Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 59 – Journey (Viaje)
De todos los lugares posibles, habían instalado el Espejo de Chavín en el antiguo camarote de Amarov. Harry abrió la puerta y pasó delante de ellos, pero Draco se detuvo más allá del umbral con Hermione. Ella se paró en seco frente a él. No era necesario ser un genio para entender por qué.
– No pasa nada. – dijo Draco, sosteniendo sus pequeños brazos con las manos – Amarov ya no vive aquí. Belikov lo tiene en la enfermería femenina por el momento.
– Lo sé. – Hermione asintió de una manera ligeramente brusca – Además, no fue aquí… donde sucedió lo peor. Pero probablemente pasé la mayor parte de mi tiempo en esta habitación cuando jugaba a ser una invitada.
– Si te ayuda, Belikov me ha dicho que este camarote se convertirá en una guardería infantil para la flota en las próximas semanas.
Bebés. Infantes. Pañales. Risas. Color. Los niños limpiarían los malos recuerdos de esa habitación. Sí, eso la ayudaba, aunque no tenía ningún apremiante deseo de pensar en niños en ese momento…
– ¿Hermione? – preguntó Harry, desde el interior. Su oscura expresión indicaba que había malinterpretado su vacilación – No tienes que hacer esto, ¿lo sabes?
– Lo sé. No tengo que hacerlo; quiero hacerlo. – dijo, intentando calmarlo. Infructuosamente. Harry albergaba la misma expresión que Draco, reciclada desde el día anterior. Finalmente entró en la habitación y miró a su alrededor. Ahora era diferente.
Las habitaciones del camarote de Amarov estaban completamente libres de mobiliario, a excepción de la mesa del comedor donde ordenaba a los capitanes de la flota a reunirse con él todas las noches. Ciertamente había suficiente espacio en la estancia para que una multitud fuera a despedirse de ella. Aunque con los trasladores, el espacio nunca había sido un requisito previo. Ese era el propósito de ellos. Pero tal como estaban las cosas, solo estaban Richards, Harry, Draco y Rufus Scrimgeour.
– Señor. – dijo, prescindiendo de las formalidades y dando un abrazo al Ministro de Magia. Apenas se habían cruzado desde que él y los demás refugiados de Taransay se habían unido a la flota. Ahora servía en el consejo de la flota, representando a los residentes mágicos. Su antiguo jefe parecía mayor, se sentía pequeño y frágil entre sus brazos.
– Señorita Granger. – dijo, con su familiar y adusta voz. Siempre daba la impresión de que estaba a punto de regañarte por hacer algo malo. Aunque para ser justos, en el caso de Hermione y Harry, probablemente se lo merecían la mayor parte del tiempo – ¿Estás bien?
Fue Harry quien respondió.
– Por supuesto que no lo está. ¡Mírala!
Hermione le lanzó una mirada sofocada a Harry antes de ir a saludar al Vaquero.
– Buenos días, Richards.
– ¿Qué? ¿Yo no tengo abrazo?
Ella lo abrazó con bastón y todo. Cuando se apartó, dirigió una penetrante mirada a los hombres presentes.
– Estoy bien y voy a hacerlo.
Para su alivio el Vaquero sonrió.
– Por supuesto que lo harás, puesto que ni el alto, meditabundo y rubio de aquí ha conseguido pararte.
– Gracias. – le dijo, complacida al menos de tener el voto de confianza de una persona. Le lanzó una mirada a Draco y, repentinamente, deseó no haberlo hecho. No tenía una postura hostil, pero su mirada era lacerante. Hermione, quería sostener su mano, pero le preocupaba que no la soltara cuando llegara el momento.
– Bien, vayamos al grano. – anunció Richards, agitando el bastón para enfatizar sus palabras.
Dejó una mochila sobre la mesa y procedió a vaciar el contenido reducido para enseñarle a Hermione lo que iba a llevarse con ella. Había ropa extra, una lona impermeable, un kit básico para hacer fuego, bengalas, comida, agua, un cuchillo y un botiquín de primeros auxilios con variedades mágicas y muggles. Hermione pensó que eso era una gran cantidad de equipo para campamentos, pero no cuestionó los motivos de Richards. No quería que la pillaran mal preparada. Richards le mostró una pequeña carpeta que contenía todas sus pertinentes notas de laboratorio, con una copia impresa. Había tres unidades de memoria USB, una de las cuales estaba unida a una delgada cadena de plata.
– Wallen y McAlister han trabajado toda la noche cargando esto. Todos son idénticos. Dos los mantendrás en la bolsa. El tercero lo llevaras tú todo el tiempo. – dejó el bastón y deslizó la cadena sobre la cabeza de Hermione. Metió el colgante debajo de los jerséis y la camiseta. Mientras tanto, Richards se puso a buscar en su bolsillo, sacando un sobre doblado y arrugado.
– ¿Qué es eso? – le preguntó Hermione.
– Una copia de mis órdenes originales del Proyecto Navidad, junto con mi número de placa y detalles de la sucursal. Si algún matón del Senado te causa problemas, úsalo. Agita esto como una bandera de paz, ¿me oyes? Suelta mi nombre como si estuviera pasado de moda. Cualquier miembro del Senado o personal militar de la zona, ya sea muggle o mágico, te ayudará.
También había dos armas de fuego y una caja extra de munición. Richards deslizó una de las armas en la bolsa y le entregó la otra. Hermione la reconoció como una Glock. Meses atrás, Richards había instruido personalmente a Draco y Alec Mercer en su correcto uso, antes de la desafortunada misión a Welwyn.
En la Mansión Malfoy, las alcoholizadas lecciones de Draco con el rifle habían resultado más… educativas. Y probablemente más efectivas. Nada ayudaba más que tu objetivo fuera un zombie en llamas atacándote. Hermione tomó el arma. No importaba cuantas veces hubiera sostenido una o hubiera tenido motivos para usar una, lo pesadas que eran siempre la sorprendía.
Richards la miró con los ojos entornados, con unas abiertas arrugas alrededor de las comisuras.
– ¿Te llevas bien con eso? Potter dice que dabas tiros decentes en casa de Malfoy.
Sí, se le daba bien. Después de todo, ese era un mundo demente donde las brujas necesitaban conocimientos básicos sobre como cargar y disparar un arma. Hermione extrajo el cargador y, entonces, echó hacia atrás la corredera para verificar si estaba cargada. Lo estaba. Abrió la corredera e insertó el cargador hasta volver a hacer clic en su lugar.
– Estaré bien.
Richards gruñó para expresar su satisfacción.
– Malfoy te dará la varita de Weasley. Las armas solo son el Plan B.
Ojalá hubiera tenido esa reunión informativa con Richards antes de que todos los demás llegaran al camarote. Harry no estaba manejando bien la situación. Fue a sacar la bolsa de la mesa, manteniéndola alejada de Hermione, como si eso la pudiera retener ahí.
– Harry…
– ¡Esto es una locura! ¿Ayer casi mueres y ahora te enviamos al otro lado del mundo?
Ella intentó arrebatarle la bolsa.
– Nadie me está enviando a ningún sitio. Me ofrecí voluntaria, ¿recuerdas?
Esa era una pobre sustitución de la conversación privada que realmente necesitaban, y de repente se le ocurrió que ni siquiera había pensado en Harry. En el pasado, cualquier conflicto emocional, profundo y significativo… bueno, generalmente siempre contaba con Ron o con Harry, si no con los dos. Pero Ron se fue y durante mucho tiempo, solo fueron Hermione y Harry. Ahora, efectivamente la posición de Harry había sido usurpada por Draco. Después de que todo eso terminara, Harry y ella tendrían que resolver lo que eso significara, en cuanto a que su relación amistosa avanzara.
Harry se inclinó acercándose, escupiendo fuego verde por los ojos.
– ¡Ambos sabemos que hay algunas situaciones que están tan jodidas que el voluntariado es una forma agradable de decir que alguien tiene que morir!
– ¿Lo sabes todo sobre eso, verdad? – preguntó Hermione, arqueando una ceja. No tenía intención de ser desagradable, pero tenía los nervios desgastados, además de un creciente dolor de cabeza y solo deseaba que Harry, por un minuto, le diera una fracción de la confianza que ella le brindaba con tanta frecuencia. Estaba cansada de luchar – ¿O solo tienes tú el derecho de huir y de hacer lo que te dé la gana?
– ¿Entonces estás de acuerdo en que es un plan estúpido?
Hermione cerró los ojos y presionó la palma de la mano contra su frente. No tenían tiempo para eso.
– A diferencia de ti, yo no hago planes estúpidos. No tengo intención de morir.
– ¡Tampoco Ron cuando le mordieron! – Harry se giró hacia Richards, dándose cuenta de que Hermione no le daría cuartel – ¿Sabes en qué estado estará la ciudad?
– Nop. – dijo Richards.
– ¿O cuantos miembros del Senado quedan?
– Nop.
Harry asintió con una sombría firmeza.
– ¿Hay jodidamente algo que sepas?
– Claro. Sé que no irá a ninguna parte cerca de la ciudad.
Eso era nuevo tanto para Harry como para Hermione.
– ¿Tienes otra ubicación para mí? – preguntó ella.
– Sí. Si Potter se calmara y se callara por un segundo, estaría encantado de dar más detalles.
Harry arrojó la bolsa de Hermione a la mesa.
– ¡No hay diferencia! Si alguien tiene que ir, ¡debería ser yo!
– Tienes razón. – dijo Draco, tan silenciosamente, que podría haber pasado por alto si sus palabras no hubieran destacado en contraste con su anterior silencio – Como has dicho, Potter. Deberías ir tú.
Hermione miró a Draco con desconcierto.
– Sí. – dijo Harry suspicazmente.
Pero Draco no había terminado.
– O mejor dicho, debería ir yo. Después de todo, podría ayudar a los estadounidenses a sintetizar el suero. ¿O tal vez debería ir Richards? Tiene la ventaja de conocer el terreno. ¿O quizás nuestro Ministro? Parece lo apropiado, dado que intenta salvar a sus constituyentes.
– ¿A dónde quieres ir a parar, Malfoy? – ladró Harry.
– La mayoría de nosotros ya hemos aceptado el hecho de que Hermione, literalmente, lleva la cura de esta plaga. Solo una persona puede atravesar el Traslador. Y solo una vez. Ergo, ella va, nosotros nos quedamos. Esa rabieta que te ha dado en el último minuto es una angustiosa pérdida de tiempo para la persona a la que, irónicamente, intentas ayudar.
Harry lanzó una rápida mirada a Hermione, quien se la devolvió, furiosa y triste a la vez.
– ¡Tú no quieres que se vaya, tanto o menos que yo! – le acusó Harry.
Draco realmente rio esa vez.
– Potter, tú, de entre todas las personas, deberías saber que la fuerza del deseo no siempre es suficiente. Incluso para nosotros, incluso para la magia.
– Harry, por favor, entiéndelo. – le suplicó Hermione.
Pero no podía. Le dedicó a Hermione una última mirada de desesperación teñida de traición antes de salir del camarote. Hermione intentó ir tras él, pero Draco la detuvo.
– Deja que se vaya.
Richards no se impresionó con la dramática salida de Harry.
– En unos minutos, se arrepentirá de no haber estado aquí.
– Vivirá. – dijo Draco – Acaba de informar a Hermione. Scrimgeour y yo instalaremos el Traslador.
Mientras Hermione hablaba con Richards, Draco arrastró el Espejo cerca de la mesa del comedor y se sentó. Scrimgeour se posicionó detrás de sus hombros.
– Lo calibraremos lo mejor que podamos. – explicó el Ministro – Es un artefacto singular, uno que tu padre podría haber usado con más frecuencia si hubiera considerado su potencial.
Draco le echó una breve mirada al hombre mayor.
– Para el Ministerio, potencial es un eufemismo de "herramienta". Potter tenía un tremendo potencial, escuché… además de ser una ejemplar herramienta.
Scrimgeour no se inmutó por la indirecta a Potter y la sugerencia, menos que caritativa, de que el Ministerio tenía intenciones mercenarias.
– Este espejo se puede utilizar para realizar un seguimiento del estado de la Infección a nivel mundial. Es útil. Durante el corto periodo de tiempo que ha estado aquí, he logrado ver todos los Ministerios y sitios de aliados extranjeros que he podido recordar. No solo te conecta a ubicaciones, sino a personas.
Draco se giró en su asiento.
– Entonces, ¿así es como encontraste la ubicación de la Secretaria Beaumont?
– Sí. – dijo Scrimgeour – Y no es ningún lugar en el que estaría normalmente… aunque si es un lugar en el que debería estar, porque es remoto y, por lo tanto, seguro. – había una pequeña nota de emoción en su voz.
– ¿Dónde está?
– En una cabaña en el Bosque Nacional White Mountain. Está aproximadamente a unas siete horas de vuelo en escoba desde la Capital.
– ¿Cómo sabes de ese lugar? – preguntó Draco, aunque la expresión de su rostro manifestaba que ya sospechaba el motivo.
– He estado allí antes, hace lo que parece una vida entera. – el Ministro miró a Barnaby Richards al otro lado de la habitación – El agente Richards conocía mi antigua… asociación con la secretaria Beaumont. No tuvo la suerte de encontrar una ubicación más adecuada a la que la señorita Granger pudiera viajar. Me trajo hasta el Traslador a última hora de la noche para que pudiera consultar un punto de salida idóneo. – Scrimgeour parecía preocupado ahora – No tengo ni idea de por qué la secretaria Beaumont está en la cabaña, no obstante, está allí. El Espejo solo nos enseña la parte exterior, lo que significa que el interior está protegido. Y la única persona que ha podido entrar para hacer eso es Rebecca.
Draco tocó el desgastado marco de madera del Espejo. La proximidad de su mano a la superficie de pulido latón hizo que el panel reflector ondulara. Las ondas inicialmente concéntricas comenzaron a seguir la dirección de la mano de Draco, como limaduras de hierro atraídas por un imán.
– ¿Supongo que has escuchado lo que mi padre intentó hacer en la Mansión? – preguntó Draco, casi casualmente.
– ¿La victimas para el sacrificio? – los labios ya inexistentes de Scrimgeour se encogieron aún más – Sí. Me lo dijeron.
– ¿Y estás algo familiarizado con la magia del Traslador?
El Ministro asintió.
– De mala gana, la verdad sea dicha. La ley establece que todos los Trasladores activos en Gran Bretaña se envíen al Ministerio para su inspección, registro y concesión de licencias. Se requiere mi firma en las solicitudes. He visto casi todos los tipos que hay.
– Por curiosidad, ¿cuántas personas habría necesitado mi padre para activar el Espejo sin varita?
– No soy experto en magia de sangre, ¿pero quieres la mejor estimación? – preguntó Scrimgeour.
Draco asintió.
– Cientos. La fuerza vital requerida para cargar un dispositivo como este de un solo viaje hubiera sido inmensa. No fue pensado como un medio práctico de viajar.
– Parece que mi querido y difunto padre estaba lejos del objetivo.
– Me atrevería a decir, – murmuró Scrimgeour – que ciertamente describe una imagen bastante sombría de cómo pudieron haber utilizado el Espejo en sus mejores días. No podemos reescribir esa oscura historia, pero podemos añadirle un nuevo y brillante capítulo.
– Parece que eso suele pasar a menudo. – Draco pasó una mano hacia adelante y atrás sobre el cristal del Espejo, observando como las ondas la perseguían y, ocasionalmente, temblaban, como si sintiera. El marco de deteriorada madera no era de un color uniforme. Había manchas más oscuras. Sangre, probablemente. Tanto antiguas como recientes – Pero algunas manchas no se desvanecen.
Scrimgeour le dedicó una evaluativa mirada.
– Ya estamos cerca del final. ¿Sigue interesándote el indulto Ministerial, joven? Yo diría que te lo has ganado.
Una pequeña sonrisa precedió a la respuesta de Draco.
– Se podría decir, ¿verdad? Porque sabes lo que no estaba en mi archivo; el papel que jugué para crear la Infección de Hendry Tan, bajo las órdenes de Voldemort. Un eficiente indulto significa menos preguntas sobre mi papel en la Infección y en la subsiguiente cura. Al Ministerio también le conviene que esa información nunca salga a la luz.
En ese momento, la mirada del Ministro perdió toda la calidez, aunque tampoco es que hubiera mucha cuando se trataba de Draco.
– Señor Malfoy, dado el estado en el que se encuentra el mundo, creo que hemos superado el momento de preocuparnos por cosas tales como la reputación.
– Tal vez, – le permitió Draco – pero mi experiencia me sugiere que una vez reanudada la normalidad, la gente reclamará sangre. Y, francamente, no tendrás la credibilidad para guiarlos o para indultar a nadie.
– Estás hablando de rendir cuentas. – conjeturó Scrimgeour – Tuyas y mías. ¿Qué es lo que quieres ahora, señor Malfoy?
Cualquier respuesta que Draco pudiera haber proporcionado fue interrumpida por Richards y Hermione acercándose a la mesa.
– ¿Estamos listos? – preguntó el Vaquero.
– Eso creo. – dijo el Ministro, todavía mirando fijamente a Draco.
– ¿Tú marcarás la ubicación? – le preguntó Hermione a Scrimgeour – Pensaba que Richards era la mejor opción al conocer la disposición del terreno, por así decirlo.
Ahora parecía que Richards se estaba divirtiendo.
– Sí. Yo también lo pensaba. Marqué todos los lugares en los que pude pensar. Direcciones oficiales del Departamento, oficinas, casas de seguridad, almacenes, instalaciones de entrenamiento… no había nada. Absolutamente nada. Estábamos empezando a pensar que el Senado había hecho las maletas y se habían mudado por completo. – cambió la dirección de su mirada hasta Scrimgeour – Pero entonces caí en la cuenta de que no buscábamos al Senado. Solo necesitábamos a la Acorazada.
– Esa es la Secretaria del Senado Mágico de los Estados Unidos, Rebecca Beaumont. – dijo Scrimgeour amablemente.
– Intenté rastrear a mi jefa, pero no dio resultado. – continuó Richards – No pude localizarla. O estaba muerta o en una zona protegida. Así que le pedí al Ministro que probara.
– ¿Y funcionó?
Scrimgeour parecía ligeramente afligido.
– La Secretaria Beaumont tiene una casa de vacaciones…
– Nido de amor. – intervino Richards.
– … en las montañas.
El Ministro se posicionó frente al Espejo y sostuvo la palma de la mano sobre la superficie reflectante. El cristal destelló. Una pequeña depresión se formó en el centro, como si una piedra hubiera caído en una piscina espesa y viscosa de latón fundido. Y entonces, se transformó en una imagen.
Hermione se inclinó para examinar la escena que ya era familiar para los dos hombres mayores de la habitación, por haberla invocado muchas veces en las horas previas. Bosque, nieve, árboles, arbustos, rocas, tierra. El suelo hacía bajada hacia el fondo, dando paso a un pequeño valle de montañas cubiertas de nieve, verdiblancas a la distancia. La luz que bañaba la escena parecía fresca, aún con el débil resplandor azul de un reciente amanecer. Era precioso.
– ¿Qué hora es allí? – preguntó Hermione.
– Vamos casi seis horas por delante, por lo que es justo después del amanecer. – dijo Richards.
Hermione comenzó a morderse el labio inferior con preocupación.
– ¿Podemos ver la cabaña en sí?
– Desafortunadamente no. – respondió Scrimgeour – La estructura parece estar protegida, lo cual es una buena señal. Significa que hay alguien en la casa. Alguien mágico.
Richards observó la pequeña extensión desértica presentada en la estrecha superficie del Espejo.
– Tiene buen aspecto hasta ahora. Las condiciones son estables. Muchos árboles y coberturas. La nieve parece manejable, aunque en algunas partes estará a la altura de las rodillas, así que vigila el paso. El Espejo solo nos muestra una visión de ochenta grados de lo que está directamente frente a la salida de portal. La cabaña debería estar detrás de ti cuando llegues.
– Eso nos deja doscientos ochenta grados en punto muerto. – señaló Draco – En términos periféricos…
– Es terra incognita. – finalizó Richards. Tampoco parecía estar contento por ello.
– Por lo que habéis podido ver, ¿alguien ha pasado por delante de ese punto? – preguntó Hermione.
Richards sacudió la cabeza.
– No ha habido movimiento alguno. Pero estate ojo avizor y ten el arma engrasada, por si las dudas.
Hermione sacó los guantes térmicos del bolsillo y se los puso.
– Estaré atenta tan pronto como lo atraviese, no te preocupes.
– Luchar contra zombies en el bosque será algo diferente que en la ciudad.
Intentó colocarse la mochila, pero se dio cuenta de que tenía que ajustar las correas para que se adaptara a su gruesa ropa.
– Me lo imagino.
– Es mejor, en realidad. – continuó Richards – Puedes perderlos rápido. Quédate quieta y agachada y pasaran de largo.
Draco se puso en pie y le tendió la varita de Ron a Hermione, quien la utilizó para lanzar un hechizo de aislamiento. Le siguió un hechizo impermeabilizante sobre toda su persona, centrándose especialmente en sus zapatos. Por último, deslizó la varita en una funda que colocó en sus pantalones. Se echó un breve vistazo en un espejo que había en la pared y pensó que parecía una intrépida exploradora de tierras salvajes. Sin embargo, meterse en el papel era un asunto completamente diferente.
– ¿Cómo de estable es la conexión del portal? – preguntó Hermione – ¿Creéis que podréis verme después de atravesarlo?
Fue Scrimgeour quien respondió.
– No lo sabremos con certeza hasta que lo probemos. En cuanto a la estabilidad, en este momento es sólida. – demostró sosteniendo una mano justo encima de la oscilante imagen del bosque – Compruébalo tú misma.
Hermione se quitó uno de los guantes y sostuvo la mano justo encima del panel reflectante.
– ¿Lo sientes?
Lo hizo, a pesar de que ya sabía lo que iba a experimentar. Tal como lo había sido en la Mansión Malfoy, la conexión a la imagen mostrada en la superficie era fuerte y sólida, a pesar de transmitirse a través de varios continentes. La magia del Traslador no era la manera más agradable de viajar. No llegabas, más bien caías. Y era imposible saber lo duro que iba a ser el viaje, usando un artefacto tan antiguo.
– La conexión es tan nítida como cualquier Traslador moderno. – aseguró Scrimgeour. Hermione sabía que era una especie de experto en ello, ya que había tenido que firmar personalmente cada Traslador que había en el Reino Unido.
– ¿Lo tienes todo? – rugió Richards.
Hermione abrió la mochila y después procedió a palparse a sí misma. La gruesa chaqueta con capucha era de un color púrpura oscuro, aislada por varias capas debajo. Se sentía como una berenjena hinchada.
– Sí, eso creo.
– Recuerda permanecer agachada y en silencio. Ve a la cabaña. Si la Secretaria no está allí por cualquier motivo, permanece en la zona. Crea tu propio refugio si es necesario. Tienes suficiente comida para un mes. En cualquier caso, iremos a por ti.
– ¿Vais a cruzar el Atlántico? – preguntó, incrédula.
– El consejo de la flota ha decidido está mañana que es el mejor curso de acción para reunirnos con nuestro aliados estadounidense. Independientemente del resultado de tu misión. La costa este es un lugar tan bueno como cualquier otro para permanecer con la flota. No queremos estar cerca de la lluvia de Europa occidental si esas bombas caen sobre Londres.
– ¿Cuánto tiempo os llevará?
– Marina dice que podemos estar en Boston en unos quince días, si nos ajustamos a nuestros barcos más pequeños y lentos. Tenemos combustible más que suficiente para el viaje.
Hermione consideró el plan en su totalidad.
– Cuando lleguéis allí, no sabréis si lo he conseguido o no si el Espejo no puede mostrároslo.
– Sí, lo sabremos. – dijo Richards – Tenemos sensores activos, sonar y radares. Si hubiera una explosión nuclear lo suficientemente fuerte como para destruir Londres, puedes estar absolutamente segura de que lo sabríamos.
Hermione asintió, sintiéndose más segura de lo que probablemente debería.
– Es la hora. – dijo Scrimgeour – Querrás tener la mayor cantidad de luz diurna posible.
Draco dio un paso adelante, tomando las manos de Hermione entre las suyas.
– Vuelve a mí, Granger.
Ella apoyó la frente bajó su barbilla.
– Sí.
– Ambos. – añadió, deslizando una mano debajo del abrigo púrpura y ajustando la cálida palma sobre su vientre.
La compostura de Hermione se evaporó como la niebla. Sintió un tremendo alivio. Que terrible el amor, que te envalentonaba y te debilitaba al mismo tiempo. Draco casi tenía razón al intentar evitarlo.
– ¿Eso es lo que quieres, entonces? – le preguntó, con la voz quebrada.
– Es lo que siento. – respondió él – Creo que me acusabas de no sentir nada hace tan solo una hora.
La sonrisa de Hermione era radiante.
– Gracias. Realmente necesitaba escuchar eso.
Draco se inclinó para poder hablarle directamente en el oído con voz baja y amenazadora.
– Si no vuelves, te encontraré y estaré muy cabreado.
– ¿Ah, sí? ¿Qué harás? Será difícil superar el escape de Azkaban, sobreviviendo a un combate a muerte con zombies o el derrocamiento de Alexander Amarov.
– Vuelve conmigo y con Henry, o puedo perpetrar una sangrienta masacre. Pasan cosas malas cuando no me salgo con la mía, Granger.
Ella se estremeció.
– Ni siquiera bromees sobre eso.
– Yo no bromeo.
Eso no era cierto. De vez en cuando hacía bromas, pero de una manera tan seca que estabas casi tentado a tomártelo en sentido literal. Llamaba a sus métodos "flexibles". No tenía los mismo frenos preprogramados que el resto. No había límites definidos en la arena, solo playas abiertas. Se dio cuenta de que seguía sosteniendo fuertemente su mano. Y justo cuando pensaba que eso podía suponer un problema después de todo, Draco simplemente la soltó y se alejó. Estaba extrañamente orgullosa de él por eso.
Hermione sacó la varita de Ron de la funda, con un aluvión de hechizos defensivos y ofensivos preparados para salir de sus labios. Ron estaba con ella en ese momento, aunque Harry no lo estuviera. No se sentía sola. Ese había sido uno de los inconmensurables beneficios de tener a esos dos chicos en su vida. Y ahora, volvía a tener magia, lo cual era formidable de nuevas e interesantes maneras. Alargó una mano para tocar el cristal del Espejo, sintiendo el familiar tirón en el estómago justo detrás del ombligo.
Nota de la autora (Rizzle):
Los que son amados no pueden morir, porque amor significa inmortalidad - Emily Dickinson
En memoria del Sr. Alan Rickman (1946 – 2016)
Bueno, bueno, bueno... ¿qué se encontrará Hermione al otro lado de ese portal? ¿Estará la secretaria Beaumont en la cabaña? ¿Habrá acabado al fin el terrible sufrimiento? ¿O todavía les queda camino que recorrer y Draco tendrá que perpetrar esa sangrienta masacre?
¡Pronto lo sabremos!
Gracias por comentar el capítulo anterior a: *guiguita* *Doristarazona* *AliceMlfy* *Loonydraconian* *Nepomucena* *Carmen* *johannna* *Sally Elizabeth. HR* *lal1999* *marfelton* *NarradoraNueva* *Cote* *SALESIA* *Mantara* *isoletnicoldh* *Keziah Arkham* *Monsther Malfoy* *AKAmart*
Hoy no tengo tiempo para responder reviews como de costumbre, lo siento.
¡Besos!
