¡Está noche es Noche Buena y mañana Navidad, saca la bota María que me quiero emborrachar! ¡Ande, ande, ande, la Marimorena, ande, ande, ande, que es la Noche Buena!

¡Holaaaaaaa! :D

Espero que tengáis unas fiestas maravillosas rodeados de la magia y el amor de la familia y los más cercanos. Por mi parte, desearos Feliz Navidad y que os quiero 3

Sin más dilación, disfrutad de este capítulo.

¡Sed felices!

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 28 – Truth (Verdad)

Él se giró en cuanto lo tocó, su mano izquierda sujetó el codo de Hermione y la derecha su muñeca. Aplicó algo de presión… bastante presión, realmente. Por un tenso momento, Hermione pensó que iba a romperle el brazo, pero entonces él vio a quien tenía agarrada y la agresividad de su rostro se transformó en sorpresa. La soltó.

Ella aprovechó la oportunidad para llevarlo hacia la puerta de la cabina más cercana e intentar abrir el mango. Estaba cerrada con llave. Se apresuraron por el pasillo y lo intentaron con otra puerta. También estaba cerrada. Se escuchaban voces llegar por la parte superior del pasillo, cerca de las escaleras. Hermione se preguntó si estaba a punto de lamentar profundamente su decisión cuando la cuarta puerta cedió.

Con un pequeño gemido de alivio la abrió, empujando a Malfoy adentro y cerrando la puerta suavemente detrás de ella. Sosteniendo todavía sus ridículos zapatos por las correas de los tobillos, miró a través de la mirilla por un momento, comprobando si alguien estaba pasando por fuera.

Malfoy se encontraba en mitad de una habitación que era idéntica a la suya, con los brazos cruzados, sombreado por la luz del cielo nocturno que se colaba a través de los ventanales que carecían de cortinas. Vestía un jersey de punto negro, una bufanda larga y gris que le rodeaba el cuello y unos oscuros pantalones vaqueros. Más allá de las ventanas, las luces de los otros barcos de la flota eran lo único visible en la espesa oscuridad. Sin embargo, no se arriesgarían a encender las luces.

Ella se volvió para mirarlo, de repente no sabía que decir, ni cómo empezar a decir lo que necesitaba decirle. Lo que terminaran discutiendo, tenían que hacerlo rápido.

- Ha sido algo muy valiente y honrado lo que has hecho por Belikov y Wallen. – dijo él, rompiendo el silencio.

Hermione se frotó los brazos. Pasaría mucho tiempo antes de olvidar la cara del pobre profesor.

- Bueno, era eso o hacer lo que tú hiciste por salvar a Zabini. Y no podía saltar al Pozo con estos zapatos. – murmuró, dejando caer los impracticables tacones sobre la alfombra – O con este vestido… - tiró de los encajes. Se daba muy poco.

Era difícil distinguir la expresión de Malfoy en la oscuridad, pero su tono fue muy cálido cuando habló.

- No tienes ni idea de cómo te ves, ¿verdad? Nunca te has preocupado de eso como la mayoría de las mujeres.

Hermione no estaba muy segura de cómo tomarse eso.

- Me preguntaba cuándo reanudaríamos los insultos juveniles, pero hay temas más pertinentes que discutir en este momento, ¿si no te importa?

- ¿Has recibido tan pocos cumplidos en tu vida que no te enteras cuando recibes uno?

Frustrada por su serenidad, Hermione abrió la boca para replicar, pero fue silenciada por el sonido de pasos rápidos en el exterior del pasillo.

- Van a destruir el barco para buscarte. – dijo Malfoy. Las pisadas pasaron de largo.

- Es un gran barco. Deberíamos tener unos minutos.

- ¿Sólo unos minutos? – puso uno mano sobre su corazón, fingiendo sentirse herido – Parece que te han engañado en cuanto a mi virilidad.

Una furiosa Hermione se dirigió hacia él.

- Este no es el momento. Quiero algunas respuestas de tu parte. Voy a llegar hasta el fondo de lo de Amarov, el Ministerio y tus mentiras antes de que esos matones lleguen y me detengan.

La expresión de Malfoy, mientras la miraba fijamente, era una vez más ilegible. Hermione deseó seguir llevando sus zapatos. De hecho, sería una experiencia novedosa no soportar constantemente que Draco Malfoy la mirara, literalmente, por encima de su aristócrata nariz.

- ¿Te está tratando bien?

- Sí. Si por bien quieres decir que me trata como una puñetera muñeca. No me dejará ayudarte en el laboratorio. Padma está atendiendo a la flota. Incluso Zabini recibe tareas que se adaptan a sus talentos. Mantenerme encerrada en mi habitación es un completo desperdicio de recursos.

- ¿Eso es lo que eres; un recurso? – preguntó él - ¿O eres la muñeca que él guarda puramente para exhibir? Y sí es así, ¿querrá jugar contigo en algún momento?

Ante eso, Hermione guardó silencio, pero sabía que ambos ya habían sacado colusiones similares.

- Ya cruzaré ese puente si es que llega el momento. – dijo ella, bruscamente – Lo que quiero saber ahora es la verdad sobre la fuente de la Infección.

- Ya veo.

- ¿Ya veo? ¿Ya está? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? – exigió Hermione. Los dedos de la mano con la que sostenía la varita se extendieron ampliamente. temblorosamente la apretó en un puño y lo envolvió con la palma de la otra. El impulso de hechizar era tan fuerte, que podía sentir diminutas sacudidas de magia bajo su piel – Te lanzaré una pregunta directa y me proporcionarás una directa respuesta o saldré de esta habitación sin decir una palabra más. ¿Está claro?

- Clarísimo. – contestó él. Hermione podría haber jurado que la temperatura de la habitación descendió ligeramente.

- ¿Ayudaste a la creación de la Infección o no?

- Sí y no.

Hermione lo había estado esperando, pero que lo admitiera todavía le sorprendió en lo más profundo. Caminó hacia la cama, se sentó pesadamente en el borde del colchón desnudo y dejó caer la cabeza entre sus manos.

- Creo que voy a vomitar.

Fijó la mirada en la alfombra. Frunció el ceño ante el oscuro patrón geométrico. En ese momento, vio unas botas negras entrar en su campo visual. Una cálida mano le tocó la nuca. Lo permitió, aunque sentía que no tenía derecho a recibir ese consuelo, ni Malfoy a proporcionárselo.

- Pregúntame lo que quieras saber, Kiska. – le dijo, casi cariñosamente – No tenemos mucho tiempo.

- ¿Cómo te capturaron? – susurró, incapaz de mirarlo.

- Sé tanto como tú. Los fiscales del Ministerio me dijeron que Voldemort me delató al Departamento de Aplicación de Ley Mágica.

- Toda la información que obtuve de tu expediente decía lo mismo; que Voldemort sacrificó su lucrativa operación de drogas para castigarte. Pero por supuesto, dado que Voldemort fue asesinado por Harry, nunca se pudo verificar esa acusación…

Malfoy resopló.

- Asombroso. ¿Hasta dónde has llegado que dudas de la honestidad del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica? ¿Qué ha cambiado en tu cabeza?

- Amarov me dijo que estaba utilizando a Hendry Tan como consultor, sino como informante. Y muy poco después de eso, el laboratorio fue allanado. Qué casualidad, – comentó Hermione con desprecio – no creo que fuera Voldemort quien te entregara, Malfoy. Creo que la única manera que el Ministerio supo de la existencia de ese laboratorio fue porque Amarov los envió hasta allí.

- Así que el Ministerio mintió en lo referente a cómo sabían del laboratorio con el fin de esconder la ayuda de un muggle que estaba decidido a revelar el Mundo Mágico como lo que era. – reflexionó Malfoy al respecto – Casi tenemos que admirar la persistencia de Amarov.

Hermione se puso en pie, comenzando a deambular por la habitación.

- ¿Por qué tu expediente implica que fuiste el responsable del suicidio de Tan? Nunca lo volviste a ver después de que te encarcelaran, pero tampoco negaste ser el responsable.

- Eso es porque sospecho que fui indirectamente responsable. – admitió Malfoy.

- ¿Cómo?

- La Maldición de la Conciencia.

Hermione jadeó.

- ¿Le lanzaste la maldición Paenitet?

- Sí.

La maldición Paenitet era complicada. Como era el caso de la mayoría de magia oscura de esa naturaleza, te quitaba algo. Un pequeño pedazo de paz y bienestar se partía irremediablemente en tu interior con cada lanzamiento. Paenitet estaba en la frontera de la magia oscura, pero lo que hacía particularmente difícil a la Maldición de la Conciencia era que quien la lanzaba tenía que sentir los mismos remordimientos para sembrarlos y amplificarlos en otra persona. La fuente de contrición era, de hecho, quien lanzaba el hechizo.

- ¿Por qué? – preguntó Hermione, aunque, de nuevo, ya sabía la respuesta.

Malfoy ahora estaba mirando por la ventana, con las manos metidas en los bolsillos del tejano. Observaba la flota mientras comenzó a hablar.

- El D.R.A.C.O era mi asignación principal. Es un antiviral de amplio espectro que no está hecho para ningún propósito específico. Trabajé junto a Hendry Tan, pero realmente nunca necesité saber cuál era su misión.

- Pero suponías que era algo malo, ¿verdad? – preguntó Hermione - ¿Algo que tenía el potencial de infligir un gran daño?

- Riddle a menudo hablaba de querer crear un elemento disuasorio que pudiera mantener a buen recaudo, en caso de que hubiera algún conflicto a gran escala con los muggles. Él tenía la opinión de que ese conflicto era inevitable.

- Ese elemento disuasorio fue la Infección. – susurró Hermione – Tan fue contratado para producirla.

Malfoy asintió.

- Y a mí me contrataron para crear un medio para controlarla.

- Eres un bioterrorista. Tan creó un virus que ha matado a millones de personas y tú te quedaste ahí sin hacer nada…

Malfoy se encontró con su agónica y condenatoria mirada.

- Me contrataron para crear una gama de rentables productos farmacéuticos y una cura para cualquier plaga que Hendry Tan diseñara.

- Pero lo sabías. – insistió Hermione - ¡Sabías lo que se estaba creando en ese laboratorio!

- Sabía que era peligroso. – aclaró él – En ese momento, veía el encargo como simplemente eso; una tarea, un trabajo, un desafío que combinaba perfectamente la magia y la ciencia. Nunca había concebido tal oportunidad antes y, ciertamente, no a instancias de Voldemort.

- Eso no es excusa. – siseó Hermione. Y para su horror, se percató que estaba llorando - ¡No puede haber excusa ni penitencia para compensar lo que hicisteis!

- No es una excusa, es sólo un hecho. Y no estoy buscando penitencia, Granger. Busco oportunidades. – ahora, había una dureza en la voz de Malfoy que casi le hacía sonar irreconocible para ella. Se apoyó en la pared que dividía el salón del dormitorio, con los brazos cruzados una vez más – La penitencia y el remordimiento no son exactamente lo mío, ¿estoy seguro de que estarás de acuerdo?

- ¿Qué pasa con el indulto oficial? ¿Alguna vez hablaste en serio sobre eso?

- Oh, creo que eso ya podemos descartarlo. – tenía una sardónica sonrisa - ¿Me habrías liberado de Azkaban si te hubiera contado la verdad?

Hermione no vaciló ni un segundo.

- ¡Sí! ¡Porque aún podías hacer lo que necesitábamos! ¡Estás haciendo lo que necesitamos!

- La diferencia es que no habría tenido ninguna verdadera ventaja, ¿no? Y sospecho que no habríamos tenido… lo que sea que tengamos ahora.

El tono de Hermione fue mordaz cuando habló.

- Tú y yo no tenemos nada ahora, excepto la responsabilidad de hacer llegar una cura a la gente lo antes posible. – dijo, paseando por la habitación - ¿Por qué lanzaste la Maldición de la Conciencia a Hendry Tan?

- Quieras creerme o no, no tenía intención de dejar que nada de lo que Tan creara viera la luz del día sin restricciones. Y francamente, tampoco Riddle. Pero yo no confiaba en Hendry. Para empezar era inestable. Era muggle. No era un mortífago y no entendía de qué se trataba el movimiento de Riddle, ni se identificaba con él ni con nosotros. Sus motivaciones eran mucho más… mundanas.

- Dinero. – concluyó Hermione.

- Y poder. Ese virus no tenía precio. Saqué mi propia versión de una póliza de seguros en caso de que Hendry tuviera un precio en mente. Como resultado de la maldición Paenitet, parecía concebible que Tan se suicidara por la culpa que albergaba, pero aparentemente no antes de sacar a escondidas el virus del laboratorio. – Malfoy se pausó para considerar ese hecho - ¿Sabes cómo atravesó Amarov las bio-barreras de seguridad?

- Dijo que fue por un huésped; un mago.

Malfoy maldijo entre dientes.

- Ojalá me hubiera informado antes, habría cambiado la manera de acercarnos a las mutaciones. ¿Y qué hay de las muestras originales del D.R.A.C.O?

- No lo sé. – dijo Hermione – El Ministerio no informó haber encontrado muestras cuando asaltaron el laboratorio. Nadie fuera de los investigadores del DALM y los fiscales tenía permitido acercarse a esa investigación. Todo lo que escribieron era que el D.R.A.C.O había estado en la lista de fabricación. Cinco años después, cuando comenzamos a colaborar con los estadounidenses, analizaron todos los archivos pertinentes del Ministerio y fueron ellos quienes sugirieron el potencial del D.R.A.C.O. Esa fue la razón por la que Harry y yo nos arriesgamos en esa excursión a Azkaban para encontrarte. – vaciló – Supuse… supuse que Scrimgeour simplemente no entendía o no sabía que podríamos haber tenido una cura desde el principio, por tu trabajo.

- Si los estadounidenses no hubieran analizado los archivos, ese expediente habría pasado desapercibido y si no hubieras desafiado a Scrimgeour, todavía seguiría en Azkaban. – él le dirigió una cansada mirada de extrema frustración que logró que se le formara un nudo en la garganta a Hermione – Puede que haya jugado mi parte en la creación de este virus, pero ¿te das cuenta que el encubrimiento del Ministerio es la razón por la que no habéis tenido un antivirus antes?

Le dolía saber eso. Hermione pensó en la confianza y el afecto que tenía por Rufus Scrimgeour, por todos los hombres y mujeres decentes que trabajan duro para el Ministerio, y el dolor se intensificó. Harry sabía de primera mano lo que era sentirse traicionado y abandonado por la burocracia mágica y siempre había permanecido ligeramente dudoso de la autoridad del Ministerio. Pero Hermione había caído en el paso tan pronto como firmó su contrato de trabajo con el Ministerio, ¿no? Se preguntó por qué había sido tan tentador para ella en aquel momento. Era… cómodo, seguro y acogedor, a pesar de que el trabajo nunca había sido realmente desafiante.

Probablemente era porque ese trabajo ministerial era la prueba final e inquebrantable de su lugar en el esquema mágico de las cosas. ¿Hasta dónde llegaban los secretos y las mentiras? ¿Qué más habrían hecho el Ministerio y el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica? Malfoy ya le había mostrado una imagen increíble; de esos Aurores deshonestos que habían abusado horriblemente de sus posiciones.

- ¿Por qué no dijiste nada a los fiscales? – susurró Hermione, con voz quebrada. Lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

Él suspiró.

- Ya sabes lo que soy.

Ella parpadeó. Dos lágrimas se escaparon de sus ojos, rodando por las mejillas.

- No lo entiendo…

- Hace seis años, era un mortífago que te habría matado su hubiera tenido la oportunidad. Cuando me capturaron, estaba a un paso de recibir el Beso por crímenes que ya no sólo implicaban la ayuda y cooperación a Voldemort. ¿Qué querías que dijera? ¿En quién podía confiar para dejar ese mensaje? Aunque es la ley, no recibí ningún abogado de oficio durante mi juicio. Mi defensa nombrada por el Ministerio era una farsa. En última instancia, encerrándome se aseguraron que los secretos de ese laboratorio permanecieran ocultos. Y desde mi punto de vista, esos secretos han permanecido ocultos durante seis años. Cuando me metieron en esa caja de cristal, estaba totalmente convencido de que moriría allí. Hasta que te vi.

Hermione dio un paso atrás para estabilizarse antes de notar las manos de Malfoy ahuecando sus brazos. El mundo que ya estaba patas arriba empezó a darle vueltas. Estaba mortificada. ¿Cómo podía vacilar ahora, de todos los momentos? Eso no podía suceder. No iba a suceder mientras todavía hubiera tanto por hacer. Las lejanas luces de la flota giraban ante sus ojos como un oscuro caleidoscopio.

- Con calma, respira. – lo escuchó decir, concentrado en reemplazar la dureza anterior – Respiraciones lentas y profundas.

Ella intentó alejarse.

- Ya no sé qué más hacer…

- Sí, sí lo sabes. – él la sostuvo con más fuerza, haciéndole de apoyo – Escúchame. – dijo, sacudiéndola ligeramente – Ni la situación ni el plan han cambiado. Queremos lo mismo. Una cura y escapar. Y teniendo en cuenta lo estúpidamente obstinado que sabemos que es Potter, es probable que esté armando un plan demente para encontrarte y rescatarte mientras hablamos.

- Pero Scrimgeour…

- Mira más allá del Ministro y sus errores. – dijo Malfoy, enunciando cada silaba bruscamente – El Proyecto Navidad sigue vivo con o sin él. En ausencia de la experiencia que nos podrían haber proporcionado Yoshida, Mercer, McAlister y Longbottom, me conformaré con las instalaciones y los recursos que no teníamos en Grimmauld Place. Y gracias a tu intervención, podríamos tener de vuelta a Belikov.

- ¿Pero necesitas al resto de nuestro equipo? – preguntó Hermione.

- Sin ellos, me llevará más tiempo. – admitió Malfoy – No tengo el entrenamiento en Herbología de Longbottom. Procesar el néctar del Kunlun Peach es un proceso de ensayo y error… un largo proceso.

- Pero, ¿podrás hacerlo? – preguntó ella – Debes prometerme que lo harás. Haz lo que tengas que hacer, pase lo que pase.

La mirada en los ojos de Hermione fue lo que hizo a Malfoy detenerse. Él le frunció el ceño.

- ¿Qué quieres decir con pase lo que pase? ¿Qué le tiene que pasar a quién? ¿A ti?

- ¿Me lo prometes?

- ¡Responde mi pregunta!

El pomo de la puerta empezó a girar. Los habían encontrado. Hermione la había cerrado con llave, pero no era un obstáculo. Se escuchaban gritos al otro lado.

- ¡Abrid!

Ella se tensó.

- Hora de irse.

El rostro de Malfoy estaba bajo las sombras, pero su inquietud era evidente. Ignoró los golpes de la puerta y no la soltó de su agarre.

- Granger…

Intentaron patearla, lo que sólo resultó en que el hombre del exterior gritara y maldijera en voz alta. Esas puertas no eran de mala calidad, sino de buena madera contrachapada. Alguien pidió una tarjeta de acceso. Otro guardia tenía otras ideas. Hermione no esperaba poder distinguir el amortiguado y rápido ruso, pero Malfoy no tenía tales problemas. Él rápidamente la apartó de la puerta justo antes de que alguien disparara varias veces, atravesando el pomo de la puerta, eliminando la cerradura. La puerta finalmente se abrió y las luces se encendieron.

Cinco guardias extremadamente furiosos empezaron a gritar a la vez. Apuntaban con sus armas de fuego a Malfoy, ordenándole que la liberara.

Hermione se volvió hacia ellos, con las palmas de las manos levantadas.

- No hay necesidad de esto, caballeros. Me temo que me fui a hablar con mi colega. Esto ha sido completamente culpa mía y me iré con vosotros ahora mismo por las buenas. – intentó alejarse, pero descubrió que no podía. El brazo de Malfoy encadenaba su cintura.

- No has respondido a mi pregunta. – le dijo él al oído. Uno de los guardias dio un paso adelante, dirigiéndose a Malfoy en un tono bajo y amenazador.

Oh Dios.

- Draco, suéltame o te harán daño.

Que Merlín la ayudara, pero no quería alejarse. Quería quedarse encerrada en esa habitación con él indefinidamente y al infierno con… sí, al infierno con la culpabilidad, la responsabilidad y todo lo demás. Malfoy tenía una fuerza tan envidiable. A Hermione le gustaría pedirle prestado un poco.

Se volvió para mirarlo. Ahora, con las luces encendidas, pudo ver el pánico en sus ojos grises. En cualquier otra persona, habría sido normal en una situación como esa. Pero en Malfoy, era vulnerabilidad y era casi malditamente hipnotizante. Estaba completamente estupefacta.

- Si quieres quedarte conmigo, entonces haré lo que sea para que te quedes conmigo. – dijo tautológicamente.

Y ante su creciente alarma, Hermione sintió la tensión irradiando del cuerpo de Malfoy y notó como adoptaba una posición de combate. Como si fuera hipersensible a la cambiante situación, vio a los guardias mirándose con nerviosismo unos a otros. Agarraron sus armas con más fuerza, dejándose blancos los nudillos. Hermione, realmente, nunca había visto a Malfoy en combate; nunca lo había visto ceder ante el tipo de violencia de la cual ni Harry ni Ron, ambos buenos hombres, no habían sido inmunes. Welwyn no contaba porque había luchado contra zombies y había estado medio inconsciente por la pérdida de sangre como para recordar gran parte de esa excursión. Pero ella sabía que tenía reputación y se preguntó si los guardias estaban tan obviamente inquietos porque tal vez habían estado allí el día que saltó al Pozo para salvar a Blaise y Henry.

Pero ni siquiera un hombre que era letal con una bandeja de plástico podría salir bien parado contra cinco guardias armados. Hermione no iba a permitir que su debilidad fuera la causa de la muerte de Malfoy.

Hermione se lamió los labios que tenía extremadamente secos.

- Tengo que irme. Tienes que soltarme ahora.

Él dejó caer la frente contra la de ella.

- No puedo.

Uno de los guardias se les acercó y puso el cañón de su arma contra la sien de Malfoy. Realmente, no necesitaba traducción. La plateada mirada de Malfoy ardió al cruzarse con la del guardia. Le dijo algo, pareciendo que hablara ruso desde la infancia. Hermione no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, pero sonaba bajo, siniestro y silbante, dando lugar a que la tez del guardia cambiara del rojo al blanco y seguidamente de nuevo al rojo. Tenía que aplacar la situación, y rápido.

- Tienes trabajo que hacer. – le dijo a Malfoy – Arreglar el desastre que ayudaste a crear.

Funcionó. El agarre sobre su cintura se aflojó y eso fue todo lo que se requería para que apartaran a Hermione de allí.

Fue casi gracioso notar que uno de los guardias tuvo la claridad mental como para detenerse y recoger sus detestables zapatos antes de marcharse.


Blaise Zabini estaba cubriendo con una manta a su dormido hijo cuando Draco regresó a sus aposentos. El lugar estaba hecho un caos. Las puertas del armario estaban abiertas, la ropa tirada por el suelo y la cama estaba en un extraño ángulo. Blaise es llevó un dedo a los labios y luego le hizo un gesto con la cabeza a Malfoy hacia la sala de estar para no molestar a Henry.

- ¿Qué cojones está pasando? – siseó Blaise - ¿Realmente han metido a Belikov en el Pozo? ¿Por qué han entrado aquí unos guardias exigiendo saber si tenías a Hermione Granger escondida en un jodido armario? Asustaron mucho a Henry. Me llevó una hora calmarlo después de que se hubieran ido. Y, por Merlín, ¿qué diablos le ha pasado a tu cara?

Draco guardó silencio por un momento. Luego se levantó, se dirigió a la nevera y sacó una botella de plástico que contenía una mezcla de bebidas alcohólicas. El alcohol era de rigor en ese tipo de conversaciones con Zabini. Desenroscó el tapón, tomó un largo sorbo y se estremeció ante la horrible mezcla. Suficientemente fortalecido, comenzó a contestar las preguntas.

- Amarov convocó los Juegos esta noche para darle un castigo ejemplar a Belikov.

Blaise maldijo en voz baja.

- Así que realmente fue y lo hizo. ¿Ese viejo estúpido pensó que podía mentirle a Amarov?

- Eso parece. Estaba programado para que se encontrase con una de las muertes más horribles a manos de un hombre que pasa la mayor parte de su tiempo estudiando y venerando a la más pequeña de las criaturas…

- ¿Tu amigo científico? Metieron a Vadim en el Pozo para que fuera desgarrado por un hombre lobo. – concluyó Blaise, con gesto sombrío.

- El Doctor Felix Wallen. – dijo Draco. Tomó otro sorbo y luego sostuvo la fría botella contra su hinchado pómulo – Sin poción Matalobos, por supuesto.

Blaise se sentó, pesadamente.

- ¿Qué pasó?

El divertido resoplido de Draco fue inesperado.

- Hermione Granger pasó. Intervino, de alguna manera logró cambiar la alterada mente de Amarov y así Vadim, ese afortunado bastardo, puede vivir para ver otro día. Aunque eso no fue antes de que Wallen se transformara ante el público reunido y te puedo asegurar, que los muggles no olvidaran esa imagen pronto.

- Sin duda esa era la intención de Amarov. – dijo Blaise, con malicia – Exhibir a nuestros monstruos.

- En repuesta a otra de tus preguntas, Granger vio una oportunidad de hablar conmigo y la tomó. Los guardias no se impresionaron con mi mala actitud después de que se la llevaran.

- Ah. Eso explicaría la visita de los guardias de antes.

Draco se hundió en el largo sofá, cerrando los ojos y sosteniendo todavía la botella contra su rostro.

- Siento que hayan asustado a Henry.

Blaise suspiró.

- Ha lidiado con cosas peores. ¿Dónde está Belikov ahora?

- No lo sé, pero tengo la sensación de que Granger solicitará su reintegración en los laboratorios. Si tenemos suerte, podría ser mañana. Hablando de eso, ¿tienes la información que pedí?

- En efecto. Mientras hacia los inventarios hoy, pregunté entre los equipos de mantenimiento de los barcos y sí, tenías razón; como Patil y tú descubristeis en el barco de los Juegos, parece haber al menos un contenedor sellado almacenado en la cubierta más baja de cada barco importante, incluso en los que no suelen llevar ninguna carga.

- ¿Cuántos contenedores? – preguntó Draco.

- Quince repartidos por diez barcos… con una notable excepción.

- Déjame adivinar… no hay ningún contenedor sellado en la cubierta más baja de este barco, ¿verdad?

- No. – dijo Blaise, con los ojos ligeramente abiertos - ¿Cómo lo has sabido?

Draco le respondió con otra pregunta.

- Y en cuanto a la posición de esos barcos de la flota. ¿Dirías que están muy dispersos?

A Blaise le llevó un momento encontrar la respuesta. Repasó mentalmente cada barco por su nombre y su relativa posición dentro de la flota.

- Sí. Supongo que lo están. Cada vez que la flota suelta anclas, todos los buques más grandes mantienen una distancia constante dentro de la flota. ¿Qué significa eso? ¿Qué hay en el interior de esos contenedores?

Draco le lanzó la botella a Blaise.

- Nuestra jugada final. – se puso en pie – Ve a buscar a Anatoli y Desmond. Nos reuniremos en los laboratorios en treinta minutos.