Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 56 – Stay (Quédate)

– ¿Harry? – dijo Ginny, con la voz amortiguada por la almohada.

– Harry.

¡Harry!

– Sí. ¿Qué?

– Hay alguien en la puerta.

– ¿Qué?

– Hay alguien golpeando la puerta.

– Es muy temprano. – gimoteó Harry – A penas hemos estado en la cama.

Ginny gruñó en acuerdo, pero sin embargo empujó al amor de su vida.

– Abre la puerta. Parece urgente.

Con un suspiro, Harry se incorporó hasta sentarse, buscó a tientas las gafas sobre la mesita, se las puso y entonces se dirigió a la entrada del camarote. Abrió la puerta, entrecerrando los ojos ante el resplandor de las luces del pasillo. Para sorpresa de Harry, Draco Malfoy estaba parado frente a él, como si se hubiera vestido apresuradamente. Tenía el jersey del revés y las botas desatadas. No obstante, la parte más alarmante era el hecho de que estaba sosteniendo a un inconsciente Alexander Amarov como una muñeca de trapo, por la parte trasera de la camisa del hombre…

El nivel de alerta de Harry pasó de cero a cien en un segundo.

– ¿Qué pasa?

– Dame tu varita. – la calidad de la petición de Draco le dio a Harry la clara impresión de que este podría haberle arrebatado la varita directamente de la mano si la hubiera estado sosteniendo en ese momento.

– ¿Qué está pasando? – exigió saber Harry, aunque sabía que probablemente había una sola cosa en el mundo en ese instante que pudiera hacer que Malfoy pareciera estar tan enloquecido – ¿Dónde está Hermione?

– Está en la enfermería intentando infectarse con el virus. Dame tu jodida varita.

Se escuchó un suave jadeo. Las luces del camarote se encendieron. Harry se dio cuenta de que ahora Ginny se había posicionado junto a él. Se alegró por ello, ya que había apoyado una de sus pequeñas manos en su brazo.

– Por Merlín, ¿estás seguro? – preguntó ella.

– Estaré seguro una vez vaya hasta allí. – Draco miró a Harry con verdadera amenaza – Pero parece que me estoy retrasando.

Harry no estaba dispuesto a renunciar a su varita. Ya estaba buscando sus zapatillas deportivas, casi chocando con una silla de escritorio al intentar calzarse rápidamente.

– Voy contigo.

El endurecimiento de la mandíbula de Draco fue toda la emoción que mostró. Pero no dijo nada más.

– ¿Qué hay de él? – preguntó Harry, señalando con la cabeza al inconsciente Amarov – ¿Qué tiene que ver con esto?

– Vino a decirme lo que planeaba hacer Granger. – y antes de que nadie pudiera procesar ese sorprendente detalle, Draco dejó caer a Amarov a los pies de Ginny – Después de vigilarlo a él, ¿podrás ir a ver a Henry?

Ginny estaba claramente ansiosa por acompañar a los hombres a la enfermería, pero aceptó la petición sin dudarlo.

– Por supuesto. ¿Necesitas que te envíe a alguien más? ¿Belikov?

– Envía a todos. – dijo Draco. Y entonces extendió un brazo hacia Harry. No requería mayor aclaración. Harry agarraría el brazo de Draco y se Aparecerían directamente en la enfermería.

– ¡Espera! – advirtió Ginny – Deberíais saber que hoy le di a Hermione la varita de Ron… bueno, ayer, fue ayer…

– ¡No me lo dijiste! – exclamó Harry.

– ¡Te lo estoy diciendo ahora! – resopló Ginny – ¡Así que cuidado de Apareceros en mitad de cualquier cosa que pueda causaros una Despartición!


Cualquiera que dudara del talento y habilidad mágica de Hermione Granger obviamente nunca se había encontrado con una de sus barreras diseñadas a medida. Era esa misma habilidad la que había permitido a Grimmauld Place mantenerse en pie tanto tiempo. Mientras trabajaba en el Ministerio, era frecuentemente asediada por empresas privadas de seguridad mágica, ansiosas por vender costosas y modernas protecciones a sus clientes. Afortunadamente para Scrimgeour, Hermione no era de las que se dejaban llevar por los galeones. Para ella, la investigación lo era todo. Sus motivos no eran completamente altruistas. Realmente disfrutaba de su trabajo.

Harry no quería correr riesgos con la Despartición, por lo que procuró no aparecerse directamente en la enfermería. Ambos hombres se Aparecieron justo en el exterior de las puertas. Incluso así, podían sentir la fuerza de las barreras, dando la impresión de que las paredes de la enfermería se inclinaban hacia afuera.

Draco fue el primero en entrar, pasando junto a la cama vacía de Amarov, dirigiéndose directamente a la celda de cristal al otro extremo de la estancia. Harry lo seguía. Ambos se sorprendieron de poder acercarse al cristal. Sin embargo, tocarlo era imposible. Cualquier intento de hacerlo daba como resultado que fueran empujados, más bien repelidos como los imanes. Era muy posible mantener barreras tan potentes en un espacio tan pequeño como la celda, aunque serían temporales sin un constante mantenimiento. Harry no sabía que pensar del hecho de que Hermione pudiera haber estado planeando esto desde hacía un tiempo.

En el interior del cubículo, Hermione había creado una pequeña cama para ella. Había unas mantas en el suelo y era ahí donde estaba en ese momento. En otra parte de la celda había un escritorio, una silla y varias piezas de equipo de laboratorio.

– ¿Qué diablos estás haciendo? – exigió saber Draco. Harry pensó que la fría ira de su voz podría haber sido suficiente para marchitar las barreras.

Hermione se incorporó en mitad de las mantas, ligeramente boquiabierta. Soltó un quejido cuando los vio.

– ¿Por qué no podías quedarte donde te dejé? – le dijo a Malfoy.

– ¿Es por… ha sido por eso lo… de antes? – dijo, entrecerrando sus plateados ojos.

Los ojos de Harry se abrieron como platos. Nunca antes había escuchado a Draco titubeando tanto al hablar.

– Me querías fuera de servicio. – espetó Draco, en tono acusador.

Harry vio el rubor manchando las mejillas de Hermione.

– Dios, Malfoy. No todo tiene que ver contigo. Simplemente yo… – evitó los ojos de Harry, suspirando – Sólo quería un respiro. Algo que aliviara esa frialdad entre nosotros. – su expresión se endureció – Claramente, no funcionó. Como de costumbre, eres tan locuaz como un monolito e igual de obtuso.

– Hermione… – comenzó Harry.

– No te metas en esto, Harry. – espetó ella.

– ¡Como diablos no voy a meterme en esto! ¡¿Vas a decirme que estás haciendo en esa maldita celda?! ¿Y por qué Amarov casi muere intentando avisar a Malfoy?

– ¿Que Amarov hizo qué? – preguntó Hermione, poniéndose en pie. Intentó mirar por encima de las pantallas al otro lado de la habitación, pero no pudo ver nada – ¿Se escapó y fue a decirte que estaba aquí?

Fue Draco quien respondió.

– Sí. Weasley lo está vigilando y a Henry.

– Se supone que tenías que estar ocupándote de Henry hasta el mediodía. – lo amonestó Hermione.

Draco dio un paso adelante, deteniéndose a solo unos centímetros del punto donde empezaba el efecto de la barrera repelente.

– Lo estaría, – respondió con una sedosa y siniestra voz – pero parece que estoy a mitad de camino de frustrar el estúpido intento de suicidio de su madre adoptiva.

– ¡No estoy intentando suicidarme! – soltó un gruñido para expresar su frustración – ¿Crees que disfruto planeando cosas a las espaldas de todos? ¡Si os hubiera contado algo de lo que planeaba hacer, os habrías opuesto!

– ¿Puedes culparnos? – gritó Harry. Pateó el cristal, solo para ser expulsado hacia atrás por las barreras. Furioso, intentó varios hechizos para romperlas. Para consternación de Hermione, Draco comenzó a ofrecerle sugerencias; algunas de las cuales Harry nunca había oído hablar. Los primeros no hicieron nada, la siguiente tanda fracasó literalmente y el hechizo final logró que toda la estancia se estremeciera.

– ¡Vas a partir el barco por la mitad si sigues así! – siseó Hermione – Las barreras están temporizadas. En unas horas, la puerta se abrirá por sí sola. Sé paciente.

– ¡Y una mierda! ¡Sal de ahí ahora mismo! – rugió Harry.

Las puertas de la enfermería se abrieron de golpe. Draco no apartó los ojos de Hermione, pero Harry sí se volteó. Era Belikov y los miembros restantes del Proyecto Navidad. Obviamente Ginny los había informado. Sus expresiones iban desde la incredulidad hasta el horror.

Belikov fue el primero en acercarse a la celda.

– Hermione, – empezó, sonando tan dolorosamente suave que Harry se sintió como una bestia furiosa – ¿qué demonios estás haciendo ahí?

Ella se pasó una mano por el cabello, con evidente exasperación.

– Esto no es lo que había planeado. Se suponía que ninguno de vosotros debía saberlo al menos hasta unas horas más tarde…

Tenía razón, pensó Harry. Su ausencia en los laboratorios no habría provocado ninguna alarma hasta media mañana, probablemente.

– ¿Qué importancia tiene eso? – preguntó Belikov, frunciendo el ceño – ¿Qué pasará en unas horas?

Harry podía sentir a Malfoy prácticamente vibrando de rabia junto a él.

– ¿Qué has hecho? – preguntó éste.

Ella ignoró a Malfoy y miró a Belikov.

– Vadim, he dejado mis notas en la caja sobre la mesa. En ellas se explica todo.

Belikov recuperó rápidamente las notas y las extendió sobre una mesa. Los diversos miembros del Proyecto Navidad, con la notable excepción de Malfoy, se cernieron sobre ellas. Se escuchó una gran cantidad de páginas pasar y algunos murmullos.

Malfoy bajó la voz, pero no tanto como para que Harry no lo oyera.

– Quiero que me digas lo que estás haciendo. Creo que me merezco eso al menos.

La fachada de confianza de Hermione vaciló levemente.

– Draco, mira. Esta es la peor manera posible de que lo descubras, y por favor, créeme que nunca lo quise así. Pero no podía decírtelo. Tienes que confiar en mí.

– Lo estoy intentando. – siseó, pareciendo desconcertado – Tú…

Estás embarazada. – fue Belikov quien lo anunció. Sostenía sus notas y la miraba fijamente, claramente afligido – Oh, mi querida niña…

¿Qué? – exclamó Harry. Se volvió hacia Hermione, aturdido – ¡¿Estás embarazada?!

– ¿Ya te has Infectado? – fue Malfoy quien formuló la pregunta. La planteó casi casualmente, en un tono tranquilo, ligeramente inquisitivo. El silencio que procedió fue insoportable para todos en la sala.

La respuesta de Hermione parecía estar dirigida directamente a Draco.

– Sí. – susurró – Lo hice usando la sangre de Amarov. Lo siento mucho. – sus ojos se anegaron de lágrimas – Por favor, sólo escúchame…

Malfoy se giró sobre sus talones y salió de la enfermería. Las puertas se cerraron con un fuerte golpe detrás de él. Hermione soltó un leve y angustioso sonido, amortiguándolo con el puño.

– ¿Es de él? – preguntó Harry.

La fulminante mirada que Hermione le dedicó era una que había ido perfeccionado desde que tenía once años.

Harry, mientras tanto, parecía que estaba a punto de vomitar.

– No entiendo lo que está pasando…

Wallen estaba pálido, pero sereno mientras seguía revisando las notas de Hermione.

– Se ha Infectado porque está embarazada.

– ¡Eso realmente no me ayuda a entenderlo! – espetó Harry. Estaba tan abrumado que Kate McAllister se acercó a él y lo rodeó con un brazo.

– Hay precedentes para eso, en la Medimagia. – explicó Wallen. Miró a Hermione – ¿Puedo?

Ella le dedicó una lagrimosa sonrisa.

– Por supuesto. Puede que parezca menos descabellado viniendo de ti.

Wallen dejó una pausa para reunir la información en su propia mente.

– Antes de que los hechizos de sanación se formularan y enseñaran a los practicantes de Medimagia, la esencia de un hechizo tenía que existir en primer lugar, antes de que el encantamiento pudiera ser creado, dominado y luego repetido por otros.

– ¿La esencia? – repitió McAlister – ¿Qué quieres decir?

Wallen adaptó la explicación en beneficio de los muggles de la sala.

– A veces, los orígenes de un hechizo pueden ser tan simples como un pensamiento, una acción, un sentimiento. A veces es un objeto o una sustancia. Puede ser sangre, por ejemplo. La magia de sangre es poderosa. Los primeros Sanadores fueron conocidos por infectar deliberadamente a una bruja embarazada con una enfermedad, y si sobrevivía, la inmunidad resultante que residía en la madre era diez veces más fuerte que cualquier otra cosa que un experto en encantamientos pudiera crear, porque la esencia de ese hechizo era una pequeña cantidad de sangre materna. Excepto un sacrificio mortal de sangre, si es por voluntad propia, no hay nada más potente.

– ¿Estás hablando de inmunidad compartida entre madre y feto? – intervino Kate McAlister – ¿Cómo nos ayuda eso aquí y ahora? Si Hermione está Infectada, eso la hace igual que cualquier otro sujeto de pruebas. ¿Por qué estando embarazada marca una diferencia crucial?

– Hogo. – dijo el profesor Yoshida, casi tan silenciosamente que nadie lo escuchó – En Japón, decimos que hogo es de madre a bebé… a madre.

– ¿Pero cómo nos ayuda eso con la cura? – presionó McAlister.

Le tomó un momento a Yoshida llegar a la traducción correcta.

– Protección.

Wallen asintió, sosteniendo las notas de Hermione.

– Todo está aquí. Está utilizando el microquimerismo.

– La investigación sobre el microquimerismo todavía es muy nueva. – dijo Belikov preocupado.

– Tal vez en el mundo muggle. – reconoció Wallen – En la medimagia, es parte integrante de la biología prenatal. Hermione se infectó y, al hacerlo, infectó al feto. ¿El bebé es mágico, supongo? – lanzó una mirada ligeramente avergonzada a Hermione.

– Sí. – respondió ella, al mismo tiempo que entrecerraba los ojos hacia Harry.

Harry estaba mirando los rostros cada vez más calmados a su alrededor como si la locura fuera contagiosa.

– ¿Y si el bebé es Squib?

– ¿Qué es un Squib? – preguntó Belikov.

– Un niño no-mágico nacido de padres mágicos. – respondió Wallen – Es hereditario entre las familias de magos y más prevalente ente los Sangre Pura. Es poco probable, pero no imposible.

Harry acercó una silla a la celda y se sentó pesadamente.

– ¿Y ahora qué? – le preguntó a Hermione.

– Esperaré unas tres horas, que es más allá del límite donde se puede administrar el ReGen.

– ¿Ni siquiera te has suministrado el ReGen? – preguntó Harry incrédulo.

– No, el virus tiene que tomarme. Tomarme apropiadamente. Y en ese momento, me administraré nuestro suero. Y si funciona, como cualquier otro sujeto de pruebas saludable, seré inmune a la enfermedad.

– ¿Y qué papel juega el concepto de hogo?

– Cuando el suero haga efecto en mí, también lo hará para el feto. El feto pasará las células microquiméricas a mi torrente sanguíneo. Estás son como ninguna otra célula del cuerpo. Podemos cosecharlas.

– ¿Son como células madre? – preguntó Belikov.

Wallen asintió.

– Y dentro de esas células no sólo habrá un tratamiento probado, sino una cura sobrealimentada que se ha demostrado que funciona en un sujeto de pruebas que es tanto muggle como mágico y que tiene un hijo que es mitad Sangre Pura. – miró a Hermione – Todas las bases estarán cubiertas. Y si funciona…

Cuando funcione, – lo corrigió Hermione – será un oportuno milagro.

Belikov todavía parecía escéptico.

– ¿Cómo propones entregar ese "oportuno milagro" a los estadounidenses? Tenemos cuarenta y ocho horas antes de que caigan las bombas. La flota ya está a salvo en aguas internacionales.

– Malfoy y yo trajimos un Traslador de su casa. Se llama el espejo de Chavín. Básicamente, un Traslador abre un portal a otro lugar. Generalmente, se trata de una ubicación fija predeterminada. Pero este Traslador en particular permite un solo viaje a cualquier ubicación.

– ¿Te refieres al Senado Mágico en Washington? – conjeturó Harry.

– Sí. No hay tiempo para extraerme el suero y todavía no tenemos forma de comunicarnos con los estadounidenses. Así que iré hasta ellos y podrán sintetizarlo. Iré a ver a la Secretaria Beaumont directamente. El agente Richards está familiarizado con la ubicación, por lo que puede dirigir el Traslador.

– Dios mío. – dijo Harry, con la cabeza entre las manos – ¿Por qué no nos lo dijiste a ninguno?

– Me habrías encerrado en mi camarote hasta que recobrara el sentido. Dime que me equivoco.

Se dio cuenta de que no podía.

– ¿Si Ginny estuviera en mi lugar, – propuso Hermione – la hubieras dejado hacerlo?

La respuesta de Harry fue instantánea.

– No.

La expresión de Hermione se endureció. Miró a los demás.

– Aceptadlo, ninguno de vosotros lo habría permitido.

Belikov arrojó una carpeta de notas sobre la mesa. Parecía que había envejecido diez años.

– ¡Sí, con una buena razón!

– Funcionará, Vadim. – le aseguró Hermione – Si no confías en mí, confía en el suero que hemos creado. Estaré bien y, al final, habrá valido la pena.

– Funcionará. – Wallen se hizo eco. Miró alrededor de la sala – Llegados a este punto, lo único que podemos hacer es darle al plan la oportunidad de tener éxito.

Kate McAlister suspiró.

– De acuerdo, Hermione. Ahora que lo sabemos, ¿hay algo que quisieras que hagamos?

Ahora parecía mucho menos segura de sí misma, pero habló de todos modos.

– ¿Podría… ¿alguien puede ir a buscar a Draco, por favor?


El agente Richards no era bueno tomando órdenes, lo cual era irónico para un ex soldado.

Le habían dicho que "se lo tomara con calma", "que reposara en cama", que "dejara de hacer llorar a las mujeres" y demás cosas condescendientes que se le decían a los ancianos y/o enfermos. Puede que hubiera estando evitando la jubilación esos últimos años, pero se sentiría condenado si se sentara a observar como Londres ardía y las Islas Británicas se volvían inhabitables por las lluvias radioactivas.

Se había encariñado bastante con los ingleses, como demostraba el hecho de que incluso podía pensar en la frase "encariñado bastante". Habían sido una influencia positiva en sus modales y gramática. También eran muy valientes, incluso si conseguir que aceptaran algo era como intentar ponerle calcetines a un gallo.

Mientras que las heridas del hombro, la pierna y el pecho de Richards se curarían, el daño a largo plazo era otro asunto. La rigidez en los tendones y los desgarrones musculares le llevaban más tiempo de curación, debido a su edad. Humillantemente, le habían dado un bastón para caminar. En general, lo usaba para intimidar.

El profesor Belikov había logrado encontrar algún tipo de fisioterapeuta entre los residentes muggles que envió al barco principal para que lo atizara. No quería insinuar que la aptitud de la dama fuera patética, pero, ¿cómo podías sentirte mejor si te flexionaban y estiraban mientras estás boca abajo? ¡Mejor sujetar un arma y volver al ruedo! Esa sí sería una terapia más útil.

Las cosas estaban serias en ese momento.

Hermione Granger se había atrincherado en la enfermería del barco y se había ofrecido voluntaria para ser la rata de laboratorio más importante de la humanidad. Richards tenía algunas cosas que decir sobre esa estúpida valentía, algunas de ellas a la propia Hermione, pero su presencia y experiencia no eran necesarias por el momento. Todo eso era para los cerebritos. Prevalecerían y, si Granger no tenía nada que decir al respecto, lo harían.

Potter había mencionado que estaba buscando a Malfoy. Aparentemente, su Mortífago residente no había recibido muy bien las noticias. Richards fue casi comprensivo. Después de todo, en un solo mes, Malfoy había pasado de estar libre de ataduras a ser padre de un niño (y tal vez, pronto de dos). Potter le había dicho, que no estaba en ninguno de los lugares habituales del barco. Potter no estaba en el mejor estado de ánimo, probablemente por eso no pensó en buscar en la sala donde guardaban el alijo de armas del barco principal.

Literalmente, Richards se encontró con Draco cuando el más joven salía de la habitación, con una bolsa en mano.

– Más despacio, hijo.

El saludo podría haber sido neutral, pero Richards, de hecho, agarró a Draco por la parte delantera del abrigo, estrellándolo contra la pared del pasillo. Como era de esperar, iba vestido para el exterior.

– ¿Y a dónde cojones crees que vas?

Draco se enderezó, aunque estaba extrañamente pasivo. La expresión de su rostro, por la breve ojeada que Richards le lanzó, casi lo estremeció. No había fuego en sus ojos. Ni siquiera sostenía la bolsa de armas con gran esfuerzo. La correa colgaba ante su flojo agarre.

– Sal de mi camino.

– Creo que eres tú el que tiene que salir de su propio camino.

Draco intentó pasar de nuevo, pero Richards lo atrapó por el abdomen con el bastón y lo empujó contra la pared.

– Hablemos.

– No tengo nada que decirte.

Richards fulminó al joven, larga y duramente. Y entonces, dijo:

– Eres de los de mucho ruido y pocas nueces. – ahora fue el turno de Malfoy para fulminarlo – Mucho ladrar y poco morder. No tienes…

– Aunque aprecio tus coloridos y rústicos modismos, si no me sueltas, tendré que golpearte.

Richards lo soltó, aunque no lo dejó pasar.

– Eres un cobarde. – predeciblemente, eso no tuvo ningún efecto en él. Intentó enfocarlo de otra manera – ¿Te interesaría saber que lo que está pasando ahora es en parte culpa mía?

En ese momento, Draco al menos parecía ligeramente curioso, lo cual era una mejora en esos ojos muertos.

– ¿Tu culpa?

– Te contaré un pequeño secreto. Algo que solo fue entre Granger y yo. Pero no lo haré de pie. – Richards se dirigió cojeando a la sala de armas y gruñó resignado ante la cerradura rota – Alguien tendrá que arreglar eso. – murmuró. Abrió la puerta, entró y se giró – ¿Vienes?

Por un momento, dio la impresión de que Draco simplemente se iría. Se quedó parado, en conflicto, pensando. Pero, entonces, aparentemente decidido, se unió a Richards en el interior de la habitación. La pesada bolsa que probablemente contenía munición extra, cayó al suelo.

Richards encontró una silla, visiblemente agradecido por ello. Se sentó pesadamente, apoyó la pierna herida en una caja y observó al bloque de hielo con un mal corte de pelo caminar hasta situarse frente a él. Se preguntó si tal vez Potter habría hecho mejor esto, pero entonces decidió que el encuentro probablemente habría terminado con alguna nariz rota.

– Regresemos a Grimmauld Place, justo antes de la misión a Welwyn, le dije algo a Granger… algo que no le gustó mucho.

Draco esperó a escuchar el resto.

– Básicamente le dije que te sedujera.

Ni un musculo se movió en su pálido rostro. Ni siquiera un parpadeo.

– Puedo ver la utilidad de eso. – dijo Draco, con un sofisticado acento.

Richards colocó el bastón sobre su regazo y golpeó con los dedos la pulida madera.

– Por supuesto que puedes. Granger no lo hizo. Me dijo que me fuera a la mierda. – informó con un bufido – Tú no piensas como ella, por eso propuse la idea en primer lugar. En tu desordenada cabeza, la lealtad, la familia y las relaciones son cosas que te debilitan, te ablandan y que tienen felicidad de dañarte. Y entiendo que creciste con un capullo como padre y un legado familiar basado en la sangre, el oro y elegir el camino equivocado cada maldita vez. También entiendo que has tenido que sobrevivir en lugares bastante horribles… – Richards bajó la voz mientras suavizaba la mirada – haciendo cosas bastante horribles.

Vaya, mira eso, pensó Richards, con satisfacción. El hijo de puta no pudo sostenerle la mirada. Esa era la primera vez.

– Basta decir que Hermione Granger no se parece en nada a ti.

– Sí. – Draco estaba de acuerdo. Miraba el suelo con el ceño fruncido. Uno de sus músculos se crispó en su apretada mandíbula.

– Sé lo que es tener algo que es casi demasiado bueno para ser verdad, después de lo que se siente como una vida entera viviendo en la oscuridad. Después de tener que estar solo y ser cauteloso durante tanto tiempo. Es como dejar entrar el sol. Es como ir a dormir porque tú lo eliges, y no por estar tan cansado, que crees que el cansancio podría matarte… y si lo hiciera, es posible que no te importara porque nadie podría lastimarte cuando ya estás muerto. – Richards inclinó la silla hacia adelante – Verás, hijo, quería que ella te contagiara de esperanza, porque cuando te conocí, no tenías ninguna. La esperanza es poderosa. Los buenos manipuladores la usan como herramienta. La usamos durante los interrogatorios constantemente. La esperanza puede poner en duda el corazón de los fanáticos y puede debilitar a los hombres más fuertes, porque los hace atreverse a que les importe algo.

Draco estaba temblando en ese momento. Sus manos enguantadas en negro estaban cerradas en puños a sus costados. Su garganta se movía.

– Lo hizo. Ella hizo que te importara. – finalizó Richards.

– ¿Qué quieres de mí? – preguntó Draco, con la voz quebrada. Finalmente, levantó sus húmedos y plateados ojos para mirar a Richards – He hecho todo lo que tu gente ha necesitado que hiciera. Intenté protegerte de la ira de Amarov al irme con Honoria, pero enviaste un equipo directamente a él. Salvé a los que pude después de eso. Liberé la flota. Tienes mi fórmula… – una lagrima resbaló por su mejilla – ¿Qué más quieres? – preguntó con una voz tan suave y agónica que Richards suspiró.

– Nada, hijo. – Richards se puso en pie y se acercó. Alargó una mano para posarla sobre su hombro, pero Malfoy se apartó – No se trata de lo que yo quiero, sino de lo que puedes tener. No puedes irte, porque si lo haces, será el caso de autosabotaje más jodido que haya visto en mi vida.

Más lágrimas cayeron. Draco se las limpió violentamente con el dorso de la mano.

– No puedo quedarme aquí.

– ¿Por qué? – exigió Richards.

Draco retrocedió hasta sentir la pared detrás de él. Era lo más que podía alejarse de Richards sin salir de la habitación. Sacudió la cabeza. Su respiración era irregular.

– Todo está mal. No soy lo que ellos necesitan…

– ¿Quién? ¿Granger y el hijo de Zabini? ¿Tu hijo? – Richards suspiró – Eres exactamente lo que necesitan. Ahora tienes una familia. Tienes que volver a casa con ellos. ¿Sabes cuanta gente mataría por tener lo que tú tienes? Puedes ver crecer a tus hijos y lograr hacerlo mejor que tu padre. Aunque creo que eso es poner el listón un poco bajo…

Draco sacudió de nuevo la cabeza. Richards nunca había visto un miedo tan crudo y expuesto en la cara de Draco.

– No puedo verla morir.

– Por lo que ella dice, no tendrás que hacerlo. Sus métodos pueden ser desagradables, pero ha pensado bien este plan. No quiere matarse. Ni a tu bebé.

Draco se giró, se pasó la mano por la nariz, llevándose más lágrimas.

– No sabes nada al respecto.

– ¿Hablas en serio? – respondió Richards, soltando una verdadera carcajada – ¡Ambos sois el mayor cliché de la historia! No sé qué es más triste. Tu falta de fe en ella o el hecho de que la chica anticipara todo lo que estás haciendo y pensando en este momento y que aun así tuviera las pelotas para llevarlo a cabo. – Richards agarró en un puño la chaqueta de invierno de Draco, sacudiéndolo como si eso fuese a sembrar la comprensión. – Quédate.

Draco lo empujó, débilmente.

– No…

– Quédate.

Draco lo volvió a empujar.

– Suéltame. – dijo, con la voz rota.

La amas.

Fue como ver la demolición de un edificio. Draco se alejó tambaleándose de Richards, sosteniendo el antebrazo ante él como si eso pudiera protegerlo de las palabras y la razón. Y entonces, pareció derrumbarse sobre sí mismo. Se deslizó hasta el suelo, acercándose las rodillas al pecho y dejando caer la cabeza sobre sus brazos cruzados. Así, empezó a temblar, soltando agonizantes sollozos mientras sus hombros se sacudían.

Richards suspiró. Tendría que tirarse al suelo también, supuso. De una manera poco grácil, lentamente bajó una rodilla y luego la otra, antes de finalmente sentarse en el suelo.

– Suéltalo, hijo. Suéltalo. Ya era hora.

Draco levantó la cabeza, la expresión de su cara surcada de lágrimas era de absoluta desolación. Cuando habló, su voz era ronca y desesperada.

– La amo… tanto que no sé qué hacer. La amo de tal manera que ni siquiera puedo pensar. He visto lo que le hizo a mi padre, a Zabini. No puedo mantener a Hermione a salvo. Cuanto más lo intento, más me doy cuenta de que es… imposible.

– Hijo, ahora escúchame. – gruñó Richards – No eres tu padre. Amar a alguien no significa controlarlo y encerrarlo porque así pienses que las peores cosas del mundo no pueden alcanzarlo. Eso no es amor verdadero, esa es otra de esas cosas malas que no querrías para Hermione. Amar a alguien es estar ahí para él y enfrentar esas cosas difíciles juntos.

El joven mago inclinó la cabeza a un lado y le dedicó a Richards una de sus penetrantes y escrutadoras miradas. Siempre era desconcertante para el destinatario.

– ¿Alguna vez has tenido una persona así en tu vida? ¿Una esposa?

Richards asintió.

– Sí que la tuve. Me dio dos hermosas niñas que eran casi tan descardas como su madre.

– Está muerta, ¿verdad?

Honestamente, Richards no podía entender lo que una chica inteligente como Granger había visto en este chico.

– Sí, Malfoy, está muerta.

Draco se quedó pensativo.

– Te culpas a ti mismo.

– Claro que sí, pero eso no significa que lamente un solo momento de los veintiséis años que pasamos juntos. Con la persona adecuada, todos los días son un regalo.

Se quedaron sentados en silencio. La pierna de Richards había comenzado a palpitar cuando Draco finalmente se incorporó y, con su gracia habitual, se puso en pie de un fluido movimiento. Si se marchara en ese momento, Richards tendría que dejarlo ir, y no solo porque sus articulaciones parecían estar fijadas en el lugar.

Draco se paró frente a él por un momento, con una expresión cincelada en piedra. La única indicación de cualquier anterior emoción eran sus ojos enrojecidos e hinchados. Le tendió una mano a Richards y lo ayudó a ponerse en pie.


Antes que nada, espero que la parte donde Hermione explica lo que ha hecho haya quedado clara y bien traducida, he de decir que no fue fácil... (decídmelo si no es así) Y no, no está loca (bueno, un poco sí, pero creo que confía ciegamente en la fórmula que creó Draco para contrarrestar el virus) xD Y ahora sí, Draco se ha roto... ¡AL FIN! No recuerdo haber leído a un Draco tan destrozado emocionalmente en ningún fic, creo que lloré con él casi igual que con la muerte de mi amado Blaise... Pero parece que el Vaquero lo ha conseguido, Draco ha admitido sus sentimientos y ha soltado todo lo que llevaba dentro, le ha costado al chico xD

¿Qué creéis que va a hacer ahora? ¿Qué os parece el plan que Hermione llevaba semanas planeando? ¿Funcionará?

Espero poder actualizar antes del miércoles.

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Carmen-114* *Zharytha* *selene lizt* *Doristarazona: Nop, por una vez Amarov no tiene nada que ver con el asunto, aunque se nota que el Otro esta tomando el relevo* *johannna* *AliceMlfy* *Loonydraconian* *And-18* *guiguita: Pues sí, la razón de infectarse es por estar embarazada, sino no habría servido de nada... ¿fascinante no?* *Sally Elizabeth. HR* *SALESIA: De verdad que me fascina como casi siempre das en el clavo y todas tus teorías se hacen realidad. Aunque espero que haya algo que te sorprenda ;) Al menos Draco ha admitido sus sentimientos, es un paso no? xD* *Carmen* *mariapotter2002* *Mantara: El amor casi nunca tiene razones...* *joss-12* *marfelton* *Guest: JAJAJAJjajAJAAA no sé en qué idioma Kiska significa coño, pero Draco lo dice en Ruso y allí es un apodo cariñoso, como sería cielo, cariño y tal, aunque no tiene una traducción literal... y no veo a Malfoy diciendo ese tipo de cosas, por eso creo que utiliza el Ruso, suena más sutil xD*

¡Besos zombificados!

PD: La conmoción generalizada por el capítulo anterior me pareció deliciosa. ¡Me relamo leyendo vuestros comentarios!