¡Holaaaaa!

Como dije ayer, aquí tenéis el nuevo capítulo y sin poder entretenerme mucho más, simplemente disfrutadlo ;)

En el siguiente cap ya empiezan las advertencias... preparaos JAJAJA

¡Nos vemos el sábado, sabadete!

¡Besootes!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 7 - Greater Good (Bien Mayor)

Todavía en pijama, Hermione se sirvió velozmente una taza de té mientras se dirigía a la parte trasera de la casa y entraba en la pequeña parcela de jardín. La medimaga Mira Khan había hecho todo lo posible por cultivar hierbas medicinales, pero el suelo era más de arcilla que de tierra. Hermione había esperado pasar uno o dos minuto tranquilamente sentada en la escalera de atrás, contemplando sus gastadas zapatillas y después la salida del sol.

Sin embargo, cuando llegó allí, se sorprendió al ver al profesor Yoshida de pie descalzo en la penumbra, vistiendo una túnica inmaculada tan blanca como su pelo. Tenía los ojos cerrados y sus labios se movían en lo que parecía una silenciosa oración. Pensando que probablemente deseara estar solo, Hermione empezó a retirarse de vuelta a la casa, pero el profesor se volteó y le dedicó una reverencia.

- Hola Hermione.

Dejó la taza de té en uno de los peldaños y caminó hasta él para saludarlo.

- Buenos días, profesor. Ha madrugado.

Él sonrió, con una sonrisa amable.

- Hago esto. – levantó dos pequeñas placas de madera, en las que Hermione pudo ver grabados unos caballos galopando, acompañados de una muy intrincada caligrafía japonesa – Hago ema para Harry Potter y para hoy el equipo. – explicó Yoshida.

Intelectualmente, Hermione comprendió que era poco práctico darle vueltas a la sensación de ansiedad hasta el punto de incapacidad por lo que había ocurrido (o estaba ocurriendo) con Harry y los Weasley. Hermione nunca había sido catastrofista. Algo bueno, también, ya que ella y los chicos probablemente no habrían llegado a cuarto año en Hogwarts si hubiera sido así. Así que era buena en dejar a un lado sus temores hasta que estaba sola y era capaz de ceder ante la idea de perder a Harry. La consecuencia de compartimentar sus temores era que cuando alguien lo mencionaba inesperadamente, causaba que se viniera abajo abandonando el mundo de manera breve, tomándole pequeñas dosis de esfuerzo volver a recomponerse. En algún momento fallaba. Este era uno de esos momentos.

Un nudo se instaló en su garganta mientras cogía una de las pequeñas placas de Yoshida y pasaba el pulgar sobre los grabados que había tallado.

- ¿Qué significa ema? – susurró, no confiaba que su tono de voz habitual se agrietara.

Yoshida se lo pensó por un momento, utilizando su relativamente poco dominio del inglés.

- Es Sintoísmo. – dijo, con suavidad – Escribo deseo de que Harry Potter vuelva a casa y tú y el equipo también. Hoy. Todos a salvo. Todos felices. Hago mi deseo a los Kami, ¿ves? – el maestro de Pociones pasó uno de sus arrugados dedos sobre la caligrafía – Kami es… - hizo un gesto hacia el jardín, señaló la casa y las terrazas vecinas, la mirada hacia el cielo, abriendo mucho los brazos – Todo es Kami. Tú. Yo. Bueno. Malo. Césped. Árbol. ¿Lo ves? – el profesor Yoshida puso el ema en las manos de la bruja, cerrándole los dedos alrededor de la madera.

Hermione lo veía. Esta era una magia común tanto en muggles como en magos, una magia de talismanes infundida con la fuerza de la esperanza. Si estabas vivo, probablemente desees, necesites y ames. Así que sabrías que es tener algo que perder y, por lo tanto, tendrías que tener también una gran cantidad de esperanza para ello.

Ella esperaba con todas sus fuerzas que Harry volviera a casa.


Después de que Yoshida se fuera, Hermione se terminó la taza de té en la escalera de atrás como había previsto. Metió el ema del profesor Yoshida en el bolsillo del pantalón de pijama y empezó a subir las escaleras.

El Vaquero la detuvo en el tercer piso.

- Justo la dama que quería ver. – dijo Richards. Todavía no eran ni las seis de la mañana y ya llevaba su sombrero, posado bajo su canoso cabello. Hermione imaginó que probablemente dormía junto a él – He pensado tomarme la libertad de informar a Malfoy sobre la misión, hoy, ¿si te parece bien?

Las cejas de Hermione se elevaron.

- ¿Me estás pidiendo permiso? Generalmente, ignoras mis órdenes por las de Scrimgeour. – al instante lamentó sus palabras. ¿Sonaba insignificante? No quería parecer insignificante.

- No te caigo muy bien, ¿verdad? – peguntó Richards, pareciendo divertido.

La directa pregunta la sorprendió, aunque no debería de haber sido así. El Vaquero no era de los que se andaba con rodeos en torno a temas sensibles.

- Tengo el mayor respeto por lo que estás intentando hacer aquí, – aclaró ella – pero no siempre estoy de acuerdo con tus métodos.

- Scrimgeour confía en mí. Tú también deberías.

Hermione se erizó.

- Lo mismo digo, agente Richards. No pareces confiar en mí para encargarme de Malfoy.

Richards suspiró. Se cruzó de brazos y la miró fijamente, con los ojos entrecerrados. Hermione le devolvió la fija mirada, con una impaciente e interrogativa expresión en el rostro.

- No has estado mucho con hombres, ¿verdad, niña? – dijo finalmente.

Bueno, eso desde luego la había pillado con la guardia baja. Qué absurdo. Había estado rodeada de hombres – hombres fuertes – toda su vida.

Como si él pudiera leer sus pensamientos, añadió:

- No me refiero a Potter, o el chico enfermo del sótano que solía ponerte ojos de cachorrito, ni a Scrimgeour, o tu padre, o los profesores e instructores. Me refiero a chicos crecidos de verdad. Agradables y no tan agradables. Y no que te traten como una virgen vestal o como co-salvadora del mundo

Hermione no tenía ni idea de a donde quería ir a parar con eso.

- Agente Richards, si sabe a dónde llegar, por favor, ve hacia allí.

- Malfoy tiene planes. Scrimgeour y yo podemos olerlo. Un maestro villano o incluso simplemente el potencial del mismo, tiene su propio hedor especial, ¿sabes? Y el hombre que encerraste en el sótano… desprende ese hedor realmente potente. Y eso está bien, – dijo Richards, levantando una mano – comprensible incluso, ya que ha conseguido una manera de salir de la cárcel sin pagar por ello. Pero la cosa es que parece muy interesado en ti, lo que hace que me preocupe porque estás destinada a ser su supervisora y no calculo que seas consciente de ello.

Hermione esperaba que no pareciera tan confundida como se sentía. Escogió las palabras muy cuidadosamente cuando respondió.

- Malfoy y yo tenemos historia. ¿Tal vez esa es tu sensación?

El Vaquero soltó una carcajada.

- Oh, esto no es historia, querida. Este interés está muy arraigado en el presente.

- ¡Oh, por el amor de Dios! Incluso aunque algo de esto fuera cierto, ¿qué importa?

- Úsalo. – dijo Richards, simplemente.

Hermione abrió la boca y la cerró, frunció el ceño y, entonces, dijo:

- Explícate.

- Verás, estoy bastante seguro de que Malfoy cree que tiene ventaja sobre ti, por lo que sigue así y dejemos que piense eso. Ahora tienes la oportunidad de jugar con él. Tenlo en mente la próxima vez que lo veas, con tu pelo rizado, tus grandes ojos marrones y esa misma actitud de Elegido que tiene Potter. Para alguien como Malfoy, que ha pasado sus años de formación viviendo en un nido de reptiles, estás tan buena como las empanadas americanas.

Hermione se ruborizó ligeramente.

- Yo no… yo no soy así.

Richards le dedicó una torcida sonrisa.

- Claro que no y no te estoy pidiendo que cambies nada. Quiero que Malfoy recuerde el hecho de que es tan diferente a ti como sea posible. Lo diferente es interesante. Le gusta lo interesante. Así que simplemente usa lo que tienes y esperemos que nos lleve a la fórmula rápidamente. Porque a lo mejor… y ten presente que esto es algo muy importante, tal vez, si el villano de nuestra pequeña historia no está completamente loco todavía, a veces vale la pena darle una debilidad. Algo inesperado de lo que preocuparse aparte de él mismo. El conflicto interno puede ser un poderoso catalizador para el cambio. Recuerda esto.

- ¿Y si te equivocas? ¿Y si no quiere soltar la fórmula?

A Hermione no le gustó la mirada de sus ojos cuando respondió:

- Como he dicho antes, nos quitaremos los guantes de seda. Y tomaré medidas.

- Escúchame, Richards. ¡Nadie, ni siquiera Draco Malfoy, será torturado para obtener información en esta casa! Desde luego, no mientras yo esté aquí.

- ¿Es preferible que haya personas muriendo por ahí porque un hombre no nos proporciona la información que necesitamos?

- No todo se puede justificar por el bien mayor.

Y de esa manera, Hermione se dio cuenta de que se había puesto en los zapatos de Harry. Merlín, así debía ser como se sentía Harry la mayor parte del tiempo. Una buena parte de su indignación se evaporó.

- Señorita Granger, yo lo justificaría fervientemente teniendo en cuenta que es de la supervivencia de la humanidad de lo que estamos hablando. – dijo Richards, completamente serio.

Ella le dedicó una sagaz mirada.

- Si lo que dices es exacto, entonces, ¿no debería ser yo la que lo informara de la misión de esta mañana?

La respuesta de Richards fue breve.

- ¿Cuántas escopetas has disparado recientemente?

- Ninguna.

Y ahí estaba su respuesta.


La planta baja del parking estaba vacía cuando el equipo de seguridad se apareció en la esquina occidental, detrás de un sedán azul con todas las ventanas rotas. Hermione, Malfoy y Elizabeth Kent se agacharon entre el coche y el muro de hormigón, mientras Richards hacia un análisis rápido de la planta de aparcamiento.

Afortunadamente, todo estaba como el día anterior en la visita de exploración. El aparcamiento estaba vacío. Encima de sus cabezas, las luces seguían encendidas, aunque otras secciones iluminadas parpadeaban con un ruido sordo. Por otro lado, la ciudad estaba muy tranquila. Esa había sido una de las cosas más difíciles a las que acostumbrarse, pensó Hermione, el silencioso mausoleo del Londres Infectado, después de la cacofonía inicial de sirenas, disparos, helicópteros… y gritos.

- Kent y yo aseguraremos la clínica de resonancia magnética. – reiteró el Vaquero – Cuando te dé la señal, trae a Malfoy primero y después vuelve con el resto del equipo.

- Entendido. – dijo Hermione. Por mucho que no le gustara el Vaquero, él estaba en su elemento en las misiones sobre el terreno y ese tipo de obvia experiencia inducia a la confianza. Esta era la razón por la que Scrimgeour lo encontraba un activo tan valioso.

Richards se dirigió a Malfoy seguidamente.

- Y no necesito recordarte que te portes bien con todo el mundo el día de hoy.

Malfoy ni siquiera se molestó en levantar la mirada y mucho menos en responder. Estaba ligeramente más preocupado de inspeccionar el chaleco antibalas que llevaba puesto.

Hermione quería estrangularlo. Era imposible decir si estaba tomándose algo de esto en serio. Parecía indiferente hasta el punto del aburrimiento. La inapropiada ambivalencia de Malfoy estaba en desacuerdo con la completamente intimidante figura que vestía pantalones militares del Vaquero, con un cinturón multiusos lleno de munición y un par de botas de combate (de las que se quejaba eran muy pequeñas). Lo único que encajaba era la escopeta Remington 870 sujeta sobre su pecho.

Las armas eran un concepto extraño y desagradable para Hermione. Al menos las varitas tenían múltiples propósitos. Las armas tenían una relativamente estrecha gama de usos; o para hacer daño, o para disuadir que otros hicieran daño.

- ¿Estás Bien? – le preguntó Richards, mirándola a los ojos. Paseó la mirada de Hermione a Malfoy y después de nuevo a Hermione.

Ella asintió.

- Muy bien, nos pondremos en contacto en breve. – Richards se desapreció con Kent. Según lo prometido, un momento después, su voz se escuchó alta y clara en el auricular de Hermione – Estamos dentro. La estancia es segura. Tráelo.

Hermione agarró su varita y tanto ella como Malfoy se desaparecieron directamente en la clínica de resonancia magnética para reunirse con los agentes, pero Malfoy eligió ese momento para hablar con ella.

- ¿Qué pasa con la correa si mueres hoy?

Que Dios lo maldiga. La morbosa pregunta era sobrecogedora, pero relevante, supuso. No es que realmente le fuera a responder.

- Nadie va a morir hoy.

- Ah, pero ya sabes lo que dicen de los mejores planes. – respondió él crípticamente. Tomó la escopeta, haciéndole una breve mueca y, entonces, comenzó a llenar el tubo del cargador con los cartuchos de su cinturón multiusos. Sus manos enguantadas eran sorprendentemente hábiles en una tarea que todavía era muy nueva para él.

Hermione lo miraba fijamente, pensando en lo muy surrealista que era ver a Draco Malfoy manejar una sucia y gran arma muggle.

- Dudo que tengas la necesidad de usarla hoy.

- Espero sinceramente que tengas razón. – contestó él.

Y ahí estaba otra vez – esperanza. Ambos compartían esa esperanza en particular. En uno de los bolsillos laterales del pantalón militar, estaba uno de los ema del profesor Yoshida. La que había hecho para el equipo. Se inclinó levemente para sentirlo a través de la gruesa tela de los pantalones. Malfoy le estaba dedicando una extraña mirada ahora y Hermione se dio cuenta de que probablemente parecía preocupantemente distraída. Parpadeó, reenfocando su atención en la misión en cuestión.

Él le tendió la mano con la palma hacia arriba, como si estuviera solicitándole permiso para un baile.

- ¿Vamos?

La conversación de esa mañana con Richards todavía seguía fresca en su mente. Todavía no estaba completamente segura de que hubiera consistencia en las reclamaciones de Richards sobre el interés de Malfoy hacia ella, o, de hecho, ningún mérito en su argumento para que Hermione le siguiera la corriente. Miró a Malfoy y no pudo más que discernir una leve urgencia en sus ojos plateados. Además, necesitaba un afeitado. Nadie había tenido a bien confiarle una navaja en la última semana y media. Y sin embargo, irónicamente, ahí estaba, un miembro más del equipo; sosteniendo la cargada escopeta entre ellos, se inclinó tan cerca de ella que pudo oler el jabón de limón que había estado usando en el baño.

Ignorando la mano ofrecida, Hermione lo tomó de la muñeca en su lugar y se apareció dentro de la clínica, tres pisos más arriba.