"Mi primera misión con Vanitas"

By S. Hisaki Raiden

(14 de Septiembre de 2019)

Los personajes de Kingdom Hearts pertenecen a Square Enix y a Tetsuya Nomura yo sólo los tomo prestados para escribir historias alternas con fines de entretenimiento, sin lucro.

Resumen: Cansado de discusiones y peleas constantes con Vanitas, Ventus toma una decisión, dejará de peler contra él y peleará mejor a su lado (Si es que lograba convencerlo de hacerlo). Un mundo nuevo en peligro, muchos heartless y un compañero de misión poco convencional, Ventus no esperaba que todo eso sucediera así… o casi.

Rating: T (12+)

Genero: Aventura, Acción, Humor ¿Romance?

Advertencias: Ninguna.

Aclaraciones:

—Diálogos.

"..."; Resaltar palabras o Ironías.

—…/…/ Pensamientos en medio de la platica.

(1,2,3, etc…); aclaraciones al final del capítulo.

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Episodio 3: Arkasus: Empatía, la primera batalla lado a lado.

Al llegar a la entrada vio como algunos hombres con vestimenta de oficiales, trataban de alejar a varios heartless, que parecían gusanos de muchos pies, sin mucho éxito, ya que sus armas no eran efectivas para acabarlos. En el suelo había un niño, como de 8 años, completamente asustado, y alrededor los pocos espectadores se ocultaban en lo que podían... y tras lo que podían.

Ventus llegó corriendo y al ver al pequeño en el suelo se puso delante de él.

—¿Estás bien?

El pequeño brincó en donde estaba al ver a Ventus aparecer de ningún lado, sólo así, pero más al toparse con la mirada azul, la piel pálida y los cabellos rubios de aquel desconocido… de hecho se quedó bastante sorprendido.

Uno de aquellos heartless se lanzó contra los guardias, atacando, Ventus, alcanzó a interponerse, mandando lejos a los heartless, dando tiempo a esos hombres apartarse. Mientras Vanitas llegó también, y sonrió para sí mismo mirando a unas Neoshadows que emergían del suelo, entonces apareció a Quid Vacuo y rebanó a varios de ellos de un sólo tajo. Los guardias se sorprendieron bastante.

—Apártense, esas armas tan patéticas no derrotaran a estas cosas –dijo sin nada de tacto con una sonrisa presuntuosa en su cara.

Ventus se quedó un poco sorprendido con la entrada de Vanitas.

—¡Príncipe cuidado! —Gritó el pequeño que estaba cerca del rubio, aunque la forma en que le llamó le pareció raro, el grito fue suficiente para que reaccionara y rechazara a otros heartles que se habían lanzado a atacar, aunque se había distraído por ver a Vanitas, notó que los enemigos sólo rebotaron en su Key sin sufrir daño, pero los siguió apartando para alejarlos de la gente.

Vanitas también trató de destruir a algunos de ellos, sin embargo la punta de su key rebotó sonando como si hubiese chocado contra otro metal igual de duro.

Al no poder dañarlos, se puso en pose de defensa y esquivó algunos ataques con Wayward Wind. El lomo de esos Heartless era como una coraza, volteó a ver a Vanitas y él tenía el mismo problema. Retrocedió un poco sin dejar de escudar a la gente para quedar lado a lado con el pelinegro…

—¿Alguna idea? —Preguntó.

El pelinegro guardó silencio un momento observando a los bichos.

—¿No te recuerdan a algo que has visto en tu jardín? —devolvió la pregunta serio.

—¿Mi jardín? —Preguntó y se sintió incómodo al instante, pues con ese sólo comentario era más que obvio que Vanitas lo espiaba mientras estaba arreglando sus plantas, pero sacudió su cabeza, no era momento para enojarse por eso— Si, bueno… tal vez… —, miró a los bichos tenían varias patas y escamas por su cuerpo que parecían acomodadas por capaz, y se enrollaban siendo invulnerables a los ataque de sus espadas— Son como las cochinillas de jardín (1).

Vanitas asintió sin voltear a ver al rubio.

—Se sienten seguras en la tierra y se hacen bola para atacar, hay que desestabilizar el terreno, ¿Entiendes?

—¡Es cierto! Ya lo tengo —Dijo entendiendo bien, levantó su Keyblade e invocó un hechizo, de los mejores que tenía— ¡Aeora! —Una ligera ventisca nació poco a poco desde la punta de wayward wind, hasta volverse en un hermoso tornado color verde jade, con ella el rubio levantó a los heartless abolados, los cuales al sentirse inseguros en el viento, se desenrollaron siendo vulnerables…

—¡Ahora, Ventus! —Le gritó y el rubio, respondió lanzando un corte casi al mismo tiempo que Vanitas, terminando con todos los heartless frente a ellos que tenían esa forma.

—¡Speed Rave! —Su keyblade brilló y parte de su cuerpo también, acelerando sus movimientos y con ellos eliminó al resto de enemigos que ya se acercaban a la entrada de la ciudad.

Vanitas se detuvo y miró al rubio con molestia.

—Oye, deja algo para mi —se quejó.

Ventus miró al pelinegro y sonrió apenado llevando su mano tras su nuca.

—Lo siento… —Vanitas iba a contestar algo, pero, fueron interrumpidos por uno de los guardias.

—¿Quienes son ustedes? —Los miró no con miedo sino con sorpresa— Y esas armas.

Ventus ocultó su espada.

—Yo me llamó Ventus, y él es Vanitas y sólo pasábamos por aquí y vimos que tenían problemas. Son… sólo un par de espadas —dijo para restarle importancia.

—Pero, ninguna de nuestras armas funciona con ellos... —comentó otro guardia, preocupado y sorprendido. El resto de la gente estaba atónita también.

Ventus reaccionó al darse cuenta de que habían llamado demasiado la atención

—... Ah... pues...

—Eso no importa... es hora de irnos —dijo el de ojos dorados para zafarse de eso, pero, el pequeño del suelo de paró de un brinco y corrió hasta Ventus.

—¿No han visto su pelo y sus ojos? ¡Es el príncipe de la leyenda!

—¿Príncipe? —Se señaló sorprendido parpadeando.

—¿Ah? —fue todo lo que "dijo" Vanitas.

—¡Ah... no, no! —Movió sus manos negando—. Nada de eso, sólo soy... un guerrero con una espada.

—Pero el arma también es misteriosa —dijeron intrigados y tal vez esperanzados los guardias.

—… —Vanitas sólo arqueó una ceja.

—¡Es como la espada del príncipe de la leyenda! —volvió a decir el niño— la leyenda dice que, él tienen el color del sol en su pelo, y el cielo en sus ojos... ¡Debes de ser el príncipe! ¿Has venido a salvarnos?

Ahora que Ventus recapacitaba todos ahí tenían el pelo negro o castaño y tenían la piel tostada, además de tener ojos oscuros o rojizos. Él por si mismo llamaba mucho la atención aun sin espada.

—Bueno... no precisamente, pero si me cuentan lo que pasa, tal vez pueda hacer algo —Dijo algo apenado al principio, pero luego se ofreció a ayudar.

—La montaña flotante —se acercó uno de los guardias —, la que provee de agua a toda esta tierra fue invadida por esos monstruos...

Vanitas sólo se cruzo de brazos en lo que veía al rubio hacerse el héroe.

Otro guardia continuó.

—El agua dejó de fluir... y nuestros pozos se van secando uno tras otro.

—Ya no tenemos agua para los sembradios... —Se acercó un ciudadano—, ni para vivir...

—Arkasus es un desierto —dijo el primer guardia—, pero con el agua de la montaña era posible vivir en éste clima...

La gente comenzó a juntarse en torno a ellos.

—Esos monstruos... han matado a muchos de los nuestros... los convierten como ellos...

—¡Por favor, príncipe, devuélvanos el agua! —dijeron varios al mismo tiempo.

Vanitas sólo miraba al rubio fijamente captando todas sus expresiones, notando el momento justo en que, como era de esperarse, se puso algo triste al oír los relatos de aquellas personas.

Y era cierto, el de cabellos dorados sentía un gran pesar de ver como esa gente estában sufriendo, durante sus primeros viajes, realmente no se involucró con los problemas de las personas, ahora iba con otra visión. No se sentía tan seguro de actuar como el salvador de esas personas... no era nada de eso, ni tampoco creía ser el príncipe del que hablaban, pero, si con eso podía mantener el orden…

—Yo... Haré lo que pueda —finalmente habló—, detendré a esos monstruos —les sonrió para tranquilizarlos. La gente que estaba cerca se quedó sorprendida, la sonrisa de Ventus de algún modo siempre generaba confianza tranquilidad a la gente. Mientras Vanitas hizo un sonido de molestia.

Otro aldeano habló.

—Príncipe, a la mitad de la montaña hay una parvada de aves terribles... nunca las habíamos visto... y no permiten llegar a la montaña flotante.

—¿Aves? /Lo más probable es que sean Heartless también/ —Pensó eso último— Tendremos cuidado... —se giró hacia Vanitas, notando que el pelinegro lucía algo molesto— ¿Van...? —no pudo terminar pues sintió que alguien tiraba de su mano.

Vanitas se estaba hartando no pensó que se encontrarían con tanta gente.

—Principe... Por favor... ¡Salve a mi hermana! —Y esta vez el chico lloró—. Ella se fue a noche, dijo que traería agua de la montaña... y no ha vuelto.

Ventus se agachó un poco para ver bien al pequeño, tenía los ojos color carmín y el peloe negro cenizo.

—¿Tu hermana? ¿Cómo se llama?

—Kyara... ¡Es una tonta! Le dije que no fuera... —dijo apretando los ojos pero sin inclinarse, con los puños abajo apretados— Pero fue mi culpa... porque le dije que tenía sed y no hay suficiente agua para beber...

Vanitas exhalo. "¡Genial!" Ahora Ventus además tenía que rescatar a una persona en particular.

Ventus se inclinó y acaricio los cabellos negros del chico.

—Hey ¿Cómo te llamas?

—Theru —dijo mirando los ojos azules del joven.

—Tranquilo, los hermano mayores hacemos cosas locas por nuestros hermanos pequeños... ella seguro está bien, la traeré de vuelta, lo prometo —le sonrió.

Ventus se alejó de la gente y corrió para salir de ahí, en su camino tomó a Vanitas del brazo para llevarlo con él. Vanitas solo sintió el jalón arqueando una ceja.

Ventus se detuvo después de unos minutos y se pasó su brazo por sus ojos, un poco más y habría llorado en frente de todos. Se quedó ahí parado sin soltar el brazo de su contraparte oscura. Vanitas se había dejado llevar, pero en cuanto el rubio se detuvo y no dio señales de que fuera pronto a caminar otra vez se harto, se soltó bruscamente y lo miró enojado.

—¿Qué rayos té pasa? —Le reclamó.

Ventus reaccionó al sentir ese jalón en su brazo cuando el pelinegro se liberó. Lo volteó a ver mirando el enojo del otro.

—Nada, nada... No tienes que enojarte, ya sé que no te gusta la gente, pero necesitaba información —dijo tratando de mantener el temple.

Vanitas gruñó.

—Si esto va a ser así, mejor me voy —Comenzó a caminar en sentido opuesto al rubio.

—¿Así? ¿¡Así, cómo!? —fue tras él— ¡Vanitas! —Se le atravesó delante—¿Qué es lo que te molesta? —pregunta molesto también, pero menos que el pelinegro.

Los dorados orbes se posaron sobre el rubio con frialdad.

—Preocupándote por personas que apenas conoces —respondió molesto dándole la espalda— No te entiendo.

Ventus se sorprendió.

—Bueno... es algo que desarrollas cuando sientes... que alguien se ha preocupado por ti alguna vez... —tanteó a decir, se sentía raro tener que explicar algo tan simple.

Vanitas se queda inmutable, sin voltear a verlo.

—¿Si? Pues nadie se preocupa por mi... ¿Por qué debería preocuparme por alguien más?

Ventus no supo cómo sentirse con eso, aunque su sentido común le dictaba que debía sentirse mal.

—Escucha… A veces... cuando alguien pasa por una situación difícil si ve a alguien pasar por lo mismo, puede saber lo que esa persona sentirá porque ya no ha vivido, por eso, ese alguien ahora tiene dos opciones, hacer algo para que el otro no sufra algo parecido o no hacer nada y dejar que sufran, porque pensamos que sólo de esa manera nos podrán entender, pero así no funciona la empatía.

El pelinegro no dejó de mirarlo fijamente.

—¿Empatía Ventus? ¿Es en serio? Tu no crees que yo pueda hacerlo, si tú mismo lo has dicho varias veces: Soy un ser de oscuridad.

—Si, ya lo sé… —se comenzaba a sentir mal de verdad y no sabía qué hacer para que eso no se fuera al diablo— Es decir, yo creo que hace 12 años tú tratabas de que yo entendiera a la mala lo que tú estabas sintiendo, tú estabas en la segunda opción...

El pelinegro lo miró un poco sorprendido de escuchar eso.

—Está bien, escucha, no necesito que te preocupes por ellos, eso déjamelo a mí, sólo matemos a esa horda de Heartless y ya.

Vanitas gruño pero no dijo nada más.

—Y sé que no lo necesitas... pero, quiero que sepas una cosa, si decides acompañarme en mis viajes, yo cubriré tu espalda... —Y luego de eso, desvió la vista, buscando a la montaña flotante. Sabía que se estaba arriesgando, pero no podía dar marcha atrás, no podía seguir ignorando la existencia de Vanitas, no podía y no estaba bien —De todos modos, he venido a pelear también, no acepté estas misiones para hacerme el héroe... aunque no me lo creas.

Vanitas sólo se cruzó de brazos.

—¿Seguro? —Lo miró de reojo— ¿Así que lo de hace rato no era eso?

Ventus rió sinceramente.

—Claro que no, de hecho sólo me dejé llevar, pero para cuidar la existencia de otros mundos y mantener el orden. El lema más importante del CoMaKey.

—… /Espero que sí, porque de lo contrario seré yo quien tenga que cubrirte la espalda al final del día/ —Vanitas suspiró con pesadez.

—Hace mucho calor... y tengo el presentimiento de que al medio día estará peor.

—No me digas —Dijo con sarcasmo.

—Si…. Y quizás debamos aprovechar que aún es temprano... ¿Estas listo o necesitas hacer algo? —Lo miró.

—¿No crees que necesitemos agua, con este odioso calor? —Dijo con tono obvio, no sabía si el rubio era idiota o sólo se hacía.

—Tienes razón —se cruzó de brazos pensativo— Yo desayuné muy bien en casa... ¿Y tú?

—Yo nada, estoy acostumbrado a no comer —dijo secamente.

Venus se sorprendió, casi se asustó.

—¿En serio? ¿No haz comido? Pero… —Iba a preguntar pero se sintió incómodo, en verdad no se había puesto nunca a pensar en qué condiciones vivía el pelinegro.

—¿Púes crees que todos tienen una linda casa y un hermano o unas amigas que le cocinan todos los días? —dijo con un olímpico tono sarcástico.

—...O-oye... lamento tener una vida perfecta... realmente lo siento... —dijo con rabia bajando la vista, aunque no sabía realmente con quien estaba molesto, si con la ironía del pelinegro o consigo por ser, sin querer, un desconsiderado.

—Es de esperarse de ti... como sea vamos, quiero pelear con algo —empezó a caminar harto de esa estúpida conversación.

El rubio sintió pesar, se sentía bastante mal, no lo podía evitar, se sentía como un idiota por hablarle a Vanitas de empatía. Cuando le dijo "Yo cubriré tu espalda" lo había dicho como compensación, un intercambio por la ayuda… no porque de verdad lo sintiera.

Él no era así.

¿Por qué se estaba portando de esa manera?

Les había dicho a su hermano (Roxas) y a las chicas que no estaba realmente interesado en pelear junto a Vanitas, que sólo quería evitar más problemas, controlarse y tenerlo vigilado. Pero todo lo que se había enterado hasta ahora de Vanitas lo desconocía, y nunca se había dado ni un segundo a entenderlo… no había pensando bien en todo lo que pasaría… había sido egoísta, quizás no estaba actuando bien...

Vanitas seguía caminando, de verdad tenía ganas de golpear algo... estaba irritado por el rubio. Se detuvo al sentir que caminaba solo, así que se volteó y observó que el rubio seguía parado en el lugar donde lo dejó.

—¿Qué demonios haces parado ahí? Apúrate —Alzó la voz.

El rubio brincó y corrió para alcanzarlo.

—Perdón…

Vanitas chasqueó la lengua exasperado de oír lo disculparse.

—Bueno —trató de retomar la plática en algo más… simple— sobre el asunto del agua, han dicho que no tiene mucha, así que no será una opción pedirles —dijo algo apenado.

—Que fiasco, quieren ser salvados y no dan nada a cambio.

—Pues… —recordó que en el CoMaKey se pagaban las misiones con dinero ¿Sería bueno decírselo al pelinegro o pensaría que eran más hipócritas que él?

—Espera aquí, maldición —dijo realmente enfadado, abrió un pasaje oscuro y lo atravesó.

—¡Agh! No puedes… —Iba a reclamar y volteó a todos lados pero al parecer nadie estaba a la redonda y no notaría eso, pero tan pronto como se había ido, Vanitas regresó. En sus manos traía dos botellas de agua.

—A veces no sé cómo es que entrenas para ser maestro de la llave espada —tomó una de las botellas y se la aventó al ojiazul.

—¿Cómo? —Atrapó la botella en el aire por suerte, aunque parecía que se le caería.

El pelinegro destapó con la que se quedó y bebió una buena cantidad.

—De una vez te avisó que las robé, así que ya es cuestión tuya si la tomas o no...

—… /Ser Maestro de la llave espada/ —pensó, habían pasado doce años que ese había sido su sueño, pero ahora... se podría decir que le daba un poco igual. Miró la botella de agua en su mano y la destapó para beber, no podía culparlo por robar, no tenía caso que se pusiera a discutir por eso— Da igual... cuando cumplamos esta misión tendrás dinero para compararte lo que quieras... —dijo y caminó dirección a la montaña.

—¿Dinero? —Repitió el pelinegro realmente sorprendido— ¿Nos darán dinero por hacer esto?

—Si —Respondió simple sin detener su paso.

—¿Y cuando pensabas decírmelo, idiota?

—Pues te lo estoy diciendo ahora, que no oyes —Si, aunque él tratara de sentir empatía por el pelinegro, ese maldito pelinegro no dejaba de ser Vanitas… lamentablemente.

De nuevo estaban discutiendo, al parecer eso era algo que no cambiaría entre ellos.

Aun no…

Tsu zu ku… (Continuará)

Aclaraciones:

Cochinilla de Jardín: Conocidas también como: cochinillas de humedad, chanchitos de tierra, bichos bola, bichos de humedad o bichos bolita.

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Notas Finales:

Ok, hasta aquí llega este tercer capítulo. Diez estrellitas en cada capítulo, esto está mejorando ;-; ¡Soy feliz! Gracias por leer.

Éste capítulo fue un poco más difícil, aquí nuestro querido Ven está descubriendo cosas que so le están agradando, nuestro niño es bueno, obvio que se va a sentir mal de enterarse de ciertas cosas. Eso de la empatía le dio literalmente en la cara.

¿Les gustó? ¿Qué les pareció? ¿Merezco una estrellita? Por favor. Recuerden que nadie me paga por escribir, háganme feliz con un comentario.

Eso es todo por hoy. Cuídense mucho. Saludos.

ATTE: S. Hisaki Raiden.