En este mundo, la gente suele rememorar el día en el que se convirtió en superhéroe como el día más importante de su vida, lleno de duro retos y enfrentamientos a su nueva realidad.

Yo no.

A diferencia del tanto por ciento de la población que se vuelve un "superhéroe", yo no tengo ni quiero rememorar un momento tan horrible. Desafortunadamente, tampoco lo olvidaré de mi memoria porque fue el momento de mi vida que cambió todo para peor y me vi envuelto en un mundo del que no quería ni nunca quise saber nada al respecto.

Puedo asegurar que tenía más suerte que la gran mayoría de personas del mundo; nací en una casa común, tuve una vida común y crecí en un barrio increíblemente tranquilo con una tasa de criminalidad baja hasta casi nula y un vecindario aceptable.

- ¡TJ, pásala!

También era capitán de mi equipo de baloncesto, lo cual mis compañeros pueden dar fe al realizar esa jugada de triple perfectamente. Me llamo Todd Jackson, pero prefiero que me digan por mi apodo de TJ. Juego en los Fénix del Instituto de Enseñanza Secundaria Ashford en Sunnyside, Boston.

- ¡Y triple para los Phoenix de una jugada excepcional entre el pívot Hansen y el capitán TJ Miller!

Ese que comenta a grito pelado es Jamie, mi chico. Siempre disfruta comentando nuestros entrenamientos, algo que jamás entenderé.

- Sanders, te lo tengo dicho; ahórrate esos comentarios para los partidos.

- ¡Yo también practico, entrenador!

- Sólo hablar no es practicar. Eso puedes hacerlo en casa.

- Dígaselo a los del club de debate.

- No es lo mismo y lo sabes.

Después de practicar, acostumbraba a ir a casa con Jamie, siempre los dos solos.

- Buena práctica, ¿eh?

- A mí me gusta más verte sudar la gota gorda.

- Pervertido.

Me saca la lengua, travieso, y aprovecho para darle un beso en el cuello, pero se me aparta.

- En la calle no. Podrían vernos.

- Jamie…

- Sé que no te gusta. A mí tampoco, pero te lo pido por favor. Si mi madre se entera…

- Tu madre no puede mandar sobre tu vida. Tarde o temprano vas a tener que encarar esta realidad.

- ¿Has conocido a mis padres? Jamás lo aceptarán. Y no tengo ganas de ser uno de esos chicos a los que mandan a un correccional psiquiátrico.

- Estamos en 2021, Jamie. No en el siglo 18. Si tus padres no saben aceptarte por cómo eres por dentro y por fuera, pasa de ellos.

- Eso me mandaría a San Francisco con mi tío Lenny. Y ya no se habla con nosotros desde que mi padre le dijo lo avergonzado que estaba de tener "un hermano degenerado pansexual".

- Pues yo le voy a caer gordo si me conoce.

- Esto es serio. Si me voy, no podré volver a verte más.

- Siempre tendríamos Skype.

- ¿Y dejarte al amparo de una lagartona cualquiera? Ni por todos los demonios del infierno. Y no te atrevas a decirme que no te preocupa que otro tío bueno cualquiera vaya a sustituirte.

- No te creía tan fácil. Ni tan superficial.

- ¿A quién estás llamando fácil, donjuán?

- A ti, casanova. Además, si terminas en San Francisco algo me dice que un gay cerrado como tú no sobreviviría en una comunidad LGTB local como esa ni de coña.

- Te odio.

- No, que va.

Jamie y yo empezamos a salir hace un mes después de una fiesta en casa de Hansen para celebrar nuestra duodécima victoria en el campeonato escolar de Boston. Es demasiado mono para ser un chico, casi parece que tira a lo metrosexual si bien parece que no le hace falta alguna. Lo que me sorprende, siendo como es, es que me lo pidió él. Claro que me explicó que no podían vernos juntos nunca y que si quería estar con él nunca podría contárselo a nadie. Por suerte para mí, soy un tío paciente y siendo esta mi primera relación quería evitar pecar de sobón ni nada por el estilo. Claro que al volverse común este tipo de interacciones, llegaba el momento cuando estábamos solos de demostrarnos cariño y por puro reflejo casi no lo hacía. Jamie lo entendía, no obstante; llevábamos mucho tiempo haciendo este tipo de cosas. Algún día esperaba que tuviera la voluntad de enfrentarse a sus padres sobre sí mismo, pero hasta entonces sólo teníamos esto y tendríamos que conformarnos.

La llegada a casa siempre se me antojaba agridulce porque tenía que separarme de Jamie y quería exprimir cada momento con él mientras pudiera, pero tarde o temprano llegaba. No es que me llevara mal con mis padres, de hecho éramos uña y carne.

- Ya he vuelto

- Hola, campeón ¿Qué tal el entrenamiento?

Mi padre era forofo de baloncesto, seguidor de los Celtics de toda la vida. Supongo que a él le debo mi pasión por el deporte gracias a que todos los días desde que tengo siete años hemos estado viendo partidos juntos al menos una vez al día entre semana después del trabajo. Él lo llama nuestra "tradición paterno-filial". A mamá no le hace mucha gracia, porque cuando nos juntamos a ver un partido en temporada de campeonatos terminamos dejando el salón hecho un asco y nos dice que lo recojamos o no volveremos a ver otro partido más. Menos mal que a papá le iba sólo el baloncesto, porque cuando no había campeonatos o partidos interesantes yo tenía mis partidos de beisbol, porque si no oiría la misma bronca un día tras otro.

- Bien, papá. Hemos estado practicando nuevas técnicas para marcar más triples.

- Buen trabajo. De aquí a las ligas profesionales, un paso.

- ¡De eso ni hablar!

Mamá no parecía tan emocionada por mi futura carrera deportiva profesional como lo estaría papá. A mí no me molestaba, tener opciones para el futuro siempre está bien. Y si me daban una beca para pagarme lo estudios, tanto mejor.

- Tu hijo tiene que ganarse la vida honradamente, no convertirse en un deportista de esos al que le basta tener una mala racha para que le hundan la vida.

- ¿Acaso asumes que algo así podría pasarle a nuestro hijo?

- ¡Le podría pasar a cualquiera! No voy a correr riesgos. Y él tampoco debería.

- Tranquila, mamá; sólo entreno para conseguir la beca de deportes. Quizá algún día me pague la carrera para que os ahorréis un pastizal en mis estudios.

- Cariño, pagar por tu carrera es una inversión, no un gasto.

- No dijiste lo mismo cuando por mi cumpleaños te pedí aquel reloj.

- Muy listo, señorito, pero no es lo mismo ni de lejos. Además, no necesitas uno de esos trastos para nada.

- Me ayudaría a entrenar mejor.

- Cuando conozcas de algo que te ayude a estudiar mejor, lo pensaré encarecidamente.

- Como te gusta cortar el rollo, desde luego.

- ¡Carca!- gritó mi padre desde lejos.

- Sigue así y pasarás la noche haciendo la colada.

Papá me guiñó el ojo en signo de complicidad mientras reíamos a carcajada batiente.

- En noticias internacionales, los resquicios de la ciudad de Attilan se han estrellado cerca del río Hudson después de la invasión del Titán Loco Thanos. Miembros de la Familia Real Inhumana han pedido asilo temporal mientras buscan una forma de poder reconstruir su hogar. El presidente ha accedido a sus peticiones…

Solamente había una cosa, sólo una en todo el mundo, que nadie en mi familia ni en mi vecindario toleraba en lo absoluto. Y las noticias de la tele se lo acababan de recordárselo mientras inmediatamente cambiaba de canal.

- Bah, superhéroes- cada vez que lo decía me recordaba a Ebenezer Scrooge, pero en más joven- Esto es lo que hacen esos tíos y tías en mallas yendo y viniendo por la ciudad "haciendo el bien"; traer caos. Malditos locos. Y lo peor es que piensan que son buenos. Y encima los chavales se lo creen. Tú no seas como esos, TJ. Sé listo.

- Si, papá.

Yo prefería no meterme en ese debate porque sabía lo que significaba para mi familia y el vecindario. No estaba en contra, pero tampoco a favor. De hecho, había aprendido a reconocer muchas cosas negativas de ese mundillo y podía señalarlas todas en un tiempo récord. Paso de los cómics, los supergrupos y toda esa movida. Admito que eran espectaculares, pero tanto como pueda ser una mariposa lo poco que le quede de vida nada más salir de la crisálida. Prefiero el baloncesto y el rock n' roll, gracias.

- Esa gente es peligrosa- siguió mi madre- El gobierno debería hacer algo con todos esos Inhumanos, mutantes, aglomeraciones de metahumanos y todo eso.

- Seguro que el presidente espera conseguir algo a cambio de su buena voluntad, mamá.

- ¿Y qué podría ofrecerles una banda de alienígenas con superpoderes al gobierno estadounidense?

- Vete a saber. A veces basta con un simple trato. Y sabes: yo te rasco la espalda a ti y tú me la rascas a mí. Esas cosas.

- Basta de política. Hoy tocan las hamburguesas caseras de tu madre y sesión de cine.

- ¿Para qué? ¿Otra película autobiográfica de Tony Stark? No, gracias.

- Te juro que ese hombre se está haciendo de oro con esas películas para pagarse la jubilación.

Pero aún con todo, era feliz. Éramos felices. Estaba bien y me gustaba mi vida.

Recuerdo bien este día, porque los que siguieron de ahí en adelante pasaron a ser una pesadilla de la que uno nunca despierta.

Esa noche no podía dormir, asi que fui a hacer lo que hacía cada vez que no me dormía: practicar tiros libres. Por suerte papá y mamá tienen el sueño duro y era tan tarde que habría hecho falta una explosión nuclear para despertar a nadie aquella noche. Entonces noté una rara niebla rodeándome. No tenía ningún olor particular, pero algo en ella hacía que me notara raro. Entonces sentí sueño. La pelota se me escapó de las manos. Sentía como si me estuviera rodeando una manta invisible que se iba volviendo visible poco a poco. Trataba de mantenerme despierto, pero era imposible. Ni siquiera pude gritar por ayuda, mi voz se apagó lentamente. Luego llegó la sombra y fue como si desapareciera.

Hoy miro atrás y pienso "¿Por qué saliste a la calle, idiota? ¿Por qué?"