¡Holaaaaa!
Como prometí ayer aquí tenéis el nuevo capítulo, que en mi opinión y hasta la fecha es el mejor. No quiero deciros nada, para que lo disfrutéis en su máxima expresión y no os condicionen mis palabras, eso sí, se mantienen las advertencias del cap anterior.
Por cierto, no puedo responder reviews porque no sé que problemas técnicos está teniendo FF que no me deja ver los comentarios que me mandasteis ayer, me llegan las notificaciones al correo, pero cuando le doy a responder no me lo permite... conspira contra mí...
En fin, ¿Estáis preparados?
Pues allá vamos... ;)
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 9 – Safe (A salvo)
Se escuchaba un "tum-tum", rápido e incesante.
Era exageradamente ruidoso y Hermione deseaba que parara, hasta que se percató de que era el sonido del bombeo de su sangre; que rugía en el interior de sus oídos. Todo lo demás era mudo, como si tuviera unas almohadillas atadas a la cabeza. La sentía tan pesada. No podía moverse, no podía ver, pero eso era porque tenía los ojos cerrados.
Bueno, eso podía ser resuelto con facilidad. Hermione los abrió.
La explosión la había lanzado a una impresionante distancia de la sala de escaneo, casi a mitad del camino de la escalera donde había estado situada minutos antes. Algunas porciones de techo se habían derrumbado sobre el corredor justo en frente de la sala de RM. Los paneles de luz estaban arrancados, de los cuales colgaban cables expuestos, chispeando ocasionalmente. Escuchaba voces que le llegaban a través de su auricular. A penas las oía, pero era una mejora a la sordera de hacía unos segundos. Levantó una temblorosa mano para tocar la humedad de sus oídos. No necesitaba mirar para saber que estaba manchada de sangre.
Mira estaba tendida justo fuera de la sala de escaneo. Hermione reconoció sus zapatillas deportivas azules y rojas.
- Mira. – jadeó Hermione. Sus llorosos ojos estaban teniendo problemas para enfocar. Los entrecerró, parpadeando para eliminar el polvo, la sangre y los trocitos de zombie. Consiguió enfocar su visión. Reprimió un sollozo cuando observó el fragmento metálico de casi un metro de longitud que casi atravesaba la cabeza de Mira. La medimaga yacía de espaldas. Tenía espasmos en su mano derecha.
¡Estaba viva! Había esperanza. Sí. Mira Khan estaba viva, había esperanza, apenas tenía veintidós años y quería aprender pociones después de la graduación en Medimagia. Su mano se movía y por lo tanto se pondría bien. La llevarían a casa y la curarían.
Hermione se percató que su varita había desaparecido. El pánico tardíamente descendió y otros criterios junto a él. Se observó las piernas viendo como un trozo de acero de diez centímetros observables se había incrustado en uno de los lados de su muslo izquierdo. La tela de los pantalones por debajo de ambas rodillas había sido triturada por la metralla y estaba tumbada en un, cada vez mayor, charco caliente de su propia sangre.
Los mejores planes, en efecto.
Se sentó, gimiendo de dolor y luego comenzó la tarea de buscar su varita. Podía estar en cualquier lugar entre la puerta de la sala de escaneo y donde estaba situada ahora. Sus manos, palpando el suelo en busca de la varita, pronto se llenaron generosamente con su propia sangre, pero un dulce alivio la recorrió cuando sus dedos entraron en contacto con la longitud de la conocida y delgada madera. Un breve momento se pasó contemplando si debía o no quitar el trozo de metal de su pierna, pero Hermione pensó en contra de eso. En cambio, se tumbó boca abajo, ahora sollozando abiertamente por la cantidad de dolor que sentía y comenzó a arrastrase hacia Mira. Hermione recorrió aproximadamente unos tres metros, dejando un amplio reguero de sangre detrás de ella, antes de comenzar a marearse. Apoyó la mejilla contra sus antebrazos y se centró en su respiración. Las ganas de vomitar eran fuertes.
Alguien estaba hablando; una voz más familiar que la de todos los demás que en ese momento se disputaban para llamar su atención. La voz estaba tensa, pero muy calmada ante lo que acababa de suceder. Eso estaba absolutamente mal, pensó Hermione. ¿Cómo se atrevía alguien a estar tranquilo?
Malfoy.
Su clara y pragmática voz penetró la bruma causada por el choque, la probable conmoción cerebral y la pérdida de sangre. Hermione parpadeó, escuchando embelesada cada silaba pronunciada como si fueran pequeñas boyas de salvamento en un mar de terror y pánico.
- … dos, tal vez, tres docenas. Ya tenéis unos cuarenta Infectados en el interior del edificio. Voy a cargarme a todos los que pueda desde aquí arriba. Hay otra horda congregándose en una intersección en la siguiente manzana. Es posible que se les haya escapado la explosión inicial, pero definitivamente se han percatado de mi arma de fuego.
- ¡No te atrevas a dejar de disparar! – rugió Richards - ¡Mantente ahí! Kent, ¿cuántos tienes en tu extremo?
- ¡Diez, señor! Y cinco antes de estos. ¡Señor, están presionando!
- ¡Mantenlos a raya tanto tiempo como puedas! Voy a buscar a Mercer y Lam. Vamos a tener que ser rápidos. Una vez que abandone mi posición, subirán por el extremo este del corredor. Granger y…
- Estoy aquí. – dijo Hermione, débilmente. Y con ello, sintió como si todos sus sentidos repentinamente se hubieran puesto en marcha de nuevo. El mundo volvió a enfocarse. Había destrucción, gritos, armas de fuego y humo.
- ¡Sí, joder! Es agradable escuchar tu voz, chica. Sólo he estado gritándote durante los últimos veinte minutos. ¡Informa!
- Mira… - Hermione desvió la mirada hasta Mira. Mirándola adecuadamente, sin que la esperanza nublara su evaluación – Mira está muerta. No puedo ver ni a Lam ni a Mercer.
- ¿Estás herida?
Hermione sospechaba que se desangraba lentamente hasta la muerte.
- Algo. Tengo mi varita.
- ¡Bien! ¿Puedes llegar hasta los chicos? Mercer está bien. Le he dicho que se quede dentro de la sala de observación. Lam dice que está muy mal herido. Tú o Lam podéis sacar a Mercer y los datos de aquí, ¿lo tienes?
- Sí. – dijo ella – Lo tengo.
Hermione apretó los dientes mientras seguía arrastrándose hacia la sala de exploración. A la distancia, podía ver el aura roja indicadora de varios Reductos lanzados en rápida sucesión. Kent estaba defendiendo la escalera que le había sido asignada. Si la horda conseguía hacerse un hueco, todos estarían muertos en cuestión de minutos.
Llegó hasta la puerta que ahora parecía carbonizada por las fauces del humo. No quedaba nada del espécimen de zombie, pero había un montón de salpicaduras. Y humo. Hermione aspiró una gran bocanada para poder gritar, pero estalló en un ataque de tos. Lo intentó de nuevo.
- ¡Jason! Jason, ¿puedes oírme?
- ¡Hermione! – gritó Lam.
- ¡No puedo llegar hasta él! – dijo Alec Mercer. El neurólogo estaba en la sala de observación adyacente, la pared de cristal entre las dos habitaciones ahora destrozada. Hermione pudo distinguir la parte superior de su cabeza sobre la pared divisora.
- ¡Alec, no! ¡Quédate donde estás! Iré hasta Jason y después iremos a por ti, ¿de acuerdo?
Sólo podía ver a Lam si se ponía de rodillas y esa no era una postura que pudiera mantener durante un prolongado periodo de tiempo. Había quedado atrapado debajo de parte de la mesa de exploración. El problema era que había unas cuantas toneladas de la máquina de RM entre ella y él y ninguno de los dos se encontraba en un estado como para saltar por encima de obstáculos. Tendría que intentar moverlo por arte de magia.
Hermione lanzó un Leviosa y no quedó terriblemente sorprendida cuando el hechizo falló. Podía sentir la fuerza en su interior, pero la liberación y dirección de la magia resultaba imposible. Si Hermione no se equivocaba, ahora sangraba aún más densamente. El equipo era demasiado pesado y no tenía energía para fortalecer el hechizo. Aparición, ¿tal vez? Hermione vaciló. Costaba más magia que la levitación. La probabilidades de despartición eran muy altas. Tal vez con la ayuda de Lam…
Lam debió adivinar lo que ella estaba considerando.
- Ya me he intentado desaparecer. No puedo… Hermione, por favor ayúdame. Oh Señor, puedo ver mi interior…
- ¡Está bien, Jason! Te pondrás bien. – dijo, intentando sonar tranquilizadora – Estoy yendo hacia ti, ¿de acuerdo? Intentaré aparecerme por ahí.
- ¡Granger! – la voz de Elizabeth Kent, penetró en el auricular de Hermione - ¡Han abierto una brecha! Alrededor de unos diez o así, están llegando a tu posición. ¡Estoy controlando lo que puedo, pero estad preparados! ¡Están casi allí! Richards, ¿me copias? ¡Richards!
De hecho, la pequeña horda llegó en el momento que Kent concluyó la advertencia.
Ella escuchó maldecir a Mercer y después lo escuchó disparar un arma. Obviamente, Richards había proporcionado al neurólogo un arma algo menos engorrosa que una escopeta. Y gracias a Dios por ello, porque ahora los zombies se estaban movilizando hacia la sala de observación.
- ¡Hermione, mira hacia afuera! – gritó Lam, señalando la puerta. Empezó a disparar hechizos, algunos de ellos sobrevolando peligrosamente sobre la cabeza de Hermione.
Había tres zombies y aún más en el pasillo. Algunos de los hechizos de Lam hicieron contacto y varias cabezas explotaron. Hermione se arrastró detrás de una mesa volcada y se unió al lanzamiento de hechizos. Hubo un breve respiro porque algunas de las criaturas se sintieron atraídas por el arma mucho más ruidosa de Mercer y descendieron hasta la sala contigua. Alarmantemente, Mercer escogió ese momento para detener los disparos. A través del auricular, lo escuchó murmurar.
- Oh, Dios. – dijo Hermione. Desde su ángulo de visión, sólo podía distinguir los zombies más altos sobre la pared divisora. Hermione levantó un tembloroso brazo, apuntó y comenzó a disparar para ayudar a Mercer. Pronto se le unió el propio Mercer, que había vuelto a entrar en batalla después de, presumiblemente, parar a recargar el arma.
Lam dejó escapar un espeluznante aullido.
Como realmente desde allí no podía verlo, Hermione tuvo que abandonar su escondite detrás de la mesa y avanzar cerca de la colapsada máquina de RM. Vio a una niña pequeña – una de los Infectados – desgarrando el torso herido del estudiante de medicina. El brazo derecho y el pecho de Lam estaban inmovilizados bajo la maquinaria. Sus piernas pataleaban y golpeaban en un inútil intento por desprenderse del pequeño zombie. Metía la mano en él como un conejo excavaba su madriguera, sacando vísceras y metiendo su cara empapada en sangre en la herida abierta para alimentarse.
- ¡Tu varita, Jason! ¡Úsala! – gritó Hermione. Disparó varias veces alrededor de la máquina de RM con mano violentamente temblorosa y falló. La pequeña criatura se volteó y siseó antes de empezar a arrastrar los pies por el suelo hasta ella. Hermione lanzó velozmente el hechizo motosierra de Harry y cerró los ojos mientras el pequeño zombie era partido por la mitad, diagonalmente, cayendo en dos piezas a ambos lados de ella, con trenzas y todo.
Lam ahora hacia ruidos bajos, maullidos. Parecía como si estuviera intentando recomponer sus intestinos. Localizó su varita en medio de sus entrañas derramadas y la cogió. Más zombies atravesaron la puerta, de algunos meses de edad– más lentos y perezosos. Otros eran muertos recientes, mucho más veloces.
- Granger, estoy cerca de allí. – dijo Richards a través del audífono - ¡Mantén vivo a Mercer, me oyes!
Hermione se apoyó contra la máquina y sujetando la varita con las dos manos, atacó lo que salía del umbral. Usó todos los convenientes hechizos que conocía y algunas novedosas combinaciones. Algunas funcionaban mejor que otras.
- Alec… - dijo entre dientes, con la esperanza de que Mercer pudiera oírla. No tenía fuerzas para gritar.
Pero él si la escuchó.
- Coge al chico primero, ¿me oyes? – respondió Mercer.
- ¡No vas a hacer tal cosa! – interrumpió Richards – Lam es… ¿viable?
Hermione no necesitaba verlo. Podía escuchar los terribles ruidos que el joven hacía.
- No.
- Entonces ve hacia el Doctor. – le ordenó Richards.
Le echó una mirada a Lam y vio que ahora tenía un firme control sobre su varita y que había cerrado los ojos. En ese momento, un pequeño grupo de zombies se precipitaron hacia la puerta, causando un pequeño embotellamiento mientras dos de los más pequeños se colaban en el interior lanzándose sobre el objetivo más cercano; Lam. Intentó volatilizarlos, pero falló a corta distancia.
Hermione comenzó a disparar a las demás criaturas. Una de ellas consiguió agarrar su pie y arrastrarla, pero logró propinarle una patada con la pierna sana.
- ¡Richards! ¡Creo que Jason intenta desaparecerse!
- ¡No! Lam, si lo haces, llevaras a esos hijos de puta contigo de vuelta a casa. No lo hagas, hijo.
- Qu-que te jo-jodan. – dijo Lam, con voz temblorosa. Los zombies que lo atacaban se centraron totalmente en consumir lo que se derramaba de él. Hermione ahora confiaba menos en la exactitud de sus hechizos más complejos, debido a su mermada fuerza. Golpeó a uno de ellos con un Petrificus al mismo tiempo que el aire alrededor de Lam empezaba a brillar débilmente; los inicios de una imprecisa desaparición.
- Lo está intentando. – dijo Hermione. Las lágrimas atravesaron la sangre y la suciedad de su cara – Oh, Jason…
- ¡Granger, acaba con él! – rugió Richards - ¡Acaba con él ahora! – no había duda del significado.
- ¡No te atrevas! – gritó Mercer, a través de los disparos.
- Granger, maldita sea. ¡HAZLO AHORA!
Ella no iba a sobrevivir. Hermione lo sabía. Richards tendría que ser el que llegara hasta Mercer y lo llevara a casa, pero Hermione haría lo que pudiera para asegurarse que el científico se mantuviera con vida, junto con todos los demás y volvieran a Grimauld Place. Abandonó la defensa de la puerta y volvió la varita contra Jason Lam.
Él la miraba mientras era devorado vivo, agónicamente, aterrado. Hermione lloraba. No podía salvarlo, pero podía ayudarlo.
- Av…avada Kedavra. – dijo. Y luego repitió la misma Imperdonable tres veces más. No funcionaba.
Con un grito derrotado, sacudiendo violentamente el brazo cayó. Hubo un borroso movimiento en la puerta y ella medio levantó la varita de nuevo. Pero no era un zombie. Draco Malfoy se acuclilló junto a ella, con sus ojos grises profundos y feroces en su pálido rostro.
Estaba tan asombrada de verlo ahí que dudaba que fuera real. Alzó su mano, con torpeza. Su varita aun apretada débilmente en el interior. Y restregó sus sangrientos nudillos contra sus ojos para comprobar que no era más que un producto de su imaginación.
Malfoy agarró su muñeca que sostenía la varita y apuntó hacia Lam.
- Una vez más, Granger. Con sentimiento.
- Avada Kedavra. – susurró y fue como abrir un grifo de agua a toda potencia. Podía sentir la fuerza de la magia prestada de Malfoy fluyendo a través de su brazo, como una inyección de energía eléctrica. La magia era toda de él, su brazo y varita eran meros conductos. La sensación era extraordinaria, culminando con la sensación de un agudo hormigueo en la punta de los dedos. Ella lo miró, parpadeando de manera asombrada.
La maldición golpeó a Jason Lam en el pecho. Muriendo en el acto.
Hermione se desplomó. Observaba lo que pasaba a través de los ojos entrecerrados. Vio a Malfoy levantarse, vio sus pies calzados con botas caminando a poca distancia de ella antes de que comenzara el atronador ruido de la escopeta. Cuatro, cinco… seis disparos seguidos. Recargó, vació y volvió a cargar de nuevo antes de agacharse junto a ella de nuevo. Se había quitado los guantes. Ella sintió sus cálidos dedos apretándose contra el sitio donde latía su pulso en el cuello. Fue entonces cuando Hermione se percató que todo se había oscurecido bastante. Malfoy puso su brazo alrededor de ella y la ayudó a levantarse.
- Mercer, ¿puedes oírme? He disparado a todas las luces. Parecen moverse más lentamente en las sombras. Supuse que en la oscuridad no serían capaces de encontrarnos si no pueden vernos.
- Te oigo, Luthor. Buena jugada.
- Estamos yendo hacia ti. Estate quieto. No dispares más. En el último conteo, creo que había ocho de esos en esa habitación contigo.
Malfoy volvió su atención a Hermione.
- Sé que dolerá, pero necesito que estés quieta. ¿Puedes hacer eso por mí?
Ella asintió contra su hombro.
- Buena chica. Allá vamos.
Oh, Dios, dolía como un Cruciatus concentrado. Hermione se mordió el puño para evitar gritar cuando él la levantó.
Malfoy la cargó con facilidad, colgando la escopeta en su cadera. Se dirigió con gran cuidado a la sala de observación. Era imposible esquivar todos los cristales rotos del suelo, pero afortunadamente el sistema de ventilación del hospital proporcionaba un monótono y sustancial zumbido. Los ojos de Hermione para ese entonces se había adaptado a la oscuridad, logrando incluso a poder distinguir las siluetas de las criaturas. Como había dicho Malfoy, no les iba tan bien en la oscuridad, tropezando entre sí y moviéndose con menos efecto aún.
Efectivamente, había ocho zombies en la sala de observación, a pocos metros de donde estaba un estático y afectado Mercer. El problema era que ellos estaban parados en medio de Mercer, Malfoy y Hermione.
- El disco de datos, – susurró el neurólogo, señalando con el dedo – está en el equipo de la derecha.
Malfoy se acercó cautelosamente al ordenador y extrajo el disco. La bandeja del disco hizo un corto sonido que causó que todos los zombies de la habitación se lanzaran hacia la mesa de ordenadores. Los movimientos de las criaturas hicieron el suficiente ruido como para enmascarar los pasos de Malfoy mientras rápidamente se apartaba hacia un rincón de la sala.
Sin embargo, aún no había una ruta clara hacia Mercer.
- Granger, – susurró Malfoy – mira hacia arriba. ¿Puedes ver a Mercer?
- Sí.
- Bien. Esto va a ser una Desaparición de dos. Iremos hasta allí, lo agarrarás y saldremos de aquí. ¿Crees que podrás hacerlo?
Hermione se desvanecía y ella misma lo sabía. Ya no podía mantener los ojos abiertos. La mitad inferior de la ropa de Malfoy estaba empapada con su sangre. Por lo que colocó su varita en el pecho del rubio.
- No. Os despartiré. Vas a tener que hacerlo tú.
Realmente no tenía sentido preocuparse porque fuera a hacerle daño al equipo ahora. Era confiar en él y posiblemente morir o no confiar en él y probablemente morir. Y también tenía puesta la vida de Mercer en la balanza. Curiosamente, de la misma manera vacilante que al dejar su celda de Azkaban, Malfoy no hizo inmediatamente nada con su varita además de simplemente sostenerla.
Ella intentó incitarlo a la acción.
- Hagas lo que hagas, por favor, no dejes a Mercer aquí. Es demasiado valioso.
- No sé nada sobre eso. – dijo arrastrando las palabras – Pero es un terrible tirador.
Hermione sonrió. No importaba porque el lugar estaba oscuro y él no podría ver su rostro ni sus delirios. Recordó lo que Scrimgeour había dicho sobre que ella era insustituible. No estaba de acuerdo con él.
- No podemos reemplazarlo.
- ¿Y podemos reemplazarte a ti? – preguntó Malfoy.
Ella suspiró. Ahora sentía sus manos y pies como si estuvieran hechos de hielo. No sentía nada ahí. Hermione asintió, chocando la cabeza con la barbilla del rubio.
- Hay muchos más como yo. Soldados.
- No. Nadie como tú, sangre sucia. – murmuró Malfoy, contra el nacimiento de su pelo.
- Confío en ti. – susurró de manera pastosa, palmeando débilmente su pecho – No hagas que me arrepienta.
Él era cálido, maravillosamente cálido. Le encantaría dormirse en ese momento y no tener que soportar la demencia que acababa de presenciar al sacrificar a un colega, ni el tener que jugar al asesino a oscuras con ocho zombies, un ex terrorista y un neurólogo con pistola.
El ultimo pensamiento coherente de Hermione fue que si Malfoy los llevaba de vuelta a casa de una sola pieza, lo menos que podría hacer por él era proporcionarle una navaja de afeitar para que pudiera mantener un afeitado decente.
Su barba rascaba.
