¡Segundo capítulo de hooooy!

Advertencias: violencia, sangre...

Preparaos, ahora sí que sí... Espero vuestras opiniones ;)

Nos vemos la semana que viene y contestaré reviews.

¡Mil besos!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 22 - Occupational Hazards (Gajes del Oficio): Parte 2

- Entonces, ¿qué hacemos con ellos? – preguntó Hermione, señalando a los Petrificados secuestradores.

Estaban alineados en cubierta con diversas expresiones retorcidas de pánico, defensa y huida. Era como estar viendo una horrorosa exposición en el museo de cera. La mayoría de ellos habían estado armados, a juzgar por las rígidas y vacías posiciones de sus manos. Todas las armas habían seguido el camino del cuchillo de caza.

- No haremos nada. – dijo Richards – No somos la policía. Una vez que estemos fuera del barco y les hayamos quitado el Petrificus, podrán seguir su feliz y criminal camino.

Amarov no estaba contento.

- Tengo que protestar, agente Richards. Eso no es justicia, ¿verdad?

- Y, sin embargo, eso es exactamente lo que haremos. – le dijo Richards, con los ojos entrecerrados – Esta es nuestra operación, Amarov, no vuestra. Ahora, si me disculpa, Wallen, Mercer y yo iremos a ver si hay algo en este barco que salvar. – le disparó a Hermione una significativa mirada antes de desaparecer bajo cubierta con los dos científicos. Padma y Hermione se quedaron para ocuparse de Amarov.

Hermione observó como Amarov se sentaba con contrariedad sobre una pila de cuerda enrollada.

- No es una persona muy sociable, ¿verdad?

Iba descalzó, notó Hermione. Y hacia bastante frío. Ella se acercó a uno de los secuestradores, pasó un minuto comprobando el tamaño de los zapatos antes de aventurarse a coger un par de uno de los hombres Petrificados.

- Está intentando salvar lo que queda de gente en general. – respondió Hermione, al tiempo que le entregaba los zapatos a Amarov – Tome, intente ponérselos.

Amarov cogió los zapatos.

- Gracias. – su mirada se desplazó de Hermione a Padma – Ella obviamente es la doctora. Wallen me dijo que él y el australiano eran científicos. Richards es militar. ¿Qué es usted, entonces, señorita Granger?

- Soy lo que sea necesario ser.

- Ya veo. – dijo y su mirada fue demasiado evaluativa, demasiado persistente. Merlín la ayudara, le recordó a Malfoy.

No le gustaba Amarov, pero aparte de lo que parecía ser una abundancia de carisma y una falta de sinceridad crónica, no podía precisar que otra cosa la ponía tan alerta de él. Tal vez era su particular "casta" de hombre de negocios. No era complicado imaginarse a un elegante Amarov en una sala de juntas. O a una versión más joven de él, convenciendo hábilmente a los nerviosos inversores de que se desprendieran de su dinero.

- Ya sabe, tengo a alguien como tú a mi servicio, una chica muy polifacética. Ella es mestiza. Muy práctica para tener a mano. ¿Es usted de sangre mestiza?

Técnicamente no era ofensiva tal pregunta, especialmente viniendo de un muggle curioso, pero definitivamente era impertinente. Un rápido vistazo a la expresión de Padma que también estaba impresionada con los modales de Amarov.

- No, señor Amarov, soy hija de muggles.

- Ah, también tengo algunos de esos.

- ¿Cómo dice? – preguntó Hermione, con el ceño fruncido.

Sin embargo, toda repuesta de Amarov fue acallada por la súbita iluminación de la cubierta. Se escuchó el sonido de otro motor; no el tenor chisporroteo del pesquero, sino un suave zumbido de barítono. Un enorme yate blanco apareció a la vista. El pequeño pesquero fue eclipsado por el alto, vasto e inmensamente brillante yate. Hermione informó rápidamente a Richards de la llegada del barco de Amarov. El multimillonario ruso se puso en pie, flanqueado por Padma y Hermione, mientras lanzaban una pasarela de barco a barco.

Seis hombres abordaron el barco pesquero; uno de los cuales era enorme. Sólo él le devolvió la cautelosa mirada a Hermione y fue la expresión de pavor en su rostro que cristalizó la nebulosa preocupación que tenía en la boca del estómago. Los seis hombre llevaban ametralladoras automáticas.

Las escobas del equipo guardadas en la funda de Mercer, se encontraba al otro lado de la embarcación.

Mierda. Plan B, entonces.

- ¡Richards tenemos que salir de aquí! – dijo Hermione entre dientes al intercomunicador – Ahora mismo. ¡Olvida las escobas!

Padma – maravillosa, estoica y brillante Padma – ni siquiera se detuvo a cuestionar el juicio de Hermione. Cogió su varita. La varita de Hermione ya estaba en su mano y el hechizo en equilibrio sobre sus labios, pero no lo haría sin Padma.

Fue inesperado que Amarov el que actuara en primer lugar. No parecía del tipo de hombre que se ensuciara las manos si podía pagar a alguien que lo hiciera por él. ¿Tal vez lo hizo porque estaba más cerca y más en sintonía con la situación en el pesquero? Agarró la muñeca de Padma antes de que pudiera envolver la mano en torno a su varita, arrancó la vara de madera de la funda de la cadera y la lanzó por la borda. La desesperación de Padma por la pérdida de su primera varita, era casi tangible. En esos tiempos, era extraño tener en tu poder la varita que Ollivander había seleccionado personalmente para ti. Hermione y Harry ciertamente no lo hacían.

Uno de los hombres habló a Amarov en ruso. Amarov respondió y luego se echó a reír. Tomó una pistola que le hombre le entregó y mantuvo la boca del cañón contra el cuello de Padma, completamente imperturbable al hecho de que Hermione tuviera su varita apuntando directamente a él.

- Ni siquiera un hechizo de una sola silaba en tu arsenal es más rápido que una bala. – le dijo Amarov – Pero estás invitada a intentarlo.

Tres de los hombres de Amarov desaparecieron bajo cubierta.

- ¡Richards, tenéis compañía! – advirtió Hermione.

Unas silenciosas órdenes de Amarov dieron lugar a que uno de sus hombres se acercara a Hermione por detrás y le arrancara el chaleco, el casco y el auricular. Su largo cabello se escapó de su enganche y cayó por su espalda en una trenza desordenada. El hombre que la sostenía envolvió inmediatamente su antebrazo entorno a su pelo y tiró con la suficiente fuerza para hacer que sus ojos se aguaran. La otra mano del hombre se cerró alrededor de su muñeca, sosteniendo todavía la varita. Una maldición al azar, desenfocada e inconsciente, se escapó de su varita, dejando un humeante agujero en la cubierta. Le sostenía la muñeca con tanta fuerza como para desplazarle los huesos. Ella gritó de dolor mientras su varita se caía de entre sus dedos y se alejaba rodando.

- Dejadnos marchar. – dijo - ¡No queremos ningún problema!

- Oh, esto no es ningún problema en absoluto, señorita Granger. Se lo aseguro. Ya he sido secuestrado antes. Está ocasión ha sido la más larga y dolorosa, pero habría sido liberado con el tiempo. – cambió el agarre que ejercía sobre Padma, para poder levantarse la camisa y enseñarles el panel metálico del pecho – Como he dicho antes, mi póliza de seguros. – no dio más detalles. En cambio, agarró el intercomunicador de oído de Hermione que uno de los guardias sostenía y le habló a Richards – Agente Richards, sé que puede oírme. Le insto a entregar sus varitas y a ustedes mismos a mis hombres. Hazlo o no habrá nada que encontrar de tus dos encantadoras brujas.

No lo hagas, pensó Hermione. No había ninguna razón para que los tres miembros restantes del equipo no se Desaparecieran de inmediato. Wallen y Mercer eran demasiado valioso para el Proyecto Navidad como para arriesgarse a perderlos. Seguramente Richards podía llevarlos a casa al menor indicio de problemas. Richards no era como Harry y ella, después de todo. No era blando, ni se dejaba llevar fácilmente. Hermione se tranquilizó a sí misma con el conocimiento de que el Vaquero siempre tenía una visión global en mente.

Pero tal vez no siempre…

Desgraciadamente, observó cómo Richards y Wallen eran conducidos hasta la cubierta. Richards parecía sobrenaturalmente calmado. Tenía los brazos alzados y le habían desaparecido la varita, el chaleco y el casco. Mercer cojeaba detrás de ellos, luciendo una sángrate nariz. Sus ojos escanearon inmediatamente el lugar, encontrando a Padma en las garras de Amarov.

- Jodido bastardo. – maldijo Mercer.

- No puedo describir con palabras la mala decisión que es esta, Amarov. – dijo Richards, de una manera completamente realista. – No estamos aquí por ganancias o beneficios personales. Si no efectuamos la entrega de una cura, Londres será borrado del mapa por ciertos muggles de gatillo fácil en Washington. Hay una cuenta atrás en curso.

- No es mi problema, agente Richards. – respondió Amarov, igual de calmado. Parecía estar acariciando distraídamente uno de los lados de la cara de Padma con el cañón de su pistola – Y a diferencia de usted, yo sí estoy en esto por ganancias y beneficios personales. Estamos en tiempos emocionantes. Plagado de peligros, sí, pero nada como un poco de caos para sentirse vivo, ¿no crees? – uno de los otros hombres rodó los ojos y dijo algo en respuesta a lo que Amarov rio – Ivan no siente lo mismo que yo, desafortunadamente. Mi gente ha estado preocupada por mi bienestar, ya que está vinculado de manera crítica a la supervivencia de la flota. Use un poco de imaginación, agente Richards. Aunque entiendo que podría resultar exigente para un militar como usted. No tiene por qué ser todo pesimismo en cuanto a la Infección. Piense en las posibilidades.

- Estás loco. – siseó Padma.

- No, querida. Soy un hombre de negocios. – dijo Amarov, con los labios en su sien.

- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó Richards, llamando de nuevo la atención de Amarov.

- Quiero a tus brujas.

Eso sorprendió claramente a Richards.

- No puedes llevártelas, enfermo hijo de puta.

Amarov se encogió de hombros. Y seguidamente, levantó el brazo y disparó dos veces a Richards en el pecho.

La impresión fue profunda. Hermione no desconocía los disparos a corta distancia, pero esos habían sonado más fuerte. Sintió los disparos; dos grandes estallidos marcados que resonaron en todas sus terminaciones nerviosas. Richards se tambaleó hacia atrás. Mercer intentó llegar hasta él, pero terminó agarrando el espacio vacío. El Vaquero cayó por encima de la barandilla de la cubierta. Se escuchó un chapoteo. El guardia más cercano a Mercer se apresuró a mirar por la borda de la embarcación. Gritó a los demás en ruso mientras corría hasta la proa, sin dejar de observar el agua. Aparentemente, no había ninguna señal de Richards. Otros dos guardias agarraron a Mercer, que no se tomó amablemente el ser inmovilizado. Soltó a uno de ellos una patada entre las piernas. El guardia se dobló por la mitad, con la cara tornándose de color púrpura. Su colega utilizó la culata de la pistola para golpear uno de los lados de la cabeza de Mercer. Se derrumbó, con sangre goteando profusamente de un corte en la sien.

Wallen explotó. Había desaparecido el tímido y de tono suave microbiólogo. El hombre llamado Ivan intentó retenerlo, sin prever lo que estaba por venir. Hermione era muy consciente de la fuerza sobrenatural de los licántropos. Lo había visto de cerca y personalmente. Aún faltaban dos semanas para la próxima luna llena, pero eso no disminuía las capacidades de Wallen. Cogió la mano que lo agarraba. Con la otra mano cogió el codo de Ivan, lo retorció y tiró. Fue posible escuchar el sonido al romperse de los tendones y los huesos. El brazo del hombre se desprendió de su sitio con la misma felicidad que una hoja se arrancaba del tronco de un árbol. La sangre brotaba en fuertes impulsos, derramándose sobre la cubierta. Ivan no gimoteó tanto como habría cabido esperar. Se le sobresalieron los ojos cuando se tocó el irregular muñón del hombro. Miró a sus compañeros, cerrando y abriendo la boca como pez fuera del agua. Wallen aun sostenía el brazo, un hecho que parecía volver al mutilado Ivan aún más incrédulo. El más grande de los guardias, el que tenía una mirada de ansiedad, fue el único que tuvo el aplomo de acercarse a Ivan. Utilizó su enorme mano para tapar la herida, ahogando el flujo de sangre y luego le gritó una pregunta a Amarov.

Pero Amarov estaba totalmente ocupado lidiando con Wallen. Tan ocupado, de hecho, que soltó a Padma.

La primera bala le dio al licántropo en el hombro. La segunda y la tercera, en las piernas. Padma corrió hacia Mercer. Uno de los otros hombres entró en pánico y empezó a abrir fuego hacia Padma, Mercer o Wallen, a cualquier cosa que se le acercara. Hermione pudo sentir la nerviosa tensión del hombre que la tenía sujeta. Aprovechó su falta de concentración para deslizar la mano en uno de sus bolsillos y sacar el espray de pimienta. El gas le golpeó en la cara. Con ojos llorosos, se liberó del agarre.

Parecía que Wallen estaba a punto de colapsar. Estaba ensangrentado y jadeante. Hermione tuvo la intención de correr hacia él, pero por la trayectoria de las armas de fuego, pronto rechazó esa idea. En su lugar, se lanzó hacia Padma y Mercer, derribándolos al suelo al tiempo que una lluvia de balas pareció sobrevolar sus cabezas. Fueron alcanzados varios de los secuestradores Petrificados. Uno de ellos cayó, asemejándose macabramente a un maniquí derribado. La sangre de sus heridas se filtró velozmente sobre cubierta.

Alguien gritó y se detuvieron los disparos. Hermione estaba encima de Padma. Wallen estaba vivo, pero por poco. Amarov ahora miraba a la pared, con lo que sólo podía describirse como un aturdido regocijo. Probablemente era la única emoción genuina que había mostrado desde que lo habían rescatado. No muy lejos de Hermione, uno de los guardias había muerto, víctima del fuego amigo. Su arma había quedado en medio de Amarov y Mercer.

Ambos hombres se habían dado cuenta. Amarov no perdió tiempo en apuntar con su arma a Mercer y apretar el gatillo.

Click.

La recamara estaba vacía.

- ¡Alec! – gritó Hermione - ¡Coge el arma!

Los dos hombres se lanzaron a por el arma, pero Mercer era más rápido y estaba más cerca. Se detuvo en seco frente a la pistola y la cogió antes de que Amarov pudiera hacerse con ella.

- ¡Te voy a matar, hijo de puta! – gritó Mercer totalmente furioso. Pero los disparos, tres en una rápida sucesión, no salieron del arma de Mercer.

La pistola cayó al suelo, seguida de Mercer. Amarov la pateó rápidamente para alejarla. El grito de Padma sonó muy fuerte en el nuevo silencio. Se arrastró de debajo de Hermione y corrió hacia Mercer, casi resbalándose sobre la cubierta por las manchas de sangre. El enorme guardia que había disparado a Mercer bajó el arma. A diferencia de sus colegas, parecía lejos de estar satisfecho por tener que usarla. Estando inmensamente aliviado, Amarov extendió el brazo hacia el guardia, quien rápidamente le entregó el arma.

- Gracias, Anatoli. Te debo una. – dijo Amarov, casi sin aliento.

- ¡Alec! – jadeó Padma – Oh Alec, ¿qué has hecho?

- No he hecho jodidamente nada. – protestó Mercer débilmente. Tenía sus propias manos aferradas al pecho – Ese tío me ha disparado.

- Déjame ver… - Padma le apartó las manos.

- Mierda. – dijo Mercer. Su respiración era breve y superficial, no más que jadeos – Hasta aquí ha llegado el helado.

Parpadeando para alejar las lágrimas, Padma le quitó los guantes a Mercer y extendió sus manos. Miró a Hermione, mordiéndose el labio y luego se giró para hacer frente a Amarov.

- Señor Amarov, soy Doctora. Puedo salvarlo. Puedo ayudarle a usted y a su gente. ¡Ha dicho que faltaba experiencia médica en su flota! Alec es uno de los mejores neurobioquímicos del mundo. Puede servirle. Es aún más valioso que yo. Por favor…

- No, hermosa bruja. – le dijo Amarov y parecía sonar arrepentido – Realmente no lo es. No para mí. Tengo mis propios expertos. Ahora, aléjate.

Los ojos de Padma se ensancharon. Sacudió la cabeza y luego de manera protectora se puso sobre Mercer.

- Aléjate. – le ordenó Amarov. Puso un pie en el hombro de la bruja y empujó, pero Padma seguía sujeta.

Mercer tosió sangre. Estaba completamente pálido en ese momento.

- Patil, – jadeó – haz lo que te diga, joder.

Hermione tenía el cerebro devastado. No había nada… Merlín, no podía pensar en otra cosa. Ninguna oportuna luz de inspiración. Ninguna practica distracción. Ninguna desgarradora acción heroica de última hora como Harry. Una bruma de desesperación cayó sobre ella, o tal vez era una bruma normal. Las luces se atenuaron y la noche se oscureció. Estaba temblando. Mercer iba a morir. Hermione odiaba saberlo con tanta certeza.

Pero parecía que Padma no lo tenía tan claro.

Le tendió una mano a su amiga, tragándose las lágrimas.

- Padma, ven aquí…

- No.

- Escúchala. – dijo Amarov – Permíteme que aleje al mago de su miseria.

- ¡No es mago! – escupió Padma - ¡Ni siquiera debería estar aquí! ¡Es muggle, como tú!

La mirada de Amarov se endureció. Por un momento, pareció casi maníaca.

- ¡Él no es como yo! ¡No hay nadie como yo! Ahora, fuera de mi camino, bruja. – con esa verdadera ira, se produjo una pérdida de control. El acento de Oxford vaciló. En ese momento, era un lunático.

La voz de Mercer era un fino susurro ahora. Tenía los ojos medio cerrados mientras tanteaba con sus manos en busca de las de Padma.

- Ve con Hermione. Permaneced unidas.

Y aun así Padma se negó. Inesperadamente, Anatoli intervino. Con las manos empapadas en sangre por haber estado ateniendo las heridas de Ivan, alejó de un tirón a Padma de Mercer. Se retorció de manera salvaje, dando golpes y patadas, pero él la sujetó con facilidad.

- Como siempre, Anatoli, aprecio tu intervención. – murmuró Amarov. Entonces, apuntó con el arma a la cabeza de Mercer – Sin resentimientos, Doctor. Sinceramente, no tengo nada en contra de los muggles.

Con gran esfuerzo, Mercer levantó una temblorosa mano con el dorso hacia Amarov. Tardó más de un momento y claramente Amarov lo dejó hacer, pero finalmente Mercer encrespó los dedos, dejando sólo el dedo corazón extendido.

- Touché. – dijo Amarov, antes de apretar el gatillo.


Tiraron a los petrificados secuestradores al mar. Si alguna vez alguien se había preguntado si un cuerpo bajo la influencia de un Petrificus flotaba, ahí tenían la respuesta; se hundieron como rocas.

Sin conocer con certeza el grado de sadismo de Amarov y su evidente ira hacia las personas que lo habían secuestrado, Hermione decidió que era la mejor y peor manera de morir para ellos. La noche no había ido bien para ninguno de ellos. Amarov había perdido un solo hombre. Ivan estaba herido, tal vez mortalmente. Richards no estaba, Mercer había muerto y Wallen…

- ¿Qué es él? – preguntó Amarov a Hermione.

Felix Wallen estaba vivo. Hermione deseaba con todas sus fuerzas que siguiera así.

- Es un hombre lobo. – respondió Hermione, apáticamente. Seguía sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra la barandilla. Y esa, al parecer, fue la respuesta correcta, porque Amarov ordenó a Anatoli llevar tanto a Ivan como a Wallen con un tal "Doctor Prestin del barco de Juegos", para que los tratara inmediatamente.

Uno de los hombres izó a Padma hasta ponerla de pie y se le ordenó que ayudara al mencionado doctor Prestin. Hermione no sabía cómo iba a hacerlo, teniendo en cuenta que Padma no estaba en condiciones de hacer gran cosa. La sangre de Mercer ni siquiera se había secado aun de sus ropas.

No fue hasta que ordenaron a Hermione levantarse, que todos se dieron cuenta de que le habían disparado.

Amarov frunció el ceño mientras la levantaba.

- Recibir un disparo no debería ser un gaje del oficio en su tipo de trabajo, señorita Granger. – le dijo, casi con rabia.

- No sabes cuál es mi trabajo. – replicó ella.

Él la miró fijamente, desconcertado. Hermione le devolvió la mirada, deseando tener una varita para demostrarle personalmente el recientemente desarrollado dominio del Avada Kedavra.


- Está en shock. – dijo alguien. Una voz masculina, profunda y madura. Le recordaba a Richards. Pensar en Richards logró que se le encogiera el pecho - ¿Por qué no la llevan al doctor Prestin? ¡Necesita atención urgente! ¡Somos científicos, no cirujanos!

- Profesor Belikov. – dijo otra voz, tan inquieta como la primera - ¡Amarov la trajo aquí él mismo! El doctor Prestin está operando a otros dos. Amarov dice que tenemos que salvarla…

- ¡Amarov dice! ¡Amarov dice muchas cosas! Y dice que quiere a esta chica con vida. ¡Pero yo digo que no voy a ser responsable de acelerar su muerte! ¡No he tocado un bisturí en cuarenta años! ¿No hay nadie más?

- ¡Ya hemos preguntado a cualquiera que pueda ayudar!

Una puerta se abrió y se volvió a cerrar, causando una leve corriente de aire. Se escucharon muchas voces esta vez; a parte de las de Belikov y el otro hombre. Escuchó el chasquido de uno guantes de látex y un momento más tarde, pudo oler la goma mientras una mano se deslizaba por su mejilla y su cuello. Sintió unos dedos en el punto donde se encontraba su pulso.

Volvió a escuchar la profunda voz de nuevo; el profesor Belikov.

- ¿Cuándo fue la última vez que practicaste una cirugía, joven?

- Desde la escuela de medicina. Y solo a cadáveres.

- ¿Cadáveres?

- Debo decir que nunca la acabé, dado que nunca asistí. Tenía los libros, de todos modos. Pero tengo el pulso firme, profesor. Guíalos.

- Está despierta.

Una mano se deslizó sobre la suya. Se aferró a él, sabiendo a quien pertenecía, incluso antes de abrir los ojos.

Hermione realmente debería haberse sorprendido de verlo. Debería haberse quedado de piedra, perpleja, enfadada y recelosa. Pero mientras una lágrima se escapaba de la comisura de uno de sus ojos y mientras sentía el calor de su mano, incluso a través del látex, Hermione se sintió inmensamente aliviada. El alivio se duplicó. Eso se debía al hecho de que él estaba vivo y bien y porque era uno de los mejores solucionadores de problemas que conocía. Ella era el problema, agujereada por una bala y sangrando como estaba, pero lo resolvería. Draco Malfoy la miraba con una mezcla de ira, miedo y tanta inesperada ternura que logró que soltara más inútiles lágrimas.

- ¿Por qué no pudiste quedarte donde te dejé? – le susurró él.

Ella sintió frío. Oh no, otra vez no. Recordó Welwyn y tuvo miedo del recuerdo. Sentía la mitad inferior de su cuerpo como si lo hubieran sumergido en una bañera de agua helada. Hermione abrió la boca para decir algo, pero ahora Malfoy estaba hablando con otra persona en la habitación. Ya no había ternura ni en su expresión ni en su tono de voz, ahora estaba trabajando. Se escuchaba una mezcla de diferentes voces y ruidos; paquetes de plásticos abriéndose, un ocasional tintineo metálico y también un fuerte olor a antiséptico.

- … atento a la hipovolemia. Supervisar la presión arterial.

- Está a más de 100lpm…

- Muévela hacia abajo.

- ¡Con suavidad! Allá vamos…

Y volvió a sonar la voz de Malfoy, corta, rápida y seria.

- No. La conozco. Es Rh-negativo

- Me he puesto en contacto con el barco de juegos. – informó Belikov – Enviarán gelofusine. Y voluven. ¡No estoy seguro de que vayamos a necesitarlos!

- ¿Por qué estás aquí? – logró croar finalmente Hermione.

Malfoy volvía a tener la mirada fija en ella, con el ceño fruncido. Sintió sus manos en el vientre. Había recibido un disparo en el estómago, lo cual era bastante mala noticia. Ah, bueno.

- Amarov me retiene aquí ahora. – dijo Malfoy.

- ¿Y Honoria? ¿Dónde está?

- Honoria ha sido su mascota desde el principio.

Ya sabe, tengo a alguien como tú a mi servicio, una chica muy polifacética. Ella es mestiza. Muy práctica para tener a mano. ¿Es usted de sangre mestiza?

- Ella te robó de nuestro lado. – conjeturó Hermione.

Sorprendentemente, él sonrió en mitad de lo que fuera que estaba haciendo. Era una sonrisa cálida, pero tan compleja como la mirada que le había dedicado cuando abrió los ojos. Hermione estaba impresionada con su múltiple capacidad emocional.

- Sí, Granger. Honoria me robó.

- No querías irte, entonces.

- No, no quería. – se apartó y la sonrisa le desapareció - ¿Dónde cojones está el HemoCue?

Oh, Dios. Hermione cerró los ojos con fuerza. Harry y Padma habían tenido razón. Honoria obligó a Malfoy a irse y Hermione ni siquiera había querido tener en cuenta ese hecho. Había dejado a Malfoy fuera, lo había abandonado. Si hubiera sido Padma o Harry a quien se hubieran llevado, habría movido cielo y tierra para encontrarlos, no importaba si las circunstancias eran sospechosas. Había sido diferente con Draco. Había estado tan… asustada de que pudiera significar que se había ido con Honoria para que todos estuvieran a salvo. Draco Malfoy no hacia esas cosas. Draco Malfoy era un abusón en el colegio. Hijo de mortífago. Mortífago. Asesino y criminal. Mató a Ron. Sí, tal vez fuera por necesidad, pero no era buena persona. No era uno de ellos y por lo tanto no debían aplicársele las mismas reglas de confianza y lealtad.

¿Verdad? ¿Verdad?

Hermione se echó a llorar. Esto era demasiado para su sensatez y buen juicio. Él había hecho lo correcto con ellos a sabiendas que el trato con Scrimgeour no era inquebrantable y, a cambio, ella le había fallado. Y todo porque tenía miedo de sus propios jodidos sentimientos.

- Draco, lo siento…

Malfoy no la escuchó. Alguien le dijo algo que pareció enfadarlo. Hablaba en ruso esta vez. Era cierto; como le había dicho en el viajecito a Hogwarts lo hablaba fluidamente. Hermione parpadeó hacia él, preguntándose que otras cosas no conocía, tomando pequeños detalles al azar que en ese momento la hipnotizaron; la camisa blanca que llevaba con las mangas enrolladas y manchada de sangre (lo había manchado con su sangre de nuevo), su pelo lo suficientemente largo para meterlo detrás de las orejas, su particular expresión cuando estaba centrado en una tarea.

Entonces, sintió como las manos de Malfoy se deslizaban suavemente bajo sus hombros.

- Granger, tenemos que moverte a una mesa diferente. Te ayudará mantener la respiración cuando te movamos, ¿de acuerdo? A la cuenta de tres. ¿Preparada?

- Sí.

- Una, dos… - miró a la persona que lo estaba ayudando al otro lado de la mesa - y… tres.

Quería decirle que no iba a dolerle. Porque no sentía nada por debajo de la…

Hermione gritó. Repentinamente, su parte inferior pareció volver a funcionar. El dolor en su abdomen era abrasador y su torso se sacudía de arriba abajo. El calor sustituyó al frío. Con el regresó de la sensación llegó el dolor del recuerdo y el propósito. Ahora no era el momento de adentrarse en la madriguera de la autocompasión. Era esencial que Malfoy supiera exactamente lo que había pasado, porque el conocimiento era poder. Por si… por si acaso no podía decírselo más tarde. Se aferró al dolor, lo sujetó con estremecimiento y lo utilizó para mantener la neblina de la inconsciencia alejada.

- Estábamos intentando rescatarlo. Amarov. Lo ejecutamos a la perfección. – dijo, con los dientes apretados. Si sonaba a la defensiva, era porque lo estaba. La operación del Senado Mágico Estadounidense había sido correcta. Les habían equipado bien y Richards los había preparado. Lo que sucedió no era culpa de Richards – Aparte de que Neville tuviera un accidente y se fracturara la pierna, todo salió como estaba previsto. Harry no está aquí porque fue quien llevó a Neville a casa. Gracias a Merlín por ello o podrían estar muertos ahora mismo. No sabíamos… Malfoy, no teníamos ni idea de que Amarov haría esto. ¿Por qué? ¿Por qué lo ha hecho?

Él no respondió. Estaba cortando sus ropas. Podía escuchar el rasgar de las tijeras y el frío acero deslizándose por su esternón. Entonces sintió un algodón mojado de antiséptico. Escuchó el ruido de un carro con una rueda torcida siendo empujado.

- Mató a Richards. Y a Mercer…

Brevemente, vio la cara sonriente de Alec Mercer, antes de ser sustituida por la mirada que puso Padma justo antes de que muriera.

Hermione tragó saliva.

- Se llevaron a Wallen. Y a Padma. Malfoy, por favor, ¿dime que los vas a encontrar?

- Los encontraré.

Un hombre mayor apareció en su campo de visión. Vestía bata blanca. Calvo, con barba y ojos amables. Belikov, presumió Hermione. Le gustó el hombre.

- Estamos listos para la cirugía.

Pero yo no lo estoy, pensó ella. Malfoy le leyó la mente. Se inclinó hacia ella, tan cerca que sus ojos plateados eran todo lo que llenaba su visión. Su pulgar acariciaba el pómulo de Hermione.

- ¿Recuerdas cuando me diste tu varita en Welwyn?

Fue inteligente utilizar ese recuerdo para tranquilizarla. Algo que había experimentado, probado y comprobado. Quería que recordara que había confiado mucho en él aquella vez.

- Granger, respóndeme.

- Sí, lo recuerdo.

Malfoy asintió y entonces, sus manos se convirtieron en un borrón al pasar sobre su cabeza hasta colocarle una máscara de oxígeno tapándole la nariz y la boca. Medio suspiro fue todo lo que le llevo.

Y cayó en un profundo sueño.


¡Espero que podáis perdonar a Rizzle! Yo todavía no he podido superarlo... T-T

Nota de la Autora (Rizzle): Está nota de autor es para explicar cómo creo que funciona la magia desde mi punto de vista. Alguien criticó la postura pasiva adoptada por el equipo de Richards en el capítulo 22. Y para ser justos, Richards se rindió. Pero no porque no pudiera hacer nada. Se entregó porque estaban amenazando a Padma y a Hermione y él tomó la decisión. Los lectores decidirán si era la decisión correcta. Quiero señalar que cualquiera del equipo podría haberse ido (llevándose a Mercer con ellos) tan pronto como Hermione les alertó. Esto incluye a Hermione. La cuestión es que no lo hicieron. Hermione confiaba en el compromiso de Richards en la misión, pero él claramente no eligió tomar esa decisión y dejar a Hermione y a Padma cuando tuvo la oportunidad.

La cosa es que, en una situación de combate (en especial cuando hay gente que no está acostumbrada a combatir) veo la magia como algo más útil para protegerse, prepararse o defender en lugar de algo más ofensivo, en particular cuando se trata de magia frente a armas de fuego. La razón de esto sería porque las armas no requieren un gran esfuerzo de pensamiento o de centrarse para utilizarlas. Como dice Harry, sólo hay que apuntar y disparar (la puntería ayuda, también). A menos que un mago o bruja sea particularmente hábil con hechizos ofensivos y agresivos, veo arriesgado basarse principalmente en ellos a la hora de un duelo con un muggle armado. Intenté explicar esa idea en el capítulo de Welwyn donde Hermione intenta y no puede utilizar el equivalente mágico a un disparo en la cabeza; el Avada Kedavra. Amarov parece ser consciente de eso sobre la magia cuando le dice a Hermione en este capítulo que ni un hechizo de una silaba sería más rápido que él apretando el gatillo hacia Padma. En una lucha, parece que a todo el mundo le parece emocionante que saquen sus varitas y se batan en duelo, pero para mí, lo que realmente tiene sentido es dejarlo. Razón por la cual Hermione pasa al "Plan B". Sólo que Richards, a pesar de ser un tocapelotas, no siguió las normas en esta ocasión.

En cuanto al Accio, sí, es muy práctico. Pero creo que es usado en exceso como algo caído del celo en los fanfictions de HP. Si el Accio funcionara siempre, cada vez y con cualquier cosa que uno de los malos sujete, entonces, los magos y brujas realmente son invencibles. Mi interpretación favorita de la Invocación es que sólo funciona cuando esa persona no se lo espera. Si tienes el elemento de la sorpresa, entonces lanzas un Accio. Si alguien se acerca hasta ti con armas automáticas o, peor aún, te está apuntando con ellas, entonces tal vez no es el mejor hechizo a utilizar.

Obviamente, cada escritor de fan fics tiene su interpretación, pero estos son simplemente algunas de mis ideas sobre la magia.