¡Holaaaaaaaa!
¿Cómo lleváis la semana? Espero que muy bien y con ganas de Halloween ;) Creo que este Fic es perfecto para esta época del año, ¿no creéis? ¿Qué haréis ese día? Yo estaré fuera todo ese fin de semana (desde el viernes hasta el lunes o así) y sin internet... así que se me va a hacer imposible publicar para esa fecha, lo cual me jode un poco, porque creo que sería un día perfecto para hacerlo... pero bueno, antes de irme actualizaré ;)
Y sin más historias...
¡A disfrutar de la lectura!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 17 – Ligth the Pyres (La Luz de las Hogueras)
Richards y Scrimgeour se presentaron frente a la chimenea de la oficina de este último. La transmisión vía Flu llegó a tiempo a pesar de algunos problemas anteriores para establecer una conexión en el fuertemente regulado Estados Unidos. En ese momento, apareció la cara de un hombre. No hubo saludos, simplemente instrucciones.
- La secretaria Beaumont estará con vosotros momentáneamente. Esperad, por favor.
Se escucharon voces, el sonido de una puerta al cerrarse y, seguidamente, apareció una nueva cara; una escultural mujer negra con el pelo corto y acerado. Sus ojos eran de un penetrante dorado, en una perfecta combinación con su traje de camelia color crema de Chanel.
- Rufus. – dijo, con una felina y cortante mirada directa al Ministro – Ha pasado bastante tiempo.
Scrimgeour asintió en señal de saludo.
- Hola, Rebecca.
La forma del intercambio y la tensión única que surgía entre ese par causó que Richards le lanzara al Ministro una curiosa mirada de reojo.
- Desearía que estuviéramos hablando en circunstancias más agradables. – continuó Beaumont – Pero parece que el Proyecto Navidad está en pequeños aprietos.
Scrimgeour suspiró.
- Un eufemismo, te lo aseguro. ¿Habéis recibido el informe y sois conscientes de nuestra situación?
- Quieres prolongar el plazo.
- Sí. – dijo Scrimgeour – De todos los muchos riesgos que consideramos cuando comenzamos el Proyecto Navidad, el sabotaje de un competidor era…
- Imprevisto. – le proporcionó Beaumont – No hay ni un rincón del mundo que no haya sido tocado por la Infección. Parecía impensable que alguien quisiera frustrar la creación de una cura. Mi oficina recibe a diario lechuzas de los constituyentes, preguntando lo cerca que está tu equipo de una cura. La gente ha dejado atrás la desesperación. – ahora dirigió la mirada a su agente – Richards, ¿has descubierto algo más sobre el saboteador?
- No mucho más de lo que ya sabíamos. – respondió el Vaquero – Honoria Cloot graduada en Hogwarts quien continuó en Salem para especializarse en Medimagia, graduándose con honores. Ha viajado mucho y llegó con excelentes referencias profesionales.
Beaumont se puso unas gafas sin montura. Recibió un informe del mago que había aparecido antes y se puso a hojear las páginas marcadas.
- ¿Sin familia? – levantó la mirada – Aquí dice que es huérfana.
- Sus padres fueron asesinados por los mortífagos la segunda vez que Voldemort apareció, cuando ella tenía diez años. – confirmó Richards – Ese desafortunado hecho habló a su favor cuando evaluamos las solicitudes para la misión.
- Entonces, ¿por qué una joven y prometedora medimaga decidió estallar una de vuestras muestras, destruir vuestros equipos y, directa o indirectamente, matar a varios miembros del grupo?
- De eso se trata, Señora Secretaria. – dijo Richards – Creo que no éramos realmente su grupo para empezar. Secuestró a Draco Malfoy y se llevó nuestros datos con ella. Por lo tanto sospechamos que hay otro equipo por ahí que está intentando crear la cura primero.
- ¿Secuestrado? – Rebecca Beaumont frunció el ceño – Refréscame la memoria, caballero. ¿No extorsionasteis a Draco Malfoy? La suposición más razonable es que Honoria Cloot le hiciera una mejor oferta. Estaba bajo la impresión dados los detalles del altercado entre Malfoy y Harry Potter, en particular, que Malfoy se había marchado voluntariamente.
Richards y Scrimgeour intercambiaron una mirada. Fue Richards quien respondió a su jefa.
- En realidad, fue Harry Potter quien nos planteó una teoría alternativa. El Ministro y yo hemos entrevistado al resto del equipo y discutido esta teoría largamente, por supuesto.
- ¿Oh? – murmuró Beaumont. Se quitó las gafas – Ilumíname.
Scrimgeour lo explicó.
- Especulamos que Draco Malfoy puede haber desarrollado un apego a nuestro proyecto, si no una alianza.
- Ya veo. – dijo Beaumont – Si eso es cierto, entonces la pérdida de Malfoy es lamentable. Sin embargo, estoy intentado entender por qué es importante quién desarrolle la cura en primer lugar, con tal de que se desarrolle.
- Sospecho que este competidor quiere venderla o sacar algún tipo de provecho político. – dijo Scrimgeour – Rebecca, la Infección puede haber hecho que la mayor parte de la gente civilizada se arrodille ante ella, pero hay algunos que se benefician de ello; que lo ven como una oportunidad.
- ¿Quién? – preguntó bruscamente.
- No lo sabemos. – admitió Richards. Parecía sumamente cansado – El hecho es que todas nuestras redes de inteligencia habituales están paralizadas. Tenemos partes y piezas sueltas. Rumores. Nada concluyente.
Beaumont consideró la idea.
- Supongo que no hace falta mucha imaginación para considerar lo que un alma emprendedora podría hacer con una cura para la Infección. Es un pensamiento atroz. No me gusta esto.
- En efecto. – dijo Scrimgeour – Las Naciones pagarían cualquier cosa, cualquier trueque. Las fronteras serían rediseñadas para las potencias que tengan la cura. El mundo está en punto muerto ahora mismo. El reloj se ha parado, y el que tiene la cura tiene los medios para volver a ponerlo en marcha.
- Entonces, caballeros, esto realmente es una carrera para crear una cura que esté disponible para todos, no sólo para los pocos que puedan pagar o comerciar por ella. – dijo Beaumont – Me entristece decirte, Rufus, que ninguno de nuestros propios equipos está tan cerca del éxito como lo estaba el Proyecto Navidad. Mi gente, se puso literalmente a llorar cuando les dijimos del ataque a Grimmauld Place.
La voz de Scrimgeour fue baja y suave cuando volvió a hablar.
- Entonces, ¿nos darás el tiempo adicional que necesitamos? La fecha límite de diciembre es… inviable.
- Me temo que no puedo.
El Vaquero hizo un gesto de empezar a hablar, pero Scrimgeour se le adelantó.
- ¿Por qué?
- Porque tengo las manos atadas por mis superiores. Porque Occidente está siendo invadido. – su voz estaba cargada de pesar – Otros países han tenido cierto éxito con la contención de los brotes, pero esa hazaña continua eludiéndonos en los países más desarrollados, a pesar de nuestros mayores recursos.
Scrimgeour contempló eso por un momento.
- Estás preocupada porque el equilibrio de poder se está alejando de aquellos que actualmente todavía lo tienen. O que se considera que lo tienen.
Beaumont no respondió. No había necesidad de ello.
Richards maldijo.
- ¿Así que vas a borrar secciones enteras de Gran Bretaña del mapa sólo para mostrar que hablas en serio? Señora Secretaria, con el debido respeto, eso es muy jodido.
- El brote pasó los límites de control hace tres meses, agente Richards. – dijo Beaumont con tono duro ahora – La cepa de Infección que actualmente está diseminada por todo el Reino Unido es la más antigua y está mutando mucho más de lo que hemos visto fuera de esas fronteras. El Ministro Scrimgeour lo sabe. Es por eso que acordamos que podías configurar una base de operaciones en Londres, para controlar la propagación de la Infección. No podemos renunciar a dicho plazo y me apresuro a añadir que el Senado Mágico tiene la palabra y firma del Ministro sobre el acuerdo del Proyecto Navidad. Tú nos entregas una cura o nosotros ofreceremos una solución localizada. – ahora estaba mirando a Scrimgeour - ¿Lo recuerdas?
- Sí. – dijo Scrimgeour.
- No es una solución. – protestó Richards - ¡Es una sentencia de muerte para miles de supervivientes! ¡Incluso millones, cuando la lluvia radioactiva empiece a pasar factura! – fulminó con la mirada al Ministro - ¡Díselo!
- Necesitamos más equipo. – dijo Scrimgeour, con cansancio - ¿Nos proporcionarás asistencia en esa área?
- Sí. – dijo Beaumont – Y te enviaremos los terabytes de datos nuevos que nuestros equipos han acumulado. Esperemos que os ayude a la reconstrucción del laboratorio. – Beaumont se dirigió a un furioso agente Richards. Él se limitó a fruncirle el ceño al suelo, por lo que ella esperó hasta que volviera a levantar la mirada – Tengo buenas noticias si las quiere, Richards. – dijo, ahora con más suavidad.
Él Vaquero levantó la cabeza. Suspiró.
- Siempre.
- Nuestros satélites han localizado a Alexander Amarov por ti. La buena noticia es que no está lejos de Londres. La mala noticia es que hace aproximadamente una semana, fue secuestrado y han pedido un rescate.
Richards estaba abiertamente desconcertado.
- Eso es ridículo. El dinero es inútil en este momento.
- Sin embargo, todavía está cautivo. – dijo Beaumont – Amarov controla una flota de barcos. Está en posesión de vastas reservas de petróleo que con bastante inteligencia ha mantenido en movimiento y lejos de tierra firme. Puede que sea el aceite lo que los secuestradores quieren como rescate. Hay facciones del crimen organizado de la Europa Oriental que sienten que debería compartir parte de esa riqueza. Todo el dinero y el oro del mundo no alimentaran a ningún coche ni ningún avión. La gente fácilmente se declaraba la guerra por el petróleo sin la amenaza de los zombies. Ciertamente, ahora no es mejor.
- Que locura. – murmuró Scrimgeour.
- Es un desglose de todo derecho civil y ley marcial. – respondió Beaumont – En este caso, esto hará que sea mucho más sencillo usar toda la fuerza que veas necesaria para rescatar al señor Amarov.
- ¿Nosotros? – preguntó Scrimgeour, incrédulo – ¿Quieres que dirija a un equipo de muggles y personal médico en una misión para rescatar a Amarov?
Beaumont asintió.
- No se me permite retirar a ningún agente más de sus puestos de trabajo aquí o en el extranjero. La verdad es que no tenemos ninguno de sobra. Por lo tanto, el Senado te está otorgando la autoridad para usar la fuerza mágica letal, si es necesario. Parece impropio de mí decir lo obvio, pero en este tipo de situaciones, las varitas tienden a prevalecer cuando no se establecen límites en cuanto a su uso en relación con los muggles.
- Sin duda, pero estaremos rompiendo unas docenas de convenios internacionales de Magos si estamos de acuerdo en ir contra una asociación Muggle, sean tiempos de guerra o no. – señaló Scrimgeour – Esas normas tienen mil años, Rebecca. Están ahí por alguna razón.
- Deja que me encargue de los trámites. – dijo Beaumont, con un suspiro – Simplemente encuentra a Amarov. Obtén su ayuda con respecto a esa hierba medicinal que dices que necesitas y reanuda el trabajo de la cura. Mantenme informada por si necesitas algo específico para la extracción. Tengo toda la fe en la experiencia táctica del agente Richards. Mi oficina se pondrá en contacto con vosotros en breve para ofreceros las coordenadas de Amarov. Ahora, si esto es todo, caballeros, – echó un vistazo a su reloj de pulsera – ya he superado mi turno en la conexión Flu. – Beaumont les dedicó una pequeña sonrisa – Buena suerte.
La conexión terminó.
Richards y el Ministro se quedaron en silencio por un momento, hasta que Scrimgeour habló. Parecía inmensamente cansado.
- ¿Deseas preguntarme algo?
El Vaquero gruñó.
- Tú y la vieja Acorazada Beaumont, ¿eh?
- Fue hace mucho tiempo. ¿Puedo confiar que la "Acorazada Beaumont" no tiene ni idea de que sus agentes la llaman por ese atroz nombre?
Richards articuló una suave y penetrante risa.
- Creo que probablemente fuera ella misma la que comenzara el apodo. – miró su reloj mientras Scrimgeour iba en busca de más polvos Flu de la urna de encima de la chimenea - ¿A qué hora empieza? – preguntó Richards.
- En cinco minutos. Es mejor que vayamos de inmediato.
El Vaquero estaba de acuerdo. Todos los demás ya habían viajado hasta Taransay. Era de poca educación llegar tarde a un funeral.
Hay muchos tipos de silencio – los incomodos, los pesados, los expectantes – pero el que presidía al gran grupo en la isla de Taransay, decididamente, era uno muy ruidoso. El clima era horrible. En mitad de la tormenta, nadie hablaba, lo que probablemente también era debido a que no podrían escucharse por encima del aullido del viento. Había un montón de miradas significativas intercambiadas entre los miembros y amigos de la familia Weasley, compartiendo condolencia, pesar, confusión y dolor. También había conmoción y rabia, a pesar de que la Infección de Ron era un hecho de conocimiento común. Las circunstancias que rodeaban su muerte eran tan sorprendentes como trágicas.
Esperaron que el Vaquero llegara. Llegó con el Ministro. Ambos hombres caminaron hasta la colina, encontrándose a mitad del camino con Neville Longbottom, quien sostuvo un gran paraguas negro sobre sus cabezas. No hubo mucha diferencia. La lluvia caía de lado. Se unieron a la congregación bajo la carpa negra que aleteaba violentamente. Una congregación en el exterior parecía una idea mal concebida, dada la tormenta, pero iban a hacer piras funerarias a la antigua tradición mágica adherida a la familia Weasley y esa costumbre dictaba que las palabras de despedida tenían que ser dichas donde se consagraban los cuerpos a los elementos.
Richards habló breve y amablemente de Elizabeth Kent, quien declaró que era la agente joven más prometedora que había tenido el placer de instruir. Kent había sido una ávida partidaria de los principios del Senado de Estados Unidos Mágico y una agente excepcional. Al concluir el elogio, abandonó su puesto para dejárselo al Ministro de Magia. Scrimgeour frunció el ceño hacia sus manos apretadas, antes de levantar la cabeza y hacer frente a la congregación con un Sonorus en su voz.
- Mira Khan, Jason Lam, Emily Finch, Elizabeth Kent y Ronald Weasley nos han dejado. – dijo.
Desde el interior de la congregación, con el apoyo de Ginny, Molly Weasley sollozó abiertamente. Los ojos de Scrimgeour se reunieron con los de Molly y, a pesar de lo difícil que debió ser, él le sostuvo la mirada mientras continuaba.
- Se han ido, pero no serán olvidados. Nunca los olvidaremos, por lo que nos han dado siempre serán apreciados y recordados.
Volvió la mirada hacia los refugiados muggles que habían elegido asistir al funeral, dirigiéndose a ellos ahora.
- Es habitual que algunas personas mágicas hablen de la muerte en términos de lo que los difuntos nos han dado. Los dones de estos valientes jóvenes han sido muchos; su amor y amistad, su lealtad y sus únicos talentos. Nos ayudaron a acercarnos a una cura que beneficiará a millones. Para nuestro gran pesar, nos han dejado. Pero no han muerto en vano. Procuraremos que sean recordados y haremos honor a su sacrifico.
La multitud se abrió bajo la carpa y Harry se adelantó, detrás de él iba Hermione. Harry, repentinamente, se detuvo en seco. Ella le dio la vuelta y habló con él. Harry asintió con los ojos cerrados. Se enderezó, tomó un largo suspiro y siguió adelante hasta donde Scrimgeour y Richards lo esperaban para protegerlo bajo el paraguas negro. Afortunadamente el viento se había calmado lo suficiente para que Harry pudiera dirigirse a la congregación sin gran esfuerzo.
- Um, pedí decir algo sobre Ron. – comenzó Harry, rascándose ausentemente con la mano la parte posterior de la cabeza – Sólo que nunca he sido bueno con las palabras y está vez no me puedo copiar de Hermione. – miró a la multitud, entre la multitud y vio a más de uno sonriéndole con ánimo.
"¿Qué puedo decir sobre Ron? Bueno, muchas cosas, supongo. La primera vez que vi a Ron, me sentía más solo de lo que nunca me había sentido en mi vida. Incluso más solo de lo que me había sentido estando con mis tíos muggles, los Dursley. Veréis, poco antes de recibir la carta de Hogwarts, tenía la ventaja de saber exactamente lo que era; un niño mal alimentado y ordinario de once años con problemas de vista. – se detuvo para empujar las gafas sobre el puente de su nariz.
"Estaba pasando un mal momento con los Dursley. – dijo Harry, mirando al suelo. Molly Weasley dejó escapar un pequeño sollozo ante eso y Ginny apretó el agarre sobre el hombro de su madre – Y cuando pasa eso, te sientes impotente y cabreado y, luego, piensas que quizás eres realmente especial, sólo que nadie puede verlo aún. Crees que tal vez algún día consigas un gran triunfo y que te verán diferente. – Harry sonrió irónicamente – Y entonces… entonces, llegó mi carta, ¿no? – ahora alzó la mirada hacia la congregación – La sostuve en mi mano, la leí en voz alta frente a Hagrid y fue una prueba irrefutable de que yo era "otra" cosa. En absoluto ordinario. Pero no fue un gran alivio. Francamente, fue aterrador. Ya no sabía quién o qué era. Poco tiempo después, abrí la puerta de uno de los compartimentos del Expreso de Hogwarts y ahí estaba Ron. Él no me trató como Harry Potter o como un bicho raro que no acababa de encajar. Me trató como un niño que había entrado en su compartimento y que parecía tan nervioso como él. Ron puede proceder de una de las familias más cariñosas y cercanas que he conocido, pero eso no significaba que lo tuviera fácil. Es complicado proceder de una prominente familia en combate. Es difícil proceder de un entorno mágico y que tus dos mejores amigos procedan del mundo muggle. Veréis, todos somos los héroes de nuestras propias historias, especialmente los niños. Pero Ron… bueno, fue el mejor amigo del héroe desde el Primer Día, quisiera él o no, quisiera yo o no. No tenía opción al respecto. Fue un compañero y apoyo. Y eso puede ser una píldora difícil de tragar para cualquier niño. Pero él lo hizo. Ron lo hizo. Con lealtad e integridad. Lo bueno de Ron era que siempre fue él mismo. Fue autentico. Ahora, no puedo hablar por Hermione… - dijo Harry, mientras la miraba – pero yo no siempre he sido… yo mismo. Aun siento que estoy forcejeando en los zapatos de otro y siempre son demasiado grandes. Nunca he conocido a nadie que fuera tan fiel a sí mismo, incluso cuando es significara actuar como un idiota de vez en cuando. – eso provocó algunas tranquilas sonrisas en la multitud – Fue valiente. – dijo Harry, asintiendo – Increíblemente valiente. El día que lo mordieron, fue muy consciente de ese hecho. Lo primero que me dijo fue: "lo siento, amigo". De acuerdo, tal vez no fue lo primero. Soltó bastantes maldiciones en primer lugar. Lo sentía porque pensaba que se había quedado fuera de juego y me había prometido anteriormente que eso era algo que nunca me haría otra vez. Pero esta vez… esta vez, estaba fuera de su control. Así que esto es lo que tengo que decir sobre Ron. Como ha dicho el Ministro Scrimgeour, algunos de nosotros hablamos de nuestros seres queridos en cuanto a los dones que nos han transmitido. Los dones de Ron hacia mí han sido su lealtad, honestidad y determinación. Pero hay otras cosas más personales que quiero decir. Simplemente no puedo encontrar el vocabulario, porque no tiene mucho que ver con las palabras. No sé cómo decirte lo mucho que significabas para mí, Hermione, tu familia y amigos y cuanto te vamos a echar de menos y cuanto siento que nunca vayas a llegar a ver tus canas o a tus hijos o nietos, o hacer que alguien te ofrezca su asiento en el autobús noctámbulo. Si Ron estuviera aquí ahora, soltaría alguna broma sobre lo mierda que parezco llorando y sonreiría, diciéndome que todo saldrá bien. – Harry se quedó en silencio por un momento, abrió la boca y luego la cerro, sin saber cómo continuar.
George Weasley lo ayudó, con una voz que sonaba como si lo hubieran atacado con papel de lija.
- Caray. Tenía razón, Harry; estás horrible cuando lloras.
Harry se limpió la cara con la manga de la camisa y rio.
- Cállate, George.
Scrimgeour, ayudado por Neville, dio un paso al frente para encender las hogueras que arderían incluso bajo la lluvia. Sólo había tres piras, pues no habían recuperado los cuerpos de Mira y Jason.
Se terminó. Richards dio instrucciones para que todos regresaran al campamento para tomar un té caliente y bocadillos. Se dieron y recibieron condolencias y deseos. Hermione se quedó a un lado, esperando a que Harry terminara de abrazar a cada uno de los Weasley, antes de que ella diera un paso adelante con el paraguas y empezaran a caminar por la colina.
- He estado bien, ¿entonces? – preguntó Harry.
Ella enlazó un brazo con el de él mientras se abrían paso a lo largo de la húmeda y resbaladiza hierba.
- Merlín, sí. Incluso algunos de los muggles más rectos parecían estar lagrimeando, y no de la lluvia, que conste.
- Todavía pienso que debería haber hecho el Encomio.
- No. – Hermione sacudió la cabeza – Tenías que hacerlo tú.
- Ha sido torpe. – admitió.
- A veces la torpeza es lo que necesitamos oír.
Harry la observaba de cerca ahora.
- ¿Ahora qué?
Hermione sacó un pañuelo del bolsillo y se sonó ruidosamente la nariz. El tela se empapó incluso antes de tocarla.
- Ahora tenemos que volver al trabajo.
Él se detuvo. Hermione también lo hizo, aunque ya se había adelantado varios pasos con el paraguas. Harry se quedó bajo la lluvia, mirándola.
- ¿Cómo lo haces? – preguntó, con tono afilado.
- ¿Hacer qué?
- ¿Cómo haces para no romper como el resto? Me estremezco al pensar lo que haría falta para que dejes de ser… así. Tendría que ser nada menos que el fin del mundo, supongo.
- De ser así, ¿cómo? – exigió saber ella.
Harry no podía decir, pero Hermione leyó su expresión y lo adivinó.
- ¿Fría? ¿Eso es lo que querías decir? ¿Insensible? ¿Indiferente? ¿Es eso?
Harry permaneció en silencio.
Hermione se dirigió a él, albergando a los dos bajo el paraguas de nuevo.
- ¿Estás diciendo que no siento esto? ¿Qué no siento como si mi hubieran arrancado el corazón del pecho? ¡Dime que no lo siento y juro, Harry, que te daré un puñetazo en la cara!
Él desvió los ojos, incapaz de mirarla a la cara.
- No sé lo que estoy diciendo. Lo siento.
- Deberías. – escupió – Estoy dolida tal como tú. Pero no podemos darnos el lujo de perder nuestro ímpetu. ¡De lo contrario Mira, Jason, Emily, la agente Kent y Ron realmente habrían muerto en vano! Ahora, ¿ya hemos terminado o hay algo más que quieras decirme?
- Sí, a decir verdad sí. No has mencionado a Malfoy ni una vez desde la muerte de Ron.
Hermione parpadeó ante el inesperado cambio de tema. Se pasó el dorso de la mano por la cara, secándose la lluvia.
- Eso es porque no hay nada que decir.
- ¿En serio? No sólo perdimos a Emily, Kent y Ron el día que Honoria nos traicionó. También perdimos a Malfoy. Pareces dispuesta a borrar el último par de meses de tu memoria.
- ¡El último par de meses donde esperó la oportunidad perfecta para marcharse! – señaló Hermione – Y no recuerdo que vosotros dos fuerais los mejores amigos.
- A pesar de que no me agrade y a pesar de todo lo que pasó en el laboratorio, no creo que quisiera irse. Padma tampoco lo cree. ¡Pregúntale! Si él… Hermione, ¿a dónde vas?
Ella le había puesto el mango del paraguas en sus manos y se alejaba.
- ¡Voy a secarme!
- ¿Por qué no quieres considerar que se viera obligado a irse? – le gritó Harry.
Hermione se volteó, con los ojos ardientes, unos mechones de pelo húmedo se aferraban a los lados de su cara.
- Porque no puedo soportar más dolor, Harry. Ni un poco más. Esto… – se palmeó el corazón sobre la tela húmeda de la túnica negra, haciendo un ruido de chapoteo – está completo. Estoy manteniendo mi control sobre el filo de una navaja de afeitar en este momento y no puedo permitirme pensar que Malfoy fue llevado contra su voluntad, porque si fuera así… – su voz se quebró – no tenemos ni la forma ni el tiempo para encontrarlo y traerlo de vuelta. Simplemente… no puedo. Él se ha ido. Se ha ido, Harry. Simplemente se ha ido. – se alejó de allí.
En silencio, Harry la siguió, inquieto por descubrir la profundidad del enfoque de Hermione en la misión y el hecho de que era algo que en realidad amenazaba con destruir ese enfoque.
Y no era Ronald Weasley.
Draco durmió durante nueve horas.
Un pequeño milagro teniendo en cuenta que estaba en un lugar desconocido con personas desconocidas y hostiles. No es que a Desmond se le pudiera llamar hostil. El hombre era profesional, cortés y aparentemente imperturbable por el hecho de que su jefe fuera el Déspota de la Flota del Atlántico Norte. Desmond era un respiro de pragmatismo en la acción. El hecho era que a veces cosas como las alianzas, el honor, la lealtad y el siempre molesto grito de guerra de las personas integras y altruistas que estaba por todas partes – "¡Es el principio de algo!" – no les salvaría cuando la catástrofe llamara a la puerta.
La adaptabilidad era lo que se necesitaba. En caso de emergencia, eso era lo que delineaba a los verdaderos supervivientes de las atemorizadas y confusas masas. Y eso era lo que a Draco le gustaba de la ciencia. La ciencia evoluciona y se adapta cuando se le presentan nuevas evidencias; nuevas situaciones que requerían una reevaluación de las viejas formas de pensar y de hacer las cosas.
Había llegado a la ciencia demasiado tarde, pero cuando llegó, lo sentía como un asiento que hubiera sido sólo para él. Lucius, contrariamente a la creencia popular, no tenía un estado de paralizante temor y desconfianza hacia el mundo muggle. No. Más bien, se mantenía en un estado de cautela. No era xenofobia en el sentido definitivo. Oh, Lucius detestaba a los muggles y la contaminación a la sangre que llevaban con ellos, pero no era tan miope como para permanecer voluntariamente ignorante a sus abrumadores números, sus avances y sus logros. Negar el ingenio de la humanidad era un disparate y Lucius nunca había sido un hombre estúpido. Decidió que siempre sería algo bueno saber lo más posible sobre tus enemigos. Y así los libros (y artículos y documentos y, finalmente, un ordenador) llegaron a la Mansión Malfoy. Localizaron un tutor; un pequeño y nervioso hombrecillo cuyo trabajo consistía en hacer que Draco estuviera tan informado como fuera posible de todas las cosas muggles. Las tutorías se debían guardar en secreto, por supuesto. Era un peligroso secreto. Lucius entendía que la voluntaria exposición de su único hijo al mundo muggle no estaría bien vista por sus iguales. O por el Señor Oscuro, en ese caso.
Había sido una tarea difícil no sólo por eso, sino porque Draco había rechazado inicialmente el aprendizaje. Para un joven Draco, el mundo era blanco y negro. Era Nosotros y Ellos Y un Nosotros era mejor, ¿no? Nosotros era puro, noble y digno. ¿Por qué necesitaba saber sobre Ellos? Había irrumpido en el despacho de su padre una pegajosa tarde de verano, enfadado e irritado por tener que sentarse en la biblioteca con su tutor para aprender sobre los desgraciados de los muggles.
"¿Por qué tengo espías en el Ministerio?" le contrarrestó Lucius, sin rodeos.
Draco tenía doce años en ese momento. Había mirado a su padre; imponente, decidido y muy serio. La respuesta hacía tiempo le perforó la cabeza.
Scientia potentia est.
El conocimiento es poder. Todo él, incluso las cosas que piensas que no tienen consideración. No todos los conocimientos se clasifican por igual en términos de utilidad, por supuesto, pero eso no significa que sean inútiles. La ciencia era útil. Y lo que hizo que Draco entrara aún más en conflicto una vez que aceptó las lecciones fue que no encontró la ciencia nada menos que fascinante. No fue una completa sorpresa; ya había demostrado ser un erudito, pero lo que tenía era algo más que mera aptitud. Era afinidad.
Una mañana, su tutor le trajo El Origen de las Especies para que Draco lo leyera y si había albergado un leve enamoramiento con la ciencia muggle antes de esa fecha, rápidamente progresó a romance en toda regla. Se percató que no se trataba de la calidad percibida de la sangre lo que importaba. Tampoco se trataba de la fuerza, aunque ese rasgo iría bien en un desastre. No se trataba de la supervivencia del más fuerte, siempre se trató de la adaptabilidad. Cuando se dio cuenta de esto, comenzó a reconocer ese preciado rasgo – la antítesis de la filosofía de los Sangre Pura – allá donde mirara. Y para su sorpresa y disgusto, lo reconoció en la mayor parte de todos los hijos de muggles y mestizos que caminaban por los pasillos de Hogwarts.
Y él los despreciaba aún más por ello.
Draco estuvo despierto un largo minuto antes de abrir los ojos. Desmond entró en la oscura habitación y accionó un interruptor, que silenciosamente levantó las impecables cortinas de las ventanas curvadas. Afiladamente, la clara luz solar inundó la habitación. Fuera, el océano estaba en calma. Desmond se paró junto a la cama, sosteniendo una bandeja de plata llena de comida. En la puerta estaba uno de los guardias de la noche anterior; Anatoli. Era, sin lugar a dudas, el menos bruto de sus compañeros. Presumiblemente estaba ahí para asistir a Desmond si Draco demostraba ser poco cooperativo. Estaba estático con los brazos cruzados y una rígida y estreñida expresión.
- Buenos días, señor. – dijo Desmond. Dejó la bandeja sobre una mesita y se quedó con los brazos cruzados a la espalda – Su desayuno.
Draco se sentó, apoyándose contra la cabecera de cuero acolchado. Estaba desnudo bajo las sábanas. A medida que se fueron deslizando por su estómago, la mirada de Desmond se sintió atraída por el entramado de cicatrices en el abdomen de Draco. Allí estaba; la condenable compasión mezclándose con la curiosidad. La mayoría de la gente reaccionaba de manera similar. Excepto Granger, por supuesto. Ella destacaba en ser la excepción. Nada era sencillo en torno a esa frustrante mujer. Cuando vio sus cicatrices por primera vez, estaba la compasión y la curiosidad en su mirada, pero también una fascinación que rayaba en lo perturbador. No podía estar seguro, pero sospechaba que Granger se preguntaba que le había hecho caer tan bajo y vulnerable como para quedar a merced de unos Aurores sin escrúpulos que iban a hacerle daño. Lo que ella sabía de él, que no era mucho, para empezar, era antiguo y obsoleto. Y como tal, probablemente sólo la intrigaba.
Es una poderosa curiosidad la que tienes, Granger…
- Señor. – Desmond interrumpió sus pensamientos. Sostenía en la mano una bata.
Draco la aceptó y luego fue al baño a hacer sus necesidades. Se echó agua en la cara y evaluó su reflejo. El pelo le había crecido considerablemente desde la salida de la prisión, casi como celebrando ser libre de los hechizos de aseo automatizados. Después de seis años de tenerlo muy rapado, era extraño ver un flequillo desordenado cayendo por sus ojos. Necesitaba un afeitado, pero como era lógico, no encontró ninguna maquinilla de afeitar ni en el mostrador de mármol del baño, ni en los armarios o cajones. Sospechaba que Desmond se vería obligado a hacer los honores o Draco simplemente tendría que ganarse la confianza de sus captores antes de que le autorizaran cualquier utensilio de afeitado. Sin embargo, había un cepillo de dientes al que le dio un buen uso. Los nudillos de su mano izquierda estaban hinchados y hechos un desastre, pero ya se curarían. Se dirigió al armario. Le echó un rápido vistazo a los cajones de la ropa interior; oscura, como el resto de la ropa disponible.
Le habló a Desmond mientras se vestía.
- ¿Qué tenemos en la agenda hoy?
- Después del desayuno, Anatoli te llevará a través del buque de investigación médica para que hagas un recorrido por las instalaciones. Allí te encontrarás con el equipo que está trabajando en una cura para esta plaga.
Draco seleccionó unos pantalones color carbón de su tamaño y empezó a ponérselos.
- ¿Honoria se unirá a nosotros?
- La señorita Cloot está ocupada esta mañana con los planes para rescatar al señor Amarov de sus secuestradores. Está muy preocupada de que todavía no haya vuelto.
- Pero quieren algo de él, ¿verdad? ¿Cuál es el rescate?
- Lo que todos quieren, petróleo.
- Lo único que moviliza a la civilización muggle, – señaló Draco – literalmente.
- En efecto. – Desmond estaba de acuerdo.
Después se puso una camiseta de algodón de manga larga y encima un jersey de punto trenzado de color negro. En el exterior estaba soleado, pero estaban en otoño en pleno océano. Lo mejor era abrigarse bien. En el zapatero se encontró algunos zapatos de cuero, aunque sólo uno de los pares eran de su talla. Un par de botas de montaña verde oliva también eran de su talla, pero se conformó con los zapatos de cuero tobilleros en su lugar, poniéndoselos sobre unos calcetines de cachemir negro.
- ¿Y la señorita Cloot renunciaría a ese combustible a cambio de que le devuelvan sano y salvo a Amarov? – preguntó Draco, mientras cerraba la puerta del armario.
- No señor, no lo hará. Teniendo en cuenta nuestros recursos, puedes imaginarte que esta flota ha obtenido una buena cuota de amenazas y ataques. El señor Amarov previó ese tipo de situaciones.
- ¿Cómo?
- Diseñó un mecanismo de seguridad.
- ¿Y qué era ese mecanismo de seguridad? – insistió Draco.
Desmond vaciló.
- Tal vez sería mejor si uno de nuestro equipo de investigación te explicara los pequeños detalles.
Draco se cruzó de brazos.
- ¿No conoces los pequeños detalles?
El viejo mayordomo asintió.
- Es fortuito, Desmond. – dijo Draco, con más frialdad en su voz – Porque no necesito los pequeños detalles. La esencia de la cuestión lo hará.
Desmond suspiró.
- El señor Amarov tiene un dispositivo instalado en su cuerpo que supervisa constantemente sus signos vitales. En el caso que se vea perjudicado, muera o se lo lleven más allá de una determinada distancia de la flota, el dispositivo transmitiría una señal, causando una masiva detonación de explosivos que destruirían la flota.
Era adecuadamente horrible, por supuesto, y un testimonio del sentido de superioridad de Alexander Amarov, dejando que su flota corriera peligro de tal manera. Pero Draco se sorprendió, no obstante.
- Así que Amarov tiene un mecanismo de retroalimentación biológica quirúrgicamente incrustado en su interior, que está diseñado para desencadenar una serie de detonaciones en la flota si es secuestrado o herido. Si se ha establecido para que detone al alejarse de un perímetro determinado, ¿eso implica que no puede estar demasiado lejos de la flota y que la flota no puede marcharse sin él?
- Correcto. – dijo Desmond.
- ¿Qué barcos han sido manipulados?
- Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero creemos que son la mayor parte de los grandes petroleros. Si las bombas explotaran, perderíamos el petróleo y la vida. El señor Amarov considera que es la forma más probable de disuadir a los atacantes, ya que estaríamos encantados de intercambiar nuestros recursos. Pero no toleramos el robo.
- ¿Qué ocurriría si cayera muerto de un ataque al corazón? – preguntó Draco – Entonces, ¿qué?
La expresión de Desmond indicó que ese no era en absoluto un riesgo no considerado. Desde la puerta, Draco podía sentir la absorta atención de Anatoli, o tal vez, tensión era una palabra que encajaba mejor. Este era, claramente, un tema desfavorable.
- Basta con decir que hacemos un gran esfuerzo para asegurarnos que el señor Amarov esté bien cuidado. – dijo Desmond.
- Un megalómano multimillonario que se considera el último jodido emperador. – Draco se pasó una mano por el pelo - ¿Qué más? ¿Un circo de gladiadores?
Hubo algo en la expresión de Desmond que hizo que Draco se detuviera y lo mirara fijamente.
- ¿No puedes hablar en serio?
- Lo verás por ti mismo muy pronto, señor Malfoy. Ahora, ¿si es tan amable? – hizo un gesto a la bandeja del desayuno – Los huevos se están enfriando.
N/A: En aras de ser totalmente sincera, el mecanismo de bioretroalimentación descrito en el capítulo es similar al representado en Dredd (2012)
Wow, a mí este capítulo me parece de los más interesantes hasta ahora, ¿qué pensáis vosotros? La primera parte del capítulo me parece sumamente fascinante, como hablan de potencias, de poder, de fronteras... creo que la cosa está complicada, ¿no? El funeral creo que es de los más desgarradores que he leído a la par que sencillo y eso le da un toque muy especial, ¿y la conversación entre Harry y Hermione? Buenísima. Por no hablar de la ultima parte con Draco, donde conocemos mejor a Draco y como era Lucius, me parece muy lógico que fuera así, un mago inteligente no puede estar tan ciego para no ver los avances de los muggles. ¿Y que pensáis de Amarov?
Ufff, se siente la tensión en el ambiente y no parece que vaya a mejorar de momento...
¡Nos leemos pronto!
¡Besooooos!
Respuesta a los reviews sin cuenta:
Carmen: ¡Holaaa guapaa! Pues si extrañaste el Dramione vas a tener que armarte de paciencia porque hasta dentro de unos caps no lo habrá... desde aquí te mando fuerza jajaja Y sí, aunque no lo pareciera Draco ha sido el héroe esta vez, veremos que pasa a partir de ahora ;) ¡Saludos y gracias!
Mr. Carrot: Holaaaa! Tienes mucha razón al decir que esto es una introducción algo gordo que está por venir, paciencia y fuerza, porque la vais a necesitar ;) Y e cuanto al secuestro de Amarov, pronto sabremos más cosas, tiempo al tiempo... ¡Mil gracias por tus palabras, de verdad que me llenan de alegría, es gratificante que te digan que tu esfuerzo ha merecido la pena! Soy una persona que le gusta hacer bien las cosas y de las que piensa que para hacerlo mal mejor no gastar energía, así que me alegra mucho que la traducción te parezca bien hecha, tenía miedo porque esta historia es complicada, pero lo intento jajaja ¡Besooos!
SALESIA: ¡Hola cieloteeee! Pues me alegra que aunque tengas un trabajo de locos estés satisfecha con él, eso es lo que cuenta, así que ¡a por todas, leona! Yo sí que te agradezco a ti que siempre inviertas un poquito de tu valioso tiempo en comentar conmigo esta historia, eres puro amor *-* Y por cierto, saludo a tu esposo de mi parte, creo que hacéis un equipo estupendo ;) Bueno como has visto en el cap, si que sabían quien era Honoria y eso fue lo que habló a su favor, error por parte de Scrimgeour el pensar que ser huérfana por culpa de los mortífagos y Voldemort ya la hacia ser Harry Potter... obviamente no informaron a Malfoy de eso y supongo que no la recordaba por ser menor que ellos. Creo que todavía no sabemos nada de Amarov... sólo te digo eso ;) Y en cuanto a quien creó el virus creo que lo sabrás en unos 10 o más capítulos... JAJAJJAJAJjjajJAJjajj Me siento malvada y con el poder, pero no me odies que lo descubrí ayer xD Bueno, ya sabemos que es lo que quieren a cambio de Amarov sus secuestradores, pero me parece que lo tienen un poco complicado, ¿no crees? Tengo muchas ganas de leer tu comentario de este capítulo... ¡a la espera! ¡Mil besotes y abrazoteeeees zombificados y pegajosossss!
