición! … ¡Arrrgh! ¡¿A quién le importa?!"
Enojada, la chica sacó un pequeño espejo plegable de sus bolsillos y apuntó en dirección a la madera de aquella casa, prendiéndola en fuego en un santiamén.
Aquel pequeño e inofensivo accesorio le había ayudado a rodear en sombras todo lo que hubiera alrededor de la luz de la luna reflejada en el espejo, le permitió condensar y generar una fuente de calor lo suficiente potente como para crear llamas.
Ese truco que en un inicio era prácticamente imposible ahora podía funcionar gracias a su nivel de control sobre sus poderes para manipular la oscuridad. Esta era la manera que encontró para imitar los rayos láser que algunos Youkai utilizaban durante el Danmaku. Era un proceso molesto, tedioso, bastante ineficiente… Pero seguía siendo mejor que nada, y Aki estaba segura que con algo de práctica podía mejorar el alcance y la fuerza de aquel reflejo de luz.
La madera seca que inicialmente explotó en una combustión de llamas ahora ardía con lentitud, era bastante más resistente de lo anticipado y tomaría un tiempo hasta que aquel fuego comenzara a propagarse a los alrededores.
"Bueno, no es que realmente importe"
Aunque el fuego no había sido tan fuerte como esperaba, Aki en realidad no se sentía decepcionada de este resultado, lo único que necesitaba era el humo que provenía de la madera consumida por aquellas llamas, esa era la señal que estaba buscando y con la que iba a atraer a Reimu y sus amigas, quemar la aldea por completo era un simple capricho que había tenido y que esperaba ver realizado. Pero solo era un bono, un añadido, daño colateral, más allá de lo requerido por el plan de su madre.
Si… El plan de su madre estaba yendo bien… Con algunos retrasos debido a la participación inesperada de una chica que perdía su cabeza fácilmente… Pero su trabajo estaba hecho, todo lo que tenía que hacer era esperar, no tomaría demasiado tiempo hasta que alguien avisase a Reimu de la situación en la aldea.
.
**BAM**
Pero justo cuando se estaba relajando el sonido de una explosión a su espalda le hizo recordar las palabras de aquel aldeano.
"Keine"
No podía descansar ni un solo segundo sin que alguien intentara terminar con su diversión.
La única persona a la que no quería enfrentarse la había encontrado y estaba detrás de su cabeza.
"¡¿CÓMO TE ATREVES A LASTIMAR A LOS NIÑOS ASÍ?!"
**BOOM**
"¡Tcht!"
Un enorme orbe azul pasó justo a su lado e impactó contra la madera en llamas, incrementando la fuerza con la que estas ardían.
Tras haber esquivado milagrosamente aquel gran orbe Aki observó al Youkai que se encontraba frente a ella.
"¿Por qué demonios tenías que llegar tan pronto?"
Aquella era la amable mujer que se transformaba en una bestia durante la Luna Llena.
Una Youkai con el corazón de un humano que protegía la Villa Humana de todos sus atacantes.
La profesora de escuela más querida por padres e hijos, un ser cuyo conocimiento e intervención impulsaba el conocimiento de la humanidad un pequeño paso a la vez.
Ojos rojos, una larga y cuidada melena color plata brillando bajo la luz de la luna, un voluminoso vestido largo color verde con tela blanca debajo, un pequeño pañuelo color rojo apretado fuertemente a un botón en su cuello, dos largos y filosos cuernos en su cabeza en donde uno de ellos era adornado con el adorable moño rojo de uno de sus estudiantes, dos pequeños zapatos con un infantil moño en dónde se supone que deberían de estar sus agujetas…
"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGGGGGGGGGHHHHH!"
"¡…!"
**BOOM**
Y una actitud excesivamente apasionada, casi salvaje…
"¡Como siempre llegas en el momento menos adecuado, Keine!"
Aki no tenía ninguna duda, esa era la protectora que le aconsejó una y otra vez que debía de obtener la confianza de los demás aldeanos pero que se negó a intervenir y protegerla cuando más la necesitaba, la 'Mujer Hakutaku' Keine Kamishirasawa.
"Me pregunto cuánto tiempo voy a poder lidiar contigo…"
Y esa mujer… Era un enemigo que Aki no tenía ninguna oportunidad de vencer, un Youkai capaz de borrar y escribir la historia. Un ser con una habilidad tan ridícula como la de su antigua ama y cuya única debilidad era su amor por la humanidad.
"¡WRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH!"
Un monstruo cuya fuerza no era nada de lo que reírse, un Youkai superior mucho más allá de los debiluchos a los cuales podía esperar derrotar.
"¡Tcht!"
Aki sabía muy bien que no tenía la experiencia de combate necesaria para poder enfrentarse a alguien como Keine, así que hizo lo único que podía hacer en una situación como esta.
"¡Vamos! ¡Alcánzame si puedes!"
Huir, ganar algo de tiempo.
Tratar de sobrevivir durante el tiempo suficiente para reunirse con Hoshiko y desatar el infierno en la tierra.
.
¡Hey!
Una pequeña nota:
Estoy teniendo algunos problemas para escribir ESTE arco…
Por eso… **este arco** será publicado muy… MUY lentamente… Si alcanzo una actualización a la semana lo consideraré un milagro… Lo lamento por adelantado.
Si te preguntes porque me está costando tanto… Uhm… Razones **APUNTANDO AL BENDITO TÍTULO**
