Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling, yo solo los tomo prestado.

1.–

Él tuvo razón: Hermione no desistió y en el último mes se las había arreglado para quedarse sola con él cada vez que podía, algo que le permitía que ella le robara uno que otro beso, haciendo que él sonrriera cómo bobo, pero entrando en razón luego al recordar que estaban en casa, con su madre a pocos metros de ellos, lo que suponía que, en cualquier momento, ella pudiera notar lo que ellos dos estaban haciendo.

Y esto fue lo que casi pasó. Casi...

—¡Hermione ya para de hacer eso! —la regañó por enésima vez, cuando ella le dió otro beso, ésta vez más cerca de su boca.

Los dos se encontraban en su cuarto, después de que su hermana se las arregló para convencer a su madre que era mejor si los dos fueran a estudiar allí, ya que así no le interrumpirían la novela con sus peleas.

—¿Por qué? Yo hago lo que quiero, y lo que quiero es besarte, no estudiar. Además aquí no nos puede ver nuestra madre —y dicho esto Hermione se le acercó lo suficiente, con clara intención de, ahora sí, besarlo en los labios. Pero Draco se echó para atrás, tanto, que se cayó de la silla.

—Estás loca —le dijo, poniéndose de pie y sentándose en la cama. Pero fue un error: su hermana se levantó también y se le lanzó encima para besarlo, haciendo que el cayera de espaldas a la cama, luchando con ella para que no lo besara, y Hermione casi lo logra, sólo que...

—¿Qué hacen? —la voz de su madre invadió el cuarto desde una puerta abierta, lo que hizo que tanto Draco y Hermione se sentaran con rapidez, con los corazones latiendoles en las sienes y en sus gargantas.

—No me queria dar el lápiz —mintió su hermana, apresurada, algo que él agradeció, porque su cabeza no daba para más que no fuera rezar porque Clea no se hubiera dado cuenta de nada.

2.-

Draco sacudió la cabeza: un minuto más y su madre los hubiera cachado besándose. Afortunadamente Clea se había creído la mentira de Hermione. Y Draco había aprovechado el episodio para decirle a ésta última que ya no podían seguir por allí besándose... El problema era que Hermione seguía siendo demasiado cabezota, y seguía sin perder oportunidad de besarlo, e incluso una vez se atrevió a hacerlo en el colegio, cosa que había hecho que la gota rebasara el vaso y, en lo que él terminó su quinto año, le dijo a sus padres que quería ir a estudiar a la universidad en la ciudad donde vivían sus tíos.

A Hermione no le había hecho mucha gracia la noticia, pero no lloró, sólo le dijo que era un cobarde, que no se quedaba porque había descubierto, cómo ella, que ambos habían terminado enamorándose, algo que él no le debatió -ya que era cierto-, pero que tampoco le afirmó. Lo que sí hizo fue arrancarle la promesa de que seguiría con su vida normal y que, pese a que él se moriría de celos (aunque no le dijo esto último), él aceptaría que se enamorara de otra persona.

No sabía si ella había cumplido la promesa, lo que sí sabía Draco era que, después de estos cinco años que habían pasado luego de su partida, a él le seguía gustado su hermana. Y ahora que él estaba de vuelta, se moría por saber si a ella le seguiría gustando él, de ser así, Draco tenía muy claro que ya no se resistiría.

3.-

El juego había comenzado y Hermione miró hacia las dradas, dónde estaban sentados sus padres y alguno que otro familiar, para darse cuenta que su hermano no había llegado. Bufó antes patear el balón que casi entra a su arquería, por andar ella con la cabeza en otro lado: Hoy era el día que vería a su hermano luego de haber pasado cinco años de él haberse ido lejos de ella cómo el cobarde que era, y no sabía cuál sería su reacción al verlo de nuevo. Si seguiría gustandole. Supuso que no, ya que, a lo largo de esos años, le había cumplido la promesa, teniendo dos novios... Aunque no estaba segura si lo había hecho por la rabia que le había dado al saber que él la estaba abandonando...

90 minutos después el juego había terminado. Su equipo había ganado. Pero Hermione seguía sin saber de Draco.

—¡Aaaaah! —gritó cuando una mano cerró de golpe la puerta de su casillero. Se encontraba en los bastidores y su hermano -supo que era él luego de girarse y verlo-, era el que la había asustado.

—¡Me asustaste, idiota! —le dijo, propinandole un golpe en el hombro.

—Algunas cosas no cambian...—le dijo él, sobandose.

»¿No me das un abrazo?

4.-

Hermione se dió cuenta que le seguía gustando su hermano, cuando le entraron unos celos al ver que sus compañeras de equipo estaban que babeaban por él.

Los dos salieron de bastidores tomados de las manos, encontrándose con sus padres y poniéndose al día antes que ella les dijera que había una fiesta de celebración en casa su manager, y que le gustaría ir con Draco .

Draco aceptó, ansioso, no hacía otra cosa que pensar en quedarse un momento a solas con Hermione.

Cuando estuvieron frente al carro, ya solos, Draco tiró de la mano de su hermana, pegandola de espalda a él.

–Te extrañe —le dijo a su hermana, razando los labios en su oreja, haciendo que ella se estremeciera, estremecimiento que no pasó desapercibido para él. Pero cuando él hizo ademán de darle un beso en el cuello, ella se separó, dejándolo algo contrariado, creyó haber intuido que los sentimientos de ella hacia él no habían cambiado.

—Yo también te extrañé, bobo —le dijo ella, mirando luego hacia a los lados—. Pero aquí no.

Draco rió, defenitivamente su hermanita era toda un contradicción: antes habría hecho todo porque él sucumbiera a sus deseos, y ahora que él lo hacía, a ella le daba miedo que alguien los viera.

—Necesito besarte —confesó, una vez los dos estuvieron dentro del carro.

Hermione se acercó a él tan rápido y le dió un beso medio pico mordelon, haciendo que él gruñera cuando ella se separó para poner en marcha el carro.

—¿A dónde vamos? —preguntó, porque la sigue conociendo tan bien que sabe que ya no se dirigen a la fiesta.

—Espera y verás —contestó ella, mordiendose el labio luego para no carcajearse por la osadía que va hacer...

Se estacionó frente a un edificio e invitó a un Draco confundido a subir hasta un departamento.

Hermione tenía la llave, era de su amiga que seguramente estaba disfrutando en la fiesta, y que muy amablemente le dejó una copia de la llave para que ella entrara y saliera si se presentaba una emergencia. Bueno lo que ella iba ser ahora podía considerarse una emergencia, sólo esperaba que su amiga esa noche se fuera a dormir con su novio.

Hermione entró al departamento, seguida de Draco, el que no perdió tiempo en encarcelarla en su brazos, presionando su notoria erección en el trasero de su hermana.

Hermione, cómo la buena jugadora que se había convertido, gimió, al tiempo que se dió vuelta, tomándolo con una de sus manos. Draco gruñó haciendo ademán de querer besarla, pero Hermione se rió separándose de él, dejándolo con muchas ganas.

—Ahora si que no me dices: "Hermione detente" —lo imitó, pero más bien con una voz muy de niña, denotando que él era un cobardica.

Draco rió de medio lado y caminó hacia ella.

—Me encanta tu cabello —le dijo, tocando la parte rapada de la cabeza de Hermione, la otra estaba trenzada finalizando con reflejos verdes en las puntas alisadas.

—Pensé que no te gustaría. A decir verdad, dudé de que vendrías a verme. Te perdiste todo el juego y mis paradas de balón.

—Lo siento: el autobús se retrasó... Pero no quiero hablar de eso.

— Ah, sí ¿y qué es lo quieres? —le dijo ella, acercándose para darle, ésta vez, un beso más largo que dejó a Draco sin aliento.

—Cojerte —gruñó Draco y Hermione lo miró un poco descolocada por la elección de su palabra. Sin embargo sonrió.

–Esperé mucho tiempo para oírte decir eso –le dijo, no queriendo quedar cómo una niña que le daba miedo lo que él le dijo, aunque por dentro estaba que moría de nervios.

–Eres una mentirosa –Draco le dijo–, aunque me hayas traído hasta aquí, te mueres de miedo de que vayamos a tener sexo.

–No niego que me da miedo, Draco, pero eso no quiere decir que no tenga curiosidad de hacerlo. Si mal no recuerdo, fuiste tú el que se asustó cuándo te pedí verlo.

—Éramos unos niños, Hermione, por supuesto que me dió miedo. Estaba era aterrado de tu comportamiento...

–Y ahora no tienes miedo.

—No. Bueno, sí, pero de otra cosa, de perderte de nuevo, por ejemplo, pero no de hacerte el amor.

—No me perderás, Draco, nunca me perdiste. Tú sólo te fuiste.

–Pero volví, y no me iré a ningún lado esta vez. Tuve mucho tiempo de pensar, Hermione, de creer que podía sacarte de mi cabeza, de olvidarte, pero no fue así, al contrario..., te amo.

»Y ni se te ocurra decir que también me amas... –la interrumpió al ver que ella abría la boca seguro para decirle que también lo amaba–, ya me enteré que tuviste dos novios.

–¿Por qué siempre supones cosas de mí? Y sí, tuve dos novios, pero nunca los amé, en mi mente y mi corazón siempre has estado tú, Draco... Y aunque no me lo has preguntado todavía, sí, Draco, sigo siendo virgen. Eso es para que entiendas que jamás he tenido interés de estar sexualmente con otra persona, que no seas tú. Aunque, francamente, y para que no te asustes, no es cómo si yo hubiera querido tener sexo contigo a los 13 años, sólo tenía curiosidad, eso es todo.

–Para mí no era todo, Hermione, por eso me alejé de ti. Pero eso es algo que ya te dije que no seguiré haciendo. –Draco le dijo, y para poner más énfasis a sus palabras, se acercó más a ella– ¿Todavía quieres verlo? –preguntó, con la voz ronca llena de deseo.

–Sí... –contestó Hermione. Mentiría si dijera que no moría por verlo.

Draco se separó de ella, para caminar hacia un mueble que estaba dispuesto en la sala del apartamento, se desabrochó el pantalón y se sentó.

–Ven –le dijo a su hermana, que no perdió tiempo en ir y detenerse frente a él –. Arrodillate –pidió y Hermione lo hizo.

Draco buscó las manos de Hermione, las tomó para luego llevarlas hacia las solapas de su pantalón, instandola a que se los bajara un poco, pero no su ropa interior.

–Tocalo –le dijo Draco, echando su cabeza hacia atrás al sentir el calor de su mano.

–Me estás matando... –gimió Draco.

–¿Ya puedo verlo?

–Por supuesto...

Hermione tomó la pretina del boxer y los bajó lentamente, dejando expuesto el miembro de Draco.

–Es grande –dijo su pensamiento en voz alta, ganándose un carcajada por parte de su hermano.

–No te burles. Es la primera vez que veo uno, y antes, no recuerdo que la tuvieras tan grande.

–No me burlo, solo no esperaba esa reacción, más bien esperaba que salieras toda apabullada.

–Ya te dije que no tengo miedo, Draco.

»¿Y ahora qué hago?

–Tómalo en tus manos.

–¿Así? –preguntó hermione, tanteandolo de arriba abajo.

–Aprietalo un poco... –siseó Draco, cerrando los ojos, pensando en que si él le hubiera dejado hacerle eso hacía cinco años, se hubiera derramado en sus manos de inmediato. Ahora le estaba costando.

–Súbete en mi regazo.

—¿No quieres que siga haciendo lo que hago?

–Sí, pero ahora lo que quiero es besar tus labios.

Hermione dejó de masturbarlo y sentó ahorcadas encima de él. Draco no tardó en atacar sus labios.

–¿Qué quieres que te haga? –le preguntó.

–No lo sé, Draco. Ya te dije que no tengo experiencia en esto, tú debes saber.

Draco sonrió.

–Yo tampoco lo he hecho con nadie. –confesó.

–¿Cómo...?

–¿Qué te sorprende? Me pasó igual que con lo del beso. Y al igual que tú, no quería hacerlo con nadie más que no fuera contigo.

»¿Puedo? –pidió, señalando su camiseta. Hermione asintió, alzando los brazos para que él se la sacara, dejando a la vista su brasier deportivo color cielo.

–Lo siento. –se disculpó, bajando la mirada.

–¿Por qué? –Draco quiso saber.

–De haber sabido me hubiera comprado uno de encaje.

–No seas tonta, Hermione. Ninguna mujer con un victoria secret, me va provocar lo que tú me provocas –esto se lo dijo, tomándola de las caderas, aprentandola hacia sí, para que notara cuán duro lo tenía ella.

–Ahora es mi turno de ver –rozó sus costillas y con sus pulgares, le levantó un poco el brasier. No mucho, sólo dejaba al descubierto la caída de sus senos.

Sin dejar de mirar los ojos de su hermana, se inclinó para pasar su lengua por encima de ellos, y cuándo la vió abrir la boca y cerrar los ojos, supo que en verdad ella no tenía miedo por lo que estaban haciendo, así que, más seguro, se separó de ella para quitarle el brasier.

–Eres hermosa –le dijo, cerrando la boca en uno de sus pezones fruncidos.

Hermione cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación placentera que era tener a Draco tocandola como lo estaba haciendo.

–Espera... —le dijo, cuando sintió la mano de él, buscando desabotonar sus jeans.

–Solo un poco, Hermione. No lo haremos si no quieres –le dijo Draco, consciente ahora de que ella sí le aterraba un poco la idea de hacer el amor con él.

–Sí quiero... –le aseguró ella– Sólo ve despacio ¿sí? –pidió. Aunque no tenía miedo, no podía evitar estar nerviosa y que todo su cuerpo temblara por lo que estaban a punto de hacer los dos.

Draco asintió. La levantó e hizo que se acostara en el mueble con la piernas abiertas. Se metió entre ellas, sentado en sus propias piernas, y se inclinó para depositar un pequeño beso en su vientre, haciendo que ella arqueara su espalda, dejándole ver cuánto lo deseaba, haciéndole difícil la tarea de llevar a cabo su pedido. Sin embargo, se obligó a ir despacio, pasando su legua por toda la extensión de piel que tenía en frente de él.

–Por favor... –la oyó suplicar, y supo que ya no tenía que seguir aguantando.

Draco tomó el botón de sus jeans y lo abrió, luego pasó sus manos por sus estómago y senos, para después bajarlas hacia sus pantalones, los cuales fue quitando con demasiada lentitud para el gusto de Hermione, llevándose consigo sus zapatos deportivos.

Draco rió cuando dejó a la vista su bóxer femenino con estampado de Mario Bros. Hermione hizo ademán de cerrar la piernas, ocultándose, pero él se lo impidió.

–Ya te dije que no me importa... –le aclaró, jugando con la pretina de su ropa interior, metiendo sus dedos por los lados, acariciando un poco su parte íntima, haciendo que ella gimiera de pura frustración.

–Por favor.. –volvió a pedir.

–Me dijiste que fuera lento, es lo que hago –argulló Draco, para luego colar uno de sus desdos por debajo de la tela, sintiendo lo húmeda que estaba su hermana–. ¿Quieres que vaya así de lento o más rápido? –le preguntó, adentrándose en su cavidad, entrando y saliendo de ella muy despacio.

–Más rápido... –gimió Hermione, cuando su hermano tocó una parte muy sensible de su cuerpo.

Draco se detuvo.

–¿Qué haces? –le reclamó ella, para luego darse cuenta del porqué su hermano se había detenido: era para dejarla completamente desnuda, haciéndola gemir al verlo relamerse los labios al tenerla así de expuesta.

–Esto te va a gustar –le dijo, su aliento golpeando su sexo.

Hermione cerró instintivamente las piernas cuando Draco pasó su lengua por encima de su clitoris - estaba en extremo sensible-, pero su hermano la tomó de los muslos, abriéndola para volver a pasar su lengua, evitando que ella las cerrara de nuevo, más cuando él comenzó a succionarla.

Draco soltó una de sus extremidades y, sin dejar chuparla, introdujo uno de sus dedos de nuevo en ella, sólo que esta vez, no entraba ni salía de ella, movía su dedo de forma circular en donde la había tocado antes, haciéndola gemir.

–Espera... –le dijo ella, haciendo ademán de apartarlo: aparte de exitarla al extremo, su toque le estaban haciendo sentir algo que no debería sentir.

–No, es normal que lo sientas así... –le dijo él, intensificando el movimiento, intuyendo por qué su hermana quería que parara, algo que él no iba hacer ni de coñas, la necesitaba lo bastante lubricada para lo que harían a continuación.

–No, Draco, no entiendes, necesito... –gimió otra vez, retorciendose debajo de él. Draco supo que estaba apunto de lograr lo que se había propuesto, cuando sintió que ella, en vez de contraer sus paredes, comenzó a empujar su dedo.

–Así..., déjalo ir... –la animó, sintiendo como su mano se empapaba de un líquido blanquecino.

–Lo siento, yo... no sé que me pasó –le dijo ella, apenada, luego de un momento.

–Se llama eyeculación femenina, Hermione, no es nada de lo otro.

–Oh... pensé que yo...

–¿Que te habías hecho pis? Pues no, la la mayoría piensa eso, pero la verdad es que no.

»¿Te gustó?

–Me encantó –le corroboró ella, la pena ida ahora que ya sabía de que se trataba lo que él le había hecho–. ¿Dónde aprendiste hacerlo? –cómo siempre, cómo la curiosa que era, su hermana quiso saber.

–Lo leí en un libro –le dijo–. No sabía si iba a lograrlo a la primera, pero lo hice, corrí con la suerte que seas muy receptiva. No aguanto las ganas de saber cuánto te tardarás en correrte alrededor de mí.

–A juzgar por lo sensible que estoy, no creo que mucho... –le dijo ella, animadolo para que se acercara a ella. Le sacó la camisa y, con ayudas de sus pies, deslizó sus pantalones fuera él.

Ahora sí, Draco estaba consciente de que no había vuelta atrás.

–¿Estás lista? –aún así, quiso cerciorarse una vez más. Por toda respuesta, Hermione lo tomó de sus caderas y lo ayudó a pocisionarse encima de ella, luego asintió.

Draco comenzó lentamente a sumergirse dentro de ella, deteniéndose a medio camino cuando la sintió tensarse por el dolor.

–¿Quieres que pare? –le preguntó, con la esperanza de que ella le dijera que no.

Hermione negó.

–Ven.. –le dijo, atrayéndolo hacia su boca.

Draco la besaba, en tanto retomaba de nuevo su camino. Su hermana clavó sus pequeñas uñas en su espalda a la vez que mordía su labio, cuando al fin su pelvis se fundió con la de ella.

Esperó un poco antes de comenzar a moverse, y sólo lo hizo cuando ella se movió de manera circular debajo de sus caderas.

Draco la tomó de sus glúteos, acercandola, rozando su pelvis encima de su clitoris, y hundiendo su rostro en cuello de ella al sentirla tan apretada. No pasó mucho tiempo cuando la sintió contraerse alrededor de él, haciendo que casi en seguida él también se corriera.

–¿Te gustó? –le preguntó luego de que los dos hubieran recobrado el aliento. Ahora se encontraba acostado en mueble con su hermana encima de su pecho.

Hermione le acarició la pelucilla rubia.

–Fue lo mejor que me ha pasado desde que me eligieron para ser portera del equipo nacional.

»¿Y a ti te gustó? No es que yo hubiera participado mucho.

–Bromas ¿cierto? Si estuviste magnifica. Además, habrá muchas oportunidades de que tengas participación, más estando ahora encima de mí –le dijo, tomándola de los mulos para abrirla encima de su eje. Hermione soltó un quejido–. Pero ahora no, estás muy adolorida.

–Gracias... –le dijo ella y depositó un beso en su esternón.

»¿Y ahora qué haremos?

–Dormir un poco, por supuesto –le contestó Draco. El viaje y lo que acababan de hacer lo habían dejado agotado.

–No me refería a eso con mi pregunta, Draco.

–Ah ¿no?

–No. Me refería a qué haríamos ahora con esto, con lo nuestro.

–Pues decírselo a nuestros padres.

Hermione levantó la cabeza y lo miró, incrédula. Draco tenía los ojos cerrados y una mano desprecuocupadamente echada a la cabeza. Ella no podía creer que él le hubiera sugerido eso.

–Ahora eres tú el que está bromeando ¿cierto?

Draco abrió los ojos y la miró con todo lo que él sentía por ella.

–No estoy bromeando, Hermione –le acarició la mejilla– ¿Acaso quieres que lo mantengamos en secreto? ¿Por cuánto tiempo?

–No lo sé, Draco ¿y si esperamos? Mi carrera está comenzando, pero pronto tendré mucho dinero y podremos mudarnos a otro estado, incluso a otro país.

Draco se desperezó, sentándose. Hermione se sentó a su lado.

–¿En serio quieres eso? ¿Quieres que jamás volvamos a saber de nuestros padres? Porque, entiende bien esto, Hermione, ya te dije que he venido a quedarme. Acepté mis sentimientos hacia ti y no quiero estar escondiéndoselo a nadie. No me importa cómo me miren o qué me digan ¿o a ti sí?

Hermione se lo pensó un momento. La verdad es que a ella tampoco le importaba. Pero decirselos a sus padre era otro tema, no creía que ellos lo fueran aceptar de buenas a primera. Pero Draco tenía razón, no quería tener que no ver más a sus padres, sin embargo era consciente de que muy posiblemente fueran ellos lo que no los quisieran volver a ver.

–A mi tampoco me importa, Draco. Pero no creo que a mamá y a papá les vaya a gustar que le digamos que sus dos hijos tienen una relación de más que hermanos. –le hizo saber.

Su hermano asintió dándole la razón, aún así le dijo:

–Es algo que ya decidí. Tarde o temprano van enterarse y prefiero que sea por nuestra boca.

» ¿Tienes miedo? –le preguntó. Él no lo tenía. Hacía rato que había dejado atrás el miedo y la cobardía, ahora lo que quería era planear un futuro con ella. Pero iba entender cualquier decisión que tomara su hermana.

Hermione no le contestó de inmediato, se acercó a él, hundiéndose en su regaso.

–Estoy muerta de miedo, Draco –le dijo–... Pero tienes razón: Tarde temprano van enterarse. Sólo espero que, aunque no lo acepten, no hagan nada para dañarnos. ¿Si tienes claro que aquí el incesto está penado?

–No lo creo, Herms. Los conozco. Al principio se podrán cómo locos, pero después lo aceptarán. Pero, si no es así, aceptaré tu propuesta de mudarnos a otro lado, así resolveríamos lo del asunto legal.

»Entonces ¿si estás de acuerdo con que se lo digamos a mamá y papá?

Hermione se irguió para darle un beso en labios.

–Estoy de acuerdo. –le dijo, más segura, sabiendo que después s de lo que su hermano ella habían hecho, nadie la apartaría de su lado.

5.-

Draco entró a la casa seguido de su hermana. Los dos buscaron a sus padres, hallándolos en la sala viendo televisión.

–¿Tan temprano terminó la fiesta? –su madre preguntó al verlos llegar.

Ninguno de los dos respondió.

Draco tomó la mano de su hermana y caminó hasta deternerse en frente del televisor, tapándoles la visión.

–¿Lista?

–Siempre... –contestó Hermione.

–¿Y ahora ustedes que se traen? –preguntó su padre.

–Tenemos algo que contarles –dijo Draco, llevando la mano de zu hermana a sus labios.

Fin...