Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 49 – Journey's End (El final del viaje)
Draco se detuvo frente al lavabo de los elfos domésticos y encendió el grifo.
El agua tardó un rato en aparecer, aunque se podía oír el distante y bramante progreso a través de las viejas cañerías. Al lado del lavabo había un candelabro con tres velas negras, una de las cuales había sido recientemente apagada. Un serpenteante rastro de humo se arremolinaba en el aire. Las otras dos todavía estaban encendidas. Draco contemplaba las llamas mientras mantenía la mano bajo el agua corriente, la frialdad era casi abrasadora en su intensidad.
Se le ocurrió que no recordaba haber llevado los candelabros al baño.
Tampoco recordaba haber bajado al cuarto de baño después de dejar a Hermione desastrosamente sola en la biblioteca.
Con una rápida mirada hacia abajo, a su persona, reveló que no estaba vestido al azar con sus pantalones descoloridos. No. Llevaba el uniforme escolar de Hogwarts; zapatos pulidos, corbata verde y plateada y la insignia de Prefecto enganchada a su camisa. Draco sabía lo que iba a ver en el espejo cuando clavó la mirada en él, pero, sin embargo, la visión de su versión adolescente fue sorprendente.
Parecía imposible que fuese tan joven, que el actual sentimiento de erudita curiosidad y aprensión que pertenecía a su yo adulto iba a parecerse tanto a la fragilidad y el miedo que reflejaba su aniñado rostro.
Dejó el grifo en marcha y se apartó del lavabo, sintiendo una intensa necesidad de darse la vuelta, pero sin estar dispuesto a hacerlo. El sonido del agua repentinamente fue ensordecedor. Era como un lejano tsunami, que emanaba a través de las paredes y, aparentemente, desde el interior de su propia cabeza.
Desconcertado, Draco dio un paso al frente y apagó el grifo.
Pero el sonido de agua corriente no cesó, aunque era mucho más suave. Ahora venía de detrás de él, desde el centro de la estancia. El agua se acumulaba dentro de una de las taponadas bañeras, el flujo no era apresurado, pero era más sustancial que un simple chorro. Había una corriente que se sentía y sonaba como una respiración y una de las dos restantes velas del candelabro se apagó. La única llama que quedaba parpadeaba salvajemente, proyectando danzantes sombras de formas alargadas y distorsionadas alrededor de las paredes del cuarto de baño.
A través del reflejo del espejo, Draco vio una figura sentada en el interior de la bañera. Se negó a voltearse, por terquedad. No era necesario. Supo quién era incluso antes de que el visitante hablara.
Y desafortunadamente, finalmente hablaron.
– Criarte fue un ejercicio que controlaba el miedo. – dijo Lucius Malfoy.
La fuerza de aquella voz le indicaba que aquella figura no era el montón de piel y huesos consumidos por la enfermedad que Draco había llevado hasta la pira funeraria. Era la voz guardada en su memoria.
La aparición que la acompañaba no era para débiles de corazón. Lucius apareció como un cadáver completamente ennegrecido y todavía humeante en ciertas partes. Sus ojos plateados, tan parecidos a los de Draco, eran sobrenaturalmente brillantes en esa cara desfigurada y negra. Se sentó en la bañera con las rodillas. Era una macabra recreación del último baño de Lucius, aunque el estado de ánimo en ese entonces había sido de desolación. Ahora no era así. Eso, al menos, era ligeramente confortante.
El agua continuó llenando la bañera, haciendo que el vapor se disipara al entrar en contacto con las secciones aún humeantes del cuerpo excesivamente quemado de Lucius.
– ¿En serio? – preguntó Draco. Su voz era suave, ronca, pero aun así resonó en las paredes de la cavernosa estancia. Draco no pasó por alto, que la voz de Lucius no tenía eco. Era tan plana y muerta como el propio hombre.
– Sí. – dijo su padre – Tú madre y yo no teníamos la capacidad de hacer lo que deseábamos, no en nuestras vidas, ni en la tuya. – resopló – Un Malfoy nunca ha tenido ese derecho. Aun así, tu madre tenía tantas ambiciones para ti. Suena simple, ¿no? ¿Qué padre decente no desea la felicidad para su hijo? – los ojos de Lucius se clavaron en él – Es difícil ser un buen padre cuando estás paralizado por el miedo.
Le entristecía saber que no era realmente su padre quien hablaba. Lucius no era pensativo ni filosófico. Esos eran los necios deseos infantiles del joven Draco. Lo recordaba bien y fue por eso que le tomó un momento lograr que su voz volviera a funcionar en su garganta.
– Ojalá hubieras conseguido superar tus miedos. Hay mucho más en el mundo que las obligaciones de los Malfoy. – respondió.
Lucius sonrió, revelando unos dientes lisos y blancos. Ese pequeño movimiento hizo que las escamas de carne chamuscada cayeran a lo largo de la superficie del agua.
– Ah, pero tú me desafiaste a mí y a nuestro Señor. Te apoderaste de tu libertad y no tienes miedo.
– Lo tengo. – protestó Draco – Estoy asediado por el miedo.
– ¿Cuál es tu miedo entonces? – insistió su padre – ¡Habla, chico! No es la pérdida de un hijo. No es el fracaso. Ni siquiera la muerte, al parecer. ¿De qué tienes miedo?
Draco no tenía respuesta.
– Si habitualmente te aíslas del miedo a las potenciales perdidas, ¿cómo sabes lo que tiene un valor real para ti? – le preguntó su padre.
El viejo Malfoy se puso de pie, el agua despojó de su humeante y devastado cadáver más capas de carne. No se había quemado uniformemente; todavía quedaban partes de su cuerpo rosadas y otras estaban tan quemadas que el hueso las atravesaba. Salió de la bañera y se acercó a Draco, extendiendo la mano hacia él. Agarró a su hijo por el hombro, casi dolorosamente, y lo acercó para hablarle al oído.
– El dolor que temes, si alguna vez se produce, palidecerá en comparación con la belleza de lo que viene antes.
Draco estaba bastante impresionado con la precisión del oscuro sueño, proporcionándole la escena con el humeante olor a carne mal quemada.
– ¿Has salido a la calle últimamente, padre? – preguntó Draco, incrédulo – Ya no hay mucha belleza que encontrar, sin importar cuán lejos viajes.
Lucius se acercó a la vela restante, inclinándose sobre ella. El simple estiramiento hizo que la piel de su espalda se abriera con un sonido repugnantemente húmedo.
– ¿Quién ha dicho que tengas que ir muy lejos para encontrarla? – dijo Lucius, con lo que parecía una sonrisa. Aunque Draco no podía estar del todo seguro, dado el estado de su abrasado y agrietado rostro.
La última vela se apagó.
Sus sueños estuvieron plagados de desgarradoras manos, dientes rechinando y sangre. Lo normal, realmente. Pero un terrible estrépito la despertó.
Hermione se sentó en el colchón de golpe, preguntándose momentáneamente si las bombas habían caído un mes antes. Se escuchaban fuertes y múltiples explosiones, que parecían llover sobre la mansión. Y sin embargo, el techo no había cedido y no había nada en llamas.
Se estremeció cuando un estallido particularmente fuerte hizo que las luces de las lámparas de bronce del techo parpadearan. Alarmada, Hermione apretó la palma de una de sus manos contra el suelo y allí también sintió las vibraciones. Realmente no necesitaba mirar el colchón de Draco para saber que no había vuelto la última noche y que había elegido dormir en otro lugar.
Hermione deseó saber cómo dejar de sentirse desdichada por el incidente, pero el dolor seguía ahí, afilado y hermético en su pecho. Sin embargo, la urgencia ahora era centrarse en el misterioso ruido y la evidente ausencia de Draco. Se vistió apresuradamente, metió una pistola en el bolsillo de su chaqueta y salió de la biblioteca a investigar. En el momento que llegó corriendo al vestíbulo, el ruido había cesado.
La casa estaba fría. Eso se debía a que la puerta principal estaba abierta de par en par. Hermione se paró en el umbral, con los pies separados en una posición defensiva y la mano firme alrededor del mango del arma. Ahora estaba tranquilo afuera. Miró a través de la temprana neblina de la mañana, insegura de lo que podía llegar a ver.
Draco apareció primero. Dado el intenso frío, había tenido la astucia de vestirse con la ropa más adecuada, su pelo rubio irregular era apenas visible a través de la abertura de una sudadera oscura con capucha. Él la vio y sus pasos disminuyeron hasta pararse en mitad de la circular calzada. ¿Qué estaba haciendo? Parecía que estaba esperando. Ella abrió la boca para llamarle, pero ningún sonido salió de allí, sólo un suspendido "oh" asombrado y silencioso cuando Harry apareció dramáticamente de la niebla, seguido por la formidable figura de Anatoli.
Harry se detuvo junto a Draco. Le produjo algo en su interior ver a esos dos hombres juntos; seguridad, bienestar y lo suficientemente cercano para aferrarse a ello y, posiblemente, no soltarlo jamás.
La expresión de Draco era ilegible. Harry era su antítesis. Estaba llorando. Estaba en buena compañía. Hermione era un mar de lágrimas en el momento que llegó hasta ella. Se aferraron el uno al otro en el interior del vestíbulo, apenas conscientes de que Anatoli tenía que pasar por allí, intentando ser discreto a pesar de su tamaño.
Hermione se apartó del hombro de Harry y lo miró, realmente lo miró, porque ocasionalmente sus emociones se mostraban como heridas físicas.
– ¿Qué ha pasado? – susurró, tan suavemente que sólo exacerbó la angustia de Harry.
Por lo tanto, fue Draco quien respondió.
– Al parecer, Blaise Zabini ha muerto.
Se reunieron en la biblioteca.
Anatoli se había sentido aprensivo, mientras más se adentraban en la oscura casa. En ese momento, se detuvo cerca de la puerta. Sus ojos se movían alrededor de la estancia, como si le preocupara que algo saliera de las estanterías y lo atacara.
Hermione estaba preocupada por Harry, frunciendo el ceño ante los raspones de su rostro. Después de varios minutos repasando su estado, él terminó agarrando sus dos manos para mantenerla inmóvil.
Draco estaba junto a la chimenea con los brazos cruzados, justo más allá del resplandor del fuego, medio escondido entre las sombras. No dijo nada mientras Harry explicaba de manera vacilante sobre el inesperado pero oportuno rescate en Grimmauld Place y sobre los últimos y valientes momentos de Blaise. Les contó el asombro, de primera mano, al ver la flota, del positivo pronóstico del Agente Richards y del plan de evacuar a toda la isla de Taransay y reunir a los supervivientes muggles y mágicos en la flota. El profesor Belikov había puesto al tanto a Harry de lo ocurrido en la flota desde la captura de Hermione.
Si Harry tenía preguntas que hacerle a Hermione, parecía estar guardándoselas por ahora.
No hubo ninguna mención a Padma o Mercer. Hermione notó que le evitaba la mirada y supo que habría tiempo para hablar de ello y llorar adecuadamente, más adelante.
Hermione se había estado diciendo eso desde hacía más de un año. El luto por los muertos más adelante, preocuparse más adelante, llorar más adelante, romperse más adelante. Dejar que todo se hundiera, más adelante. Si no conseguían la cura para el mundo tan pronto como fuera posible, no habría un más adelante.
– Fue agradable ver a Wallen de nuevo. – dijo Harry, con una sonrisa.
– Sí. Me imagino. Ha pasado por mucho.
– Cómo tú. – contestó Harry, perdiendo la sonrisa. Frunció el ceño con la mirada fija en sus propias manos – Hermione, siento mucho…
– ¿Quieres sentarte, hombre? – dijo Draco dirigiéndose a Anatoli. El enorme hombre seguía rondando la puerta, con aire inquieto – Los muebles no te van a comer. Al menos, no en esta habitación.
Anatoli le lanzó una alarmada mirada al Chester y permaneció resueltamente de pie.
Con un suspiro, Draco dejó su rincón en las sombras y fue a servirse una bebida.
Hermione lo observó mientras se echaba un poco de brandy en un vaso y frunció el ceño cuando fue a echarse otro.
– Un poco temprano todavía, ¿no crees?
Él no respondió hasta que terminó con el segundo vaso, dedicándole finalmente una ladeada y pícara sonrisa que de alguna manera parecía helada.
– Se está convirtiendo en ese tipo de día, ¿no crees? – sostuvo la botella de brandy hacia Harry – ¿Potter?
Harry lo observó con una mezcla de comprensión y recelo.
– No, gracias.
Draco se dejó caer en el Chester junto a Hermione, apoyando una pierna sobre su otra rodilla.
– Tú mismo. – respondió, procediendo a mirar fijamente a Harry.
– ¿Tienes algo que decirme, Malfoy? – le preguntó el recién llegado, después de varios tensos minutos.
– Lo tengo.
– Escúpelo, entonces. – le incitó Harry – No es como si pudieras contener la lengua.
– ¿Por qué murió Zabini?
Hermione cerró los ojos, inspirando lentamente. Cuando los abrió, le dolió ver la miseria en la cara de Harry. Ella frunció el ceño en dirección a Draco, pero parecía ser invisible, por toda la atención que le estaba prestando.
– Estábamos frente a la horda más grande que he visto… muchos de ellos mágicos. Cuando…
– Sí, sí. Ya nos has brindado esa historia. – dijo Draco, despiadadamente – No te he preguntado cómo murió, te he preguntado por qué murió.
– Malfoy. – dijo Hermione, advirtiéndole.
En los ojos de Harry había una justa furia esmeralda, pero no era nada comparado con el remordimiento.
– Deberíamos habernos turnado para trasladar a los hombres a la flota una vez que Blaise me hubiera llevado a mi primero hasta allí.
– Sólo tú habrías atravesado mar abierto hasta un lugar con el que no estás familiarizado. La Aparición ya es bastante complicada sin añadir ese hecho a la mezcla. – les recordó Hermione.
– Y, sin embargo, es Harry Potter. – dijo Draco, como si hablara con una audiencia mucho más amplia – ¿Quién, sino Harry Potter, podría lograr tal hazaña?
– ¿Cuál es el punto, Malfoy? Obviamente hay uno. Suéltalo.
– El punto es que todavía no has respondido a la pregunta.
Hermione miró a Draco con cierta incredulidad.
– ¿Realmente estás decidido a hacer a los demás tan miserables como te esfuerzas por serlo tú?
Ella pensó que estaba preparada para la frialdad en sus plateados ojos, pero no, no exactamente. La miró cómo si volvieran a tener once años y mil años de pureza de sangre y enemistad entre ellos.
– Estoy decidido a que me responda la pregunta porque tengo verdadera curiosidad.
– Zabini murió porque no lo salvé. – dijo Harry en voz baja – Esa es la respuesta que querías oír, ¿no? – preguntó, mirando a Draco – Estoy entrenado para ese tipo de cosas. Él no lo estaba. Podría haber sido diferente.
– ¡Estabas herido y os superaban en número! – replicó Hermione.
– Da. – dijo Anatoli añadiendo su granito de arena – Trescientos. Tal vez más.
Harry se pasó la palma de la mano por los ojos.
– Eso no importa. Mi varita fue demasiado fuerte para él. No tenía ni idea de que había estado sin magia durante tanto tiempo, o nunca se la habría dejado. Casi lo arrasó. Lo vi. Debería haberlo sabido.
Hubo un momento de silencio, salpicado de ocasionales crujidos y estallidos del fuego.
– Hay algo más que deberías saber, Malfoy. – continuó Harry – Las últimas palabras que me dijo Zabini, de hecho.
Draco rodaba el vaso entre sus manos, esperando que Harry continuara.
– Dijo que quería dejar a su hijo bajo tu cuidado. – Harry miró a Hermione – El tuyo y el de Hermione.
– ¿Qué? – dijo Hermione, aturdida – ¿Quería que cuidemos de Henry?
– Sí.
– ¿Nosotros? ¿Por qué nosotros?
– No sabría decírtelo. Sólo puedo decirte lo que él quiso. – Harry suspiró, arrancando un hilo suelto de su chaqueta – Fue su último deseo, por así decirlo.
Cuando Hermione desvió la mirada hacia Draco, vio la dureza en su perfil. Levantó el vaso y bebió de él, con la mandíbula rígida.
– Volverás conmigo, ¿no? – le preguntó Harry – Malfoy me ha dicho que lo harías. Y no me refiero sólo a Henry. ¿Vuelves a la flota, por la misión?
Ella se enjuagó las calientes lágrimas con el talón de la mano.
– Sí. – asintió – Voy a volver. – frunció el ceño hacia Draco, sintiendo algo casi parecido al odio por lo difícil que estaba siendo, cuando todo lo demás ya era bastante difícil.
Pero entonces vio el temblor en sus manos, mientras se aferraba al vaso con tanta fuerza que le preocupaba que lo rompiera. Vio la tensión en sus hombros y la familiar y arrogante inclinación desafiante de su barbilla. Sólo que, esta vez, lo veía como un mecanismo de defensa. Vio, una vez más, al niño de once años que sentía que el mundo le debía la vida, mientras que al mismo tiempo caminaba con el mayor resentimiento en sus hombros. Él sabía un poco más de lo que era la dificultad, porque la vida que le había tocado tenía un tipo particular de dificultad, muy diferente a la que Harry, Ron, sus compañero o ella misma habían conocido.
¿Quizás la censura, la desconfianza y las bajas expectativas sólo alimentaban una enfermiza y autocumplida profecía? ¿Tal vez los cuchillos sólo sabían lo que era ser afilados porque todo lo que se quería de ellos es que cortaran?
Hermione miró a Harry.
– Danos un minuto.
Hermione no habló hasta que los pasos de Harry y Anatoli estuvieran fuera de su alcance auditivo. Preparándose a sí misma, se arrodilló ante Draco en la alfombra, tomando el vaso de brandy de entre sus manos sin resistencia alguna y dejándolo en el suelo. Entonces sostuvo sus manos con las suyas, sorprendiéndose por lo frías que las tenía mientras pasaba los cálidos dedos sobre el tejido cicatrizando de las quemaduras.
Si era rechazada una vez más, no sabía cómo iban a sobrevivir su orgullo y corazón.
– Tú y yo… – empezó ella – No tenemos que… ser nada. Entiendo que no estamos en la mejor posición para hacer que las cosas vayan bien en este momento. Sé que quieres que tenga libertad, pero sólo tengo un corto espacio de tiempo para hacer algo verdadera y espectacularmente bueno. Y si tengo éxito, entonces tendré más opciones, libertad y alternativas de las que se pueden contar. Tal vez, ver a mis padres, vivir con ellos. Pero no puedo hacerlo con esa ligereza en mi corazón, no sino vuelvo a la flota ahora para ayudar mientras pueda.
Deseaba que la mirara. Pero todavía seguía con los ojos bajos.
– Quiero que vuelvas conmigo. Y no voy a intentar venderte la idea de un perdón o redención. Todo está bastante vacío llegados a este punto, lo sé. – admitió – Ni siquiera te quiero allí porque crea que es la única manera de mantenerte vivo. Por mucho que me preocupara por ti, no tengo ninguna duda de que probablemente podrías sobrevivir a casi cualquier cosa. La verdad es que ni siquiera te quiero allí porque te necesite.
Y fue eso lo que le hizo mirarla, con curiosidad.
– No te necesito, Draco. – continuó, asintiendo con énfasis – Lo hacía cuando estaba un poco perdida en mi propia cabeza, pero ahora, no te necesito, ni siquiera para la cura. Belikov tiene la fórmula. Cómo Harry ha explicado, con la suma de Yoshida, McAlister y cualquier ayuda que yo les pueda proporcionar, haremos esa cura. Te quiero allí porque te quiero allí. Y si eso no es suficiente… – se encogió de hombros – Que así sea.
Fue una tortura permanecer inmóvil e impasible hasta que él acercó finalmente la mano y rozó su mejilla con sus fríos nudillos. La miró tan de cerca que Hermione sintió como si sus ojos plateados estuvieran buscando las invisibles líneas por donde se había roto y vuelto a recomponer.
– Eres tú otra vez. – concluyó Draco.
– Más como una nueva iteración. – dijo ella, incomoda ante esa intimidad emocional desconocida. Se levantó – Reúne el resto de la munición. La mayoría de los retratos están en la parte trasera del coche, al igual que el horrible espejo Traslador de tu padre. Haré que Harry lo reduzca todo para que podamos llevárnoslo. Nos encontraremos en la parte delantera en unos minutos.
Él también se levantó, haciéndola empequeñecer, como de costumbre.
– Definitivamente eres tú otra vez.
Hermione no permitió que el alivio apareciera hasta haber salido de la biblioteca, agarrándose a una pared para sostenerse mientras se hundía en ella. Draco Malfoy sinceramente iba acabar con ella. Se encontró con Harry en el vestíbulo, que miraba con preocupación su cara enrojecida y sus húmedas mejillas.
– ¿Entonces viene con nosotros o qué?
– Viene. – contestó Hermione asintiendo, todavía con una suave incredulidad.
Harry gimoteó.
– Genial. Tanto por mis esperanzas, sueños y oraciones. Tal vez debería haberle pedido al profesor Yoshida que me hiciera uno de sus pequeños amuletos de deseos.
Ella le dio un golpe en el brazo, pero se alegró cuando él la atrajo en un abrazo.
– Nos son amuletos de deseos. Se llaman ema.
Harry apoyó la barbilla en su cabeza.
– ¿Estás realmente bien?
Hermione soltó una risotada. Fue un sonido extraño.
– ¿Alguien lo está a estas alturas?
Harry gruñó.
– Buen punto.
Anatoli emergió a través de las puertas principales, parecía apagado, lo que podía significar cualquier cosa, desde una leve irritación hasta un desastre inminente.
– Tenemos un problema.
Hermione podía oír una tormenta gestándose en el exterior.
Draco se puso la capucha de la chaqueta sobre la cabeza. No es que ayudara. Estaba empapado desde el momento que salió al primer escalón de la entrada de la casa. Harry y Hermione se unieron a él y a Anatoli en las puertas de los terrenos de la mansión, con lo cual Harry lanzó un hechizo sobre el grupo, desviando la lluvia. Anatoli todavía se ponía nervioso ante la magia, pero agradecía estar fuera de la helada humedad.
– ¿Por qué están aquí? – preguntó Hermione.
Detrás de las enormes puertas había unos cincuenta muertos vivientes, avanzando cada vez más por la carretera del pueblo. Los zombies no eran exactamente el más ágil de los depredadores, pero mojados lo eran aún menos. Se resbalaban, tropezaban y caían, algunos de ellos parecían casi tortugas por su incapacidad para volver a enderezarse. Torpes o no, el gran número iba a ser un problema, teniendo en cuenta que el pequeño equipo necesitaba estar alejado de los terrenos y de las barreras anti-Aparición antes de que Harry pudiera llevarlos de vuelta a la flota.
– ¿Recuerdas las explosiones que oíste antes? – dijo Draco – Potter decidió que la mejor manera de atraer nuestra atención fuera del límite de las barreras era disparar un ruidoso pulverizador de fuegos artificiales rojos y dorados por toda la mansión. – le dedicó una mirada a Harry – Muy masculino por tu parte, Potter.
Harry puso los ojos en blanco.
– Es un hechizo de celebración para el Quidditch que he usado en torneos. Ha funcionado malditamente bien, ¿no? ¿De qué otra manera te habría hecho salir y abrir las puertas?
– Por supuesto que ha funcionado. Yo lo escuché. Granger lo escuchó. Y es evidente que cada espécimen no-muerto dentro de un radio de cinco kilómetros lo escuchó, lo vio y están de camino.
Anatoli se aclaró la garganta. Tenía dos rifles de asalto atados a lo largo de su ancha espalda.
– Vienen más. Vámonos ya.
– ¿Cuál es el plan, chicos? – preguntó Hermione.
Harry tenía otra pregunta.
– Anatoli y yo Aparecimos en las afueras del pueblo. No pensé en comprobar cuanto más nos podríamos haber acercado antes de que las barreras nos detuvieran. ¿Sabes cuánto nos tendríamos que alejar de las puertas?
Draco se encogió de hombros.
– No sé. Nunca tuve ocasión de comprobarlo… retrocede. – le advirtió, cuando una de las criaturas empujó un brazo entras los barrotes de la puerta. Sus dedos ennegrecidos rozaron el cuello de Harry.
– Aproximadamente. – siseó Harry.
– Podrían ser dos metros, podrían ser diez. Podría ser a medio camino de aquí al pueblo.
– Tremendamente útil, Malfoy. Gracias.
– De nada, Potter.
– Tal vez si esperamos, ¿perderán el interés y se alejarán? – se arriesgó a preguntar Hermione.
Draco miró a Harry.
– ¿Es eso lo que pasó en Grimmauld Place?
– No. – admitió Harry.
– Así que no tenemos más remedio que abrirnos camino. – dijo Hermione – Y llegar lo suficientemente lejos para que Harry pueda lanzar el hechizo e irnos.
Harry no parecía convencido.
– Sólo tenemos a Anatoli y una varita entre nosotros. – miró a Draco y Hermione – Decidme que tenéis armas y que sabéis como usarlas.
La sonrisa en respuesta de Hermione fue ligeramente aterradora.
Ohhh esta historia sí que la echaba de menos, lo bien narrada que está y lo muy inmersiva que es me parece brutal, ¡adoro a Rizzle! De verdad que siento la ausencia en este mes y pico que llevo sin actualizar. Para compensar también he actualizado Rebuilding (tres capítulos para ser exactos) y Partners (es un Harry/Daphne, pero la historia es genial).
¡Espero que disfrutéis!
¡Besotes zombificados!
