¡Holaaaa!

Como dije ayer, aquí tenéis el siguiente capítulo, aunque sé que deseareis que publique el siguiente YA, pero vais a tener que sufrir un poco ;) Ya sabéis lo que se suele decir: lo bueno, se hace esperar jejeje.

¡Disfrutad!

¡Miles de gracias y besotes para todas!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 27 – Intervention (Intervención)

El vestido era tolerable. Apretado, pero tolerable porque tenía mangas largas y un decente escote redondo de encaje que sólo le rozaba la garganta. Por supuesto, era demasiado largo, como era de esperar porque la buena gente de Givenchy lo había diseñado para mujeres altas y esculturales que eran ochenta por ciento piernas. O sirenas. Mientras que la prenda parecía tan frágil como el tejido, realmente era una confección robusta, lo cual era fortuito porque el breve viaje en bote hasta el Barco de los Juegos se realizó bajo lo que parecía un inminente huracán.

Una pequeña mujer de aspecto severo se había presentado en la habitación de Hermione poco después de la visita de Amarov, con un estuche de maquillaje en las manos. No hablaba inglés, pero la comunicación no fue requerida. Era obsceno que se arreglara dadas las circunstancias y mucho menos para la atrocidad que eran los Juegos de Amarov. Hermione no tenía ningún interés en observar su reflejo en el espejo, pero logró vislumbrar pequeños destellos a lo largo de las muchas y muchas superficies reflectantes que salpicaban los opulentos corredores del barco en el que se alojaban.

Como había sospechado, Hermione pensó que más bien parecía una niña jugando a vestirse con la ropa de su glamurosa madre.

La luna llena se dejaba ver de vez en cuando a través de unas grandes nubes grises que se iluminaban intermitentemente por algún rayo lejano. Aún no llovía, afortunadamente. Hermione detestaba el abrigo de piel que llevaba, pero la mantenía caliente desde el mentón hasta los tobillos. Le fue muy bien llevar el pelo suelto, porque ningún peinado podría haber sobrevivido al viento que hacía.

Amarov estaba serio y silencioso mientras la acompañaba. Hermione se preguntó si ese desánimo era en deferencia a los Juegos. Si era así, realmente debía verlos como un mal necesario. Cuando se le presentó lo que parecía una locura indiscutible, Hermione examinó los rostros de los guardias y el séquito que caminaba con ellos. Parecían en gran medida imperturbables; charlaban, reían y algunos claramente en estado de ebriedad. Amarov no amonestó a sus compañeros ni los miró con desaprobación, pero estaba claro que no participaba en las "festividades" de la misma manera. Todavía vestía el mismo traje con el que lo había visto antes, aunque ahora había añadido una corbata de seda blanca, un pañuelo de bolsillo plateado oscuro y unos gemelos del mismo color. Realmente podría haberlo hecho sin la cálida y persistente mirada apreciativa que le había lanzado cuando ella salió de la habitación, pero realmente necesitaba el brazo que él le había extendido para equilibrarse en esos altos tacones. Amarov no hizo ningún comentario sobre sus tobillos de goma. Realmente no comentó nada, lo cual fue un alivio porque lo último que quería era entablar una insustancial conversación.

Fue un paseo corto hasta el barco de Louis Renauld, llamado eufemísticamente el Barco de los Juegos. El hombre gordo francés supervisaba en el antiguo buque de carga todo lo que estaba tan trágicamente equivocado en la ciudad flotante de Amarov. La conducta humana era francamente fascinante de la manera más macabra, pensó Hermione, mientras una oleada de profunda tristeza la invadía. Claramente había paralelismos que se llevaban a cabo ahí con las atrocidades históricas de guerra.

Ahí, los cautivos con propiedades mágicas estaban encerrados en condiciones inhumanas, miserables. Ahí, también era donde Amarov guardaba el suministro de zombies que se usaban en los Juegos y, ocasionalmente, para la experimentación en los laboratorios. Si no te percatabas de ese hecho al entrar al barco, lo harías tan pronto como bajaras a las cubiertas inferiores. El lugar apestaba a muerte. No era muerte real y en paz, sino más bien del tipo que se movía y caminaba, la que era implacable a la hora de buscar a los vivos.

Hermione pensó en Padma, Wallen y los innumerables otros que, a diferencia de ella, no podrían dejar el barco esa noche. Pensó en Blaise Zabini y en su hermoso hijo Henry y no pudo dejar de imaginar lo que otros padres mágicos estaban pasando.

A pesar de esos horrores inmediatos, el círculo íntimo de Amarov estaba en un estado de celebración. Cualquier excusa es válida para una fiesta, supuso Hermione. No había nada que destacar del barco en sí, pero eso no amortiguó su estado de ánimo. En su mayoría el suelo era de metal, con rejillas metálicas o desconchado, manchado, laminado. Las luces piloto hacían que todo el mundo pareciera ictérico. El champán fluía. Los invitados vestidos con ropa formal de noche charlaban y reían, mientras unas mujeres altas y hermosas se paseaban entre ellos con bandejas llenas de bebidas y canapés. Tenían que estar muriéndose de frío con esos uniformes tan cortos.

Recursos limitados, y una mierda, pensó Hermione, sintiendo náuseas en el estómago. Una de esas mujeres jóvenes y hermosas se acercó a ella ofreciéndole una bebida.

- No, gracias. – dijo Hermione, soltando un tembloroso suspiro.

- Te ayudará. – susurró la mujer. Tenía acento americano.

Hermione levantó la vista y vio su propia repulsión reflejada en los ojos pesadamente maquillados de la camarera.

- Nada puede ayudar a esto. – dijo Hermione.

La muchacha lanzó una rápida mirada por encima del hombro de Hermione, probablemente para comprobar que Amarov estuviera ocupado en otra cosa.

- La última vez que fuimos convocados a los Juegos, un hombre saltó al Pozo para salvar a su amigo. Esto le ayudó.

- Sí, eso hizo, ¿verdad? Tal vez todavía haya esperanza para nosotros. – Hermione le dedicó una trémula sonrisa. Lo que Malfoy había hecho por Zabini había sido mucho más que un rescate, había sido un recordatorio de la humanidad que Amarov estaba obligando a su gente a sacrificar.

- Y mientras tanto, hay vodka. – dijo la chica, entregándole una copa de eso, con hielo. Entregó dos vasos más a Amarov y a una recién llegada; Honoria Cloot.

- Hola, Hermione.

Honoria también vestía de negro. Hermione pensó que era apropiado. ¿Qué más se podría vestir para una ejecución?

- Te ves muy bien. – siguió comentando Honoria. Sus palabras eran halagadoras, pero su mirada venenosa – Alexander es muy generoso.

- En ocasiones. – dijo Amarov. Ahora se había posicionado junto a Hermione. Ella sintió su mano en la parte baja de la espalda.

- Ojalá pudiéramos haber discutido esto antes de que sonara la campana del barco. Los Juegos de esta noche no han sido planeados. Renauld está molesto. – dijo Honoria a su jefe, con voz tensa. Mantenía una pequeña sonrisa en su rostro, como si no estuviera hablando de nada más desagradable que el fino vodka.

- Renauld siempre está molesto. – respondió Amarov. Al decir esto, intercambio una mirada con el francés, mientras el Señor de los Juegos estaba a cierta distancia. Amarov levantó la copa en un brindis. Renauld hizo lo mismo y su redondo y rubicundo rostro se dividió con una sonrisa - ¿Ves? Fácilmente aplacado con dedicarle un poco de atención.

- No deberíamos hacer otros Juegos tan pronto después…

- ¿Después de qué? – preguntó Amarov, con una ceja arqueada - ¿Después de que Renauld metiera a un niño en el Pozo? ¿Después de que Draco Malfoy se encargara de participar? ¿Te refieres a esos Juegos? Eso fue una maldita pesadilla de relaciones públicas.

Hermione se percató de que se le estaba permitiendo vislumbrar la relación laboral entre Amarov y Honoria. Era sorprendente observar que Amarov no se consideraba infalible. E igualmente fascinante era que él no estuviera dejando de lado a Honoria que estaba cuestionando sus decisiones.

- Meter a Vadim en el Pozo será peor. – dijo Honoria – La gente lo conoce. Les gusta.

- Dios mío, ¿los Juegos de esta noche son para Belikov? – preguntó Hermione.

Cualquier respuesta que Amarov pudiera haberle proporcionado fue ahogada por el vozarrón de Renauld mientras se dirigía a la multitud a través de un micrófono. Las gradas constaban de cuatro niveles. Amarov y su séquito ocupaban el primer nivel, además era el único nivel que eran atendidos por camareras y asistentes personales. Hermione se preguntó si la reacción de la multitud en los "asientos de segunda" era normal. Había aquellos que entre ellos gritaban y vociferaban, agitando un boleto rojo estrechamente apretado en sus puños. Boletos de apuestas, asumió Hermione. Esos hombres estaban ahí por el espectáculo y las apuestas. Sin embargo, la mayor parte del público estaba apagado. Observaban con una calmada aprensión. La arena era circular con dos escotillas idénticas situadas en lados opuestos. No necesitabas ser un experto en criminología forense para averiguar qué clase de negocio macabro tenía lugar en el Pozo; el olor, las manchas y los desechos que se descomponían eran suficientemente esclarecedores.

Se escuchó un fuerte zumbido y una de las escotillas se abrió. El suelo de la arena estaba oscuro, pero fue posible distinguir la figura de un hombre saliendo de la escotilla, caminando lentamente hacia el centro del Pozo. Ante una señal de Renauld, los focos se encendieron. Se escucharon jadeos y murmullos de la audiencia.

- Oh, Belikov… – susurró Hermione. Ella apenas lo conocía, pero en el poco tiempo que había estado en su compañía, pensaba que era un hombre amable y compasivo. La multitud también conocía a Belikov. Él no era mago. Era uno de ellos.

El anciano científico fue momentáneamente cegado por los focos y levantó uno de sus brazos para protegerse los ojos de la intensa luz. Todavía vestía el mismo traje viejo y andrajoso que llevaba la noche anterior cuando habló con Amarov. Entrecerró los ojos, se quitó las gafas para limpiarlas y volvió a ponérselas. Entonces, miró fijamente la escotilla al otro lado del Pozo y esperó.

De nuevo se escuchó un zumbido y, esta vez, un silencio sepulcral se extendió. Incluso los compañeros de Amarov parecían estar conteniendo la respiración. Todos los ojos estaban enfocados en la escotilla opuesta. Sin embargo, en lugar de esa escotilla, fue la misma que había utilizado Belikov.

Otro hombre entró en el Pozo, pareciendo estar en mucha peor forma que Belikov. Su atuendo no eran más que harapos hechos jirones colgando de su cuerpo. A diferencia de Belikov, la luz no parecía molestarle. La expresión de su rostro fue de horror cuando vio a Belikov, quien ahora estaba bastante desconcertado.

- Wallen. – jadeó Hermione. Fulminó a Honoria y observó que la misma comprensión se asentaba en sus facciones. Estaba sorprendida.

La multitud parecía saber qué hacer. Empezaron a arrojar cuchillos, barras de metal y un hacha, entre otras cosas. Ambos hombres ignoraron las armas. Un confundido Belikov comenzó a caminar hacia Wallen, mientras Wallen empezó a alejarse de él, tendiendo las manos hacia adelante y sacudiendo la cabeza salvajemente. Belikov intentó hablarle.

Claramente, Belikov no tenía ni idea de con quién… o de con qué estaba en el Pozo.

Renauld cogió de nuevo el micrófono y se dirigió al público.

- ¿Qué está diciendo? – preguntó Hermione, tocando la mano de Amarov para llamar su atención.

Parecía complacido de que ella le dedicara atención.

- Un día, tal vez tengamos tiempo de enseñarte ruso. Le está contando lo que ha hecho nuestro viejo y querido amigo para ganarse un lugar en el Pozo. Dice que esta noche hay una luna azul, la segunda luna llena de este mes. Un hecho poco habitual. – Amarov apoyó los codos en la barandilla, con la bebida todavía en la mano – Mira y observa, me han dicho que se transformará muy pronto a juzgar por lo que pasó la última noche.

Hermione estaba horrorizada. Realmente parecían dispuestos a seguir con esa barbarie.

- ¡No puedes hacer esto!

- Entiendo que sientas cierta afinidad con el hombre lobo, pero es peligroso. Un guardia que estaba destinado a vigilar a ese monstruo anoche ha desaparecido. Sospechamos lo peor.

- ¡No puedes condenar a muerte a Wallen porque uno de tus hombres no ha fichado! ¡Es absurdo!

- No es al monstruo al que estoy condenando a muerte, querida. Debería comer bastante bien esta noche.

Sí, por supuesto que lo sabía. Pretendían utilizar a Wallen como medio para asesinar a Belikov.

- No. – Hermione depositó su intacta bebida en la bandeja de una de las camareras que pasaba por ahí y luego se posicionó frente a Amarov. Fue consciente de los muchos pares de ojos que estaban encima de ella – ¡No! ¡Para esto inmediatamente!

Él tomó un sorbo de vodka.

- ¿Por qué? – preguntó, sintiendo una genuina curiosidad por saber su respuesta.

Hermione sólo podía mirarlo fijamente.

- Incluso tengo que explicarte por qué no puedes hacer lo que me aterroriza.

- ¿Lo estás?

- ¿Estoy qué? – preguntó ella.

- ¿Aterrorizada? ¿De mí?

Hermione frunció el ceño, dirigiendo la mirada a Honoria, quien estaba lo suficientemente cerca como para oír el intercambio, y después a Renauld, quien ahora estaba sentado en una silla tapizada en terciopelo, equilibrando a una de las sirvientas en su rodilla. Ambos estaban observando a Hermione y Amarov.

Él inclinó la cabeza hacia adelante, tanto que sus labios rozaron la oreja de Hermione al hablar.

- Lo que realmente me preocupa en este momento, Hermione, es lo poco que quiero aterrorizarte.

Su estómago se retorció, con una pequeña sacudida de triunfo. Cada acción, cada palabra que le dedicara a él tenía que ser pesada y medida. La precisión y el matiz lo eran todo ahora. Todo.

Hermione puso en sus ojos toda la fuerza de su angustia; la única emoción que no necesitaba fingir. Levantó una temblorosa mano y la colocó sobre el pecho de Amarov, con los dedos curvados.

- Por favor, Alexander, no los castigues así. Felix Wallen es persona. Es un hombre, es mi amigo y es uno de los mejores microbiólogos del mundo. Utilízalo. No lo desperdicies.

- Si lo que he oído de los licántropos es cierto; no corre ningún peligro con Belikov.

- Tampoco puedes hacerle esto a Belikov. ¡No importa lo que haya hecho, nadie merece morir así y no tienes derecho a forzar a Wallen a ser su verdugo!

- ¿El monstruo es consciente de sus acciones después de transformarse?

- No, no sin una poción que lo ayude a conservar su mente humana. ¡Pero no tendrá manera de escapar del tormento que sentirá cuando se despierte por la mañana y se encuentre que ha atacado salvajemente a otro hombre hasta la muerte!

- Tu amigo no es un hombre, Hermione. No es humano.

- Entonces yo tampoco lo soy. Soy otra cosa, igual que él. Igual que ella. – dijo Hermione, señalando con el dedo a una Honoria con el ceño fruncido - ¿Cómo puedes permitir que nos sentemos aquí contigo, que vistamos la ropa que nos proporcionas, que comamos en la mesa contigo, si justificas hacerle eso a Wallen?

- Porque hay que enseñar una lección. Tú estabas ahí. Viste como Belikov me mentía en la cara. Eso tiene repercusiones.

- El único crimen de Belikov es la estupidez. Sus servicios en la flota y a tu causa han sido ejemplares, ¿no es así? Me salvó la vida, por el amor de Dios.

La mandíbula de Amarov se tensó. Las siempre expresivas cejas de Hermione se alzaron con motivación.

- En tiempos como estos, la misericordia es debilidad. – explicó Amarov, en voz muy baja y Hermione supo que eso sólo era para sus oídos.

- No. – susurró ella – No, es sabiduría. Es moderación. Es discreción. Tienes todo ese poder , Alexander, utilízalo.

La mirada de Amarov se endureció ligeramente y, por un momento, Hermione temió haberse sobrepasado.

- Déjame preguntarte algo: ¿Te pondrías en el lugar de Vadim ahora mismo?

Ella no lo dudo.

- Por supuesto, soy útil en el laboratorio, pero Malfoy necesita a Belikov más que a mí. Vadim es muggle. La gente lo conoce y confía en él. Creo que les tranquilizaría tener a uno de los suyos trabajando en la cura en lugar de una bruja desconocida que habéis tomado del enemigo. Si vas a salvar a alguien esta noche, entonces que sea Belikov, y sí, ocuparé su lugar en el Pozo con Wallen. – se dio cuenta de que ahora Amarov estaba sosteniendo su mano, jugando con sus dedos. Eso, más que nada, le decía que la apuesta había dado resultado.

- Extraordinaria. – dijo él, inclinándose tan cerca de ella que pensó que incluso podía besarla – Eres extraordinaria…

- Alexander. – la voz de Honoria fue afilada. Se había dirigido a su jefe, pero sus ojos lanzaban dagas a Hermione – Si vas a cambiar de opinión, te sugiero que te decidas rápidamente. – hizo un gesto hacia el Pozo.

Aunque la luna no era visible, no hacía falta para que ejerciera su antiguo efecto sobre Wallen. Breves conversaciones sobre licantropía con Remus Lupin hacía muchos años le habían proporcionado sólo la más mínima idea de lo que era vivir con esa condición.

"No importa cuántas veces se produzca el Cambio." Le había dicho Lupin una vez. "Cada vez que pasa piensas que esa vez, al fin, serás capaz de dominarlo. Que tendrás el control. Sólo que nunca pasa… y aun sigues viviendo con la esperanza de que la próxima vez será diferente."

Wallen tenía esa esperanza y lo estaba intentando. Podía verlo en las tensas líneas de dolor, pánico y rigidez en su rostro. Estaba tumbado en posición fetal en el suelo, convulsionando, abrazando sus brazos tan fuertemente alrededor de su torso como si eso pudiera ayudarle a evitar la transformación. Hermione observaba horrorizada, impotente y furiosa.

Su mente volvió al tercer año en Hogwarts. En aquel entonces, Lupin se había transformado en la oscuridad en el exterior de la Casa de los Gritos y Hermione había estado demasiado ocupada mirando la pierna herida de Ron como para comprender con exactitud lo que estaba presenciando.

Pero esta vez, la luz era tan brillante que la claridad y visibilidad de la transformación de Wallen fue casi clínica.

Varias mujeres entre el público empezaron a gritar. La parte posterior de la camiseta ya rasgada de Wallen comenzó a partirse por el centro. Una joroba empezó a crecer y sobresalir donde momentos antes había estado la curva natural de su espalda. Fue posible ver como las costillas se extendían y movían bajo su piel. En un principio, tenía la piel rosada, en carne viva y desigual, pero luego empezó a oscurecerse y hacerse más espesa, al brotar un grueso pelaje marrón de ella – fino y escaso principalmente – pero para el momento que las rodillas de Wallen separaron las costuras del pantalón, el pelaje era lo suficientemente grueso que la piel ya no se podía apreciar. Se escuchó un repugnante sonido al romperse los tendones y agrietarse los huesos. Se le alargaron los gemelos y los muslos y las articulaciones de las rodillas volvieron a contraerse. Se deshizo del resto de sus pantalones y rodó hacia el frente, adoptando gradualmente una posición cuadrúpeda.

Estaba hablando, se percató Hermione. Suavemente en un principio, pero después su voz se profundizó, pasando de barítono a algo inhumano. La longitud de su cuello se dobló, sus gruesos y rígidos músculos se encresparon y crecieron para asistirlo. Le empezó a aparecer el hocico, casi como si la mitad inferior de su cara estuviera siendo estirada hacia afuera por una fuerza invisible. Cuando habló esa vez, todo el mundo lo escuchó, aunque no había duda de que se estaba dirigiendo a Belikov.

- Rápido. Debes matar… matarme.

Llovieron más armas en la arena, algunas incluso rebotando en la espalda de Wallen. Belikov no hizo ningún movimiento para recoger ninguna. Retrocedió hasta casi chocar contra las paredes del Pozo. Por encima de él, el círculo íntimo de Amarov miraba hacia abajo y gritaba con fuerza.

Y entonces Wallen se quedó muy quieto. Casi tranquilo. Eso fue porque ya no tenía el control. Lo que había tomado su lugar era una manifestación física de la maldición que acarreaba desde que una caminata por un bosque de su natal Suecia había salido terriblemente mal. El hombre lobo se alzó a dos patas en su máxima altura; era lo suficientemente alto como para que los miembros del público en la galería del primer nivel gritaran y empezaran a alejarse de la barandilla. La criatura echó su enorme y gruesa cabeza hacia atrás y aulló. Hermione se dio cuenta de que estaba apretando la mano de Amarov y que él la sostenía con la misma intensidad. Lo vio moverse hacia los guardias que estaban posicionados en el cuarto nivel. Levantaron sus rifles.

- Tranquilizantes para caballo. – dijo él.

La esperanza floreció en su pecho.

- ¡Derríbalo ahora!

Él dudó. Hermione pudo ver que estaba en conflicto. Lo agarró de las solapas de la chaqueta, segura de que nadie había intentado jamás tal cosa y había salido indemne.

- ¡Dales la señal para que disparen a Wallen!

Se parecía tanto a Malfoy en ese momento que le dolía encontrarse con su mirada, insolente y calculadora mientras intentaba manejar la sugerencia del menor indicio de afecto.

- Dame otra razón.

- Si lo haces, tal vez pueda empezar a confiar en ti.

Amarov levantó la mirada hacia sus hombres, haciéndoles un sutil gesto con la cabeza.

Para la posteridad y porque Hermione no sería Hermione si no encontraba interés académico en tales cosas, agregó la siguiente información a su enorme cuaderno mental en caso de que pudiera serle útil en un futuro. Era posible detener a un enfurecido hombre lobo en seco con cantidades suficientes de Ketamina.

Le hubiera gustado preguntar a Amarov que dosis exacta de tranquilizantes para caballo habían utilizado sus hombres. Se dispararon diez dardos en total. El último falló porque el furioso hombre lobo se giró bruscamente y logró golpear el dardo con una de sus patas, gruñendo ante los estupefactos espectadores. Y entonces, la criatura reanudó su acecho hacia lo único a su alcance con lo que podía descargar su miedo y frustración; Belikov.

Los dardos eventualmente funcionaron, aunque había estado demasiado cerca como para estar tranquila. Wallen cayó, su humeante hocico aterrizó a un metro de Belikov y una de sus patas con afiladas garras a pocos centímetros del profesor. Wallen jadeó una vez más, antes de quedarse totalmente quieto. Belikov parecía estar a punto de echar la cena por la boca. Se desplomó en el suelo lentamente, preocupado de que algún movimiento brusco pudiera lograr que Wallen recuperara la conciencia.

Pero eso no iba a pasar. Wallen tenía un "espectáculo" más que ofrecer. Los hombres lobos inconscientes no podían mantener su forma de licántropo. Los miembros se le acortaron, el pelaje empezó a desaparecer en el interior de la piel que ahora resplandecía por el sudor. Las garras se convirtieron en uñas cortas y las patas delanteras en los delgados dedos del hombre. El hocico, las orejas y la cola también desaparecieron. Lo que quedó en el suelo de la arena fue un hombre inconsciente, desnudo, de mediana edad, con nueve dardos tranquilizantes repartidos por su costado, su espalda y su torso. Y esa imagen fue la que sacó a Belikov de su estupor. Se arrastró hasta Wallen y le quitó los dardos. Hermione contuvo la respiración mientras Belikov buscaba el pulso de Wallen. El viejo científico parpadeó hacia el público. Con mano temblorosa, levantó su pulgar hacia las gradas. Wallen estaba vivo.

La audiencia no sabía qué hacer ante eso. Algunos aplaudieron con tanta sobriedad como pudieron. Hubo algunos murmullos; sin duda por las ganancias que no podrían recoger. Hermione agarró el abrigo de piel que había dejado sobre una silla y se acercó a la barandilla. Nadie la detuvo ni dijo nada cuando lo arrojó hacia la arena. Belikov lo vio y asintió. Llevó el abrigo hasta Wallen y lo dejó sobre el inconsciente hombre.

Amarov no parecía precisamente contento de ser el receptor de las miradas aturdidas de sus compañeros. Y estaban realmente aturdidos. Hermione estaba segura de que los Juegos nunca habían sido cancelados antes de que Malfoy hubiera soltado esa primera piedra al saltar al Pozo. Y ahora, menos de un mes después, otro enfrentamiento había terminado inesperadamente. Mientras que las razones exactas seguirían siendo un misterio, los rumores harían estragos. La multitud reunida la había visto allí con Amarov y habían presenciado su intercambio. Amarov acababa de demostrar públicamente que estaba dispuesto a dejarse influir.

Por su mascota mágica.

Hermione se preparó para la inevitable reacción de Amarov, pero cuando esta llegó, fue mínima. Poseía una extrema confianza en sí mismo o un impresionante autocontrol.

- Llévala de vuelta al bote. – le dijo a Honoria – Me gustaría hablar con los Capitanes mientras siguen aquí. – caminó enérgicamente hacia Renauld, quien lo miraba con una fría incredulidad.

Honoria no fue gentil cuando agarró el brazo de Hermione.

- Has ganado esta batalla, pero la guerra será diferente. – susurró en el oído de Hermione mientras la arrastraba.

- Sé que también odias los Juegos, Honoria.

La mirada que le dedicó Honoria fue de una aversión tan intensa que Hermione se estremeció.

- No se trata de los Juegos.

No. Para Honoria, todo giraba en torno a Amarov.

Hermione se dio cuenta tardíamente de que podía haber estado equivocada. Realmente no era de Amarov de quien debía tener miedo.


Fue escoltada de vuelta por cinco guardias. Hermione deseó sinceramente que uno de ellos fuera Anatoli, pero sin duda el enorme guardia estaba ocupado con su asignación principal; Malfoy. Honoria la acompañó sólo hasta el bote. Tenía asuntos que atender en otro lugar. Hermione se encontró acompañada hasta el barco en el que se alojaba por los guardias. Iban distraídos mientras conversaban animadamente en ruso, lanzándole ocasionalmente inquietantes y mordaces miradas. Finalmente había empezado a llover y estaba totalmente helada sin su abrigo. Nadie le ofreció ninguno de recambio y ella tampoco lo pidió.

Realmente se alegraba de volver a bordo del calor y la comodidad del barco en el que se alojaba, aunque fuera su prisión. Se reducía el espectro de… bueno, de la muerte. Sin embargo, las cosas eran caóticas. Otros residentes del barco, todos los miembros de la elite de la flota que no habían asistido personalmente a los Juegos esa noche, al parecer ya habían oído hablar de lo sucedido. Atribularon a los guardias con agresivas preguntas en casi tres idiomas tan pronto como entraron en el vestíbulo. Los residentes querían hablar con Amarov. Hermione notó que el nombre de Belikov también fue pronunciado varias veces. Supuso que muchos de ellos estaban descontentos de que el miembro principal del equipo científico de la flota y uno de los únicos tres médicos capacitados hubiera sido casi sacrificado en los Juegos.

Hermione fue empujada y codeada. Se agachó para desabrocharse las hebillas de los altos tacones y, seguidamente, se los quitó, suspirando aliviada mientras colocaba los pies descalzos sobre la gruesa alfombra del vestíbulo. Cuando se incorporó, vio que los guardias estaban a cierta distancia y que sólo dos de ellos habían notado ese hecho. Escudriñaban la multitud, buscándola.

Fue entonces cuando lo vio; Malfoy. Hermione pensó que podría reconocerlo entre una multitud de más de mil personas en menos de un minuto si era preciso. Verlo fue una extraña mezcla de alegría y desdicha. Salía del ascensor por el que Hermione había pasado unos minutos antes, lo que significaba que también llegaba de uno de los botes de vuelta. ¿Había estado en los Juegos? Caminaba con su omnipresente sombra, Anatoli. Ambos habían estado hablando, pero se quedaron en silencio al toparse con la furiosa multitud en el vestíbulo. Anatoli inclinó la cabeza para susurrarle algo a Malfoy, quien asintió y siguió hacia adelante a un ritmo acelerado.

Hermione no se detuvo a valorar la sabiduría de su decisión. Vio la oportunidad y la tomó. Su pequeño cuerpo le facilitaba la tarea de deslizarse entre la multitud. Varios residentes se toparon con ella, algunos se detenían y la miraban con curiosidad, pero nadie intentó detenerla. Al llegar al final del pasillo, vio que Malfoy ya estaba a medio camino del tramo de escaleras del siguiente piso. Maldiciendo sus largas piernas, Hermione sujetó los zapatos contra su pecho y corrió sin hacer ruido tras él, sin atreverse a decirle que se detuviera.

Lo alcanzó en el siguiente piso.