Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 39 – Roadtrip (Viaje de Carretera)

El tiempo estaba inusualmente espectacular esa mañana. Frío, pero con un impresionante sol invernal que Anatoli – quien estaba acostumbrado a condiciones mucho más frías – inclinó la cabeza hacia el cielo y se embebió de él. Hubiera deseado que su esposa hubiera accedido a subir, pero tenía demasiadas cosas que hacer en su barco.

En el calmado océano, llevó al mago y a Hermione Granger hacia los muelles de Avonmouth y le lanzó a Malfoy las llaves de uno de los tres Range Rovers guardados en un almacén. Esos eran los coches que los hombres de Amarov solían utilizar en las misiones de búsqueda de suministros en la ciudad. No necesitaba preguntarle al mago si había cogido suficientes armas. Draco Malfoy se llevaría todo lo que las bolsas que cargaba le permitieran.

- También llévate esto. – dijo Anatoli, entregándole a Malfoy un gran bote de combustible - ¿A qué distancia está tu casa?

Malfoy dejó el bote en el suelo y desplegó un mapa que había tomado del estudio de Amarov.

- De Avomouth a Estree en Witlshire, hay cerca de una hora y media.

- Id por donde no haya gente, ni ciudades. – aconsejó Anatoli.

- Me temo que no tenemos elección a ese respecto. Wiltshire no tiene acceso al mar.

- ¿Pero es seguro quedarse en tu casa?

- Tan seguro como una casa. – respondió Malfoy.

Anatoli asintió, aunque no creía que las casas fueran particularmente seguras. Había visto lo que les había pasado a muchos en ellas.

Malfoy dobló el mapa y se dispuso a desembarcar.

- Todo estará bien hasta Navidad. Después de eso, nadie estará a salvo en un radio de treinta kilómetros a la redonda de Londres y eso no incluye las lluvias. Asegúrate de que la flota no está cerca del Reino Unido cuando llegue ese momento. Ya lo he hablado con Belikov. Sabe lo que hay qué hacer.

Anatoli golpeó al mago en la espalda.

- Eres muy valiente, mago. Ya lo he dicho antes.

Malfoy levantó la pesada bolsa de armas sobre su hombro y la mochila en el otro.

- Me has llamado varias cosas. Y no recuerdo que "valiente" fuera una de ellas.

- Eso es porque mi inglés no es muy bueno. – dijo Anatoli, con una sonrisa.

- Eso dices tú. – respondió el mago, con lo que casi parecía una sonrisa.

Anatoli observó como la pareja caminaba por el muelle, Hermione Granger llevaba una mochila propia. Ella no había dicho nada durante el corto viaje, pero ese era su nueva norma. Anatoli estaba convencido de que sería la última vez que los vería con vida.

Las Islas Británicas eran una zona muerta. La humanidad había ofrecido una valiente lucha, pero esa batalla la habían perdido hacia un año. Los estadounidenses tenían razón al querer borrar el Reino Unido del mapa, con cura o sin ella. Nada podía sobrevivir mucho tiempo allí fuera, ni siquiera los magos y brujas valientes.


Hermione lo observaba mientras Draco cuidadosamente empujaba las chirriantes puertas del almacén, se agachaba rápidamente hacia el interior y reaparecía, haciéndole señas para que lo siguiera. Desenfundó su arma, vio ella. Draco sentía que Hermione estaba viendo una continua película de su propia vida. Eso la hacia tener sentimientos disociativos, como si nada de lo que estuviera ocurriendo le importara porque le estaba pasando a otra Hermione. Era condenadamente enervante y deseaba que hubiera una píldora o algo que pudiera darle para que dejara de pasarle.

De hecho, ella misma se lo había preguntado a Belikov en la enfermería.

"No hay nada que pueda darte excepto antidepresivos o sedantes. Yo sugeriría medicamentos contra la ansiedad, pero nos quedamos sin ansiolíticos los primeros meses de la flota. La gente de Amarov se los comían como caramelos…" dijo un descontento Belikov "¡Si no hubiera ocultado los analgésicos y los calmantes, no tendríamos nada! Pero los sedantes son lo último que querrías ahora mismo. Tienes que tener el ingenio a máximo nivel."

¿Qué ingenio? Hubiera querido preguntarle. Ella era inútil.

En el almacén, Draco dejó las pesadas bolsas, se quitó los guantes y sacó las llaves del coche. Uno de los tres Range Rovers estacionados se encendió inmediatamente al presionar un botón. El que estaba en el medio.

- Nuestro coche. – dijo él.

Ahora llegaba la parte en la que intentaba no ser completamente inútil. Draco era inmensamente capaz. Después de todo lo que había pasado, escribirían épicas historias sobre su capacidad. Pero seguramente, no habría conducido ningún vehículo en su vida.

El Range Rover era los suficientemente nuevo como para que la tapicería de cuero chirriara. Todavía tenía ese particular olor a nuevo. Era de esperar que Amarov condujera con estilo, incluso en un apocalipsis zombie. En un capricho, Hermione activó el aparato de GPS, sorprendiéndose ligeramente cuando se encendió. Una fuerte y amistosa voz femenina con acento americano dijo:

"HOLA" y preguntó "¿DÓNDE LE GUSTARÍA IR HOY?" según el historial de viajes, la última operación de búsqueda de suministros había sido llevada a cabo en este vehículo aparentemente a Exeter.

- ¿Ponemos nuestro destino? – le preguntó a Draco. Todavía estaba parado afuera del lado del copiloto, después de haber cargado las bolsas y el bote de combustible en el asiento trasero. En lugar de entrar, se dirigió hacia su lado, abrió la puerta y se inclinó sobre ella para poner en el GPS el condado de Wiltshire, a donde iban. El brazo de él rozó el suyo. Era mucho más grande que el de ella. Esa no era una constatación tranquilizadora. Hermione tenía la tentación de inclinar el asiento hacia atrás para darle más espacio y luego se preguntó por qué repentinamente su proximidad le importaba tanto, dado el reciente encuentro que habían tenido en la piscina de la cubierta.

Tal vez estaba recuperando algo de su yo original; la vieja Hermione que era tan cuidadosa con Draco Malfoy como se sentía atraída hacia él.

- Me sorprende que el GPS funcione después de todo. – comentó ella, con la voz apretada. Estaba lo suficientemente cerca como para poder oler el fresco antiséptico bajo las vendas limpias de sus manos. Belikov había insistido en cambiar sus vendajes antes de la partida – Pero supongo que los satélites están lejos de dejar de funcionar.

Draco terminó de poner la información en la pantalla del GPS.

- Duran miles de años, pero la precisión de la información retransmitida se ve resentida sin actualizaciones de navegación desde tierra. Se necesitan técnicos para proporcionar esas actualizaciones.

- Gente. – dijo Hermione.

Él la miró.

- Sí. Y parece que hay bastante escasez de eso en estos momentos.

- ¿Cómo sabes tanto de tecnología muggle? – sabía sobre ordenadores y ciertamente sabía manejarse con soltura con el equipo de laboratorio. Pero eso era más fácil de explicar, debido a sus estudios y el trabajo en la investigación médica.

- Hice el intento de aprender sobre ella.

- ¿Para conocer al enemigo?

- Como ya he dicho, curiosidad. Y prudencia. – añadió, en el último momento – ¿Qué serías si vivieras en un mundo muy grande y sólo decidieras comprender una pequeña parte de él?

- Estúpida. – respondió ella.

"¿LE GUSTARÍA SELECCIONAR UNA RUTA QUE EVITE PEAJES?" gritó el aparato de GPS. Realmente sonaba demasiado alto, pero el control de volumen insistía en que estaba en el ajuste más bajo.

Eso despertó una mirada divertida en Draco. Aunque no era exactamente una verdadera sonrisa. No había visto una en sus labios desde hacía mucho tiempo. Él seleccionó el "no".

"CALCULANDO." Exclamó la señora del GPS. "DISTANCIA HASTA EL CONDADO DE TRENT, WILTSHIRE. CINCUENTA Y TRES MILLAS."

- ¿Cuánto es en kilómetros? – preguntó Hermione.

Estuvo agradecida de que él no sugiriera que podía resolverlo por sí misma. Por supuesto que podía. Sólo… que en ese momento no. Fue entrañable la manera que Draco frunció el ceño y miró al techo para hacer las cuentas.

- Alrededor de ochenta y seis kilómetros. – dijo – Parece que vamos a atravesar largos tramos de carretas nuevas entre Patchway y Marshfield.

- ¿Es la ruta más rápida?

- Unos quince minutos. Mantén el motor en marcha. Abriré las puertas del almacén mientras conduces. Y ponte el cinturón de seguridad. – le recordó en un tono casi paternal.

Con manos temblorosas, Hermione se lo abrochó y condujo lentamente hacia las puertas. Las bisagras hicieron algo de ruido y esto logró estremecer a Malfoy, una o dos veces. Cuando detuvo el coche afuera, él cerró las puertas del almacén y, seguidamente, se subió en el interior. Hasta aquí, todo iba bien. Ninguna horda de zombies había aparecido corriendo. O caminando pesadamente más bien. A menos que fueran zombies mágicos… esos eran mucho más rápidos, muchísimo más…

El coche pareció avanzar. Sintió más que vio a Draco tirar del freno de mano. Sus pálidas manos cubrieron las de ella y lentamente apartó sus dedos aferrados con fuerza del volante. Hermione tardó un momento en quitar el pie del acelerador. El rugido del motor se silenció por completo. O tal vez era su extraña capacidad interna de cancelación de ruido que había adquirido recientemente.

- Es fácil. – dijo él – Respira.

- No estoy segura de lo que acaba de pasar. – lo miró, avergonzada y disculpándose – ¿Tal vez deberías conducir tú?

Malfoy sacudió la cabeza y volvió a situarse en su asiento.

- Sinceramente. Podría matarnos.

- No lo harás.

- ¿Siempre tienes tanta confianza? – preguntó, atormentada.

Una pregunta estúpida. Un minuto después, estaban en la carretera.


Era fácil olvidar como era el mundo cuando la civilización dejó de ser civilizada. Esto se debía a que la gente estaba acostumbrada a carreteras, semáforos, hospitales con salas de urgencia las veinticuatro horas y a no tener que moverse más de unos pocos kilómetros para comprar pan y leche. Eso era normal. En el mundo desarrollado, esa era la imagen que veía en su cabeza cuando alguien le pedía que pensara en la ciudad en la que vivía.

La imagen en el exterior de los cristales tintados del coche era como un paisaje de pesadilla. Ninguna cantidad de luz del sol podía cambiar eso. Eran el único vehículo en movimiento, aunque las carreteras estaban lejos de estar vacías. Había coches, algunos en perfecto estado, parecía que estaban simplemente aparcados. Otros estaban quemados, volcados hacia un lado, había huellas y manchas de color rojizo sobre el metal, testigo de los horrores del pasado año.

Todo tipo de pertenencias estaban desparramadas por la carretera, contando historias similares; un plan de escape rápido, sólo para encontrarse con un fatal atasco cuando miles de otros conductores intentaban hacer lo mismo. Había maletas abiertas, ropa ensangrentada y otros artículos como pasaportes, marcos de fotos, osos de peluche y hasta un ordenador portátil. Había mochilas de colegio y bolsas de pañales, una de ellas hasta tenía un chupete colgando por una cadenita de plástico. Era posible ver donde los tanques habían entrado y pasado por encima o derribado coches para abrirse camino en las carreteras principales, viajando en misiones dispersas al exterior de Londres, en un esfuerzo por ayudar a la población. Hermione se preguntó dónde estarían ahora, esos tanques. ¿Hasta dónde habían llegado esos solitarios soldados en las poblaciones antes de dejar sus armazones protectores para respirar aire fresco, aliviarse y acudir en ayuda de alguien, sólo para toparse con hordas frescas que vagaban por las calles en esos primeros días de caos? Donde había casas, las puertas delanteras se abrían por el viento. Las ventanas de las tiendas estaban destrozadas y los escaparates estaban anegados y fétidos.

La naturaleza ya empezaba a tomar el relevo. La hierba alta y la maleza crecían en las grietas y baches de la carretera, invadiéndola lentamente. Ramas rotas de algunos árboles yacían sin miramientos en mitad del camino. Hermione conducía rodeándolas, al igual que lo hacía con las docenas de cadáveres. Claramente los cuerpos habían estado ahí durante meses, desgastados por los elementos, pero no completamente desecados, gracias al húmedo clima inglés. Estaban consumidos. Todo lo que quedaba de ellos eran huesos, tendones, dientes, cabello y algunos músculos. Tenían los cráneos abiertos y los cerebros devorados; una pequeña misericordia que impedía su reanimación.

A los cuarenta minutos de viaje, se encontraron un bloqueo. Hermione detuvo el coche en el punto más alto de un puente. Ante ellos había prácticamente un parking de unos veinte vehículos abandonados. Un coche se tambaleaba sobre uno de los lados del puente, con las ruedas delanteras suspendidas en el aire.

- Podemos retroceder y dar la vuelta. – sugirió Hermione. Echó un vistazo al camino detrás de ellos. Había una cantidad preocupante de arbustos que lo ocultaban y no había sitio para escapar si los pillaban por sorpresa en el puente. Cada minuto de más que se quedaran allí era arriesgado. El tiempo estaba temperamental en esos momentos, las nubes grises casi negras rodaban lentamente sobre el horizonte y soplaba un fuerte viento frontal.

Draco consultó la pantalla del GPS.

- No. El siguiente cruce atraviesa dos pueblos y no queremos retroceder bajo la lluvia. Voy a despejar el camino. Quédate en el coche. – se quitó el abrigo y el jersey y ya estaba saliendo por la puerta.

Hermione bajó la ventanilla del lado del copiloto y se obligó a decir:

- ¡Espera un momento! ¡Te ayudaré!

Volvió a la ventanilla, el viento azotaba su pelo rapado desigualmente.

- No tardaré mucho. – le dijo – Mantén el motor en marcha. – se había vuelto a ir antes de que pudiera protestar.

Hermione volvió a cerrar la ventanilla, dejando sólo una fracción abierta para poder oírlo en caso de que la llamara.

Comenzó a llover momentos después; gotitas intermitentes seguidas de un aguacero casi torrencial. La luz solar anterior había desaparecido. Preocupada, pasó un minuto entrecerrado los ojos hacia el salpicadero y después hacia los mandos del volante, encontrando eventualmente el botón que encendía las luces delanteras. Ocasionales gotas de lluvia le llegaban a través de la rendija abierta de la ventanilla del copiloto. Se sintió aliviada al ver a Draco firmemente manos a la obra en los coches de enfrente. Inspeccionaba cuidadosamente cada vehículo, antes de abrir la puerta lateral del conductor, girar las ruedas con el volante y apartar cada coche del medio de la carretera. A pesar de que la segunda mitad del puente fuera descendente, seguía siendo un arduo trabajo. Hermione observaba la tensión y el esfuerzo que le llevaba mover los coches. Estaba empapado, la camiseta se le adhería a la piel.

Al cabo de veinte minutos, casi todos los coches que habían obstruido el camino estaban apartados. Sólo quedaban tres. Sintiéndose incómoda, Hermione miró por las ventanas traseras para vigilar la base del puente. Pero la lluvia caía tan fuerte que todo lo que podía ver era una mancha gris y verde. Se le ocurrió que podía hacer más para ayudar que simplemente quedarse en el coche y preocuparse. Asegurarse de estar armada sería un buen comienzo. Estiró la cabeza hacia atrás para localizar la bolsa de lona en el asiento trasero. Incapaz de cogerla desde su posición, Hermione se desabrochó el cinturón de seguridad y se estiró. Sus dedos se cerraron entorno a una de las asas de la bolsa. Tiró hacia ella, dándose cuenta tardíamente de lo pesada que era.

Un golpe en la ventana del copiloto la asustó. Se quedó congelada en su posición y, muy lentamente, volvió la cabeza hacia allí.

Era un policía. O mejor dicho, lo había sido. La criatura tenía una herida abierta en uno de los costados del cuello, pero lo que le llamó la atención fue el enorme hueco en su cabeza. Tenía la mitad del cráneo destrozado, pero lamentablemente no lo suficiente para acabar con el cerebro. El agua se acumulaba en la espantosa cavidad, salpicando hacia el exterior cada vez que la criatura se tambaleaba. Alguien vivo le debía de haber proporcionado ese golpe, supuso Hermione. Se peguntó como le habría ido a esa persona. La criatura levantó una de sus manos, deslizando los dedos hinchados y azulados por la abertura en la parte superior de la ventanilla. Intentaba empujarla hacia abajo, mientras simultáneamente apretaba la boca contra la rendija. La lengua le colgaba de la comisura, casi negra y llena de protrusiones. Como una especie de molusco agitado, se retorcía y ondulaba, como si intentara probar el aire del interior del coche, al igual que una serpiente.

- Errrrrrrrrrrrrrrrrssssssssssssskkk…

Hermione mantuvo una postura agazapada y estática, casi conteniendo la respiración.

Oh, no. Draco.

La preocupación por él le hacía sentirse mareada. Cerró los ojos y contó hasta diez. Ambos habían sobrevivido en combates cuerpo a cuerpo contra zombies en el Pozo. Esto… esto no era nada. Si apenas podía ver lo que tenía enfrente bajo la lluvia, dudaba que la criatura pudiera ver a Draco, a menos que hiciera un ruido lo suficientemente fuerte como para que se escuchara sobre la tormenta.

Para su inmenso alivio, el zombie parecía perder interés en el coche. Se enderezó, chasqueando los dientes, como si estuviera molesto y luego se alejó.

"TODAVÍA NO HA LLEGADO A SU DESTINO" anunció el aparato de GPS "¿LE GUSTARÍA INTRODUCIR UNO NUEVO?"

Hermione apretó la frente contra el fresco cuero del asiento. ¿Sería demasiado esperar que la criatura no hubiera escuchado eso?

Volvió, golpeando la cara contra el cristal y, esta vez, colocó los diez dedos en la rendija superior de la ventana y estiró… estiró tan fuerte que parte de la carne bajo los primeros nudillos de sus dedos empezó a abrirse.

Una oscura neblina descendió sobre su campo visual. Repentinamente, Hermione no podía absorber suficiente oxígeno. Cuanto más tragaba, más sentía que se asfixiaba. Iba a vomitar. Escuchó un ruido sordo, pero no podía abrir los ojos para ver, para actuar. Con un esfuerzo hercúleo, se incorporó y se tapó la boca y la nariz en un intento por detener la ridícula hiperventilación.

Y se obligó a mirar.

El zombie golpeaba la cabeza contra el cristal; una y otra vez. Se había abierto la frente, dejando al descubierto el hueso. La nariz estaba completamente aplastada y seguía persistiendo. Cuando el hueso chocó contra el cristal, el sonido cambió a un crujido.

Unos movimientos lentos y oscuros en la parte trasera del coche llamaron su atención. Tres, cuatro… seis. No, al menos una docena. Emergieron del borde del camino, pasaron la base del puente y seguían los violentos y desesperados ruidos del ex policía.

Hermione quería bajar hasta el suelo del coche y esconderse. La necesidad de hacerse pequeña, invisible y ciega casi la consumía, pero la idea de que Draco estuviera fuera solo era aún más insoportable.

Y así ella escudriñó sus reservas y, milagrosamente, encontró algo. Estaba débil, pero tendría que hacerlo. Accionó los limpiaparabrisas (tardó medio minuto en descubrir donde estaba el interruptor) y vio a Draco caminando hacia el Range Rover. Empuñaba el arma, pero no disparaba. Hermione entendió por qué. No había suficientes zombies para justificar un tiroteo; todavía no. Y aunque las pistolas fueran armas muy efectivas, eran extremadamente ruidosas y susceptibles a convocar aún más criaturas. Esa era la disyuntiva. Todo se basaba en tomar buenas decisiones. Sospechaba que Draco esperaba que ella hiciera exactamente eso.

¡Pero no podía! ¿No lo sabía?

Él la miró, frunciendo el ceño ante lo que ella imaginaba era su petrificada expresión. Y entonces, con la mayor calma posible, se subió sobre un Corolla rojo y empezó a disparar hacia la horda. Los zombies picaron el cebo. Se movieron hacia él, lentos, pero decididos, sin darse cuenta que los demás miembros de la horda eran derribados de un tiro en la cabeza, uno tras otro.

Bang. Bang. Bang. Draco disparaba, sin prisa.

Hermione maldijo. Sabía exactamente lo que él quería que hiciera, porque hacia una semana habría hecho lo mismo si las posiciones hubieran sido revertidas. Su corazón martilleaba tan violentamente, que parecía que intentaba escaparse de su caja torácica. Se mordió el labio hasta hacerse sangre y, tal vez, fue esa pequeña sacudida de dolor que aclaró ligeramente la neblina de su mente. Ahora que el coche no estaba obstaculizado por los zombies y otros vehículos, lo puso en marcha y pisó el acelerador. Tres zombies golpearon el parabrisas, uno de ellos rodó sobre el capó y estaba bastante segura de que había arrollado a unos cuantos más, a juzgar por los baches de la carretera.

El coche paró en seco. Hermione rápidamente abrió la puerta del copiloto. Draco se deslizó por la parte delantera del Corolla húmedo y (¡maldito fuera!) caminó hasta el coche antes de entrar. No fueron necesarias más instrucciones. Hermione golpeó el acelerador, estaban a salvo y desaparecieron antes de que el zombie más cercano al Corolla rojo llegara a donde había estado Draco parado unos segundos antes. Se encontraron varios sustos y algunos encuentros menores como ese, en los que no fue necesaria la potencia de fuego, al tener un coche que te podía alejar del enemigo a gran velocidad.

Todo lo que necesitaban era el ingenio.

Hermione sostenía el volante con tanta fuerza, que pensó que podría romperlo. Una parte de ella estaba furiosa con él por ponerlos… por ponerse a sí mismo en una situación tan peligrosa, para ponerla a prueba. Otra parte estaba eufórica. Sintió la cálida bienvenida del rubor en las mejillas, la desaceleración del ritmo cardíaco y aunque la neblina de su mente seguía ahí, ya no era opaca.

- Que te jodan. Podrías haber muerto. – dijo Hermione, con la voz ronca por la tensión de no gritar. Estaba tan cabreada con él. Tan, tan cabreada. ¡Cómo se atrevía a poner su propia vida en riesgo y dejarla responsable del resultado! ¡Era la responsabilidad la que la había llevado a ese inútil estado mental! ¿Era esto un demente intento de terapia de exposición?

Draco se acercó y con suavidad usó el pulgar para limpiarle la mancha de sangre que tenía en la boca, donde anteriormente se había mordido el labio.

- Esa lengua, Granger. Creo que estas empezando a volver a tu estado natural. – entonces se quitó la camiseta y arrojó la empapada prenda al asiento trasero. Hizo un ruido húmedo cunado chocó contra la tapicería de cuero. Una búsqueda rápida en su mochila y sacó un nuevo jersey, que se puso por encima sin camiseta interior. Hermione echó el más breve vistazo de las desvanecidas cicatrices a lo largo de la pálida piel de su vientre, antes de que las cubriera.

Condujeron en silencio por una carretera recta sin incidentes durante la siguiente media hora.

"SE ACERCA A LA INTERSECCIÓN EN…"

Hermione apagó el GPS.

- Vamos a usar el mapa. Es más tranquilo.


Dioooooos, la tensión me sale por los poros, jodido Draco y su tranquilidad... xDDD

¿Qué os ha parecido?

¡Yo creo que ha sido la hostia el comienzo de esta nueva etapa!

¡Contadme!

Gracias por cometar el capítulo anterior a: *Doristarazona* *johannna* *YyessyY* *Carmen-114* *LluviaDeOro* *Eishel Panakos* *Carmen* *Ilwen Malfoy* *Celevhr* *Loonydraconian* *SALESIA* * .HR*

A partir de hoy, estos meses siguientes voy a poder actualizar menos las dos traducciones, espero podáis perdonarme.

¡Gracias y besos!