Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 42 - Family (Familia)

Hermione se despertó, abriendo los ojos en la oscuridad, ajustándose poco a poco al opaco resplandor de los troncos de la chimenea. Se estiró y bostezó. Los rayos del sol todavía no se filtraban por las esquinas de las tablas de madera que cubrían las ventanas de la biblioteca. Estimó que probablemente debía ser justo antes del amanecer. Sorprendentemente, no recordaba sentirse tan refrescada y energizada en mucho tiempo.

El lugar junto a ella en el colchón estaba visiblemente vacío. Volvió la cabeza y vio que Draco estaba de vuelta en su propia cama, dormido. Hermione no estaba segura de qué sentir sobre eso. No, eso era mentira. En realidad, se sentía un poco molesta, pero siendo Malfoy, probablemente tendría razones para no dormir con ella toda la noche. En cualquier caso, se sentía demasiado bien como para perder el tiempo compadeciéndose de sí misma.

Por supuesto, sentía la cabeza ligeramente pesada y un ligero dolor entre las piernas, pero no era totalmente desconocido. Lo había probado alguna vez con Ron después de haber bebido. También había un sentimiento doloroso menos tangible en su pecho, como si hubiera sufrido un golpe que no dejara marcas físicas ni duraderas. Sin duda le había surgido de la tensa efusividad y el pesar de hacia unas horas. El llanto había sido torrencial, recordó, sintiéndose ligeramente mortificada. En su favor, Draco la había estado abrazando todo el tiempo, sin hablar, pero había sentido como su mano le acariciaba los rizos y esa misma mano apartando el grueso pelo para depositar suaves besos en la nunca, en la sien, en el hombro. No podía imaginar que él hubiera llevado una vida en la que proporcionar ese tipo de cariño fuera un acontecimiento frecuente. Y aun así, había hecho un trabajo esplendido.

Hermione sintió que las lágrimas brotaban de nuevo. Estaba echa un desastre, pero ya no sentía que era insalvable. Hurra y todo eso.

Lo que realmente quería hacer en ese momento era limpiarse. Un baño seria esplendido y, casualmente, había un cuarto de baño en la casa donde el agua caliente todavía funcionaba, aunque había un paseo desde la biblioteca. Se había dado uno a principios de semana y había sido celestial. Dejó el colchón, agarró el abrigo y la mochila, se puso los zapatos y pasó junto a la cama de Draco, que era la más cercana a la puerta. Era imposible no detenerse y observarlo, aunque parecía que estaba robando la imagen de algo prohibido; Draco Malfoy en su estado más vulnerable. Estaba tumbado sobre su estómago, con un brazo doblado junto a la cabeza y la cara metida en el codo.

Objetivamente, era un maldito adulto con muy buen aspecto. Ese hecho no pasaba desapercibido para la mayoría.

Había sido considerado más bien bajito cuando empezaron Hogwarts, pero como muchos otros chicos, había alcanzado a las chicas en tercer año y después de eso parecía que no iba a dejar de crecer. Chicas y chicos lo miraban por igual. Hicieron lo mismo con Harry, pero donde había asombro, admiración y adoración al héroe modesto, honesto y simple que era Harry, había algo diferente para Draco.

Había sido más que un simple abusón. Incluso los niños más pequeños sabían que cruzarse con los Malfoy podría significar el fin del trabajo de su padre en el Ministerio, o como algunos susurraban, que ocurriera un accidente a algún miembro de la familia donde no habría testigos que pudieran afirmar que el familiar en cuestión no se había caído sino que… lo habían empujado. Así que sí, los estudiantes lo miraban, incluyendo a Hermione. Pero siempre mantenían distancia porque lo que veían era venenoso. Demasiado arriesgado para intentarlo. Era un milagro que los Slytherins lograran conservar sus amistades. ¿Podrían algunos de ellos confiar entre sí y hablar libremente? Probablemente no. Y la triste verdad es que Draco había sido víctima tanto del legado Malfoy como de ser uno de ellos.

En los últimos años de colegio, Hermione lo recordaba desgarbado, taciturno, alerta y académico. Cuando el crecimiento en vertical se detuvo, comenzó a crecer en músculo. Y era esa fuerza la que los había salvado a ellos y a otros, en muchas ocasiones.

Tales consideraciones superficiales eran de poca importancia dada la actual situación del mundo y, sin embargo, ahí estaba ella, considerándolas. Tenía que dejarse llevar, decidió Hermione. Aunque no había tenido mucho tiempo para esas románticas reflexiones cuando era adolecente. Remus Lupin le había dicho una vez, con un brillo paternal en los ojos, que tenías que exprimirlo en cuanto pudieras.

Por lo general, Hermione nunca había sido capaz de encontrar atractivos a los hombres de pelo claro. Tal vez eso se debía a que había pasado mucho tiempo con caballeros de pelo oscuro que le habían dejado una duradera impresión; Harry, Sirius, Snape, su padre, entre otros. El cabello rubio de Draco ahora era un desastre de diferentes longitudes y desgarbado en lagunas zonas donde el bien intencionado profesor Belikov debía haber usado unas tijeras más afiladas, pero eso de ninguna manera restaba atractivo a Draco. Lo tenía áspero e irregular, lo que lograba un interesante contraste contra su fina estructura ósea. Extendió una mano, deseando pasar un dedo a lo largo de su ceja rubia oscura, justo por encima de la cicatriz, pero se detuvo a tiempo. Tenía el sueño notoriamente ligero.

Hermione admiró sus manos, que ahora estaban sin vendar. Eran fuertes y rápidas, como él. Esas manos eran precisas trabajando en el laboratorio, mortales si tenían la necesidad y muy hábiles cuando las usaba en ella. Ese último pensamiento hizo que su rostro se ruborizara. Las cicatrices de quemaduras en el dorso de esas manos, hacía que su estómago se contrajera porque sabía dónde las había sostenido y lo que habían estado intentando evitar con tanta fuerza.

Hermione era consciente del hecho de que Draco le había permitido acercarse más a él, posiblemente más de lo que lo había hecho alguien antes, pero sabía que había más partes encerradas en su interior. Partes que no pensaba que eran para compartir. Hermione lo sabía porque también era su modus operandi.

Había formalidad entre ellos. Un distanciamiento sufragado no por mala voluntad o desconfianza, sino por la manera que ambos decidieron ocuparse de los asuntos del corazón. No ibas a lanzarte a un río de desconocida profundidad, cuando había una barcaza agradable y segura que podía llevarte al otro lado. Necesitabas mantener algunas parte de tu ser en cuarentena porque lo contrario sería una invitación a demasiadas vulnerabilidades. Harry había sido así con Ginny y aunque Hermione nunca se lo admitiría a su amiga, había estado secretamente de acuerdo con la decisión de Harry. ¿De qué había servido darle una debilidad tan grande a Harry cuando, durante casi dos años, su vida había consistido en misiones que bordeaban el suicidio? La decisión de Harry de distanciarse de Ginny fue un intento de salvar a ambos del sufrimiento.

A favor de Ginny, ella no era del tipo que sucumbía y simplemente había seguido con su vida cada vez que Harry se alejaba. Hermione nunca entendió porque Ginny se ponía a si misma en tal posición. Ella sabía que no sería tan resistente si fuera su corazón el que estuviera en el punto de mira. Aun así, era imposible no amar en absoluto y por eso Hermione amaba a sus padres, a Harry, a sus amigos con amor y una constante preocupación por el bienestar de todos.

Pero enamorarse era una decisión. Lo mejor, más seguro y más inteligente era no hacerlo, porque por la vida que llevaban, había un mundo incalculable de dolor a la espera. No se trataba de ser un mártir, simplemente era sentido común.

Entonces, que mierda era esa que ya estaba enamorada de Draco Malfoy.

Hermione supo que era cierto, lo miraba y ansiaba tocarlo, acurrucarse en sus brazos, abrazarlo fuertemente y mantenerlo a salvo, feliz y bien. Quería tanto todo eso que se alejaba de un mero anhelo físico. Las palabras de Padma en su pesadilla la aterrorizaban. Hermione no podía imaginar un mundo en el que tuviera hijos con ese hombre y mucho menos soportar la idea de perderlos. Pero la gente hacia eso siempre, ¿no? Tomaban riesgos estúpidos. Claro, algunos caían y nunca se levantaban de la pena, pero había cientos de personas en la flota que si lo hacían y que habían sufrido pérdidas incalculables. Blaise Zabini estaba entre ellos. Era una locura ponerse en tal posición. Hermione se mostraba inflexible sobre eso. El único recurso era dejar de amar y no estaba muy segura de cómo hacerlo.

Cogió una linterna de la repisa antes de dirigirse hacia la puerta lo más silenciosamente posible. Se abrió con un gélido frío y la oscuridad del pasillo exterior. Hermione se detuvo en seco, mirando con desconcierto el evidente espacio vacío en la pared donde había estado colgada la pintura de Narcissa. Inmediatamente escaneó el suelo que tenía bajo sus pies y, para estar doblemente segura, regresó a la biblioteca para ver si Draco había quitado la pintura y la había dejado en el interior. ¿Tal vez había juntado todas las pinturas que almacenaban alimentos en una sola conveniente ubicación?

En cualquier caso, no estaba en la biblioteca y no estaba dispuesta a despertar a Draco sólo para preguntarle sobre eso. Sin embargo, para sentirse mejor, desabrochó la bolsa de munición y dejó una de las armas junto a él, en el suelo. Y, entonces, se aseguró que su propia pistola estuviera cargada antes de ponerse en marcha hacia la planta baja, los aseos de los elfos domésticos. Probablemente, era exagerado, pero era mejor prevenir que lamentar.

Aunque era un baño para empleados, era decadente, para los estándares muggles. Había tres enormes bañeras con terminación doble, con grifos situados centralmente al estilo francés, lo que significaba que no tenían patas y que en su lugar se asentaban directamente en el suelo de mármol blanco y negro. En el pasado, los hechizos de calentamiento del agua de la casa significaban una caldera perpetuamente encendida que suministraba los baños de la Mansión y a la cocina con agua caliente. Una caldera separada y más pequeña suministraba los cuartos de los empleados, funcionando con la magia de los elfos. El hechizo no había sido desmantelado por el equipo de investigación del Ministerio. Era posible que hubieran confinado ese baño como única fuente de agua caliente para sus propias necesidades de higiene y lavado durante el tiempo que permanecieron en la casa. Aunque las tuberías probablemente eran mucho más antiguas que las de Grimmauld Place, daban menos problemas. La primera vez que Hermione abrió el grifo, se sorprendió de que el agua no contuviera sedimentos.

Había una gran llave de hierro en el ojo de la cerradura. Hermione se encerró, abrió el agua corriente y encendió las velas que Draco había colocado allí a principios de la semana. No tenía sentido desperdiciar las pilas de la linterna. Después de encender seis velas, se quitó la ropa y se acercó a la bañera. No había toallas en la casa, por lo que habían estado utilizando sabanas en su lugar. Había una pila de ellas dobladas al lado de la bañera. El agua estaba demasiado caliente; tal y como prefería. Se hundió en ella, estremeciéndose ligeramente ante el aguijón del calor y luego suspiró.

Belikov se había asegurado e que empacaran las necesidades básicas antes de salir de la flota. Como abuelo de tres chicas adolescentes, sabía que eso abarcaba jabón, maquinillas de afeitar desechables, protector solar, champú, acondicionador, un pequeño par de tijeras para uso general y un botiquín de primeros auxilios. También había metido una media botella de crema hidratante perfumada y, para diversión de Hermione, una pequeña muestra de colonia para hombres, sin duda robada de uno de los camarotes abandonados del barco principal. Acicalarse parecía el mayor de los lujos, pero oh, se sentía bien enjabonarse y enjuagarse el pelo con olor a vainilla. Entonces, con una pequeña cantidad de acondicionador se masajeó el pelo enredado, se hizo un moño y procedió a coger una maquinilla de afeitar desechable para darle un buen uso. No era de extrañar que Draco hubiera estado dispuesto a intercambiar información a cambio de un baño caliente. Tenía la capacidad de hacerte sentir completamente humano de nuevo. El resplandor de las velas en el oscuro cuarto de baño era relajante.

Hermione se reclinó contra la bañera, soñolienta y bastante satisfecha. Cerró los ojos, disfrutando del vapor sobre la piel de su rostro. El enjuague del acondicionador podía esperar…


El aire frío en su rostro y pecho la asustaron al despertar. Hermione se percató de que se había dormido. No durante mucho rato, porque el agua todavía estaba caliente. Se sentó en la bañera, alarmándose al descubrir que las velas habían desaparecido. Aunque probablemente fuera estaba la luz del día, no había ventanas en el baño. Apenas podía ver la mano frente a su rostro. Aunque no podía distinguirlo, estaba bastante segura de que la puerta estaba abierta y era la razón por la que la temperatura de la estancia había descendido tan drásticamente.

Pero, ¿por qué estaba la puerta abierta? Ella la había cerrado. La respuesta parecía obvia. Alguien había logrado entrar en el baño y ese alguien no era Draco. Él no la asustaría de ese modo.

No había tiempo que desperdiciar sentado en un agua de rápido enfriamiento, ponderando que pasaría si. Draco estaba arriba, durmiendo y, probablemente sin enterarse del peligro, si es que había alguno. Tenía un arma en la bolsa e iba a llegar hasta ella. Sin embargo, antes de moverse, Hermione escuchó atentamente, sus otros sentidos se agudizaron ante la ausencia de cualquier cosa visual que procesar. Sintió el goteo del grifo de la bañera y el sempiterno crujido de la vieja mansión por encima de las escaleras. Aparte de eso, no se oía nada más.

Maldiciendo, salió de la bañera tan rápido como le permitieron sus piernas mojadas, lamentando lo resbaladizo que estaba todo por el acondicionador que se deslizaba por su cuerpo desde sus húmedos rizos. Cogió una sábana doblada mientras se apresuraba hacia el tocador, donde se encontraba la bolsa con la pistola, apretando la sábana contra su pecho.

Sus manos mojadas rebuscaron en el interior de la bolsa. Maldita sea. El arma había desaparecido, pero la linterna todavía seguí allí. Con las manos arrugadas por el agua, Hermione la encendió, volteándose para ver si había alguien más en el baño.

Estaba vacío.

Si había algún record de velocidad en ponerse la ropa, Hermione lo rompió. Sintiéndose ligeramente más preparada para lo que fuera, metió los pies en las zapatillas deportivas y salió por la puerta, sosteniendo la linterna en alto.

Hermione ignoró el hecho de que estaba congelada. Tenía el pelo mojado, empapándole la parte posterior de la camisa y abrigo. Había olvidado los calcetines, lo que significaba que sus pies húmedos eran rasposos témpanos de hielo en sus zapatos. Había algo o alguien en las mazmorras, un piso por debajo de los cuartos de los elfos domésticos. Allí el suelo era de piedra, por lo cual el sonido no fluía tan bien como en los pisos superiores, pero si te mantenías muy quieto y contenías el aliento, podías escuchar…

Arañazos, forcejeos y algo que sonaba como cadenas arrastrándose por el suelo. Típicas cosas fantasmagóricas de unas mazmorras. Se encontró que estaba asustada, pero calmada. Y la brillante y roja flor del pánico no había caído sobre ella, socavando la capacidad de pensar racionalmente. Sentía, ahora, a su antiguo yo. Pero ese no era momento para deleitarse con el descubrimiento.

Había una escalera a unos diez metros frente a ella, que conducía a las mazmorras. Viniendo de abajo, escuchó el crujido de una puerta, un sonido fuerte que le decía que era grande y pesada. En ese momento, se cerró y se escuchó como el cerrojo volvía a su lugar. Unos pasos se acercaban a las escaleras.

Hermione apagó rápidamente la linterna y se aplastó contra la pared. Quienquiera que fuera claramente conocía bastante bien los pasillos como para caminar sin luz. Hermione no tenía esa suerte. No podía permitirse el lujo de tropezar en la oscuridad con el intruso, por lo que esperó hasta que los pasos pasaron de largo hasta llegar a la planta baja, odiando que se dirigieran hacia Draco. Después de varios minutos, estaba a punto de dirigirse hacia las escaleras para subir de piso, cuando escuchó un llanto.

Era una mujer.

Hermione apretó los puños, con una mezcla de rabia e incredulidad. ¿Qué era eso? ¿Otro maníaco que pensaba que podía mantener a la gente encerrada para su propia diversión? Aspiró una bocanada de aire para calmar los nervios, antes de dirigirse con mucho sigilo hacia las escaleras que bajaban. La persona que le había robado el arma posiblemente también era el responsable de la mujer en las mazmorras y Hermione no tenía ni idea de donde estaba ni cuanto tardaría en volver. Tenía que ser rápida.

Volvió a encender la linterna. Si eso era posible, hacia aún más frío en las mazmorras, probablemente debido a la piedra y la humedad. Hermione sintió un escalofrío que le caló hasta los huesos y se preguntó como cualquier cosa podía sobrevivir allí durante mucho tiempo sin calor seco. Había varias celdas vacías y parecía que el llanto venía de la del final del pasillo. Aunque ahora estaba más cerca de la fuente del sonido, era más un lamento bajo y triste, que un llanto.

Hermione se acercó a la puerta en cuestión, buscando una pequeña ventana o reja, con la que poder comunicarse con la mujer encerrada. No había ninguna. Era una puerta solida sin ninguna mirilla y parecía estar tan firmemente sellada que apenas había espacio libre alrededor del marco. Con los dedos entumecidos por el frío, exploró los pernos que cerraban la puerta. No estaban encadenados ni con candado, lo que significaba que podía abrirlos.

Puso la oreja contra la puerta.

- Hola. – exclamó - ¿Puedes oírme?

El llanto se detuvo inmediatamente. Se escuchó un ruido de forcejeo al otro lado.

- ¿Puedes hablarme? – lo intentó de nuevo. No hubo ninguna respuesta por un momento, pero entonces, el llanto se reanudó, sólo que ahora sonaba aún más desenfrenado.

Merlín, pensó Hermione. ¿Con qué diablos se habían tropezado ella y Draco?

No había nada más que hacer, excepto dejar la linterna sobre la fría piedra y utilizar ambas manos para abrir los pernos. Había siete en total; grandes barras de hierro como su brazo de anchas. Esa era una celda que contendría incluso a Felix Wallen en su forma de licántropo. No le sorprendía que la mansión tuviera esas habitaciones en las mazmorras construidas específicamente para tal propósito.

La pesada puerta se abrió, Hermione usó todo su peso corporal para conseguirlo una vez que hubo quitado los pernos. Fue entonces cuando el olor la golpeó como una bofetada en la cara. Se tambaleó hacia atrás por la intensidad, pero no chocó contra la pared del estrecho pasillo que tenía justo detrás, sino más bien, contra otra cosa bastante sólida que extendió las ásperas manos para estabilizarla.

- Saludos, sangre sucia. Estás aquí para salvar el día, ¿verdad? – se burló Lucius Malfoy. Estaba sucio, canoso, demacrado y vestía unos harapos que apestaban tanto como la celda que tenía a sus espaldas. También sostenía el arma de Hermione, pero no de una manera que indicara que sabía cómo usarla – Aprecio una comida que se ofrece voluntariamente. – dijo antes de empujarla a la celda y cerrar la puerta con fuerza, sellándola en la oscuridad.


Los ojos de Draco se abrieron ante el sonido de una puerta cerrándose, la fuerza del golpe resonó a través de la vacía mansión. Se incorporó rápidamente, notando la ausencia de Hermione en su cama y la pistola colocada junto a él. Se levantó, se puso la chaqueta, cogió el arma y comprobó que estaba cargada antes de metérsela en la cintura de los pantalones. También tomó una linterna y un rifle de la bolsa de municiones, colocándoselo sobre el hombro. Dejó la bolsa detrás de una estantería para ocultarla. Entonces, se puso las botas, desatadas. Se movió rápidamente, lo único que le hizo detenerse brevemente fue la ausencia de la pintura de su madre en el pasillo exterior.


Woooooow, este capítulo me parece impresionante, despierta unas emociones tan intensas... bufff. ¡Lo que le faltaba a la pobre Hermione!

Ya sabemos quien era la sombra, ¿os lo esperabais?

¿Qué pensáis que hay dentro de esa celda?

¿Y qué esperáis de los siguientes capítulos?

Ya os digo yo que serán intensitos también xD

¡Nos leemos la semana que viene!

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Doristarazona* *LadyBasilisco220282* *redeginori* *johannna* *FeltonNat88* *Duhkha* *Carmen* *Loonydraconian* *SALESIA* *Sally. Elizabeth. HR* *Mantara* *Pau* *Ihana Malfoy* *HacheSinAzucar* *Bombom Kou* *LluviaDeOro* *Alrak990* *flopymoon* *rosedrama* *alex. loxar*

¡Besos!