Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 45 – The Necessary Evils (Los Males Necesarios)

Draco arrastró una silla del comedor hasta la bañera, la volteó y se sentó a horcajadas sobre ella. Las mangas húmedas de su camisa estaban enrolladas hasta los codos y llevaba una funda de pecho que contenía una pistola. La parte delantera de su camisa y pantalón estaban empapados.

El suelo del baño parecía una batalla campal. Había agua por todas partes. Esparcida por el suelo también estaba la ropa que Lucius Malfoy había estado usando previamente y mechones enmarañados de pelo que Draco había cortado de la cabeza de su padre.

El viejo Malfoy estaba sentado en el agua jabonosa, hosco y silencioso, con las huesudas rodillas elevadas y las manos caídas a los lados, bajo el agua. Miraba a la nada, por lo que parecía una estatua. La fiebre se había disipado. Sin embargo, la mordedura de su hombro no iba a mejorar. Estaba púrpura, el centro de la herida supuraba algo viscoso. Todo el lado derecho de su cuerpo había adquirido un tinte rojizo. Al parecer, Narcissa le había arrancado un buen trozo. Ese era el tercer baño en menos de una hora y era el primero que el agua de la bañera no se volvía turbia a los pocos minutos de que Lucius se metiera en ella.

– Si no vas a limpiarte, vendré y lo a haré por ti. – le amenazó Draco.

– Mi apariencia es de poca importancia teniendo en cuenta que estoy a punto de morir. – fue su dramática respuesta – No veo el sentido de esto.

– Hasta que llegue ese momento, sigues siendo el Señor de esta mansión y no parecerás ni olerás como un vagabundo sin techo en tu propia casa.

Los ojos inyectados en sangre de Lucius se estrecharon.

– Te gusta verme caer tan bajo, ¿verdad?

Draco salió del cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de él. Perdiéndose la mirada de pesar en la cara de Lucius.


Varios días más tarde, Hermione estaba en la biblioteca, colocando y limpiando las armas. Levantó la mirada cuando Draco entró en la estancia. Él empezó a hurgar en las provisiones.

– ¿Cómo va por ahí abajo?

– Despacio.

Ella asintió.

– El medicamento que le diste le bajó la fiebre, pero ni todos los antibióticos del mundo detendrán la sepsis. Todo lo que puedes hacer ahora es hacerle sentir cómodo.

Draco se detuvo para mirarla.

– Haces que suene como si no supiera que se está muriendo. Tengo formación médica. Créeme, lo sé.

– Sé que lo sabes. – dijo ella intentando aplacarlo, consciente del oscuro humor de Draco – Yo sólo estaba…

– Señalando lo obvio. – intervino él. Dejó de intentar encontrar lo que buscaba en la bolsa.

Hermione dejó a un lado el trapo aceitoso y se acercó a Draco, apoyando una mano en su brazo.

– A veces, se necesita decir lo obvio porque hablar de ello nos ayuda a lidiar con complicadas verdades.

Él le dirigió una mirada fulminante.

– Cuando llegamos aquí, apenas podías caminar por esos pasillos sin vacilar en la oscuridad. Ahora, ¿crees que estás preparada para aconsejarme sobre mis sentimientos?

– No exactamente. – dijo ella levantando la barbilla – Los consejos sólo servirían si admitieras que tienes sentimientos en primer lugar. ¡Háblame de esto! No has dicho ni dos palabras sobre tus padres desde que descubrimos que estaban aquí.

Draco la miró furioso.

– Mis padres se han ido. Mi madre es un cadáver ambulante, que pronto pondrá fin a su miseria. Mi padre no está mucho mejor. No hay nada de qué hablar. Tus padres, por el contrario, están vivos y bien al otro lado del mundo, preguntándose que habrá sido de su única hija.

Hermione no estaba preparada para ese cambio en la conversación.

– ¿Qué tiene que ver esto con mis padres?

– ¿Quieres ir con ellos o no? – se refería al Traslador.

– ¡No! Quiero decir, sí, era lo que quería, ¡pero de ninguna condenada manera iría a ninguna parte sin ti!

Draco caminó hacia ella. La chica dio unos pasos hacia atrás, casi tropezando con los muebles.

– Quiero que te alejes de mí. – estaba furioso – Quiero no tener que pensar en ti, para no distraerme con la miríada de horrores que podrían ocurrirte en cualquier momento. Eres como una herida abierta que no puedo curar, una enfermedad de la cual no puedo recuperarme. Me haces débil. Y no puedo ser débil en este lugar, Granger. Eso nos matará a ambos.

Hermione estaba consternada. En su mayoría, estaba consternada por lo ajenas que le habían sido las motivaciones de Draco, alimentadas por sus miedos. Había estado tan absorta en su propia angustia mental que no había sido capaz de ver que él sufría a su propia manera, tranquila y estoica.

Sus temores eran los mismos.

Había dejado la flota con él porque estaba aterrorizada ante la perspectiva de soportar más pérdidas y de fallar a las personas que dependían de ella. Draco la había alejado de esas realidades, dándole a su mente el espacio para recuperarse. Ya hora quería alejarla aún más, para protegerla e irónicamente, para protegerse a él mismo de su pérdida.

"Tú no te caes en pedazos.", le había dicho Hermione, la semana anterior de dejar la flota.

"Eso no significa que no tenga un punto de ruptura. Y si lo hiciera, no estoy interesado en saber lo que sería necesario para ello."

Merlín, ella era su punto de ruptura. Todo lo que Richards le había sugerido que le hiciera a Draco, para que cooperara con el Proyecto Navidad, realmente había ocurrido. Richards había querido que Hermione se convirtiera en el Talón de Aquiles de Draco.

"…darle una debilidad. Algo inesperado de lo que preocuparse aparte de él mismo. El conflicto interno puede ser un poderoso catalizador para el cambio."

Sintió esa epifanía como un puñetazo en el estómago. Le mataba saber que su vuelta a la claridad mental (y a sus responsabilidades) lo iba a diezmar.

Draco vio el cambio en su expresión y la comprensión en sus ojos.

– ¿Lo ves ahora? – preguntó él, con voz tierna – Volverás a casa, ¿verdad?

– No.

– ¡No hay otro lugar más seguro! – exclamó – Grimmauld Place ya habrá sido evacuado por Blaise. Londres es una zona muerta. Australia sigue siendo uno de los pocos países que han controlado el brote de tal manera que sus ciudadanos pueden vivir una cierto espejismo de una vida normal. ¿No es lo que quieres?

Una lágrima se deslizó por la mejilla de Hermione. ¿Cómo podía ser que se sintiera más ligera de lo que se había sentido en meses, mientras que, al mismo tiempo, el peso del mundo volvía a caer sobre ella? Levantó la mirada hacia él.

– Draco, no puedo. No puedo huir de esto. Tengo… tenemos que volver a la flota y reanudar nuestro trabajo. Dijiste que volverías conmigo cuando estuviera preparada, ¿recuerdas? Lo estoy.

Parecía que lo había abofeteado.

– Veo tu muerte por todas partes. ¿No te importa?

Hermione pensó en la advertencia que Padma le había dado en sus recientes pesadillas.

"Todo el mundo al que ames morirá. Y al final, tú también desearas estarlo…"

¿Cómo podía preguntar algo así? Pero ella sabía la verdadera respuesta que buscaba. Una que le rompiera el corazón.

– ¡Por supuesto que importa! – insistió Hermione. Pero ahí estaba el problema. Ahí estaba la parte que había ayudado a Harry a derrotar a Voldemort. Esa que también a veces hacia que Harry la mirara como si fuera alienígena. La misma parte que hizo que hombres como Scrimgeour o Barnaby Richards confiaran en ella – Pero tengo que ayudar si puedo. Y puedo ayudar a las personas que están intentando hacer la diferencia. Que han muerto intentándolo. Eso es más importante. Más importante que yo.

"Hay muchos más como yo." Le había dicho ella, después de que le salvara la vida en Welwyn.

"No. Nadie como tú, sangre sucia."

Hermione vio que las compuertas se cerraban detrás de sus plateados ojos, sintiendo que el frío se filtraba entre sus huesos. Draco Malfoy no se deshacía como la gente normal. No había dejado escapar nada, ni había arremetido contra ella. Se cerraba en sí mismo hasta que no quedaba más que una dura cáscara. La rodeó, recogiendo la bolsa que antes había desechado y salió por la puerta con ella.

Hermione hizo todo lo que pudo para evitar correr tras él, agarrarlo de la mano para detenerlo y retirar todo lo que había dicho.


Los dos días siguientes pasaron en silencio. Comían en silencio, leían en silencio y soportaban el crujido nocturno de la chimenea en silencio antes de que cualquiera de los dos se durmiera. Durante el día, Draco pasaba la mayor parte del tiempo con su padre. Incluso había llevado a Lucius a ver a Narcissa. Hermione no tenía ni idea de lo que ocurría entre padre e hijo y fue ignorada cuando pidió detalles.

Eventualmente, estaba lo suficientemente preocupada como para escabullirse a las mazmorras justo antes del amanecer, para ver a Lucius.


Draco estaba despierto, aunque no anunció ese hecho. Sus ojos se abrieron tan pronto como la puerta de la biblioteca se cerró detrás de Hermione. No había sido una noche de sueño tranquila para ninguno de los dos.

Lanzó una mirada al reloj de la esquina. Ya casi era la hora.


El viejo Malfoy estaba en una celda limpia en el extremo opuesto de las mazmorras, lejos del matadero que contenía a Narcissa. Hermione sabía que había sido una tarea complicada, pero Draco había logrado llevar a su padre a un facsímil de salud y cordura. Tenía algo de color en las mejillas. La herida en su hombro, visible a través del agujero del cuello de uno de los jerséis de Draco, llevaba un vendaje limpio. No apestaba, estaba bien afeitado y tenía el pelo cortado en una decente longitud. Parecía lúcido, dócil. Atractivo, incluso.

Hermione no iba a correr riesgos.

– Señorita Granger, – la saludó Lucius. Estaba tumbado en la cama cuando ella apareció, pero despierto – ¿vienes a acabar conmigo antes del acontecimiento principal?

Hermione dejó la puerta abierta detrás de ella, con la mano sobre el arma. La pregunta fue extraña, por lo que le respondió con una de las suyas.

– Te haría un favor, ¿verdad?

Él sonrió y ella notó que no había posible salvamento para lo que probablemente en algún momento había sido una impresionante dentadura. Lucius se incorporó, estremeciéndose ante el movimiento. Aunque superficialmente parecía estar mejor, estaba cerca del final. Hermione sabía lo que hacia la Infección en tu interior una vez que echaba raíces. El Re-Gen lo impedía, pero no sobreviviría al virus.

– Si has venido a matarme, te ruego que lo reconsideres.

– ¿Por qué? – preguntó ella, siguiéndole la corriente.

– Porque voy a activar el Traslador para que mi estúpido hijo pueda enviarte a esa maravillosa ciudad flotante de la que me ha hablado. – Lucius inclinó la cabeza a un lado – Eso es lo que deseas, ¿no? ¿Volver con tu gente?

Estaba aturdida. Y no sólo porque aparentemente Draco había estado prestando atención a todo lo que le había dicho.

– ¿Vas a sacrificarte?

Él asintió.

– Desafortunadamente la ofrenda no puede ser un suicidio, así que Draco hará lo honores.

Hermione estaba horrorizada.

– ¡No puedes pedirle eso!

– ¿Pedirle? – Lucius rió, o más bien tosió – Querida, él se ha ofrecido.

– ¡No tienes que morir para que ese maldito Traslador funcione y no dejaré que Draco asesine a su propio padre!

– En este momento, lo que tú quieras no viene al caso, señorita Granger. Al parecer, en mi muerte, puede que sea de utilidad a mi hijo. – ahora, una especie de tos áspera sacudió el cuerpo de Lucius. Hermione pudo escuchar el ruido del líquido en su pecho. El hombre se acercó a un taburete, para tomar un vaso de agua que estaba colocado ahí. Después de varios tragos largos, continuó – Aunque parece que estamos de acuerdo sobre el uso previsto para Traslador. Ah, qué desperdicio. Preferiría enviarlo a él en tu lugar. Pero no se dejará convencer. Por mí no. Y por ti tampoco. Lo único que tienes es el control de la decisión para atravesar el portal, cuando llegue el momento.

– No lo dejaré aquí.

Lucius se apoyó contra su lecho, mirándola con desprecio.

– Entonces contradices tus propios deseos y demuestras el poco respeto que tienes por Draco. – algo parecido a la nostalgia atravesó la cara de Lucius – Es una completa locura.

Hermione parpadeó.

– ¿El qué?

– El amor. Algo terrible y debilitante. – reflexionó – El Señor Oscuro se vio tan repelido por la perspectiva del amor y la muerte, considerando que ambos conceptos eran inherentemente aflicciones mortales, que se hizo inmune cuando creó los Horrocruxes.

– los Horrocruxes fueron los que lo mataron finalmente. – le recordó Hermione.

Lucius se encogió de hombros.

– Siempre hay un pago en la búsqueda de un gran poder.

– Tú no eres inmune. Te importa mucho tu esposa. – ella lo miró críticamente – Lo suficiente como para matar por ella. Y te preocupas por tu hijo, al parecer.

– Sólo quiero lo mejor para él.

– Lo que crees que es lo mejor. – lo corrigió ella.

– Eso no importa ahora. – dijo Lucius con cansada resignación – Está lejos de escucharme… Dime, señorita Granger, ¿lo amas?

No iba a discutir sus sentimientos por Draco con el asesino psicópata de su padre. Aunque no es que Lucius necesitara confirmación verbal. Simplemente lo veía en su cara.

– Es una desgracia para él, ¿te das cuenta? Le haces daño.

– No tiene por qué ser una debilidad.

– No, pero para los hombres como nosotros, lo es. Ahora intenta devolverte a la flota, para que puedas llevar a cabo tu ciencia muggle y poner fin a esta miserable plaga. Espero que tengas éxito.

– Y si me fuera, ¿qué haría Draco?

– Mi hijo hará lo mejor que sabe hacer, señorita Granger. – Lucius sonrió – Sobrevivir. Y tendrá la oportunidad de hacerlo, sin tu carga. Como tú misma dijiste, es capaz e implacable. ¿Supongo que no sabes qué hora es?

– No voy a volver a la flota sin él. Encontraremos otra manera. – no llevaba puesto el reloj, pero el viejo reloj de la biblioteca seguía funcionando – Ahora, probablemente sean casi las seis.

– Ah, bien entonces. – Lucius miró más allá de Hermione, hacia la puerta. La chica supo que Draco estaba parado a su espalda incluso antes de darse la vuelta. No tenía ni idea de qué parte de la conversación había oído.

Hermione se hizo a un lado cuando Draco entró en la celda. Intercambió miradas entre los dos hombres, donde la confusión pronto dio paso al horror.

– ¿No puedes estar seriamente considerando esto? – la chica se movió para colocarse frente a Lucius, bloqueándole el acceso a Draco – ¡No lo permitiré!

Le tomó un gran esfuerzo no debilitarse bajo la fuerza de la mirada de Draco. No hizo ningún intento de tocarla, pero sus palabras bien podrían haberla desollado.

– No recuerdo haberte pedido que me permitieras nada.

– No… – suplicó ella. No era porque se preocupara por Lucius, sino porque tenía miedo de lo que su muerte, esa muerte, iba a hacerle a su hijo. Se volteó para mirar a Lucius, esperando que quizás él cambiara de opinión, pero la mano de Draco la sujetó por el brazo antes de que pudiera hablar con el viejo Malfoy.

Tiró de ella hacia él.

– Granger, – siseó en su oído – basta. No hagas esto más difícil de lo que ya es. – Draco la soltó y Hermione se dejó caer contra una de las paredes de la celda, observando impotente como recogía la frágil figura de su padre y lo sacaba de la celda.

La chica permaneció allí durante unos minutos, con el deseo de que el calor volviera a su cuerpo. Entonces, cogió su arma y salió corriendo de las mazmorras, dirigiéndose al ático.


Padre e hijo habían estado preparándose para el ritual, por lo que parecía. Exudaban una calma casi envidiable. ¿Por qué parecía que era ella la que estaba haciendo una obscena intrusión?

Draco había tendido varias capas de sábanas en el suelo del ático. Después de eso, Lucius se arrodilló, temblando incluso con ese pequeño esfuerzo. Ante él estaba el Espejo de Chavín, proyectando un pálido resplandor dorado en su rostro. Draco estaba en la esquina de la estancia, sosteniendo un gran cuchillo de cocina en sus manos. Capturó la atención de Hermione, enviándole una silenciosa advertencia de que no interviniera.

Lucius se volvió para mirarla, con audibles silbidos. Sus labios estaban azules.

– Señorita Granger… estate tranquila. Esto es misericordia. Deja… deja que sea de utilidad mi muerte.

Hermione lo ignoró y en su lugar dirigió su mirada condenatoria a Draco.

– Esto es un asesinato disfrazado de eutanasia. – sus palabras eran crueles, pero no se sentía particularmente benevolente en ese momento.

Draco caminó hacia ella. Se veía tan increíblemente amenazador que Hermione tuvo problemas para reconciliar al hombre con un cuchillo frente a ella, con el que saltó a una fosa infestada de zombies para salvar a un niño pequeño.

– Recuerdo tu aversión a la eutanasia. – dijo él – Tuviste problemas para hacerlo con el pobre Jason Lam incluso cuando estaba siendo despedazado. Casualmente para el señor Lam, yo estaba allí para poner fin a su agonía. – con mucho cuidado, utilizó el lado opaco de la hoja para girar su cara – Mira hacia otro lado, Hermione. Esto podría afectarte.

Ella agarró el mango del cuchillo, negándose a acobardarse.

– ¡No te atrevas a hacer esto por mí!

– No seas tan presuntuosa. No es sólo por ti. Contaremos con un Traslador en funcionamiento, lo que significará transporte garantizado para uno de nosotros. Mi padre morirá de una forma u otra.

Hermione se percató de que en esos momentos estaba tratando con el pragmatismo puro de un Slytherin. Había filtrado todo sentimiento, dejando atrás soluciones tangibles. Pero si había un clavo al que agarrase, se aferraría a él.

– ¡Dijiste que podría haber otra manera!

– Probablemente, pero no tenemos tiempo para probar otras opciones, ¿no?

– Déjame hacerlo a , entonces. – su voz se quebró – Es tu padre. No puedes hacerlo.

– No. – y no había nada tan agresivamente definitivo como esa sola palabra.

Hermione huyó de la habitación. Salió corriendo de la casa, pasando junto al mirador y no se detuvo hasta que llegó al lago, en el cual se derrumbó de rodillas. La primera nieve del invierno caía sobre Wiltshire. Suaves copos flotaban sobre ella en un silencio tan prístino, que sentía que el mundo entero estaba conservado en algún tipo de bola de nieve gigante.

No sabía de lo que debería sentirse más avergonzada, si de pensar que debería haberse quedado para ver como Draco mataba a su padre, de no haberse quedado o del hecho de que en el fondo sabía que Draco había vuelto a cometer un mal necesario. ¿Se había molestado en preguntar qué había sido de Amarov o Honoria, o de cuantos de la gente de Amarov habían muerto en la revuelta de la flota? No. No había querido saberlo. Era más fácil dejárselo a Draco. La gente cómo ella usaba a gente cómo él cuando no había blanco o negro a los que aferrarse, sólo tonos de gris.

¿Tal vez Amarov había estado en lo correcto? ¿Quizás la supervivencia en esa época requería algo más que la moral de tiempos de paz? Tal vez los mansos no tenían lo que se necesitaba para heredar la tierra…


Ufff... un capítulo complicado de asimilar, Draco está tirando de su lado más Slytherin, donde el pragmatismo no deja cabida a ningún sentimiento más, pero obviamente Lucius está en las ultimas, ¿qué habríais hecho vosotros? Como dice Hermione y el título del capítulo, Draco siempre se encarga de los males necesarios. Una conclusión triste, pero en retrospectiva siempre ha sido así.

Por favor, preparaos para el siguiente capítulo. ¡Avisados estáis! ¡Y no hagáis trampas con la historia original! xD

¡Nos leemos pronto!

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¡Besos zombificados!