Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
**¡Recomiendo leer los capítulos anteriores para retomar el hilo de la historia!**
Capítulo 67 – Wits (Ingenio)
Avanzó lenta y pesadamente hacia el nido después de una infructuosa mañana intentando atrapar animales del bosque cerca del invernadero. Era un trabajo complicado cuando el clima era húmedo, pero normalmente había pájaros, ardillas rojas y algún armiño ocasional. En muy contadas ocasiones, incluso podría haber algún ciervo y durante esas veces, comían muy bien.
Sin embargo, esa mañana se distrajo de la caza porque algo estaba sucediendo dentro del Castillo. Algo importante. Había sentido el empleo de una magia poderosa, como si una gran piedra hubiera sido arrojada al agua, creando ondas concéntricas que se expandían hacia fuera.
Al igual que los otros de su especie, era sensible a la magia. Por eso habían convertido el gran castillo de piedra en su hogar. El lugar tenía un nombre y tal vez alguno de los otros lo conocían de una época pasada, pero los nombres ya no tenían importancia. Las paredes palpitaban con magia. El aire estaba cargado de ella. Era el faro que los había guiado desde aldeas lejanas a lo largo de las Tierras Altas. Aquellos que tuvieron la suerte de hacer el viaje fueron recompensados con los nutritivos efectos de la magia del castillo, evolucionando de bestias descerebradas y devastadoras a una nueva forma de… ser. La muerte no era el final. Algunos afortunados incluso desarrollaron la capacidad de empuñar varitas.
Los que se refugiaron en el castillo eran como piezas de muchos rompecabezas. Eran restos de vidas pasadas. Lo que los mantenía juntos, lo que les permitía reconocerse mutuamente, coexistir, comunicarse y, para algunos, usar magia, era una necesidad. Sabían que había fuerza en el número. La mayoría había logrado recuperar algunos recuerdos de sus vidas anteriores, una vez que la decadencia de sus cuerpos se ralentizó. Nunca era una imagen completa, ya que sus cerebros estaban dañados irreversiblemente. Aun así, la criatura sabía que alguna vez tuvo una vocación, un hogar y una familia. Incluso una mascota; un animal peludo, marrón y espigado que seguía a su amo a todas partes.
Podría imaginarse al perro si le interesara profundizar lo suficiente para obtener la información necesaria. Recordaba la sensación del pelaje bajo su palma, el olor salado y salobre mientras el animal saltaba entre las aguas poco profundas con un palo en la boca. De su familia humana, la criatura tenía menos recuerdos. Estos estaban formados de remolinos de oscuridad, calor y fuego, el gemido de una mujer y la sensación de su mano envolviendo una mucho más pequeña. No eran recuerdos agradables y la criatura no los buscaba.
Sabía otras cosas. Sabía, de alguna manera, que provenía de Loch Lomond. Había recorrido sin saberlo ciudades abandonadas, pasando por cáscaras quemadas de edificios, vehículos, cuerpos y huesos totalmente consumidos. Se escuchaban los gimoteos ocasionales de alguna persona. Recordaba hundir sus dedos en la piel, desgarrándola. Había arrancado el cuero cabelludo ensangrentado del hueso. Colocó los pulgares en las cuencas de los ojos y apretó con fuerza hasta notar un húmedo calor sofocante, hasta que las patadas y la lucha se detuvieron. Recordaba el sonido de los tendones al romperse, el estallido de los cartílagos, los huesos partidos en dos y el olor mantecoso de la médula.
Una vez se superó el problema de la supervivencia diaria, los viejos hábitos humanos finalmente pasaron a primer plano. Por mucho que intentaran imitar sus vidas pasadas, fusionando los viejos deseos y necesidades con sus nuevas vidas, había un anhelo que no podían satisfacer tan fácilmente. No podían incrementar.
Eran un número invariable y eso significaba que estaban condenados. Serían los primeros y los últimos de su especie. La satisfacción se convirtió en resentimiento. Eso era motivo de mucho pesar para la comunidad. ¿De qué servía una manada que no tenía jóvenes que atender? Algunos de ellos se habían aventurado lejos del castillo, mucho más allá del punto donde la magia podía ejercer sus efectos curativos. Eran valientes esos pocos. Dos de ellos regresaron con un niño; una cosa pequeña, rosada, retorciéndose que hizo mucho ruido durante dos días, pero menos el tercero. El cuarto día, se hizo el silencio. Los niños vivos parecían necesitar algo más que magia para sobrevivir.
La criatura estaba a punto de volver a entrar al castillo cuando se detuvo. Un hombre vivo apareció ante él, apareciendo de entre la neblina. Alto, rubio y saludable, era la antítesis de la muerte viviente. Llevaba un bate de Quidditch.
El primer golpe fue en las piernas de la criatura, rompiéndole instantáneamente las rótulas. Se encontró en el suelo, confundido y asustado. El siguiente golpe fue dirigido a la cabeza, pero fue frustrado porque los brazos de la criatura se levantaron instintivamente para protegerse. Abrió la boca para pedir ayuda, pero no había nadie que pudiera escucharlo.
El bate busco un objetivo alternativo. El tercer golpe cayó sobre el pecho del zombie mágico con tanta fuerza que la quebradiza caja torácica colapsó en su cavidad. Los afilados fragmentos de huesos perforaron órganos y sobresalían hacia el exterior de su cuerpo.
Basta. Quiero vivir. Quiero ser. La criatura podría haber protestado, pero no pudo pronunciar las palabras.
El hombre comenzó a registrarlo, despojándole de su preciada varita. Le llegó otro golpe, esta vez, una patada en la cabeza.
– Pfvr… – dijo, intentando darse la vuelta para poder arrastrarse.
Pero el hombre viviente era despiadado. Golpeó con el bate una última vez. La cara de la criatura se hundió.
Lo último que pasó por el cerebro atormentado por la enfermedad de la criatura fue la fantasmal sensación de la cálida lengua de su perro lamiéndole la mano.
– Bien hecho. – Amarov desvió la mirada hacia el cadáver – ¿Está muerto?
Draco se agachó junto al cuerpo, limpiando la sangre de la varita que acababa de arrebatarle.
– Sí. Propiamente muerto.
La mirada de cobalto de Amarov se posó en la varita, con expresión curiosa. Aunque había un destello de… algo más en sus ojos. ¿Envidia, tal vez? Aversión, probablemente.
– ¿Cómo especulas que puedan usar magia?
– Imagino que de la misma manera que lo hago yo.
– Mmm. Este fenómeno necesita… mucho más estudio.
Draco le lanzó una fría mirada.
– Eres la persona indicada para ejecutar esa operación, ¿verdad? En vista de que estás acostumbrado a usar seres mágicos como ratas de laboratorio.
– Hacemos lo que creemos que es mejor en tiempos difíciles. – dijo Amarov, sin perturbarse lo más mínimo ante el recuerdo de sus crímenes. Sus ojos azules se endurecieron – Como tú, cuando nos dejaste a Honoria y a mí en el pozo para que la pequeña Withinshaw nos devorara vivos.
– Eso fue un error.
La sorpresa se reflejó en las finas facciones de Amarov.
– ¿Lo crees?
Draco se puso en pie. En su máxima altura, era capaz de mirar por debajo de la nariz al ruso.
– Debería haberme quedado para asegurarme de que terminara el trabajo.
Eso provocó un resoplido en Amarov.
– Sois una pareja dispar, ¿te has dado cuenta? Tú y Hermione Granger.
– Todo el mundo nos lo recuerda continuamente. Vamos, tenemos que seguir moviéndonos.
Probablemente el bebé muerto había sido sustraído de una familia viva y había muerto de hambre o debido a la exposición prolongada a las criaturas. Ansiosos por reemplazarlo, parecían estar planeando arrebatar el bebé de Hermione de su cuerpo. Casi se olvidó del intermitente dolor de las contracciones y sus manos heridas cuando una nueva oleada de adrenalina la golpeó.
Ese no era momento para la especulación antropológica. Una emoción recorría las filas de criaturas. Eran totalmente salvajes con cualquier emoción. Intentó localizar al que la había capturado, con la idea de arrebatarle la varita, pero se había perdido entre la multitud. Hermione salió corriendo antes de que las criaturas se organizaran lo suficiente. Podían ser seres conscientes y pensantes y, tal vez incluso, capaces de sentir, pero seguían siendo cadáveres andantes. A pesar de estar en un estado muy avanzado del embarazo y casi en mitad del parto, seguía siendo más aguda y rápida.
Con sus manos casi inútiles, se abrió paso con el hombro entre las puertas abiertas para atravesarlas. Afortunadamente, los zombies no tenían la costumbre de utilizar los picaportes de las puertas o cerrar nada con llave. Hermione ya había decidido una ruta de escape. La forma más segura de salir de las cocinas y volver a la primera planta era a través del pequeño túnel y la escotilla que usaban los elfos domésticos para transportar la comida hacia y desde el Gran Comedor. Durante sus días en la PEDDO, Hermione había recorrido la degradante y peligrosa ruta para los pobres elfos. Pero ahora, no podía estar más agradecida por su existencia. El corredor era tan estrecho que si las criaturas decidían perseguirla, se verían obligadas a ir tras ella en fila india. En ausencia de una estrategia defensiva u ofensiva, la mejor manera de escapar de una horda era evitar que se formara una en primer lugar.
Localizó el largo pasillo abandonado, escondido detrás de unos sacos de cereales vacíos, cubos de metal oxidados y una pila de vieja leña cubierta de capas de telarañas. Sintió que la temperatura descendía unos cinco grados dentro del corredor debido a la humedad que se filtraba a través de la piedra desde los canales de agua subterráneos que se extendían debajo del castillo. Se encontró con musgo, lodo y el persistente sonido de un goteo, aunque eso no la frenaba.
Mientras más se alejaba de las cocinas, la luz iba desapareciendo gradualmente. Hermione alzó sus antebrazos para sentir el camino a lo largo del estrecho pasaje, ignorando la creciente ansiedad a medida que el pasillo se hacía cada vez más estrecho. Había tomado la misma ruta una o dos veces con Harry y Ron durante sus numerosas escapadas escolares. ¿Tal vez se había olvidado de lo pequeño que era el espacio y lo bajo que estaba el techo? Ya no podía seguir totalmente de pie. El musgo y el lodo le facilitaban el paso, pero no lo suficiente como para deslizarla al mismo ritmo que llevaba.
Detrás de ella, podía escucharlos avanzar. Los gemidos, gruñidos, siseos, fuertes y bajos, resonaban a lo largo de las paredes de piedra.
Una contracción se apoderó de ella. Hermione se detuvo. Durante el espacio de unas pocas respiraciones, todo lo que podía pensar era en superar cada oleada de insoportable dolor y, al mismo tiempo, la aterrorizaba que las criaturas la lograsen alcanzar antes de poder recuperar su ingenio una vez más.
El espacio frente a ella repentinamente se iluminó con una llamarada blanca y muy brillante. La imagen de Draco le robó el aliento. Estaba de pie en lo que parecía mucho espacio. Eso debería haber sido imposible, pero las cosas a menudo lo parecían cuando la magia estaba involucrada. Divisó una varita en su mano, logrando que soltara un inarticulado sonido de absoluta alegría. Sin embargo, no había tiempo de cháchara.
– Ya vienen. – jadeó Hermione. Y mientras hablaba, las paredes a su alrededor se expandieron. Ya podía moverse libremente una vez más.
– Ponte detrás de mí. – le ordenó él, con una ferocidad que podría ser aterradora si no estuviera siendo empleada en su defensa.
Como predijo Hermione, las criaturas a la cabeza de la fila no tenían ninguna posibilidad. Draco los interceptaba, uno a uno. Aun así, seguían llegando. Debieron pasar tan solo unos minutos, pero pareció mucho más hasta que Hermione llegó a la escalera de madera que conducía a la escotilla. La inclinación era increíblemente empinada.
– ¡Sube! – rugió Draco. Apenas podía oírlo por encima de la cacofonía de chillidos y gruñidos.
El suelo estaba saturado de sangre. Los pies de Hermione chapoteaban y resbalaban en el lodo. Tenía la ropa pegajosa y mojada. No podía subir. No con facilidad, al menos. Draco no sabía que tenía las manos rotas.
Una de las criaturas atravesó el embudo que habían formado los cuerpos de sus camaradas descuartizados, escurriéndose entre los restos. Se lanzó hacia Draco, derribándolo contra Hermione. Draco clavó la varita directamente en el ojo de la criatura. El hechizo siguiente hizo que su cabeza explotara sobre ambos.
– ¡Amarov! – gritó Draco, limpiándose la mugre de la cara – ¡Ahora sería un buen momento!
Para asombro de Hermione, la escotilla en la parte superior de la escalera se abrió, inundando la estancia de luz. Alexander Amarov se inclinó hacia ella. Cuando sus pies pisaron el suelo firme del Gran Comedor, se volteó sintiéndose aliviada de ver a Draco colocándose sobre la escotilla. Amarov rápidamente se apresuró a ponerle de nuevo el cerrojo de metal.
Draco estaba irreconocible. Estaba completamente empapado en sangre muerta desde su pelo - que chorreaba un líquido rojo oscuro y espeso - hasta sus zapatos. Hermione vio sus familiares y hermosos ojos grises, misteriosos y brillantes en su ensangrentado rostro. La examinó rápidamente de arriba abajo, deteniéndose momentáneamente en sus destrozadas manos.
– ¿Puedes sostener una varita? – le preguntó con voz ronca.
Ella sacudió la cabeza, consciente de que simplemente se estaban mirando el uno al otro.
– Potter está a salvo y oculto donde me dijiste. – los interrumpió Amarov – Tuve que atarlo a un poste para evitar que saliera flotando como un maldito globo.
– ¡Harry! – Hermione recordó repentinamente dónde lo había dejado – ¿Está bien? ¿Dónde está ahora?
Fue Draco quien respondió.
– Estará bien una vez le curen el brazo. Lo hemos escondido en una de las gradas del campo de Quidditch.
¡Por supuesto! Tal como Draco y ella habían hecho durante la visita a la biblioteca hacía ya más de un año, podían Desaparecerse desde el campo de Quidditch, donde las barreras protectoras eran más débiles.
– Granger, dame tus manos.
Hermione hizo lo que le pidió, teniendo que morderse el labio para no gritar cuando Draco se puso a examinárselas.
– ¿Qué pasó? – usó el mismo hechizo estabilizador que debería haber lanzado sobre el brazo de Harry, aunque Hermione sospechaba que el hechizo analgésico estaba funcionado mucho mejor en ella que en las heridas abiertas de Harry.
– Hubo una explosión durante el duelo de varitas contra, eh… una de esas cosas.
Draco frunció el ceño cuando se percató de que Hermione tenía las cejas chamuscadas.
– ¿Alguna otra herida? – le apartó los rizos, pasando sus pegajosos dedos a lo largo de su cuello, clavícula, brazos y espalda.
Bueno, estoy a punto de tener a tu bebé.
– No.
– ¿Puedes caminar? – sus ojos se estrecharon hacia ella. Quería decírselo, pero la cuestión era que no podían hacer nada hasta que estuvieran a salvo. Además, era añadirle una preocupación más a Harry.
Para su silencioso alivio, Draco no se molestó en esperar una respuesta. En su lugar, la levantó entre sus brazos y se dirigió rápidamente con Amarov hacia el ala oeste, cruzando el patio cubierto y hacia el campo de Quidditch.
Una espumosa oleada de calidez burbujeó a través de Harry, comenzando desde su pecho y expandiéndose hasta sus extremidades. El dolor punzante que se había establecido en su brazo herido disminuyó. Parpadeó, levantado una mano para protegerse los ojos del resplandor del sol.
¿Luz del sol? Estaba al aire libre. Podía sentir y oler césped húmedo debajo de él. Aunque no había olor a muerte. Intentó sentarse.
–Con calma. – dijo una voz – Acabo de sacarte de un fuerte desmayo. – era Draco, pero también parecía el monstruo de una pesadilla. Como si lo hubieran sumergido de cabeza en un tanque de sangre.
– Hermione… – susurró Harry.
– Estoy aquí. – su rostro apareció en su campo de visión. Tenía casi el mismo macabro aspecto que Malfoy – Estoy bien. – le aseguró ella, observando su preocupada expresión – Es principalmente estético, te lo aseguro. ¿Cómo te encuentras?
Harry la agarró por los hombros y la apretó, inmensamente feliz de verla.
– Mareado, pero bien. Dios, parece que hayáis atravesado el infierno…
La cara de Draco se cernió sobre él una vez más.
– Aún no lo hemos atravesado del todo. Necesito que nos devuelvas a la flota. ¿Crees que puedes hacerlo, Potter?
– No puede llevarnos a ningún lado. – protestó Hermione – ¡Míralo! Podríamos aparecernos en otro lugar mientras tanto…
– La flota es el lugar más seguro. – la interrumpió Draco.
– ¿Y si pasa lo mismo otra vez y terminamos atrapados en una pared de piedra, como Grey? – dijo una tercera voz. Harry se volvió, entrecerrando los ojos para enfocar la vista. Era Amarov.
– ¿Qué demonios está haciendo él aquí?
– Lo trajiste con nosotros, ¿recuerdas?
Harry se sentó, sacudiéndose las manos. No iba a joder las cosas como lo había hecho con Blaise Zabini en Grimmauld Place. Desde la muerte de Zabini, Harry se había estado preparando.
– Puedo llevarnos de vuelta. A todos. – dijo, fulminando con la mirada a Amarov.
Draco se echó hacia atrás en sus talones, pareciendo escéptico.
– ¿La flota aún está en Boston?
– Sí.
– Eso son casi cinco mil kilómetros, Potter.
– Puedo hacerlo.
– Si lo hacemos, – interrumpió Draco, alternando la mirada entre Harry y Hermione – tenemos que aclarar nuestras mentes para que Potter pueda enfocarse. – se levantó y le tendió la varita a Harry – ¿Bien, entonces, Potter?
Con una expresión sombría, Harry tomó la varita y luego aceptó la mano que Draco le tendía. Cuando Draco lo levantó, se inclinó y le dijo:
– Será más fácil con menos personas.
Harry sabía lo que venía, y se dio cuenta de que, a su extraña manera, Malfoy estaba buscando su aprobación. Harry asintió.
Entonces, Malfoy se volvió hacia Amarov.
– ¿Todavía tienes el arma que encontraste?
Servicialmente, Amarov metió una de sus manos en el mono y sacó lo que parecía una vieja pistola de duelo.
– Me temo que no puede viajar con nosotros.
– Ah. – dijo Amarov, entregándole el arma a Draco. Probablemente supuso que era un tecnicismo relacionado con la Aparición, o tal vez una cuestión de falta de confianza en él. Demasiado tarde, sin embargo, Amarov vio la expresión de confusión en la cara de Hermione y la mirada más reveladora en la de Harry.
El ruso retrocedió cautelosamente de Draco, quien ya había amartillado el arma y la levantaba.
– Dime, ¿todavía te queda ese disparo?
Amarov no corrió. No suplicó. Solo miraba a Hermione.
Ella estaba aturdida. Y se sorprendió aún más, cuando el brazo de Harry la sostuvo para que no pudiera intervenir.
– Draco, no puedes. ¡Así no! ¡Harry, díselo!
– Siento lo que hice. – dijo Amarov con los ojos fijos en ella. Su inquebrantable mirada azul fue lo último que vio antes de que Draco apretara el gatillo, disparando la pequeña bala de plomo en su cabeza.
A pesar de su antigüedad, la pistola disparó perfectamente, dejando una nube blanca de pólvora en el aire. Draco la arrojó al suelo junto al cuerpo de Amarov.
Harry tomó la cara de Hermione entre sus manos.
– Hora de irse. ¿Estás lista?
– Yo… – miró el cuerpo de Amarov – Sí.
– Aclara tu mente.
Sintió que Draco la envolvía por detrás, sosteniéndola firmemente entre él y Harry. Sintió el nacimiento del hechizo uniéndose a ellos.
– A la de tres…
¡Holaaaaa! Al fin actualizo esta historia, creo que ya iba siendo hora y, como ya sabéis, todavía queda un capítulo hasta llegar a donde ha llegado Rizzle y qué esperemos que retome pronto.
Creo que ha sido un capítulazo y el fin de una época muy complicada... ¡La muerte de Amarov! Guau... recordando todo lo que ha pasado, creo que tiene una muerte demasiado digna, ¿no creéis?
Y de alguna retorcida manera, ¿no os han parecido entrañables los zombies magicos? Increíble el efecto que podría tener la magia en un virus de esas características, me parece fascinante el enfoque que le ha dado Rizzle a este tema, ¡me quito el sombrero!
Y, sin más, intentaré actualizar Rebuilding esta semana.
Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Vane malfoy* *guiguita* *Loonydraconian* *AnaelDeNottZabinni* *SALESIA* *AliceMlfy* *johannna* *marfelton* *Ginaevans6* *Carmen* *moonssoul* *Selene1912* *AlenDarkStar* *Doristarazona* *monchenny* *P. Metus*
¡Besazos zombificados!
