Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 43 – Wade Out

Me abriré camino

Hasta empapar mis muslos en ardientes flores

Me pondré el sol en la boca

Saltaré al aire maduro

Vivo

Con cerrados ojos

Que arremeten contra lo oscuro

En las dormidas curvas de mi cuerpo

Dedos de tersa maestría penetrarán

Con castidad de muchachas oceánicas

Y habré de completar

El misterio de mi carne

Y habré de levantarme

Al cabo de mil años

Lamiendo

Flores

Y engastaré mis dientes en la plata de la luna

- Por E. E Cummings


La linterna aterrizó junto a ella, pero estaba rota, agrietada y hecha pedazos en el suelo. Con manos temblorosas, se guardó un fragmento de vidrio en el bolsillo, esperando que no atravesara la mezclilla de los pantalones. Pensándolo bien, realmente no importaba si eso pasaba.

Todo a su alrededor era oscuridad.

La completa pérdida de control estaba al alcance. Hermione podía sentirlo acechando desde un rincón de su mente como si fuera algo vivo, maligno y expectante, esperando el momento adecuado para saltar y arrastrarla a otra clase de oscuridad.

Su identificación. Eso es lo que era. Pánico.

Hermione no iba a dejar que eso pasara porque lo que estaba más allá de ese pánico era peor que el pánico mismo. Era una locura y un infierno que no deseaba volver a visitar. Cuando estabas en una habitación a oscuras y con la certeza de un peligro oculto, lo más sensato era encontrar un rincón y reagruparse. Se movió con sigilo y cautela, usando la adrenalina que la atravesaba, ignorando la parte pérfida de su cerebro que no quería hacer más que encogerse en un ovillo y hacerse la muerta. Pero el peligro no pasaría de largo. No sería tan fácil de engañar.

La celda de la mazmorra era grande. Hermione se arrastró por el suelo durante unos largos minutos sin tocar una pared. Tenía los ojos muy abiertos, como si eso pudiera hacer que viera algo más. En su lugar, las manos le servían de ojos y confiaba totalmente en ellas ahora. No estaba sola en esa celda. Era una certeza. La criatura – al menos esperaba que sólo hubiera una – estaba cerca.

Gimoteaba, captando lo que había en el suelo dependiendo de con lo que tropezaba. Una o dos veces, jadeó casi con satisfacción, agarrando algo del suelo, seguido de un terrible sonido de dientes masticando. Había mucho más que Hermione y un zombie en esa celda. Le tomó varios minutos procesar que se estaba arrastrando por encima de partes del cuerpo; piernas, brazos, cabezas, torsos, mechones de pelo, cuero cabelludo y demasiadas manos para contarlas.

Y sangre. Merlín, estaba por todas partes.

El olor era el primer indicio. Era tan fuerte que parecía que una tangible capa del mismo se adhería sobre la piel. En algunas zonas de la estancia, los restos humanos se amontonaban unos sobre otros hasta tal punto que Hermione tuvo que levantarse y rodearlos. Se arrastró a través de los restos putrefactos y descompuestos, mordiéndose el labio para evitar soltar algún sonido cuando su mano se hundió dentro de la cavidad torácica abierta de alguien. E incluso mientras hacia todo eso, se esforzaba por escuchar los sonidos que había más allá de la mazmorra.

Podía escuchar movimientos en los pisos superiores.

Lucius Malfoy estaba vivo. Había vuelto a casa. Se suponía que él y su esposa estaban muertos, por su puesto. Muerto por Aurores mientras era perseguido años antes de que encarcelaran a Draco. Habían sacado un reportaje de tres páginas en el Profeta y todo. Entonces, ¿dónde demonios habían estado todo ese tiempo? Hermione no se sorprendería si descubriera que eso también era obra del Ministerio. El secretismo y los hábitos internos de conspiración eran difíciles de perder, al parecer. Incluso bajo la vigilancia de Scrimgeour.

Esa celda era, obviamente, el osario de Lucius y una prisión para la criatura que custodiaba y cuidaba lo suficiente para alimentarla. No hacía falta tener una gran imaginación para averiguar quién era el zombie. Hermione pensó en Draco y eso casi, casi la dejó al borde de la histeria. Pero entonces el pesar que sentía por él se convirtió en temor, pues Lucius estaba más allá de la puerta de las mazmorras, en algún lugar de la casa y, aunque su encuentro había sido benditamente breve, el Malfoy mayor parecía bastante ido.

Draco era muy inteligente, pero necesitaría más que eso para tratar con su padre. El sentimentalismo no era una de las debilidades habituales de Draco Malfoy, aunque tampoco era totalmente inmune a su influencia. La lealtad, por otra parte, siempre le había sido más difícil de gestionar. Lucius tenía ambas cosas en su arsenal para presionar a su hijo.

Después de gatear por otros veinte minutos, Hermione finalmente encontró una pared. Se acurrucó contra ella, componiendo muecas mientras lentamente apilaba cuerpos y restos alrededor de su persona para formar una espantosa barricada; algo para desviar al hambriento zombie, en caso de que se acercara. También era eficaz para enmascarar su limpio y perfumado olor con el opresivo, fuerte y graso hedor de la carne descompuesta.

Empezó a palpar alrededor de su pequeño rincón en la celda. Perturbadoramente, no todos los cuerpos estaban hechos pedazos. Estaba tocando personas que estaban más o menos enteras. Al menos no había escasez de comida para el zombie de Lucius, lo que significaba que no tendría esa instintiva prisa en comérsela. ¿Tal vez su instinto de rastreo era más territorial?

Evidentemente, todos los cuerpos de la celda estaban inanimados. Lo más probable era que ya estuvieran muertos antes de ser lanzados en el interior. Las manos en movimientos de Hermione encontraron una mochila que todavía estaba unida al cuerpo de un hombre. Abrió la cremallera y sacó varios objetos, teniendo cuidado de evitar las bolsas de plástico para no hacer demasiado ruido. Había algo de ropa, envases vacíos, botellas de plástico también vacías, lo que parecía un rollo de vendaje crepé, migas, papel y yesca. Era la miserable previsión de supervivencia del hombre.

Intentando mantener sus congeladas manos estables, Hermione desabrochó numerosos bolsillos más pequeños, tanteando el interior. Casi lloró de alivio cuando sus dedos se cerraron alrededor de un encendedor. No tenía sentido usarlo ahora y alertar involuntariamente al zombie de su paradero. Tenía que idear un plan de ataque de antemano. Motivada por el éxito de su reciente hallazgo, las manos de Hermione se movieron con mayor rapidez sobre los cuerpos de su alrededor, haciendo un barrido de lo que podía. Desafortunadamente, no había armas que encontrar.

Se detuvo cuando tocó una diminuta mano. Estaba unida a un pequeño brazo y un cuerpo que todavía llevaba un jersey y pantalones. Los zapatos habían desaparecido hacía tiempo, pero seguía llevando calcetines (con borlas). Pelo largo. Una niña pequeña. Intrigada e impulsada por una curiosidad casi mórbida, Hermione tocó el rostro de la niña muerta. Suaves y frías mejillas. Una pequeña nariz de botón. Hermione estaba asombrada de que algo tan entero pudiera existir en ese lugar. Pasó los dedos por la parte posterior del cráneo, sin sorprenderse de encontrar una herida allí. Una exploración más a fondo le reveló que tenía la garganta cortada, encostrada con sangre seca.

¿Cómo podía ser que después de todo lo que había visto en el último año y medio, todavía hubiera algo que pudiera sorprenderla? No debería quedar nada más en su interior, nada más que la cruda mentalidad de supervivencia que se necesitaba para vivir en ese nuevo mundo. Aunque no estaba totalmente segura, Hermione apostaría una bolsa de Galeones a la suposición de que Lucius no había estado alimentando a su querida y difunta esposa Narcissa con el equivalente humano de fiambre. No, Hermione sospechaba que había estado cosechando carne fresca entre los vivos.

Convirtiéndolo a él en otro monstruo.

Se metió el encendedor en el bolsillo y se apoyó contra la fría pared de la mazmorra, consciente de que si el zombie no se topaba con ella pronto, moriría de hipotermia. Estaba empapada hasta los huesos, cubierta de mugre, sangre y tripas. Pero bueno, al menos el perfumado acondicionador era apenas perceptible.

Hermione no tenía ninguna duda de que Lucius volvería a la celda. La única pregunta era, ¿cuánto tiempo tendría que esperar? ¿Un día? ¿Varios? Si no era Lucius, quizás Draco la encontraría, pero parte de la mentalidad de superveniencia requería no quedarse sentado esperando a que te rescataran.

Especialmente si te preocupaba que necesitabas recatarte por ti misma esta vez.


Draco estaba parado en el vestíbulo, con la mano izquierda planeando sobre el rifle, observando con una estática intensidad.

A su padre.

El viejo Malfoy estaba delgado, sucio y casi irreconocible. Iba vestido con ropa tan desgastada, que toda era del mismo color. Lo que alguna vez había sido un pelo largo y plateado, ahora colgaba mustio sobre sus hombros. En contraste con la ropa, su pelo era un surtido de clores, dominado por marrones y grises. Tenía largas y profundas costras por el rostro a medio curar, de lo que inequívocamente parecían rasguños de uñas. Draco notó, que descansaba sobre el lado derecho de su cuerpo, apoyándose pesadamente sobre el barandal. Los ojos inyectados en sangre miraban fijamente a Draco, antes de estrecharse mientras Lucius se tambaleó hacia adelante. En sonido que articuló estaba a medio camino entre un sollozo y un gemido.

Draco lo atrapó en el cenit de un torpe y sacudido abrazo, frunciendo el ceño sobre la espalda de su padre mientras éste se aferraba a él. Permanecieron así unos momentos. Las palabras que salían de Lucius eran absurdas. Se aferraba a su hijo con una febril desesperación, como si fuese a desaparecer en el aire en cualquier momento.

- Pensaba que estabas muerto. – dijo Draco, era tanto una pregunta como una respuesta. Y si Hermione hubiese estado allí para oírlo, también habría discernido las disculpas en esa frase.

En ese momento, Lucius se alejó, aunque sus esqueléticas manos permanecieron apretadas sobre los hombros de su hijo. Ahora era un hombre más bajo, aparentemente encogido por la emaciación.

- Estoy muerto. – sonrió, con lágrimas saliendo de sus reumáticos ojos – Tú padre está muerto y yo estoy aquí en su lugar. – tocó el rostro de Draco con manos ásperas y cubiertas de mugre. Lucius lo miró de arriba abajo, contemplando a su único hijo, alto, sano y la antítesis de todo lo que era él en ese momento.

Draco frunció el ceño a cambio, el análisis le hizo componer una expresión más cautelosa y mucho más fría que antes.

- Mi hijo. Mi precioso hijo. – la mirada de Lucius adquirió un tono más afilado, probablemente en respuesta a la catalogación clínica de Draco de la persona que era Lucius – Pero supongo que ese nunca fue nuestro problema, ¿verdad? Nunca nos faltó la belleza. – dijo. Dirigió los ojos al rifle de Draco - ¿Estás esperando compañía no deseada? – Lucius hizo un gesto para agarrar el arma, pero Draco lo interceptó por la muñeca y la sostuvo en el aire.

- ¿Madre está aquí?

- Por supuesto.

- ¿Dónde has estado?

- En Azkaban. No te lo dijeron, ¿verdad? – Lucius sonrió otra vez, revelando unos ennegrecidos dientes. No estaba completamente bien, en más sentidos que los obvios. De cerca, se le escuchaba un audible silbido en cada ingesta de aire. Tenía la piel enrojecida y caliente al tacto. Los ojos revelaban su febril estado – A mí tampoco me dijeron que estabas ahí. Tú madre… - ahora arremetió contra su hijo, acercándolo tirando de la parte delantera de su jersey. Draco lo permitió, con cuidado de mantener el rifle a su espalda – Estaba desconsolada cuando supo que el Guardián te había mantenido encerrado en algún lugar de las plantas inferiores. Ese inmundo, amante de los muggles, irlandés…

- El Guardián Finnegan. – dijo Draco. Dio un paso atrás, logrando hacerlo tan sutilmente que su padre no se dio cuenta.

- Sí. – escupió Lucius – Te encerró en una bonita jaula de cristal, ¿no? – en ese momento, se irguió en toda su altura, parpadeando distraídamente por un segundo, quitando varias hojas secas que se le habían pegado al borde de su raída camisa – Mientras el resto de nosotros nos moríamos de hambre y vivíamos con las ratas…

- ¿Cómo escapaste? – Draco volvió a dirigir el tema.

- ¿Escapar? – soltó una risotada – Nadie excepto Sirius Black lo ha conseguido nunca, chico. Finnegan nos soltó. Él nos lanzó a… - Lucius miró alrededor del vestíbulo vacío de su enorme casa - … esto. Soy el Señor de esta mansión y no puedo hacer nada. Es una extraña especie de tortura, ¿no? Espero que sepas exactamente a qué me refiero. ¡Mira lo que ha sido del mundo mientras estábamos apartados de él! Los Inferi andan sueltos sin control. Los gobiernos se han derrumbado, los muggles conocen la magia y mi único hijo y heredero se acuesta con la sangre sucia que ayudó a meter a nuestra familia en Azkaban. – dijo con desprecio - ¿Qué he hecho para merecer eso, pregunto? ¿Qué… - la tos detuvo la diatriba de Lucius. Se dobló sobre su estómago y se habría caído si Draco no lo estuviera sosteniendo.

- ¿Dónde está Hermione Granger? – preguntó Draco, hablando directamente al oído de su padre. La voz fue suave, incluso halagüeña, pero su expresión era algo totalmente distinto.

Lucius se tambaleó en los brazos de su hijo, tosiendo, recuperando el aliento.

- ¿La chica? La chica…

- Lucius. – siseó Draco, estremeciendo al hombre hasta devolverle el estado de alerta - ¿Dónde está?

- ¿Por qué? Está haciéndole una visita a tu madre. ¿Te gustaría verla?


La encontró.

La criatura había empezado a hacer su propio estudio de la mazmorra, consciente de que habían arrojado algo vivo en el interior. se aferró a esa información, añadiendo más credibilidad a la noción de que era un zombie mágico y, muy probablemente, Narcissa Malfoy.

Quienquiera que hubiera sido alguna vez, estaba claramente familiarizado con la disposición de la mazmorra. Ese era un hecho horrible y fascinante, que podría haber logrado que el difunto Alec Mercer estuviera bastante emocionado. Si Hermione tuviera que aventurar una conjetura, diría que el zombie incluso había intentado crear cierto orden entre los restos de la celda. Eso explicaba las extrañas pilas de… cosas. Los restos de cuerpos apilados en diferentes zonas. Hermione sólo podía preguntarse que método había detrás de esa locura. Como una especie de jaula de pesadilla, Narcissa Malfoy había estado montándose un pequeño nido en la Mansión Malfoy. Y su marido la estaba ayudando.

El avance de la criatura fue frustrado por la pila de cuerpos alrededor de Hermione; pero eso sólo la ralentizaba. Comenzó a trepar por encima de la barrera de restos humanos. Afortunadamente, era incapaz de moverse en silencio, gimoteaba y gruñía mientras buscaba y agarraba a tientas. Así que Hermione era más o menos capaz de medir su posición en la oscuridad.

Cuando estuvo casi encima de ella, dio una patada a lo que esperaba fuera la cara de la criatura. Se escuchó el sonido de huesos rotos, pero el zombie ya se estaba recuperando cuando Hermione se deslizó por la barrera y corría hacia el otro lado de la celda, tropezando con algunos restos más de cuerpos humanos.

En un hombro, llevaba la mochila que le había quitado al hombre muerto. Sería útil para enredarla alrededor del zombie o acorralarlo, si fuera necesario. No había objetos duros en el suelo. Lo más grande que Hermione había encontrado fue la bota de alguien. La sostuvo en alto, resignada al hecho de que tendría que utilizar el resistente talón para golpear a la criatura hasta la verdadera muerte. Se estaba acercando, el gemido pasó a ser un agresivo gruñido. ¿Estaba hambrienta de carne que aún seguía en movimiento? ¿Estaba molesta de que Hermione hubiera estropeado la decoración interior? ¿Quién podía saberlo?

El tiempo lo era todo. Un balanceo mal planeado de su brazo y la criatura la agarraría, apretando sus dientes en cualquier parte que pudiera alcanzar. Mercer había reflexionado largo y tendido sobre esa aparente sed de sangre. Pude que hubiera algunos alimentos básicos que los zombies ansiaban, o pensaban que necesitaban, como comer carne humana (hígados en particular). Pero igualmente posible era el hecho de que una plaga que no encontraba una manera de propagarse era un fracaso. Y para una enfermedad que no se transmitía a través del aire y que, probablemente, se propagaba a través de sangre contaminada, no había casi mejor manera para garantizar la transmisión del virus que mordiendo a alguien. La saliva infectada tenía ese potencial.

Hermione retrocedió hasta sentir la fría piedra detrás de ella y, milagrosamente, la inconfundible sensación y sonido de una cadena pesada enrollada a sus pies. Supuso, que una mazmorra no era tal sin unas cadenas traqueteando. Desechó rápidamente la bota en favor de la cadena, que rodeó en uno de sus brazos y empezó a balancear.

Estaba asustada. Muy, muy asustada, pero la propensión a quedarse aterrorizada había sido sometida con una sesión de olímpico entrenamiento recientemente. La tolerancia al horror era mucho mayor que antes. Todavía había espacio para más terror y desesperación, pero aún no había alcanzado ese nivel. No ahí, no ahora.

Por el momento, estaría condenada si moría como la cena a domicilio de Narcissa Malfoy.


Lucius lo llevó al ático, manteniendo un flujo de conversaciones bizarras durante todo el rato.

- Debes disculpar mi aspecto. – dijo, mientras subía lentamente las tortuosas y empinadas escaleras hacia el desván – Ha sido… difícil.

No había excusas de su apariencia. No cuando la Mansión tenía las instalaciones y los recursos para alimentarte, vestirte y limpiarte. Lucius no estaba bien. Pero Draco tuvo la cautela de no comentar nada al respecto mientras caminaban. La distracción era lo último que Lucius podía controlar, en esos momentos. La prioridad era localizar a Hermione y después ya vería a sus padres.

Caminaron por un estrecho y claustrofóbico pasillo que apenas era lo suficientemente ancho como para permitir que un adulto pasara sin ponerse de lado. Esa era una parte de la casa que solo los elfos domésticos tenían acceso. La delgadez y el encorvamiento de Lucius hacían que se moviera con rapidez a través de esa parte. Los anchos hombros de Draco y el rifle lo retrasaban. Sostenía una antorcha, apuntando hacia adelante para dar luz más allá de los pasos de su padre. Aunque parecía que no necesitara ninguna luz. Sabía perfectamente por dónde iba.

- Sé que lo has estado buscando desde que has llegado, ¿verdad? – preguntó Lucius, ahora la respiración silbante era mucho más pronunciada por el esfuerzo – El Traslador. ¿Del que te hablé cuando eras niño? Lo recuerdas. Muy bien.

- ¿Lo tienes? – preguntó Draco, manteniendo un tono e incluso una voz, tranquilos. Ahí las tablas de madera eran más rugosas, por lo que parecía. No, rugosas no. Como más… pegajosas.

- ¡Oh, sí! Los pequeños adeptos de Scrimgeour pasaban delante de él todos los días. Imbéciles. El espejo no puede ser registrado como un aparato mágico, ni siquiera con el detector más sensible. Es una magia antigua de las selvas del otro lado del mundo, magia de sangre…

- ¿Necesita una varita para funcionar?

Lucius se detuvo en su camino para dedicarle una sonrisa a su hijo. Una sonrisa cómplice

- No. Es la belleza del mismo. Como el sustento que has adquirido de los retratos, todo lo que necesita es una ofrenda.

Draco entrecerró los ojos.

- ¿Qué tipo de ofrenda? – el suelo estaba definitivamente pegajoso. Y olía a sangre, un olor que desgraciadamente era demasiado familiar para Draco.

El hombre se encogió de hombros, sólo desde el hombro intacto.

- Vida. Suficiente para alimentar el hechizo del portal. La Magia Oscura es costosa. Muy costosa. – Lucius pareció consultar sus manos – El truco… el truco es…

- ¿Sí? – preguntó Draco - ¿Cuál es el truco?

- El truco es determinar cuánta vida se necesita…

Hubo un momento de silencio entre ambos.

- Padre, - dijo Draco, frunciendo el ceño - ¿qué es exactamente lo que has estado haciendo aquí en la Mansión desde que te libraste de Azkaban?

Lucius suspiró. Habían llegado a la habitación. Le hizo señas a su hijo para que se adelantara, colocando una mano sobre el picaporte de la puerta en el extremo más alejado del pasillo. Le dedicó a su hijo una mirada resignada.

- He estado intentando activar el Traslador. ¡Por Merlín, que lo he intentado! Todos los días lo intento y fallo. También cuido de tu madre. Requiere muchos cuidados, ¿sabes? Pero ahora, nuestro hijo está aquí para ayudarnos. – Lucius colocó la frente contra la puerta y cerró los ojos – Mi hijo está aquí.

- Lucius. – siseó Draco - ¿Dónde está Hermione Granger?

Su padre no respondió. Draco se movió con rapidez. Apartó al anciano del camino y abrió la puerta con la antorcha en alto.

No había nada en la habitación excepto un solitario espejo.

No era de extrañar que el equipo del Ministerio lo hubiera pasado por alto. El espejo era casualmente anticuado y sencillo. Estaba hecho de metal pulido y aplanado, del tipo que se utilizaba como superficie reflectante antes de la llegada del vidrio. El artefacto estaba apoyado sobre un pie alto, deformado y obsoleto y estaba enmarcado con una madera desgastada. Mientras que el "espejo" era corriente, el estado de la habitación no lo era. Las tablas de madera del suelo estaban negras. Draco sabía que era sangre seca; vastas cantidades del fluido. Narcissa no estaba allí, ni tampoco Hermione.

Había estado demasiado impaciente, se percató Draco. Demasiado consumido por la necesidad de encontrar a Hermione para darse cuenta que su padre había querido llevarlo ahí por una razón. Y esa razón no tenía nada que ver con localizarla. Draco se volvió para hablar con su padre, pero se encontró con la culata del arma de Hermione. Lo golpeó en la sien y perdió el conocimiento al chocar contra el suelo ensangrentado.


Ahhhhhh, que estrés me produce está situación... de verdad, nunca me había pasado, llevo estancada en esta traducción bastante tiempo porque se me hace muy complicado seguir traduciendo capítulos, los sentimientos y las situaciones las noto en profundidad y los capítulos que están por llegar no son nada fáciles, os advierto... Rizzle sí que ha hecho bien la historia, se lo ha montado para que sientas en tus propias carnes cada momento de la historia, ¡la amo y la odio! xD

Si pensabais que el horror había terminado con Amarov, ni de lejos es así. Preparad la barreras mentales.

Este Lucius sí que da grima, miedo y asco. ¡Y no, no es un zombie, aunque lo parezca!

¿Qué os ha parecido? ¿Qué pasará ahora? ¿Logrará Hermione salir de esa celda intacta? ¿Y Draco?

¡El lunes que viene actualizaré, prometido!

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *guiguita* *LluviaDeOro* *Eishel Panakos* *Loonydraconian* *FeltonNat88* *Doristarazona* *LadyBasilisco220282* *Sally Elizabeth. HR* *SALESIA* *johannna* *Fechu Callejera* *Carmen* *Bombon Kou Malfoy* *aquagt929* *Alrak990* *P. Metus* *NarradoraNueva* *AliceMlfy*

¡Besos y abrazos zombificados!