Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 52 – Henry

Draco se detuvo frente al durmiente niño, observándolo durante un minuto, dos.

El pequeño pecho de Henry se inflaba y desinflaba bajo el edredón. De vez en cuando, se retorcía en sueños. Los motores del barco zumbaban poderosamente en las profundidades, en una constancia reconfortante, un recordatorio tangible de seguridad y control en un mundo donde esas cosas escaseaban. Una avería significaba una potencial catástrofe. La flota era vida.

La disposición para dormir fue así: Henry dormía en un extremo del sofá de cuero modular en forma de L. Draco ocupaba el otro extremo, aunque en su mayoría dormía en un sofá mohoso y plegable que Anatoli había arrastrado hasta el laboratorio.

La cama grande del camarote estaba ocupada, después de muchas dudas, por Hermione. Había anticipado que Henry la compartiría con ella, pero había mucho sobre el pequeño Henry que la gente estaba interpretando muy mal últimamente.

Draco caminó hasta el borde de la cama, observando a la durmiente mujer. La enorme cama la hacía parecer aún más pequeña. Hermione estaba colocada en uno de los lados, probablemente por la extraña posibilidad de que Henry se despertara en medio de la noche y se arrastrara hasta ella. Draco no se hacía ilusiones de que todo el espacio extra fuera para él.

Siempre había mucho espacio. Demasiado espacio que rellenar con acciones inútiles y palabras que habían perdido el sentido. Todo lo que los sostenía y conectaba ahora era el trabajo y el niño que Blaise Zabini había dejado a cargo de ambos.

En la oscuridad, Hermione tenía el perfil nítido y los rizos marcados, dormía de espaldas con una mano junto a su rostro, con la palma apuntando al techo y los dedos ligeramente curvados. Como siempre, era complicado resistir el elemental y poderoso impulso de tocarla, pero Draco tenía habilidad para lidiar con lo difícil. Había conseguido dominar esa sensación en los primero días en Grimmauld Place (con excepción de algunos lapsos). Se alojaba justo bajo su piel y sus raíces se extendían más profundamente en él, hasta llegar a partes a las que rara vez accedía y que eran totalmente inútiles (sino perjudiciales) para la supervivencia.

– Hola. – dijo una pequeña voz a su lado. Henry estaba ahora despierto e incorporado en su improvisada cama. También estaba mirando a Hermione, porque era la tranquilizadora "luz de la noche" que Henry nunca admitiría necesitar, pero sin embargo, desvió la mirada hacia la oscuridad.

Draco sintió una sensación fría y hueca cuando reconoció la expresión en la cara del niño. Anhelo. También, miedo ante la perspectiva de la formación de cualquier apego más, porque eso te exponía al dolor de la pérdida. Y Henry lo había perdido todo tan recientemente. Los mecanismos de defensa internos habían entrado en acción. Les llevaría mucho tiempo antes de aprender a que moderara ese aspecto en él. Por supuesto, la tragedia residía en la necesidad de educar esos sentimientos.

– Deberías estar durmiendo. – susurró Draco. Previamente había sido un precoz charlatán, ahora era bastante difícil conseguir incluso sacarle unas pocas palabras. No obstante, por alguna razón, a Henry no le importaba hablar con Draco.

– ¿Vas al laboratorio ahora?

Draco asintió mientras se sentaba en una silla para calzarse las botas.

– Es mi turno.

Henry volvió a mirar a Hermione. Draco tomó esa acción para intentar un tentativo empujón verbal.

– Estarás mucho más cómodo en la cama. Hay un montón de espacio. ¿Por qué no subes?

Varias bocanadas de aire después y un suspiro cómicamente enorme, Henry dijo:

– No, gracias.

– Ella te está esperando.

– Lo sé. – respondió él, sonaba demasiado mayor en ese momento. Henry arrugó la nariz y levantó el edredón – Quizás más tarde, si hace mucho frío…

Todavía había esperanza para el chico. Después de todo, se necesitaba una tremenda fuerza de voluntad para permanecer impasible ante los persistentes intentos de afecto de Hermione Granger.


Había una frase que Hermione había escuchado decir una vez a Agnes, la mejor amiga de su madre. En ese entonces, Agnes recientemente se había separado de su marido, lo que había llevado a muchas tardes de fin de semana en la cocina de la familia Granger, llorando entre tazas de té que su madre seguía sirviéndole (o Chardonnay, si faltaba menos tiempo para la cena).

– ¡Es imposible!

– Todo irá a mejor. – la consolaba la señora Granger. Una joven Hermione sentada en la mesa de la cocina, comiendo, leyendo o jugando, pero escuchando con ligero interés la adulta conversación.

Agnes derramó algunas lágrimas más.

– ¡Es una educación paralela, Monica! Somos barcos en la oscuridad cuando se trata de criar a Daniel.

Al parecer, era el fin de semana de Agnes para quedarse con su bebé. Daniel a menudo se sentaba en la vieja silla de mimbre de Hermione, en la mesa, masticando cualquier cosa que quedara a su alcance, o comiendo. Hermione recordaba muy poco sobre aquel niño, excepto que estaba perpetuamente pegajoso, incluso después del baño. No le gustaba compartir sus juguetes con él.

Draco y ella no eran exactamente como "barcos en la oscuridad" en cuanto al cuidado de Henry. Había contacto y comunicación, aunque fuera superficial. Qué extraño, pensó Hermione. Ellos no estaban casados, no tenían hijos propios y, sin embargo, allí estaban, compartiendo efectivamente la custodia de uno.

Igualmente extraño era tener que trabajar de acuerdo a la lista de turnos del laboratorio de otra persona. Tradicionalmente, Hermione era la Santa Patrona de los Turnos y Horarios. No obstante, allí no. Belikov se había hecho cargo. Consciente de las responsabilidades de cuidar a un niño, el profesor no había puesto a Draco y a Hermione en el mismo turno. Por lo tanto, Hermione pasaba la mayor parte de las horas del día con Henry, él la acompañaba a hacer las tareas generales de la flota, porque no había ninguna excusa para que ningún residente permaneciera inactivo en esta nueva gestión.

Seis días allí y todo era todavía tan nuevo y crudo. En ese momento, miró a Henry, mientras desayunaba con ella en la cocina. Estaba vestido con ropa limpia y zapatos de su talla. Su hermoso y salvaje cabello se había vuelto más manejable últimamente. Hermione había supuesto, tardíamente, que no debía peinarse. Sospechaba que Henry estaba al tanto de todo eso, pero que no le había dicho nada mientras se sentaba frente al espejo y soportaba las bien intencionadas atenciones de Hermione.

No parecía disfrutar de la comida que estaba ingiriendo y, sin lugar a dudas, había buena comida ese día; albóndigas enlatadas de pollo recién hechas, con salsa marinera, servidas con arroz porque los cocineros de la flota estaban haciendo y secando un nuevo lote de pasta. Comía lo suficiente como para no molestarse en necesitar más. Y entonces, volvía a sus dibujos. Cuidar del pequeño Henry implicaba muchos silencios prolongados, muchos aclaramientos de garganta y muchas preguntas sobre si necesitaba o deseaba cualquier cosa. Hermione se sentía desesperadamente inepta. No tenía precedentes en los que confiar, ningún dato con los que calcular o sacar resultados positivos de ensayo y error.

Y todo le daba error, francamente.

Quería preguntarle a Draco como estaba llevando las cosas. ¿Lo estaba haciendo él mejor con Henry? ¿Tenía ideas que impartir?

No eran padres, así que el cuidado de niños no era exactamente su aspiración. Henry sin duda lo merecía, pero Hermione sentía que el título era algo que debía ganarse por parte del niño y no un par de zapatos que el destino decretaba que te pusieras.

Cuando Henry no estaba en la escuela o no era la sombra de Hermione mientras la ayudaba a organizar la flota, se quedaba en el camarote y se ponía a dibujar en su usado cuaderno de ejercicios. O bien, entraba en la cocina, sentándose en las mesas vacías después de que la multitud del desayuno hubiese despejado la zona.

Ella lo llamaba "cariño", "amor" y otras palabras afectuosas que le salían de la lengua con sorprendente y sincera facilidad. Lo envolvía en muchos abrazos no solicitados, buscando en su solemne rostro… realmente, no sabía qué. Parecía ser lo menos que podía hacer. Henry era impasible, reservado y poseía maneras que estaban trágicamente fuera de lugar. Eso no era un progreso. Los niños de cuatro años no debían ser así, pero Hermione se resignaba ante el hecho de que el mundo en general no debía ser como era en la actualidad.

Harry entró en la cocina justo en ese momento, tomando asiento frente a Hermione y Henry.

– Anatoli me dijo que te encontraría aquí. – Harry miró el plató a medio comer de Henry – Hola, Henry. Bonito dibujo.

Ni siquiera la cercana atención de Harry podía atraer una sonrisa del niño, pero sus modales eran impecables.

– Gracias. – respondió Henry tímidamente.

– ¿Te has terminado ya toda la comida?

Hermione puso los ojos en blanco. El apetito de Harry era material para leyendas. El niño asintió, sin levantar la vista del dibujo, deslizando el plato hacia Harry, quien rápidamente se lanzó hacia una albóndiga con el tenedor en ristre.

En un tono de voz mucho más bajo, le dijo a Hermione:

– Nos acercaremos a la Isla de Taransay en unos diez minutos. Belikov te quiere en la cubierta. No estoy seguro de las barreras protectoras que tienen ahora, por lo que no estaría mal que te tuviéramos en espera para avisar si algo sale mal.

Hermione le lanzó una mirada a Henry. En igual voz baja, ella le respondió:

– Alguien tendrá que ocuparse de él.

– Malfoy lo hará.

Ella frunció el ceño.

– Draco acaba de terminar un turno de dieciséis horas. No está en condiciones.

El plato de albóndigas y arroz estaba ahora impecable, lo que debería ser casi imposible dado que Harry había estado usando tenedor. Eso era talento.

– Belikov acaba de despertarlo. Puede aguantar un par de horas más. Deja a Henry en tu camarote y nos reunimos arriba.

No le pegaba a Harry ser tan brusco. Hermione podía ver la tensión en su rostro. Estaba preocupado. Hermione colocó una de sus manos sobre la de él.

– Taransay está bien, Harry. No me sorprendería saber que han prosperado. Ginny y el resto estarán en plenas condiciones. Ya lo verás tú mismo.

– Lo sé. – dijo, ligeramente cabizbajo. Se levantó y revolvió el abundante pelo de Henry – Gracias por el almuerzo.

Esa vez, Harry se ganó el contacto visual del niño. Hermione reprimió el impulso de sentir algo de envidia. Cuando Harry se fue, Henry se volteó para hablar con ella

– ¿Me voy con el hombre ahora?

Eso era un recordatorio de que aunque aparentemente Henry parecía estar abstraído, parecía escuchar todo lo que se decía, comprendiendo la mayor parte de ello.

– Sí. – dijo, tocando uno de sus bracitos.

Hermione se quedó algo consternada y con curiosidad al ver la mirada de alivio en su pequeña cara.


Minutos después, Draco apareció descalzo ante la puerta del camarote, con el pelo mojado, vestido únicamente con unos pantalones limpios. Pasó por alto cualquier forma de saludo hacia Hermione, dirigiéndose directamente a Henry.

– ¿Tienes algún dibujo nuevo para mí? – preguntó Draco. A pesar de la reciente ducha, tenía un aspecto terrible. Sus facciones tenían el sello de un severo agotamiento.

Henry parecía estar considerando la pregunta, retorciéndose un poco sobre su posición, porque hasta a los adultos les costaba mantener la mirada inquebrantable de Draco Malfoy durante mucho tiempo. Incluso aunque pareciera que estuviera a punto de quedarse dormido ante la puerta.

Pero Hermione sabía por experiencia que era poco probable que Henry participara en la conversación. No iba a responder, no…

– Sí, he hecho tres dibujos. – fue la respuesta – Cuatro, si cuentas con el que el hombre lobo me ayudó a colorear…

Hermione parecía incrédula. Eso habían sido más de diez palabras seguidas.

– Su nombre es Felix, Henry. No el "hombre lobo".

– Lo siento. Felix. – se corrigió el niño.

– Estamos disminuyendo la velocidad. – dijo Draco hacia Hermione.

El cambio de tono y el timbre de su voz hicieron cosas extrañas en sus terminaciones nerviosas. Compartían camarote, dormían a unos metros de distancia el uno del otro y, efectivamente, estaban criando a un niño juntos. Y no había estado tan cerca de él, ni le había hablado correctamente, en días.

– ¿Qué? – preguntó, repentinamente, sin palabras.

Draco volvió a hablar, sonando extrañamente suave.

– Los motores se están ralentizando. ¿Hemos llegado a las Hébridas Exteriores?

Cierto. Estaban en Taransay.

– Sí. – respondió ella. Echándose hacia atrás sus rizos sueltos – Probablemente tenga que subir.

– Te necesitan. – Draco asintió. Hermione no estaba segura de sí era una pregunta o una afirmación. Evitó sus ojos. Esa escrutadora mirada plateada tenía un peso palpable. El problema era que lo único en lo que podía fijar sus ojos era en las entrecruzadas cicatrices que tenía en su torso.

– No estoy segura de cuánto tiempo estaré fuera.

– Tomate todo el tiempo que necesites. – entonces, sonrió, pero fue en beneficio de Henry y Hermione no necesitaba tener un master en Draco Malfoy para saber que no iba más allá de su rostro – Tenemos mucho de lo que ocuparnos, ¿verdad, Henry?

Una vez más, milagrosamente, Henry se asomó a través de su cáscara de dolor.

– Ajá.

– Tienes que descansar. – insistió Hermione. O tal vez "aconsejó" era la palabra adecuada. Nadie sabía cómo decirle a Draco que hiciera algo que no quisiera.

– Sobreviviré. – respondió y seguidamente condujo a Henry al interior del camarote. Con una mirada de despedida, Draco cerró la puerta.

Más que un poco descompuesta, Hermione se quedó parada en el exterior, como había hecho la noche que Draco había tomado su primer baño en Grimmauld Place. Esta vez, no iría a buscar el suministro privado de whisky escocés de Kate McAlister. En lugar de eso, tomó unas cuantas respiraciones tranquilizadoras antes de dirigirse hacia el ascensor.

Sí, Draco sobreviviría, pero se preguntaba que hacía falta para que quisiera algo más que la mera supervivencia. Sin embargo, cuando llegó a la cubierta, todos los pensamientos sobre Draco se evaporaron de su mente.


Como si el viento salvaje, húmedo y helado de las Hébridas no fuera suficiente, además había algo de jaleo.

– ¿Qué pasa? – le gritó a Harry, que acababa de desmontar de su escoba, aterrizando en la cubierta de un salto. Muchos otros miembros de la tripulación estaban presentes, vestidos como si se embarcaran a una expedición en el Ártico. Hermione se percató de que iba muy mal vestida, agradeciendo cuando Harry la tocó con la varita, murmurando rápidamente un hechizo que repelía el agua.

Marina se acercó a Belikov, aparentemente desde su posición de navegación en el puente.

– ¡Ya no está! – gritó la mujer.

– ¿El qué? – preguntó Hermione, mirando a Marina y a Harry.

Fue Harry quien respondió.

– La Isla de Taransay. La isla entera no aparece en los aparatos del barco. Acabo de sobrevolar la zona y ahí fuera no hay nada más que olas y espuma.

Belikov estaba desconcertado.

– ¿Qué quieres decir con qué no está? ¿Cómo se pierde una isla entera?

Hermione lo resolvió rápidamente.

– No se ha perdido. Taransay está fuertemente protegida. No puedo culparlos, después de lo que pasó cuando esa barcaza de zombies encalló en la playa. Probablemente hayan usado algún hechizo de ocultamiento, considerando que ni siquiera aparece en el radar. Redirigiría lo que rodea toda la masa de la isla.

– ¿Puede el hechizo redirigir las consecuencias nucleares? – preguntó Harry. Era una idea digna de reflexión.

– Probablemente no y, ciertamente, no es un experimento que nadie pueda probar a tiempo con seguridad.

Belikov se frotó la arrugada frente.

– Ese… hechizo. ¿Puede hacer desaparecer la isla?

– Desaparecer no. – aclaró Harry – Simplemente la ha hecho invisible a la detección.

– ¿Pueden ver? – preguntó Marina – ¿Pueden oír?

Hermione asintió.

– Apuesto a que pueden vernos y oírnos perfectamente, aunque con este tiempo será un reto. – le lanzó una mirada a Harry – Tal vez los mismos fuegos artificiales de Quidditch que usaste en la Mansión Malfoy podrían ser adecuados para este caso.

Sin dejar de tener un sombrío aspecto, Harry levantó la varita.

– Venga, vamos allá, Gryffindor.


Parece que el asunto Amarov tendrá que esperar un poco ya que este es un capítulo cortito pero necesario, creo que después de lo que pasó con Blaise teníamos que ver las consecuencias en Henry... es tan triste, me parte el alma. Además, sí criar a un niño ya de por sí supone un reto, imaginaos si las circunstancias son esas, ¿cómo hacerlo bien?

Y bueno, tengo que deciros que este es un capítulo de transición para lo que nos espera en breves... xD

¡Y no digo más!

¡Nos leemos pronto!

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Doristarazona: Hola cielo! Yo creo que Amarov es una persona con el cerebro tan destrozado que necesita dejar el de los demás de igual manera... Y estoy segura de que a Rizzle no le quedan casi capítulos para terminar la historia, así que tranquila que veremos el final ;)* *Loonydraconian: Hola, holita! Ya sabes que dicen que mala hierba nunca muere, creo que el dicho le va como anillo al dedo a Amarov xD No puedes ni imaginarte lo que está por llegar...* *Mantara: Yo también creo que desde que Draco se encontró con sus padres, ha perdido un poco la perspectiva y se ha encerrado en una cascara vacía...* *johannna: Aquí vemos como está el pobre Henry... es muy triste* *mariapotter2002: ¡Me alegra volver a ver tu comentarios! Y sí, parece que gran damnificada siempre es Hermione...* *SALESIA: JAJAJAJJA Y por eso me encanta leer tus comentarios, son oro puro! Tus teorías me dan la vida... Este capítulo es un break para lo que está por venir y cualquiera de tus teorías es valida, así que, ¿qué pasará? Y tienes razón, el poder que tiene Hermione sobre Draco es importante... aunque ni él mismo quiera reconocerlo, se siente, ¡no nos engaña! Y sé a que todas se os ha escapado un detallito muuuy importante, que no diré cual es, pronto sabrás a qué me refiero ;)* *AKAmart: JAJAJAJAJ Creo que sí hay muuucha tensión aun entre Draco y Hermione que es demasiado palpable, aunque no sé si para bien o para mal xD Pronto descubriremos lo que tanto deseas saber ;)* *LluviaDeOro: Creo que es una historia que narra con mucho detalle cualquier acontecimiento y los que son crudos, sádicos y como dices, morbosos, te hacen sentirlo en carne propia, creo que es la magia de este fic. Creo que Amarov es de los peores torturadores psicológicos que he tenido el placer de leer por estos lares xD* *AliceMlfy: JAJAJJ Normal que te ponga vengativa el fic, es que ni en las ultimas Amarov puede mantener el maltrato psicológico a la persona a la que "ama", el perfil clásico de un psicópata...* *Carmen: sí esos dos juntos tienen más peligro que una caja de bombas... xD* *Monsther Malfoy: ¡Bienvenida! Siempre es un placer leer a gente nueva. Sé que la historia es buenísima, pero también sé que la temática no es algo que le llame a mucha gente, lo cual es una lástima porque creo que es una de los fics Dramiones mejores escritos que hay... ¡Muchas gracias!*

¡Besazos zombificados!