A Paty le tocó aventar el ramo de novia, Candy iba a pasar con las demás solteras pero el ministro Harry le agarró de la mano y le dijo: Todavía no quiero que me dejes pequeña, tenemos mucho trabajo en esta misión.
Candy se abstuvo de pasar, cuando Paty aventó el ramo le cayó a Candy sin que hiciera ningún esfuerzo. Todos los presentes aplaudieron, los muchachos la miraban sonrientes acomodándose sus trajes esperando que ella los mirara. Candy se acordó de Albert, sintió nerviosismo.
-Señor, sácamelo de la mente, no quiero pensar en él, le temo-Oraba Candy.
Stear y Paty se fueron al hotel Mivart's, era muy lujoso, sólo se hospedaban ahí los de clase alta.
Paty se sentía muy nerviosa, se puso una bata normal para dormir, su mamá no quiso explicarle nada de lo que sucedería en la noche de bodas, Stear ya tenía experiencia, pues Albert lo había obligado a ir a un prostíbulo a la edad de 17 años, había tenido suerte de no contagiarse de alguna enfermedad pues la chica con la que había estado era nueva en el lugar, Albert tenía un acuerdo con la dueña de la casa de citas, que cuando llegara alguna nueva chica se lo comunicaran para que el fuera el primero, Archie o George. Nunca les preguntaban nada a las chicas, de cómo habían llegado ahí, si las habían secuestrado, si las estaban obligando, simplemente pagaban y las tomaban.
Stear se acercó a su esposa y la besó apasionadamente.
-No temas, yo lo haré todo- fue lo único que le dijo
Fue muy noble con ella, la trató frágilmente, era un amor puro, él hubiese querido aprender junto con ella, después de terminar le pidió perdón porque no había sido la primera, Paty lo comprendió y le dijo: Lo importante es que desde ahora seré la única.
Llegó al club Crockford el Duque de Wellington con sus amigos John Moore y William Carr Beresford en su carruaje, El ministro Harry Ellis estaba en la acera frente a la entrada club y cuando vio bajar a los caballeros empezó a predicar: Entrarás a ese centro de vicio, malgastarás el dinero que puedes darle a los pobres, o con el que puedes recompensar a tus empleados, huye de ese lugar no seas necio, saldrás sin ningún quinto y puedes traer la miseria a tu familia. Albert y su suegro William Crockford lo escucharon, vieron cuando John Moore dijo: No entraré ahí, tiene razón ese predicador, mejor usaré mi dinero para algo útil. Se subió nuevamente al carruaje, el Duque de Wellington se molestó con él ministro Harry, pues era la única distracción que tenía, ya que era comandante en jefe del ejército británico.
-¡Como toleras que ese predicador venga aquí William! ¡Ya me espantó a John! Yo me venía a pasar un rato agradable con mis amigos.
William Crockford contestó: Trataremos de deshacernos de ese ministro lo más pronto posible.
-Vengo de combatir y lo que menos quiero son sermones, ya suficiente tengo con los que me da mi esposa. Si necesitan desalojarlo de alguna parte díganme, me ha molestado en gran manera.
-Nosotros lo arreglaremos.
Los caballeros entraron al Club, Albert y el ministro Harry cruzaron miradas.
Albert, fue hacia él y le dijo: ¡Te lo advertí! ¡Tú mismo te pusiste la soga al cuello! Te dije que pensaras en tu familia, no podré hacer nada para protegerlos. ¡Vete de aquí antes que arremetan contra ti!
-Aunque me cortaran la lengua, yo seguiré predicando
-¡No digas tonterías! Y lárgate
Albert silbó y llegaron cuatro hombres
-Llévenlo a su casa y no permitan que salga de ahí
Los hombres se llevaron a la fuerza al ministro, Albert lo miró preocupado.
-Dios, si amas a ese siervo tuyo protégelo del mal y que yo no sea su verdugo-pensó Albert, de pronto recordó a Candy tocando el violín. -Y también a ella aléjala de mí.
Entró Albert al Club y William Crockford le hizo señas, para que entrara a su oficina.
-¡Ese ministro nos arruinó el negocio! ¡Quiero que lo elimines!
-Te pido que lo perdones esta vez, no debes levantar tu mano contra un buen hombre, tiene esposa y una hija.
-¡Yo no voy a estar perdiendo dinero por su causa! ¿Y porque lo defiendes?
-El casó a mi hermano Stear.
-¡Tú con tus sentimentalismos! Está bien, por esta vez pasaré por alto esta afrenta, mantenlo lejos de aquí, para la próxima no te avisaré y mandaré a otro a eliminarlo.
-Yo me haré cargo
Albert respiró aliviado, de que su suegro perdonara al ministro.
Al día siguiente Albert fue a visitar a su novia.
-Nos contó mi padre que un ministro le echó a perder un negocio muy jugoso.
-Fanny no deseo hablar del casino contigo.
Llegó a oídos de Albert que Candy salía con su padre por las calles a evangelizar.
-Señor Andrew, los hombres no se le acercan a ella, sino ella se acerca a ellos.
Albert respiró hondo: Paciencia necesito paciencia con esta gente.
Le dijeron por dónde andaba, él la espiaba a lo lejos, se llenaba de celos cada vez que ella le sonreía a algún hombre y le hacía la invitación para ir a la misión.
Hubo un hombre que quiso abrazarla, Albert salió en su defensa y lo golpeó hasta tirarlo al piso.
-¡Gracias Señor Andrew!
Él la sujetó por el brazo y se la llevó a rastras a su carruaje.
-Señorita Ellis, ¡no debe salir sola y menos acercarse a los hombres!
-¡Estoy evangelizando! No salí sola, mi papá está en la siguiente calle evangelizando.
-¡Pues háblele solamente a las mujeres! Los hombres quieren otra cosa, le ponen atención no a lo que dice sino a su belleza, deje de estar tentándolos, no actúe con necedad, porque habrá uno que no se resistirá, la tomará y tendré que matarlo.
-¡Por favor no diga eso!
-Lo digo porque en realidad lo haré, usted me obligará a ello.
Candy dijo: Está bien Señor Andrew, prometo que sólo me acercaré a las mujeres.
-Dice que su padre estaba en la calle siguiente
-Si
-La llevaré con él.
Albert la observaba fijamente, sus labios, su cuello, su estilizada figura.
-No sabes cuánto te estoy deseando Candice White Ellis
Chicas la próxima semana sólo podre actualizar tres fics así que acepto sugerencias de cual urge, sólo un fic por lectora para que cuente los votos.
Gracias por sus comentarios son los que me impulsan a seguir actualizando mis fics
