Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 60 – Of Gods and Monsters (De Dioses y Monstruos)

Era posible imaginar la respuesta que habrían obtenido los trucos del Espejo de Chavín en tiempos preincaicos. ¿Qué o quién había sido enviado a través del portal? ¿Y dónde habían salido? Esos hechos fueron relegados por la antigüedad. Todo lo que quedaba eran leyendas de hazañas realizadas por sacerdotes hechiceros que probablemente habían ejercido más poder e influencia que la aristocracia a la que servían.

La reciente hazaña consistía en enviar a Hermione Jane Granger al otro extremo del mundo, atravesando varios miles de kilómetros de océano y tierra (montañosa gran parte de ella), hasta un yermo invernal de ambigua seguridad. Ella había desaparecido sin ceremonia, lo que probablemente habría hecho que los antiguos sacerdotes peruanos se retorcieran en sus tumbas. El Espejo era, después de todo, un artefacto ceremonial, a pesar de su hogareña apariencia. Después de que Hermione hubiera desaparecido, todo lo que quedó era el vibrante panel de latón martillado y una densa niebla que parecía derramarse en varios regueros; insustanciales y ondulantes tentáculos de niebla que llenaban la habitación. Solo que realmente no podías verlos. No era vapor de agua condensado en el aire.

Era una niebla que sentías con la mente. En el camarote de Amarov, aunque era grande, empezó a ser velozmente sofocante el ambiente.

La superficie del Espejo se tornó de un denso y casi tangible negro y el metal parecía hundirse hacia adentro. Se escuchó un desagradable crujido cuando el marco de madera comenzó a astillarse.

Belikov se sujetó al respaldo de una silla para apoyarse mientras se tambaleaba. Richards se vio igualmente afectado, pero no tanto como para no ser capaz de echarle a Draco una mirada que requirió poca elaboración. El problema era que necesitaban una varita mágica. Solo Scrimgeour tenía la suerte de seguir conservando la suya.

Ahora el camarote se sentía totalmente desprovisto de aire. Era como si la atmósfera y… algo aún más fundamental - ¿la misma esencia de sus vidas? – estuviera siendo absorbida por el deteriorado portal mientras se autodestruía. ¿Tal vez eso era normal? ¿Tal vez era el precio a pagar por hacer magia de sangre sin el sacrifico de vida habitual?

Señor… – resopló Draco, mientras se dejaba caer sobre una rodilla. Sentía que su vitalidad se escapaba a través de los poros de su piel.

Scrimgeour, quien parecía aún más marchitado de lo normal, se lanzó hacia adelante para arrastrar el estremecedor Traslador hasta el suelo alfombrado. Lo apuntó con la varita y lanzó un hechizo que destruyo el artefacto. Cuando el humo, la nube de polvo y la alfombra quemada se aclararon, vieron un agujero en el suelo, pero ni rastro del Espejo.

El Ministro se sentó pesadamente en una silla.

– Empiezo a entender por qué tu padre dejó oculta esa cosa todos esos años…

Draco se acercó a Belikov, quien estaba apoyado en la mesa con ambas manos.

– ¿Estás bien? – inquirió formalmente, dándole al anciano algo de espacio para recuperarse.

– He sentido como si me estuvieran succionando el alma… – dijo Belikov, claramente conmocionado. Tenía una inusual mirada en el rostro. Draco estaba familiarizado con esa expresión condenatoria. Pero ahí estaba eso y algo más – ¿Esto también es parte de la magia de tu gente, joven? ¿Esto es lo que podéis hacer?

La pregunta era retórica, pero era importante aclararlo.

– No es nuestra magia, profesor. Simplemente es… magia, sin ser inherentemente buena o mala. Sus efectos y resultados dependen del portador.

– ¡Ese aparato nos habría consumido a nosotros y a todo lo que había alrededor! ¡Un verdadero agujero negro!

Richards, todavía sin aliento, entró en la conversación.

– No. Creo que habría llegado a un punto límite. Lo que acabamos de experimentar ha sido el precio por enviar a Hermione a través del portal sin ofrecer ningún sacrificio.

– ¿Crees que hubiera sido un sacrificio concreto? ¿Solo unas pocas vidas? – preguntó Belikov y, desafortunadamente, Richards no entendió el sarcasmo, tal vez porque era muy poco habitual en el profesor.

– Probablemente. – respondió el Vaquero.

– Perdóname si eso no me consuela, agente Richards. Era esto lo que Alexander temía de todos vosotros, ¿verdad? – miraba fijamente a los tres magos – No es de extrañar que en la antigüedad las personas os consideraran Dioses. – suavizó la expresión cuando volvió su atención al humeante agujero en mitad de la habitación – ¿Hermione habrá logrado atravesarlo?

Fue Draco quien respondió.

– Tiene que haberlo hecho, ya que el Espejo ha intentado cobrarse el precio del viaje.

– Entonces, ¿qué hacemos ahora?

– Ahora, nos ceñimos al plan. Ponemos rumbo hacia el puerto de Boston.


El médico personal de Amarov, el despreciable Prestin, residía en una habitación cerca de la cocina del barco principal. Previamente, Belikov lo había querido cerca de la enfermería, donde tenía constantemente guardia para atender a Amarov. Sin embargo, después de la reciente escapada de Amarov, nadie a parte del equipo de laboratorio podía tratarlo.

El hecho era que Prestin ya no era un bien escaso en la flota, dados los ocho otros médicos sanadores que se habían unido a ellos desde la isla de Taransay. Aunque había algunos entre los muggles que se negaban a ser tratados con medimagia y, el Consejo de la flota, había considerado que estos pocos debían ser complacidos ya que la nueva alianza entre muggles y magos era todavía muy reciente y frágil.

No había espacio para manos ociosas en la flota. Todos tenían un trabajo. Tal era el caso de los dos voluntarios que actualmente mantenían guardia a las puertas de la habitación de Prestin. Como era usual en el Consejo de la flota, si las cifras lo permitían, la gente mágica se emparejaría con muggles. Esa era una táctica para fomentar "un mayor entendimiento cultural" entre ambos grupos. Lo que realmente lograba era permitir que cada grupo sintiera que estaba vigilando al otro, lo que funcionaba para aliviar ansiedades. Los voluntarios de ese día eran una bruja joven y bajita y un hombre muggle que roncaba tan fuerte que Draco podía sentir las vibraciones en el suelo. Se había hecho una pequeña cama para él mismo, usando su chaqueta enrollada como almohada. La bruja era mucho más aplicada en sus deberes, de pie con una tensa anticipación en cuanto vio a Draco acercarse.

– Vengo a ver al prisionero.

– ¿Para qué? – preguntó ella.

La actitud desafiante de esta fue inesperada. En esta nueva y libre iteración de la flota, Draco se había acostumbrado a dos tipos de reacciones entre los residentes; la gente que se alejaba velozmente de él cuando se acercaba, o los que le respondían con diversas interpretaciones del "sí".

– Me gustaría llevar al buen doctor a cubierta para dar un paseo nocturno. – respondió, consciente de que la fatiga y la molestia hacía que hablara con un gruñido bajo. Había sido un día muy largo, trabajando para poner en marcha la flota.

La chica estaba impávida, incluso dio un paso hacia la puerta de la improvisada celda, poniéndose directamente entre Draco y Prestin. Su mirada se dirigió hacia el vestíbulo, donde el reloj de alguien anunció la hora.

– Son las cuatro de la mañana.

La sonrisa de Draco era tan cálida como las aguas por las que navegaban.

– Mejor tarde que nunca.

Las considerables cejas de color castaño cobrizo de la chica se fruncieron.

– Te conozco, ¿sabes? Y también sé que la gente dice que Prestin fue quien saco a ese tipo, Amarov, de la enfermería.

– ¿Eso dicen? – preguntó Draco, moderadamente – Nunca suelo prestar atención a los rumores de la flota.

La chica tuvo la audacia de ondear la varita bajo la nariz de Draco.

– No puedes hacer lo que quieras con los prisioneros. Ya no somos así.

Merlín lo salvara de buenos corazones y malditas democracias.

– ¿Cómo somos, entonces?

– Hay reglas. El Consejo las impone en nombre de toda la flota.

– Yo estoy en el Consejo. – se dignó a recordar.

La chica era consciente de ese hecho.

– Sí, pero dicen que no te has molestado en presentarte a ninguna de las reuniones.

Draco ya había terminado de divertirse, poniendo toda la fuerza del disgusto en su mirada. La joven bruja palideció, alejándose un paso.

– ¿Cuál es tu nombre?

– Magenta Caterwaul.

Algunos nombres eran como lapas. Se adherían a ti, lo quisieras o no. Inofensivos, pero casi imposibles de despegar. Ese en particular era difícil de olvidar.

– ¿Por casualidad estás relacionada con Heliotrope Caterwaul, buscadora de las Arpías de Holyhead?

– Era mi madre. – confirmó Magenta y había algo en la manera de decir "era" que llenó los espacios en blanco. En esos días había más muertos y muertos vivientes que vivos. Todos habían sido tocados por la Plaga. Incluso los supervivientes.

– Señortia Caterwaul, tiene que saber que entraré en la habitación a buscar a Prestin colabore o no.

La varita seguía oscilando en el aire. Magenta lo contempló por un momento, antes de parecer tomar una decisión. Lanzó una rápida mirada a su durmiente compañero, antes de inclinarse, ponerse de puntillas y susurrar algo al oído de Draco.

– Escucha, si lo que busacas es aliviar… ya sabes… tensiones. Sería un placer ayudarte en ese sentido, pero no puedo dejar que te lleves a Prestin. – la mirada que acompañaba a esa oferta era tan sutil como su nombre.

En otro momento de su vida habría recurrido a la perspectiva de un revolcón en un oscuro pasillo con alguien como la enérgica Señortia Caterwaul. Pero ese momento pasó hace mucho tiempo.

– Solía tener uno de tus carteles de se busca en mi habitación. – agregó la chica, por si acaso dudaba de su sinceridad – Mi madre me decía que era de mal gusto.

– Mi inclino a estar de acuerdo. – murmuró Draco, masajeándose la frente. El amanecer no estaba muy lejos. Tenía que ir a ver a Henry y no le quedaba tiempo para esto. En consecuencia, agarró a Magenta del brazo con el que sujetaba la varita, arrebatándosela y, al mismo tiempo, girándole el brazo detrás de su espalda.

La chica abrió la boca para gritar. Llegados a ese punto podría haber hecho cualquier cosa con ella y su desafortunado compañero, pero todo lo que necesitaba era tomar la delantera.

– Si gritas te maldeciré. – le susurró al oído.

La boca de la joven bruja se cerró con un fuerte chasquido de dientes.

– Voy a quedarme tu varita, pero te la devolveré cuando termine el asunto con Prestin. Por tu seguridad, te sugiero que tú y Constante Vigilancia os quedéis sentados hasta que llegue el siguiente turno para revelarlo, ¿entendido?

– Sí. – mintió ella.

– Bien. – Draco la soltó – Por curiosidad, ¿qué cartel tenías? Hubo varias versiones.

– El de la barba. – contestó, masajeándose el codo – No me importaba mucho. Aunque me gustó más el primero.

Draco sabía a qué cartel se estaba refiriendo. Fue impreso el año que se convirtió oficialmente en fugitivo de la ley. El Ministerio usó una de sus fotos escolares porque era la más reciente que pudieron encontrar. A veces era demasiado fácil olvidar que había pasado casi la mitad de su vida como un criminal profesional.


Harry estaba hundido hasta los codos en sacos de harina, avena y grano cuando la chica lo encontró.

Uno de los operadores de carretillas elevadoras muggle había dejado caer accidentalmente varias cajas en el suelo de la bodega de almacenamiento durante un desafortunado infortunio que implicaba confundir "basta" con "venga". Si tenían que salvar la comida, se necesitaba aplicar un hechizo apropiado para recuperar el contenido derramado sin llevarte con ello todo el polvo y la suciedad del suelo. El primer hechizo estuvo mal elegido, resultando en una nube de harina que inútilmente cegó a todos durante diez minutos. Con la lección aprendida y después de mucho estornudo, Harry intentó ser más perspicaz a la hora de elegir el siguiente hechizo de limpieza.

– ¡Señor Potter! – gritó la joven, corriendo hacia él desde la puerta abierta. Todo el trabajo se suspendió cuando le transmitió la causa de su consternación.

– ¿Dónde está Malfoy ahora? – preguntó Harry, saliendo de entre los granos derramados.

– Arriba, imagino. – respondió – En la cubierta superior. Dijo que tenía intención de tomar un poco el aire con el doctor Prestin.

La excusa era casi insultante. Hacia tanto frío afuera que los pequeños charcos de la cubierta se congelaban.

– Creo que quiere, eh… – la joven bruja se desinfló.

– Yo también creo que él quiere, eh… – dijo Harry, resignado. Ya estaba abriéndose un polvoroso camino hacia la entrada – ¿Ya se lo has dicho a Belikov?

La bruja vaciló por un momento, antes de sacudir la cabeza. Harry lo entendió. Incluso dentro de esa nueva atmósfera cooperativa Mágico-Muggle, la gente tendía a querer resolver sus problemas dentro de sus propias comunidades. Eso significaba no contárselo a Vadim Belikov, aunque fuera el presidente del Consejo de la flota. Era Muggle. Era de los Otros. Asimismo, tampoco iba a gustarle la situación.

– Bien. – pensó Harry rápidamente – Que quede entre nosotros por ahora. Iré a buscar a Malfoy y Prestin.

Acababa de salir cuando escuchó que la bruja hablaba con el capataz, quien todavía se quejaba de la nube de harina.

– ¿Has probado en lanzar el hechizo Deshacer el Ultimo Lanzamiento? – sugirió ella – Funciona muy bien para percances mágicos simples.

Había que dar crédito a las generaciones más jóvenes por pensar hechizos de los que Harry nunca había oído hablar. Si simplemente se pudiera aplicar ese hechizo en, bueno… en todo.


Prestin no comenzó a llorar hasta que Draco le ordenó que se quitara la ropa interior.

El llanto llegó después de las suplicas, aunque lo primero fue el soborno, táctica que no funcionó muy bien porque Prestin no tenía nada que Draco quisiera. Solo que eso no era estrictamente cierto. Estaba a punto de darle a Draco algo que quería con ganas.

– Por favor, no… – sollozó el hombre. Sus dientes castañeaban con tanta fuerza que tenía problemas para articular las palabras. Su nariz roja, filtraba un rastro de mucosidad casi congelada, cayendo hasta su pecho desnudo.

Con la ropa interior del hombre ya descartada, Draco le apuntó a los pies con la varita de Magenta Caterwaul.

– Calcetines y zapatos también.

– Por favor…

– Quítate los calcetines y los zapatos o te quitaré los pies de los tobillos y los arrojaré por la borda.

Prestin se inclinó y precedió a desatar sus mocasines con manos temblorosas.

– ¿Por… por qué estás haciendo esto?

Los genitales del hombre estaban intentando refugiarse dentro de su cuerpo. Draco se percató de que le había hecho una pregunta. Era de mala educación no responder.

– Creías que te habías salido con la tuya, ¿verdad?

Ahora completamente desprovisto de cualquier prenda de ropa, Prestin se abrazó a sí mismo.

– No sé a qué te refieres.

– ¿No? – Draco dio un paso hacia el tembloroso hombre, quien estaba tan desesperado por algo de calidez que se inclinó, tratando de protegerse contra él. Draco respondió empujándolo con una mano enguantada – Eres el último de los chicos de Amarov; el último miembro superviviente de su sanctasanctórum que sigue viviendo en la flota. La única razón por la que no te metí en el pozo con Amarov y Honoria fue porque se necesitaba un doctor.

Prestin se alejó de la acechante figura de Draco, hasta que chocó con su espalda desnuda contra la barandilla de seguridad de congelado metal. Compuso una mueca.

– No. ¡Espera! Ti… tienes que entenderlo. Yo solo…

– ¿Solo qué? ¿Seguías órdenes?

– ¡Era cuestión de supervivencia! ¡Amarov me habría matado!

– ¿Y era cuestión de supervivencia cuando le pasaste a escondidas una cuchilla a principios de semana? Podría haber hecho cualquier cosa, haberse ido a cualquier parte, herir a cualquiera.

Prestin abrió y cerró la boca varias veces.

– ¡Era misericordia! ¡Le di la cuchilla para que pudiera acabar con su vida! ¡Lo estabais usando para experimentar!

– ¿Cómo tu gente usó a Eloise Withinshaw? ¿Dónde estaba la misericordia para ella? – preguntó Draco, su voz era muy baja en ese momento. Agarró a Prestin por el cuello.

– ¡Malfoy! ¡Para! – gritó Harry. Corría por la cubierta hacia ellos, deteniendo cuando estuvo a unos pocos metros.

Draco no pareció alarmarse ni un poco, aunque alzó una ceja al ver que el habitual pelo azabache de Harry estaba completamente sucio de blanco.

– Potter. Me preguntaba cuándo aparecerías. Eres un aguafiestas profesional, ¿lo sabías? ¿Ya has dejado de lloriquear porque Granger no te necesita?

– Que te jodan, Malfoy.

– Supongo que no.

– ¡Aléjate de Prestin! Belikov lo quiere vivo.

– Vadim está acostumbrado a la decepción.

Harry comenzó a caminar hacia ellos muy lentamente.

– A mí también me gustaría matar a este hijo de puta, pero eso no es justicia. Es venganza.

Draco lo sorprendió asintiendo.

– ¿Y?

– Responderá por sus crímenes, pero tú y yo… no seremos nosotros los que le haremos pagar.

– Fue cómplice de todo lo que hizo Amarov. Observaba impasible a magos y brujas desamparados, medio muertos de hambre, incluido Henry, hasta que los metían en el Pozo para que los destrozaran. Trataba a aquellos que sobrevivieron simplemente para determinar si los habían Infectado o no. Solo podemos imaginar lo que hizo con los que sí lo estaban. Dejó que decenas de personas mágicas enfermaran, entre ellos la madre de Henry, para morir en una abyecta y enfermiza miseria. Vio a Patil y Hermione luchar por sus vidas en el Pozo. Drogó y desnudó a Hermione, abandonándola a su suerte para que Amarov la violara. Él…

– Basta. – Harry levantó una mano, con los ojos brillantes – Capto la idea.

– ¿De verdad? Si sus víctimas pudieron soportar las cosas que les hicieron, tú puedes soportar escucharlas, Harry.

Que Draco usara su nombre logró que Harry parpadeara sorprendido por un momento.

– Sin embargo, matarlo no cambiará nada de lo que pasó.

– ¿Qué dice usted, Doctor? – le preguntó Draco a Prestin – Consideraste oportuno impartir tu especial misericordia con tu antiguo jefe. ¿Debería seguir tu ejemplo?

Prestin tragó compulsivamente, sus labios estaban teñidos de azul. Tenía los ojos fijos en la varita que Draco sostenía.

– No pu-puedo cambiar el pa-pasado. No pu-puedo deshacer… lo que hi-hice.

Harry se acercó a ellos aún más.

– Piensa en lo que Hermione querría…

Draco miró fijamente a Harry, con una intensa e insondable expresión.

– ¿Sabes que es el responsable de soltar a Amarov?

– No puedes matarlo. – Harry se sintió alentado por lo que pensó era vacilación en la cara de Draco – No vas a matarlo.

– Tienes razón, – dijo Draco – no voy a matarlo. Lo hará el frío. – dio un paso adelante y empujó a Prestin con fuerza, en mitad del pecho. El desnudo hombre se precipitó por la barandilla de seguridad y mientras caía al océano, no dejó de gritar.

Harry se apresuró a mirar por encima de la barandilla, pero no vio nada más que espumosas olas y la estala dejada por el barco en la superficie del agua.

– Maldito seas. – susurró, sin dejar de mirar la oscura inmensidad del mar – No tenías derecho…

– Ya tenemos otros sanadores de Taransay.

Harry se giró para enfrentarlo.

– ¡Eso no justifica el asesinato!

– Era un peligro para la flota.

– ¡Lo has matado a sangre fría!

Draco seguía mirándolo fijamente.

– ¿Eso es una especie de juego de palabras?

Harry estaba incrédulo.

– Eres un verdadero monstruo, Malfoy. Lo sé desde el momento en que nos conocimos cuando éramos niños. Sinceramente, no sé lo que ve en ti Hermione. Debe tener algo con los monstruos.

– O tal vez los monstruos tienen algo con ella. – Draco le lanzó a Harry la varita antes de girar sobre sus talones listo para marcharse – En el camino de vuelta para a decirle a Vadim la atrocidad que acabo de hacer y, por favor, devuélvesela a la señorita Caterwaul, junto a mi agradecimiento. Tal como ha ido la cosa, no la he necesitado.


Ginny abrió la puerta, sin sorprenderse pero decepcionada de encontrar a Draco esperando al otro lado. Había esperado que fuera Harry, que estaba supervisando una especie de explosión de grano en los depósitos de almacenamiento. Él no era alguien de cortesías, era Draco Malfoy.

– Anatoli me dijo que lo tenías tú.

Quería decirle que se largara. Quería estar enfadada con Draco y Hermione por tratar a Henry Zabini como una obligación que pasaba de adulto en adulto hasta que sus "tutores" terminaran con todo lo de la vida y la muerte, el asunto del momento. Pero Ginny sabía que era incorrecto hacer una suposición tan poco caritativa. Todos lo estaban haciendo lo mejor que podían y probablemente estaba más enfadada por no poder ser de más ayuda instrumental para Malfoy y Harry en ese momento.

En lugar de eso, lo único que podía hacer era ser la maldita niñera. Henry era un niño maravilloso, pero Ginny solo era una pobre sustituta de la continuidad y consistencia del cuidado que necesitaba. Además, no podía enfadarse al ver la expresión completamente atormentada en el rostro de Draco. Debía estar muy agotado como para mostrar esa emoción.

– Está durmiendo.

Malfoy asintió.

– Me lo llevaré.

Ginny lo condujo al interior del oscuro y silencioso camarote, donde Henry se acurrucaba en el lugar de Harry en la cama. La chica se inclinó para envolver al niño con las mantas y se hizo a un lado mientras Draco lo levantaba.

– Gracias. – Ginny escuchó que decía Malfoy, mientras se marchaba con su hijo en brazos.


Siento que no es lo políticamente correcto, pero ver a Draco en su faceta más fría y cruel me pone demasiado, sobretodo con quien se lo merece... ¡No puedo evitarlo! Además, ya solo queda Amarov. Y aunque Harry lo intente no es consciente de todo lo que se vivió en la flota mientras Amarov estaba al mando, puede llegar a imaginárselo, pero vivirlo en carne propia como le pasó a Draco, a Hermione y demás es algo muy distinto y que cambia la perspectiva totalmente.

¿Qué os ha parecido?

¡Tendremos que esperar al siguiente cap para saber que ha pasado con Hermione!

Lamentablemente estamos acercándonos peligrosamente hasta el capítulo que Rizzle ha actualizado por ultima vez T-T sé que ya no quedan muchos capítulos para concluirla y también sé de buena tinta que va a terminar la historia, porque según sus propias palabras este sería su ultimo dramione, por lo tanto quiere darle un merecido final y sé que lo hará aunque tarde un poco de actualización en actualización. Por eso he decidido ralentizar las actualizaciones para darle un poco de margen a ella, aunque estoy segura de que eventualmente tendremos que esperar sus actualizaciones. Realmente lo siento, cuando empecé la historia realmente pensaba que Rizzle la habría terminado para cuando llegaramos al final, pero bueno, no desesperemos y, por favor, paciencia.

Como me enrollo...

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Carmen* *Loonydraconian* *guiguita* *isoletnicoldh* *AliceMlfy* *SALESIA* *Doristarazona* *marfelton* *Annykzhenn* *And-18* *LluviaDeOro* *Dreiana*

¡Besos!