¡Holaaaaa!

Siento que el capítulo se haya retrasado tanto, pero no tengo nada de tiempo y hasta el miércoles o así no lo tendré... Os dejo el cap rapidísimo porque entiendo que no puedo dejaros con esa intriga más días ya... me parece cruel xD

Así que disfrutadlo y espero que a mitades de semana tenga tiempo para publicar de nuevo y esta vez poder contestaros a todos, ¡lo siento!

Por cierto, me he enterado de lo de Tom siguiendo a Emma en Insta y que después dejó de seguirla (en opinión de muchos por el comentario que hizo Jade)... en mi opinión, no creo que sea culpa de Jade, sino más bien del propio Tom por ser un poco calzonazos y dejarse manipular no sólo por el comentario de Jade, sino por todos los comentarios negativos de los demás, él sabía que algo así pasaría si empezaba a seguir a Emma después de tanto tiempo (aunque no sepamos realmente que ha pasado), pero ojalá tuviera un poco de la personalidad que tiene nuestro GRAN Draco. Y ya.

¡A leer!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Advertencias: Sangre, gore, salpicaduras, violencia desenfrenada, niños en peligro y algo de ropa bonita hecha trizas.

Capítulo 19 – Survival (Supervivencia)

La larga cadena era el arma más cercana. Draco se inclinó para cogerla sin dejar de avanzar hacia Blaise. A medida que caminaba, cerró la cadena alrededor del cuello del primer zombie que venía tambaleándose hacia él. Estaba fresco, y era más rápido que los cuerpos en descomposición de la primera ronda. La fuerza del golpe envió al zombie hacia una de las paredes. La parte posterior de su cráneo reventó y cayó al suelo, dejando un oscuro reguero por la pared. La multitud estalló en aplausos ensordecedores y vítores.

Uno menos, quedan tres.

Blaise había extraído con éxito la pica de acero de la garganta del zombie y la había vuelto a ensartar en su cuenca ocular. La criatura había sido mujer, en algún momento. Todavía llevaba un manchado albornoz rosa y tenía tres rulos aferrados a los restos de su enmarañado cabello. Oportunamente, se las arregló para colisionar con el zombie que tiraba de la túnica de Blaise. Casi a cámara lenta, ambos zombies pasaron por encima el uno del otro con el extremo opuesto de la pica de acero que había quedado atrapada en la rejilla metálica del suelo. Las criaturas se quedaron efectivamente inmovilizadas en su lugar. Gemían y se sacudían de lado a lado, pero estaban tan coordinados como tortugas volcadas.

Draco recogió rápidamente el bate, haciendo un movimiento rápido y corto sobre las cabezas de las criaturas. Cerca de una docena de golpes hicieron falta en total. Estaba jadeando por el excesivo esfuerzo que le había tomado.

- Hola. – le dijo Blaise, con los ojos llenos de confusión, alivio, asombro. La desolación abandonó su mirada. Ahora, estaba calculando.

Slytherin, pensó Draco, con aprobación.

Blaise ahora miraba por encima del hombro de Draco, inclinando la cabeza hacia el miembro restante de la segunda ronda. Ese ejemplar debía haber sido soldado, a juzgar por el uniforme militar. El principal problema se presentaba en forma de casco, que la criatura aun tenia atado a la cabeza.

Oh, bien. Eso era demasiado para un cómodo y fuerte traumatismo.

- Aquí viene. – advirtió Blaise. Sólo tenían el bate de béisbol entre ellos. Draco divisó una de las barras de hierro en el suelo. La cogió y se la arrojó a Blaise.

El zombie cargó en línea recta, yendo previsiblemente hacia el objetivo más grande y más obvio que eran Blaise y su hijo. Draco blandió el bate directamente sobre las rodillas de la criatura con tal fuerza que las piernas se le plegaron hacia adentro en un ángulo recto. Se golpeó contra el suelo y su cabeza con casco dio de bruces contra la reja metálica. Blaise estampó velozmente la barra de hierro contra la cara de la criatura, pero como aun sostenía a su hijo, sólo pudo hacer fuerza con una sola mano por lo que la palanca no llegó a atravesar el cerebro. Con la barra de hierro sobresaliendo de su cabeza, el zombie se retorció y gruñó. Blaise intentó seguir presionando poniéndose junto a su pecho.

Draco se acercó al extremo opuesto de la arena para desenrollar la cadena alrededor del cuello del primer zombie. Entonces, lanzó la cadena hacia el cuello del ex soldado que estaba junto a Blaise. Draco tiró con fuerza de la cadena. El cuello de la criatura se partió con un fuerte chasquido y la multitud rugió con aprobación.

Sin hacer caso de los restos pestilentes y de la sangre que llenaba el suelo, Blaise se dejó caer al suelo, con las piernas cruzadas y temblando visiblemente. Su hijo ya no ocultaba la cara en el hueco de su cuello. El niño estaba completamente ocupado mirando a Draco.

- Ponte de pie. – le ordenó Draco.

El exhausto hombre no pareció escucharlo. El hijo de Blaise sacudió a su padre para llamar su atención.

- ¡Papi, levántate!

La cabeza de Blaise se levantó. Parpadeó, como si acabara de notar la presencia de Draco.

- Malfoy, ¿por qué estás aquí?

- Debido a un grave error de juicio, al parecer. – Draco le tendió la mano. Fue testigo de lo fatigado que estaba Blaise, que incluso con la ayuda de Draco, aún seguía teniendo problemas para ponerse en pie, mientras sostenía el peso del niño.

- Tienes que dejarlo en el suelo.

Blaise sacudió la cabeza.

- No voy a abandonar a mi hijo.

Draco acortó la distancia entre ellos, arrastrando con él a Blaise hasta quedar nariz contra nariz. El niño observaba el intercambio con ojos muy abiertos.

- Sólo tengo tiempo de decir esto una vez, así que escúchame bien. – siseó Draco – Haz otra cosa que no sea lo que yo te diga y te aseguro que saldré de aquí sin dudarlo. Amarov y su gente necesitan algo que sólo yo puedo darles y no me dejaran morir aquí contigo. Si quieres dejar este lugar con las entrañas todavía en su sitio, te sugiero que me prestes jodida atención.

- Habla. – dijo Blaise, con una fulminante mirada.

Draco miró fijamente a su viejo amigo. Entendía que Blaise estaba funcionando, probablemente, bajo últimas reservas, tanto física como mentalmente, por lo que optó por una táctica diferente.

- Nuestras vidas dependen de que trabajemos en equipo. – dijo Draco, con más suavidad – No puedes ayudarme a mantenernos vivos si llevas a tu hijo en brazos. Dejaremos al niño en una esquina y la defenderemos. Tú por la izquierda y yo por la derecha. Si uno de nosotros cae, se acabó. Sin alternativa, sin segundas oportunidades.

- ¿Pensaba que habías dicho que no te dejarían morir?

- ¿Los ves asaltando la arena en este momento para venir a por mí? – preguntó Draco, incrementando su molestia.

- No.

- Lo pueden hacer en cualquier momento, así que, ¿por qué no te aprovechas lo mejor de mí mientras esté aquí?

Las manos de Blaise temblaban mientras arropaba a su hijo contra él.

- Malfoy, si algo le pasara a él…

- Si algo le pasara, tú podrías seguir viviendo, aunque no quisieras hacerlo. Por el contrario, si murieras tú, él estaría muerto por defecto. Haz números Zabini. Ese siempre fue tu talento.

Lentamente, pero con seguridad, Blaise soltó el fuerte agarre sobre su hijo. Dejó al niño en el suelo y lo condujo hacia una de las esquinas.

Se volvió a escuchar el zumbido. Pareció más fuerte y más duradero en esa ocasión, pero probablemente fue debido a que los espectadores se habían quedado en total silencio. Estaba lo suficientemente silencioso como para que Draco escuchara la dificultosa respiración tanto de Blaise como la suya propia. Permanecieron quietos, con las improvisadas armas agarradas fuertemente entre sus manos y los pies separados.

- Estos serán diferente a los de antes. – dijo Blaise.

- ¿Cómo?

Blaise le dedicó una atemorizada mirada.

- Eran como nosotros.

Zombies magos. Los que probablemente habían atacado Taransay y probablemente también los que habían atacado el cuerpo de Filch en Hogwarts. Capaces de planificar, coordinar, pensar. Tenía sentido que Renauld se guardara lo mejor – y lo peor – para el final.

Desde algún lugar del cuarto nivel, se podía escuchar una letanía.

- Que los tres os protejan, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Os mantengan a salvo y fuertes. Que los tres os cuiden, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que estén en vuestros corazones y calmen todo temor…

Otra persona gritó:

- ¡Estáis perdiendo el tiempo! ¡Está gente no tiene Dios!

- ¡Aquí! – dijo una voz desde el segundo piso. Draco y Blaise levantaron la mirada, entrecerrando los ojos contra los focos. Vieron a una chica entre los espectadores, inclinada sobre la barandilla. Ella arrojó un largo bulto a los pies de Draco - ¡Acabamos de recibir esto enviado desde El Cassiopeia! ¡En este momento os será más útil que las oraciones!

Draco dejó caer el bate de béisbol y empezó a desenvolver el paquete. Hubo unos cuantos aplausos y vítores cuando sacó una guadaña de aspecto diabólico y una envainada katana. Levantó la mirada hacia la mujer y le hizo un gesto de cabeza en agradecimiento.

- ¿Cuál? – le preguntó a Blaise, sosteniendo ambas armas en alto.

Blaise señaló la katana.

- La espada. No tengo ni idea de lo que es la otra cosa.

- Dale al niño la barra de hierro. – instruyó Draco, después de entregarle a Blaise la katana.

- ¡Sólo tiene cuatro años!

- ¡Entonces será un niño de cuatro años armado con una maldita barra de hierro en el caso de que alguna de esas criaturas se abra un hueco entre nosotros!

El ruido de la multitud aumentó repentinamente. Se escuchaba movimiento más allá de la oscuridad de la escotilla. Blaise se arrodilló al lado de su hijo y le entregó a toda prisa al muchacho la barra, explicándole que hacer con ella. El niño, en su haber, tomó el arma con ambas manos y asintió, su pequeño rostro tenía una mueca de concentración a las instrucciones de su padre.

- Zabini… - dijo Draco. Podía ver una silueta emergiendo de la oscuridad. No, eran dos.

- Estamos preparados. – respondió Blaise, situándose en su posición a la derecha de Draco. Desenfundó la katana y tiró la vaina.

- ¿Alguno de vosotros habla ruso? – bramó una ronca voz masculina en ruso, desde el tercer o cuarto nivel.

- ¡Sí! – exclamó Draco, sin apartar la mirada de la compuerta.

- No vayáis primero a por las cabezas de estos. – aconsejó el anónimo espectador – Y ni siquiera penséis in ir a por sus pechos o los intestinos. No aminorará su velocidad.

Más voces intervinieron.

- ¡Haced que caigan como la última vez! ¡Id a por sus rodillas y después a por las cabezas!

- Cuatro son demasiados…

- ¡Callaos! ¡Renauld nos quitará nuestras raciones!

- ¡No! – gritó la mujer que les había entregado las nuevas armas - ¡Pueden hacerlo! ¡Y dejaré que el Gordo me quite mis jodidas raciones!

- ¿Qué están diciendo? – exigió saber Blaise.

- Dejad cojos a esos bastardos y luego cortarles la cabeza, más o menos. – dijo Draco, levantando la guadaña por encima de su cabeza. Le dedicó a su viejo amigo una imprudente sonrisa – Hemos sobrevivido siete años a Snape. Esto será un paseo bajo la luz de la luna en comparación.

Pero entonces, insólitamente decepcionante, el familiar zumbido volvió a sonar y la puerta de la escotilla se cerró inmediatamente con un fuerte golpe. Además de los focos que iluminaban la arena, todas las luces de los alrededores volvieron a encenderse.

La razón de ese nuevo desarrollo de los acontecimientos no sorprendió a Draco. Levantó la mirada hacia el primer nivel, viendo que Honoria había llegado. Parecía completamente lívida. Era gratificante ver a un nervioso Renauld a su lado, explicándole brevemente la situación. Ella casi ni lo miraba mientras le hablaba. Renauld asintió. Cogió de nuevo el micrófono y se dirigió al público, sonando mucho menos orgulloso de sí mismo que antes.

- ¡Fin del juego por hoy! – exclamó - ¡Volved todos a vuestras casas! ¡Y sacad a los magos de ahí!


Anatoli y tres guardias más entraron en la arena, pasando por encima del elaborado y húmedo revoltijo de zombies desmembrados. Uno de los guardias blandió perezosamente una pistola hacia Blaise y su hijo. Blaise no tenía la necesidad de saber el idioma para entender lo que estaba a punto de ocurrir. Se tensó.

- Enviad al negro y al chico de vuelta a la bodega. Honoria quiere hablar con el mago rubio.

- Mi amigo y su hijo se quedan conmigo. – le dijo Draco al guardia y la calidad de esa decisión, hizo que los guardias fueran conscientes de que Draco seguía con la guadaña.

Anatoli intervino, levantando las palmas de las manos en un gesto diplomático.

- Baja eso, mago. Tus amigos pueden venir.

- ¡Ese bicho raro y su descendencia se supone que deben volver a la bodega con el resto de la escoria mágica! – escupió el guardia con el arma de fuego.

El temperamento de Draco se encendió. Tanto él como el guardia dieron un paso hacia el otro, pero el altercado fue impedido por el brusco aullido del guardia, que se agarraba la espinilla. Los seis adultos miraron hacia abajo, encontrándose al hijo de Blaise sosteniendo (todavía) la barra de hierro que su padre le había dado. Al parecer, acababa de golpear la pierna del guardia y parecía peligrosamente cerca de volver a hacerlo. La expresión en la cara del niño podía ser descrita como indignación.

- Mi padre y el hombre han ganado el juego. – dijo el muchacho, con un tono de helada arrogancia que superaba a Zabini con creces.

Blaise se aclaró la garganta y, sabiamente, le arrebato la barra de las manos a su hijo.

- ¿Cuál es tu nombre, pequeño? – le preguntó Anatoli.

- Henry Miles Greengrass Zabini.

- Eso son muchos nombres.

Henry se encogió de hombros.

- Bien, Henry. Tú y tu papá venís con nosotros, ¿de acuerdo?

El guardia con el arma abrió la boca para protestar previsiblemente, pero Anatoli lo interrumpió, que afortunadamente volvió al ruso antes de desatar una cadena de abrasadoras palabras malsonantes y amenazas de castrar al hombre si volvía a pronunciar una palabra que los retrasara.


Grimmauld Place, Londres.

- ¿Neville me ha dicho que me estabas buscando?

Alec Mercer levantó la mirada de la pantalla de su ordenador para encontrar a Hermione en la puerta del laboratorio.

Se quitó las gafas.

- Sí. Entra. ¿Espero que no estuvieras haciendo nada importante?

- Realmente no. Estaba ayudando al Vaquero a concluir el informe de Honoria Cloot.

Mercer resopló por la nariz.

- Si es que ese era su verdadero nombre…

- Lo es. – le aseguró Hermione. Puso una silla junto a Mercer y se sentó – Su historia y experiencia eran bastante reales. De sus aliados no tenemos ninguna idea. No puede haber estado trabajando por cuenta propia.

- ¿Y estamos seguros de que fue ella la que puso la granada dentro del espécimen que llevamos al hospital?

- En realidad, teniendo en cuenta que no tenía acceso directo a la bóveda de armas, el Vaquero sospecha que utilizó el Imperio en otra persona para que lo hiciera. Era innatamente buena en ese hechizo. – agregó Hermione, recordando su total incapacidad para lanzar una Imperdonable, ni por un momento.

Mercer le estaba dedicando una mirada de incomprensión.

- Es uno de los tres hechizos Imperdonables. Está Avada Kedavra, la maldición asesina. Crucio, la maldición tortura. Y Imperio.

- ¿Qué hace la última?

- Te controla. – dijo Hermione – Te conviertes en un eficaz títere. En muchos sentidos, es la más atroz de las Tres.

- Encantador. – Mercer tenía una mirada inusualmente fría – Sabes, estaba en la bóveda cuando el Vaquero escogió un arma para mí. Podría haber sido quien robara la granada.

Hermione lo consideró.

- Es posible, pero no muy probable. Kent también estaba allí al mismo tiempo. Ella no informó de nada inusual en tu comportamiento. Richards piensa que podría haber sido ella la que estuviera bajo el Imperio. Kent tenía conocimiento de las armas de la bóveda, acceso libre y oportunidad. Además, no era precisamente muy popular. Si alguien quería despertar sospechas sobre ella, habría sido una buena manera de hacerlo.

- Malfoy también estaba allí, ¿recuerdas?

La expresión de Hermione se oscureció.

- Sí, lo estaba. Pero prácticamente tuvo nulo acceso al espécimen. – se quedó mirando fijamente a Mercer por un momento – Te culpas a ti mismo por lo que pasó en Welwyn, ¿verdad? ¿Por las muertes de Jason y Mira?

El neurólogo comenzó a hojear numerosos impresos sobre su escritorio, buscando algo.

- Mierda, sí me culpo. Ese viaje fue idea mía. Podríamos haber realizado un escáner de metales sobre el espécimen antes de salir de Grimmauld Place. Podríamos haber descubierto la granada.

- Si no recuerdo mal, le pediste a Jason que ejecutara el escáner de metales con precisión antes de meter al espécimen en la sala de resonancia magnética. ¿Lo hizo?

- No.

Hermione suspiró.

- No podemos controlarlo todo, Alec. Déjalo. Si quieres culpar a alguien, culpa a Honoria.

- El poder que tiene vuestra gente, – dijo Mercer, en voz baja – sobrepasa aparentemente las leyes de la naturaleza, matar a la gente con una frase, controlarlos. Es aterrador. No culpo a vuestro gobierno por intentar mantenerlo todo en secreto.

- Y yo no culpo a los muggles por preocuparse ahora que lo saben. – dijo Hermione – Me sentí igual cuando lo descubrí.

- Pero eres una de ellos. ¿De qué tendrías que preocuparte?

- Soy muggle y bruja. Estoy a horcajadas entre los dos mundos, cargando con las respectivas preocupaciones, al igual que Harry y Richards. Y recuerda que también tenemos un par de sangre puras que trabajan con nosotros. La doctora Patil, por ejemplo. – añadió, sabiendo el afecto de Mercer hacia Padma – Todos estamos en la misma sintonía; estamos aquí para ayudar. Ha habido muchas cosas que asimilar. Siete meses atrás la idea de un brote de zombies parecía absurda. Hace cinco meses te enteraste que la magia, y su gente, existían. Y hace dos días, bueno… hace dos días Ron todavía estaba vivo.

Mercer volvió a ponerse las gafas.

- Eso es, realmente, lo primero que quería hablar contigo. McAlister y yo sólo tuvimos la oportunidad de ver el análisis de sangre más reciente de Ron después del funeral. – ahora Mercer sostenía el impreso que había estado buscando. Se lo entregó a Hermione.

Reconoció la letra de la doctora McAlister subrayada en dramáticos círculos rojos y en las anotaciones del margen de la página. También había unos cuantos signos de exclamación. Después de muchas semanas ayudando a Padma a supervisar los análisis de sangre de Ron, no necesitaba una gran cantidad de conocimientos para notar que las cifras serológicas eran sorprendentemente diferentes.

- ¿Cuándo se tomó esta muestra? – le preguntó a Mercer.

- La doctora Patil sacó la muestra justo antes de que Emily fuera a ver a Ron.

Hermione frunció el ceño.

- Ayúdame, Alec. ¿Qué estoy viendo aquí?

- Estás viendo una regeneración. Todos sus sistemas vitales estaban volviendo a funcionar. El hígado, los riñones y las funciones del páncreas estaban todavía muy por debajo de lo normal, pero iban mejorando.

- ¿Qué estás diciendo? ¿Que Ron estaba mejorando?

Mercer miraba cada vez a Hermione con mayor angustia mientras ella contemplaba la idea de que Ron había muerto en la cúspide de su recuperación. Él rápidamente disipó sus temores.

- No. Por supuesto, el ReGen evitó la infección durante semanas, pero finalmente perdió su efecto. Estaba Infectado cuando murió. No llegamos a tener ocasión de hacer una autopsia, porque no había ninguna indicación que la justificara. Pero si hubiéramos echado un vistazo a su cerebro, habríamos visto una extensa neurogénesis.

- ¿Así que era un tipo de zombie diferente? – especuló Hermione - ¿Un zombie inteligente?

El neurólogo asintió.

- Eventualmente, sí. Aunque tal vez "inteligente" es un poco exagerado, si me permites la expresión. Sería más como un zombie programado con precisión. ¿Tal vez, como los ratones infectados con toxoplasmosis?

Hermione parpadeó.

- Alec, sé que en Australia hay una fauna bastante exótica, pero vas a tener que rellenar algunos huecos.

- Toxoplasma gondii. Es un parásito unicelular que sólo puede reproducirse en el interior del tracto digestivo de los gatos. Cerca de un tercio de la población es portadora del parásito. Los ratones que la contraen se comportan de manera… diferente. Se vuelven más audaces, esencialmente en actividades para atraer gatos. Es fascinante, la verdad.

Ella no tenía ni la menor duda de que lo era.

- ¿Los ratones terminan atrapados y comidos por los gatos, permitiéndoles que el parásito llegue a las zonas de reproducción, por así decirlo?

- Exacto. – dijo Mercer – Pero en este caso, la Infección no hace que los zombies magos tomen más riesgos, sólo utiliza las partes del cerebro requeridas para favorecer las necesidades de la Infección.

- ¿Y qué "necesita" la Infección?

- ¿En pocas palabras? Difundirse. Para hacerlo necesita mantener a sus anfitriones seguros, nutridos y viables hasta el momento que puedan entrar en contacto con nuevas personas sanas, para infectarlas y alimentarse.

- Malfoy y yo vimos la evidencia de como habían usado herramientas sobre los restos de una víctima en Hogwarts. ¿Estás diciendo que es parte del progreso de la Infección?

- Depende. ¿Qué herramientas utilizaron?

- Se llevaron el cerebro y el hígado de nuestro antiguo conserje de Hogwarts. – Hermione recordó la precisión de las heridas – Limpiamente. – añadió.

Mercer pensó en ello.

- Si los zombies magos hicieron eso, entonces podría ser que sus objetivos fueran las partes más nutritivas del cuerpo. El hígado, sin duda, se ajusta a esa descripción. El cerebro no posee ningún valor nutricional distintivo, así que eso podría haber sido simplemente por, uh, gusto.

- Eso es lo que dijo Malfoy.

- Me inclino a estar de acuerdo. Sabes, realmente podrías utilizar la ayuda de Malfoy en este instante. Si no se hubiera fugado con el enemigo, por supuesto.

Ella le dio unas palmaditas en el brazo.

- Nos las arreglaremos. Ahora, ¿has dicho que tenías algo más que hablar conmigo?

Mercer asintió.

- Nuestro espeluznante amigo de la sudadera roja está de vuelta. Subamos a verlo mejor. – abrió un cajón de su escritorio y sacó una bolsa de patatas fritas – De todos modos, iba a tomar un descanso, ya que Patil odia que coma aquí.


Desde el punto elevado de la ventana del ático, observaron al zombie de sudadera con capucha roja durante unos minutos. Otra vez llovía afuera, pero no es que eso frustrara al visitante. En mitad de un puñado de patatas fritas, Mercer tomaba nota.

- Supongo que ahora sabemos porque puede ver la casa tan fácilmente; era mago. – especuló Hermione.

- Está tan… quieto. – dijo Mercer - ¿Qué supones que quiere?

Hermione posó la mano en el cristal de la ventana, inclinándose más cerca. Su aliento empañó el cristal. Cada vez que el vaho se disipaba y la borrosa imagen del zombie entre la lluvia reaparecía, Hermione casi esperaba que se hubiera movido acercándose a la casa.

- Creo que quiere entrar.

- Dios. – murmuró Mercer - ¿Puede hacerlo?

- No sin invitación.

- Creía que eso sólo era para vampiros.

- Los vampiros tampoco pueden entrar. – dijo Hermione, algo confundida por el cambio de tema.

- ¿Hay vampiros? – preguntó Mercer, pareciendo aterrorizado. Hermione abrió la boca para responder, pero él levantó una mano - ¡No, espera! No me lo digas. No quiero saberlo. Supongo que si hay zombies y hombres lobos, tenía que haber vampiros. ¿Qué hay del Bigfoot? ¿Es real el Bigfoot?

Lo que Hermione iba a responder se vio interrumpido por el ruido de la puerta del ático al abrirse. Era Harry.

- Creí que estaríais aquí. – dijo – Os necesitan abajo. Reunión en Casa.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Hermione.

- Las fuentes de Richards nos han contactado por Red Flu. Se las han arreglado para averiguar dónde está detenido Alexander Amarov. – Harry estaba usando una expresión decidida. Era un buen cambio del desapego que había visto en él desde el funeral de Ron – Parece que nos vamos a una misión de rescate.


Se les ordenó que se limpiaran antes de ver a Honoria.

De acuerdo con ello, Draco, Blaise y Henry fueron llevados a una improvisada ducha de descontaminación, se desnudaron y se lavaron con una manguera con agua tibia. Draco podía suponer que Blaise y su hijo no habían tenido una buena ducha en tiempo, porque se escuchaban las risitas encantadas de Henry en el cubículo de al lado. La impresionante capacidad de recuperación de los niños, pensó Draco, bastante maravillado.

Después del lavado llegó la inspección. La ropa que había usado Draco previamente estaba arruinada, obviamente. La metió en una bolsa de materiales peligrosos y la desechó. A Blaise y Draco les dieron unas botas de goma y un mono de color beige, áspero del desgaste, mientras que Henry se tuvo que conformar con el jersey de lana de un guardia, que le quedaba, desafortunadamente, como un vestido. Posteriormente fueron inspeccionados por un doctor con una manera desastrosa de tratar a los pacientes. El malhumorado hombre observó sus colecciones de cortes, rasguños y moretones, aplicando un antiséptico que ardía cuando era necesario. Henry no estuvo tan contento cuando tuvieron que quitarle sangre.

- No le gustan las agujas. – dijo Blaise. Fue todo lo que le había dicho a Draco desde que habían salido de la arena.

Cuando hubieron terminado, esperaron en la oficina del doctor. El medico les tomó muestras de sangre a los tres para hacer la prueba de la Infección, mientras que Anatoli y los tres guardias que quedaron parados junto a la puerta en silencio. Un Henry exhausto descansaba, por ahora, en los brazos de su padre. La puerta se abrió y Honoria entró. Se detuvo un momento para examinar a los dos magos en sus monos y a las idénticas botas de goma rojas. Una brizna de diversión apareció brevemente en su cara.

- Hacéis buena pareja. – se giró y les dijo a los tres guardias – Llevad al señor Zabini y a su hijo a las habitaciones del señor Malfoy.

Blaise le lanzó una cautelosa mirada a Draco, pero cumplió cuando Draco le dedicó un sutil gesto de cabeza. Una vez que Blaise y su hijo se hubieron marchado con los guardias, Honoria se dirigió a Anatoli.

- ¡Te dije que lo vigilaras! En menos de dos días de estar aquí, me entero que se ha metido en la primera ronda del Pozo de Renauld. – hizo un ruido para transmitir su frustración – Mientras vestía un Armani prestado, o eso me han dicho.

- Los zapatos eran Bally, ¿si eso ayuda? – dijo Draco.

Anatoli parecía compungido, pero se mantenía firme.

- No dijiste que no podía llevar al mago al Pozo. No podía pararlo. Hace lo que quiere.

Los ojos de Honoria se entrecerraron. Iba bien vestida esa tarde con un elegante traje de pantalón negro, pero aún seguía luciendo el contagioso agotamiento que había traído con ella desde Grimmauld Place.

- Anatoli, déjanos solos.

Después de que Anatoli hubiera cerrado la puerta tras él, Honoria rodeó el escritorio del doctor y se sentó en el borde. Se quedó mirando a Draco, reflexivamente.

- Zabini parecía sorprendido de que me supiera su nombre. Tuve un flechazo por él cuando estábamos en Hogwarts.

- Y ahora lo metes en una jaula como un animal. Si es así como lidias con tus viejos flechazos, no me gustaría ver lo que pasa con tus verdaderos socios.

Ella se puso seria.

- Hay pocas cosas en las que este abiertamente en desacuerdo con Amarov. Los juegos están en la parte de arriba de la lista.

- Entonces acaba con ellos.

- No puedo. Lo he intentado.

- Esfuérzate más.

Se miraron el uno al otro con una silenciosa hostilidad.

- Fue error de Renauld meter a un niño en la arena. La gente ya detesta este maldito deporte, pero Alexander exige que todos estemos unidos en nuestro odio y desconfianza a la gente mágica. Desafortunadamente, lo que la multitud atestiguó hoy tenía todo que ver con el ser humano. Han visto a un padre intentando mantener a su hijo con vida. – le frunció el ceño a Draco – Y han visto que has arriesgado tu vida para ayudar a un amigo. Alexander se disgustará cuando se entere de esto. Quiere que la gente mágica sean vistos como menos que humanos.

- Esa táctica suena algo familiar, ¿no crees? – dijo Draco, retóricamente – Cambias juegos por Dachau y realmente no veo la diferencia.

- ¡Son tiempos difíciles!

- Sí, lo son. – espetó Draco – Y sin embargo, eres la responsable de sabotear la búsqueda de una cura. De encarcelar a nuestra gente y torturarlos.

- ¿Nuestra gente? – dijo Honoria entre dientes – Ahora es "nuestra" gente, ¿verdad? Creo recordar un momento en el que intentabas recordarme que mi gente es inherentemente inferior a los sangre pura, y de nuestra falta de mérito al tener cualquier habilidad mágica. Eres un hipócrita, Malfoy. Y serviste a un loco.

- ¿Y supongo que Amarov es un modelo de estabilidad mental?

Ella se apartó de él, caminando por los pequeños confines de la oficina mientras hablaba.

- ¡Alexander tiene sus defectos, pero aun así está salvando miles de vidas con esto!

- Hay otras maneras de salvar vidas que no impliquen ese juego. Lo único que tiene Alexander Amarov que te interese es una profunda repugnancia hacia la magia y la gente mágica. No pretendo saber porque desprecias tanto a tu propia gente, pero sé que cualquier motivo que tengas, no puede justificar todo esto.

- No me hables como si fueras una especie de héroe. No lo eres.

Draco la sorprendió riendo de buena gana.

- Oh, no soy un héroe. Mi padre me advirtió, hace mucho, lo que les pasa a los héroes en el mundo real.

- Sabías que Renauld me mandaría a llamar y que no podía permitirme el lujo de dejarte morir en el Pozo. Sabías el mensaje que le enviarías a la multitud, ¿verdad? Viendo como ayudabas a Zabini a proteger a ese niño. Estaba todo calculado, lo sé porque te conozco, joder. Después de todos estos años, sigues siendo el mismo. – ella sacudió la cabeza – Todo es humo y espejismos contigo, Malfoy. Es simple talento para el espectáculo. Desearía que Granger pudiera haber visto todo eso de ti.

- Hermione Granger no abrigaba ninguna ilusión sobre lo que soy. – dijo Draco, pasando a una voz muy suave.

Honoria pareció ser consciente de que estaba chapoteando sobre unas aguas peligrosas. Llevó la conversación hasta el punto.

- Quiero que mañana empieces a trabajar en la cura con el profesor Belikov. Lo harás o tu mejor amigo Zabini y su hijo sufrirán. Puede que no sea capaz de volver a meterlos en el Pozo sin arriesgarme a un motín de los espectadores, pero puedo devolverlos a la bodega. O peor. ¿Tenemos un acuerdo, Malfoy?

Lo tenían. Como su padre le había advertido, eso era lo que pasaba al revelar un apego a algo o alguien. Debilidad. Les daba a otros poder sobre ti y esta sería la segunda vez que Honoria lo utilizaba contra él.

Volvió a sentir la contracción de la magia en sus manos.

- Tenemos un acuerdo. – dijo.

- Bien, le pediré a Anatoli que te lleve de vuelta a tus habitaciones.

Fue gratificante ver como dio unos precipitados pasos hacia atrás, cuando Draco se levantó repentinamente, arrastrando la silla por el suelo. Los ojos de Honoria se dirigieron hacia la puerta, donde Anatoli esperaba unos metros más allá. Era difícil parecer intimidante con unas botas rojas estilo Santa y lo que parecía una bolsa de arpillera llena de bultos con una cremallera, pero Draco tenía años de práctica.

- ¿Honoria?

Ella vaciló.

- ¿Sí?

- La próxima vez que estés a solas en una habitación conmigo, te mataré.