Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 48 – Living (Viviendo)
Fue difícil, pero Hermione contuvo la lengua hasta que volvieron a entrar en la casa. El intenso calor de la biblioteca era embriagador. Por un momento, se limitó a permanecer parada ante el fuego en un intento de descongelarse. Draco dejó la jarra casi vacía en la alfombra junto al Chester. Dejó el rifle sobre el montón de armas en la esquina y tiró su húmedo abrigo en el respaldo. Seguidamente se quitó los guantes y después las botas, que arrojó cerca del fuego para que se secaran. Estiró las piernas en el sillón, cerrando los ojos.
– ¿Dónde has estado durante el último par de días? – preguntó Hermione finalmente.
Él respondió sin molestarse en mirarla.
– Ocupándome de mis cosas.
– Estaba preocupada. – explicó ella – Podrías haberme dicho lo que estabas haciendo o dónde pasabas el tiempo. Te busqué por todas partes.
– Mis disculpas. – respondió, exasperadamente.
– Vi el Espejo. Lo usé para ver Grimmauld Place, la isla de Taransay, la flota y la casa de mis padres. Mis padres están bien. – informó ella rígidamente, preguntándose si era insensible mencionar eso.
– El Espejo no se conectará con la vieja casa de los Black ni con la isla de Taransay por los hechizos protectores.
– Sí. – Hermione estuvo de acuerdo – Pero no tuve dificultad en ver la flota. Harry estaba allí.
Esa vez, abrió los ojos de manera entrecerrada para mirarla. Arrastró las palabras cuando contestó.
– Potter no estaba allí en las dos últimas ocasiones que miré.
– Bueno, ahora si está y es posible que venga hasta aquí, ¿no crees?
Draco cerró los ojos otra vez, apoyando el antebrazo sobre su frente.
– Realmente no me importa, Granger. Volverías a la flota de cualquier manera.
Ella quería estrangularlo.
– Tú vendrás conmigo.
– Estás segura de eso, ¿verdad?
– ¡Sí!
Él no dijo nada más. Pasó bastante rato que hasta Hermione pensó que se había dormido. Tardíamente recordó que estaba cubierta por una fina capa de ceniza. La idea de dejar a Draco solo no le atraía, pero decidió agarrar la bolsa con artículos de tocador y bajar rápidamente a lavarse antes de preparar la cena para ambos. Cuanto antes comiera, menos probable era que tuviera que lidiar con un borracho y beligerante Draco Malfoy. Y entonces, tal vez, podrían hablar.
Draco estaba leyendo cuando ella regresó.
Se había desplazado del sillón hasta el escritorio cerca de las ventanas, después de haber encendido varias velas. Tenía los pies apoyados en el escritorio de caoba, con los tobillos cruzados. Hermione reconoció el libro. Había varios ejemplares en la biblioteca de Hogwarts para que los cursos superiores los usaran. Era una vieja enciclopedia de hechizos escrita en latín.
Ella se sentó ante el fuego, extendiendo el pelo con los dedos, para secarlo.
– ¿Una lectura ligera antes de acostarse? – inquirió.
Draco cerró el libro con un golpe seco.
– Pertenecía a mi madre. Es una primera edición firmada. Coleccionaba libros raros.
Dado que la publicación original era por lo menos de hacia quinientos años, ese hecho era impresionante. Como lo era la noticia de que Narcissa Malfoy aparentemente tenía otros intereses además de permitir a los Mortífagos apoderarse de su vida. Hermione se enfadó consigo misma ante ese pensamiento tan poco caritativo.
– ¿Puedo verlo? – preguntó.
Draco le tendió el libro. Hermione atravesó la estancia para cogerlo, con cuidado al manejar las frágiles páginas de pergamino, cosido y recosido a lo largo de los siglos. Había un pergamino más nuevo en la parte delantera, con una breve inscripción, fechada del 5 de junio de 1980.
Para mi pequeño niño en su primer día.
El primero de muchos.
Con amor,
Mamá
Hermione levantó la mirada hacia Draco.
– ¿Ella quería que lo tuvieras?
Draco asintió.
– Un libro para el primer día de cada nuevo año de mi vida. Yo solía rodar los ojos ante ello. – miró fijamente las estanterías de la sala – Si hay otros tomos aquí de gran valor, probablemente contengan inscripciones similares.
Hermione pensó que eso era absolutamente adorable. Era fácil pensar en Narcissa – y en Lucius, realmente – como seres casi inhumanos, encarnaciones de lo que estaba mal en el Mundo Mágico. Pero ellos también habían sido padres y personas, con debilidades amorosas y tradiciones.
– Es un buen legado, Draco.
La comisura de sus labios se elevó.
– ¿Me pregunto cuál será mi legado?
– La cura. – dijo Hermione, sin dudarlo.
Se instaló un poco de calidez en sus ojos en ese momento. La nostalgia había desaparecido. La miraba con algo parecido a la piedad.
– ¿No te cansas de ser tan jodidamente buena nunca?
La animosidad de la pregunta la sorprendió.
– Bueno, no creo que lo sea.
Él resopló.
– Y ahí radica la fuente de la bondad. En la total y completa falta de astucia. No sacarías beneficio propio ni aunque cayera encima de ti.
Ella frunció el ceño.
– Dejé la flota, ¿no? Lo hice por mí, no por nadie más. ¡Eres tú el que mintió cuando dijiste que me llevarías de vuelta una vez me sintiera mejor! No sé qué quieres de mí, Draco. Es como si realmente hubieras preferido que siguiera dañada.
– Prefiero que vivas.
– ¿Incluso aunque no estés conmigo?
Él suspiró y para sorpresa de Hermione, se inclinó hacia adelante en su asiento, tomándola de la mejilla.
– Incluso aunque no vaya a estar contigo. – repitió – No me desenvuelvo bien en situaciones comunales.
– Lo sé. Quieres tu libertad, ¿no? – le tomó la mano y empujó suavemente la manga del jersey, dejando que su pulgar se deslizara a lo largo de la delicada y pálida piel el interior de su brazo. La descolorida Marca quedó a la vista – Deberías haber pensado en eso antes de entregar tu vida a Voldemort.
La suave risa de Draco estaba llena de amargura.
– No estás equivocada. Y soy tan responsable de esta plaga como el hombre que la diseñó. ¿Crees que crear la cura será suficiente penitencia?
– Es un buen lugar por el que empezar. – respondió Hermione. Era consciente de que estaba temblando, pero no podía detenerlo.
Draco enganchó los dedos en la cintura de sus pantalones y la acercó, de modo que ahora estaba de pie entre sus piernas mientras él permanecía sentado en la silla.
– No hay penitencia para las cosas que he hecho. Ni para las que haré.
Hermione no lo entendió.
– ¿Qué más planeas hacer?
Draco echó una ojeada al reloj de su abuelo que había detrás de ella.
– Lo que pueda, antes de que Harry Potter irrumpa la fiesta.
– Estás borracho.
– Síp.
Ni siquiera se molestó en negarlo. Draco tenía un brazo alrededor de su cintura y una mano en su cabello. Los estrechos y húmedos rizos eran una pequeña fuente de fascinación para él. Agarraba un rizo, lo estiraba y después lo soltaba para que volviera a su posición original.
Hermione había metido el dobladillo de su enorme jersey y camisa de franela en la cintura de sus pantalones. Draco tiró de ellos. Ella se estremeció cuando él colocó sus manos debajo de la camisa, abriendo las palmas de par en par, dejando sus dedos bailar a través de la suave piel de su espalda. Era un arma de doble filo que el apocalipsis zombie no vinera con sujetadores.
Draco había estado sentado hasta ese punto y por lo que Hermione aún sentía que tenía cierto control de la situación. Ese sentimiento se evaporó cuando se levantó, tirando del jersey sobre su cabeza, dejándola con una camisa de franela roja y negra.
No era como antes, cuando era frágil y jugaba con ella a la persecución y la retirada. Ella lo había deseado, pero él frustradamente repartía esa intimidad en porciones precisas para no abrumarla. Ahora, ambos lo deseaban y estaban listos para ello, pero había un elemento destructivo en lo que Draco estaba haciendo que hizo a Hermione sentirse cautelosa.
Cuando las manos se dirigieron hacia los botones de su camisa, instintivamente, Hermione las cubrió con las propias, intentando detenerlo.
Él se detuvo. La mirada de su cara la asustó y estimuló. No era un interludio divertido.
– Pararé en el momento que desees.
– Yo, eh. Siento que tenemos que hablar de lo que ha pasado, antes de…
– Adelante. – la animó, desabrochando los botones.
– Em. – se deshizo de tres botones. Draco hizo una pausa, arqueando una ceja – ¿Qué formalidades necesitamos para salir del paso?
Y de repente, Hermione no supo que más decir. ¿Cómo deshacer ese particular problema? ¿Cómo se le dice a alguien que está siendo noble y egoísta al mismo tiempo? La ultima discusión que habían tenido ella haba terminado diciéndole que prácticamente todo y todos eran más importantes que ellos. ¡Que desastre! Estaba siendo ingenua al pensar que serían capaces de resolver sus diferencias con el fin de permitir que eso - lo que fuera - continuara.
– Estoy preocupada por lo que pasará después. – fue todo lo que finalmente dijo. La simple verdad.
Él terminó de desabrochar los dos últimos botones y deslizó la camisa por sus hombros, dejándola caer al suelo. Hermione inmediatamente tomó consciencia de sí misma. Cruzó los brazos sobre el pecho y se entretuvo un largo momento contemplando sus propios pies. Esto no eran besos burlones ni caricias exploratorias mientras estaban sentados en la oscuridad. No estaba siendo tosco en absoluto, pero tampoco había ningún afecto de los anteriores.
– Los zapatos. – dijo él. No sonaba a petición.
– Draco…
– Te he dicho que pararía cuando tú quisieras. – le repitió.
Ese era el problema. No quería que parara, pero tampoco estaba segura de querer seguir adelante. No así.
Sin embargo, Hermione se quitó los zapatos. Ahora se centró en sus pantalones, quitó el botón y tiró de la cremallera. Ella se tensó cuando empezó a deslizárselos por la cadera. Draco lo sintió y se detuvo, aparentemente esperando el permiso para continuar. Hermione estaba confusa. Oh, él la deseaba. Podía sentirlo. Pero lo que hacía parecía mecánico, como una serie de pasos ejecutados en secuencia, en lugar de ser dos adultos compartiendo algo especial. A decir verdad, empezaba a sentirse muy cabreada.
– ¿Paro?
– No. – dijo ella, porque a pesar de todo, quería esa extraña intimidad con Draco.
Soltó un grito cuando la levantó por la cintura, depositándola en el borde del escritorio. Agarró con los puños los pantalones y tiró de ellos, dejándola con un conjunto de ropa interior color beige muy poco favorecedor y unos calcetines de lana desparejados. En algún lugar del mundo (Australia probablemente) la gente todavía podía llevar calcetines que hicieran juego. Este no era ese lugar.
Hermione se sentía extremadamente vulnerable, especialmente cuando Draco todavía estaba completamente vestido.
– Levanta. – dijo, con el mismo tono estandarizado y dominante.
Ella apoyó las manos contra el borde del escritorio para levantar la parte inferior y rápidamente su cara enrojeció un tono más oscuro cuando Draco la despojó de su ropa interior. Ahora, estaba completamente desnuda, sentada en el escritorio de la biblioteca de su padre. Su piel todavía mantenía el calor del baño y el olor del jabón. Inmediatamente cruzó las piernas y lo miró con una mezcla de deseo y precaución. Era desagradable sentir eso como inseguro, como algo nuevo.
Draco dio unos pasos atrás y la observó. El escrutinio fue casi imposible de soportar. Por primera vez en su vida, Hermione deseó tener más pelo. Algo, cualquier cosa que la protegiera de su evaluativa mirada.
– Pararé cuando lo desees.
Era como un mantra y, esta vez, Hermione lo reconoció por lo que era; un desafío. Aunque también estaba destinado a herirla.
– Sí, te he oído la primera vez. – contestó, entrecerrando los ojos.
Draco casi le sonrió. Y, entonces, empezó a quitarse su propia ropa, con los ojos grises clavados en ella todo el rato. Primero el jersey, luego la camisa de manga larga y la camiseta debajo de ella, quedándose con los pantalones negros de combate y los pies descalzos. Ella le devolvió la mirada evaluativa, observándolo descaradamente mientras sus manos se dirigían a la hebilla del cinturón y a los botones que sujetaban el pantalón. Siguió con los ojos fijos en él cuando se lo quitó del todo, quedando tan desnudo como ella.
Hermione tragó saliva (esperaba que no hubiera sido audible). Puede que Draco estuviera tomando un enfoque clínico del sexo, pero era innegable que quería estar ahí con ella.
No había nada de gentileza en su expresión mientras caminaba hacia ella, colocaba una mano en cada una de sus rodillas y le separaba las piernas. Hermione pasó las manos por sus fuertes brazos, deslizándolas por su piel. Como siempre, disfrutaba de su fuerza y de la sensación que le provocaban en las palmas su oscuro bello rubio. Detuvo la mirada ante la nueva cicatriz de su bíceps, pasándola por las más antiguas de su vientre y, después, hundiéndola más abajo. Allí no tenía cicatrices que ella pudiera ver, sino más bien que con lo que estaba equipado parecía propenso a herirla. Por supuesto, ese no era el primer miembro masculino excitado que veía en su vida, pero le importaba el resultado de ese encuentro más que cualquier otro.
Hermione estaba fascinada. Dio la bienvenida a la breve oleada de poder que sintió al tomarlo entre sus manos. Era hermoso. Elegante, caliente y la cantidad exacta de palidez inherente a él, pero con un saludable rubor. Ella se arriesgó a mirar hacia arriba y fue recompensada con una contenida expresión de dolor en su rostro. Él cerró los ojos. Ella lo apretó y lo observó con placer mientras sus finos labios se separaban en una exhalación. Hermione levantó más el rostro para un largo beso.
Pero Draco se apartó, estirando una mano para agarrarla de la barbilla, deslizando el pulgar sobre su carnoso labio inferior en una extraña y confusa caricia. Sin comprender nada, Hermione lo intentó de nuevo, pero él respondió de la misma manera, sosteniéndola firmemente de la barbilla.
¿Sin besos? ¿Qué estaba pasando ahí? El dolor era tan grande como la preocupación. Algo definitivamente no iba bien.
– Dime que pare y nos detendremos. – dijo de nuevo, con voz arenosa.
Ella no dijo nada, dejando que el descontento se reflejara en su expresión. No, no pararían. Quería ver hasta donde llegaba eso.
Draco tomó su silencio como aquiescencia. La empujó hacia atrás para que se tendiera sobre la mesa, apoyada sobre los codos, con las rodillas colgando del borde. Él ahuecó las palmas sobre sus pechos, tanteando el peso y la sensación en sus manos. Y, entonces, su boca se posó sobre ellos.
Hermione cerró los ojos, exultante. Pasó los dedos a través de su fino pelo rubio, tirando de la cabeza hacia arriba. Estaba lo suficientemente distraído como para deslizar sus labios contra la de ella brevemente antes de alejarse. Hermione gimió, pero la sensación de insatisfacción y del negado beso duró poco cuando él fijó su boca sobre la cúspide de uno de sus pechos, empanzado a chuparlo. Sus piernas se elevaron, aparentemente por voluntad propia, intentando envolver su cuerpo alrededor de él. Draco soltó el pezón arrugado, húmedo y sensible, empezando a propinarle pequeños mordiscos en la parte inferior, atrayendo la carne hacia su boca, haciendo girar la lengua en firmes y vertiginosos círculos que automáticamente le hacían preguntarse en qué otras partes del cuerpo podría hacerle ese truco.
Ella sabía perfectamente que no era la mujer más bien dotada, pero él la hacía sentir como si fuera una desbordante recompensa entre sus manos, prestando minuciosa atención primero a un pecho y después al otro. Se sentía como lo más natural del mundo que esa hábil boca se deslizara por su cuerpo, deteniéndose para dejar un camino de ardientes besos a lo largo de su vientre, seguido de uno sobre cada hueso sobresaliente de su cadera, antes de reposicionarle las piernas.
Ni las estiró ni le provocó, y Hermione estaba segura de que esos trucos también estaban en su repertorio. Pero esta noche no. En esa ocasión había adoptado un enfoque más directo. Draco separó sus labios inferiores con los pulgares, propinándole un amplió lametón con la parte plana de la lengua. Sólo una vez. Sus caderas se levantaron de la mesa. Estaba totalmente segura de nunca haber sentido algo tan exquisito en su vida.
– Di la palabra y esto terminará. – susurró él contra su sensible carne. Ahora sonaba como una amenaza.
Hermione ni siquiera registró las palabras correctamente hasta que se dio cuenta de que se había detenido y que no iba a continuar hasta que ella dijera algo. Dios mío, eso estaba llevando progresivamente el consentimiento a niveles nuevos y dolorosos. Levantó la cabeza para mirarlo fijamente.
– Por favor…
Continuó su labor, deliberadamente y sin prisas. Hermione se convirtió en un retorcido y suplicante cuerpo en cuestión de minutos. La sensación de su boca en ella era sumamente enloquecedora y la visión de ello mucho más. En algún momento Draco se había levantado en toda su altura, lo que significaba que la estaba sosteniendo en el aire, con las rodillas apoyadas en sus hombros y las piernas colgando sobre su espalda. Sus fuertes manos estaban bajo el trasero de Hermione soportando el peso de su parte inferior, elevándola efectivamente hasta su boca para…
El orgasmo la golpeó inesperadamente. La sensación floreció en algún lugar de su bajo vientre y parecía expandirse en intensas oleadas. Cada músculo de su cuerpo se tensó. Draco había estado preparado para eso, incluso si ella no hubiera llegado. La había dejado de nuevo sobre el escritorio, metiendo dos dedos en su interior, capturando la última contracción interna. Era una locura. ¿Cómo podía haber algo tan delicioso como resultado de algo que había sido tan preocupante momentos antes?
Draco sacó los dedos de su interior y colocó las manos en sus muslos, extendiéndolos aún más. Hermione echó un vistazo a través de las pestañas, observando la hipnotizante concentración en el rostro de su compañero mientras agarraba su miembro y empezaba a frotarse contra ella. Sintió su tamaño y suavidad. Suave y redondeado. Pero también duro, caliente y sedoso debido a la humedad de su propio cuerpo. Él empujó, experimentalmente y Hermione sintió que empezaba a llenarse.
Fue la sensación más extraordinaria, extraña y, sin embargo, ciertamente dolorosa. Pequeños espasmos internos todavía la sacudían. Se preguntó si él podía sentirlos.
La petición de permiso llegó una vez más, como había esperado.
– Pararé, – dijo, con voz ronca – si lo deseas.
Hermione estaba furiosa de que incluso en ese momento, estuviera comprometido de manera ridícula en poner en cuarentena sus emociones.
– Deseo esto. – le aseguró, mientras lo agarraba del cuello y se incorporaba para robarle un beso. Simultáneamente enredó las piernas a su alrededor, cubriendo toda su longitud en su interior con tanta fuerza que él gruñó por el impacto.
El beso robado fue corto porque el dolor llegó inesperadamente. Ella sabía que probablemente pasaría, pero aun así fue inesperado. Hermione se congeló. Dejó caer la cabeza contra su hombro y gimoteó, con las manos apretadas en su ancha espalda.
– Tonta. – la amonestó suavemente, con una voz tan densa que apenas era reconocible. Sus manos eran gentiles mientras le acariciaba, haciendo relajantes círculos con los pulgares sobre sus caderas – Me voy a mover un poco. Aguanta conmigo…
Draco se movió, levantando ligeramente su parte inferior y acercándola al borde del escritorio. Hermione se estremeció. Ese pequeño movimiento le causó sacudidas de un dolor desconocido que revoloteaba en su bajo vientre. Se sentía a punto de reventar y para empeorar las cosas, empezaron a brotarle lágrimas de los ojos. Maldición. ¡Malditas sean sus emociones, sus hormonas y su deteriorada capacidad de decisión! Y maldito el hombre que estaba desgarrando su corazón en pedazos por su gentileza con ella en esos momentos.
Draco levantó la barbilla de su hombro, acariciando sus labios contra los de Hermione.
– Kiska, no era así cómo me hubiera gustado hacerlo.
– No, me hubieras pedido permiso primero. – contestó, consciente de que sonaba petulante. Pero su boca volvió a rozar la de ella y podía hacer que todo tipo de heridas desaparecieran cuando la besaba. Quería que la besara más que cualquier otra cosa.
– Eres tan increíblemente estrecha. – dijo, con definido gruñido en su voz – ¿Qué tan grave es el dolor?
– ¿Lo sabías? – le preguntó Hermione. Por supuesto que sabía que era virgen.
– Sí.
Ella se movió, experimentalmente. Draco soltó el sonido más excitante y suave que jamás había escuchado. Oh Merlín, realmente sentía una quemazón. Pero podía empezar a sentir el placer que había detrás de ello. Estaba a su alcance, esperando que ella se acoplara a él.
– Duele.
– Si…
– ¡Oh Dios, Draco Malfoy! Si me pides permiso para continuar una vez más…
– Me lo tomaré como un sí. – respondió él, con los dientes apretados. Entonces, se echó un poco hacia atrás y volvió a entrar.
Se sentía bien. Y así se lo hizo saber.
– ¿Sólo bien? – preguntó Draco, en tono burlón, aunque ahora parecía sentirse intensamente incómodo.
Se volvió a alejar, entrando en ella con un poco más de fuerza cada vez. Hermione cerró los ojos, concentrándose en la sensación que le provocaba suavemente al llenarla con cada empuje. Draco debió leer el cambio en su expresión, porque repentinamente aceleró el ritmo. Sus fuertes manos se tensaron sobre sus caderas y ya no simplemente empujaba, sino que tiraba de ella hacia él. Sabía que algunas parejas podían ser muy escandalosas, pero parecía que ellos eran más silenciosos. Los pocos ruidos que se escuchaban provenían de ella; pequeños y cortos jadeos.
Hermione miró donde sus cuerpos se unían, maravillándose de cómo funcionaba y encajaba todo. Cuando levantó la mirada, vio que Draco la observaba mirarlos, con expresión ardiente. Hermione quería más de él que sólo lo físico. Inclinó la cara hacia arriba para atrapar sus labios, sabiendo que le destrozaría si la rechazaba una vez más. Pero tal vez habían llegado al punto que se lo permitiría y ya no estaba tan alerta.
Acertó la apuesta. Sólo hubo un momento de vacilación antes de atrapar su boca en un beso que hizo que el corazón se le apretara en el pecho incluso mientras su espíritu se elevaba a los cielos. La besó como si se ahogara y ella fuera todo lo que podía mantener su cabeza en la superficie. Hermione gimió contra su boca, con los brazos envueltos alrededor de él, porque no quería que nada de ese momento terminara.
Pero no podía durar para siempre. Sintió la tensión en sus fuertes brazos y espalda, sintió una mano deslizándose por su cuerpo hasta agarrarle el pecho mientras él se acercaba al final. Draco rompió el beso, más que nada para recuperar el aliento, dejando caer la frente contra la suya. La sensación de su orgasmo en su interior fue curiosa y maravillosa. También era irresponsable, pero se permitió no darle importancia, al menos por el momento. Ya tendrían tiempo.
Estaba delirantemente feliz y no estaba segura del por qué. Nada había cambiado, en realidad. El sexo no tendía a solucionar problemas. A menudo, empeoraba las cosas. Pero sintió un tremendo alivio y satisfacción al saber que podían completarse tan bien de maneras que no sólo fueran intelectuales y profesionales.
Draco todavía tenía la cabeza inclinada y la respiración agitada. Hermione dejó que sus emociones más sensibles se desparramaran. Sonriendo, lo besó suavemente en la frente y el puente de la nariz, encrespando los dedos de los pies con satisfacción.
– Te quiero. – dijo ella. Necesitaba decirlo. Si había un momento en el que decirle a alguien que lo amabas, era en esos días.
Draco alzó la cabeza y el corazón se derribó en su pecho al ver el pequeño ceño fruncido y la anterior frialdad volver a su expresión. Sus plateados ojos recorrieron su rostro, casi como si estuviera probando la veracidad de esas palabras en sus facciones. Si era así, las pruebas eran evidentes. Y entonces, ante la profunda decepción de Hermione, él suavemente retiró los brazos de alrededor de su cuello y se apartó de ella.
Hermione observó como Draco se ponía los pantalones, cogía su ropa y zapatos y salía de la biblioteca, medio vestido.
Apretó las palmas de sus manos sobre los ojos en un esfuerzo por evitar las lágrimas. El rechazo de Draco hacia sus sentimientos lo sintió como un golpe físico. Era gracioso cómo a los catorce años había estado devastada por la inconsciencia de Ron con respecto a sus sentimientos por él. En aquel momento, no podía haberse imaginado que hubiera algo más terrible. Aquello no era nada comparado con lo que sentía ahora, de adulta. El dolor era penetrante y quebradizo en su pecho.
Con tanta dignidad como pudo, se bajó de la mesa, hizo lo posible por limpiarse y después se acostó en el colchón. Aparentemente, la cena no estaba entre los planes. El sueño la eludió durante varias horas más y, tal vez era un poco desagradable por su parte pensarlo, pero esperaba que Draco tuviera los mismos problemas para dormir, dondequiera que estuviera.
Uffff... un capítulazo emocionalmente muy intenso e inestable, demasiadas emociones contradictorias en pocas palabras... ¡Que guantazo tiene Draco con la mano abierta en este capítulo! ¡Pobre Hermione, eso no se hace!
¿Por qué creéis que Draco ha actuado de esa manera? ¿Y que pasará en el siguiente cap? ¿Llegará Harry?
No sé cuando podré volver a actualizar, lo siento.
Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Chicadelasfrases: me gusta el drama más que a un tonto un lápiz, ¿Qué le hago? xD* *Doristarazona* *Carmen-114* *AliceMlfy* *mariapotter2002* *LadyBasilisco220282* *Loonydraconian* *Mantara: yo creo que sí es la magia lo que hace especiales a ese tipo de zombies* *guiguita* *SALESIA: Pues estamos teniendo un verano un tanto raro... se nota que el cambio climático está haciendo de las suyas, pero en mi zona, aparte de un calor asfixiante, estamos de playa y pingoneo jajaja* *FeltonNat88* *Carmen* *Ignis: ¡Encantada de leerte, espero que sigas disfrutando de las traducciones!* *Bombon Kou Malfoy: ¡Draco está borracho e inestable!* *Sally Elizabeth. HR* *rosedrama* *joss-12* *Iwain: Me has matado con lo de Merlín y sus calzones bombachos xD* *TheDarkLady7: ¡Me alegra haberte dado a conocer esta genial historia!*
¡Besotes zombificados!
