Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 50 – Return (Retorno)
En los oídos de Hermione seguían sonando los disparos cuando Harry los dejó en la cubierta superior del barco principal en un despliegue de Aparición en grupo que habría hecho aplaudir a sus entrenadores del DALM. La Aparición no era una forma de viajar libre de riesgo y no era aconsejable cuando se desplazaba entre lugares desconocidos. Y era adicionalmente peligroso cuando podía afectar cognitivamente, sobre grandes masas de agua, grandes masas de tierra o en mitad de grandes multitudes. La decisión de Harry de llevarlos directamente a la cubierta superior era una estrategia de libro; la zona era abierta, espaciosa, despejada y un objetivo mental bastante fácil.
Solo que nadie esperaba el horrible huracán.
El frío que habían pasado en Wiltshire, no era nada comparado con el viento ártico que actualmente atormentaba la flota, haciendo que el gran crucero se moviera en un sube y baja como un barco de juguete en la bañera de un niño. Era imposible divisar ninguno de los otros barcos de la flota. La lluvia, con una guarnición de granizo del tamaño de canicas, caía de lado con tal violencia que salpicaba con fuerza la cara expuesta de Hermione. Ella alargó la mano para agarrar a la persona más cercana, que resultó ser Anatoli. Él era, literalmente, un puerto en la tormenta.
– ¡Ven hacia mí! ¡Nos Apareceré dentro! – gritó Harry, sonando demasiado lejos para mayor incomodidad. Hermione sintió que Anatoli la arrastraba hacia la voz de Harry.
Se escuchó el sonido como de una página arrancada, solo que la página debería haber estado en un libro del tamaño de una montaña. Esa era la mejor manera de describir el ruido del trueno, amortiguado extrañamente por la tan pesada lluvia, Hermione no podía ver más allá de unos cuantos centímetros por delante de ella. Sus compañeros parecían grandes y oscuros borrones a través de sus húmedos ojos.
– ¿Dónde está Draco? – exclamó.
Su voz fue absorbida por el vórtice del viento. Hubo un brillante y colorido destello por encima de sus cabezas, un remolino de rojo y blanco. Uno de los toldos de la cubierta de observación superior fue arrancado de sus amarres. Salió disparado por los aires, logrando que soltaran un fuerte grito cuando se fue acercando a ellos. Hermione empujó a Anatoli por la espalda, sintiendo como si se hubiera topado con una pared de ladrillo. Aun así, él se desplazó hacia adelante lo suficiente y el enorme toldo, retorciéndose por el fuerte viento pasó de largo, golpeando la cubierta. En ese momento Hermione estaba inclinada con las manos sobre las rodillas, intentando recuperar la orientación cuando una horrenda sensación de vértigo la asaltó.
Una enorme ola se estrelló contra uno de los costados del barco principal, haciendo que este se inclinara hacia la derecha. Ella clavó las uñas en la cubierta de madera y logró aguantar. Alguien se deslizó junto a ella. ¿Harry? ¿O era Draco? A Anatoli le fue aún peor, probablemente debido a su gran tamaño. No había nada a lo que agarrarse en el resbaladizo suelo.
En la siguiente nauseabunda sacudida, él fue apartado de Hermione sin ningún ruido. El barco se inclinó hasta tal punto que el suelo pareció momentáneamente vertical. Ahora Hermione estaba cayendo, con la lisa cubierta a su espalda. Se precipitaba hacia las metálicas barandillas del crucero, incapaz de hacer mucho más que levantar las manos preparándose para la inminente colisión. Unos pocos metros antes del impacto, sintió el aire salir de su cuerpo cuando Draco la agarró por la cintura. Fue como si le golpearan en el estómago. Él se aferraba a una gruesa y retorcida trenza de luces de colores, enrollada alrededor de su antebrazo y muñeca. Justo debajo de él, estaban Harry y Anatoli, amos también se aferraban a los cables de iluminación y a las bolsas que habían traído con ellos desde la Mansión.
– ¿La tienes? – se escuchó el rugido de Harry. Estaba demasiado lejos ara agarrarlo, lo que significaba que la Aparición en grupo no era una opción – ¡Quédate donde estás! ¡Volveré a por vosotros! – y dicho eso, prudentemente primero se desapareció con Anatoli.
El barco volvió a sumergirse.
– Allá vamos, agárrate. – le dijo Draco en el oído. Hermione no necesitó que se lo dijera dos veces y envolvió las piernas alrededor de él. No tenía ni idea de a qué tipo de luces estaban unidos, pero esperaba que Amarov no hubiera reparado en gastos en ese sentido. Si alguno de ellos se caía por la borda, eventualmente Harry podría encontrarlos con magia, pero tal vez no pudiera hacerlo antes de que se ahogaran o congelaran hasta morir en el agua helada.
Tumbonas, mesas y otros pedazos de piezas pasaban por delante de ellos, golpeando contra la barandilla o lanzándose hacia el tórrido océano. Era inútil intentar trepar por la cuerda de luces hasta que el mar se calmara un poco, sobre todo porque no tenían ni idea de si los cables iban a aguantar.
Hermione parpadeó para quitarse la lluvia de los ojos, incapaz de hacer mucho más que mirar el rostro irritantemente tranquilo de Draco. Estaban nariz contra nariz, tan cerca que podía ver las manchas azules en su iris grisáceo. El rifle que le rodeaba los hombres se le estaba clavando dolorosamente en la cadera. La tenía firmemente sujeta a la cubierta, con la mano derecha alrededor de las luces y la izquierda agarrando el travesaño más bajo de la barandilla. Podía imaginar la cantidad de fuerza que eso requería.
– Bonito día para pasar en el océano. – dijo, o más bien gritó, para ser escuchado.
La situación era totalmente ridícula. Acababan de atravesar una horda de zombies, usando una combinación de hechizos y disparos, solo para Aparecerse justo en la peor tormenta que Hermione había visto de cerca.
¿Podría el mundo, por un maldito momento, darles un jodido descanso? Sus manos eran garras congeladas, fijadas en la parte delantera del empapado abrigo de Draco. Al parecer estaba maldiciendo con tanto entusiasmo que lo sintió reír.
Harry volvió, Apareciendo casi encima de ellos. No había tiempo para bromas. El barco debía de haberse tambaleado otra vez, porque Hermione sintió un familiar malestar en su estómago. Pero no hubo necesidad de aguantar más porque Harry los depositó a los tres en el suelo del laboratorio de Belikov. Permanecieron allí durante un momento, mojados y ligeramente aturdidos. Hermione se sentó y estornudó tres veces seguidas.
– ¿Bien? – dijo Harry, con una pequeña sonrisa.
Ella estaba a punto de responder cuando Anatoli se dobló por la mitad y vomitó el contenido de su estómago en el pequeño cubo de basura forrado que un muy astuto Belikov sostenía.
El profesor la ayudó a levantarse.
– Bienvenida de nuevo, señorita Granger.
– Has cogido el comienzo del siguiente turno en el laboratorio. – explicó Belikov, mientras rebuscaba en los armarios de almacenamiento y les lanzaba unas toallas blancas y lisas – Trabajamos en tres turnos, turno doble al final del primero. El Doctor Wallen y la Doctora McAlister acaban de terminar el turno de noche, hace media hora. Si vas a sus habitaciones, puede que todavía te los encuentres antes de dormir. El profesor Yoshida se encuentra actualmente en el Rodderick, dispensando tratamiento.
– ¿Qué pasa con los pasajeros del Rodderick? – preguntó Hermione, pensando que tenía que ser algo bastante serio para requerir las atenciones del maestro en pociones.
– Pediculosis. – dijo Belikov sonriendo – Mantente alejada del barco por el momento, si puedes.
El balanceo lento y profundo del barco era suficiente para revolver los estómagos más duros. Varios de los miembros del equipo de laboratorio de Belikov tenían la tez verdosa, agarrándose al borde de sus mesas con los nudillos blancos por la fuerza que ejercían mientras intentaban hacer algo de trabajo. En la esquina más alejada, alguien estaba vomitando en una bolsa de plástico.
Hermione dejó caer la toalla al suelo, tratando de limpiar las copiosas cantidades de agua que habían traído al laboratorio con ellos. Harry se quitó la chaqueta y el jersey, anunciando que se dirigía a su habitación para darse un baño y cambiarse. Draco, por su parte, no prestaba atención al hecho de estar goteando mientras hablaba en voz baja y seria con dos de los científicos. Uno de ellos trajo algo para enseñarlo en el monitor. Parecía que eran los resultados de la prueba de Re-Gen. Hermione estuvo a punto de unirse a él, aunque los grandes movimientos y balanceos con los que el barco continuaba daban la impresión de un enorme balancín.
Sin embargo, justo entonces, una mujer apareció a través de la pasmada muchedumbre de científicos, deteniéndose frente a Anatoli. Le llevó un minuto a Hermione reconocerla; era Marina, la segunda al mando del Cassiopeia y una de las intérpretes instrumentales en el golpe contra Amarov. Ella abrió la boca para decir algo, pero pareció decidir no hacerlo. Por un momento, parecía que estuviera a punto de girar sobre sus talones y salir de allí corriendo, pero entonces, aparentemente, cambió de idea. Marina era una mujer alta y de aspecto formidable, pero aun así, la parte superior de su cabeza apenas rozaba el pecho de Anatoli. Sin dejarse intimidar por su tamaño, ella levantó la mano, al parecer con la intención de golpearlo en la cara. Hermione observaba la escena con ligera fascinación. La mano de Marina nunca alcanzó su objetivo. Anatoli atrapó su muñeca a medio camino y la sostuvo allí.
Él dijo algo en ruso. Hermione no tenía ninguna esperanza de entender las palabras, pero algunos tipos de sonido eran universales. Eso tenía una disculpa estampada por todas partes.
Belikov se aclaró la garganta.
– Hermione, no creo que te hayan presentado formalmente a la señora Marina Berezin. – Hermione le disparó al viejo científico una mirada perdida – La mujer de Anatoli.
– ¿Marina es tu mujer? – exclamó Draco, desde el lado opuesto del laboratorio.
Si Hermione no hubiera estado al borde de la hipotermia, podría haber sonreído ante lo estridente e incrédulo que sonaba. Rara vez se mostraba de esa manera.
Anatoli parecía agraviado.
– ¡Te he hablado de ella muchas veces!
– Sí, ¡pero no mencionaste que era la misma mujer que nos armó a Blaise y a mí en el Pozo! ¡Tampoco mencionaste que era la responsable de ayudarnos a liberar la flota!
Un encogimiento de hombros fue todo lo que Draco sacó de Anatoli.
El siempre diplomático Belikov, agregó:
– Creo que Anatoli simplemente intentaba proteger a su esposa.
Todos, incluyendo a Marina, se quedaron mirando a Belikov. Marina claramente no era del tipo de mujer que necesitaba mucha protección.
Aunque ella no había terminado de enfadarse con su marido. Finalmente se desató sobre él, alternando gritos y empujones contra su enorme pecho, que, como Hermione había comprobado recientemente, era como empujar un roble. La reprimenda en su mayoría fue en ruso, pero Hermione logró entender lo esencial. Anatoli no le había dicho a su mujer que había dejado la fuerte seguridad de la flota para aventurarse hacia un Wiltshire infestado de zombies.
Eso, como siempre, era lo que pasaba por preocuparse por la gente. La vista de Hermione se desplazó de la pareja que discutía, a Draco, que aparentemente había decidido que la pelea domestica ya no merecía su atención. Él fruncía el ceño ante una pila de resultados impresos, mirando ocasionalmente al científico que le estaba mostrando los resultados. Llevaba menos de quince minutos en el laboratorio y ya se había puesto el sombrero de científico. No le gustaba estar inactivo.
Estaba empezando a entender la reticencia de Draco de vincularse a nada ni a nadie. Era irónico que el vástago de una de las últimas grandes Casas Puras del mundo mágico evitara el compromiso. Había gastado sus primeros años en mitad de una gran riqueza material y una innegable afición por el prestigio, el poder y la influencia. Y entonces, la guerra había descendido sobre todos ellos, borrando la infancia, la inocencia y ciertas suposiciones sobre cómo debería ser el mundo.
El compromiso era debilidad, como los Berezin estaban demostrándose en ese momento. Cuanto más te apegabas a algo también significaba una mayor probabilidad de llegar a tener que recurrir a ello de alguna manera, a depender de ello. Cuanto más te importara, más tenías que perder. Tal vez Draco era tanto un producto de Voldemort como lo era Harry. La diferencia entre ambos era que Harry, que había aparecido de la nada, sacaba fuerzas de las relaciones de su vida, a pesar de los evidentes riesgos. Para Draco, que había nacido y crecido con todo, era precisamente lo contrario.
Tal vez Draco sintiera que era el tema de las inesperadas reflexiones de Hermione. El levantó la mirada, buscándola con sus ojos claros. Se sentía anclada en su posición, como una rana en plena disección.
– Ve a secarte antes de que te congeles. – se preocupó Belikov – Y después un plato de sopa caliente, ¿de acuerdo?
Demasiado tarde, pensó Hermione. Estaba segura de que ya estaba congelada.
– Esa sopa será celestial. – admitió ella, consciente de que el profesor la miraba con cierta preocupación. No podía culparlo, realmente. Ella había estado conmocionada y perdida en su interior la última vez que lo vio – No te preocupes por mí, conozco el camino hasta la cocina. No obstante, tengo algunas cosas que descargar primero, ropa incluida. ¿Puedes llevarme a donde voy a alojarme?
Belikov parecía confundido.
– ¿Con Draco, supuse? Ahora que nuestros residentes mágicos están integrados en la flota, el espacio es un bien escaso. Sin embargo, no hemos reasignado la habitación de Draco a nadie.
No tenía suficiente circulación efectiva en la cara como para sonrojarse. Realmente no era sorprendente que Belikov asumiera que Draco y ella estaban juntos. Después de todo y durante un corto periodo de tiempo, ella había asumido lo mismo.
– Por supuesto. – contestó ella, con una débil sonrisa.
– Henry se encuentra en el camarote como en casa, ¿entiendes? – explicó Belikov – Hemos intentado no causar demasiada agitación innecesaria desde que perdió a su padre.
Henry. Por Dios. ¿Cómo podía haberse olvidado del niño que, por alguna incomprensible razón, Blaise había entregado a Draco y a ella para cuidarlo? Ella había estado hecha un desastre hasta hacía poco y Draco no era exactamente un tipo con instinto paterno. ¿Qué diablos iban a hacer?
– Henry… ¿cómo está? ¿Dónde está?
Belikov miró su reloj de pulsera.
– Debería estar en la escuela ahora.
Hermione se quedó sorprendida.
– No tenía ni idea de que la flota tuviera una escuela. ¿Es el mejor lugar para él ahora mismo?
– Hay dos escuelas no-mágicas en este momento, para ser preciosos. Una para los más pequeños y todavía estamos buscando monitores para la escuela secundaria. Hay trescientos dieciocho niños menores de dieciséis años en la flota, señorita Granger. Un tercio son mágicos. La mayoría no ha puesto un pie en un aula desde hace casi dos años. En cuanto al joven Henry, lo que el niño necesita ahora es algo de constancia. Insistió en asistir a clase hoy y no nos parecía oportuno negárselo.
– Me gustaría verlo.
– El niño estudia en el Cassiopeia. Estoy seguro de que Marina puede llevarte con ella justo a tiempo de almorzar. – Belikov miró cautelosamente a Anatoli – Si se lo pides amablemente.
Draco apareció junto a Belikov. Se había quitado el abrigo y la bufanda empapada. Las puntas de su pelo todavía goteaban agua.
– Vas a morirte de frío. – le informó Belikov.
– Hay cosas peores de las que preocuparse en este momento.
Belikov suspiró.
– Ya has visto los datos, entonces.
Hermione alternó la mirada entre ambos hombres.
– ¿Qué pasa? ¿Es el ReGen? ¿Tiene que ser ajustado otra vez? Puedo ayudar.
– El ReGen no es el problema. – dijo Draco, echando hacia atrás su pelo mojado – Hace lo que se supone que tiene que hacer. En base a lo que veo aquí, – sostuvo en alto las notas – con la ayuda de McAlister, Wallen y Yoshida. El D.R.A.C.O ha sido replicado con éxito.
– Oh, Dios mío. – susurró Hermione. Agarró el brazo de Belikov – ¡Lo has hecho!
– No del todo, me temo.
– No lo entiendo. ¿Cuál es el problema?
Fue Draco quien respondió.
– No tenemos manera de probarlo adecuadamente. Sin resultados exitosos, tenemos "tal vez" una cura. Necesitamos algo definitivo.
– ¿Por qué no podemos probarlo? – Hermione tomó las notas de las manos de Draco.
Él inclinó la cabeza.
– Compruébalo tu misma.
Hermione revisó dos páginas antes de mirar a ambos hombres.
– En vista de que no soy una experta en virología, todo lo que puedo sacar de aquí es que el virus ha mutado a tal punto que el uso de las muestras originales recogidas para el Proyecto Navidad ya no son apropiadas, ¿no? ¿Pero pensaba que el D.R.A.C.O era de amplio espectro? ¿Eso no implica funcionar con casi cualquier cosa?
– Al parecer, no en la cepa actual del virus que hemos probado. El suero está destinado a inducir la apoptosis en las células infectadas por el virus.
– La muerte celular.
Draco asintió. Y miró a Belikov.
– Sin embargo, la tasa de éxito hasta hora es… ¿cuál? ¿Sesenta por ciento?
– Menos, alrededor del cincuenta. – dijo Belikov, cansado – Pero no creo que tenga que ver con la eficacia del suero. Creo que tiene que ver más con el hecho de no tener una variación adecuada de muestras en las que probar robustamente la curación.
– ¿En qué lo estáis probando? – preguntó Hermione, frunciendo el ceño – Si no son las muestras que Honoria se llevó de Grimmauld Place, no me dio la impresión de que dejarais ningún no-muerto en pie después de la cosecha, ¿cierto?
Ante eso, Draco le dedicó a Belikov una mirada intencionada.
– Acabo de enterarme de la respuesta a esa pregunta. ¿Vas a decírselo o tengo que hacerlo yo?
– ¿Decirme qué? – demandó Hermione.
Belikov empezó a caminar hacia adelante.
– Mejor que te lo enseñe. Ven conmigo, por favor.
Buenoo, un capítulo movidito, sin desgracias por el momento... xD Ha sido una entrada un tanto accidentada, pero nada que no se pueda solucionar con un baño de agua caliente y un poco de calor humano, ¿no?
¿Qué creéis que es eso que le tiene que enseñar Belikov? ¿Van a poder algún día relajarse lo suficiente para hablar de lo que pasa entre ellos?
¡Pronto lo sabremos!
Estoy en mitad de los trámites para empezar las prácticas, así que en las siguientes actualizaciones estaré mas liada. Lo digo por si os encontráis una actualización sin ninguna nota mía al final del capítulo o algo así.
Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Doristarazona* *Loonydraconian* *johannna* *AliceMlfy* *Dreana* *AKAmart* *Carmen* *selene lizt* *Mantara* *SALESIA* *Sally Elizabeth. HR* *FeltonNat88*
¡Besos!
