¡Esté es el segundo capítulo que he publicado hoy! No vaya a ser que leáis primero este y os spoileis a vosotras mismas... xD
¡Disfrutad y preparaos para lo que viene!
¡Besoteeeees!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
N/A: Además de Horror y Gore en este capítulo hay muerte de personaje. Aunque creo que ya lo suponíais. En muchos sentidos, realmente la historia comienza desde aquí. Gracias por vuestro apoyo y comentarios. Los aprecio todos ellos.
Capítulo 15 – Held Hands (Manos Agarradas)
Hermione se quedó mirando el monitor; observando los resultados de las seis horas de modelación que habían llevado a cabo utilizando el ordenador. Frunció el ceño. Y porque simplemente estaba frustrada, sacudió el puño frente a ello.
La baja risa de Malfoy era casi inaudible, pero ella lo escuchó porque directamente estaba parada detrás de él mientras estaba sentado en una silla frente a su ordenador.
- Si las amenazas no funcionan, lo siguiente que podrías utilizar sería el soborno.
Y tú lo sabes todo de esos métodos sin escrúpulos, pensó Hermione. Le llevó un esfuerzo no echarle un vistazo a la pizarra que tenía a su izquierda, que contenía un resumen de las notas del D.R.A.C.O que les había cedido hasta ahora. Era un proceso lento, que frustraba a Kate McAlister aún más que a Hermione. Eso tenía sentido porque McAlister era viróloga y era un tipo especial de tortura que se lo ofrecieran breves destellos fragmentados del Santo Grial, por así decirlo. Malfoy había sido fiel a su palabra; habían conseguido más páginas durante la última semana y hasta ahora las había intercambiado por cosas aparentemente sin importancia. Y a pesar de las predicciones de Harry, Hermione no había participado en ninguno de los tratos.
- Todavía no. – le advirtió Harry – Dale algo de tiempo al bastardo para que vuelva a las andadas de nuevo.
Pero entonces el D.R.A.C.O desapareció temporalmente de sus mentes cuando el lote incrementado más reciente de ReGen comenzó a fallar. Dada la tasa de fracaso, ya no era adecuado mantener las pruebas de los fármacos sobre Ron. Esa fue la razón por la que Mercer introdujo la técnica SVM, lo que les permitía ejecutar modelos informáticos de las distintas permutaciones del ReGen para ver cómo iba contra una Infección que continuamente mutaba.
Hermione cogió el informe y frunció el ceño.
- ¿Por qué seguimos obteniendo resultados diferentes? ¿Estamos incluso usando esta cosa correctamente?
- Llama a Mercer para comprobarlo. – sugirió Malfoy. Su nariz rota ya se había curado por completo, aunque a corta distancia, todavía se podía ver la sombra de la terrible contusión.
- No. – dijo Hermione – Alec está en su descanso en este momento. Dejémosle estar.
- Podría ser un error al introducir los datos. – volvió a sugerir Malfoy. Tomó una taza que olía como a brandy con un poco de café.
- Tú has elaborado el conjunto de datos.
Él se encogió de hombros.
- No soy infalible.
- ¿En serio? – Hermione arqueó las cejas – Actúas como si lo fueras.
Malfoy le dedicó una torcida sonrisa.
- No tengo la culpa de tu errónea percepción sobre mí.
Hermione estaba segura de que si encendiera una cerilla, el espacio entre ellos se incendiaria por el alcohol que despedía su aliento. Aun no estaba cerca de estar borracho, pero ahí no había potencial para ello.
Entonces, ¿qué haces cuando tu trabajo y productividad están cayendo en picado ya que has estado treinta y seis horas sin parar y que la última vez que comiste algo fue cuando Neville Longbottom te dio un pedazo de pan tostado y ahora Malfoy te está mirando como si fueras el tablero de ajedrez en una partida que estaba jugando con un maestro?
- Dame eso. – murmuró, tomando la taza de las manos de Malfoy.
Hermione vació el resto del corrosivo contenido, muy consciente de que él había girado la silla para mirarla a la cara. Estaba parada entre sus piernas mientras estaba sentado, despatarrado y relajado. Ya no sonreía. Había algo de la extraña rabia que había visto en él en la reciente excursión a Hogwarts. No era una rabia hacia ella, por sí misma. Por el contrario, Hermione sospechaba que podía estar autodirigida. No parecía disfrutar de la intimidad si no tenía un completo control sobre ella. Se preguntó si, como ella, a veces se olvidaba de sí mismo cuando estaban juntos. Fuera lo que fuera ese "sí mismo"…
Esas meditaciones pasaron a un segundo plano en cuanto empezó a sentir el ardor pasar por su garganta.
- Maldita sea. – jadeó Hermione, con los ojos comenzando a aguarse. Con diversión, Malfoy le cogió la taza. Se produjo un silencio. Era imposible volver la atención a la pantalla de ordenador, no con la forma en que la estaba contemplando.
- ¿Qué te gustaría hacer en este momento, si pudieras hacer lo que quisieras?
Hermione se puso nerviosa inmediatamente y no tenía nada que ver con el alcohol. Viniendo de Malfoy, eso era como preguntarle el nombre de su canción favorita. Ella escudriñó su pálido y apuesto rostro, quedándose perturbada al encontrar, ¿una genuina – se atrevía a decir – y amistosa curiosidad? Y una languidez que parecía estar haciendo mella en ella también. Debería estar satisfecha de que la opacidad de Malfoy no fuera una situación permanente. Obviamente, había profundidades en él y parecía estar observando distintos niveles en ese momento.
- Preferiría estar mirando los resultados que confirmaran que hemos arreglado permanentemente el ReGen. – dijo ella, con rigidez. Recogió una pila de viejos informes y se acercó a la mesa desocupada de Padma, a varios metros de distancia. Era extraño cómo la proximidad nunca era un problema cuando estaban trabajando. El resto del tiempo, nunca estaba lo suficientemente lejos de él.
- No me refiero a lo que quieres que pase en este mismo momento, en esta habitación, en esta realidad. Quiero decir que si esto nunca hubiera ocurrido, ¿qué te gustaría hacer? – persistió él.
Ella se encogió de hombros.
- Supongo que estaría trabajando en el Ministerio.
- ¿Eso es lo que hacías antes de la Infección?
- Sí. – a veces, era fácil olvidar que él había estado fuera de juego durante años.
- ¿Pero era eso lo que querías hacer?
Hermione abrió la boca para decir que sí, pero se contuvo. Ella siempre había tenido la aptitud para la investigación, ¿pero había elegido realmente su vocación? ¿Era su vocación? Dios, nunca había pensado en ello. No había habido realmente ninguna carrera alternativa, ciertamente no cuando Voldemort había sido una amenaza. Sólo pensar en Voldemort, volvía a poner las cosas en perspectiva.
- Algunos de nosotros no tuvimos el lujo de elegir opciones cuando los magos oscuros y sus seguidores idiotas decidieron que iban a intentar destruirlo todo.
Malfoy, al parecer, no estaba de acuerdo.
- Oh, tenías opciones. Eres hija de muggles. Voldemort no era parte del mundo en el que naciste. Podrías haberte marchado.
Eso la enfureció e inexplicablemente se decepcionó con él.
- Voldemort habría terminado siendo un problema tanto mágico como muggle. O bien eres delirantemente ignorante o estás siendo deliberadamente falso. Y si piensas que habría dejado que Ron y Harry se encargaran de ello, entonces es que no has aprendido nada de mí en estas últimas semanas.
Él se puso en pie y cruzó la habitación hacia ella. Como de costumbre la ropa que vestía era prestada; en esta ocasión llevaba los pantalones azules vaqueros de Felix Wallen y una lisa camiseta negra. Era irónico lo bien que le quedaba la ropa que no le pegaba en lo más mínimo. Pero realmente Hermione no tenía ni idea de que era lo que encajaba con él. Aparentemente, no eran las túnicas formales. Ni el equipo de combate que había llevado a la misión del hospital ni el uniforme de la prisión.
- He dicho que podrías haberte marchado, no que tendrías que haberlo hecho. – dijo Malfoy, cuando se detuvo frente a ella – Mi conocimiento de lo que significa esa distinción cuando se trata de ti, Granger, demuestra lo mucho que te entiendo.
Hermione no respondió, en su lugar fijó la vista en algún lugar al otro lado de la habitación, intentando calmar su ira.
Malfoy bajó la cabeza.
- Estás enfadada. – concluyó, sonando casi como si estuviera halagándola - ¿Por qué?
Hermione lo miró a los ojos.
- Porque cuando eres así, haces que me olvide de quién eres.
Recordó la macabra conversación que habían mantenido en el baño, poco después de que hubiera llegado a Grimmauld Place. Sentía como si hubieran pasado años desde la peligrosa tensión de aquellos primeros y difíciles días.
"La mala gente se encuentra en cualquier lugar, si te preocupas en mirar."
"En efecto. Hay una de esas personas aquí, en esta habitación."
- Dime si he pillado tu justa medida, Granger. Te preocupas porque es tu naturaleza hacerlo y ayudas porque puedes.
- ¡Porque tengo que hacerlo! – y Merlín, el resentimiento en su voz la sorprendió. Cuando finalmente se armó de valor para mirarlo, él la estaba observando con algo parecido a la piedad.
- Debe ser absolutamente agotador estar en esa cabeza tuya. – dijo, sonando exasperado en su nombre. Para consternación de la bruja, levantó la mano y metió un rebelde rizo detrás de su oreja. Sus dedos se detuvieron en la parte externa de su oreja, logrando que su piel se erizara desde el nacimiento de su pelo hasta su escote – Incluso ahora estás preocupada de ser egoísta simplemente pensando que podrías ser egoísta.
Hermione lo agarró de la mano y se quedó totalmente aturdida, una vez más, cuando él enroscó los dedos con los suyos. Lo que aún fue peor es que ella lo dejó. Su gran mano era cálida y fuerte. La castaña se relajó, dejando que Malfoy tomara la carga de probablemente más que el peso de sus manos juntas. La idea de compartir la carga era tan dolorosamente deliciosa que incluso se tambaleó al pensar en ello. Por primera vez en mucho tiempo – años, tal vez – se sintió tentada de expresar un pensamiento tan oscuro y vergonzoso.
Tal vez no quiero hacer nada de esto más…
La idea era tabú. Pensar tal cosa estaba prohibido y moriría antes de ceder a tal indulgencia. Y, sin embargo, había algo en Malfoy que le hacía simplemente decirlo.
Él pareció darse cuenta de lo cerca que estaba de admitirlo.
- Permíteme preguntarte esto, entonces, ¿qué es lo que quieres?
Estuvo mal lo rápido que había salido la respuesta de ella. Estaba empezando a sentir el cálido escozor de las lágrimas que combinaba muy bien con el vergonzoso nudo en su garganta.
- Quiero no ser necesaria.
- Sí. – el asintió – Reparte la carga, Granger. Lo llevas todo y te estás fragmentando por el peso. Estoy desconcertado y sorprendido, a partes iguales, de que algo tan pequeño y frágil haya podido durar tanto tiempo.
Eso la molestó. Ya tenía suficientes prejuicios a los que hacer frente, siendo hija de muggles y mujer.
- No soy frágil.
La mano de Malfoy se deslizó a la parte de atrás de su cuello, sepultada bajo el peso de sus rizos. Utilizando el pulgar y el dedo corazón, presionó profundamente la base de su cuero cabelludo, masajeándolo. Dios, eso era la felicidad. Sus ojos se cerraron, diciéndose a sí misma que debería alejarse ahora… pronto…
Oh, maldita sea, se sentía tan bien.
- Tus límites son demasiado fáciles de discernir. No habrías sobrevivido ni una semana a las filas de Voldemort.
A pesar del hecho de que era una locura ofrecerle a Malfoy cualquier forma de incitación, no podía convocar la fuerza de voluntad necesaria para alejarse. Dejó caer la cabeza hacia adelante, para permitirle mejor acceso a la parte posterior de su cuello. Hermione sintió sus labios en el nacimiento de su pelo, percibiendo su cálido aliento.
- ¿Cuáles son tus límites? – le devolvió la pregunta - ¿Qué nos hace tan diferentes?
- Soy pragmático. – dijo él. Pudo sentir su voz retumbar – Flexible.
- ¿Yo no?
- No como Scrimgeour y Richards. Y ni siquiera dejas que ellos hagan su trabajo.
Hermione entendió lo que estaba diciendo y se alarmó lo suficiente como para levantar la cabeza y mirarlo. Él no la soltó. En cambio, sintió como la mano de Malfoy se deslizaba sobre su columna vertebral, masajeándola hasta el final. Desde hacía varias semanas había visto esas mismas fuertes manos de largos dedos en funcionamiento; escribiendo, mecanografiando, midiendo, dispensando, administrando. Era un trabajador minucioso, sorprendentemente inteligente e inherentemente intuitivo cuando se trataba de una investigación. Poseía todas las cualidades que ella admiraba y, sin embargo, también era Draco Malfoy. El mundo se había vuelto loco, claramente. ¿Y por qué no? Estaba al borde de la aniquilación.
- ¿Crees que debería haber dejado que Richards te torturara para obtener la información?
- Es lo que yo habría hecho y no es demasiado tarde para cambiar de opinión.
- Estás loco.
La mano izquierda de Malfoy se enlazó con la derecha de Hermione y la mano que le quedaba libre a él ahora se posaba en su mejilla, inclinándole la barbilla para encontrarse con su boca. Malfoy la estaba tratando como si fuera porcelana china, como si fuera tan frágil como él decía que era. Iba a besarla, y esta vez no había habido ninguna negociación previa en relación al D.R.A.C.O. Esos sólo eran él y ella, y muy posiblemente el exceso de estrés y demasiado brandy con el estómago vacío.
Las alarmas se dispararon tanto en el ordenador de Hermione como en el de Padma. No eran ruidosas, pero eran apremiantes.
La cabeza de Malfoy se alzó bruscamente.
- ¿Qué es eso?
Hermione ya había empalidecido.
- ¡Ron! – dijo, a modo de explicación. Corrió hacia su ordenador y buscó a través de todas las numerosas ventanas del escritorio hasta que encontró la que mostraba las lecturas en el equipo que monitoreaba el estado de Ron – Que extraño. No están registrando nada. – dijo, frunciendo el ceño.
- Quieres decir…
- No. – respondió ella, sabiendo lo que había estado a punto de sugerir – No indican que tiene problemas. – parpadeó con perplejidad – Parece como si se hubiera desconectado de todo el equipo. O que ha habido algún catastrófico fallo eléctrico. Voy a bajar a echar un vistazo.
Hermione apresuradamente abrió el cajón de su escritorio, sacó el botiquín y se dirigió velozmente a la puerta del laboratorio justo cuando Honoria Cloot estaba entrando.
- ¡Oh, bien! – exclamó Hermione, aliviada de ver a la medimaga - ¡Tenemos que bajar a ver a Ron! Él…
- Imperio. – dijo, Honoria.
- Deja el botiquín y dame la correa de Malfoy. – exigió Honoria.
Hermione dejó caer el botiquín al suelo, pero luego se quedó inmóvil.
- He dicho…
- Estás perdiendo el tiempo. – dijo Malfoy. Tenía la cara inexpresiva, pero sus ojos estaban fijos en la varita que Honoria tenía tendida hacia Hermione – Estoy atado a la agente Kent en este momento.
- Oh, - dijo Honoria, pareciendo momentáneamente desconcertada – Hermione, se tan amable de encontrar a Elizabeth Kent por mí. Tráela aquí. Dile que necesitas ayuda urgente. Despiértala si es necesario. ¿Lo has entendido?
Hermione asintió.
- Excelente. Ve.
Honoria se esperó hasta que las puertas del laboratorio se cerraran, antes de volverse hacia Malfoy.
- Tú… - dijo, cruzándose de brazos.
- Sí, yo. – Honoria sonrió.
Hermione rugía, atrapada en una pequeña porción de su cerebro, donde tenía permitido ver, oír, sentir, tocar e incluso hablar, pero sus acciones no eran de su propia voluntad. Era una marioneta. El sadismo del Imperio era que te hacía sentir como si te estuvieran tirando de unas cadenas tan pronto como se retransmitían las instrucciones del hechicero. También había un ligero bucle de retroalimentación entre Hermione y Honoria. Si Hermione extinguía su propio pánico, simplemente podría sentir que Honoria estaba ansiosa, pero excitada. Felizmente excitada. Eso era bueno. Eso significaba que nadie tendría que salir herido o muerto, incluyendo a Malfoy.
- Hola. – le dijo Mercer, quien pasaba a su lado por el pasillo.
¡Alec, ayúdame!, quiso decir Hermione. Por supuesto, de su boca no salió nada.
- Si estás buscando los Tim Tams, será mejor que te des prisa. Padma está acabando con el último paquete. – él la rodeó, dando dos pasos más adelante.
Hermione bajó la cabeza a sus pies y los quiso hacer parar. Pero no lo hicieron. Así que continuó caminando a lo largo del pasillo, pasando la habitación del profesor Yoshida que estaba hablando enérgicamente con Richards. El Vaquero se reía entre dientes. Era un sonido tan raro y agradable, viniendo de él. Pasó por delante de la habitación que compartían Harry y Neville y finalmente se detuvo en la última habitación; la ocupada por Padma y la agente Kent. Hermione giró el pomo de la puerta. Y la abrió. Padma estaba en la cocina como Mercer había dicho, pero la agente Kent estaba dormida. Eso no era sorprendente teniendo en cuenta que acababa de finalizar un turno de doce horas. Resultó que Hermione no tuvo la necesidad de despertarla. La Debutante se despertó tan pronto como la puerta se abrió. Aturdida y con marcas en la mejilla, seguía pareciendo una princesa de cuento de hadas.
- ¿Granger? ¿Va todo bien? – preguntó, con la voz de dormida. Ya tenía la varita entre sus manos.
Hermione quería llorar. Elizabeth Kent era formidable; tan buena como Harry y tal vez tan impecable peleando como Malfoy. Pero incluso para ella era imposible que pensar siquiera en defenderse de uno de los suyos; de un amigo.
- Por favor, ven al laboratorio de inmediato. Te necesito. – se oyó decir Hermione.
¡No me escuches!
Kent frunció el ceño.
- ¿Qué pasa?
- Por favor, ven conmigo ahora.
Le tomó dos minutos a Kent ponerse una camiseta encima de la camiseta sin mangas de pijama y siguió a Hermione por las escaleras. Allí, se encontraron con Harry. Hermione quiso gritar de frustración cuando Harry no les preguntó dónde iban con tanta prisa. Y maldita sea, Kent no le ofreció ninguna explicación no solicitada.
¡HARRY! ¡HARRY! ¡HARRY!, gritó Hermione silenciosa y desesperadamente, ¡AYUDA!
Pero él siguió hacia adelante.
Hermione llegó primera a las puertas del laboratorio y las abrió de un empujón. Intentó hacer cien cosas diferentes para pararse, enviarle sutiles señales a Kent de que más allá de esas puertas había una trampa, pero nada de eso funcionó. En el interior del laboratorio, Honoria estaba de pie con la varita alzada y los labios entreabiertos de la anticipación. Y luego estaba Malfoy. Parecía pensativo, expectante. No había ni un rastro de pánico o alarma en su expresión. Minutos atrás, él había estado sosteniendo su mano. Ahora, a penas lo reconocía. El dudoso aliado y científico había desaparecido. Ahora estaba mirando a un Mortífago.
Harry se detuvo. Se volteó lentamente, atacado por un sentimiento extraño al ver a Hermione y a Kent caminar hasta el final del pasillo y desparecer en el laboratorio.
Honoria lanzó la maldición asesina tan pronto como Elizabeth Kent cerró las puertas del laboratorio detrás de ella. Una explosión de luz verde iluminó brevemente la estancia. Hermione estaba parada junto al cuerpo de Kent, mirando fijamente hacia adelante a nada en particular.
Kent cayó elegantemente al suelo, considerándolo todo. Su cabello largo y rubio se desplegaba alrededor de la cabeza y tenía la varita todavía en su mano. La correa dorada se materializó en torno a su muñeca, ahora vívidamente corpórea. Honoria la recogió y la ató alrededor de su propia muñeca. Después de eso, rompió la varita de Kent por la mitad.
- ¿Así que tenemos claro qué es lo que tiene que suceder? – le preguntó a Malfoy.
- Clarísimo. – respondió él.
En el poco tiempo que Hermione había salido en busca de Kent, Malfoy había reunido todos los archivos con respecto al ReGen. Honoria tomó una caja vacía de documentos de uno de los estantes y le dio instrucciones a Malfoy para que la llenara con todas las notas y datos.
- Rápido. – dijo ella, mirando con ansiedad las puertas – Tenemos menos de media hora para el inicio del siguiente turno. – comenzó a limpiar las notas de la pizarra.
- Hecho. – informó Malfoy. Dejó caer la caja al suelo, sin mucha delicadeza.
- Ahora limpia los ordenadores.
Eso lo hizo reír, aunque no había nada de divertido.
- Su fe en mí es humillante, señorita Cloot. ¿Se ha dado cuenta de que si yo fallo en crear una cura, este equipo será, efectivamente, la última esperanza de la humanidad? Si lo saboteamos, podríamos estar perfectamente saboteándonos a nosotros mismos.
- Mi jefe está dispuesto a correr ese riesgo.
- Pero, ¿y tú?
Honoria lo apuntó con la varita.
- Me muevo donde reside la ventaja, al igual que tú. Primero eres un superviviente y después un científico. Ahora, ¿vas a limpiar los ordenadores o tengo que ponerme creativa?
Malfoy no se movió. Honoria puso los ojos en blanco.
- Bien. – tendió la varita hacia cada uno de los nueve ordenadores del laboratorio y les lanzó un hechizo que los aplastó lentamente. No era tan preciso como la eliminación manual de datos, pero tendría que servir. La sala se llenó del sonido del metal crujiendo y retorciéndose y de un acre hedor químico. Cuando esa labor estuvo completa, Honoria se acercó al banco del laboratorio donde se guardaban los discos duros portátiles e hizo lo mismo con ellos.
- Habrá copias de seguridad en otro lugar. – señaló Malfoy.
- Sin duda. – respondió Honoria – Esto no detendrá el Proyecto Navidad, pero le hará reducir velocidad y le dará a mi jefe una saludable ventaja. Y hablando de ralentizarlos… - se volvió hacia Hermione – Ven aquí.
Hermione, obedientemente, se acercó a Honoria, deteniéndose justo al lado del escritorio de Padma.
- Hermione, quiero que tomes un bisturí del botiquín de Padma.
- ¿Qué estás haciendo? – siseó Malfoy – No tenemos tiempo para esto. Tenemos que marcharnos ahora.
- En efecto. – dijo Honoria – Pero me aseguraré de que tengamos ventaja si deciden apremiarnos. Hermione, mantén el bisturí contra tu cuello. Ahora quiero que…
- Piénsalo, estúpida. – la interrumpió Malfoy - ¡Si le haces daño a ella, Potter estará doblemente motivado a la hora de localizarnos!
El suave "plop" de una aparición fue audible en la tensa atmosfera del laboratorio, pero la breve advertencia no fue suficiente para que Honoria se defendiera.
- Deberías escucharlo. – dijo Harry, después de aparecerse directamente detrás de Honoria – Me conoce mucho más que tú.
Al momento, Honoria fue tirada al suelo. Ella lanzó un hechizo una y dos veces. El segundo hechizo rebotó en una pared, pasando muy cerca de Hermione, quien se mantenía inmóvil sosteniendo firmemente el bisturí. Lo presionaba levemente contra un lado de su cuello, pero con la presión suficiente para que una gota de sangre se deslizara desde el pequeño pinchazo.
Harry bloqueó los brazos de Honoria detrás de su espalda. Ella se resistía y sacudía brevemente, pero con un gemido final de dolor, dejó caer la varita.
- ¡Malfoy, cógela! – exclamó Harry.
Malfoy suspiró.
- Oh, Potter. Realmente deberías tener más cuidado al seleccionar tus aliados. – dijo, antes de patear a Harry en la barbilla – Eso es por romperme la nariz.
Harry cayó sobre su espalda. Perdió el agarre de su varita. Se deslizó por el suelo laminado, deteniéndose justo debajo del escritorio de Padma, al lado de Hermione.
Ahora liberada del agarre de Harry, Honoria empezó a buscar desesperadamente su varita. Ella le sonrió a Malfoy cuando la recuperó, pero la mirada de triunfo murió en su cara cuando sus ojos pasaron de Malfoy a las puertas del laboratorio.
Ronald Weasley estaba parado en el interior de la puerta, observando con ojos hundidos y demacrado. Su postura era encorvada y rígida y se inclinaba ligeramente a la izquierda. Todo el lado izquierdo de la bata de hospital que vestía estaba manchado de sangre, al igual que la mitad inferior de su cara. En la mano derecha cerrada en un puño, sostenía una mata de pelo rubio corto, enmarañado y ensangrentado. Una jeringuilla le sobresalía de la base del cuello.
Harry se incorporó hasta sentarse. Sangraba profusamente por la boca y la nariz, de tal manera que la sangre le burbujeó en los labios cuando intentó hablar.
Malfoy se quedó muy quieto, con el cuerpo en una postura defensiva y las manos tensas a un lado. Se dirigió a Honoria sin mirarla.
- Libera a Granger.
Honoria no respondió. Estaba aturdida mirando boquiabierta a Ron.
Pero, aparentemente, Ron sólo tenía ojos para Hermione, quien estaba más cerca de él. Con unos bruscos y espasmódicos movimientos, pasó por encima del cuerpo de Kent. Sus pies descalzos dejaban ligeras huellas de sangre a lo largo del suelo. Se detuvo delante de Hermione y levantó una de sus manos cerradas en puños. La expresión de Hermione era serena, con los ojos fijos en algún punto encima del hombro de Ron. Sin embargo, una solitaria lágrima se deslizaba por su mejilla. Requirió un gran aparente esfuerzo para que Ron abriera el tembloroso puño, dedo a dedo, y luego colocara la rígida mano sobre la cara de Hermione. Dejando un rastro de sangre en su piel. Sus movimientos fueron torpes cuando intentó acariciar la mejilla de la bruja. Una aguda mirada de frustración desencajó el rostro de Ron por su incapacidad para perfeccionar sus movimientos. Su muñeca chocó contra el bisturí que Hermione aun sostenía y la cortó. La sangre empezó a fluir por debajo de la clavícula de la chica. Ron no pareció notarlo. Él soltó un sonido bajo de lamento e inclinó la cabeza hacia Hermione.
- ¡Ron! – chilló Harry. Parecía horrorizado – Ron, amigo… no estás bien. Aléjate de Hermione. Tienes que dejar que te ayudemos. – Harry intentó levantarse, pero se detuvo cuando Ron giró la cabeza hacia él y emitió un suave gruñido amenazador.
- Potter, te recomiendo encarecidamente que te mantengas quieto. – le aconsejó Malfoy. Ante el sonido de esa voz, la mirada de Ron vaciló brevemente hacia Malfoy, pero era obvio que su atención estaba fija en Hermione.
- Haz algo. – susurró Harry a Malfoy y Honoria. Se quedó mirando su propia varita, bajo el escritorio de Padma.
Otra lágrima se deslizó por la mejilla de Hermione. Ron sacó la lengua, del color de las berenjenas, y lamió el salado rostro. Empezó a acariciarla mientras ella emitía un sonido bajo, gimoteando.
- Malfoy, ayúdala. – dijo Harry, suplicando abiertamente ahora. Estaba luchando por mantenerse en pie.
- Honoria, finaliza ahora mismo la maldición o no iré contigo. – la amenazó Malfoy, con una mirada dura como el diamante intentando agujerear la parte posterior de la cabeza de Honoria.
Pero ella no parecía prestarle atención, parecía que ni siquiera lo había escuchado. Entonces, Malfoy empezó a caminar hacia Hermione, pero se detuvo en seco cuando la cabeza de Ron se volvió bruscamente hacia él. La tierna expresión que llevaba en sus facciones se reemplazó con un salvaje gruñido. La advertencia estaba clara; mantente alejado.
- Finite Incantantem. – dijo finalmente Honoria, aunque no hizo ningún intento para ayudar a Hermione. Le dedicó una mordaz mirada a Malfoy antes de arrastrarse lentamente por el suelo y agarrar la caja con los documentos.
Cuando la maldición se terminó, Hermione se estremeció y luego pareció derrumbarse sobre sí misma. El bisturí cayó al suelo. Cerró los ojos momentáneamente, pero cuando los volvió a abrir se quedó mirando a Ron con una mezcla de dolor y horror e intentó alejarse de él.
Las manos de Ron la sujetaron por los brazos, los dedos clavándose en su carne, al igual que sus uñas.
- Ronald… - dijo ella – Soy yo. Hermione.
Pero ese era precisamente el problema. La conocía, pero no parecía saber lo que quería hacer con ella. Se arrastró más cerca, sacudiéndola. Y entonces, repentinamente, se detuvo. La mirada que le dedicó a Hermione estaba llena de agonía. Su boca pareció funcionar por un momento, formando con los labios las silabas requeridas.
- ¿Hermione? – susurró. Y ese era Ron. Ese era el chico del tren con la mancha en la nariz quien había mirado con envidia a Harry y quien tenía la esperanza de ser su amigo. Era Ron, quien había luchado junto a Harry y se avergonzaba de las veces que no. Ron, quien amaba el Quidditch, a su madre y era malo con las chicas, pero siempre se había sabido que le pediría matrimonio algún día a Hermione Granger, cuando Harry ya no necesitara que lucharan con él nunca más.
Hermione intentó alejarlo, pero Ron se mantuvo firme. Él trasladó sus manos desde los brazos de la chica hasta su rostro, sosteniéndola de la cabeza de manera constrictiva. Si antes había habido en los ojos de Ron la luz de la razón, esta estaba empezando a desvanecerse mientras Hermione forcejeaba entre sus manos. La humanidad le desapareció, dejando paso al salvajismo.
Gruñó, abriendo mucho la boca y conduciendo la cabeza de Hermione hacia él.
Honoria estaba completamente congelada en un fascinado horror. Harry se tambaleaba en su posición.
Fue Malfoy quien se lanzó hacia adelante; un borrón de color mercurio. Cogió el bisturí que había dejado caer Hermione y corrió hacia la parte posterior de las piernas de Ron, cortando sus tendones de Aquiles. Ron se derrumbó inmediatamente en el suelo. Un montón de espesa y viscosa sangre se agolpó a sus pies. La mano de Malfoy se movió de nuevo y el bisturí de Padma, exquisitamente en ristre, atravesó la garganta de Ron, cortando vasos sanguíneos y tendones, deteniéndose sólo por el hueso. Ron se retorció varias veces mientras el suministro de sangre a su cerebro infectado se cortaba. Hubo un largo y suave jadeo mientras se le escapaba el aliento antes de cerrar los ojos.
Hermione se dejó caer contra un lado del escritorio de Padma. Malfoy se acuclilló junto a ella.
- Granger, – dijo, de forma rápida, con urgencia – mírame.
Hermione lo hizo, sus ojos acaramelados estaban muy abiertos y desenfocados por la conmoción.
- Lo has matado.
Honoria se apareció junto a ellos, portando la caja llena de archivos y notas. Posó su temblorosa mano en el hombro de Malfoy.
- Hora de irse.
Pasaron otros diez minutos antes de que el profesor Yoshida llegara al laboratorio para empezar su turno con Kate McAlister. Estaba de muy buen humor después de haber tenido un debate bastante entusiasta con el agente Richards.
El maestro de pociones se encontró a la joven Elizabeth Kent en el suelo, muerta y fría. Harry Potter estaba inconsciente cerca de ella y una afligida Hermione Granger estaba sentada en un oscuro charco de sangre junto a los espeluznantes restos de Ronald Weasley. Ella agarraba su mano.
