Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 62 – Betrayal (Traición)
Para cuando Draco, Harry, Anatoli y el profesor Belikov se unieron al agente Richards en la cubierta superior del barco, el helicóptero ya había aterrizado en el elevado y amarillo helipuerto. El piloto permanecía en la cabina, mientras que dos hombres armados y con casco salían del aparato tomando las escaleras que bajaban de la plataforma. Era difícil no fijarse en sus metralletas.
– Bueno, buenos días a vosotros también. – murmuró Harry, tensando una mano alrededor de la varita. Sintió que Draco le tocaba ligeramente el brazo.
– Tranquilo. – dijo Malfoy – Tenemos que preguntar por Hermione.
Uno de los soldados con casco trotó hasta ellos, echándose la visera hacia atrás. Seguidamente se acercó su compañero, sosteniendo una bolsa grande, térmica y rectangular. El primero miraba fijamente a cada uno de los hombres hasta que sus ojos se posaron en Belikov.
– ¿Eres Vadim Belikov?
– Lo soy. – respondió el profesor.
– Tengo autorización del Almirante Titus Grey para trasladar al criminal de guerra Alexander Amarov a una instalación del UCC. A cambio de vuestra cooperación hasta el momento, tenemos instrucciones de proporcionaros mil dosis individuales del X19, para vuestra gente.
El segundo soldado le entregó la bolsa al profesor Belikov. Vadim la dejó en la cubierta, la abrió y extrajo un pequeño vial de líquido dorado para que Draco lo inspeccionara.
– ¿X19? – preguntó el profesor – ¿Quieres decir más muestras del D.R.A.C.O que os proporcionamos? En otras palabras, Hermione Granger ha conseguido ayudaros a fabricar la cura. Entonces, ¿por qué no ha vuelto con nosotros?
– ¿Dónde está? – exigió Harry de manera que creó una cortina de tensión – ¡Claramente logró contactar con la Secretaria Beaumont para entregarle la muestra! ¡El plan era encontrarnos con ella en Boston!
– Le aseguró que la señorita Granger está bien y que permanecerá en nuestras instalaciones por el momento. – fue todo lo que dijo el soldado, pero el hombre ni siquiera lo miraba. Miraba más allá de Harry, a Anatoli. El extremo final del cañón de la ametralladora se levantó ligeramente – Sugiero que le pidas a tu hombre que se retire.
Todas las miradas se posaron en Anatoli, que parecía blandir una pistola. Con un imperceptible gesto de Draco, malhumoradamente Anatoli metió el arma en el interior de la chaqueta.
Richards ya había tenido suficiente. Pasó frente a Harry y Belikov.
– Soy el agente Barnaby Richards de la División de Inteligencia del Senado Mágico de los Estados Unidos bajo las órdenes de la Secretaria de Asuntos Mágicos, Rebecca Beaumont. Identifícate, soldado.
– Comandante Paul McPherson, del Comando Norte del UCC.
– ¿Dónde está la Secretaria Beaumont en esta cadena de mando? – preguntó Richards – ¿Está destinada a vuestra instalación con el Almirante Grey?
– No dispongo de esa información por el momento.
– ¿Cuál de las dos, hijo? ¿No sabes si la Secretaria Beaumont está en vuestras instalaciones o no sabes la posición de tu comandante?
– No tengo libertad para revelar esa información. – repitió McPherson, con el rostro cincelado en piedra.
Richards estaba perdiendo rápidamente la paciencia.
– Nos gustaría que Hermione Granger regresara a nuestro equipo, comandante. ¿Tienes libertad para hacer eso?
– Comprendo que hiciera planes con la señorita Granger, pero me temo que esas no son mis órdenes, agente Richards. Sin embargo, si deseas ver la señorita Granger, tengo autorización para llevarme a un miembro más de la tripulación a las instalaciones, además del señor Amarov.
Richards entrecerró los ojos hacia el soldado.
– ¿Solo dos? En ese trasto volador tuyo caben cinco, apuradamente. ¿Cuánto combustible tenéis? – pero nadie se sorprendió cuando McPherson permaneció hermético, porque dar una respuesta definitiva era revelar la probable distancia entre la flota y las instalaciones militares.
– Las órdenes son recuperar a Amarov y llevarnos a otra persona, si así lo solicitáis. Y me temo que tendría que venir con nosotros de inmediato. También será necesario dejar cualquier arma y parafernalia mágica.
– ¿Parafernalia mágica? – preguntó Belikov.
– Se refiere a las varitas. – dijo Harry, apretando los dientes.
– ¿Por qué?
– Órdenes. – dijo Richards con una sonrisa de tiburón al comandante McPherson – Si nos disculpas un momento, me gustaría hablar con mis colegas. – esperó hasta que los soldados volvieron al helipuerto, antes de abrir la boca.
Aunque Harry se le adelantó.
– ¿Qué diablos está pasando?
Richards se pasó una mano por su pelo plateado.
– Es inusual que la Secretaria Beaumont no haya llamado al menos una vez. Esperaba que fuera ella la que vinería. Podría ser cuestión de precaución. No sé nada sobre ese Almirante Grey y, nuestro nuevo amigo, el comandante McPherson, no es muy explícito. Pero debemos recordar que al gobierno de Estados Unidos se le dijo recientemente que la plaga fue creada por artefactos mágicos. Creo que es esperable cierta desconfianza.
– El sentimiento es mutuo. – dijo Belikov, frustrado.
– Técnicamente eres uno de ellos, Prof. – señaló Richards.
– Entonces debería ser yo quien vaya a por Hermione. – dijo el profesor.
Harry estaba sacudiendo la cabeza.
– Iré yo.
Belikov claramente pensaba que eso era una mala idea.
– Suponer que enviaremos a un mago desarmado no es razonable. La última vez que le pidieron a vuestra gente que renunciara a sus varitas, ¡Amarov intentó armar un genocidio!
– Ellos no son Amarov. – le recordó Harry, sonando ligeramente esperanzado – Es el ejército de Estados Unidos, ¿recuerdas? Son los buenos.
– ¿Estos hombres son de la Armada? – preguntó Belikov.
Richards le proporcionó la aclaración.
– Son ambos. El Comando Norte es un Comando Combatiente Unificado. Es la combinación de ramificaciones que necesita el Departamento de Defensa.
– Sigue sin gustarme.
– Ahí no hay mucho que apreciar. – Richards estaba de acuerdo – Pero en este momento no tenemos más opciones.
– Podríamos pasar algo de contrabando. Colarlo en las instalaciones. ¿Cómo podrían saberlo si es mágico? – reflexionó Harry.
– Lo sabrían. – dijo Richards – Antes de que me destinaran al Proyecto Navidad, todas las restantes bases estadounidenses estaban siendo equipadas con detectores modificados. No puedes pasar por las puertas de entrada sin pasar un control de armas muggles y mágicas.
– Podemos con ellos. Podemos hacerles hablar. Quedarnos el helicóptero. – dijo Anatoli.
Belikov sacudió la cabeza.
– Nyet, amigo. No mientras tengan a la señorita Granger.
Draco había permanecido la mayor parte del tiempo en silencio hasta ese momento. Se desabotonó el abrigo, sacó un arma y se la entregó a Harry. El cuchillo en su bota derecha fue el siguiente.
– ¿Así que vas tú, entonces? – conjeturó Harry, sin sorprenderse.
– Sí.
Harry frunció el ceño.
– Sé que todavía es algo nuevo para ti, Malfoy, pero tienes responsabilidades.
– Lo recuerdo. Voy a ver a una de ellas. ¿Tú y Weasley podéis cuidar a Henry en mi ausencia?
– Por Merlín, ni siquiera tienes que preguntar. Henry se pondrá furioso de que lo dejes otra vez. ¿Cómo nos mantendremos en contacto?
– Si algo va mal, lo sabrás. Ve con Belikov y Anatoli para organizar el traslado de Amarov. Informa al Ministro.
– Y dime, ¿cómo sabremos si algo va mal, soberano idiota?
– Lo sabrás si no vuelvo. – dijo Draco mientras subía las escaleras hacia el helipuerto – No estaremos muy lejos de aquí, o de lo contrario esos hombres no habrían podido alcanzar la flota. Dame una semana.
– ¿Y entonces qué?
– Y entonces, Potter, haz lo que mejor sabes hacer. Perpetrar un atrevido rescate.
A veces soñaba que estaba en su antigua habitación en Oxfordshire, en el seguro refugio de la cama de su infancia, consolada por el sonido de las voces de sus padres mientras preparaban la cena en la cocina en la planta de abajo. A veces caminaba por Londres o el Callejón Diagon, con la lista de compras para el nuevo año escolar en la mano. Otras veces, patrullaba los pasillos de Hogwarts, recordando a los de segundo años que debían caminar, no correr. Una vez estaba en Grimmauld Place con Ron y Harry, cuando eran más jóvenes y se reían más, antes de que los muertos superaran en número a los vivos. Una pesadilla la devolvió al Morning Star, donde corría descalza, atravesando corredores oscuros y metalizados que apestaban a muerte.
Sin embargo, en esa ocasión, estaba en la biblioteca de Hogwarts. Un facsímil de hogar. Era una mañana de fin de semana, le explicó su mente y ella, siguió la narración.
Seleccionó varios libros de los cuales esperaba extraer información que fuera de alguna utilidad para Harry en la Segunda Prueba del Torneo de los Tres Magos. El tiempo es una bestia extraña en sueños y, cuando acabó de hojear el primer compendio de hechicería acuática, el sol había decaído tras las ventanas de cristales de colores. No estaba sola.
Estaba sentado frente a ella y era joven, rubio y vibraba con vitalidad. Ese día, iba vestido con el uniforme escolar, a pesar de ser fin de semana. Ese era el único detalle incorrecto que estropeaba la fantasía. Llevaba la corbata perfecta, ligeramente torcida y una camisa blanca del colegio con las mangas enrolladas de una manera que habría atraído la ira del profesor Snape. Se echó hacia atrás en la silla, apoyando un tobillo sobre una de sus rodillas.
– ¿Por qué molestarse? – inquirió, con la mirada plateada cargada de desprecio mientras observaba el libro. Ella conocía ese estado de ánimo. Estaba aburrido y preparado para una nueva ronda de hostigar a la Sangre Sucia.
Sintió que su rostro se ruborizaba ligeramente. Por más que ella, en voz alta y con frecuencia, declarase que no se inmutaba por su intolerancia, él tenía una extraña habilidad para lograr que quisiera enderezarse, alisarse el pelo rizado y ocultar sus mordisqueadas uñas. También lograba que quisiera superarlo en cualquier tarea de clase, lo cual era una útil motivación para la excelencia académica. Alzó la mirada del libro y de la frase que había leído y vuelto a leer unas cuatro veces.
– ¿Qué, no hay niños pequeños a los que atormentar esta tarde? – dijo ella, arrastrando las palabras – Usualmente te cuesta más trabajo llegar hasta mí.
Apoyó los antebrazos sobre la mesa, acercándose más de modo que la silla se inclinó hacia adelante sobre dos patas. Estaba lo suficientemente cerca como para proyectar una sombra sobre la página del libro. El mundo se desenfocó brevemente; los bordes del sueño vibraron en la lejanía. Aspiró su familiar y sutil aroma, maravillándose de saber que era algo familiar. ¿Por qué ese chico era prácticamente un extraño, no? Y, sin embargo, no podía evitar moverse hacia él, cerrando los ojos mientras apoyaba gentilmente la frente contra la suya, con la certeza de que, en realidad, cuando se tocaran, probablemente desaparecería. Pero no lo hizo.
– No puedes salvarlos a todos. – dijo y, esta vez, su voz era mucho más profunda. Ella bajó la mirada entre ellos y vio unas manos que eran suyas y simultáneamente no. Esas eran mayores, vendadas, con cicatrices. Quería besarlo y se escandalizó ante la idea.
Afortunadamente, Harry intervino. Estaba de pie sobre ella, parecía agobiado y lleva una ropa de los más extraña…
– ¡Hermione!
Quería silenciarlo. Aparecería la señora Pince y les restaría un millón de puntos.
– Necesito que te despiertes.
La urgencia en su voz fue todo lo que precisó. Un aterrorizado Harry Potter era razón más que suficiente para abandonar el sueño. Hermione abrió los ojos, despertando con lo que parecía la peor resaca del mundo. Gimoteó, intentando (infructuosamente) levantar una mano para masajearse la dolorida cabeza. Para su perplejidad, vio que ambas manos estaban parcialmente inmovilizadas con cánulas, de las cuales solo una estaba en funcionamiento. Frunciendo el ceño, siguió el cable hacia un soporte de vía intravenosa, apresuradamente acercó tanto la base como la bolsa para poder ver lo que se le estaba administrando en vena. Se relajó. Solo eran líquidos para prevenir la deshidratación.
Hermione respiró temblorosamente mientras se arrancaba la vía intravenosa, haciendo que saliera una sangre espesa y oscura de la cánula en desuso. Agarró una de las esquinas de la manta y se la puso sobre la mano, ejerciendo presión. Alrededor de ella había una maraña de tubos y cables conectados a unos equipos de monitorización. Parecía estar dentro de una habitación de hospital.
– ¿Harry? – susurró, su nombre le transmitía una docena de preguntas diferentes. Por un momento, pensó que podía ser otro aspecto más de un sueño del que no había despertado, pero cuando lo tocó, lo sintió sólido y real.
– Odio darte prisa, – dijo el hombre al que amaba como a un hermano – pero, ¿crees que puedes caminar?
Por supuesto que podía caminar. ¿Qué tipo de pregunta era…
Hermione se echó un vistazo a sí misma, más allá del desorden de cables y sintió un salto mortal en el estómago. Sin embargo, dado el tamaño de su vientre, dudaba que pudiera conseguir tal proeza interna.
– Oh Dios mío… – se agarró a las barandillas de metal de la cama de hospital, con los ojos desorbitados. En algún lugar cercano a su cabeza, una de las maquinas estaba empezando a pitar.
Harry ya no estaba a su lado. Estaba en la puerta de la habitación, abriéndola ligeramente para echar un vistazo fuera. Ella observó el linóleo verde y gris y las paredes verde menta. Hermione miró a Harry, realmente lo miró. Iba vestido con una mezcolanza del uniforme de Auror y unas gafas de vuelo atadas a la cabeza, casi ocultas en mitad del rebelde desorden de su cabello negro.
– Harry… – dijo otra vez, colocando una temblorosa mano en su abdomen. Su propio cuerpo se sentía y parecía completamente ajeno a ella. Sus extremidades estaban lentas. Tenía los brazos delgados y tenía los músculos tensos por una enfermedad prolongada, por la falta de uso o por ambas. Sentía los pies gruesos e hinchados debajo de las sábanas. Movió los dedos y se dio cuenta de que estaban metidos en medias de presión.
– El bebé está bien. – la tranquilizó Harry, asumiendo incorrectamente que eso era lo que quería saber. Y sí, quería saberlo, pero por Dios, las cosas de una en una. Harry se había colocado de nuevo a su lado y la emoción en sus ojos verdes la hizo querer llorar – ¿Sabes dónde estás? – preguntó, muy suavemente.
Estaba a punto de decir la palabra "no", pero entonces una parte distante de su cerebro empezó a intentarle transmitir recuerdos. Hermione parpadeó.
– No… no lo sé. – lo agarró con fuerza con la otra mano canulada. La aguja la aguijoneó debajo de la piel, pero esa era claramente la menor de sus preocupaciones en ese momento – Harry, ¿qué está pasando?
– Estás en una instalación subterránea en la base naval de Charlestown. Te hemos estado buscando durante ocho meses.
– ¿Qué? – siseó ella – ¡No puede ser!
Acababa de salir de la cabaña en la montaña de Rebecca Beaumont con el Almirante Grey, ¿no? Había llegado a un acuerdo con los estadounidenses y esperaba encontrarse con la flota en Boston, tal como habían planeado. ¿Habían faltado a su palabra? No había otra explicación. Había confiado en ellos.
– ¿He estado aquí todo este tiempo? – susurró mientras sus ojos se anegaban de lágrimas.
Harry sacó una venda y comenzó a vendarle la mano ensangrentada.
– No sabemos exactamente donde podrían haberte llevado inicialmente, pero definitivamente has estado en esta instalación durante al menos tres meses. Pude encontrarte la semana pasada y, desde entonces, hemos estado trabajando para sacaros a ambos de manera segura.
– ¿Ambos? – desorientada como estaba, todavía podía leerlo como un libro. No se estaba refiriendo a su hijo nonato – ¿Quién más está aquí?
Harry parecía arrepentirse de haberlo soltado. Era asombrosa la increíble cantidad de concentración que podías mandar a la realidad, con simple fuerza de voluntad.
– ¿Dónde está? – preguntó. La máquina en la cabecera de la cama comenzó a pitar nuevamente.
– Por favor cálmate. Aún no lo sé, pero créeme cuando te digo que no nos iremos de aquí sin él.
– ¡Tienes que encontrar a la Secretaria Beaumont! ¿Sabe lo que ha hecho Grey? ¿Ella podría llegar hasta Draco? – Hermione se quitó las sábanas de encima.
– Hermione, escúchame. Rebecca Beaumont está muerta. Grey se deshizo de ella porque su intención siempre ha sido ejecutar su propio mandato sin ningún tipo de supervisión.
¡Beaumont estaba muerta! Hermione cerró los ojos mientras su mente se aceleraba. Eso explicaba por qué el plan se había ido a la mierda. La ética y el parentesco profesional de Rebecca Beaumont con el agente Richards habían sido el único seguro contra que Grey hiciera lo que quisiera. Y ese bastardo la había matado para progresar en su propio mandato.
– ¿Qué hay de la cura? – preguntó, aterrorizada por la repuesta de Harry – Dios, por favor dime que Grey consiguió dársela a la gente…
Harry asintió y una triste y pequeña sonrisa apreció en sus labios.
– Por primera vez en tres años, los vivos están ganando.
– Entonces no lo entiendo. Si Grey tiene la cura, ¿por qué me ha estado reteniendo aquí? ¿Y por qué diablos está Draco aquí también?
– Una vez que te tuvo en sus manos, no le costó nada retenerte aquí por si necesitaban extraer algo de ti o del bebé para modificar la cura. Eras su gallina de los huevos de oro, después de todo. Solo a uno de nosotros se nos permitió venir a verte y, por supuesto, Draco insistió en ser él. Tenía que volver una semana después de su partida, pero nunca volvimos a saber nada de él ni de Amarov después de que se marcharan.
– ¿Amarov está aquí? – Hermione estaba incrédula – ¿Por qué?
– Están planeando acusarlo de crímenes de guerra en alguna versión de un tribunal, si es que aún no lo han hecho. Grey está intentando legitimar un nuevo gobierno y ha decidido que eso requiere chivos expiatorios. Te digo que no hay nada como el fin del mundo para poner de manifiesto a todos los déspotas en ciernes.
Hermione se extrajo la segunda cánula. Esta vez no sangró demasiado. Harry la ayudó a separar los diferentes cables y tubos y a levantarse de la cama.
– Con calma. ¿Cómo te sientes?
Sus pies se sentían hinchados y blandos y sus piernas estaban débiles, pero por lo demás estaba bien. Además de la perturbadora pérdida de memoria.
– ¿Cómo es que no recuerdo los últimos ocho meses? ¿Seguramente no me habrán tenido drogada todo el tiempo? – repentinamente, sintió preocupación por el bebé.
– No te han drogado. – dijo Harry evasivamente.
Todos los reveladores indicios estaban ahí. Ese aturdimiento no era por ningún sedante.
– Me han Desmemoriado, ¿verdad?
Harry asintió, su expresión era una mezcla de rabia y compasión.
– Muchas veces, probablemente. Tienen varios empleados mágicos en la base.
Hermione tragó saliva, pero el nudo de repulsión y odio era abrumador. ¿Qué más le habían hecho? ¿Le habían realizado pruebas sin su consentimiento? ¿Le habían hecho daño a ella o al bebé? ¿De qué otra forma haba sido violada? Merlín, ¿le habrían hecho daño a Draco?
– Voy a vomitar…
Harry servicialmente la proveyó de un orinal de cama metálico. Sostuvo su cabello cuando Hermione vació el contenido de su estómago, lo cual no parecía ser mucho. Después de eso, él le dio un poco de agua. Hermione necesitaba orinar desesperadamente. Le palpitaba la cabeza. Harry arrastró una silla y la obligó a sentarse. Sus rizos colgaban más allá de la mitad de su espalda en ese momento y estaban en un estado lamentable. Hermione se apresuró a trenzárselo para que no le molestara. Harry sacó el contenido de una bolsa de tela, entregándole una camiseta grande de manga larga y un pantalón de chándal azul oscuro que parecía que había sido de Anatoli. Y un par de zapatillas deportivas.
Toda modestia se dejaba de lado dadas las circunstancias. Necesitó la ayuda de Harry para desatar la bata de hospital y ponerse los pantalones, que afortunadamente venían con un cordón. Al no tener cintura a la que referirse, Hermione se conformó con atar el cordón debajo de su vientre. Se sentía enorme, con los dedos gordos y torpes. Nunca podrían acusarla de ser una mujer de pecho grande, pero el estado actual de los mismos era incongruente con esa idea. Tenían que ser al menos dos tallas más de lo normal, con venas azul claro que surcaban su pálida piel. Hubo un momento de fascinación mientras contemplaba la tensa y brillante piel de su vientre, con la oscura linea nigra dividiendo verticalmente su abdomen en dos. ¿Y todavía le quedaba un mes? Por Merlín.
– ¿Malfoy fue un bebé grande? – preguntó Harry, haciendo el mejor esfuerzo por entablar una conversación. Tuvo que ponerle las zapatillas.
– No tengo ni idea. – admitió ella. Y como si pensar en Draco lo hubiera causado, su hijo o hija repentinamente le propinó una patadita – ¡Oh! – Hermione jadeó colocando las manos sobre su vientre.
– ¿Qué pasa? – exigió saber Harry, instantáneamente preocupado.
La respuesta de Hermione fue colocarle las manos donde las suyas acababan de estar y él también sintió el movimiento. La maravillada sonrisa de Harry hizo que quisiera reír y llorar al mismo tiempo. Intentó imaginarse a Draco en su lugar y no pudo. Probablemente solo asentiría en reconocimiento clínico y le daría un equivalente no verbal de "Muy bien, Granger. Sigamos."
– No tienes varita. – dijo Hermione, en tono acusador – Harry, ¿qué clase de rescate es este si no tienes varita?
La mirada que le lanzó le evocó al viejo Harry.
– Tengo un plan.
Hermione lo escuchó.
¡Que tensión, por Merlín! Sí, el Almirante Grey no era para nada de confianza, estoy segura que la mayoría tenía sus sospechas de que ese hombre daba mala espina y que probablemente las cosas no iban a salir como habían planeado en la flota. ¡PERO, que han pasado 8 jodidos meses! JAJAJAJJA Eso si que no os lo esperabais, ¿verdad? Yo cuando lo leí por primera vez tampoco xD
¿Cómo van a escapar de ahí? ¿Dónde está Draco? ¿Qué pasará a partir de ahora?
Se vienen unos caps tensos ;) ¡Sigo esperando que Rizzle actualice pronto! (lo hará)
Gracias por comentar el capítulo anterior a: *guiguita* *Carmen* *AliceMlfy* *NarradoraNueva* *johannna* *AKAmart* *Loonydraconian* *SALESIA* *Mantara* *lesiramuc* *Monsther Malfoy* *Ana* *marfelton* *LluviaDeOro* *QUEENBLUEVAMPIRE-V*
¡Besos!
