¡Holaaaaaa pequeñas florecillas!
¿Qué tal la semana? Espero que de pu.. madre ;) Yo querría haber contestado a vuestros comentarios hoy, pero hay demasiados y tardaría, al menos y sin exagerar, tres horas y se me ha adelantado la fecha de una trabajo que tenia que entregar el día siente para el día 30... T-T
Así que me es imposible, pero os traigo un capítulo largo y con Dramione... ;)
¡Disfrutadlo y muchos besotes!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 23 – Awakenings (Despertares)
"Dejadnos marchar. No queremos ningún problema."
Eso fue el último fragmento de audio descifrable que escucharon de Hermione. Y antes de eso, la desesperada advertencia final a Richards. Algún tipo de forcejeo estalló, donde parecía que Mercer había salido herido. Pero no debía de haber sido demasiado grave porque se escuchaban un montón de maldiciones y palabras malsonantes desde el intercomunicador de Mercer antes de cortarse la comunicación. Alguien le había quitado el aparato del oído.
Seguidamente también se escuchó el silencio de los aparatos de Richards, Wallen y Hermione.
Si no hubiera sido por el sistema de comunicación, Harry y Neville se habrían ido sin saber lo que estaba ocurriendo en el pesquero. Ambos seguían usando sus intercomunicadores cuando la frenética voz de Hermione, literalmente, los había frenado en seco.
Estaban colgados en el aire, flotando a pocos metros del agua. La pierna rota de Neville sobresalía en un ángulo de cuarenta y cinco grados de la escoba. Y gracias a Dios por ello, también. Si sus cuerpos hubieran estado más aerodinámicos y estilizados sobre la escoba, Harry hubiera avanzado considerablemente más en el viaje de vuelta a Londres. Además, el fuerte viento frontal también los había ralentizado.
- ¡Sólo se escucha estática! No se entiende nada. – dijo Neville. Con el ceño fruncido, golpeó el aparato de su oreja.
- Shhh. – le ordenó Harry, levantando una mano. Parpadeó, intentando descifrar los confusos ruidos que le llegaban a través del sistema de comunicación. Incluso contuvo la respiración. Maldita sea, estaban demasiado lejos. Las voces se escuchaban flojas; les llegaban frases de manera fragmentada.
"Estás loco."
Eso se escuchó alto y claro. Era Padma. Hasta ahora parecía ser la única que conservaba su intercomunicador. Amarov o quien perpetrara el ataque al equipo, evidentemente, se había olvidado de quitárselo.
"Oh Alec, ¿qué has hecho…"
Neville se había puesto mucho más que pálido. Parecía gris. Miró fijamente a Harry.
- Tienes que volver.
Harry iba a responder cuando volvieron a escuchar a Padma.
"¡Ni siquiera debería estar aquí! ¡Es muggle, como tú!"
Harry nunca había visto a Neville entrando en pánico y, podría decirse, que no tenía ninguna experiencia tratando a un Neville Longbottom extremadamente aterrado.
- ¡Harry, ve! ¡Vamos!
Maldita sea, quería hacerlo. Quería dejar a Neville en la escoba y aparecerse de vuelta en el pesquero. Sería fácil. Podía.
Pero no, realmente no podía.
- ¡No puedo dejarte, imbécil! ¡Si te desmayaras o cayeras, morirías de frío en el agua!
- ¡Están siendo atacados! – le gritó Neville - ¡Hermione, Padma y los demás! Ve con ellos. Me apareceré de vuelta a Londres y pediré ayuda. – y dicho esto, Neville sacó su varita, pero Harry lo agarró de la muñeca.
- Escúchame, Padma dijo que no podías volar en tu estado. ¡Y si no puedes volar, ciertamente no puedes aparecerte, joder! Sufrirías una despartición. O peor, podrías reventar las barreras protectoras de la casa y dejarnos a merced de los Infectados.
La boca de Neville se abría y se cerraba, como un pez fuera del agua.
- ¿Qué… Merlín, ¿qué debemos hacer?
Los gritos de Padma les llegaron a través del sistema de comunicación. Gritaba el nombre de Mercer. Y entonces, bruscamente, no se escuchó más que estática. Habían perdido toda comunicación con el equipo en el pesquero. Habían pasado pocos minutos desde el primer grito de advertencia de Hermione, pero claramente, había pasado lo impensable.
Los dos magos estaban sentados a horcajadas sobre la escoba, totalmente afligidos por un momento.
- Volvemos. – dijo Harry, reconduciendo la escoba – Ambos volvemos.
No recibió ningún argumento de Neville, quien apretó los dientes mientras se desataba la férula que le había puesto Padma en la pierna rota. Harry observaba, haciendo una mueca cuando Neville inclinó la pierna lesionada en la posición adecuada para montar en escoba, detrás de Harry. Entonces, Neville amarró su tobillo en la parte trasera de la escoba, justo por encima de las cerdas. Ahora, se habían aerodinamizado.
- Jooooder. – susurró Neville, quien, sin duda, estaba sufriendo todo tipo de agonía porque nunca decía palabras malsonantes. Temblaba de pies a cabeza y se agarró a la espalda de Harry con tanta fuerza hasta hacerle daño – Va… vamos.
- Agárrate bien, amigo. – dijo un comprensivo Harry.
De vuelta al primer año en Hogwarts, Oliver Wood había registrado a un joven Harry volando tan imprudentemente rápido sobre su pequeña Nimbus 2000 que batió el record de velocidad de veinte años en el Colegio.
Ese día, dejó ese record mordiendo el polvo.
Harry saltó de la escoba antes de llegar a detenerse completamente, varita en mano. Su agilidad siempre era impresionante para Neville, pero en ese momento, fue a la fortaleza física de Harry a lo que estaba agradecido.
- ¡Quédate sentado! – dijo Harry, mientras avanzaba por uno de los costados del barco, dirigiéndose a la proa. El mar estaba picado ahora y el barco se sacudía hacia los lados - ¡Tendrás más capacidad de maniobra sobre la escoba!
Neville miraba con horror algunos de los cuerpos petrificados de los secuestradores flotando sobre las aguas. Rodeaban la embarcación, dejándose llevar por la corriente. Neville escaneó el horizonte. No había señales de la flota, lo que significaba que un barco más pequeño y rápido había estado probablemente involucrado.
- ¿Quién crees que ha hecho esto? – le preguntó Neville a Harry gritando - ¿Realmente podría haber sido Amarov?
Harry no respondió. Preocupado, Neville bajó la escoba, volando justo por encima de la cubierta. Encontró a Harry cerca de la proa.
Estaba parado en mitad de un enorme charco de sangre. La mayor parte de la cual ya estaba coagulada lo que significaba que se adhirió a la suela de sus zapatos dejando espeluznantes huellas mientras cambiaba. El brazo arrancado de un hombre yacía junto a la derrumbada grúa. No era el corte limpio que habría dejado un machete. Más bien, parecía que el brazo había sido retorcido y arrancado de su lugar. Sólo había una persona del equipo del Proyecto Navidad que pudiera hacer eso. Y eran malas noticias si Felix Wallen se había visto tan desesperado como para utilizar la fuerza que se esforzaba tanto por reprimir.
Pero ninguno de esos detalles fue tan desgarrador coma la imagen del cuerpo de Alec Mercer.
- Oh no… - susurró Neville.
La camisa negra de Mercer se veía aún más oscura sobre su pecho, pero fue la herida de bala en mitad de la frente lo que hizo a Harry cerrar sus temblorosos puños con fuerza. El científico australiano yacía con las manos cruzadas sobre su estómago, con la cabeza apoyada sobre un pedazo enrollado de tela. Harry se agachó junto al cuerpo.
- La chaqueta de Padma. – dijo Harry, con voz inexpresiva. No miró a Neville mientras hablaba – Espera aquí, iré a ver si aún queda alguien más…
Neville no podía hablar. En su lugar, tragó saliva y asintió. Harry desapareció en la cabina del piloto, haciendo un ruido viscoso con sus botas al alejarse. Neville se volvió sobre la escoba y se puso a volar alrededor del perímetro de la embarcación. Tenía muchas ganas de vomitar, pero se las arregló para no hacerlo. No era ni de cerca un consuelo, el contacto personal con los zombies había logrado fortalecer su constitución en los últimos meses. Esa era una experiencia que nadie quería y de la que se podía prescindir.
Supuso que debería comprobar si alguno de su equipo había encontrado el mismo destino que los secuestradores. Y simplemente no iba a dejarle toda la faena a Harry. Así que Neville se elevó en el aire y sobre el pesquero, escaneando las aguas. Cuando se quedó satisfecho de no encontrar cuerpos de los suyos a la deriva, comenzó a contar los cuerpos que se atascaban en lo aparejos, que se arrastraban a lo largo y detrás del barco pesquero. Era curioso que sintiera remordimientos al ver las caras desencajadas y congeladas de los ahogados, pero también era un alivio al mismo tiempo, porque no reconocía ninguna de ellas.
Fue cuando contó el "cuerpo número cinco" que finalmente encontró su voz.
- ¡HARRY! ¡HARRY!
Pero no esperó a Harry. Neville hundió la escoba con la pierna rota y todo en el agua, que estaba tan fría que sintió como un millón de agujas de hielo penetraban en su piel.
Cuando Harry lo encontró, Neville ya había logrado desenredar al Agente Barnaby Richards de las redes.
Tenía una terrible sed. Durante un rato, estuvo sumida en un lugar neutral donde ocasionalmente detectaba alguna luz o ruido sordo. Eventualmente, sin embargo, la sed la obligó a despertar. Sentía la lengua tan seca como el cartón. Se incorporó sobre las dispares almohadas. Una de ellas era más bien un cojín; cubierto de una tela floral con ribetes rojos. Donde quiera que estuviese, claramente no estaba destinada a ser el centro de la atención médica de la flota de Amarov. Sintió náuseas y mareos, pero no de manera abrumadora. Fue casi una decepción no tener al menos unos minutos de desorientación, lo que le habría dado tiempo para poder aclimatarse a… bueno, las cosas.
Demasiadas cosas.
Hermione era consciente del hecho de que estaba en algún barco de la flota de Amarov y, tal vez, en una especie de laboratorio científico, ya que el sitio no parecía totalmente preparado para atender pacientes. Vestía lo que supuso que era un camisón blanco que parecía hecho de restos de otras telas. Era enorme, pero estaba limpio y era de algodón. Servía. No tenía sentido evitar la inspección de la herida; el agujero de bala no iba a desaparecer por no pensar en ello y tampoco lo harían los puntos de sutura, los cuales estaba observando en ese momento después de un rato desabrochando los botones del camisón. Los puntos estaban limpios y la entrada de un ligero color rosado estaba sellada y curándose bajo un estéril y pegajoso apósito. De antibiótico y fluidos, supuso. Hablando de eso… su monstruosa sed la impulsó a revisar el carro de metal que había junto a la cama. Contenía gasas, esparadrapo y otros suministros médicos, pero no agua. Por un momento, fantaseo con agujerar la bolsa de suero y beber todo el contenido.
Había una cortina que separaba su lecho de enferma del resto de la estancia. Si había gente en el laboratorio, estaban muy silenciosos. Contempló la idea de pedir ayuda, pero decidió que se veía lo suficientemente bien como para dar un corto paseo. También estaba el hecho de que no sabía si los habitantes del barco serían amables.
Experimentalmente, Hermione movió los pies bajo la sábana y luego levantó las rodillas. Todo funcionaba bien. Todos los sistemas estaban en funcionamiento, excepto por el hecho de que una bala recientemente le había agujereado el vientre y gente que le importaba había muerto. Todavía sentía algo de dolor en el estómago, siendo fuerte y apagado al mismo tiempo. Si se concentraba lo suficiente, podía localizar un tipo de dolor completamente diferente; pesar, duelo. Se arremolinaba y burbujeaba como una roca fundida, en algún profundo lugar de su interior. No sería bueno acceder a ese dolor en esos momentos. Los analgésicos claramente seguían haciendo su efecto, embotando el dolor de su herida. Daba gracias por ello.
Hermione puso lentamente los pies descalzos sobre el suelo, pensando en lo extraño y esponjosos que se sentían contra el laminado después de lo que suponía eran muchos días en horizontal. Después de un par de respiraciones fortificantes, se acercó al carro de suministros y lo utilizó para apoyarse. No había armas adecuadas a la vista, ni siquiera unas tijeras.
Cogió una jeringuilla empaquetada del carro y lamentó el hecho de que entre todos los lujos de su camisón, no pareciera haber ningún bolsillo. Con un tentativo movimiento confirmó que realmente no llevaba ropa interior dentro de la cual podría haber guardado la jeringuilla. Hermione abrió el paquete con los dientes y destapó la improvisada arma. Sería su compañera mientras exploraba el entorno. A pesar de la calmada apatía inducida por la medicación que le habían dado, todavía sentía miedo. Sin embargo, la ira superaba ese miedo. Era un tipo particular de ira que incluía la impotencia. Estaba formada por resentimiento, odio y una profunda sensación de ardiente injusticia.
Agarró la jeringuilla firmemente en la mano, antes de salir por la cortina.
En efecto, estaba en un laboratorio y era unas cinco veces el tamaño del que tenían en Grimmauld Place. Había suficientes equipos de lujo para que el corazón de Padma palpitara de felicidad.
Padma. ¿Dónde estaba Padma? Tenía que encontrarla.
- Hola. – dijo Hermione, con voz débil y ronca por lo que no fue de extrañar que nadie saliera a su encuentro. No había guardias, ni científicos. Parecía extraño que la hubieran dejado sola, pero cuando pensó en ello, realmente no estaba en un lugar del que pudiera escapar, ¿verdad? Estaba en uno de los barcos de la flota gobernada, probablemente con impunidad, por Alexander Amarov.
Había dos cosas que destacaban en el moderno laboratorio blanco, pero la atención de Hermione fue capturada temporalmente por la gran nevera de acero inoxidable que tenía a su derecha más inmediata. Agarrándose por la cintura, cojeó hasta ella rogando que no se utilizara para guardar muestras ni suministros médicos perecederos.
La abrió y quiso llorar cuando vio comida para microondas, alimentos de todo tipo envueltos en plástico, fruta fresca envasada individualmente y bloques de agua embotellada. Sin ningún preámbulo, sacó una de las botellas, la abrió (gruñendo de dolor cuando notó que los músculos abdominales de alguna manera estuvieron involucrados en ese proceso) y vació la mitad del contenido en cuatro tragos de tamaño olímpico. El agua estaba fría, dulce contra su lengua y lo mejor que había probado en la vida. Cuando se sació, enroscó el tapón y presionó la fría botella contra su frente.
Posó la mirada sobre una pila de carpetas que reconoció como las que Honoria se había llevado de Grimmauld Place. Manoseadas, descoloridas, de un color amarillo mostaza que destacaban en el moderno entorno totalmente blanco. Así que estos eran un equipo rival, con la intención de derrocar al Proyecto Navidad en la elaboración de una cura. Hermione quiso reír. Si simplemente hubieran preguntado, Scrimgeour hubiera compartido la información. Esto no era una maldita competición. El concepto era una locura. ¿A quién se le ocurriría sacar provecho de la solución a la Infección?
Amarov. Él…
Él era la clave para conseguir la cura a tiempo del límite nuclear de Navidad por parte del Senado Mágico. El Proyecto Navidad ya había perdido a muchos de sus componentes clave. Amarov era capaz de ver la cura convertirse en una realidad. Tenía un equipo. Tenía a Malfoy, Padma y Merlín sabía cuántos otros cautivos en su experimento social flotante. Hermione no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que una lágrima cayó sobre un de sus pies desnudos. Quería matar a Alexander Amarov. Era un sentimiento raro para ella. Desde Voldemort no había albergado un odio tan profundo.
Lo segundo que destacaba en el laboratorio era algo más que habían robado al Proyecto Navidad, más o menos. Hermione reconoció al instante el diseño de la celda de máxima seguridad en Azkaban de Seamus Finnegan. Y sabía que sólo había una persona que estaba lo suficientemente familiarizado íntimamente con su construcción, como para crearlo.
Claramente había sido Malfoy quien había ayudado a crear la celda en la esquina oeste del laboratorio. La construcción estaba hecha a medida, a juzgar por las vigas de metal dispares que se alineaban en las esquinas del cubo y los paneles de vidrio, reforzados con acero.
Cristal de seguridad, sin duda. Porque lo que había dentro de la celda no estaba ahí por voluntad propia.
Se movió. Un irónico movimiento fluido que no pasó desapercibido para Hermione, quien sólo podía caminar de manera tambaleante y lenta.
El zombie de la celda no era normal y distaba mucho de los que el Proyecto Navidad se había encontrado anteriormente. Estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo, de espaldas a Hermione, encorvado, centrado en… algo.
Hermione puso la palma de la mano contra el cristal y se inclinó más para ver mejor.
La criatura – la niña de no más de cinco o seis años – volvió la cabeza muy lentamente. Se quedó mirando a Hermione fijamente, parpadeó y se arrastró rápidamente hasta ella. El artículo que el zombie había estado sosteniendo cayó al suelo. Era un tosco pedazo de médula ósea, cubierta generosamente con marcas de dientes. El hueso se partió en uno de los extremos y la médula rancia, con aspecto de cuajada amarilla salpicada de trocitos rojos, empezó a derramarse.
Agacharse le habría supuesto un desafío demasiado extremo, por lo que Hermione simplemente se sentó. La niña zombie la observó cuidadosamente y luego imitó sus acciones. Un minuto más tarde seguían en el suelo, observándose la una a la otra, separadas por varios centímetros de cristal.
La criatura estaba en excelentes condiciones, aparte de que se le habían caído algunos mechones de pelo color trigo y unas llagas supurantes que había desarrollado en las comisuras de la boca. Unos lechosos ojos azules la miraban con curiosidad. Había una muñeca en la celda. Era probablemente el aspecto más horrible del conjunto. Hermione se preguntó si el juguete había pertenecido a la niña antes de Infectarse, o si uno de los científicos se la había dado. De todos modos, estaba tirada en el suelo, ignorada. El hueso era una más preciada posesión.
- Su nombre es Eloise Withinshaw. – dijo una voz masculina – Pero Malfoy la llama "Bitey". Se vuelve loca si no tiene algo que masticar…
Hermione se volteó para enfrentar la voz, completamente aturdida al descubrir que pertenecía a Blaise Zabini. Reconoció a su antiguo compañero de Hogwarts inmediatamente. Parecía bendecido genéticamente, ya que no había envejecido mucho desde la última vez que lo había visto, durante esos últimos caóticos meses en Hogwarts. Ahora, estaba vestido con unos pantalones holgados, un jersey marrón de manga larga y una camisa gris a cuadros. Era Zabini en su momento más descuidado. A su lado había un hombre que Hermione reconoció como el enorme guardia que había subido al barco pesquero con el resto de los hombres de Amarov. El mismo hombre que había disparado a Mercer en el pecho para salvar la vida de Amarov. Hermione se puso instantáneamente alerta y comenzó a retroceder a lo largo del suelo, sosteniendo la jeringuilla en el aire.
Zabini se acuclilló, levantando las palmas de las manos en gesto conciliador.
- Está bien, Granger. Anatoli es… tiene un acuerdo con Desmond, Malfoy y yo.
- ¿Ese acuerdo se extiende a asesinar científicos inocentes?
Anatoli le frunció el ceño.
- Tú pusiste el arma en sus manos. Él levantó la pistola. Disparó. – el guardia se encogió de hombros – Y yo disparé.
Hermione se volteó, sin querer que ninguno de los hombres viera lo mal que estaba. Anatoli tenía razón. Y Padma también había estado en lo cierto; había sido una locura llevar a Mercer a una misión de combate. En efecto, habían sido ellos quienes pusieron el arma en sus manos. Si la culpa fuera un pastel, Hermione sabía que ella, Harry, Richards y Scrimgeour merecían varias rodajas. Cuando se recompuso levemente, dirigió su siguiente pregunta a Zabini.
- ¿Quién es Desmond?
- Desmond es el mayordomo de Malfoy.
Esa fue la guinda de lo que hasta ahora había sido un helado totalmente surrealista.
- Su mayordomo. – repitió Hermione.
- Sí. Te encontrarás más tarde con él. Él sirve las comidas y ropas de Draco y a pesar de la mirada que le lanza al mismo, parece que ha perdido el interés en ambos. – murmuró Zabini. Aún tenía las palmas levantadas – Has estado entre la consciencia y la inconsciencia durante dos semanas. Dame la jeringuilla. En tu estado, probablemente te caigas y te apuñales a ti misma.
A regañadientes, Hermione le entregó su improvisada arma. Zabini la arrojó velozmente a Anatoli.
- ¿Tú también estás retenido aquí? – ella era consciente de que "Bitey" se arrastraba por el suelo dentro de la celda, siguiendo a Hermione, casi quedando cuerpo a cuerpo. La niña zombie enseñó los dientes en un pequeño gruñido, antes de intentar morder las paredes de cristal. Los dientes hicieron un doloroso sonido chirriando contra la superficie. Zabini y Anatoli debían estar acostumbrados al espectáculo, porque apenas le dedicaron una segunda hojeada.
- Sí. Al igual que mi hijo. – respondió Blaise – Debe de haber un millar de otros magos cautivos por aquí.
Hermione sintió que la sangre le desaparecía de la cara. Permitió que Zabini la ayudara a ponerse en pie. Con un rápido gesto a Anatoli, este trajo una silla de ruedas desde una de las esquinas de la estancia. Con las piernas temblorosas, Hermione se sentó muy agradecida en ella.
- ¿Estás bien? No sería ninguna molestia ir a avisar a alguien…
- Estoy bien, gracias. Sólo un poco más inestable de lo que pensé que estaría.
- Ha sido una tontería dejar tu cama sin pedir ayuda. Anatoli te habría escuchado. Era su turno de vigilar los laboratorios. Yo estaba a punto de dejarme caer por aquí en busca de una ayuda farmacéutica muggle para mi insomnio.
Hermione se apartó el pelo de los ojos. Todavía estaba procesando lo que le había dicho Zabini.
- ¿Realmente estás diciendo que Alexander Amarov es el responsable del secuestro de muchos magos y de mantenerlos aquí en contra de su voluntad?
Zabini esbozó una sonrisa muy fría.
- Tiene ayuda, pero en definitiva, sí, es el responsable.
- En el nombre de Merlín, ¿qué es lo que quiere de tantos de nosotros?
- Para el entretenimiento, para mano de obra, para la experimentación. – y dicho esto, señaló a "Bitey" – Eloise cayó enferma con una infección muggle normal. Se consideró demasiado enferma para salvarla, por lo que Amarov la Infectó deliberadamente con el fin de tener algo en esta celda que estudiar.
Hermione se quedó mirando al zombie, quien antaño había sido una pequeña bruja, la niña de alguien.
- Dios mío.
Zabini resopló.
- Eso es lo que Amarov aspira a ser, sin duda. Aquí, él tiene la última palabra sobre quién vive y quién muere.
- ¿Dónde está Padma? ¿Y Felix Wallen, nuestro colega?
- Afortunadamente para Patil, los médicos son como el oro por aquí. Amarov la tiene haciendo rondas, tratando a los muggles de la flota. Vuestro amigo licántropo se recuperó hace una semana. Está en aislamiento, en la bodega.
- ¿Qué pasará con él?
Zabini dudó por un momento. Le lanzó una mirada a Anatoli, quien se encogió de hombros. Hermione no tenía ni idea de lo que eso significaba.
- Hay unos juegos. – explicó Zabini, perdiendo parte de la indiferencia anterior en su voz – Se celebran cada semana o así, enfrentando a los ciudadanos del mundo mágico contra los zombies. Imagino que añadir un hombre lobo a la mezcla sería bastante impactante.
Hermione parpadeó.
- Eso son crímenes de guerra. – susurró - ¿Seguro que alguien le ha dicho esto a Amarov?
Zabini suspiró.
- Entonces, gracias a Dios que estás aquí, Granger. Seguro que serás capaz de explicarle el error de sus acciones. Admitámoslo, Amarov ha sido muy complaciente últimamente. La única razón por la que ha sido recientemente secuestrado es porque es laxo en seguridad.
Parecía tanto Malfoy en su forma de hablar. Slytherins, pensó Hermione. Todos ellos estaban cortados por la misma tijera.
- ¿Eres científico o algo así? – le preguntó Hermione. No pretendía sonar tan incrédula.
- Dios, no. Amarov me tolera porque ayudo a la flota en la adquisición de suministros. Y sólo tengo esta posición gracias a los veloces reflejos y aún más rápidos pensamientos de Draco. Hablando de eso, ¿te gustaría verlo?
- ¿A Malfoy?
Zabini parpadeó.
- Sí, a Malfoy. ¿A menos que quieras que Anatoli te conduzca directamente a los aposentos de Amarov, para que le digas personalmente a nuestro degenerado Mesías que estás mejor?
- Que te den, Zabini. – murmuró Hermione. Era increíble. Parecía que habían vuelto a los diecisiete años otra vez.
Su sonrisa se descongeló un poco.
- Venga, vamos a despertar al dragón.
Todo era lujoso y estaban en el buque en el que Amarov vivía. En realidad, tal vez lujoso no era la descripción adecuada. Anatoli empujaba a Hermione en la silla de ruedas sobre la gruesa alfombra que cubría el suelo, dejando marcas temporales mientras rodaba sobre ella.
Opulento sería una palabra mejor. Casi hortera. Cualquier cosa que pudiera ser dorada, era cubierta de dorado. Si parecía que un trocito de tela pudiera llevar una borla, ahí estaba. Hermione echó la cabeza hacia atrás, mirando más allá de la expresión hosca de Anatoli hasta el techo porque a lo mejor, ah sí, ahí estaban; un techo pintado con mujeres Rubenescas medio desnudas espantando con las manos de manera resignada enjambres de querubines.
Zabini debió captar el hilo de sus pensamientos.
- Este es el barco del abandonado buen gusto.
- Por no hablar de la cordura, la moral y la ética… - se sintió obligada a añadir.
Él se encogió de hombros.
- Esas cosas, se pueden tomar o dejar.
Entraron en un ascensor y Zabini presionó el botón número "2". Al parecer, los laboratorios estaban situados en las profundidades del barco. Ascendieron rápidamente. Hermione sintió que sus entrañas se tambaleaban desagradablemente justo antes de que el ascensor se detuviera. Los analgésicos eran una bendición.
La habitación de Malfoy no estaba muy alejada del ascensor. Bajaron por un oscuro corredor, giraron una esquina y se encontraron frente a una enorme puerta doble de madera tallada. Hermione mentalmente sustituyó la palabra "habitación" por "aposentos". Repentinamente, la idea de Desmond el mayordomo no parecía tan ridícula.
Zabini se inclinó para hablar con ella.
- Al igual que todos en la flota con un verdadero trabajo que hacer, él está muy sobrecargado. Pero porque es Draco, está especialmente ocupado. Respiramos aliviados cuando se las arregla para dormir un poco, así que vamos a mantenernos en un monótono ruido, ¿vale? – el comportamiento de Blaise Zabini era casi igual que el de Malfoy.
- Intentaré contenerme. – fue la inexpresiva respuesta de Hermione. Que al menos la hizo merecedora de una ligera inclinación en la comisura de la boca de Zabini. Abrió las puertas y le dedicó las buenas noches a Anatoli.
- Vuelve justo antes de las seis. – dijo Zabini – Eso nos dará tiempo suficiente para llevarla de vuelta al laboratorio.
El guardia le dedicó una última mirada fulminante a Hermione y se alejó pesadamente por la oscuridad del pasillo.
- No le gusto.
- No eres tú, es lo que hacemos. Pareces ser la última y más reciente distracción de Amarov. En estos momentos, estamos jugando con el juguete preferido de Amarov, sin preguntarle.
La habitación de Malfoy estaba casi en su totalidad a oscuras; la única luz provenía de una sola lámpara que había en una mesita junto a la cama. Se sorprendió al observar que Zabini y su hijo compartían habitación con Malfoy, aunque allí probablemente podía dormir todo un equipo entero de Quidditch, si fuera necesario.
Una pequeña persona ocupaba el largo sofá, escondida bajo una montaña de mantas. Todo lo que Hermione divisaba era la parte superior de una oscura cabeza. Su actitud hacia Zabini se suavizó inmediatamente. Al lado del sofá había un colchón de espuma en el suelo, con varias almohadas y una gran colcha. Era improvisada, pero parecía bastante cómoda.
- Hogar dulce hogar. – dijo Zabini. Estaba a medio camino para ir a ver a su hijo dormido, cuando Malfoy habló.
- ¿Qué cojones está haciendo ella fuera de la cama?
Era sorprendente como el simple hecho de escuchar su voz podía sobresaltarla de alguna manera. Era extraño para ella e, irónicamente, tan familiar, una voz que había escuchado todos los días durante siete años; refinada, precisa y siempre un poco condescendiente.
- Ella dejó la cama por voluntad propia. – respondió Zabini – Anatoli y yo la encontramos teniendo un cara a cara con la pequeña Eloise.
Hermione de buena gana hubiera preferido que empezaran a referirse a ella por su nombre. Estaba ahí mismo, después de todo.
Malfoy frotó la mano sobre sus ojos adormilados.
- Te he dicho que no la llames así.
- También me has dicho que no la llame "ella".
- No lo llames Eloise. Lo que mantenemos en el laboratorio no es humano.
- Tú tampoco lo eres después de cuatro días de turnos dobles. – dijo Zabini, con frialdad.
- Solía hacer lo mismo en Grimmauld Place. – murmuró Hermione.
Ambos la miraron, sorprendiéndose de encontrarla todavía allí.
- De cualquier manera, he pensado que os gustaría poneros al día, dados… los recientes acontecimientos. – Blaise suavemente recogió a su hijo dormido, con mantas y todo. Lo hizo de un solo movimiento, con cuidado de no sacudir al niño. Permaneció dormido, ahora con la mejilla apoyada contra el hombro de su padre.
- ¿Cómo se llama? – preguntó Hermione.
- Henry Miles Greengrass Zabini. – contestó Malfoy y debía ser una broma privada entre los dos hombres, porque Zabini logró esbozar una autentica sonrisa divertida.
- Gracias, Zabini.
- De nada. – contestó él – Pero estate preparada para recibir a Anatoli a las seis. Tiene que llevarte de vuelta a los laboratorios antes de que empiece el siguiente turno de gruñones.
Malfoy le echó un vistazo al reloj digital en la cabecera de la cama.
- Tres horas. Tiempo de sobra.
En ese momento, Zabini pareció un poco atribulado. Miró fijamente a Hermione y después de nuevo a Malfoy, su mano seguía apoyada de manera protectora sobre la espalda de su hijo.
- Malfoy, me veo en la obligación de decirte que ella no está en estado de hacer nada más que charlar y dormir.
Hermione se preguntó si debía sentirse aliviada de tener la cantidad de sangre suficiente para lograr ruborizarse furiosamente.
- Afortunadamente para la señorita Granger, estoy en un estado similar al suyo. – dijo Malfoy – Pero gracias por recordarme mis tendencias poco caballerosas.
- ¿Dónde vas a llevarlo? – le preguntó Hermione a Zabini, inclinando la cabeza hacia su hijo.
- Hay un sofá y una cama plegable en la oficina de Belikov. Los guardias lo utilizan de vez en cuando. Nos quedaremos allí durante la noche. Os veo a los dos por la mañana. Bueno, más tarde.
Zabini y el pequeño Henry se marcharon, cerrando las puertas detrás de ellos con suave sonido contra la alfombra.
Hermione se quedó sentada en la silla de ruedas, junto a la cama, sin saber cómo proceder ni qué decir. Por un momento, Malfoy pareció estar prácticamente en la misma situación. Pero finalmente resolvió el dilema levantando la colcha y dejándola abierta para ella. No eran necesarios los preámbulos.
Era una cama ancha. Se arrastró hacia él; descalza, en camisón, el pelo como la loca de los gatos y con olor a tres antisépticos diferentes. Malfoy aparentemente había caído en la cama sin desvestirse, ya que todavía llevaba pantalones vaqueros y una lisa camisa blanca. Él era un horno. Hermione se preguntó cómo no se había dado cuenta que estaba congelada antes. El placer de ese calor, incluso aunque sólo fuera una ilusión de protección y seguridad, era intensamente embriagador. Se estremeció, encajando con él, como si sus formas y ángulos variados estuvieran diseñados sólo para eso. Era una cuestión insignificante. La hebilla de su cinturón se clavaba en la parte baja de la espalda de Hermione. Ella se movió una vez y luego otra. Al tercer movimiento, él gruñó, palmeó su cadera y se sentó. Malfoy soltó la hebilla con una mano, tiró del cinturón y lo arrojó al suelo. Cayó en la alfombra con un sordo "clink".
Sin embargo, ninguno de los dos se quedó relajado después de eso. Ni el cuerpo, ni la mente. Hermione sintió el tenso peso del brazo de Malfoy alrededor de su cuerpo, aunque debería haber sido más pesado de lo que era y lo escuchaba en la forma en que su respiración era superficial y medida. Era tranquilizador saber que la tensión era mutua.
- Encontraré una manera de salir de esta. – anunció ella.
Hubo un silencio. Y, luego:
- Continua.
- Amarov tiene algún tipo de interés en mí. Mórbido, lo más probable, pero no me dejaron por muerta y parece decidido a que me recupere.
- ¿Con qué fin, cabe preguntarse? – preguntó Malfoy, aunque la pregunta parecía en su mayoría totalmente retórica.
- Creo que es seguro decir que con fines nefastos. – no tenía sentido andarse por las ramas.
- ¿Y cómo vas a conseguir llegar hasta él, Kiska?
Ese mote cariñoso, que no escuchaba desde los tiempos relativamente más felices junto a él con el equipo de Grimmauld Place, le produjo un pequeño nudo en la garganta. Recordó el consejo que Richards le había dado hacia muchas semanas, sobre aprovecharse del interés de Malfoy por ella. Sobre utilizarlo. Ella se había resistido a la sugerencia, pero ahora contemplaba que podía utilizar la misma estrategia contra Amarov. ¿Funcionaria? Si pudiera cambiar en lo más mínimo el rumbo de los acontecimientos…
- Si juego bien mis cartas, él me podría permitir el acceso a personas y lugares en esta flota que otros no podrían llegar tan fácilmente. Blaise me ha dicho que hay cerca de un millar de magos aquí. Eso es un pequeño ejército. Tenemos opciones, pero siempre han sido demasiado arriesgadas. Todo lo que podamos hacer por aumentar esas opciones debe intentarse.
El brazo de Malfoy comenzó a pesar más y su mano a hacer círculos en la parte baja de su espalda.
- ¿Y si decide mantenerte en una jaula para su personal y privada diversión?
Hermione ya había considerado eso, por supuesto. No se ponía en peligro a la ligera. La recompensa tenía que ser mayor que los riesgos. De lo contrario, estaría siendo como Harry.
- En la mente de Amarov, la flota es la jaula. Es complaciente. Se cree que es intocable, pero el mero hecho de haber sido secuestrado demuestra que es tan vulnerable como él permite serlo. Blaise también ha mencionado que fue secuestrado por los mercenarios simplemente porque se descuidó.
- Nunca confiará en ti.
- No tiene que hacerlo. Sólo tiene que creer que no soy ninguna amenaza.
- Eres muchas cosas, Granger. Ser mansa y obediente, no está entre ellas.
Ella inclinó la cabeza hacia él. Dado que la luz de la lámpara estaba justo detrás de ellos, Hermione sólo podía discernir el contornó de su cara.
- Tú sabes muy bien cómo va esto; nos convertimos en lo que necesitamos ser.
- Y nunca en lo que queremos ser.
- Son tiempos desesperados. – susurró Hermione. Era totalmente inapropiado sentirse como se sentía ahora. No cuando tantas personas dependían de ellos para la cura. No cuando sus amigos estaban muertos y Padma y Wallen cautivos, Merlín sabía dónde. Estaban en mitad de un terrible peligro y aun así…
Tenían que ser las drogas; permitiendo que ciertos instintos más bajos salieran a la superficie cuando ella normalmente les asignaba una prioridad mucho, mucho más baja. Compartimentar sus emociones era difícil en ese momento. Observaba las sombreadas curvas oscurecidas de su boca. Quería probar a ese agotado y complicado hombre. Algo más que el simple calor de su sonrojo se extendió por su cuerpo, agrupándose en su vientre y aún más abajo.
- Dada tu asociación con Potter, yo diría que la mitad de tu vida cae bajo la denominación de "tiempos desesperados".
Ella sintió la voz de Malfoy retumbando en su interior. Tenía las manos sobre su abdomen, podía sentir el calor de sus dedos incluso a través del camisón.
- ¿Qué haces?
- Comprobando el apósito. – sus labios se movían contra la sien de Hermione. Su barba raspaba – Tienes que cambiártelo hoy. Me alegra que estés despierta y caminando, a pesar de que ha sido estúpido por tu parte venir a verme. El reposo, debería haber sido tu primera prioridad, especialmente si estás esperando ejecutar ese plan tuyo.
- Blaise ha mencionado que he estado ausente casi dos semanas. Ya es suficiente reposo.
- Recuperación, entonces.
- No crees mucho en mi plan, ¿verdad?
Desabrochó dos botones del camisón de Hermione, a la altura del estómago, y metiendo los dedos en el interior de la tela, recorrió el largo del borde del apósito. Ella cerró los ojos.
- Al contrario, cuanto más tiempo pases con Amarov, es probable que sepamos más sobre ese dispositivo que usa para mantener como rehén a toda la flota. Pero más concretamente, será tu mejor oportunidad de mantenerte a salvo. Todo el tiempo pasado fuera de los principales lugares de retención, es tiempo bien invertido. Sin embargo, hay un problema.
Esas ya no eran las manos de un médico. Ciertamente, no de su médico. Ahora los dedos de Malfoy acariciaban la suave piel de su vientre, su áspero y acolchado pulgar se posó sobre el borde de su ombligo. Demasiado para el Juramento Hipocrático.
- ¿Cuál es el problema? – bien. Al menos su voz funcionaba.
- Saber lo que es posible que tengas que hacer. Pon esa brillante mente tuya a imaginar lo que posiblemente quiera Amarov de ti. Y entender que para que lleves a cabo ese plan, yo tendría que permitirlo.
Ah. Habían llegado, inevitablemente, al gran meollo de la cuestión. O al problemático capitulo en el metafórico libro de la vida de Hermione, titulado, Sentimientos y Otras Ñoñerías Insignificantes.
- Amarov dijo que no había muchas brujas retenidas en la flota.
- Las suficientes. – aclaró Malfoy.
Eso la confundió.
- Entonces, ¿no estoy segura del por qué tiene interés en otra bruja ordinaria?
- Ordinaria. – resopló él. No era una pregunta, ni un simple comentario tampoco – Granger, algunas luces arden más brillantes que otras, y es una clase de felicidad única estar alrededor de una de ellas. Lo mejor es alimentar esa luz y la recompensa es seguir disfrutando de su brillo. Algunos, como Amarov, son como cazadores muggles que van de safari para cazar la mayor y más desafiante presa. Son coleccionistas de experiencias y trofeos. Para ellos, se trata de dominio.
- Malfoy, – dijo ella, incapaz de esconder la sonrisa en su voz - ¿soy el safari en esta analogía? ¿O tal vez una bombilla fluorescente?
Él envolvió los dedos con fuerza en su cadera. Supuso que eso era lo que pasaba cuando estaba disgustado.
- ¿Tienes un plan mejor? – le preguntó Hermione.
- Por supuesto, pero no puedo decírtelo.
- ¿Incluso aunque eso signifique aumentar las posibilidades de éxito asegurando que más personas de confianza puedan ayudarte?
- La confianza se da con demasiada libertad.
- En tu mundo, tal vez. – murmuró ella.
- Vivimos en el mismo mundo ahora, Kiska.
- ¿Te pone en peligro este plan tuyo?
- Todos estamos en peligro mientras Amarov siga comandando esta flota.
Hermione se tensó contra él. Malfoy maldijo. Era extraño escuchar palabras muggles malsonantes de su parte, pero ella supuso que había aprendido algunas cosas en sus viajes.
- Así que ese es el plan. – dijo Hermione, sobriamente. Era inútil pretender que no lo sabía ahora.
Él estaba enfadado.
- Maldita sea. ¿He mencionado que estoy gravemente privado del sueño? He tenido que añadir el cuidado de una persona enferma a mis muchas otras tareas en el laboratorio. No tienes que hablar de esto con nadie, ¿lo entiendes? No importa cuánto pienses que confías en ellos.
Si bien Hermione no estaba al tanto de todos los detalles del plan, el panorama general tenía completo sentido. La flota no era el enemigo. De hecho, era probablemente el activo más valioso del mundo en esos momentos. Eliminar a un hombre. Preservar la flota. Y entonces el activo pertenecería al pueblo.
- Eres muy inteligente, Draco Malfoy.
- Lo sé. Pero eso no hace que me escuches la mayoría de veces.
- Gracias por salvarme la vida, otra vez.
- Belikov hizo la mayor parte del trabajo.
- Cuando vea a Belikov, también se lo agradeceré a él. – dijo Hermione – Y siento lo que pasó cuando Honoria se te llevó.
- Ya he oído tus disculpas, Granger. – dijo él – No había mucho que hacer al respecto, dadas las circunstancias.
- Sí, pero no te busqué.
- Eso es porque no te di ninguna razón para que quisieras buscarme.
Ella se lo quedó mirando.
- Eras lo que necesitabas ser; el villano. Y nos has aislado de Honoria, todo este tiempo. Pero ahora no. Ahora necesitas ser algo completamente distinto. – Hermione puso la mano en su mejilla.
La mano de Malfoy se envolvió alrededor de su muñeca, agarrándola con excesiva fuerza.
- Puede que no sea el maníaco homicida en esta historia, pero no te equivoques, no soy Harry Potter. Así que te sugiero que te desengañes de cualquier estúpida idea sobre mi redención. – dijo – Si tuviera los medios para hacerlo, te sacaría de aquí quisieras venir o no. Dejaría a tus amigos. Dejaría a Zabini y a su pequeño hijo. Abandonaría la posibilidad de crear una cura. Y lo haría sin echar siquiera una mirada atrás; sin pensármelo dos veces. Vería impasiblemente toda esta flota hundida en el fondo del mar, con mujeres muggles y niños inocentes y todos los ciudadanos mágicos aun a bordo. Y lo haría si significara que podríamos alejarnos; incondicionalmente. Esas son mis prioridades. No soy Amarov, pero eso no me convierte en uno de los tuyos. Y nunca lo seré.
El silencio siguió a ese estallido menor. Hermione se apartó de su cuerpo y él se lo permitió. Se quedaron tendidos en la cama uno junto al otro, mirando el techo (afortunadamente, libre de querubines), sin tocarse. Hermione escuchó como suspiraba y pensó que pudo haber escuchado arrepentimiento en ese pequeño ruido. Si había aprendido algo en ese encuentro, era que ambos eran completamente horribles hablando de sus sentimientos, incluso cuando sus vidas corrían peligro.
- Deberías guardar tu tiempo y energía para alguien más adecuado para ti. – dijo él finalmente. Era lo más cerca que iba a llegar a, realmente, reconocer esa extraña relación.
Hermione hizo balance de la situación. Recuperándose de una reciente herida casi mortal por arma de fuego, acostada en la cama con Draco Malfoy en un barco controlado por un Calígula moderno, mientras que el resto del mundo luchaba por sobrevivir a un apocalipsis zombie.
- Cuando todo esto acabe, ¿tal vez podría intentarlo con las citas online? – dijo ella, insulsamente.
- Tal vez. – respondió él.
Pasaron más minutos en un incómodo silencio y sus parpados empezaron a cerrarse. Hermione sintió como él la cubría totalmente con la colcha.
- ¿Te duele mucho? – su tono de voz sugería que el "Doctor Malfoy" estaba de vuelta.
- No.
- Intenta dormir un poco. Te despertaré cuando llegue la hora de irte.
Había demasiado que hacer, demasiado que discutir y pensar. Hermione parpadeó velozmente, intentando evitar el adormecimiento.
Malfoy debía ser vidente.
- Habrá tiempo para eso más tarde. Ahora duerme.
- Granger, despierta.
La mano de Malfoy estaba apoyada en su hombro. Todas las luces estaban encendidas, por lo que se tomó un momento para parpadear y entrecerrar los ojos al apartarse el pelo de la cara antes de poder sentarse y ver algo. Realmente necesitaba cepillarse los dientes. Él se había duchado y cambiado el atuendo por uno más oscuro. Llevaba el pelo húmedo peinado hacia atrás y la barba que había sentido contra su piel hacia unas horas había desaparecido. Hermione sospechaba que había abandonado la cama tan pronto como se había dormido. Oh Dios, Zabini se iba a enfadar con ella por robarle horas de sueño al dragón.
- Anatoli te está esperando para llevarte de vuelta al laboratorio.
Hermione estaba terriblemente sedienta. Y ahora la herida le dolía. Le palpitaba. Compuso una mueca mientras bajaba los pies de la cama. Malfoy apareció junto a ella con un vaso de agua y dos comprimidos de color blanco. No se molestó ni en preguntarle qué eran. Murmurando un agradecimiento, cogió las pastillas. Vació el vaso de agua antes de devolvérselo, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Hermione fulminó la silla de ruedas en la esquina de la habitación.
- Ya puedo caminar. – dijo, con voz ronca.
- No, no puedes. – acercó la silla hasta ella y Hermione se encontró que estaba demasiado dolorida y cansada para discutir con él. La dejó en la silla y fue a abrir la puerta. Anatoli, quien parecía aún más grande que la última vez que lo había visto, entró en la habitación. No fue sorprendente que él le frunciera el ceño.
- Hola. – dijo ella, ya que como su madre declaraba, los modales no cuestan nada.
- Si Amarov se entera de esto, todos seremos hombres muertos. – se quejó Anatoli a Malfoy – Y ella señorita muerta.
Malfoy habló con el guardia en ruso. Anatoli le respondió del mismo modo. Continuaron en una especie de discusión durante unos minutos más, antes de que un malhumorado Anatoli levantara las manos del tamaño de unas palas de ping pong y se llevara a Hermione hacia la puerta. Sólo le dio tiempo de dedicarle una leve mirada de despedida a Malfoy, quien tenía un ligero ceño en sus facciones.
Hermione esperó hasta llegar al ascensor para preguntarle a Anatoli.
- ¿Qué te ha dicho?
- El mago ha hecho una pregunta estúpida.
Cuando se hizo evidente que no iba a elaborar más la respuesta, Hermione encaró las cejas en su dirección.
Anatoli suspiró.
- Me ha preguntado si estarás a salvo con Alexander.
- ¿Y?
La expresión de Anatoli respondió por él al mirarla con una perfecta mezcla de resignación e incredulidad.
