¡Holaaaaaaa!

Me he hecho un huequito en un día bastante ajetreado y estresante para publicar el capítulo que se que ya teníais ganas ;) Este capítulo es más de transición que otra cosa, pero todo tiene sus cosas importantes e interesantes, así que espero que lo disfrutéis y, que si no calculo mal, creo que para el día 13 ya estaré más tranquila en cuanto a trabajos, estudios, vida social... xD

¡Un besote y nos vemos en breves!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 13 – Conflict (Conflicto)

Todavía estaba oscuro cuando se aparecieron en el jardín trasero de Grimmauld Place. Tardíamente Hermione se percató de que habían aterrizado en una hilera recién plantada de Matalobos. Ginny y Honoria no estarían contentas. Además de eso, probablemente tendría que tirar sus amadas zapatillas de cuadros escoceses. Estaban sucias y empapadas después del viaje a través del húmedo campo de Quidditch y de los polvorientos y desiertos pasillos de Hogwarts, libres de la vigilancia del fallecido conserje.

Sin embargo, ese era el menor de sus problemas.

Hermione soltó la muñeca de Malfoy a tiempo de ver a Harry venir disparado hacia ellos desde la puerta de atrás, con la boca semi abierta en un gruñido. Embistió a Malfoy por el abdomen y los dos hombres aterrizaron pesadamente en el suelo, lanzando el libro de Herbología por los aires.

Siempre había un momento de desorientación después de la Aparición, sin importar la distancia. Frenéticamente Hermione intentó acelerar su reorientación, para así poder comprender qué demonios estaba pasando. Se sacudió el sentimiento de mareo habitual y salió de su posición justo cuando Harry comenzó a soltar golpes.

- ¡Harry! – gritó Hermione. Corrió hacia allí para tirar de la parte de atrás de su vieja camiseta, la cual arrancó con facilidad, desgarrándola desde el agujero del cuello. Fue un crudo recordatorio de lo mucho más fuerte que era él comparado con ella. Había habido una vez, hacia muchas lunas en primer y segundo año, que ese no era el caso. Honestamente Hermione no podía recordar la última vez que había forcejeado con Harry, aunque probablemente también había sido en un esfuerzo por contenerlo. Lo agarró del brazo derecho. Él se la quitó de encima, junto con los restos de la arruinada camiseta.

- ¡Maldita sea, Harry! ¿Te has vuelto loco?

Él no la miró. Ni siquiera parecía notar su presencia. Esto, también, era un molesto y conocido aspecto de la rabia masculina; verlo todo en un estrecho túnel de color rojo. Hermione pensó que parecía que Malfoy no estaba peleando. Bloqueaba los puñetazos que iban dirigidos a su cabeza, pero parecía que no hacía nada más que estar estático en el suelo. Harry se abalanzó sobre la garganta de Malfoy. Malfoy le abofeteó la mano. El sonido fue lo suficientemente fuerte como para que Hermione se estremeciera.

- ¿Sin preámbulos, Potter? Directamente al plato fuerte como la predecible criatura que eres. Si follas igual que peleas, no es de extrañar que tengas problemas para mantener a tus novias.

Hermione gimoteó. Malfoy tenía la habilidad para agitar una olla que ya se había desbordado. Harry gruñó y agarró a Malfoy una vez más. Parecía que Malfoy había estado a punto de esquivar el golpe, pero lamentablemente, eso nunca sucedió.

- ¡Petrificus Totalus! – exclamó Elizabeth Kent. Estaba parada unos pasos más atrás junto a Padma Patil, quien vestía ropa de cama y un albornoz de felpa. Ambas mujeres sostenían sus varitas, aunque Padma parecía mucho más descontenta que la Debutante.

Malfoy se congeló en su lugar, justo a tiempo para recibir toda la fuerza de carga de Harry por segunda vez esa noche. Ese par rodó sobre las ya aplastadas plantas de Matalobos. Para incredulidad de Hermione, Harry se sentó a horcajadas sobre el ahora indefenso Malfoy, empezando a arremeter contra él.

- ¡Potter! – chilló Padma. Arrojó su larga trenza por encima de su hombro, se apretó el cinturón del albornoz y entró en la refriega.

La agente Kent levantó de nuevo la varita.

- ¿Debería simplemente…

- ¡No! – dijeron Padma y Hermione. Les costó la fuerza combinada de ambas separar a Harry quien seguía escupiendo y maldiciendo a Malfoy.

- ¡Ya es suficiente! – gritó Hermione, empujando a Harry por el pecho - ¡¿Qué es lo que te pasa?!

Para su sorpresa, Harry volcó ahora su ira sobre Hermione. No creía haberlo visto nunca tan furioso y ciertamente nunca tan furioso con ella. Le gritó, a pocos centímetros de su cara.

- ¡Qué demonios te pasa a ti!

- ¿A mí?

- ¡Sí, a ti! – exclamó Harry - ¿Qué clase de enfermo mental se iría a Merlín sabe dónde, en mitad de la noche, con Draco Jodido Malfoy? Creí que Kent estaba bromeando cuando me despertó para decírmelo. ¡Pero no, realmente fuiste! ¡¿Tienes idea de lo que podría haberte pasado?!

Hermione puso algo de distancia entre ellos antes de dirigirse a él, lentamente y con calma. Utilizó su mejor voz de amonestación de Prefecta; afinada a la perfección mientras había estado en Hogwarts.

- Harry James Potter, ¿o quieres tener una conversación conmigo o quieres gritarme? Si se trata de esto último, entonces te diré buenas noches.

Casi toda la furia se filtró de su cuerpo, dejando a un Harry cansado y ligeramente avergonzado, pero Hermione todavía podía divisar la ira hirviendo justo bajo esa superficie. Probablemente fue algo bueno que la afilada lengua de Malfoy estuviera petrificada junto al resto de su cuerpo. Observó cómo Harry se apartaba de ella, dando dos pasos hacia atrás, mirándola con una expresión de frustración.

- Él es malo, Hermione. ¡Malo para esta operación y ciertamente malo para ti! No protesté lo suficiente cuando tramaste el plan para rescatarlo de la cárcel. Ese fue mi error. Debería habérselo contado a Scrimgeour. Él podría haberte dado algo de sensatez sobre lo peligroso que es tener a Malfoy aquí. No sé de qué otra manera puedo hacértelo ver. No puedo vigilarte todo el tiempo…

- Whoa, espera un minuto. – lo interrumpió Hermione con vehemencia – No necesito que me vigiles.

- ¿Si no soy yo, entonces quién? – le exigió Harry - ¡Si no está Ron, entonces me corresponde jodidamente a mí ahora!

Hermione lo miró boquiabierta.

- Oh, Dios mío, es eso, ¿no? Crees que has tomado el relevo de Ron. ¿Es una especie de mierda machista? ¿Vigilar a la chica de tu mejor amigo porque él no puede?

Harry se quedó inmóvil.

- ¿Eres la chica de mi mejor amigo, entonces?

Durante el silencio que siguió, prácticamente Hermione podía sentir las pesadas miradas de Kent, Padma y Harry. Estaba sumamente molesta de ser el centro de lo que, esencialmente, era un comportamiento irracional de Harry.

- Lo que Ron y yo somos, o no somos, no es el tema en discusión. – dijo Hermione entre dientes.

- Muy cierto. – Harry asintió vigorosamente – El tema es que te apareces en lugares desconocidos con un hombre que podría matarte sin dudar. Casi he perdido a uno de mis mejores amigos. No voy a perder otro porque Draco Malfoy de casualidad tenga una fórmula súper secreta que pueda o no pueda salvar el mundo. ¡Me importa una mierda!

Hermione lo veía todo rojo. Habría agarrado la parte delantera de la camisa de Harry y lo habría zarandeado si todavía siguiera usando una, no importaba que fuera media cabeza más alto que ella.

- Esa "fórmula súper secreta" podría muy bien salvar a Ron, idiota. Y podría salvar a Taransay y a cualquier otra persona del mundo que haya sido tocada por este horror. Así que podrías pensar lo muy egoísta que suena cuando dices que te importa una mierda. Nuestra situación no puede ser más desesperada de lo que ya es. Haré lo que sea necesario.

- Eso incluye jugar a inútiles jueguecitos mentales con Malfoy, ¿verdad? – escupió Harry a su vez – No soy ciego.

Ella invadió el espacio que había entre ellos, de tal manera que quedaron nariz contra nariz.

- ¿En serio? Entonces, dime que ves que está pasando ahí fuera. Nadie, ni siquiera los estadounidenses están más cerca de una cura. ¿Millones han muerto y tú tienes la audacia de enfadarte conmigo por ponerme en riesgo si eso significa adquirir una cura? Acostúmbrate. Estarás enfadado conmigo hasta que terminemos. Te quiero, Harry, y sé que tú a mí también, pero lo que estamos intentado hacer eclipsa la manera de sentirnos de ambos.

La mandíbula de Harry se tensó. Metió las manos en los bolsillos del pantalón frunciéndole el ceño a sus pies.

- Me das una charla sobre el egoísmo y la necesidad, sin embargo, le sigues el juego a una persona que está ocultando deliberadamente lo que podría ser una cura. – levantó la cabeza e incluso en la oscuridad, Hermione pudo ver el verde resplandor de sus ojos – Dime, ¿le has dado una charla a él?

Hermione guardó silencio durante un momento.

- No. – dijo finalmente.

- ¿Por qué no?

Hermione suspiró.

- Porque no funcionaria. No con él.

- ¿Entonces, a él realmente no le importa?

- Yo… no lo sé. – admitió Hermione – Pero lo que sí sé es que está trabajando en el ReGen. Tengo tres páginas de la fórmula. Y creo que tengo los medios para garantizar el resto.

Harry resopló.

- ¿Atravesando obstáculos? ¿Llevándolo a alegres paseos a media noche?

- Me uniré al maldito circo si es lo que se necesita, Harry.

Harry intentó responder, pero Padma se materializó entre los dos poniendo una mano en su brazo. Relativamente estaba vibrando de ira.

- Me gustaría volver a la cama en algún momento, ya que debería despertarme en dos horas. Además, estoy bastante segura que la nariz de Malfoy está rota. Si quiere seguir siendo guapo, lo mejor es remediarlo más pronto que tarde.

- ¿Debería terminar el hechizo? – preguntó Kent. Había estado tan silenciosa e inmóvil que Hermione casi había olvidado que estaba allí. La agente estaba parada junto a Malfoy, mirándolo con una resignada diversión. Con el libro de Herbología entre sus brazos.

- Hazlo después de que Harry se vaya. – dijo Padma. Miró intencionadamente a Hermione – Coge a Harry y marchaos. Yo me encargo de esto.

Harry y Hermione iban a protestar, pero Padma los cortó con una mirada de reproche.

- Marchaos. Cuanto antes arregle a Malfoy, antes me iré de vuelta a la cama.

Hermione cerró los ojos. Un tardío agotamiento la invadió; el regusto de una noche de adrenalina en la montaña rusa. Abrió los ojos y miró el libro que la agente tenía en sus manos y luego a Kent.

- ¿Puedo llevarme eso?

Transcurrieron demasiados segundos entre la petición de Hermione y que Kent le entregara el libro. No obstante, se lo entregó. Hermione no tenía ninguna duda de que ella hubiera preferido entregárselo a Richards en su lugar.

Hablando del Vaquero…

- ¿Richards y Scrimgeour no han vuelto todavía de la visita a Taransay? – preguntó Hermione.

- Llegaran debidamente a finales de esta mañana. – respondió Kent. Ella seguía con la escoba de Malfoy.

- ¿Entonces, por favor, podrías enviarles un mensaje de que trajeran a Neville Longbottom con ellos?

- ¿Neville? – preguntó Harry - ¿Por qué lo necesitamos nosotros más que Taransay en estos momentos?

El tono de Hermione todavía sonaba un poco frío cuando habló con él. Ella ya estaba abriendo la puerta trasera para entrar en casa. Más allá de la azotea, el cielo estaba empezando a teñirse de un color rosado.

- Porque al igual que Malfoy, Neville es el único que podría ser capaz de ayudarnos.


Padma dirigió a un reanimado Draco Malfoy hasta la silla de su puesto de trabajo.

- Siéntate.

Él se sentó. Sólo, que no se limitó a sentarse. Más bien, se acomodó con el respaldo recto en una posición de formalidad que probablemente había adquirido por unas costosas lecciones de conducta, o tal vez era algo incorporado en su ADN. Padma lo sabía todo de esas costosas lecciones de conducta, pero la diferencia entre ella y Malfoy es que ella no podía mantener esa pretensión de mierda. La dejadez e ir encorvado no formaban parte del repertorio de Malfoy. Para Padma, ese rasgo no era algo para admirar. Padma admiraba la amplia variedad en las personas y Malfoy era decididamente limitado.

Padma era incluso más bajita que Hermione, por lo cual la silla de escritorio giratoria le quedaba demasiado a ras del suelo para él. Las rodillas dobladas de Malfoy quedaban casi a la altura de sus caderas. Con la mano bajo la chorreante nariz, él la observaba con una intensidad forense mientras Padma cogía el material de primeros auxilios de un estante, dejaba los artículos en un carro de metal y lo dirigía de vuelta a su puesto de trabajo.

- Inclina la cabeza hacia atrás.

Malfoy hizo lo que le pidió. La sangre corría por uno de los lados de su cara, goteando en el cuello de su camisa.

- Intenta no sangrar en mis notas. – dijo Padma, mientras se ponía unos guantes de látex. Utilizó ambos pulgares para empujar el puente de su nariz, que estaba desalineado.

- Au.

- Veo que te has roto la nariz antes. – observó – ¿Una pelea?

- Una Bludger.

- Odio el Quidditch. – dijo Padma. Se escuchó el ruido de un plástico rasgado y un olor a desinfectante – Sé que es algo impactante de admitir para cualquier bruja o mago británico, pero si no puedo confesarlo en el fin del mundo, entonces, ¿cuándo podré?

- Esto no es, au, el fin del mundo, ¡au! – Malfoy la agarró de la muñeca y la fulminó con la mirada - ¿Ya sabes lo que estás haciendo?

Padma resopló.

- Por supuesto. ¿Y tú? – volvió a empujar y acomodar.

Malfoy la observó por debajo de sus manos.

- ¿A qué te refieres?

- A tus razones para estar aquí. – Padma le lanzó un hechizo de anestesia sobre la zona afectada y seguidamente le frotó uno de los analgésicos tópicos del profesor Yoshida – Sigue sentado. Sentirás como si tu nariz no estuviera ahí por un momento. Simplemente respira con normalidad.

Ella siguió trabajando con ambas manos, aplicando cierta presión.

- Ya está. – dijo, pareciendo satisfecha con su trabajo – La hinchazón debería bajar en una semana más o menos, pero tendrás los ojos morados durante algo más de tiempo.

Humedeció una gasa en una solución antiséptica y empezó a limpiar la sangre seca de los cortes y rasguños en las mejillas.

- Mis razones para estar aquí son suficientemente simples de discernir. Hay un indulto al final del túnel. – le dijo él.

- Inclina la cabeza hacia arriba, por favor. ¿Quieres el indulto?

- Soy un fugitivo sin él.

- Permíteme rehacer la pregunta. ¿Necesitas el indulto?

Había dos posibles respuesta a esa pregunta; la correcta y la verdadera. O, tal vez, para Malfoy, una cosa era la misma que la otra. Padma lo dudaba, ya que por eso le había planteado la pregunta en primer lugar. Además, él se estaba tomando su tiempo en responder así que, esperaba, que estuviera contemplando la posibilidad de ser sincero al responder.

- No. – llegó la respuesta, sin ni siquiera el más ínfimo lamento.

Padma sintió un destello triunfal, pero fue eclipsado rápidamente por la renuncia que acompañaba a tener a razón en situaciones desagradables.

- No lo creo. Nunca fuiste diestro en remordimientos cuando íbamos al colegio. Tal vez, te lamentabas cuando te atrapaban, pero nunca tenías remordimientos. Bien, ya puedes bajar la barbilla. Tus ojos ya se están hinchando, pero era de esperar. ¿Estás experimentando mareos, dolor de cabeza, náuseas o pérdida de visión? – le apuntó con una linterna en los ojos, para comprobar que hubiera respuesta en las pupilas.

Él sacudió la cabeza.

Todo parecía normal, por lo que Padma apagó la luz. Los plateados ojos que la observaban eran tan fríos y amenazantes como un glaciar. La bruja con los brazos cruzados se preguntó cómo Hermione podía ver más cualidades más allá de eso. ¿O tal vez Malfoy la miraba de manera diferente?

- ¿Qué hace que el valor personal de mi indulto tenga algo que ver?

Padma casi sonrió ante la pregunta. Él tenía curiosidad por sus razones para preguntarle. ¿Tal vez Malfoy fuera humano, después de todo?

- Porque me sentiría mejor si nos estuvieras ayudando porque quieres y no simplemente como medio para un fin. Porque me preocupa que estés buscando un centenar de maneras diferente para romper este acuerdo tan pronto como te enteres de cómo conseguir lo que quieres sin tener que pagar por ello. Parece que Hermione no puede distinguir la diferencia entre querer el perdón y necesitarlo.

- ¿Y entiendo que tú sí?

Padma se encogió de hombro.

- Siempre he sido la gemela tranquila e introvertida, ¿recuerdas? Cuanto más ruido hacia Parvati, más fácil era para mí sentarme y observar.

- Parvati. – dijo él, como si estuviera comprobando la calidad de la palabra. Pero Padma sabía que simplemente estaba intentando sacar a la superficie el tenue recuerdo de su hermana - ¿Cómo murió?

Padma arrojó los guantes de látex y las gasas ensangrentadas a un contenedor. Empezó a guardar los suministros.

- Al igual que muchos otros en este caos; mal. Ya hemos terminado. Eres libre de volver a tu celda.

Malfoy se puso en pie y alzó una de sus manos para tocar los huesos de su nariz ahora perfectamente realineados. Era un hombre alto y amenazador y una vez más totalmente ensangrentado. Sin embargo, está vez era de su propia sangre, no la de Hermione.

- La cura está en camino. – dijo él. La bruja se preguntó si era su críptica manera de expresarle sus condolencias.

- ¿Y, supongo, que tú y Hermione seréis los que la encuentren para nosotros?

- Mi completa experiencia sigue siendo una opción que tu equipo aún tiene que explorar a fondo. En cuanto a Granger, era y sigue siendo…

- Optimista. – dijo Padma, casi en voz baja.

- Ingeniosa. – finalizó él.

Y luego sonrió. Padma se percató que él pocas veces había hecho eso cuando estaban en el colegio. Principalmente, sonreía burlonamente. Y las muecas burlonas no eran sonrisas, pero podían pasar por ellas cuando eran las únicas manifestaciones externas de deleite que habías elegido mostrar al mundo. No se lo agradeció verbalmente, pero inclinó la cabeza ligeramente en reconocimiento a su trabajo y luego se dispuso a salir de allí.

- Malfoy. – lo llamó. Le costó cada pizca de fuerza de voluntad no exigirle respuestas más concretas. Padma no tenía una mansa imaginación, pero sabía que estaba fuera de su conocimiento cuando se trataba de Malfoy. Probablemente sólo obtuvieras la verdad de hombres como Malfoy por hombres como el agente Richards. Seguramente, sería en una sala de hormigón y con una interpretación muy libre de la Convención de Ginebra.

Él se detuvo en la puerta. Elizabeth Kent revoloteaba afuera, esperando para acompañarlo de vuelta a su celda.

- Ten en mente que si le haces daño a Hermione, ayudaré a Harry a terminar contigo. Y yo no necesito utilizar mis puños. Tengo métodos mucho más insidiosos a mi disposición. Incluso tú tienes que dormir en algún momento, ¿verdad?

Su impasibilidad era inhumana, pero Padma pudo detectar cierta diversión.

- Se lo aseguro, doctora Patil. Hermione Granger no correrá ningún peligro, mortal o no, en el que ella misma no quiera de buen grado participar.