Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 44 – Sacrifice (Sacrificio)

Lucius Malfoy estaba sangrando, la herida se le había reabierto por todo el reciente esfuerzo.

Consideró brevemente detenerse a cosérsela de nuevo, pero finalmente admitió que era inútil. Ninguna costura sellaría la carne necrótica. Así eran las cosas. Cada vez que intentaba el primitivo método de primeros auxilios muggle, la aguja se hundía en una piel que ya estaba decolorada y ominosamente fragante. Cada vez era más difícil respirar, pensar, moverse. Durante varios días, la fiebre le había aumentado y los delirios oníricos a menudo cruzaban hasta sus horas de vigilia. Por eso había dudado inicialmente de su cordura cuando había visto a su hijo y a la mascota sangre sucia de Potter entrar en la mansión.

Pero no, era real. ¡Draco estaba vivo y había vuelto a casa!

Lucius tenía poco tiempo, por lo que era primordial activar el Traslador. Por supuesto, el plan había cambiado ahora. Ya no era él mismo quien iba a transportarse, sino su hijo.

El espejo de Chavín era mágico, pero sólo había existido en la mansión como un objeto decorativo, una pieza de conservación. Como espejo, era inútil. Teóricamente, estaba destinado a servir como Traslador. El objeto había sido usado hacía más de dos milenios por sacerdotes peruanos en exhibiciones rituales que fueron diseñadas para granjear el miedo, el temor y el respeto de sus homólogos muggles. Porque nada reforzaba más la supremacía y el dominio sobre la naturaleza y el hombre común, que ser capaz de transportarse de aquí a allá, en un abrir y cerrar de ojos. Los magos Chavín tenían varios de esos antiguos espejos en sus templos, ya que cada uno sólo podía tener una carga mágica suficiente para activarlo una sola vez. Como sucedía a menudo con la magia primitiva, sangre y vida eran el precio que debía pagarse para realizarla, pero el maldito ritual requería que el sacrificio fuese voluntario.

Hasta el momento, ninguno de los muggles que Lucius había capturado había sido capaz.

Por supuesto, las victimas de sacrificio no serían necesarias si simplemente tuviera una varita. Una varita podría activar fácilmente el Traslador, pero si la tuviera, para empezar, no necesitaría la reliquia. Desafortunadamente, parecía que ni Draco ni la sangre sucia estaban en posesión de las suyas tampoco.

No importa. Draco estaba de vuelta y usaría el espejo para ponerlo a salvo.

La observación de la pareja durante la semana pasada le reveló una relación, de algún tipo. No era muy romántica, pero no se podía confundir la protección que se demostraban entre sí. Era lamentable, pero estos eran tiempos duros y difíciles, y Lucius reconocía que uno buscaba consuelo y aliados donde podía. Igualmente lamentable era que esta situación significaba que no importaba lo bien que Lucius argumentara el plan, era poco probable que Draco aprobara el sacrificio de la señorita Granger para activar el espejo.

Se necesitaba otro tributo y no necesitó mucha reflexión para que Lucius se designara a sí mismo. Después de todo, era probable que muriera en cuestión de días, de todos modos. ¿Qué mejor manera de morir que hacerlo para salvar a su único hijo? Había tenido intención de atacar a la pareja mientras dormía, pero la idea se había frustrado por sus mermadas fuerzas y, en otra ocasión, por la furtiva suplica de Narcissa. No de la Narcissa que vivía en las mazmorras, sino la del retrato.

Era una especulación cuánta percepción poseían los retratos mágicos, en relación con los deseos de sus encarnaciones vivientes. Si el retrato de Narcissa estaba en lo correcto, quería que Lucius terminara con su agonía. Él entendía ese deseó, pero razonablemente, reconocía que su esposa estaba enferma y que no podía pensar con claridad. Si había una cura que encontrar, su hijo la buscaría. Era lógico que Draco saliera por el Traslador, y que una vez que hubiera adquirido una varita, pudiera volver y asumir el cuidado de Narcissa. Ciertamente tenía un suministro suficiente de alimento en la mazmorra para que aguantara hasta el momento que Draco volviera. Lucius se había encargado de eso. No tenía sentido desperdiciar los cuerpos de los fallidos sacrificios. Y había sido tan agotador atraer a los muggles hasta la mansión…

Lucius sostenía las horribles armas muggles (dos pistolas y un rifle) y una antorcha, componiendo una ligera mueca al tener que cargar la última. No había tenido tiempo de ir a buscar velas. Se movía mucho más despacio ahora, en un andar laborioso y apresurado, consciente de que el lado derecho de su cuerpo se estaba entumeciendo. Pequeños puntos negros se habían apoderado de su visión, precursores del desmayo. Se mordió el labio con fuerza suficiente como para sangrar, esperando que el dolor lo ayudara a reenfocarse. El maldito veneno de Inferi se extendía rápidamente en esos momentos.

Olió el humo mucho antes de llegar a las mazmorras a ver a Narcissa. Se esparcía rápidamente por la casa sellada. Lucius era muy consciente de lo ingeniosa que podía ser Hermione Granger, ¡pero ciertamente no había esperado que durara lo suficiente como para prender fuego!

Pero lo más importante aún, ¿qué le había hecho la sangre sucia a su esposa?

Se dirigió a las mazmorras tan rápido como pudo, respirando con dificultad mientras corría. Enfurecido ante la audacia de la chica, quitó los cerrojos de la puerta y la abrió. Entró en la celda, acostumbrado a la materia humana en descomposición que formaba una capa cenagosa sobre el suelo de piedra. Se adentró cuidadosamente, incapaz de distinguir mucho en el espeso humo. El haz de luz de la antorcha que llevaba finalmente reveló una pequeña fogata ardiendo en un rincón de la mazmorra. La muchacha debía haber estado desesperada por encenderla, porque la falta de ventilación en la estancia significaba arriesgarse a la asfixia.

Pero, ¿dónde estaba? ¿Dónde estaba la sangre sucia? ¿Era demasiado esperar que ya hubiera sucumbido a Narcissa?

Ignorando el engorroso rifle, Lucius blandió la pistola de la chica. A pesar de haber visto como se disparaban, nunca se había tomado el tiempo para determinar cómo se usaban. La pistola era pesada, pero intuitivamente había un gatillo, y suponía que si lo apretaba liberaría el proyectil almacenado. Lucius levantó la pistola en la dirección del haz de luz de la antorcha. Con prisa, hizo un estudio menos sistemático de la celda.

Localizó a su esposa, no por verla inicialmente, sino por el sonido. Se escuchaban gruñidos y gemidos nerviosos. Estaba atada a una pared, enroscada en varios metros de cadena, amordazada por una bolsa que había sido envuelta en su cabeza y sujeta por unas correas.

Lucius avanzó tambaleante hacia su esposa, pasando muy cerca de la pequeña figura que se precipitó hacia él desde la ahumada oscuridad, intentando clavarle un fragmento de cristal. La sangre sucia volvió a arremeter contra él, esta vez el ángulo de ataque fue extraño e inesperado. Balanceó algo pequeño y oscuro, golpeándolo fuertemente en la barbilla. El impacto fue suficiente para desestabilizarlo.

Se retorció, resbaló en el cenagoso suelo y cayó dolorosamente sobre una rodilla. Lucius levantó la pistola para dispararle, pero al apretar el gatillo no funcionó. De alguna manera, el arma estaba bloqueada.

Granger le propinó un puntapié en el pecho, robándole todo el aire. Lucius se derrumbó, resollando. Espumosa saliva manchada de sangre burbujeaba de su boca, revelando el líquido que se le había acumulado en los pulmones. Sentía que se estaba ahogando. La antorcha fue arrebatada del suelo y ella la acercó a su rostro, cegándolo momentáneamente. Lucius levantó un antebrazo para protegerse los ojos.

- Estás son nuestras armas. – dijo, con una voz que parecía décadas más madura de lo que recordaba. O tal vez sólo era el efecto de la inhalación del humo - ¿Dónde está Draco?

- Lejos de tu influencia ahora. – gruñó Lucius. Empezó a toser.

- Respuesta equivocada. – respondió ella. Hermione Granger lo miró fijamente por un momento antes de levantar algo en sus manos y golpearlo en la cabeza.

Era una bota. La sangre sucia lo había derribado con un jodido zapato.


Hermione vertió un vaso de agua sobre un lado de la cara de Lucius Malfoy. Él se incorporó bruscamente, farfullando. La chica vio como movía sus brazos, intentándose llevar las manos a la cabeza, pero en ese momento estaba atado en el suelo de la mazmorra con unos doce metros de lazos de cortina.

Ella le levantó la cabeza para que pudiera verla. Sabía que estaba sufriendo una gran cantidad de dolor. Ya le había examinado la supurante herida suturada de un mordisco en el hombro. Lucius Malfoy estaba llamando a las puertas de la muerte. Le encantaría apresurar el proceso, pero primero, necesitaba algunas respuestas. Después de una hora recorriendo la casa de Draco, no estaba más cerca de encontrarlo y a cada momento la preocupación se volvía frenética.

- ¿Sabes que siempre dicen que hay un pequeño porcentaje de la población que es inmune a una epidemia viral? Es curioso como nunca han hablado del porcentaje que se vuelven locos al mismo tiempo.

Él no dijo nada, simplemente resopló. Usando el pie, Hermione lo volteó para que pudiera hablar con ella sin tener que levantarle la cabeza.

- ¿Cuándo te mordieron? – preguntó, aparentemente sorprendiéndolo con la cuestión. Al principio, parecía no estar dispuesto a responder, pero finalmente lo hizo.

- Hace tres semanas.

- Lo que significa que has estado administrándote ReGen desde entonces. La mayoría de las personas mueren a las cuarenta y ocho horas de una mordedura de zombie. – informó – El Ministerio ha estado dejando caer dosis individuales de ReGen tan lejos como podíamos gestionar. Sobre todo en Londres. ¿Dónde lo has adquirido?

- Había… una familia. – dijo con dificultad – Viajaban desde Londres. Los encontré en el bosque, no muy lejos del pueblo.

Hermione pensó en el cuerpo de la pequeña niña.

- Los acogiste. Vieron que te habían mordido. Te dieron el suministro de ReGen. Y luego los mataste para alimentar a tu mascota zombie. ¿Correcto? Has estado atrayendo a gente con la promesa de seguridad. He contado cerca de veintidós cadáveres en esa celda, más o menos. ¿Los mataste a todos?

- Algunos ya se estaban muriendo cuando me topé con ellos.

- Yo no. – dijo ella, con voz insensible – ¿Por qué necesitas tantos cuerpos para alimentar a un zombie?

No respondió.

Hermione apretó el pie contra el hombro herido de Lucius. Gritó con todas sus fuerzas.

- ¿Dónde está Draco?

- No eres digna ni para ser su puta. – espetó Lucius, con el rostro contorsionado por la rabia – Asquerosa sangre sucia. Eres una farsa, estás…

- Perdiendo la paciencia. – lo interrumpió Hermione. La sangre seca en su piel estaba desquebrajándose y se desprendía en pequeñas escamas - ¿Qué pasa con todos los fanáticos obsesionados de la sangre? Sois condenadamente poco originales. – atravesó la celda hacia la figura que no paraba de contorsionarse de la antigua Narcissa Malfoy y colocó el cañón de la pistola de Draco contra la cabeza cubierta del zombie – Voy a contar hasta cinco, señor Malfoy. Si no me dices donde está tu hijo, derramaré el cerebro en descomposición de su madre por todo el suelo. Dudo que ni siquiera se notara el desastre, dado el estado del lugar…

Era sorprendente lo mucho que le importaba a Lucius. Parecía totalmente aterrado por la criatura.

- Por favor… por favor no le hagas daño.

Hermione observó al hombre destrozado y sucio que había intentado matarla a ella y a sus amigos cuando era una niña, quien había sido parte del monstruo que aterrorizaba muggles y familias de sangre mestiza que se dignaran a poner un pie en el mundo. Era un asesino y un sangre pura supremacista. Tal vez parte de su extremismo actual era el resultado de que el cerebro se estuviera cocinando lentamente dentro de su cráneo, pero era posible reconocer lo suficiente al antiguo Lucius como para borrar cualquier simpatía. Ni siquiera ser el padre de Draco lo protegería en ese momento. Hermione estaba muy tentada a explicarle que "ella" ya no estaría nunca más. Eso no era Narcissa, pero la locura de Lucius, hasta el momento, estaba ayudando más que obstaculizando.

- No quiero matar a la madre de Draco, así que dime dónde está. – demandó Hermione, presionando el arma contra la cabeza de la criatura. Ante el estímulo, comenzó a agitarse con renovado vigor contra las cadenas.

- Tienes que escucharme… – imploró Lucius, mirándola atentamente. Probablemente esa era la primera vez que Lucius Malfoy se dirigía a ella como si realmente quisiera decirle algo, y no porque estuviera en su camino – Ambos queremos lo mismo para mi hijo.

Hermione ya había tenido suficiente. Se acercó al hombre y se inclinó sobre él.

- No, escúchame a , demente hijo de puta. No estás en posición para tomar decisiones en nombre de nadie. – siseó Hermione – ¡Mírate! ¡Estás delirante! Has estado asesinando a familias enteras para alimentar a un maldito zombie. ¡Algunas de esas personas incluso te ayudaron a extender tu insignificante vida! Tu hijo nos necesita tanto como una pierna rota. Draco es la persona más capaz e implacable que conozco y créeme, Lucius… – le tiró del pelo hacia atrás de modo que sus caras quedaron a escasos centímetros – He estado ahí fuera, más allá de la protección y comodidad de esta casa y he conocido gente que te habría utilizado vivo para alimentar zombies desde el momento que recibiste la mordedura. ¡No te atrevas a hacerte el mártir conmigo! Draco y yo hemos soportado tanto como cualquiera. – bajó la cabeza – Te dejas en evidencia si crees que tu hijo te necesita a ti, de entre todas las cosas. – dejó que toda la repulsión que sentía se filtrara en su voz.

La respuesta, que llegó apenas un minuto después, apenas fue audible.

- Está en la última habitación del pasillo del ático. También encontrarás el Traslador que Draco ha estado buscando. Es un Espejo de Chavín.

- ¿Le has hecho daño? – preguntó Hermione, con voz apretada.

- No. Sólo está inconsciente.

- Háblame de ese Traslador.

Lucius intentó girar la cabeza en una posición menos incómoda, gimiendo de dolor.

- ¿Vas a liberarme?

- No. Sigue hablando.

Suspiró, tragando saliva.

- El espejo es un antiguo artefacto mágico. Uno de los primero Trasladores que se hicieron, si el comerciante al que se lo compré era de fiar… es como una varita, permanece inerte hasta que se carga con la suficiente energía mágica, tras lo cual permanecerá en estado latente hasta que se active. Cuando se abre el portal, permitirá que una persona pase al destino sin protección de su elección. Unus tantum. Una tantum…

- Sólo uno, sólo una vez. – tradujo Hermione - ¿Estás diciendo que funcionará sólo una vez y sólo para una persona?

- Sí.

- Por eso has estado acumulando gente muerta. – conjeturó Hermione – Debían mantener alimentada a tu esposa en caso de que lograras atravesar el portal. ¿Por qué no funcionó? No estarías aquí si hubiera pasado.

- Los encantamientos originales involucran victimas de sacrificio que se ofrecieron voluntariamente a morir. No necesitaban obligarles. Pensé… pensé que podría eludir ese aspecto del hechizo sacrificando vidas que eran… sobrantes al requisito.

Hermione quería dispararle. Podría haberlo hecho tan fácilmente. Apuntar, disparar y Draco nunca tendría porque saber que no fue en defensa propia. Además, ya se estaba muriendo. Pero una bala en la cabeza era una muerte mucho más humana que la que Lucius se merecía.

- ¿Sabe Draco el precio de sangre requerido para activar el Traslador? – preguntó, intentando controlar el temblor en su voz.

- Ahora sí.

Hermione cerró los ojos. Draco le había prometido un camino a casa, pero no a un precio tan alto. El Traslador era un callejón sin salida. Pero el viaje no había sido en vano. Había pasado suficiente en la mansión como para despertar a Hermione de su maltrecho estado mental. Sabía lo que tenía que hacer y, mejor aún, lo que podía hacer.


Había una larga lista de cosas bonitas que ver en un mundo que podía ser impresionante, teniendo en cuenta el punto de vista correcto. Hermione añadió a esa lista a Draco Malfoy abriendo los ojos para mirarla.

Tenía la cabeza apoyada en el regazo de Hermione. Al principio, pareció sufrir el desconcierto de alguien que se acababa de despertar. Entonces, se vio una hermosa ligereza en esa plateada mirada que la hizo morderse el labio para no quebrarse. La paz no era algo que podía alcanzarlos, no en el mundo actual. Sin embargo, demasiado pronto los recuerdos se interpusieron y se incorporó, a pesar de la insistencia de Hermione en que se lo tomara con calma. Tenía una hinchazón oscureciéndose en la sien.

Ahora, su mirada era toda decisión. Una de sus manos la agarró del brazo, casi con demasiada fuerza, mientras la otra con mucha más suavidad se posaba en su mejilla. Sus plateados ojos cruzaron el rostro de Hermione, con una preocupada expresión de incredulidad. Tardíamente, Hermione se percató del aspecto que debía tener. Aparte de sus parpados, la mayor parte de su piel y ropa estaban cubiertas de sangre. Parecía que había estado nadando en un río de ese fluido. Su pelo era de color rojo y negro, peinado hacia atrás y apestando a humo. Necesitaba otro baño con urgencia.

Ella lo miró con sus grandes y castaños ojos, mientras sus frías y ensangrentadas manos agarraban las de él.

- Las apariencias engañan. Estoy bien, de verdad. – lo tranquilizó - ¿Cómo te encuentras?

El chico ignoró la pregunta y en su lugar frunció el ceño al tocar su pelo, que se había vuelto bastante rígido.

- No es mi sangre, Draco.

- Espero que no. – dijo él – Ya estarías muerta si así fuera. ¿Te has encontrado a mi padre? ¿Dónde está?

- He encerrado a tu padre en las mazmorras, que es donde, casualmente, me encerró él a mí esta mañana.

- ¿Está bien encerrado?

- Sí.

- Maldito sea. – dijo Draco. Se puso en pie, sin permitir que Hermione lo ayudara. La chica intentó insistir en que no estaba en condiciones de llevar un arma, pero Draco no sostuvo ningún argumento mientras le arrebataba el rifle – No está estable.

- Está certificablemente loco. – lo corrigió Hermione - ¡Ha estado atrayendo y matando muggles con el fin de activar ese maldito Traslador!

Ambos se volvieron para mirar el espejo de Chavín, tan modesto e inocuo, descansando en su soporte en mitad del suelo del ático bajo un enrome charco de sangre.

- Después de darme un baño esta mañana, bajé a las mazmorras porque creí escuchar a una mujer llorar. Sólo…

Draco se había acercado al espejo, arrodillándose, mirándolo con atención. Hermione notó que estaba teniendo mucho cuidado de no tocar el objeto.

- Está bien, puedes decírmelo. Mi madre está muerta, ¿verdad? – dijo, casi desapasionadamente.

- Sí.

Hermione no estaba segura de cómo proceder. Los padres de Draco habían vuelto de la tumba, simplemente para perderlos de nuevo y todo en el mismo día. Tenía que sentir… algo. Se acercó a él, y habló sólo después de conseguir tragarse el nudo de la garganta.

- ¿Sabes cómo funciona está cosa?

Draco se había quitado la chaqueta para poder usar la prenda para manipular el espejo mientras lo giraba. Había una inscripción en la parte posterior, que parecía relativamente nueva en comparación con la antigüedad del objeto. Era la frase en latín que Lucius le había dicho; Unus tantum. Una tantum.

- Más o menos.

- ¿Entonces sabías que sólo iba a ser un viaje de ida para una sola persona?

Draco no respondió y eso fue suficiente respuesta.

- ¿Qué importa ahora? – preguntó.

Hermione estaba furiosa.

- Incluso si lográramos activar la maldita cosa sin sacrificar una núbil y joven virgen, e incluso si lograras enviarme a casa, ¿después qué? ¿Qué pasaría contigo?

Él se levantó y repentinamente era dos cabezas más alto que ella, mirándola por encima de la nariz. Había tal hostilidad en su mirada plateada que costaba creer que fuera dirigida a Hermione. Hacía mucho tiempo que no utilizaba ese truco. Era sorprendente que aún consiguiera asustarla. ¿Cómo podías amar algo que te asustaba? Eso no parecía muy saludable.

- No pasaría nada. – enunció él.

- ¿Y qué? ¿Vas a sentarte en el porche a ver la nube atómica sobre Londres mientras tomas una taza de té? ¿Qué tienes pensado hacer cuando llegue la lluvia? – Hermione se percató de que sonaba estridente, pero sus nervios estaban demasiado desgastados para soportar la intimidación de Draco, las intenciones ocultas y las evasivas.

- ¿Quieres volver a casa o no? – susurró. Él siempre estaba tranquilo cuando estaba enfadado.

Hermione, por consiguiente, se puso más nerviosa.

- ¡Sí! Pero…

- Entonces ese era mi objetivo. Y es mi objetivo. Nada ha cambiado.

- ¿Estás de broma? ¡Todo ha cambiado! ¡No vamos a sacrificar a nadie para que ese Traslador funcione!

- Hay otras maneras. – siseó él.

- ¡Según tu padre no! Ha matado a más de veinte personas en intentos fallidos por activar esa cosa. He visto los cuerpos. Me he arrastrado entre ellos, Draco. ¡Había niños muertos allí abajo! – y ese fue el final de la compostura. Estalló en sollozos, girándose rápidamente para que él no fuera testigo de su ruptura.

- Hermione…

- En ningún momento ibas a venir conmigo, ¿verdad? Me ibas a enviar lejos de aquí, lejos de ti.

Ya no iba a negarlo.

- Sí.

- ¿Por qué?

- Porque te estaba matando seguir luchando. Creo que te estaba matando mucho antes de que conociéramos a Amarov y la existencia de la flota. Y… y yo no sé cómo mantenerte a salvo. – en un extraño espectáculo real de emociones y frustración, arrastró su mano llena de cicatrices de quemaduras sobre ella, señalando su figura empapada en sangre – A menos que te encadenes a mí, claramente no puedo evitarte daños.

La mirada que Hermione le dedicó fue cruda. Quería abrazarlo, pero nunca se lo permitiría, no en ese momento.

- ¡Draco, por amor a Merlín, no es tu trabajo mantenerme a salvo!

- Y sin embargo es todo lo que he estado intentando hacer desde la misión al hospital Welwyn…

Era lo más cercano que habían llegado hablar de "ellos". O más bien, de sus sentimientos por ella, cualesquiera que fueran. Hermione no sabía que decir. Le dolía el corazón por él. No quería esa carga para Draco. Estaban en un callejón sin salida, a un metro de distancia de un Traslador que sólo podía transportar a uno de ellos a un lugar seguro. Todavía no habían encontrado la cura, las bombas caerían sobre Londres en menos de un mes y en la planta baja… todavía existía el asunto de Lucius y Narcissa.

- ¿Te ha hecho daño? – preguntó ahora, con la voz neutral de nuevo. Draco utilizó el pulgar y el surco de sus anteriores lágrimas para limpiarle la sangre que cubría sus mejillas.

Hermione le cogió las manos, deteniéndolo. Tenía que decírselo.

- Estoy bien. Pero él no está en el mejor momento. Le han mordido, Draco.

Si la noticia de la enfermedad terminal de su padre le afectó, no se le notó.

- ¿Cuánto tiempo hace?

Dejó que la guiara hasta la puerta y juntos, salieron al estrecho corredor. Primero Draco, seguido muy de cerca por Hermione.

- Alrededor de tres semanas. Ha estado sobreviviendo a base de ReGen, pero ahora está demasiado débil para ir a por otra dosis.

- ¿Y mi madre?

¿Cómo podía explicar lo de Narcissa? Hermione odiaba ser la única que podía hacerlo.

- Se convirtió hace algún tiempo, al parecer. No sé exactamente cómo mordieron a tu padre, pero creo que una buena suposición es porque ha estado manteniendo a tu madre en las mazmorras.

- Y alimentándola con los cuerpos de las personas que mató en el ático. – concluyó Draco.

- Creo que te ha traído aquí porque quiere que seas tú quien use el Traslador. – añadió Hermione.

- Sí, bueno, mi padre no siempre consigue lo que quiere. – respondió y la chica sintió la historia y las capas de dolor bajo esa frase.

Iba a ser una semana muy larga en la mansión.


WOW, wow, wow... cómo me gusta esta Hermione, luchadora, ingeniosa y valiente, es más, hasta me pone y todo ;) Creo que ha sido un capítulo espectacular, en la línea de los que están por venir. Ya lo veréis ^^

¿Qué me decís de la explosión sentimental de Draco? Es que este Draco tiene algo que me vuelve más loca de normal, esa manera de hacer y decir las cosas... uffff. Me voy de la vida xD

Bueno, vemos que mordieron a Lucius lo que explica un poco su estado mental... aunque vemos que realmente quiere a su hijo y esposa, será un cabrón, pero lealtad a su familia no le falta. Me ha encantado la conversación de Lucius y Hermione, ¿qué opináis?

Preparaos para lo que sigue.

¡Nos leemos la semana que viene!

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Doristarazona* *Ihana Malfoy* *AliceMlfy* *Bombon Kou Malfoy* *Eishel Panakos* *Mantara* *Carmen* *Auxi. Bachtinson* *Loonydraconian* *johannna* *SALESIA* *mary* *LluviaDeOro* *Pau* *And-18* *Sally Elizabeth. HR* *Alrak990* *NarradoraNueva*

¡Besos y abrazos zombificados!