¡Holaaaaa pajaritooos!

Quería deciros que está no es una historia de romance rápido, Draco y Hermione no se van a lanzar ni nada en el tercer capítulo, es un fic largo y la trama no se centra sólo en ellos y su relación, por eso pido paciencia porque merecerá la pena y que si es lo que estabais buscando, siento defraudaros pero esta no es vuestra historia.

Ahora dicho esto, disfrutad del capítulo, es un poco más corto, pero interesante ;)

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 4 – Taransay

Ginny Weasley estaba casi terminando la lista de suministros que iban a ser enviados a la comunidad de refugiados en la isla de Taransay Hébridas Exteriores, Escocia. Había aproximadamente unas quinientas personas mágicas y muggles no Infectadas que vivían en un campamento en la isla. La magia por sí sola no podía producir todo lo que necesitaban y así la comunidad dependía de los suministros mensuales enviados desde la tiendas de provisiones militares a través de un Traslador regulado. Scrimgeour supervisaba las entregas de suministros.

En muchos sentidos, Taransay era una zona segura ideal considerando que no tenía puertos para que grandes buques atracaran en ningún lugar de la isla. A todas las personas que residían actualmente se les había dado el alta médica y habían sido trasladadas allí desde diferentes partes del Reino Unido. Una de las primeras medidas de contención que habían tomado los líderes de la comunidad mágica era desactivar la Red Flu de todo el mundo, mitigando así la transmisión involuntaria de individuos infectados de una parte del mundo a otra. Asimismo, la Aparición también había sido altamente restringida en zonas mágicamente protegidas. Toda la familia Weasley (excepto Ron) había sido evacuada con éxito hasta Taransay. Había otras seis zonas seguras alrededor de Inglaterra y Scrimgeour desde Grimauld Place coordinaba el suministro a todas ellas, alimentos, medicinas, ropa, mantas, protección, noticias y, por supuesto, ReGen.

Una persona podía perder fácilmente el sueño pensando que la responsabilidad de esto era de algo gigantesco que lo consumía todo. Harry, sin duda odiaba pensar en ello. Había perdido tanto sueño que le sorprendió que sus colegas no se encontraran su sueño perdido disperso por toda la casa. No es que a nadie le hubiera servido de mucho. Tener insomnio por ansiedad no era un problema estrictamente limitado sólo a Harry.

Aun así, Harry pensó que sus problemas eran relativamente menores.

Estaba lejos de tener la vida ideal de las zonas seguras mágicas, pero las condiciones eran mucho peores en los campamentos militares muggles. Tenían mucho menos éxito en mantener todos los sitios libres de la Infección.

El hecho era que se acababa de tomar uno Infectado.

Sólo uno

Se había extendido tan rápidamente. Harry siempre recordaría la primera vez que vio lo que sucedía. Fue como si un Dios sádico y loco hubiera entrado en un "juego" dándole al botón de plaga y luego hubiera metido el dedo en el avance rápido. Menos de un día tardaba una persona Infectada en morir después de contraer el virus y desde ese momento, la reanimación se producía en cuestión de minutos. El ReGen cortó un poco el brote, por supuesto. Cada persona sensata que seguía escondida en la ciudad tenía, por ahora, suministros del fármaco en los puntos de entrega. No te curaba, pero mantenía la Infección a raya; ralentizándola un tiempo, por así decirlo.

Ginny hizo una pausa en la enumeración de los materiales de construcción y le dedicó a Harry una mirada suave y evaluativa.

- ¿Has escuchado todo esto?

Él admitió que no lo había hecho, por lo que terminó repitiendo los últimos cinco artículos y, entonces, volvió a dejar una pausa cuando llegó a lo último que tenía apuntado en la lista.

- Y una caja de peluches*, si puedes encargarte de ello.

Harry se subió las gafas por el puente de la nariz y levantó la mirada del portapapeles.

- ¿De seda, encaje o satén? – preguntó inexpresivamente.

Ginny sonrió. Eso era algo que rara vez hacía desde la Infección de Ron.

- Osos de peluche, quiero decir. En el último recuento, teníamos unos cincuenta niños y no muchos juguetes. Hubo una votación en cuanto a lo que la mayoría de ellos querían; peluches, al parecer. Hemos conjurado una gran cantidad de elementos de juego, por supuesto. Sin embargo, alguno de los muggles adultos no quieren que sus hijos jueguen con nada mágico. Y, desgraciadamente, eso incluye a otros niños.

- Es curioso cómo sí parecen dispuestos a soportar compartir las tiendas de campaña, la comida y las medicinas…

- No hagas caso. Recuerda que se enteraron de la existencia de la magia hace apenas tres meses. – le recordó Ginny – Sólo tienen miedo.

- Eres tan bondadosa como hermosa. – dijo Harry, con fingida solemnidad – Y tendrás esos osos de peluche.

Ella volvió a sonreír.

- Gracias. Ahora apuntalo antes de que se te olvide.

Harry lo apuntó todo. La lista fue escrita por triplicado. Una copia fue enviada a los cuarteles militares de suministros en St John's Hill, mientras se ponía en pie. La segunda copia se quedaba para Scrimgeour. Y la tercera para Padma y Honoria Cloot, quienes empacaban los medicamentos.

- ¿Eso es todo? – le preguntó a Ginny.

- Sí. – ella lo miró por un momento - ¿Harry, cuando podrás venir? No de forma permanente, quiero decir. Sé que Hermione y tú tenéis una misión, pero estoy hablando de una rápida visita.

Harry deseó que fuera de noche. Deseó que la mayoría de las personas que deambulaban por la casa estuvieran dormidas y que no pudieran llamar a la puerta en cualquier momento para echarse una pequeña siesta en el viejo salón. O para ver si quedaba tiempo de transmisión en la Red Flu para hablar con otra persona en Taransay. O que simplemente le pidieran, a Harry, que asistiera a las miles de tareas de las que era responsable, día tras día.

Deseaba algo de privacidad.

Harry bajó la voz, esperando que no sonara tan taciturna como él se sentía.

- Lo siento, Gin. Quiero ir. Con ganas, pero por el momento no puedo.

Ella se inclinó más hacia el fuego. Incluso con los tintes verdes del fuego y más delgada de lo que nunca debería haber estado, era hermosa; su cabello pelirrojo, sus grandes ojos azules y si increíblemente fina piel. Era el testimonio de lo agotado que Harry estaba, que lo único que deseaba era dormir detrás de Ginny, anclado a su esbelta figura y dormir (sin problemas) a pierna suelta. Tal vez soñaría con despertar con un desayuno preparado por Molly Weasley, quien, bendita sea, pensaba que el bacon formaba parte de tres de los cinco grupos alimenticios.

- Te echo de menos. – susurró Ginny. El sentimiento de esas tres simples palabras tenían el valor de cinco tarjetas regalo del Hallmark.

- Yo también te echo de menos. – respondió Harry. Era un eufemismo.

- ¿Tal vez podría ir a Londres durante unos días? – aventuró Ginny. Miró a su izquierda y asintió a alguien que había entrado en la habitación, era el final de su transmisión. La privacidad también era un privilegio en Taransay.

- ¡De ninguna manera! Se llama zona segura por una razón. Es segura. Además, si vinieras aquí, tendrías que obtener una autorización médica para volver, y recuerda cómo odiaste las pruebas la última vez… ¿Ginny?

Ella ya no lo miraba. Ginny fruncía el ceño a la persona con la que hablaba. Se puso en pie. Todo lo que Harry podía ver era la mitad inferior de sus pantalones vaqueros y sus manos, que ahora estaban entrelazadas con fuerza.

- ¿Gin?

Y entonces escuchó los gritos, seguido de las familiares ráfagas entrecortadas de las armas automáticas. No venia de Grimauld Place. Venía de Taransay. De repente, Ginny se arrodilló juntó a la chimenea para hablar con él. La expresión de su rostro le robó el aliento.

- Oh, Merlín. Harry… Harry, están aquí.

Ahora fue él quien se arrodilló ante el fuego, tan cerca de ella que podía apreciar cada peca contra la palidez de su piel.

- ¿Qué quieres decir con que están allí? ¿Quién? – pero sabía a quién se refería. Y ella sabía que él lo sabía.

La otra persona le habló de nuevo, intentando apremiarla para que se despidiera. Pero no se fueron y Harry no supo si agradecérselo u odiarlos por no coger a Ginny y arrastrarla lejos de allí. Para ponerla a salvo, esperaba.

Después de unos minutos de agonía, la demacrada cara de Neville Longbottom apareció entre las llamas verdes.

- ¡Harry! ¿Scrimgeour está contigo en este momento?

- ¡Neville! No, está arriba. Por el nombre de Merlín, ¿qué está pasando?

- No sabemos cómo han llegado hasta aquí. Había… los guardias dijeron que había una barcaza de algún tipo que flotaba desde el continente. ¡No debería haber ocurrido! ¡Deberíamos haber estado vigilando la maldita costa!

- ¡Olvida eso! ¿Cuántos? – preguntó Harry. Quería atravesar el fuego e irónicamente infundirle algo de coherencia a su amigo - ¡Dime! ¿Qué necesitáis que hagamos?

- ¡Muchos, Harry! ¡Envía ayuda! Nosotros…

Neville desapareció. La transmisión por Red Flu había terminado y las llamas verdes comenzaron a debilitarse.

El fuego se apagó.

Harry ya estaba esprintando por las escaleras.


Hermione sabía exactamente lo que él iba a hacer.

Lo había sabido desde el momento que Scrimgeour cerró la puerta y le dijo a Harry que se calmara, se sentara y escuchara. Esa era la razón por la que había corrido hasta el ático a tiempo para ver a Harry atarse con una correa los avambrazos y el protector y acolchado chaleco de cuero.

- Sal de aquí, Hermione. – dijo Harry, sin mirarla. Puso correas alrededor del metal y las aseguró con velcro – Me voy.

Ya hacía dos horas que Taransay se había visto comprometida y, en ese momento, todos los intentos de comunicación vía Red Flu con la Isla no habían tenido éxito. Habían enviado tres lechuzas; las cuales habían vuelto con las misivas todavía atadas a sus patas. Scrimgeour hizo la convocatoria y, por enésima vez, Hermione se alegró de no tener su puesto de trabajo. No permitiría que Harry usara el Traslador, porque el Traslador no servía para absurdas misiones no autorizadas. Había doscientos veinticinco magos y brujas capacitados en la isla de Taransay, que por estimación de Scrimgeour era suficiente para defender a la comunidad de una horda zombie inesperada.

Entonces, ¿qué podía hacer un mago más? ¿Incluso si ese mago era Harry Potter?

Pero precisamente era por ser Harry Potter que Harry iría. Hermione creía creer ciegamente que Harry realmente tenía el poder para superar cualquier obstáculo insuperable, para hacer milagros, para ser el héroe de libro de cuentos que siempre triunfaba. Después de todo, lo había hecho tantas veces en el pasado. Sin embargo, eso había sido antes de la Infección. Esto era un problema que no podía ser resuelto ni con el coraje, ni con la suerte sobrenatural de Harry. Esto… bueno, francamente estaba fuera su alcance para solucionarlo el sólo.

Hermione se acercó a él.

- Toma esto. – dijo, entregándole a Harry un cinturón multiusos cargado de lo que parecían ampollas de absenta. Él le dedicó una impaciente mirada interrogativa, que suavizo inmediatamente al darse cuenta de la lágrima que había escapado a su control.

- Es napalm Zombie. – explicó.

- ¿Padma?

Hermione sacudió la cabeza.

- No, uno de los míos. Sólo recuerda que debes mantener las distancias cuando lances una. Diez metros como mínimo.

Harry permaneció de pie junto a la ventana abierta, su escoba apoyada contra el marco. La brisa soplaba. Su cabello estaba ridículamente largo, penó Hermione. Pero, curiosamente, el estilo salvaje le sentaba bien. Su pelo nunca colaboraría, ni se peinaría, sin oponer resistencia.

- Gracias. – dijo él.

Hermione se lanzó a sus brazos. Ron le había dicho una vez que no sabía abrazar sin que pareciera que fuera la última vez que iba a ver a esa persona. Abrazos de alta intensidad, los había llamado. No era su culpa. Muchos de esos abrazos parecían ocurrir precisamente en ese tipo de momentos. Y, lamentablemente, había habido mucho de esos momentos en sus vidas relativamente cortas.

- Por favor no te vayas, Harry. – declaró, por si acaso decidía ser susceptible a la razón.

- Tengo que ir. – insistió – Sé que tengo responsabilidades aquí… - dijo, haciéndose eco de una de las razones que había dado Scrimgeour para negar el permiso que Harry buscaba – Pero no como tú. No puedo hacer casi nada por este asunto. Son Ginny, Molly y la familia… - su voz se estancó.

Ella apretó su mano.

- Está bien, Harry. Lo sé.

- No me llevo a ningún otro miembro de este equipo. Scrimgeour tiene razón. Tú y los demás sois importantes. Es necesario que sigas trabajando en una cura.

- ¿Y tú crees que no eres importante?

Harry le dedicó una extraña mirada; una mirada que decía que entendía algo que ella no.

- Está guerra se ganará con esto. – le dijo, tocándose ligeramente la sien – No con esto. – palmeó su enfundada varita.

- No. Necesitamos ambas cosas. Te necesitamos.

Él no respondió. Hermione soltó sus manos y observó miserablemente como se ponía las gafas de vuelo, se ataba el cinturón multiusos y recogía la escoba. Con un profundo suspiro, se acercó a tocarlo del brazo. Harry se volvió hacia ella con una expresión de resignada ternura y abrió la boca para asegurarle que sí, que tendría cuidado.

Pero eso no era todo lo que quería de él.

- Hay una última cosa, Harry. Voy a necesitar el otro extremo de la correa de Malfoy.

La tierna mirada del mago vaciló un poco. Hermione no quería ser la que recordara todo el panorama general, poniendo la misión por encima de lo que quería hacer y decir. No quería que Harry la mirara así ahora, como si fuera alguien a quien amaba, pero que a veces luchaba por reconocerlo.

Sin decir una palabra, se subió el avambrazo derecho y después de una o dos respiraciones de concentración, apareció la cuerda dorada. Hermione la desató y esperó a que Harry la atara alrededor de su muñeca en su lugar.

- Buena suerte. – susurró él. La besó en la parte superior de la cabeza y luego se lanzó sobre su escoba.

Hermione permaneció junto a la ventana, mirando el cielo por encima de los tejados hasta que dejó de verlo. Y entonces, se permitió un corto minuto de silenciosas lágrimas. Cuando llegó el momento de cerrar la ventana, miró hacia la calle y se sorprendió de ver a un chico.

Corrección; uno de esos.

Uno de los Infectados.

En algún momento había sido un adolescente con sudadera roja y pantalones negros. El zombie estaba en buena forma, conservando todos sus apéndices, los ojos y la piel y no se observaban signos externos de mordeduras o mutilación. El número doce de Grimauld Place estaba a cubierto mágicamente de miradas indiscretas de la calle, pero abriendo la ventana del ático, efectivamente, permitía una vista de la casa. El zombie probablemente había estado caminando por la calle cuando las ondas en el velo habían captado su atención, de la misma manera que cuando metes un dedo en una pecera llamando la atención de los peces de colores.

Sin embargo, a diferencia de un pez de colores, la miraba fijamente, de manera inquebrantable. Hermione le devolvió la mirada, desconcertada al encontrarse el objeto de su atención, aparentemente absorto en ella. Pero eso no podía ser.

El Infectado no era capaz de prestar una profunda atención.

Y como para disipar sus preocupaciones, el zombi se dio la vuelta y reanudó su aleatorio arrastrar de pies por la calle. Hermione observaba su avance. Mentalmente archivó el incidente en su mente y, entonces, fue a darle la noticia de la salida no autorizada de Harry a Scrimgeour.


**Cuando Ginny le pregunta a Harry si le puede traer peluches en inglés se escribe "teddies" que también puede significar ropa interior femenina, por eso Harry piensa que eso es lo que le está pidiendo. Supongo que la abstinencia es dura... xD


Bueno, bueno, buenoooo, la cosa se ha puesto fea para una de las zonas seguras de Inglaterra, con un total de doscientos y pico magos... ¿Qué creéis que ha pasado? ¿Podrán aguantar o habrán sucumbido? ¿Harry habrá llegado a tiempo para ver el desastre?

En fiiin, muchas incógnitas suscita este capitulo, espero que os haya gustado y a ver si el jueves tengo tiempo de colgar el siguiente ;)

¡Besoteeees!

Respuesta a los reviews sin cuenta:

Lectora en las Sombras: Holaaa guapa! Me alegra mucho que te gustara el cap anterior y sí es verdad, ya se empieza a notar esa tensión sexual característica entre ellos, pero esta vez creo que es debida a la abstinencia de Draco durante seis años en esa caja... xD Y sí, Ron está en pleno proceso de Infección aunque lo han contenido gracias al ReGen, veremos que pasa con él. A mí también me resulta curioso que Padma tenga tanto protagonismo, pero la verdad es que el personaje me está gustando bastante. Muchisismas gracias por comentar y espero que tengas un muy buen día. ¡Besoteees!

SALESIA: Holaaaa! Jooooer, como eso de estar sin internet todo el fin de semanaaaa O_O a mí me habría dado algo jajajaja y eso que he estado un mes sin internet... pero estaba de vacaciones y ni me acordaba xDDD Pero en casa no sabría vivir sin internet... Aunque bueno con tus viajes exprés no creo que lo hayas notado jajaja Aun así me alegra tenerte por aquí, si no veo tu comentario hasta me preocupo xD Y sí, ya sabemos donde y cómo está Ron, pronto sabremos más cosas sobre ese tema ;) JAJAJA Me encantan tus teorías sobre la historia, ya veremos si el virus tiene origen mágico o no ^^ Y sí, creo que Hermione debería tener cuidado cuando esté cerca de Draco porque parece mucho más espabilado y peligroso de lo normal... Espero que te haya gustado el capítulo y aunque no haya tenido Dramione lo hayas disfrutado. Mil besotes y abrazooss zombificadooos!