Los persanjes de este fanfic no me pertenecen, son creación de J. K. R., yo solo los tomo prestado para esta historia.
1.
«¿Le gustaba o no le gustaba. ¿Le gustaba o no le gustaba? » Hermione se preguntaba mentalmente, una y otra vez mientras se mordía la uña de su dedo pulgar, lo que ella antes le parecía repugnante, pero que, ahora, lo que parecía una buena manera de manejar la ansiedad que tenía.
No era que Hermione se estaba preguntando si le gustaba Draco, porque ella sabía perfectamente que sí le gustaba, como también sabía que ella le gustaba a él. (¿Por qué si no le había pedido a ella el favor para aprender besar, cuando tenía a una Pansy dispuesta a enseñarle?) No, su pregunta tenía que ver más bien con Ron: Hermione no estaba segura de si él le seguía gustando. ¿A las personas les podía gustar alguien ahorita y al día siguiente gustarle otra? o peor aún, ¿gustarle las dos al mismo tiempo? Hermione no lo sabía, y le frustraba no saberlo porque por este motivo no había respondido la pregunta a su hermano, desde hace una semana que no lo había hecho. Y Hermione necesitaba encontrar pronto una respuesta que darle, porque estaba segura, conociendolo como lo conocía, que Draco podía tener armando una película -dramática- en su cabeza.
Hermione soltó un resoplido de impaciencia, en tanto tomaba una goma de borrar olvidada en el piso del patio y la lanzaba al azar.
No muy lejos de donde se encontraba Hermione, estaba Pansy con sus compañeras. Iban camino a comprar unas "tetas" de frutas, a la casa de doña Petunia, que quedaba a una cuadra del liceo. Sin embargo, algo rebotó en la espalda de la morena que la hizo detenerse. Cuando se giró para ver qué la había golpeado, vió a pocos metros a la hermana de Draco; justo en la dirección de donde parecía que había sido lanzada la goma de borrar, que ahora Pansy sostenía en su mano luego de haberla tomado del piso. Y, para que no le quedara ninguna duda de que había sido su futura cuñada que había golpeado, aunque de manera indirecta ...
—¡Lo siento, no fue mi intención! —Le gritó ella.
Hermione no tenía por qué tener un motivo para agredirla, de tenerlo y haberle lanzado la goma adrede, Pansy sabía que ella no se y se haría la loca luego, al contrario, estaba segura de que Hermione le dejaría bien en claro que había sido ella, lanzandole otro objeto ... Y lo sabía porque eso era algo que ella haría, y Hermione le recordaba mucho a su forma de ser. Fue por esto que le pareció raro verla sentada sola, en un banco frente al campo de fútbol.
—Pansy, ¿vamos a comprar las "tetas" sí o no? —Ginny le dijo con tono impaciente, al darse cuenta que ella no las había seguido.
—Adelantense ustedes —le dijo, y caminó hacia donde Hermione se hallaba sentada.
Ginny rodó los ojos, lo mismo que sus otras compañeras, y siguieron a Pansy, ya que no irían a ningún lugar sin ella, que era la que tenía el dinero: ¿cómo iban a comprar los helados?
—Hola. —Saludó Pansy, tomando asiento al lado de la castaña.
Ginny, Padma, Tracey y Daphne, también saludaron a la vez que sacaban unos cuadernos de sus bolsos, y los colocaban en el piso para sentarse frente a ellas, evitando así ensuciarse el uniforme
—Hola. —Les dijo Hermione sin mucho ánimo, lamentándose por dentro por haber lanzado aquella goma de borrar, lo menos que quería ahora era compañía, y menos si era era la de Pansy y las inmaduras de sus compañeras.
—¿Qué haces aquí sola, no tienes clases? —Preguntó Pansy.
—Sí tengo —le contestó Hermione, señalando el grupo de alumnos que estaban haciendo deporte en la cancha: Las chicas jugando boliball y los chicos de fútbol.
Pansy asintió entendiendo lo obvio.
—¿Y por qué no estás allá? —Quiso saber, Hermione parecería ser la clase de chica que no le gustaba hacer ejercicios, es más, hasta podría apostar que era su materia favorita.
Pero antes de que Hermione respondiera Padma habló:
—Porque no le gusta deportes, por qué más va ser.
—De hecho sí me gusta —aclaro Hermione. Y, antes de que pudiera confirmarle a Pansy que efectivamente deportes era su materia favorita ...
—¡Hermione ven a jugar! —Le gritó Ron desde el otro lado de la cancha, mientras le hacía un perfecto pase a Neville, que, torpe como era el pobre, no pudo conseguir la pelota, y fue a parar a los pies del jugador del equipo contrario, quien aprovechó la jugada para meter un gol.
—¿Tú juegas fútbol? —Preguntaron al mismo tiempo las amigas de Pansy, con un tono que parecía más bien, como si le estuvieran preguntando si ella comía tierra.
Hermione rodó los ojos «Y aquí vamos» pensó: ¿Es que no iba a conocer ni una sola chica que no le pareciera raro que ella jugara fútbol, o cualquier otro juego que estúpidamente la gente creía que había sido inventado para los hombres?
—Pues no veo que tenga algo de malo —señaló Pansy, sorprendiendola—. Yo jugaba baloncesto en el otro colegio —ok, eso sí que no se lo había lo esperado y si antes le había gustado cómo lucía Pansy, ahora le estaba comenzando a caer bien por su modo de pensar.
—Hoy no me sentía de ánimos para deportes —Hermione decidió hacer como si las amigas de Pansy no estuvieran, y contestó la pregunta que no la habían dejado responderle—. De hecho, es la primera vez que miento para saltarme mi materia favorita —le dijo, recordando la excusa tan absurda que había usado para que su profesora le permitiera quedarse sentada sin hacer nada durante todas las clases: que tuvo el período, por ende, que le dolía el vientre, cuando esto no podría ser más mentira, puesto que ella nunca ha sufrido de tal cosa. Pero fue lo mejor que había decidido, porque su cabeza no estaba ahora para andar pensando en estrategias de juego, y de haber optado por hacer deporte estando así, se habría convertido en el perfecto blanco de todos los balones.
—¿Y se puede saber qué es eso por lo que te saltaste tu materia favorita? —Le preguntó Pansy.
Hermione se mordió el labio, pensando si era bueno contarle algo de su duda. No era cómo si ella le fuera a decir qué no sabía si le gustaba su hermano o Ron, mentiría con respecto al primero y, quizás, ya que Pansy era mayor que ella y con más experiencia, seguro podría ayudarla con su problema .
—Bueno ... —dijo, comenzando a frotarse las manos, nerviosa— ¿A una chica le puede gustar dos chicos a la vez? —Preguntó sin rodeos y, no esperando a que Pansy le contestara, señaló — .¿Ves al pelirrojo de allá? —Apuntó a Ron, y todas voltearon sin disimulo hacia la cancha— El mes pasado me gustaba, pero ahora no estoy tan segura de que me guste. Ya ni siquiera me sudan las manos cuando hablamos ...
—¿Y con el otro chico? —Preguntó Daphne, interrumpiendo a Hermione.
—No solo me sudan las manos, si no que ... me tiemblan las piernas cuando me besa —admitió no muy segura si confesar que ya había besado, pero no perderla oportunidad de regodearse un poco, además que era la primera vez que tenía una conversación de chicas.
Las chicas la soltaron un "¡eeesooo!" por su comentario y eso le hizo inflar el pecho y reírse de la emoción ... Y una voz rápida en lo más profundo de su cabeza, le dijo que ya estaba bueno de comportarse cómo niña fresa.
—Entonces no veo cuál es tu duda —le dijo Pansy—. Si el primero ya no te hace sentir nada es porque ya no te gusta.
—Eso es verdad —asintieron las demás chicas al unísono, y Hermione, con sólo esa pequeña conversación, sintió cómo su cabeza y corazón eran aligerados. Parecía que nada más necesitó de alguien que le dijera lo que ella ya estaba por concluir: que no lo gustaba más Ron y que, por el contrario, el que sí le gustaba y mucho, era su hermano, Draco.
—Entonces qué, Pansy, ¿vamos a comprar los helados? —Cambió de tema Tracey y Pansy asintió, poniéndose de pie junto con sus compañeras.
—¿Vienes, Herm? —La invitó la morena y Hermione aceptó—. Y a todas estas ¿quién es chico de quién estás enamorada?
La pregunta la agarró fuera de base, porque, una cosa era que le gustara Draco y otra muy distinta era que estuviera enamorada de él. ¿Sería que lo estaba? se preguntó internamente, decidiendo no matarse la cabeza de nuevo con la duda. Si Pansy lo afirmaba era porque ella sabía cosas que ella no.
—No lo conoces —mintió—. Vive por mi casa —y diciendo ésto, siguió a las chicas a la salida del liceo.
2.-
Draco se encontraba en su habitación sin poder consiliar el sueño. Estaba molesto: ¿cómo se le ocurrió a Hermione decirle que él le gustaba? Por favor, si estaba seguro que, antes de que él se le metiera la idea en la cabeza de aprender a besar con ella y llevar a cabo su plan, su hermana no sentía nada por él, que no fuera de otra cosa que amor fraternal . Era obvio que Hermione no era más que una niña confundida y ... ¡maldición! era esto lo que lo tenía furioso: porque ella se había ido de su cuarto sin responderle la pregunta. Sí, eso era lo que había hecho la muy cobarde de su hermana, se había ido así sin más, sin decir ni media palabra, dejándolo totalmente cabreado... Porque a él sí le gustaba ella. Le gustaba su hermana.
Draco se pasó la mano con exasperación por su no podría seguir negando lo evidente. Lo que no entendía era desde cuándo le gustaba Hermione. «Desde siempre» se dijo Draco luego de pensarlo un poco. No podría imaginar un momento de su vida conciente, que le dijera exactamente en qué punto había comenzado a gustarle. Aunque no comprendía todavía cómo podría gustarle a alguien como ella. Hermione era infantil, rebelde y cabezota, pero también era madura, valiente y, cuando se equivocaba, sabía reconocerlo y de buena gana. Hermione tenía un carácter contradictorio, algo que hacía que Draco, a veces, no supiera con qué cosa le iba a salir, y esto, en vez de frustrarlo, tenía que admitir que era lo que más le gustaba de ella. En el liceo las chicas eran todas predecibles: La mayoría se le notaba a leguas que querían algo con él. En cambio Hermione...
El sonido de una puerta al abrirse, hizo que Draco cortara con sus pensamientos. Era su hermana, cómo no.
–¿Qué haces aquí? —preguntó molesto. Al menos agradecía que ella aún no se hubiera cambiado por su ropa de dormir. Llevaba un pantalón ancho, con muchos bolsillos y una franela roja que decía en letras negras "Amo los video juegos"
–No tengo sueño —le contestó ella, recostandose de la puerta–. ¿Podemos hablar? —le preguntó.
—Está bien —aceptó Draco soltando un suspiro de resignación, sabiendo que, aunque él le dijera que no quería escuchar fuera lo que fuera que tenía para decirle, ella no desistiría.
–Sé que te gusto —comenzó ella. Draco rodó los ojos, no le estaba diciendo nada que él no supiera, lo que quería saber si él le gustaba a ella— Y que tú me gustas. –continuó, a lo que Draco bufó, dándole la espalda, no quería seguir escuchándola.
No vio cuándo ella caminó hasta su cama, lo dedujo cuando ella se subió en ésta, acostandose a su lado, rodeandolo de la cintura, a lo que el se tensó.
—Hermione, bájate —le dijo, haciendo ademán de apartarle la mano, ella no lo dejó, al contrario, entrelazó su mano con la de él.
–¿Nunca te has preguntado porqué nos llevamos tan bien? Bueno, aunque a veces nos hemos peleados como perros y gatos, pero después casi en seguida nos hemos reconciliado. Nunca hemos sabido estar enojados el uno con el otro, y yo pienso que es porque siempre nos hemos gustado.
—Hermione, si nos llevamos bien es porque somos hermanos. No significa que yo te guste.
—Entonces no niegas que yo sí te gusto —le dijo ella, haciendo que él maldijera por dentro, por haber caído en su juego.
—Sé que es así, Draco, porque de no serlo, jamás me hubieras propuesto lo del beso. Y sé que tú me gustas, porque hoy me he perdido de mi clase favorita, por andar pensando en ti. Eso jamás me había pasado —argumentó ella, dando el clavo con lo primero, Draco no estaba seguro si lo segundo era cierto. Una tibieza se instaló en su corazón, al pensar que sí lo fuera.
—Hermione, esto está mal —le dijo, soltando su agarre para voltearse y así quedar de frente hacia ella.
—No tiene porqué saberlo nadie —le contestó Hermione, aceptando que él tenía razón.
Draco no supo qué responderle, aunque lo más normal fuera que le dijera que no había nada qué decirle a nadie, porque, aunque ellos dos se gustaran, no era como si él y ella fueran a tener una relación. Abrió la boca para decirle a su hermana que se fuera, pero de ésta sólo escapó una exclamación, mientras sus ojos se cerraban y su cerebro dejaba de funcionar.
—Es suave —Hermione había aprovechado su momento de duda, para llevar una de sus manos hacia bajo, tanteando su miembro, aún por encima de la tela de su boxer —. ¿Puedo verlo? —preguntó, haciendo que Draco entrara en razón.
—¿Estás loca? —le dijo, apartando su mano, alejándose lo más posible de ella, algo totalmente imposible, ya que su cama estaba pegada a la pared y Hermione ocupaba la orilla, por lo que él no pudo ponerse de pie.
—Draco, no seas niño. ¿Qué tiene de malo? —dijo Hermione, haciendo que él se pasara una mano por la cara y soltara una risa seca: su hermana estaba mal de la cabeza.
—Hermione, vete —pidió, no queriendo seguir hablando con ella, sería como si le hablara a la pared.
—Está bien —aceptó y él lo agradeció, sólo que ella no se dejaría vencer—. Pero tarde o temprano vas a ceder —y, dicho esto, salió de su cuarto, dejando a un Draco todo cabreado, porque su hermana tenía razón. La conocía muy bien: ella haría todo por derrumbar su autocontrol.
Hola, chicas. Estoy editando los dos últimos capítulos de esta historias, porque la verdad que eran un asco. Espero les guste cómo quedó este.
Gracias por leer.
