Candy recordaba los besos de Albert ya estaba bajo el hechizo de su amor.
-Hija ¿Qué tienes?-preguntó Helen
-Nada mami, es sólo que estoy contenta por Paty, pronto será mamá, yo también quisiera tener un hijo.
El ministro Harry estaba tomando su té y casi se ahoga al escuchar a Candy.
-¿Pero qué tonterías estás diciendo muchacha?
-Que me gustaría casarme y tener bebés.
-Candy, todavía no he conocido al hombre que pudiera ser el indicado para ti, quiero que tu esposo sea temeroso a Dios, trabajador, noble, leal, de buena familia, de hecho ahora que vengan los ministros de Escocia para consagrar la capilla de la Congregación, traerán a sus hijos varios de ellos están en edad casadera.
Candy hizo una mueca.
-¿Qué pasa no te agrada la noticia?
-No es eso papá, tú sabes que me interesa el Señor Andrew.
-¡Estás loca si piensas que lo dejaré cortejarte, sácate esa idea de tu mente!
El ministro se levantó de la mesa y se fue a caminar, Candy se quedó llorando siendo consolada por su madre.
Candy fue a visitar a Paty con Helen cuando les abrieron la puerta vieron que Albert estaba conversando con Stear.
-Buenas tardes-dijo Candy haciendo una pequeña reverencia
Albert se alegró al verla.
-Buenas tardes señora y señorita Ellis-Contestó Albert
-Buenas tardes William-saludó Helen
-Bueno yo estaba por irme, hermano cuando quieras regresar a tu antiguo empleo sabes que te estaré esperando.
-Gracias William, pero no pienso regresar-contestó Stear.
Albert fue hacia Candy le agarró la mano para besársela.
-Me despido Candice, espero verte muy pronto.
Ella asintió.
Stear dijo: Mi hermano vino a dejarme algo de dinero que según me mandó mi tía, no quiere que pase privaciones estoy seguro que es de su parte, se hace el insensible pero la verdad es que siempre ha cuidado de nosotros.
Candy sonrió al escucharlo.
Pasaron algunas semanas, entre todos los varones de la Iglesia habían construido una capilla con los cimientos de material pero las paredes de madera y techo de tejas, llegaron los ministros que harían la ceremonia de elevación a congregación, los hospedaron en las casas de los miembros de la misión, Harry Ellis hospedó al ministro Eddie Steven con su hijo Thomas un muchacho tres años mayor que Candy de aspecto agradable, que estaba en el seminario estudiando teología para ser ministro igual que su padre.
-Candy porque no llevas a Thomas a pasear al centro de la ciudad.
Candy pensó: Espero que William no me vea acompañada de Tom.
Mientras iban en el carruaje Tom contemplaba a Candy.
-Candy quiero decirte que eres una muchacha muy bonita.
-Gracias por tu amabilidad, Tom.
-Sabes, me quedan sólo un año para que me ordenen como ministro, pronto terminaré mis estudios de Teología.
-Me alegro por ti
-Sí, pero antes que me ordenen tengo que buscar esposa.
-Espero que no te tardes en encontrar a tu ayuda idónea-dijo Candy con una sonrisa
Llegaron a la abadía de Westminster entraron pues recibían visitantes, Candy le explicaba todo lo referente a la historia de dicha construcción, a la salida Tom le invitó a tomar té en un establecimiento cercano, Albert entró con el Señor Crockford al mismo lugar, Candy lo vio y trató de esconderse.
-¿Qué pasa Candy? te noto inquieta-preguntó Tom
-¡Por favor no digas mi nombre luego te explico él porqué!
Albert y su suegro cotejaban la lista de sus deudores, los que estaban próximos a cumplir su plazo de los pagarés que tenían en su poder.
Albert se dio cuenta que Candy estaba acompañada de un joven, se llenó de celos pero supo disimularlo delante de su suegro, no quería que la viera porque seguiría acosándolo con su promesa de perjudicar a los Ellis, Albert despidió a su suegro y se quedó ahí para observar a Candy y a su acompañante.
Tom decidió ir a la letrina, y Albert aprovechó para acercarse a Candy.
-¿Quién es ese?-reclamó Albert
-Es un huésped de mi papá, hijo de uno de los ministros que vinieron a la ceremonia de consagración de la capilla.
-¿Por qué tienes tu que andarlo paseando? ¿Acaso estás jugando con mis sentimientos?
-¡No! Jamás haría algo así, es mi deber como anfitriona ser amable con mi huésped.
Albert la agarró por la muñeca y la levantó, dejó dinero para que se cobraran el consumo de las dos mesas y se la llevó a rastras a su carruaje, cuando salió Tom del sanitario, no la encontró. Albert iba besándola con desesperación quería hacerla suya en ese mismo momento.
-¡Por favor suéltame Albert! ¡Me lastimas!
-Ven a mi casa Candy y quédate conmigo definitivamente, no puedo soportar que estés con alguien más, el pensar que ese joven dormirá bajo tú mismo techo me llena de rabia, tú naciste para mí, entiende eso.
-Por favor tenme confianza, yo no le estoy dando ninguna esperanza a nadie sólo a ti. Regrésame por favor, debo volver con él a mi casa, si llego sola mi papá me castigará.
-¡Está bien pero me presentarás como tu prometido ante él!
-Así lo haré
Albert sacó la cabeza y dijo: Cochero regresa al mismo lugar de donde salimos, el cochero dio la vuelta y regresó, vieron que Tom estaba parado viendo a todos lados.
-¡Tom!- lo llamó Candy del otro lado de la calle- ¡Sube al carruaje por favor!
Tom cruzó la calle, se sorprendió al ver a Albert dentro.
-Tom quiero presentarte a mi prometido el Señor William A. Andrew.
Tom se sintió desilusionado pero estrechó la mano de Albert.
-Soy Thomas Steven, estudiante de Teología.
-Ah, serás ministro como mi suegro.
-Así es
-Pues yo me dedico a rentar las propiedades que tengo en la ciudad, cuando Candy se case conmigo no le faltará nada.
-Las riquezas son inciertas Señor Andrew, es mejor hacer tesoros en el cielo y no en la tierra donde los rateros minan y hurtan.
-Sí, pero aquí en la tierra es donde tendré a mi familia.
-Además estoy seguro que a Candy en lugar de riquezas le gustaría tener un hogar lleno de paz, donde reine el amor, y donde se sirva a Dios.
Albert frunció el ceño y contestó: Conmigo tendrá todo eso.
Llegaron a la casa de los Ellis, se bajaron Candy y Tom del carruaje
-Tom por favor no le digas a mi padre que nos encontramos con William.
-¿Por qué Candy? ¿No que es tu prometido?
-Somos novios pero mi papá todavía no ha dado su aprobación.
-Entonces no son novios Candice, es incorrecto lo que estás haciendo, no debes ser desobediente con tu padre. No quiero ser prejuicioso pero ese hombre no me agradó, hay algo en él que me hace sentir desconfianza.
-¡Por favor Tom! sé que acabamos de conocernos, no hagas que te odie.
-Está bien por esta vez no le diré nada a tu padre, pero no callaré si me vuelvo a topar con él.
-Gracias Tom.
Hola chicas no sé si actualizar mañana miércoles pues todas estarán con los tamales, si quieren que actualice díganme cuál
