Mientras Helen preparaba el desayuno para Albert, este le tomó la mano a Candy, sus mejillas se tornaron rojas por el contacto con su esposo. El ministro Ellis se dio cuenta de la reacción de su hija, pues eran las mismas actitudes que recordaba de Helen cuando la cortejó, se llevó la mano a la boca y carraspeó.

—De seguro que cuando termines de desayunar tendrás que irte a lado de tu amigo—, interrumpió Harry con esta afirmación, el momento romántico entre la pareja de enamorados.

—El médico me comentó que su hija lo relevará, les ofrecí una buena recompensa y aceptaron, mientras tanto haré las reparaciones de la casa, creo que es una buena oportunidad para pasar unos días en familia antes de irme—, contestó Albert animoso.

—Me parece perfecto—, dijo Helen, quien llevó el alimento para Albert.

Terminaron de desayunar y llegó la carreta para entregar los materiales que Albert y Joseph compraron en el almacén principal. Tablas, clavos, bisagras, y algunas herramientas como serrucho y martillo. A Albert le gustó un papel para tapizar la cocina de su suegra y lo compró también.

—¿Por dónde vas a empezar William?—le cuestionó su suegro.

—Por la habitación de Candy, voy a fijar bien la cama.

—¿Cuál es tu obsesión por esa cama? Mejor vamos a checar el techo, agarraré este día para ayudarte, tan siquiera podré pasarte el martillo. Hoy en la noche llevaré un sermón del año pasado, no creo que se acuerden los feligreses de que se los expuse.

—Eso es trampa suegro.—bromeó Albert.

—Cuando seas ministro, verás que es práctico llevar un diario de los sermones que elabores, porque un día necesitarás tiempo para hacer otra actividad.—«No puedo creer que esté impío vaya a ser ministro»—Pensó Harry Ellis.

Se pusieron en acción, a Albert no se le dificultó subir al techo. Se volvió experto en el área de mantenimiento porque en el seminario siempre apoyaban con el cuidado de los edificios. Puso a su suegro a cortar tablas, Harry no estaba acostumbrado a ese tipo de trabajos y en menos de una hora se le hicieron ampollas en las manos, por lo que tuvo que cesar el "apoyo" que le dio a Albert. Helen tuvo que ir a buscar algunas hierbas para hacer un ungüento y aplicárselo a su esposo.

Antes que declinara el día, Helen le pidió a Albert que la ayudara a llenar la tina de Candy para que se aseara, el accedió con gusto, la preparó con agua tibia.

—Suegra, ayudaré a Candy a bañarse—. Se ofreció Albert.

Helen pensó que después que ese hombre estuvo trabajando todo el día, para reparar la casa, merecía un premio y que mayor recompensa que estar con su esposa, aunque estaba temerosa porque Candy todavía estaba débil.

—Te ayudaré a desvestirte.

—No es necesario, puedo hacerlo sola.

—Deseo hacerlo Candy.

—Mejor sostén al niño, parece que se despertó.

Candy aunque deseaba estar con él, sentía vergüenza, su cuerpo cambió un poco después que tuvo al bebé. Albert abrazó a su hijo, este jugaba con la barba de su padre.

—Tu agarre es fuerte, eres igual que yo.

Albert cuidó a su hijo mientras Candy salía de la bañera. Cantó un himno para adormecer al pequeño, Candy escuchó la voz de barítono de su esposo y lloró de emoción. —«Si cambió, Dios lo transformó. Si fuera el mismo le cantaría una canción de taberna, en lugar de eso eligió un hermoso himno»—Pensó Candy.

Albert acostó al bebé, fue a ver si Candy necesitaba su ayuda. Albert se estremeció al admirar la silueta de su amada, la reacción de Candy al escuchar que Albert abrió la puerta, fue cubrirse con las manos sus senos.

Albert le recitó lo que dice Génesis 2: 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. —Albert empezó a desabotonarse pero al ver a Candy un poco temerosa le dijo: Yo también me tomaré un baño, usaré la misma agua, total estabas casi limpia.

Ella salió de ahí. Albert se desnudó y se metió en la bañera.

—Me pondré mi bata e iré a buscarte ropa del envoltorio que dejaste abajo—Le avisó Candy con la voz temblorosa, al admirar sus bíceps.

—Te lo agradezco Candy.

Harry fue a la capilla, a impartirles el estudio bíblico a sus feligreses.

En un puerto de América bajó de la embarcación William Crockford y algunos de sus matones. La gente trataba de disimular su impresión cuando lo miraban a la cara pues tenía cicatrices.

«Bien querido William, he venido por la revancha, trajiste mi oro a América, estoy seguro que te encontraré, te haré lo mismo que me hiciste» Pensó Crockford.

Dedicada a Gaby Uribe.

Les recomiendo leer un ensayo muy interesante de la página de Facebook: Candy Candy la Verdadera Historia, sobre los términos en que se dio la adopción de Candy por parte de la familia Ardlay. Este ensayo contiene citas y/o referencias de la novela CCFS que avala lo que se expone en el escrito (es muy amena la lectura). La autora del ensayo por lo general regala firmitas a la que comente. (Ahora puso al guapísimo de George cuando rescata a Candy de que la llevaran a México. Está hermosa la imagen).

Y ya que estoy con las recomendaciones vuelvo a mencionar la página de Anohito - あの人 (escrito con todo y letras japonesas) hace poco subí nuevas ilustraciones de una artista recién descubierta Luh Kade S. Originaria de Indonesia, como nuestra querida ilustradora oficial Rosdiana Oktavia Zaini (que hace el rostro de Candy y Albert de adultos y ambos le quedan guapos).

Recomiendo también la página de Facebook: Antigua Novela de Candy Candy donde postean las últimas novedades de las novelas de Nagita (Misuki) quien acaba de lanzar su versión en francés y la llamó Candy la huérfana, en cuanto tengamos en nuestras manos el libro se posteará su contenido.