¡Holaaaa!
Ya tenía ganas de actualizar, llevaba como cuatro días intentando sacar un hueco para hacerlo y hasta ahora no he podido, pero es que los exámenes me están absorbiendo la vida entera... como no los apruebe, yo me voy del planeta xD
Espero que disfrutéis del capítulo, no es muy largo, pero si la cosa va bien el domingo volveré a actualizar :D
Sin más, ¡a leer!
¡Besooteees zombificados!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 30 – Death Eater (Mortífago)
Después de una larga mañana en compañía de Amarov, Hermione fue escoltada de regreso a su camarote por guardias que ya no tomarían más riesgos. Prácticamente la tenían sujeta de los brazos mientras caminaban.
Ya se había duchado antes, pero después del encuentro con Amarov, no podía pensar en nada más que un conveniente baño. Así que Hermione llenó la enorme bañera de agua caliente, la templó ligeramente, se desnudó y se hundió en ella. Los motores de la nave se habían encendido, lo que significaba que Honoria ya había desembarcado o estaba a punto de hacerlo. Y en unas horas, Amarov seguiría su ejemplo. Podía sentir el zumbido y la baja vibración que subía por el suelo, haciendo que el agua de la bañera temblara ligeramente.
Hermione permaneció sumergida durante una hora y media. Era imposible relajarse completamente dado el hecho de que tanto Amarov como sus guardias podían entrar en cualquier momento en su habitación y no tenía medios para cerrar la puerta del baño. En una repisa de pared de pizarra junto a la bañera, había numerosas toallas pequeñas y artículos de aseo. Había jabón tallado, piedra pómez y esponjas vegetales ingeniosamente rusticas con mangos de madera que probablemente costaban más de medio día de su sueldo en el Ministerio.
Había leído las etiquetas de todos los artículos del tocador – por delante y por detrás – a pesar de que estaban en francés y le molestaba su poca práctica. Un espejo redondo de acero inoxidable con un brazo extensible colgaba sobre la bañera. Hermione tiró de él y observó su reflejo sonrojado y húmedo por el vapor, con sus rizos mojados pegados a los lados de la cara. Tenía los labios rojos y brillantes por el calor. Distraídamente, levantó una mano y los tocó ligeramente, recordando el reciente beso con Amarov.
La expresión que le devolvía el espejo era de calmada reflexión. Ojalá el Vaquero estuviera vivo para ver desplegarse su sugerencia tan cliché, antes impensable, aunque fuera en otro hombre que no era Malfoy.
Hermione no había seducido a nadie en su vida; ni siquiera a Ron. Aunque había habido un tiempo, en sus últimos años de adolescencia, que se habría entregado alegremente si alguien la hubiera llevado aparte y le hubiera enseñado cómo malditamente hacerlo. La expresión del rostro que la miraba desde el espejo era tan dolorosamente inexplicable que Hermione se preguntó si había algo inherentemente dañado en ella que parecía llamar la atención de… bueno, peligrosos y ligeramente inestables criminales.
Mientras recorría el dedo índice húmedo y arrugado a lo largo del labio inferior, su mente regresó a un beso diferente; el que le había cedido a Malfoy a cambio de más páginas de la formula D.R.A.C.O y el siguiente beso que le había robado.
Bien, tal vez ella y Malfoy tenían historia, aunque fuera una en la que habían estado a punto de matarse, literalmente, una o dos veces. También estaba el hecho de que era un cerebrito. Un gran cerebrito, escondido bajo capas de duro diamante elitista, supremacía de sangre, problemas con su padre, negligencia, indulgencia, probablemente algunos problemas más con su madre y una gran cantidad de dolor y aislamiento.
Sin embargo, la complejidad de Malfoy no era suficiente. No era suficiente para mantener el enfoque de Hermione. Frunció el ceño mientras pensaba en eso. ¿Qué era entonces? Estéticamente, él era como un antihéroe byroniano pálido y meditabundo, del tipo que el historiador Thomas Babington Macauley había descrito una vez como: "un hombre orgulloso, melancólico, con desafío en las cejas y miseria en su corazón, acorralado por los de su especie, implacable en venganza, pero capaz de un fuerte y profundo afecto". Del tipo a quien le prohibían la entrada en todos los clubes de juego decentes, porque había sido sorprendido contando cartas – pero que felizmente se reuniría con pistolas al amanecer si lo desafiabas – y que se gastaba su herencia con un buen burdeos y mujeres de mala reputación.
La historia era tan fantástica que Hermione tuvo que morderse el labio para sofocar una sonrisa. El punto era que él parecía eso, mientras de alguna manera se las arreglaba para estar a su lado, casi con una calmada reverencia asombrada en cualquier enigma científico, técnico o medico por resolver. Veía los mismos patrones, significados y lógica que ella y reconocía las mimas posibilidades interesantes. A Hermione le asaltaba, varias veces, la sensación de que a pesar de sus grandes diferencias, ella y Malfoy veían gran parte del mundo a través de la misma lente, aunque la suya era considerablemente menos oscura que la de él. Compartían un mutuo conocimiento incómodo sobro cómo eran esencialmente las cosas.
Y luego estaban esos momentos suyos de… bueno, ¿de qué otro modo podría llamarlo sino heroísmo del nivel de Harry? Claro, si le preguntabas a Malfoy por qué había salvado a Mercer y a ella en el Hospital Welwyn, o por qué había saltado a un pozo lleno de zombies para salvar a Zabini y a Henry, o sobre la supervisión de la cirugía que le habían practicado después de que la fusilaran en el rescate de Amarov, probablemente te miraría con no poca condescendencia. Él diría algo sobre estrategia (la suya) y sobre el optimismo (el tuyo) y rodarías los ojos, pero en secreto creerías que bajo toda esa ambivalencia había algo profundo e inmensamente poderoso que podía moverlo en alguna ocasión. Y para Hermione, ver esa parte de él de nuevo estaba empezando a convertirse en un elemento en su lista de deseos.
Con un suspiro, se sentó en la bañera, sujetó las rodillas contra su pecho y apoyó la barbilla en ellas. Lo desagradable de dejar volar a tu imaginación durante un rato era que al final tenías que volver. Volver a la realidad, a la prisión que eran sus aposentos y el frío baño en el que desearía poder esconderse para siempre. Malfoy era un misterio que ella no tenía ni el tiempo ni la oportunidad de resolver. Él tenía un trabajo muy importante que hacer. Ella no tenía varita, ni a Harry, ni a Ron, ni libertad. Daba gracias a Dios, entonces, por todo el jodido tiempo que había tenido para observar y pensar.
Hermione era una buena pensadora.
Todo lo que tenía ahora era su ridículo plan y, a menos que Amarov fuera un manipulador aún mejor que Malfoy, parecía que el plan estaba funcionando.
Los dos capitanes se saludaron tentativamente el uno al otro desde sus respectivos barcos. En el estrecho canal de agua entre los dos enormes buques, los últimos seis contenedores (aparentemente) vacíos de la flota se hundían bajo el oleaje.
No se había efectuado ninguna llamada hacia el buque principal con respecto a esas órdenes tan inusuales. Hubo un acuerdo táctico entre todos los buques cómplices que vertieron los contenedores; hacer lo que se les decía sin realizar preguntas, por temor a que un plan que todavía no comprendían fuera desenmascarado involuntariamente. Había una plausible coartada entre los capitanes.
La labor de Zabini se había completado y el hecho de que nada hubiera explotado todavía era reconfortante para todos.
Aunque en última instancia, eso no sorprendió a Draco.
Hermione salió de la bañera, vació el agua y se envolvió en un enrome y mullido albornoz blanco que sacó de un armario. Estaba a punto de secarse el pelo cuando la puerta de su habitación se abrió.
Louis Renauld, vestido con unos colores que harían envidiar a un pavo real, se adentró en su habitación, acompañado por los dos guardias que la habían acompañado antes desde la habitación de Amarov. Había un cuarto hombre; un hombre alto y delgado que reconoció como el médico jefe de la flota, el doctor Prestin.
- ¿Qué queréis?
Renauld le dirigió una sonrisa burlona.
- Buenas tardes, querida. Siento mucho molestarte, pero necesitamos algo de tu sangre. Verás, estamos haciendo algunas pruebas… sólo como precaución. Nada de lo que preocuparse. Sostén el brazo hacia el doctor Prestin y lo haremos rápidamente.
Del recuerdo, no sacaba nada bueno de Prestin acercándose a alguien con una jeringuilla. Además, debían pensar que era idiota.
- No estáis aquí para sacarme sangre. ¿Qué hay en esa jeringa? – preguntó ella, porque claramente contenía algo.
Prestin suspiró, dedicándole una mirada de "ya te lo dije" a Renauld.
Los dos guardias se precipitaron hacia ella. Hermione se agachó bajo las manos del primero que quiso apresarla, pero no pudo evitar al segundo. Le hizo un placaje, tirándolos a ambos al suelo. El hombre no le dio tregua, la giró, se montó a horcajadas sobre su abdomen y la golpeó en la cara. El dolor fue afilado e intenso. Sintió el sabor de la sangre y la parte izquierda de su labio inferior hincado de forma poco natural en su boca. A pesar del shock, luchó, pateó e intentó alejar al guardia. Sus gritos fueron abruptamente ahogados por las manos del otro guardia. Lo mordió con toda su fuerza, sintiéndose asqueada cuando se le llenó la boca de sangre.
Ahora, incluso Renauld se involucró. Respirando pesadamente, bajó su enrome figura hasta ponerse de rodillas y utilizó el cinturón del albornoz de Hermione para amordazarla. El blanco cinturón de toalla rápidamente se tornó rojo.
- ¡Rápido! – siseó él.
Con ella ahora acorralada, Prestin intentó inyectarle la misteriosa sustancia. En lo que a Hermione se refería, estaba luchando por su vida. Con una violenta sacudida logró que la primera aguja se rompiera en su brazo. Un molesto Prestin sacó otra y no perdió el tiempo blandiendo un reemplazo. Esa vez, les llevó a los tres hombres sostenerla de modo que quedara lo suficientemente inmovilizada para recibir la segunda inyección de Prestin.
Hermione sintió que un breve flujo de frío helado se filtraba en su brazo y, entonces, una familiar languidez la venció. El último pensamiento coherente de Hermione fue un equivocado alivio.
No era la Infección. Era un sedante.
La flota se detuvo unas tres horas y media después. Era imposible ver lo que estaba pasando arriba en la cubierta, ya que el piso del laboratorio estaba por debajo del nivel del mar. Sin embargo, todos lo que trabajaban en el laboratorio escucharon el ruido de equipamientos en movimientos y pesados pasos con duro calzado cuando el grupo de Amarov se trasladó a un yate, varios pisos más arriba. La decisión de Amarov de abandonar el buque en una misión comercial no se había anticipado, pero el plan de Draco era lo suficientemente flexible como para permitírselo. Anatoli tenía un papel que desempeñar en dicho plan, lo que era una lástima porque no lo tenían cerca. Era importante, pero no imprescindible.
A diferencia de Zabini y Desmond, quienes estaban actualmente fuera de los laboratorios intentando entrar. No era habitual escuchar a Blaise chillar, pero estaba poniendo el empeño de su vida para los guardias.
- ¿Me estás diciendo que este viejo y yo cargamos veinte kilos de productos químicos peligrosos hasta aquí para nada?
- ¡Nadie sale! – gruñó uno de los guardias. Su inglés era muy básico y Zabini hablaba poco ruso. Desmond, el mayordomo, lo hablaba con fluidez, pero estaba deliberadamente callado.
- No te estoy pidiendo que saques a alguien. Necesitamos entrar. Dentro, ¿lo entiendes?
- ¡Nadie sale! – fue la misma contestación.
- Bien. – dijo Blaise, sonando cada vez más estridente - ¡Entonces, mete todo esto tú mismo! ¡He estado trabajando en ello durante dieciséis horas! ¡Si Amarov me quiere trabajando hasta la extenuación, por lo menos dejadme un momento para que me tome una taza de té o no seré de mucha utilidad para él mañana! ¡Soy Inglés! ¡Necesito té! ¡He estado fuera toda la mañana reuniendo estas cajas!
Se escuchó ruido de hurgar y plástico.
- ¿Qué es eso? ¿Es peligroso?
- Colega, no tengo ni puta idea. Me dijeron que no tocará mi piel mientras lo estaba manipulando y ese capullo rubio de allí dentro también ha dicho que no respirara sobre ello.
Draco imaginó a los cuatro guardias simultáneamente alejándose de las cajas. En poco tiempo, las puertas del laboratorio estuvieron desbloqueadas. Una rápida mirada de advertencia de Draco hizo que todo el equipo científico se viera muy ocupado mientras las puertas se abrieron. Un airado Zabini entró, equilibrando tres cajas en sus brazos. Desmond, el ya mencionado anciano, llevaba una mochila y dos cajas. Después de que las puertas se cerraran una vez más, la molestia desapareció del rostro de Blaise. Desmond y él colocaron cuidadosamente los suministros en una mesa de trabajo.
- ¿Está hecho? – preguntó Draco.
- Hecho. – respondió Blaise – Todos los contenedores sospechosos han desaparecido.
- ¿Y Henry está fuera del barco? – preguntó Draco.
- Está con las nietas de Belikov en el Cassiopeia, según el acuerdo. – dijo Blaise – Fue condenadamente arriesgado, pero también hemos trasladado con éxito hasta allí a todos los miembros de vuestras familias a última hora. – agregó Blaise hacia el ansioso equipo del laboratorio.
- ¿Qué hay del capitán y la tripulación del Cassiopeia?
- Marina y sus hombres están preparados. Por supuesto, todavía no están muy bien armados, pero puedo decirte que tienen una buena cantidad de sed de sangre y barras de hierro…
- Bien.
Draco sacó rápidamente los sacos de clorato de potasio y empezó a lanzarlos al equipo del laboratorio. Hubo una gran actividad. La tensión era intensa y los nervios estaban contraídos, pero todo el mundo tenía una labor específica que llevar a cabo. Sacaron bolsas de azúcar de plástico almacenadas y sin refinar de los estantes. Uno de los ayudantes del laboratorio empezó a dispensar cuidadosamente gotas de ácido sulfúrico en pequeñas botellas de vidrio que seguidamente cerró. Otro de los miembros del equipo alineó recipientes herméticos de vidrio en una de las mesas de trabajo. Draco y Belikov estaban al final de la cadena de montaje cuando Blaise se acercó a ellos.
- Tenemos que hablar.
El temor absoluto y la seriedad en la expresión de Zabini fue lo que atrajo toda la atención de Draco.
- ¿Qué pasa?
Blaise tomó una profunda bocanada de aire.
- Desmond y yo hemos oído la noticia de que parece que va a haber un combate imprevisto en el Pozo, que dará comienzo pronto.
Belikov estaba escuchando y frunció el ceño.
- ¿Un juego? Pero no ha sonado ninguna campana. Esto es de lo más inusual. Amarov no propondría un juego si no está aquí para presenciarlo.
- Esto no es para la flota o, como estamos empezando a sospechar, para Amarov. – Blaise vaciló antes de continuar – Malfoy, creo que Renauld ha metido a Granger.
Draco lentamente dejó el recipiente que había estado sosteniendo.
- ¿Cómo lo sabes?
- Desmond lo escuchó de una de las sirvientas que vio como la sacaban del barco hace unos treinta minutos. Estaba inconsciente. Lo hicieron justo ante las narices de Amarov, antes de que desembarcara.
- Así que él no lo ha ordenado. – concluyó Draco.
Para aquellos que no lo conocían bien, la expresión en la cara de Draco parecía perfectamente contenida. Pero Blaise lo conocía desde la infancia. Tocó ligeramente el brazo de Draco y no le sorprendió sentir los músculos apretados y tensos contra la tela de la camisa.
- Parece que hay otros planes en marcha. – dijo Belikov.
Blaise se volvió hacia el científico ruso.
- Algo grave está sucediendo dentro del círculo interno. Esto apesta a Honoria por todas partes.
Belikov no era tan confiado. Observó desde la expresión preocupada de Blaise hasta la aparentemente tranquila de Draco.
- ¡Esa joven me salvó la vida! ¡No la dejaremos morir hoy!
- ¿Cómo afecta esto al plan? – preguntó Blaise - ¿No puedo imaginar lo bien que nos iría desviarnos hacia el Barco de los Juegos?
Draco hizo señas a otro de los miembros del equipo del laboratorio para que tomara su lugar en la cadena de producción de los Cócteles Molotov.
- Vosotros nos os vais a desviar. Lo haré yo.
- ¿Estás seguro de que es prudente?
Draco se quitó la bata de laboratorio, revelando un jersey negro ajustado debajo. Sacó varios rollos anchos de cinta aislante de un cajón y un par de pequeñas tijeras.
- Zabini, ¿realmente tenemos que tener esta conversación? – su tono de voz fue suave, casi coloquial, pero Blaise sintió el filo del cuchillo bajo la superficie.
- No, supongo que no. – murmuró Blaise.
Draco le tendió un brazo.
- Entonces véndame con la cinta.
Blaise comenzó a enrollar la cinta alrededor de los brazos de Draco, adhiriéndola al jersey, en lugar de apretárselo fuertemente, para no restringir sus movimientos.
- ¿Cómo vas a llegar a ella exactamente?
- El plan no ha cambiado. Primero nos haremos con el arsenal, luego con el puente. Tú y Belikov iniciareis el bloqueo automático de cada camarote de este barco y luego difundiréis los avisos necesarios a toda la flota desde el puente. Yo haré mi propio camino hasta el Barco de los Juegos y llevaré a Granger de vuelta al Cassiopeia.
- ¿Estás convencido de que los demás capitanes se alinearán?
- Espero que lo hagan.
Blaise había terminado de vendarle uno de los brazos. Experimentalmente, Draco dobló el codo para comprobar la flexibilidad. Le lanzó una mirada al reloj de pared. Cuando volvió a hablar, se dirigió a todo el equipo del laboratorio.
- Damas y caballeros, estamos por lo menos a tres horas de distancia de los últimos contenedores que tiramos por la borda, lo que significa que deberíamos estar bien y verdaderamente más allá de cualquier límite de detonación que Amarov afirmara haber establecido.
- No ha habido explosiones. – explicó Blaise – O habríamos visto u oído algo si fuera de otra manera.
Draco asintió.
- Y Amarov sin enterarse. Su dispositivo de bioretroalimentación aparentemente no ha registrado nada anómalo. ¿Qué nos dice eso? Y lo que es más importante, ¿qué les dice a los capitanes?
Belikov parecía ligeramente superado por las circunstancias. Arrastró una silla hacia adelante y se sentó en ella pesadamente.
- Dios mío. Todo era un farol. – dijo – No hay bombas, no hay peligro.
- Ahora es vulnerable. – les dijo Blaise, con una pequeña y siniestra sonrisa.
- Siempre lo ha sido. – dijo Draco – Sólo ha sido lo suficientemente listo para jugar con nuestros miedos.
- ¿Lo sospechabas desde el principio? – preguntó Belikov.
- Sí y no creo que estuviera solo en eso. Sin embargo, estaba la relativa presencia de unos contenedores supuestamente vacíos que pasaban desapercibidos en los barcos. Teníamos que neutralizar esa potencial amenaza.
- ¿Los plantó ahí por si alguien buscaba evidencias de explosivos ocultos?
- Buenos, nosotros buscamos, ¿no? – preguntó Draco al profesor - ¿Puedes pensar en una mejor disuasión? Nadie se arriesgaría a abrir esos contenedores sin saber que contienen en el interior.
Belikov se puso en pie.
- Incluso si liberamos a la gente, Alexander no puede quedarse. Y moriría antes de dejar ir a la flota por voluntad propia.
En ese momento, Blaise ya había terminado de vendar el otro brazo de Draco. Apenas quedaba cinta aislante para que Draco pudiera envolverla alrededor de sus palmas y nudillos, dejando sus dedos desnudos. Abrió la bolsa de lona que Desmond había conseguido pasar delante de los guardias y sacó los desmontados rifles de dardos tranquilizantes que habían utilizado para tumbar a Wallen. A diferencia de las armas guardadas en una considerable cámara bloqueada del barco principal, estás se habían mantenido sin seguridad a las puertas de la celda de Wallen.
- Amarov no sobrevirará al final del día una vez que informemos a los habitantes que son libres de hacer lo que quieran. – dijo Blaise.
- Bozhe moi*. – susurró Belikov – Lo destrozaran.
Draco terminó de atornillar los diferentes componentes de los rifles y luego se ató uno de ellos a la espalda. Volvió a ponerse la bata blanca, abotonándosela.
Blaise lo miraba fijamente. Y Draco le devolvió la misma mirada.
- Voy a ir a buscarla, Zabini.
- Lo sé. No mueras. Henry te tiene mucho aprecio.
- Le tiene más aprecio a su padre. Mantente con vida.
- Lo haré lo mejor que pueda.
En segundo plano, unos cócteles molotov envueltos en papel higiénico estaban siendo cuidadosamente cargados en mochilas, algunas armas improvisadas fueron recuperadas de sus escondites, distribuidas y ocultas en bolsillos.
Draco se volvió hacia el resto del equipo, la mayoría de los cuales parecían estar a punto de mearse de miedo. Algunos iban a morir y lo sabían, pero también sabían que lo que quedaba de sus familias estaba a salvo a bordo del Cassiopeia, completamente abastecidos y armados. Estas personas eran científicos, no soldados. Pero también había fortaleza y justicia junto al miedo, forjado durante meses de vivir bajo el yugo de Amarov.
- Si alguien quiere echarse atrás, que lo haga ahora. Hoy no quiero que haya ningún tipo de duda viajando con nosotros. De ser así, lo único que conseguiréis es matar a vuestros colegas.
Nadie se movió. Nadie dijo nada.
Belikov sacó un bisturí de su mesa de trabajo y lo miró fijamente. Con seriedad, dijo:
- Es algo verdaderamente terrible que hoy tenga esto entre mis manos con la intención de dañar a otra alma viviente. – suspiró – Hice un juramento de joven, ¿sabéis?
Blaise y Draco estaban cargando sus botas con todo tipo de instrumentos destructivos y afilados.
- No te preocupes, profesor. Te daremos una pistola lo antes posible.
Eso le arrancó una sonrisa irónica a Belikov.
- Se agradece, señor Malfoy.
- Oh, podremos sostener una varita otra vez. – dijo Blaise, en voz baja. Estiró y apretó la mano derecha.
- De hecho, esto sería un trabajo rápido y hermosamente violento con magia.
Blaise suspiró.
- Basta, o me harás llorar. ¿Ya estamos preparados?
El mortífago de la flota asintió.
- Estamos preparados. Que comience la cuenta atrás.
Nota de la autora (Rizzle): Si Hermione parece más pasiva e indefensa de lo que preferiríais, lo entiendo. He tenido que esperar casi dos años para escribir sus escenas fundamentales y estoy tan impaciente como cualquiera de vosotros, pero están por llegar. Sé que sentís que ha estado fuera de juego durante un tiempo, pero creo que ha sido por el retraso en las actualizaciones y porque la han separado de los otros personajes desde que llegó a la flota. Para los personajes, no ha pasado tanto tiempo (algunos días entre capítulos). He tenido que aislarla del resto para que estos últimos capítulos funcionaran. Y ESPERO que funcionen.
*Bozhe moi: Dios mío en ruso.
