—El yerno del ministro nos escuchó —dijo aquel "ente malvado".
Lewis se dio la vuelta, Albert caminaba hacia él, decidido a enfrentarse contra el mismísimo maligno, el que mencionaran a su esposa le dio valor.
—Es por eso qué, no quieres orar por tu hija, le vendiste tu alma al diablo —lo acusó Albert.
Lewis trató de minimizar el asunto, expresó sorpresa en su semblante— ¿De que hablas Andrew? quizás te pareció escuchar voces, el sonido del viento te jugó una trastada, yo estaba orando en secreto.
—No hay viento en este momento, yo sé muy bien lo que escuché; ¿aunque tu hija se debata entre la vida y la muerte no te arrepientes? Además, estás impregnado de azufre.
—Deja a mi hija fuera de esto.
—Tu empezaste cuando incluiste a mi esposa en tu conversación —replicó Albert.
—Todavía estás somnoliento, alucinas, lo puedo asegurar.
Hine trató de evadir a Albert, al pasar a su lado para entrar al consultorio, Albert lo agarró del brazo apretándolo, lo amenazó de la siguiente manera—: no quiero que te acerques a la casa de mi suegro, no eres bienvenido ahí, ni permitiré que hables con ninguno de mi familia. Si llego a enterarme que lo hiciste, te mandaré con tu padre el diablo más rápido de lo que te imaginas.
—¿Y así quieres ser ministro? En la Biblia dice que debes amar a tus enemigos.
—Pero antes que logre amar a mis enemigos, ya amo a mi familia, de ser necesario mataré a todo aquel que les quiera hacer daño. Defiendo todo con lo que Dios me bendijo, el mismo Moisés mató a un egipcio que golpeaba a uno de sus hermanos hebreos, Sansón mató a muchos filisteos cuando invadían al pueblo de Israel, el rey David fue un guerrero que dio la cara por su nación.
—Eso fue en el antiguo testamento, ahora en el nuevo testamento Jesús ordenó que debes dar la otra mejilla —espetó Lewis.
—El mismo Jesús dijo en Mateo 24:43 Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.
—¡Estás fuera de contexto Andrew!
—No voy a discutir contigo Hine, ya quedas advertido, si la nación donde estoy nos pide a los hombres ir al frente ante una invasión extranjera, ¿Acaso no nos veríamos obligados a matar por guarecer el suelo en que estamos? Así todo hombre tiene derecho a matar en defensa propia si se ve obligado por las circunstancias, no me quedaré cruzado de brazos mientras veo que quieren dañar a los míos.
Lewis se soltó de su agarre y se metió al consultorio, sintió temor de que Albert divulgara lo que presenció.
Joseph vio a aquella niña inocente, sintió el impulso de ser su guardián, ni siquiera imaginaba que sería su futura esposa.
Harry terminó de orar después de tres horas, se despidió diciendo que regresaría después de descansar, Albert se acercó a Joseph para decirle que estuviera atento a todo lo que hiciera Hine quiso explicarle lo que escuchó, pero Harry lo apuraba. De todas maneras, Joseph desde ese momento no se apartó de Brenda.
William Crockford negoció para obtener una embarcación, como no se permitía que hubiera tabernas, es decir no estaba legalizado, el pondría un centro de vicio ambulante, era la única forma en la que sabía subsistir.
Candy despertó en los brazos de Albert, a quien se le fue sueño después de aquella visita ministerial.
—Que pena contigo, de seguro soy un desastre —comentó Candy al ver que la observaba sonriente.
—Tu eres hermosa aun despeinada. Candy quiero que te vengas conmigo, no quiero dejarte en este lugar.
—Mis padres están aquí, además todavía harás ese recorrido...
—Corren un grave peligro, no quiero dejarlos desprotegidos. Vendrás a la casa, vivirás con mi tía Elroy, Stear y Paty. Le pediré a mis maestros que cuiden de ustedes durante mi ausencia.
—No pienso apartarme de mis padres.
Rixa después de varios días te pude cumplir. Chicas lindo fin de semana. Que disfruten sus vacaciones.
