Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.


Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Summary: Ella era la líder de su gente. Él era el capitán tosco y protocolar de una nave estelar. Una guerra interestelar, unas negociaciones por un tratado de paz que salieron mal y una relación tabú entre dos especies.

El capitán Edward Cullen estaba a cargo de la nave estelar Volvo. A él, junto a su tripulación, les fue asignada la misión de llevar a la emperatriz Nirabelle del pueblo cygnarian al planeta cercano Lapus, para negociar un tratado entre sus dos mundos. Por más de un milenio han estado luchando una batalla feroz. ¿Por qué? Ni siquiera lo saben. Está arraigado en sus mentes y en su historia.

La emperatriz se reunirá con el príncipe heredero de Lapus, Jakob. El Volvo la transportará a ella y a su representante Maralice al planeta. Había reglas estrictas establecidas para transportar a la emperatriz. Ella no debía tener contacto con ningún varón de la nave según las normas culturales de la sociedad cygnarian. El viaje debía tomar el menos tiempo posible y si no se lograba ningún progreso luego de estar un día en órbita, el capitán Cullen debía sacar a la emperatriz de la superficie del planeta.

Sin embargo, algo sale terriblemente mal en Lapus. Una comunicación con el Volvo y una breve conversación cara a cara cambia para siempre el futuro de la emperatriz y el capitán Cullen.

¿Podrán sobrevivir a esta amenaza o será que los amantes cruzados por las estrellas están condenados incluso antes de tener una oportunidad?

Star Crossed

Capítulo 1

EPOV

—Capitán, tiene una llamada del almirante Cullen —dijo el oficial de comunicaciones, el teniente Riley—. Dice que es urgente y delicado, señor.

—Envíala a mi despacho —respondí cortantemente—. Hablaré con él ahí.

—Entendido. —El teniente Riley asintió.

Me levanté de mi silla en el puente de mi nave, la nave estelar Volvo. Le asentí a mi primer oficial, el comandante Jasper Whitlock. Él apenas me hizo caso, aunque en realidad nunca lo hacía. Sabía que se sentía amargado por haber sido pasado por alto para comandar su propia nave y quedar bajo mi liderazgo. Avanzando a zancadas por el puente, usé el pulgar para abrir la puerta de mi despacho, la oficina estaba justo a un lado del puente. Caminando un poco más lento, me senté en mi escritorio y encendí la terminal. La llamada en espera estaba parpadeando en la pantalla. Presionando la pantalla, vi aparecer la cara de mi padre.

—¿Almirante?

—Acabo de recibir tu reporte de la última misión a la que te enviamos —dijo mi padre, mirando la tablet que tenía enfrente—. Te estás haciendo de una reputación como negociador y diplomático, Edward.

—Solo sigo los lineamientos y reglas de mi entrenamiento en la Flotilla de la Galaxia —dije, sonrojándome ligeramente—. Fue difícil, pero la recompensa valió la pena. Ver las sonrisas de los refugiados de guerra al salir de sus celdas me hizo sentir orgulloso de decir que yo tuve que ver con eso.

—Deberías estar orgulloso, Edward. Sé que yo lo estoy —dijo Carlisle, mi padre, el almirante, mientras me dedicaba una brillante sonrisa—. En fin, tenemos otra misión para ti.

—Señor, no pretendo faltarle al respeto, pero mi tripulación está desesperada por un poco de descanso y relajación. Las negociaciones con los mesans y los phoenicians fueron agotadoras para ellos y mi nave. Me dirigía hacia una de las estaciones espaciales para reacondicionar el Volvo —dije.

—Puedes ir de todas formas a la estación espacial localizada a las afueras del espacio Cygnari. Son muy buenos en lo que hacen y podrás pasar un poco de tiempo ahí mientras te preparas para tu misión —explicó Carlisle. Mi tablet sonó y vi que apareció un archivo clasificado—. Tu reputación va a ser tu mayor ventaja, Edward.

—¿Dijiste espacio Cygnari? —pregunté, mirando nuestras órdenes—. Ellos han estado en guerra con los alphans durante un milenio. No son parte de la Federación.

—Pero quieren serlo. Se los han negado por su guerra continua con los alphans. Su líder, el emperador Charel, quería verlo suceder antes de su muerte. Desafortunadamente, la guerra apagó rápidamente esa idea. Lo mataron hace seis meses en una escaramuza fronteriza.

—¿Cómo sabes todo esto? Los cygnarians son una especie muy privada —dije, leyendo por encima la información.

—Charel se comunicó con la Federación. Quería terminar con esta guerra interestelar. Quería un mejor futuro para sus hijos, Nirabelle y Charanel. Murió antes de que su deseo se hiciera realidad. Su hija, Nirabelle, es ahora la emperatriz de su gente. Quiere ver que la última voluntad de su padre se haga realidad. Trabajando con nuestro equipo aquí en la Tierra hemos ideado un plan para ella. Pero hay unas reglas muy específicas dictadas por el Consejo de Ancianos Cygnarian —dijo Carlisle.

—¿Cuáles son esas reglas? —pregunté.

—La emperatriz Nirabelle no puede tener contacto con ningún miembro masculino de tu tripulación —declaró firmemente Carlisle.

—Uh, papá, detesto romper tu burbuja, pero el ochenta por ciento de mi tripulación está compuesta por hombres —gruñí.

—Lo sé. Sin embargo, Rosalie actuará como su contacto —dijo. Rosalie era nuestro oficial médico en jefe y mi exesposa. Nos habíamos casado precipitadamente en el planeta del placer, Monté, durante unas vacaciones. No nos amábamos. Era pura lujuria. Rosalie era preciosa, tenía cabello de oro, piel y ojos dorados. Nos peleábamos solo para poder reconciliarnos porque el sexo era fenomenal, pero eso no formaba una relación fuerte. Después de un año terminamos nuestra unión y ahora éramos los mejores amigos. Ella también era un miembro valioso de mi tripulación al ser una excelente doctora y consejera. Rosalie era mitad humana y mitad solarian, una especie empática. Si no fuera por ella, las negociaciones de todas las misiones a las que íbamos se habrían desmoronado. También podía controlar la habitación con su habilidad empática.

—Bien, entonces Rosalie trabajará con ella. Eso es bueno, pero va a ser difícil mantenerla separada de todos los hombres en mi nave —dije—. ¿Se va a quedar en aposentos durante todo el viaje?

—Sí, en su mayor parte. Ella tendrá una mensajera, Maralice, para que actúe como intermediaria. Maralice es una mujer cygnarian viuda que puede hablar con los hombres y puede transmitir cualquier preocupación a ti o al comandante Whitlock —explicó mi padre.

—¿Qué hay con el resto de las reglas?

—Todo está en el archivo. Ahora, tardarán aproximadamente una semana y media a una máxima velocidad de salto en llegar al espacio Cygnari. Tienes que estar en órbita en Forx, el planeta hogar de los cygnarian, en dos semanas. Tardarán otra semana en llegar a Lapus, el planeta hogar de los alphans. Te dejaré para que leas el reporte. Contáctame si tienes alguna pregunta —dijo.

—Lo haré —dije, dejando la tablet a un lado. Sonriendo de forma torcida, miré a mi padre—. ¿Cómo está mamá?

—Odiando la jubilación —resopló—. Quería seguir explorando el espacio, pero yo extrañaba a mi esposa.

—Pudo haberla acompañado, almirante —me burlé—. O ella pudo haber aceptado su ascenso.

—Sabes tan bien como yo que tu madre no habría querido trabajar en la Sede Central de la Federación. Siempre está queriendo aprender más. Te pareces mucho a ella —dijo Carlisle, sonriéndome con ironía—. Ella no estaría tan inquieta si nos hubieras dado un nieto.

—Papá… —gruñí—. Estoy un poco soltero. No puedo tener bebés yo solo.

—Bueno, sí podrías —se rio.

—No me gusta a dónde va esta conversación. Molesta a mi hermana —dije, alzando una ceja—. Ella vive en la Tierra y está en una relación.

—Créeme, Esme regaña constantemente a Elizabeth —dijo mi papá inexpresivo—. Creo que Elizabeth te contactará pronto sobre esconderse en tu nave para alejarse de todos esos regaños.

—La aceptaré felizmente porque sé el dolor de culo que puede ser mamá cuando se propone algo —me reí entre dientes—. ¿Hay algo más concerniente a la misión?

—No. Lo tienes todo —dijo—. Llama a tu madre solo para darle algo que esperar y después de esta misión tu tripulación tendrá su muy necesario tiempo libre. Y eso viene de parte del almirante y de tu padre.

—Lo aceptaremos con gusto, señor —me burlé.

—Te quiero, hijo.

—Yo también, papá.

—Almirante Cullen fuera. —La pantalla se puso en negro antes de aparecer la insignia de la Federación.

Me recargué en mi silla, pasándome las manos entre mi despeinado cabello color bronce. Miré el techo por un momento antes de levantarme hacia el replicador para conseguir algo de beber.

—Computadora, café, negro —ladré la orden a la consola. La máquina rechinó y de la nada apareció una taza humeante de café. La agarré e inhalé brevemente antes de caminar de regreso a mi escritorio. Rápidamente contacté al oficial del timón para informarle sobre nuestro nuevo destino. Los motores rugieron a la vida y emprendimos el camino hacia la Estación Espacial Siete en las afueras del espacio de la Federación, cerca del territorio cygnarian.

Pasé las siguientes dos horas analizando las órdenes que me dio mi padre. Tenía que preparar una reunión informativa para mis oficiales superiores para que supieran hacia dónde nos dirigíamos. Sin embargo, esta era el tipo de misión por las que vivía. Era un niño de la Flotilla de la Galaxia. Nací en una nave estelar, viví en una nave estelar la mayor parte de mi vida y probablemente moriría en una nave estelar. Además era el hijo dorado de la Flotilla de la Galaxia, me había graduado con honores a la edad de diecisiete. Dos años atrás me otorgaron mi propio comando y fui el capitán más joven en la historia de la Flotilla de la Galaxia con veintiocho años. Ahora tenía treinta y me encantaban los retos que enfrentaba a diario al ser un capitán de la Flotilla de la Galaxia.

Bueno, excepto por el dolor de culo que era mi primer oficial.

El comandante Jasper Whitlock era increíble en su trabajo, el mejor de la flotilla. Sin embargo, él estaba esperando su primer comando al mismo tiempo que yo. La Flotilla de la Galaxia sintió que él no estaba emocionalmente preparado para ser capitán y le negaron el ascenso, asignándolo como mi primer oficial. Jasper era un teniente coronel condecorado de la Flotilla de Guerra de la Galaxia. Fue gravemente herido y perdió ambas piernas en la batalla final que lideró. Además de eso, se vio marcado tanto física como emocionalmente. Pasó un año y medio en la Sede médica de la Flotilla de la Galaxia en el planeta hogar de Solari. Tuvo que aprender a usar sus miembros biomecánicos y lidiar con la culpa del sobreviviente. Le otorgaron un cargo de campo como teniente coronel a su regreso a la Flotilla de la Galaxia. Rápidamente se convirtió en comandante y primer oficial para una nave pequeña de investigación, el Chicago.

Pidió su transferencia al Volvo cuando escuchó que la capitana estaba llegando al final de su carrera. Yo era el primer oficial, y cuando la capitana renunció a la flotilla, me ofrecieron la posición y a Jasper le dieron la oportunidad de ser mi primer oficial. La aceptó a regañadientes. El resto, como dicen, era historia.

El comandante Whitlock era un oficial experimentado y confiaba en él para tomar decisiones difíciles. Pero siempre estaba muy ansioso por empezar una pelea, usar nuestros láseres o torpedos para arreglar problemas. Yo siempre estaba dispuesto a negociar o resolverlo diplomáticamente. Jasper era un imprudente al que le gustaba disparar sus armas. Mucho de eso se debía a su historia en la Guerra de la Flotilla. Ellos no usaban diplomacia. Usaban la fuerza del fuego. Era una mentalidad diferente y él todavía estaba aprendiendo.

Sacudiendo la cabeza, les envié el comunicado a mis oficiales superiores para la junta informativa sobre nuestra inminente misión a las 0800 de la mañana siguiente.

xx STAR CROSSED xx

Me alisé el uniforme negro con la chaqueta gris y la camisa azul por debajo, y agarré la tablet del escritorio en mis aposentos. Agarré mi comunicador que estaba en la orilla de mi buró y me lo coloqué en la chaqueta. Mientras lo ajustaba, este sonó:

—Halé a Cullen.

—Aquí Cullen —le respondí a mi ex.

—Edward, no puedo llegar a la reunión de las 0800. Hubo una fuga de refrigerante en ingeniería y la unidad médica está repleta de heridos —dijo Rose.

—¿A qué hora puedes asistir? —pregunté—. Eres crucial para esta misión. Tienes que estar en la reunión.

—No sé. ¿En dos horas? Tengo que revisar a los pacientes —dijo—. Cuando termine con eso, podré ir. Pero estoy exhausta. No he dormido nada en las últimas treinta y seis horas. Necesitamos otro doctor o uno de esos doctores holográficos que la Flotilla Médica de la Galaxia constantemente intenta instalar.

—Creí que estabas en contra de los doctores holográficos —me burlé.

—Tú intenta quedarte despierto por casi dos días y dime cómo te sientes —dijo—. ¿A las 1000 en la sala de conferencias?

—Sí. Les avisaré a todos. Me dará la oportunidad para finalizar sus actividades. Dile al teniente Morgainne que me contacte para darme estatus de la fuga de refrigerante —dije, nombrando a nuestro jefe de ingeniería.

—Entendido. Halé fuera.

Avancé hacia el puente después de informarles a los oficiales superiores sobre el cambio. Había recibido reportes de las estaciones de mando, seguridad y ciencia para mi lectura. Les agradecí amablemente, asintiendo para indicarles que se retiraran y el primer turno comenzó con su jornada. Me fui a mi despacho, releí el reporte y las órdenes de mi padre. También leí los reportes de la noche. No había nada fuera de lo normal. Lo único que captó mi atención fue una corrección menor de dirección que se hizo para evitar un asteroide, pero la nave viajaba tranquilamente, incluso con la fuga de refrigerante.

Cerca de las 1000 horas llamé a Jasper. Dejamos al timonero a cargo del puente mientras nosotros teníamos nuestra reunión en la sala de conferencias. Mis oficiales superiores estaban reunidos alrededor de la mesa. Ocupé mi asiento a la cabeza de la mesa y envié la información desde mi tablet hacia la pantalla.

—Gracias a todos por ser flexibles con el horario de la reunión. La doctora Halé estaba indispuesta debido a un accidente en ingeniería. ¿Está todo bien?

—Sí, señor —respondió—. Tenemos dos cadetes con congelamiento extremo y un tripulante con una pierna rota, pero todos los demás están descansando cómodamente.

—Teniente Morgainne, ¿qué sucedió? —le pregunté a mi jefe de ingeniería. Era un hombre de pura sangre Solari que medía casi un metro noventa de alto y era puro músculo enorme. Tenía el cabello de un brillante color negro, pero su piel estaba bronceada con un brillo aperlado y sus ojos eran dorados. También estaba involucrado con Rose.

—Una de las tuberías estaba débil y se zafó. Afortunadamente fue una fuga pequeña, o habría sido mucho peor. Ya corregimos el problema, pero necesitamos llegar a un puerto espacial pronto para hacer una revisión completa, señor —dijo, frunciendo profundamente el ceño.

—Desafortunadamente no podremos hacer eso. No hasta después de nuestra siguiente misión. Nos vamos a detener en la Estación Espacial Siete, pero es más que nada para cargar suministros y reparar problemas graves —expliqué.

—¿Por qué vamos a volar hacia los confines de la Federación? —preguntó Jasper—. La Estación Espacial Siete está a las afueras del espacio cygnarian. ¡Ellos llevan una eternidad involucrados en una guerra interestelar!

—Es por eso. Hace seis meses el líder de la gente cygnarian, Charel, contactó a la Flotilla de la Galaxia. Habían solicitado unirse a la Federación, pero fueron rechazados numerosas veces debido a la guerra entre los cygnarians y los alphans, los residentes de Lapus. El emperador Charel estaba intentando negociar la paz cuando fue asesinado en un ataque alphan. Su hija, la emperatriz Nirabelle, está intentando hacer su sueño realidad. Vamos a transportar a la emperatriz y a su mensajera a Lapus para discutir y posiblemente negociar un tratado entre los dos mundos —expliqué.

—¿Por qué la emperatriz no puede llevar una de sus propias naves a Lapus? —preguntó mi jefe de seguridad, una mujer Klaxon llamada Victoria. Era chaparrita, pero fuerte, con un alocado cabello rizado color rojo. Sus ojos eran de una tonalidad única de índigo y tenía pliegues a lo largo de la nariz y en los músculos que conectaban su cuello a sus hombros. Detrás de ella, la cola de Victoria vibró con ansiedad y enojo.

—Todas las naves cygnarian están protegiendo la frontera —respondí, enseñándoles la flotilla cygnarian en un mapa estelar—. Si una nave deja la formación, los alphans atacan.

—Parece que los alphans son monstruos —espetó Rose—. Solo has mencionado ataques de parte de los alphans, no cygnarian.

—Los alphans son una especie muy agresiva. Han atacado planetas en toda la frontera del espacio de la Federación, buscando víveres y naves —suspiré—. Los cygnarian son pacíficos y no quieren pelear. Al menos, eso fue lo que Charel le dijo al almirante Cullen hace seis meses. La emperatriz Nirabelle ha reiterado tener también las mismas creencias. Así que nos pidieron que le proporcionáramos transporte y actuáramos como intermediarios si las negociaciones fracasan. Sin embargo, se establecieron algunas reglas muy estrictas.

Presioné un botón para que las reglas durante el traslado de la emperatriz aparecieran en la pantalla.

—Probablemente la primera va a ser la más complicada. Ella no puede tener ningún contacto con miembros masculinos de la tripulación.

—Uh, capitán, ¿se da cuenta de que de una tripulación de casi seiscientas personas, cuatrocientas cincuenta son hombres? —dijo el teniente Morgainne, alzando una ceja.

—Lo sé —suspiré, frotándome la cara—. Aquí es donde Rose y Victoria van a ser muy valiosas. Rose, estás asignada a la emperatriz como su conexión.

Presioné otro botón y una foto de la emperatriz Nirabelle apareció en pantalla. La verdad, nunca había visto a una mujer más hermosa. Tenía un fluido cabello largo color caoba con unas cuantas mechas que brillaban de forma casi irisada. Su piel era pálida, pero tenía unas manchas, casi como las de un leopardo, en un ligero color café que bajaban por los costados de su cara y desaparecían bajo su vestido. Llevaba el cabello recogido hacia atrás, alejado de su rostro con una corona plateada. Sus orejas eran ligeramente puntiagudas y muy elegantes. Su verdadera belleza y su tristeza máxima se reflejaban en su rostro, específicamente en los ojos. La emperatriz tenía unos lindos labios carnosos que estaban llenos, pero formaban una mueca. Su rostro tenía forma de corazón, pero sus ojos, que eran de un eléctrico color azul, contenían todo el dolor de su gente. Quería jalarla a mis brazos y abrazarla con todas mis fuerzas, pero las reglas estrictamente prohibían que los hombres interactuaran con ella.

—Capitán, ¿sabe por qué no tiene permitido hablar con los hombres? —cuestionó el comandante Whitlock.

—No se establece con claridad en el reporte. La explicación es muy vaga, dice que es culturalmente inaceptable —respondí—. Además de esa regla, tenemos una semana para llegar a Lapus, pero debemos permanecer en órbita durante un día y sacar a la emperatriz y a su mensajera si hay problemas.

—¿Tendremos que enviar a un equipo de seguridad? —preguntó Victoria. Ella se tomaba su trabajo muy en serio y debido a que ella podía matarnos a cualquiera de nosotros con un golpe de sus garras o ahorcándonos con su musculosa cola, solíamos escucharla con atención.

—No —dije, intentando esconder mi disgusto—. Enviaremos a la emperatriz y su mensajera con un comunicador y eso es todo. No querían darles razones a los alphans para dudar de su sinceridad.

—No me agrada esto, capitán —gruñó Victoria, su cabello rojo empezaba a brillar a causa del enojo. Sus ojos violetas también empezaban a brillar.

—Cálmate, comandante —dije cortantemente—. A mí tampoco me gusta, pero eso es lo que quiere el Consejo de Ancianos Cygnarian.

—¿No podemos darle un láser o una bomba o algo? —Victoria casi gimoteó.

—No, Victoria —respondí—. Ahora, ya vamos de camino al espacio cygnarian. Haremos una breve parada en la Estación Espacial Siete para hacer algunas reparaciones y luego nos iremos al planeta hogar de los cygnarian, Forx.

—Señor, con todo respeto, ¿por qué fuimos elegidos para esta misión? —preguntó Jasper de forma despectiva—. Sé que el Enterprise está más cerca de la frontera de la Federación.

—Nuestro trabajo reciente con los mesans y los phoenicians hizo que el Volvo fuera el favorito para las misiones diplomáticas —respondí—. Esta es una situación muy delicada y el almirante sabía que tenemos la astucia para manejarlo. —Jasper hizo un sonido de disconformidad y murmuró algo por lo bajo. Gruñí en voz baja—. ¿Tienes algo que añadir, comandante?

—No, señor —espetó.

—Bueno, ahora todos conocen su trabajo. Tenemos una semana y media antes de llegar a la estación espacial. Hagan todas las reparaciones que puedan para tener que detenernos en el muelle el menor tiempo posible —siseé—. Todos a excepción del comandante Whitlock se pueden retirar. —Todos se fueron, excepto mi primer oficial. Lo fulminé con la mirada—. Repetiré mi última pregunta, comandante Whitlock. Estoy seguro de que no quieres otra carta por insubordinación en tu historial.

—¿Permiso para hablar libremente, señor? —preguntó, sus ojos avellana estaban ardiendo. Asentí—. Es una mierda que tu "papi" el almirante te entregue estas misiones. No estás listo para esto.

—¿Y tú sí? —bufé—. Tú harías volar el planeta hogar de los alphan. Sueles disparar láseres y hacer preguntas después. ¿Y quién eres para cuestionar mi autoridad? Me convertí en capitán gracias a mis propios méritos, no montado en los faldones de mi padre el almirante.

—Sigue repitiéndote eso, señor —bramó Jasper.

—Estás pisando una línea muy fina, comandante. Te di permiso de hablar libremente, pero sigo siendo tu oficial al mando —dije, poniéndome de pie—. Tu jefe.

—Lo siento, señor. Es que no estoy de acuerdo con las órdenes del almirante —dijo Jasper, cruzando los brazos.

—No importa si estás de acuerdo o no, lo que importa es que las sigas —dije, avanzando hacia la puerta—. Estás asignado a ingeniería el día de hoy. Necesitan la ayuda extra debido a la fuga de refrigerante.

—No puedo moverme entre los tubos de Jefferies, señor. Lo sabe —gruñó Jasper.

—Tienes tus órdenes, comandante —dije con frialdad—. Si no apareces, serás relevado de tus obligaciones durante el resto de esta misión. —Me di la vuelta y lo dejé en la sala de conferencias. Detestaba ser inflexible, pero el que Jasper cuestionara constantemente mi autoridad me estaba sacando de quicio. Tenía que aprender que yo era el capitán y no él.

xx STAR CROSSED xx

Casi dos semanas después, ya estábamos en órbita en Forx. Era un planeta pequeño que era mayormente azul y verde. Me recordaba a una versión más pequeña de la Tierra. Rose estaba esperando a la emperatriz en la sala de transporte junto con Victoria. Se sentía raro no estar ahí para recibir a un dignatario que viajaba con nosotros.

—Señor, el Consejo de Ancianos Cygnarian nos está llamando —dijo el teniente Riley.

—En pantalla, teniente —respondí, poniéndome de pie. Los tres hombres estaban sentados en una larga mesa. El hombre de en medio tenía un largo cabello negro y un brillo perspicaz en sus ojos verde neón. El hombre a su derecha tenía un cabello café que caía trenzado por su espalda y se veía aburrido, sus ojos azules no tenían nada de emoción. El hombre en la izquierda tenía cabello corto casi rapado de color blanco con unos brillantes ojos rosas—. Saludos desde el Volvo. Soy el capitán Edward Cullen. Este es mi primer oficial, el comandante Jasper Whitlock.

—Gracias por haber llegado a buen tiempo —dijo el hombre que estaba en medio. Su voz era profunda y resonante—. Soy Aro. Estos son mis hermanos y compañeros del Consejo de Ancianos, Marcus y Caius. Agradecemos su asistencia con este asunto entre los alphans y los cygnari. Han pasado tantos años. Tantas muertes. El tiempo de guerra necesita llegar a su fin, capitán.

—Puedo imaginarlo, consejero Aro. —Fruncí el ceño—. Haremos nuestro mejor esfuerzo por asegurar la seguridad de la emperatriz y su mensajera. Tengo un equipo asignado para trabajar con ellas una vez hayan abordado.

—¿Ningún varón? —preguntó Caius con ojos destellantes.

—No, consejero Caius. Mi oficial jefe de medicina, la doctora Rosalie Halé, está actuando como conexión junto con mi oficial jefe de seguridad, Victoria Braxas —expliqué.

—¿Por qué no puede interactuar con hombres? —preguntó Jasper, alzando una ceja. Le lancé una mirada severa. Él tenía el mismo reporte que yo, sabía que era socialmente inaceptable hacer semejante pregunta. Estaba menospreciando mi autoridad frente al tribunal de ancianos.

—Simplemente no puede. Ya estamos actuando en contra de nuestras creencias culturales al permitirle ir a negociar —siseó Caius—. El líder de los alphans, el príncipe heredero Jakob, dice que solo trabajará con la líder de nuestra gente. Queríamos enviar a un emisario, pero nos dijo en numerosas ocasiones que eso sería un insulto para su liderazgo. Solo lidiará exclusivamente con la emperatriz. Si es necesario, quiere crear una alianza con los cygnarians a través de un matrimonio con la emperatriz. —Todos los miembros del consejo reaccionaron ante eso haciendo caras de desdén y disgusto.

—No queremos llegar a eso —dijo Marcus, su voz sonaba fatigada—. La emperatriz necesita emparejarse con un varón cygnarian, no un alphan.

—¿Qué podemos hacer para prevenir eso, consejero Marcus? —pregunté.

—Si después de un día no han progresado hacia la paz, tiene que sacarla de ahí —dijo Marcus.

Se escuchó una campana en la sala del consejo. Aro alzó la vista hacia mí.

—La emperatriz está a bordo de su nave, capitán. Tiene una semana para llegar a Lapus y negociar la paz entre nuestros mundos. Que los dioses lo iluminen ya que lleva a nuestro más preciado cargo.

—Gracias, señor —dije, asintiendo ligeramente—. Estaremos en contacto con ustedes si es que sucede algo.

Los tres hombres juntaron sus manos frente a sus rostros e hicieron una solemne reverencia. Hice lo mismo antes de cortar la llamada proveniente de la superficie de Forx.

—Halé a Cullen —sonó mi comunicador.

—Aquí Cullen —respondí.

—La emperatriz está instalada en sus aposentos. Me dio indicaciones más explícitas concernientes a nuestro rol en las negociaciones —explicó Rose—. Sin embargo, el tiempo es esencial, señor. La mensajera Maralice hablará con usted luego de que haya instalado a la emperatriz, pero ha habido un cambio de términos de parte de Jakob y los alphans. Tiene que salir de órbita y dirigirse a Lapus de inmediato.

—Entendido. Cullen fuera —dije, asintiéndole al timonero. Él trazó el curso y salimos de órbita, saltando a nuestra máxima velocidad—. Comandante Whitlock, el puente es tuyo. Cuando la mensajera Maralice requiera hablar conmigo, por favor envíala a mi despacho.

Whitlock asintió, ocupando la silla del capitán. Fui a mi despacho, pasmado por el "cambio de términos". También estaba estresado por las expectativas que el consejo tenía respecto a las negociaciones. Al final sentí una agitación en mi vientre y una calidez bañando sobre mi cuerpo. La última vez que sentí algo así fue cuando compartí mi primer beso con una chica klaxon de la escuela cuando tenía catorce años. Su cola se había metido a mis pantalones y le había dado un tirón a mi pene. ¿Por qué me sentiría tan risueño como un chico de escuela cuando no tenía razón para sentir estas emociones? No tenía sentido.

Dejando eso de lado, releí el reporte de mi padre y sus órdenes, esperaba tener éxito en nuestra misión y distraer mi mente. En base al críptico mensaje de Rose, no sonaba prometedor. No quería fallarle a la Federación ni a los cygnarians. Debía tener éxito, pero ¿cómo? Estaba intentando encontrar una solución diplomática cuando sonó mi puerta.

—Adelante —respondí, poniéndome de pie y alisándome el uniforme.

La puerta se abrió y una pequeña mujer con aspecto de duende se deslizó hacia adentro. Tenía un largo cabello negro que colgaba alrededor de su cabeza como una nube. Sus ojos eran de un brillante azul, con forma de avellana y un poco separados. Como todos los cygnarians, tenía manchas de leopardo a lo largo de sus sienes, bajaban por los costados de su cara y cuello. A diferencia de las manchas de la emperatriz, las de Maralice eran más grises con una tonalidad azul y brillaban ligeramente en el centro. Llevaba puesta una túnica larga y suelta con un cinturón azul alrededor de su cintura. Hacía juego con la gema color turquesa entre sus ojos.

—Soy Maralice, mensajera de la emperatriz Nirabelle de Forx, líder del pueblo cygnarian.

—Bienvenida a bordo, mensajera —dije, dedicándole el saludo que había aprendido con mi investigación, el mismo gesto que el consejo me había dedicado.

—Por favor, llámame Alice —respondió, su cara se relajó un poco al corresponder el saludo—. Espero que podamos convertirnos en amigos durante este sombrío tiempo.

—Solo si tú me dices Edward, Alice —sonreí—. Siéntate, por favor.

—Gracias, Edward —dijo, sentándose en el sofá de mi oficina.

—¿Puedo ofrecerte algo de tomar o comer? —pregunté. Negó con la cabeza y cruzó las manos sobre su regazo—. Es un honor tenerte a ti y a la emperatriz en mi nave.

—La emperatriz desea expresar su gratitud por poder usar tu nave y a su tripulación. Esto es más lujoso que la nave más cara de nuestra flotilla —dijo Alice, mirando alrededor de mi oficina.

—¿Puedo suponer que la emperatriz está contenta con sus aposentos?

—Lo está, Edward. —Alice exhaló un suspiro y me sonrió apenada—. Te hemos ocultado información sobre estas negociaciones. También le hemos ocultado esa misma información al consejo por miedo a que no permitieran nuestra partida. —Alice frunció el ceño—. No pretendíamos engañarte, pero este giro en los eventos hace que la paz sea más necesaria que nunca.

—¿Eso pondrá en peligro a mi tripulación o a tu emperatriz? —pregunté, mi temperamento estaba ardiendo. Mantén la calma, Cullen.

—Posiblemente. —Alice hizo una mueca—. Escúchame, por favor, capitán. El príncipe heredero Jakob ha tenido una obsesión con la emperatriz durante toda su vida. El emperador Charel estaba intentando evitar un matrimonio arreglado debido a la naturaleza del príncipe.

—¿Su naturaleza?

—El príncipe Jakob es un monstruo cruel y sádico —gruñó Alice, sus ojos destellaron de un profundo color azul—. Él ordenó la muerte del emperador cuando este se negó a prometerle a Nirabelle en matrimonio. Desde ese momento Jakob ha estado enviando mensajes y comunicaciones amenazantes directamente a Nirabelle, ha jurado que la tomará como su esposa y… —se quedó callada, sus ojos se movieron al piso—. Ella está terriblemente asustada y no quiere ser emparejada con ese animal.

—Lo entiendo, Alice. No tienes que darme explicaciones —la calmé.

—Capitán, tenemos que detener esta guerra. Ha estado ocurriendo desde hace un milenio, durante tanto tiempo que ya ni siquiera sabemos por qué estamos peleando. Para poder detenerla, necesitamos detener a Jakob. Si él toma a la emperatriz como su esposa, ella morirá al igual que toda la gente de cygnarian.


¡Holaaa! Acá ando yo con otra traducción, saben que me cuesta llevar solo una o dos traducciones a la vez jaja

Espero que les haya llamado la atención este primer capítulo lo suficiente para querer saber qué sigue después ;)

La historia tiene 25 capítulos y se estará actualizando una vez por semana, con capítulos extra cada 150 reviews (le aumenté la cantidad porque estos capítulos son enormes!).

En fin, si les gustó no olviden dejarme sus comentarios y añadirla a sus alertas/favoritos para estar al pendiente de las actualizaciones ;)