Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 40 – Controlled Risk (Riesgo Controlado)

Llegaron al condado de Trent, Wiltshire, justo cuando la luz del atardecer empezaba a desvanecerse. Había una parada más en el camino hacia la mansión, que se encontraba más allá de un corto ascenso después del pequeño asentamiento mágico de los inquilinos en las tierras de los Malfoy. Afortunadamente, la lluvia había cesado para ese momento.

Al igual que Hogwarts, la mansión poseía sus propias protecciones contra muggles, que también abarcaba el pequeño pueblo mágico de Estree. La magia impregnaba el entorno, hasta el punto que Hermione tuvo que detener el coche para reenfocarse. Después de tanto tiempo sin magia, ya sea con varita o ambiental, la zona tuvo un curioso efecto sobre ellos. De ninguna manera era la reconfortante y benigna sensación mágica que prevalecía en Hogwarts, o los hechizos creados que cubrían Grimmauld Place desde los últimos años.

Esta era… dulce, empalagosa y oscura. Tenía un efecto embriagador que te hacía sentir ansioso, pero extrañamente más feliz por ello. Parecía que estuvieras nadando a través de algún vapor que te desorientaba y, de hecho, en algunos puntos a lo largo de la carretera del pueblo, Hermione podía ver corrientes flotando en el aire, como un espejismo de calor. Aparcó en el exterior de lo que en algún momento había sido la panadería del pueblo para un punto de mutua y silenciosa contemplación.

No era necesaria ninguna explicación. Con un rápido vistazo de reojo a Draco le reveló que él también estaba experimentando la misma sensación, aunque claramente parecía menos perturbado por ello. Estaba relajado contra el reposacabezas, con los ojos cerrados, los labios ligeramente separados y una expresión serena, casi exultante.

Un movimiento más abajo llamó la atención de Hermione. Vio como Draco extendía la mano con la que usaba la varita. Abría la palma y la flexionaba, extendiendo primero los dedos hacia adelante y luego hacia atrás. Hermione seguía mirando su mano cuando sintió que él la miraba, con una expresión burlona e indulgente.

Ella logró componer las palabras.

- ¿Sienta bien volver aquí?

Él asintió, parpadeando una vez, muy lentamente. Y entonces dirigió la mirada desde la cara de Hermione hasta la ventana que tenía detrás. Ahora parecía menos relajado.

- Vuelvo enseguida.

Hermione observó, con cierta preocupación, como salía del coche y se dirigía rápidamente hacia la entrada de la panadería. La razón de esa salida pronto fue evidente. Un zombie estaba junto al cristal roto del escaparate de la tienda, moviéndose hacia el coche con el tipo de agilidad que señalaba sus orígenes mágicos. La criatura no sólo corría, sino que saltaba y extendía los brazos intentando alargarse. Se encontró con la patada de Draco, haciéndolo saltar por los aires hasta caer sobre un montón de cristales rotos.

Draco apretó la rodilla contra su cuello. Miró a su alrededor, agarrando finalmente un trozo de cristal roto de la ventana, usándolo como guillotina improvisada, cortándole la cabeza a la criatura. El cuerpo dio varios espasmos, soltando un líquido espeso y turbio del tajo del cuello. Pero más repugnante aun fue que la cabeza cortada siguió abriendo y cerrando la boca durante un minuto, moviendo los ojos salvajemente.

Cuando todos los temblores post-mortem hubieron cesado, Draco volvió al coche y cerró la puerta.

- El señor Dobbs, el jardinero jefe. – fue toda la explicación. Aparentemente fue algún sentido del deber terminar con la miseria del hombre.

- El señor Dobbs, el jardinero sin cabeza. – le corrigió Hermione, y luego se horrorizó por su broma de mal gusto.


Siguieron por la pequeña colina hasta que los terrenos de la Mansión quedaron a la vista. Todo lo que vieron inicialmente fueron unos setos de tejo salvajes, como si se tragaran las puertas, dado el tiempo transcurrido. Había un letrero torcido pegado a las puertas, en el lugar donde en algún momento había estado el escudo familiar.

LA ENTRADA A ESTOS TERRENOS ESTÁ ESTRICTAMENTE PROHIBIDA

PROPIEDAD BAJO CUARENTENA FORENSE POR ORDEN DEL MINISTERIO DE MAGIA

Había una monstruosa cadena negra y un candado bloqueando las puertas. Hermione especuló que era más simbólico que funcional, señalizando el sin fin de hechizos que impedirían la entrada en la propiedad. No necesitaba preguntar si Draco probablemente había imaginado que esto sucedería y que sabía algo que ella no.

Ambos abandonaron el coche para acercarse a las puertas.

- ¿Ahora qué? – preguntó Hermione.

- Es uno de nuestros mejores trucos, supongo. – dijo Draco, mientras tocaba el candado – Ninguna barrera o encantamiento físico puede ser lanzando sobre la Mansión que impida la entrada a cualquier miembro de la familia Malfoy.

Fiel a su palabra, el candado se abrió con un fuerte siseo. Draco quitó la cadena y abrió las puertas para poder entrar con el coche. Se mantuvo a un lado mientras Hermione las atravesaba con el vehículo. Lo observó desde el asiento del conductor mientras volvía a cerrar las puertas y a poner el candado. No tenía sentido dejar que cualquier cosa más pudiera atravesarlas detrás de ellos.

Fue un corto trayecto por una ancha calzada de grava que conducía hasta la mansión. Más setos cubiertos de vegetación bordeaban el camino de entrada a ambos lados. Había estructuras más pequeñas en el interior de la propiedad; lo que parecía un mirador junto a un lago, invernaderos y una fuente en mitad de un jardín cubierto de maleza. Aunque todavía no había anochecido, la mansión parecía atrapada en su propia zona horaria. La oscuridad de la casa principal se filtraba por los alrededores. No había nada intrínsecamente siniestro en el exterior de estilo renacentista, pero la casa se alzaba sobre ellos como si fuera una enorme bestia antes dormida.

Hermione aparcó el coche lo más cerca posible de la puerta principal, antes de descargar las bolsas. Permanecieron juntos en mitad de una capa de hojas secas que les llegaba hasta los tobillos. Las enormes puertas dobles estaban cerradas, pero supuso que eso no era un obstáculo para el heredero de los Malfoy. Y no lo fue. Draco apenas rozó con la mano una de las grandes manijas de latón antes de que las puertas se abrieran con un crujido, casi como si alguien las hubiera manipulado para abrirlas con un sensor.

Entraron en un vestíbulo oscuro y cavernoso. Girándose, dos escaleras idénticas los acechaban en el fondo, cada una conducía los oscuros pasillos del segundo piso que hacía que el anterior paseo por la biblioteca de Hogwarts fuera como una excursión por el campo.

- ¿Siempre hay esta sensación de mal presentimiento? – susurró Hermione.

Él suspiró.

- Sí.

El viento sacudió las hojas secas de la entrada y las llevó a través del umbral, deslizándolas por el suelo. En el interior, bien podría ser de noche. Todas las ventanas habían sido tapiadas. Los débiles rayos de luz que se colaban por la puerta principal abierta revelaban una fina capa de polvo cubriendo el suelo y los muebles que no estaban tapados con una sábana blanca. Había numerosas pisadas por el suelo, la mayoría creando senderos, como si equipos de personas hubieran transitado las salas y los pasillos. Varios de esos caminos en el polvo parecían hechos por objetos que habían, literalmente, arrastrado justo hasta la puerta principal. Había marcas en la pared donde alguna vez habían estado colgados unos cuadros, pero ahora solo estaba el espacio vacío. La pintura de las paredes parecía menos desgastada en esas zonas, dentro de un contorno rectangular preciso. Otros cuadros seguían ahí, algunos cubiertos con una tela negra. Hermione sospechaba que esos podrían haber sido los antepasados Malfoy más pertinaces. Hermione se imaginó la arenga a la que habían sido sometidos los investigadores del Ministerio, mientras trabajaban en recoger pruebas y limpiar la casa de artefactos peligrosos.

- Han quitado la alfombra. – observó Draco.

Se adentró más en el vestíbulo, sus pasos resonaban contra las paredes. Una fuerte ráfaga de viento introdujo aún más hojas dentro de la casa y luego la puerta se cerró de golpe con un poderoso estallido, logrando que Hermione saltara en su posición. El sonido parecía reverberar a través de toda la longitud de la mansión. Draco sacó una linterna del interior de una de las mochilas y la encendió. La luz hizo resaltar los finos contornos de su rostro, mientras sus ojos plateados tomaban un brillo felino. Por un momento, le pareció irreconocible. Y depredador.

- Vamos a instalarnos. – dijo, tendiéndole la mano.


La Mansión Malfoy ocupaba unas cuarenta hectáreas de terreno y consistía en la residencia principal de la familia, dos lagos y el cercano pueblo de Estree. Había veintiocho habitaciones en la casa; siete en el primer piso, trece en el segundo y las ocho restantes divididas entre el ático, los sótanos y las habitaciones de los Elfos Domésticos. Por supuesto, ahora no había ningún elfo; todos habían sido liberados tras la condena de Lucius Malfoy. La casa también incluía una biblioteca y una lechucería interior. En el exterior, había dos invernaderos, una fuente, un viejo palomar de piedra y el mirador antes mencionado.

- ¿Qué hay de las mazmorras? – preguntó Hermione. Todo el mundo conocía las mazmorras de los Malfoy.

Draco los llevó directamente hacia la biblioteca, diciendo que tenía la chimenea más grande y más bien surtida de la casa. Sólo había sido usada una vez para un viaje vía red Flu.

- No tendemos a incluir las mazmorras en el tour. – reflexionó Draco.

- Lástima. Podrías haber sacado mucho beneficio. A los muggles les encantan ese tipo de cosas espeluznantes…

Imaginó a un apopléjico Lucius enfrentándose a una carga de ordinarios muggles, cámara en mano, deambulando por su casa. Esa imagen fue casi suficiente para provocarle una sonrisa.

La biblioteca estaba a oscuras y humedecida, por lo que Hermione pudo notar. Pero fue cuando Draco encendió la chimenea y varios candelabros, que consiguió ver apropiadamente el lugar. Y jadeó. Era realmente espectacular. La biblioteca de la Mansión Malfoy estaba construida con forma octogonal, con un subsuelo al que se podía acceder a través de un estrecho corredor con barandillas de hierro forjado que se adjuntaba a las estanterías. ¡Y oh, las estanterías! Había suficientes para mantenerte ocupada durante años. Parecía que cerca de un tercio de los libros habían desaparecido, probablemente incautados por el Ministerio. Hermione no tenía duda de que la confiscación había estado justificada. No había que echarle demasiada imaginación para saber qué tipo de tomos podía poseer Lucius Malfoy.

Draco arrojó las mochilas en el suelo, bajo una de las ventanas tapiadas. Se desató las botas, las pateó hacia una de las esquinas y se arrodilló para rebuscar en el interior de las bolsas. Era extraño verlo en su propia casa, atestiguando lo familiarizado que estaba con su entorno. No podía intentar evitar evocar una imagen del niño que había crecido en un lugar tan imponente.

- ¿Qué pasa? – le preguntó, sacándola bruscamente de su ensoñación.

Hermione se dio cuenta de que había estado mirándolo fijamente.

- Sólo me preguntaba cómo era para ti… vivir aquí.

- Para ser honesto, creo que viví la mayor parte de mi vida en Hogwarts. Ciertamente, durante nuestros años de formación.

- Tenías libertad en el colegio. – concluyó ella.

- Algunas libertades. – admitió – Snape tenía mano firme.

- ¿Lo echas de menos?

Draco se puso en pie, con unos pantalones secos en las manos.

- Cada día.

Había mucho más que decir, y preguntar, Hermione lo sabía. Tal vez más tarde, en algún momento de un futuro en el que el destino de la humanidad no pendiera de un hilo, y que hablar de esas cosas no fuera un lujo.

Las manos de Draco se acercaron a la hebilla del cinturón y Hermione se percató de que quería cambiarse el pantalón mojado. Se sentía mal por no haberse dado cuenta de lo frío e incómodo que debía haberse sentido, sentado en el coche con los pantalones empapados. Pero eso no era nada comparado con el maldito y repentino pánico que sintió ante la perspectiva de un Draco sin pantalones. Su hipersensibilidad al estrés y la ansiedad eran debilitantes. Odiaba no tener ningún control sobre sí misma y no saber cuál sería el siguiente desencadenante. Tal vez era eso lo que más la asustaba.

Hermione se giró para mirar hacia la puerta, escuchando el siseo de la tela, el sonido de una cremallera y el sordo tintineo de una hebilla de cinturón. Se preguntó si él la consideraría ridícula o incongruente por ser así, cuando no hacia ni una semana había estado prácticamente cabalgando sobre su regazo…

- Ya puedes darte la vuelta. – simplemente hubo un toque de diversión en su voz.

Mortificada, Hermione fue a sentarse a uno de los sofás estilo Chester color vino frente al fuego. Draco colocó los pantalones mojados sobre el respaldo de una silla y luego se quedó parado frente a ella. Vio que se había puesto unos pantalones oscuros. Tenía los pies desnudos. No podía soportar mirarlo o escuchar lo que podría decir a continuación.

- Creo que deberíamos hablar de lo que pasó esa noche en la piscina. – dijo ella bruscamente.

Para su consternación, a pesar de los otros siete asientos que había en la estancia, él eligió sentarse a su lado. Puso un brazo sobre el respaldo del Chester y apoyó un tobillo sobre la rodilla. Estaban a centímetros de distancia en el sofá. El calor del enorme fuego era glorioso.

- Una piscina es un poco exagerado. Eso era más bien un charco.

- Estoy hablando en serio, Malfoy.

- Lo sé. Tú siempre hablas en serio.

Hermione se arriesgó a mirarlo e inmediatamente se arrepintió. Como de costumbre, su expresión era difícil de catalogar. Parecía cansado, somnoliento y preocupado.

- Esa no era yo. – continuó ella.

Era un hombre sin piedad.

- Sí, llegué a esa conclusión. No todos los días Hermione Granger se sube encima de ti e intenta arrancarte los pantalones.

Hermione dejó caer su enrojecida cara entre sus manos.

- Oh Dios.

- Creo que tal vez dijiste eso en un momento dado.

- Basta.

Lo hizo, aunque no parecía arrepentido en lo más mínimo.

- ¿Has cambiado de opinión acerca de dejar la flota?

Hermione levantó la mirada, olvidando su mortificación. No dejaría que pensara que era una desagradecida.

- ¡No! Quiero decir, probablemente no lo parezca, pero estoy encantada de estar aquí. Sinceramente. – echó un vistazo alrededor de la habitación. Estaban secos, calientes, cómodos y seguros. Era todo lo que podía pedir, dadas las circunstancias. Allí, invariablemente, tenía menos a lo que hacer frente y pensar. Sentía que su mente podía desplegarse con seguridad durante un tiempo y sanar.

- Bien. – dijo él – Ven aquí.

Era simple inglés, pero de alguna manera el significado de esa petición se le escapaba. Tal vez porque él normalmente no hacia peticiones que no sonaran como órdenes.

Esos plateados ojos recorrieron su rostro con tanta intensidad, que pensó que podía sentir su mirada deslizándose sobre los huesos bajo su piel.

- Vale. Tal vez necesitas un incentivo, al igual que cuando estábamos en Grimmauld Place. Imagina que todavía quieres la fórmula antiviral de mis manos.

- Pero se la cediste a Belikov hace tiempo.

- Imagina que no lo hubiera hecho. – dijo él - ¿Quieres la fórmula?

- No entiendo a dónde quieres llegar con esto.

- Vamos a jugar a un pequeño juego.

- No me gustan los juegos.

- Sólo responde la pregunta, Granger. – dijo, aunque sin agresividad – ¿Quieres la fórmula o no?

Bueno, claro.

- Sí, por supuesto.

- ¿Y qué harías para conseguirla?

¿Ahora mismo? No mucho. La destruiría reunir las fuerzas que requirió para tratar con él en Grimmauld Place. Pero no era eso lo que le estaba preguntando ahora. Él era diferente. Ella era ciertamente diferente. Quería que se dirigiera hacia una situación hipotética.

- Haría cualquier cosa. – replicó, más jadeante de lo que prefería.

Él bajó la pierna.

- Entonces ven aquí.

El corazón de Hermione latía con fuerza. Tenía las palmas húmedas y parecía que la victoria del triplete postraumático de mareos, hiperventilación y náuseas, estaba a minutos de distancia. Pero Draco había estado en lo cierto sobre el riesgo controlado del anterior encuentro con los zombies. Tal vez la terapia de exposición era útil en este caso.

Ella se arrastró hasta su regazo, a horcajadas sobre él de manera que las rodillas presionaron contra el respaldo del sofá a cada lado de las caderas de Draco. Estaba sentada sobre sus muslos, justo encima de sus rodillas. La observó por un momento y fue suficiente para hacerla sentir como si ya estuviese desnuda. Era ridículo, por supuesto. Ya la había visto sin ninguna prenda de ropa en, al menos, dos ocasiones. Era imposible contener un escalofrío cuando Draco deslizó la mano derecha por la parte posterior de su cuello y le masajeó los tensos músculos, tal como había hecho en el laboratorio de Grimmauld Place la noche que Honoria se había fugado con él.

- Tengo miedo. – dijo Hermione.

- Inteligente por tu parte. Soy aterrador. – el distintivo de seguridad dejaba mucho que desear.

El brazo izquierdo de Draco la rodeó por la cintura, atrayendo el centro de su cuerpo hacia el de él. Estaba tan caliente, casi tanto como el foco de radiante calor a su espalda. Podía sentirlo incluso a través de su propia ropa y cuando se le erizó la piel en contraste. Hermione aspiró una gran bocanada de aire y habría aspirado una segunda, si Draco no hubiera sellado sus bocas. Estaba asustada y desproporcionadamente aterrada, pero luchó por mantener la calma. El lento gemido sobre la boca de él fue recompensado con un suave gruñido de aprobación. Una de sus grandes manos agarró el extremo de su trenza francesa y tiró de ella ligeramente hacia atrás para exponer su delicado cuello. Deslizó la caliente boca desde los labios de Hermione hasta la barbilla y luego a lo largo de su garganta, dejando un rastro húmedo y sensible.

- ¿Cómo vamos? – preguntó, con la voz amortiguada por su garganta.

- No muy bien. – susurró ella, apretando las manos sobre sus hombros cuando él empezó a proporcionarle pequeños besos y mordiscos sobre las descoloridas magulladuras.

Draco apartó la cabeza y la miró con un escrutinio casi clínico.

- ¿Demasiado unilateral? – antes de que Hermione pudiera entenderlo, la agarró de las manos y las colocó sobre su pecho. Tenía las suyas propias inofensivamente apoyadas sobre sus caderas.

Hermione frunció el ceño, sus instintos de lucha o huida le gritaban que hiciera eso último, pero los ignoró. No eran de fiar esos instintos en estos momentos.

Al principio, se limitó a dejar las manos presionadas contra la mullida lana del jersey de Draco, sintiendo el latido de su corazón y el sube y baja de su respiración. Su ritmo cardíaco no era ni mucho menos tan veloz como el suyo propio, pero tampoco era inalterable. Movió las manos sobre sus amplios hombros, bajando por sus brazos, apretando experimentalmente sus bíceps (lo que le hacía sonrojarse más intensamente), antes de deslizarlas por sus antebrazos, hasta detenerlas en sus muñecas. Draco apartó las manos de las caderas para poder entrelazar los dedos con los de ella.

Permanecieron así durante un rato. Draco trazó los contornos de sus manos. Ocasionalmente recorría con los dedos la longitud de las manos de Hermione, rodeando el borde de sus uñas, sumergiéndolos entre sus nudillos y por el sensible tejido interior. Ninguno de los dos decía nada. Sólo se escuchaba el crepitar del fuego y los crujidos y gemidos de una vieja casa al viento. Algo se estrechó en el pecho de Hermione. Esto era algo íntimo y arriesgado. Se sentía como algo que potencialmente podía perder y no podía ser bueno. Nada bueno.

Draco se inclinó y se quitó el jersey. Se revolvió el cabello al pasárselo por encima de la cabeza. Hermione estaba paralizada. No había fuerza en el mundo que pudiera impedir que ella alzara la mano para pasar sus dedos por ese rubio desorden irregular.

- Esto está hecho un desastre. – dijo ella, más bien con dureza. Le salió mal. Aunque decirle que probablemente era lo más hermoso y atractivo que había visto en su vida, sería demasiado cursi.

- Ya crecerá. – respondió él. Hermione se preguntó por qué ya no la tocaba y recordó que le había entregado las riendas. Poco a poco, sintió una sensación de poder y control. No estaba cerca del nivel habitual de autodominio, pero era alentador.

Draco Malfoy era una extraña combinación de docilidad y peligrosidad. Hermione conocía de primera mano la fuerza masculina cuando era utilizada para dañar y Draco tenía el potencial para hacerle todo tipo de daño; emocional, mental y físico. En lugar de retroceder ante esa fuerza (aunque el impulso era fuerte), la exploró.

Las manos de Hermione se volvieron curiosas. Pasó las puntas de los dedos sobre sus clavículas, presionándolas con más firmeza sobre sus pectorales, antes de detenerse a trazar las cicatrices de su tenso vientre. Sabía que estaba frunciendo el ceño y esperaba que él no creyera que estaba de algún modo desconcertada por ellas. Draco inhaló bruscamente cuando sus dedos le rozaron el ombligo. Tenía la piel sensible en esa zona. Hermione guardó esa pequeña información en su interior.

Aventurarse más hacia el sur le daría taquicardia, así que volvió a subir las manos, acariciando su rostro y disfrutando de la textura de la oscurecida barba rubia a lo largo de su mandíbula. Sus labios parecían realmente deliciosos; bien definidos y expresivos. Mirarlo a los ojos era incómodo en esos momentos, pero se obligó a ello. Cuando lo hizo, vio que tenía las pupilas dilatadas y negras, de modo que casi no se distinguía el plateado.

Tardíamente se le ocurrió que ya no parecía tan dócil. Y ya no tenía las manos en sus caderas. Ahora le acariciaban el trasero y la nueva presión que sentía en la cúspide de sus muslos cubiertos por la tela del pantalón vaquero era todo él. Y ese particular aspecto parecía tan grande y tan aterrador como el resto de su persona. La arremetida del pánico fue tan repentina, que la hizo lloriquear.

- Creo que… tal vez podamos… quizás… Draco, ¿podríamos parar?

Se quedó quieto. Rígido, realmente. Hermione parpadeó con temor mientras él dejaba caer la cabeza sobre su hombro y suspiraba muy, muy lentamente. Ella se sintió horrible al respecto, pero decidió que darle unas palmaditas en la espalda sería un pobre consuelo.

Draco se levantó, levantándola con él, depositándola seguidamente de vuelta al sofá.

El pequeño experimento había sido una concesión de control y sería dar un paso atrás si ella le decía que lo sentía por acabarlo. Aunque sin duda se sentía malditamente compungida.

Draco volvió a ponerse el jersey.

- Voy a buscar algo de comida. – anunció, con una cantidad de formalidad casi divertida.

Hermione fingió no notar cuando Draco se ajustó discretamente la parte delantera de los pantalones. Se preguntó si no sería un poco cruel sentirse satisfecha por su disconformidad. Descolocar a Draco Malfoy debía ser una hazaña digna de un diploma, por lo menos.


Me encanta este capítulo, Draco debería ir a la caza de un par de zombies para disipar la tensión que tiene entre los pantalones... pobrecito, a este ritmo le van a reventar las pelotas jajajajaja Pero sé que todas estáis pensando que todo está siendo demasiado tranquilo e idílico, huele a esa calma antes de la siguiente tormenta, pero vamos a disfrutarla mientras podamos, ¿no?

¿Qué opináis? ¿Qué pasará? ¿Cuál será el siguiente obstáculo?

Gracias por comentar el anterior capítulo a: *karulicius: sí este Draco es delicioso jeje* *SALESIA: muchas gracias por todo tu apoyo, realmente siempre te siento parte de cada historia, eres genial. Espero que hayas disfrutado del cap* *Carmen: pronto sabremos que se encuentran entre esas tétricas paredes.* *Loonydraconian: es inquietante y desesperante la absoluta confianza de Draco... xD Y yo también hecho de menos a los Zabinis* *Doristarazona: No tiene que ser fácil lidiar con las confusas emociones que nublan el buen juicio de Hermione* *johannna: Gracias por la comprensión, sois puro amor* *Ilwen Malfoy: Sí, el capítulo anterior fue tenso, pero esto no ha temrinado ;)* *CumulusMale* *Celevhr: Yo también hubiera quemado el GPS, aparato del demonio xD* *mariapotter2002: Sí, la confianza en sí mismo de Draco es desesperante xD* *guiguita* *Sally. Elizabeth. HR: Yo también creo que Draco es el mejor terapeuta para Hermione xD* *LluviaDeOro: Draco es el único que puede hacer que Hermione vuelva a la normalidad lo antes posible. Gracias por el apoyo ;)* *Bombom Kou: ¡Me alegra que te hayas puesto al día!* *FeltonNat88: Pues te deseo la mejor de las suertes para el examen, seguro que puedes y ya sabes que con un buen fic las angustias son menos angustiosas jajaja ¡Suerte!* *LadyBasilisco220282*

¡Besos y gracias!