"Pero nunca nadie mencionó que hacerte la fuerte te destruía el doble"

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La vio irse con sus ojos azules hechos agua, la siguió como siempre la había seguido toda su vida, caminaba detrás de ella y decía su nombre preocupada, pero la dueña de su preocupación comenzó a caminar más rápido, cada vez más rápido hasta que corría, sabía que estaba escapando, pero ¿de qué? Decía su nombre, pero la muchacha de cabellos rubios no se detenía, la vio subir a un autobús y grito su una vez más nombre; ahí entendió todo. Logro ver aquel rostro, en su rostro se reflejaba lo rota que estaba, lo desesperada y desesperanzada que se encontraba. Quiso decirle que bajara, que hablarían las cosas como siempre lo habían hecho pero sus manos cayeron a su lado y la voz no logro salir de su garganta, tan solo quedo mirando como el autobús avanzaba.

"¿Por qué?"

¿Por qué las cosas habían llegado a ese punto? Ella sabía, lo sabía todo con respecto a la rubia de ojos azules, sabia lo rota que estaba, sabia en la cuerda floja en la que se encontraba cada día de su vida, sabia lo que atormentaba su mente ¿Cuántas veces había llegado esa muchacha a su hogar llorando? Ya no lo sabía. Camino de vuelta a la escuela, ya varios se habían ido, pero ahí estaba su novio y el mejor amigo de este.

- ¿Qué ella hizo qué? – pregunto –

- se declaró – respondió el otro muchacho

Entendió todo, camino de manera automática escuchando cada palabra que ambos chicos estaban diciendo sin poder apartar la mirada de aquel rubio.

- ¿y que le dijiste? –

- y-yo no supe que decir, solo balbuceé. – decía nervioso-

- sí, pero ¿Qué balbuceaste? – pregunto intrigado el moreno –

- yo… - suspiro – que como creería que yo… -pausa -no pude terminar la frase porque me hizo callar –

- auch, eso debió doler – respondió - ¿Cómo pudiste decirle algo así viejo?

- no sé, yo no estaba pensando fue lo uni- -

Se escucho el sonido de un golpe, una bofetada específicamente, Phoebe estaba frente el rubio que tenia su rostro girado mientras que el moreno simplemente miraba sorprendido.

- n-nena ¿Por qué? –

- eso me pregunto yo – dijo mirando al rubio - ¿Por qué? ¿tenias que humillarla de esa manera? –

- no fue mi intención – respondió levantándose –

- nunca es tu intención – dijo con rencor -

- ¡¿Qué querías que hiciera?! No me lo esperaba -alzo su voz-

- ¿y por eso le hiciste pensar que sus sentimientos eran repugnantes?

- no quise hacer eso –

- ese es tu maldito problema Arnold, nunca quieres lastimar a nadie, pero a divina, siempre terminas haciéndolo, porque actúas como si fueras la persona más buena del mundo, pero ¿sabes qué? No es así, porque solo jamás estarías donde estas – respondió alzando la voz también -

- wow, tranquila nena – dijo Gerald tomando la mano de su novia –

- ¡ya me cansé! – grito – Me canse de ti Shortman ¡me canse de que creas que todo está bien!

- ¿de que estas hablando? –

- mhp – resoplo – realmente no te enteras de nada –

- ¡¿de qué hablas Phoebe?! – exclamo desesperado -

- ¿sabes quién encontró a tus padres? ¿sabes quien ayudo a tu abuela cuando le dio ese infarto? – dijo tocando su pecho con su índice- ¿sabes cómo milagrosamente te encontrabas con todas las chicas que te gustaban a solas? ¿el como te salía todo bien en tu vida? ¿el porque todos te aceptaban y siempre quedabas como el bueno? Fue gracias a ella – sentencio -

Ambos chicos quedaron mirando a Phoebe un momento, quedaron viendo como sus lentes se empezaron a empañar porque las lágrimas no pudieron aguantar. ¿rabia? ¿tristeza? ¿decepción? Tal vez cada una de ellas estaba mezclada; pero la mirada de aquellos ojos negros nunca se apartó de los ojos color esmeralda.

- Helga hizo todo eso por ti, ella hablaba con esas chicas para que te dieran una oportunidad, ella llevo a tu abuela al hospital cuando le dio aquel infarto – comento ya más derrotada con sus lágrimas cayendo- ella ayudaba en silencio para que te salieran bien las cosas o si las hacia ella, te daba el crédito y todo para hacerte feliz Arnold – pausa – ella busco a tus padres, trabajo día y noche, no durmió varias veces hasta que los localizo, viajo a pesar de que no le correspondía y los trajo de vuelta – silencio – ¿y tú?

- y-yo que –

- ¿Qué has hecho por ella todo este tiempo? – miro con lastima al rubio - Nada, la dejabas de lado, a veces la ignorabas. No le dirigías la palabra cuando estabas con esas chicas. Siempre que la necesitabas ella escuchaba tus lamentos, tus problemas… tus dudas y te aconsejaba. Dime Arnold ¿Cuándo dejaste de prestar atención de lo que sucedía a tu alrededor? –

- Yo no sabía… -

- El ser ignorante es lo mas sencillo y feliz del mundo ¿no crees? Y ahora, ella esta no sé dónde, rota, humillada y no sé qué más podría estar sintiéndose – se limpia las lágrimas- solo escúchame una cosa, te hago el único responsable si le llega suceder algo a Helga, Arnold porque a lo que a mi respecta, lo eres –

Diciendo eso la muchacha se marcho con rabia y tristeza en su corazón, con una única preocupación en su cabeza, y era Helga.

- v-viejo –

- ¿es verdad? – pregunto mirando el suelo –

- ¿Qué cosa? –

- lo de mis padres, la ayuda, mi abuela -pausa- Helga ¿es todo verdad? –

- si – dijo serio y tranquilo – todo lo que dijo Phoebe es verdad –

- ¿Por qué no me lo dijiste? – le miro -

- porque jamás había visto a Pataki pedirme algo como me lo pidió esa vez –

- ¿Cómo la viste? –

- de la misma manera que me estás viendo tu – pausa- con los ojos llenos de desesperación y desesperanza –

Escuchando esas palabras se fue de ahí a paso lento, como si cada uno de estos le costara una fuerza inimaginable, le estaba costando avanzar, entonces ¿Ella siempre había estado atrás de él? ¿en cuántas cosas le había ayudado en su vida? Suspiro. Fue al parque y allí se quedó, en una banca mirando a la gente pasar sonriente.

"¿Por qué tiene que doler, Helga?"

Recordó una de las conversaciones con la rubia, se vio sentado en la misma banca con la muchacha a su lado, ese día la chica de ojos color cielo tenía el cabello suelto y una mirada triste, apenas tenían 15 años.

- ¿Por qué tiene que doler tanto el que te rechacen? – pregunto viendo sus pies -

- Por qué es la forma en que la vida te dice que no puedes tener todo –

- ¿es así? –

- descuida Arnold – le miro con una sonrisa triste – todos tenemos algo que no podremos conseguir, pero nos hace más fuerte –

- era mi sueño estar con ella… - suspiro – no se que hacer ahora -

- "Es una locura odiar todas las rosas porque una te pincho. Renunciar a tus sueños solo porque uno de ellos no se cumplió" Antoine de Saint-Exupéry, en el principito – se levanta – la vida es para seguir intentando, vamos te invito una malteada –

¿Cuántas veces le había dado palabras de aliento? ¿Cuántas veces había estado Helga para él? Ya se le había olvidado ¿Cómo se le había olvidado? Golpeo su pierna con fuerza, era tan frustrante de una manera que odiaba.

- Hola Arnold – dijo una voz melodiosa –

- volteo – Hola, Lila – le sonrió un poco forzado –

- ¿todo bien? –

- si ¿Por qué? –

- no por nada – miro a su alrededor –

- ¿sucede algo? –

- no, nada. Me preguntaba dónde estaba Helga, ya que siempre esta cerca de ti – dijo sonriendo - ¿sabes?

- ¿sí? –

- siempre envidie el como te miraba Helga – sonrió – como si fueras la única persona en el mundo que importara – mira su reloj – oh bueno, debo marcharme espero nos veamos en la fiesta de casa de Rhonda, adiós Arnold –

Se quedo parado mientras se iba la chica ¿era así? ¿Helga siempre lo había visto de esa manera? Pateo algo de manera imaginaria, llevo sus manos a sus bolsillos y siguió caminando ¿era el único que jamás se había percatado? ¿Tan ciego podía ser que jamás se había dado cuenta de la chica? Suspiro con frustración. Abrió la puerta de su casa y entro.

- bienvenido Arnold – dijo su madre desde la cocina –

- que tal hombre pequeño – dijo su abuelo en la mesa de la cocina –

- mamá, abuelo hay algo que deseo preguntarles – susurro mientras se sentaba –

- claro, ¿esta todo bien cariño?

- mamá ¿tu sabes quien es Helga? –

Al levantar su mirada vio como su madre miraba al abuelo y luego a él.

- claro, esa chica rubia ¿no? – sonrió sentándose - ¿viene a comer? – sonrió con más ganas –

- n-no –

- vaya… jamás hemos podido agradecerle de la manera correcta – suspiro –

- esa niña si que tiene agallas – rio el abuelo –

- ¿de que hablas? –

- Vamos Arnold, ella trajo a tus padres, ya sabes – dijo cerrando el diario –

- además de todas las veces que ha venido a cuidar a tus abuelos cuando no estas porque tú se lo pedias – agregó su madre –

- ¿Qué? –

- si como esa vez que llego con la medicina para Pookie por su neumonía – recordó el abuelo –

- o cuando no pude salir y trajo pañales para tu hermana pequeña – recordó su madre – a todo esto, tu padre fue por ella a la guardería, pero tu ya sabes todo eso Arnold, tu le pediste que hiciera todo eso. Siempre le dije que no debía hacerlo, ya que lo podías hacer tú, pero siempre ponía esa mirada –

- ¿Qué mirada? – la miro -

- Ya sabes, esa mirada, la que siempre ponía, un poco melancólica– sonrió – ¿Por qué preguntas todo esto Arnold?

- por nada, iré a mi cuarto –

- Si ves a Helga dile que venga a cenar un día con nosotros –

Subió a su cuarto y se lanzo a su cama y se lleno de pensamientos confusos y recuerdos que lo bombardeaban una y otra vez, pero siempre estaba la sonrisa triste de Helga, siempre estaba ella en algún recuerdo o evento importante en su vida ¿Cómo había sido tan ciego? Helga le había ayudado tanto y él ¿Qué había hecho? ¿Qué había hecho por esa chica todo este tiempo?

"Nada"

Cerro sus ojos cansado y en lo último que pudo pensar fue en la sonrisa triste de Helga, con su cabello suelto, su piel blanca y suave, ese moño rosa que antes estaba en su cabeza y luego paso a su morral. Siempre Helga a su lado, ayudándole, levantándolo o brindándole una palabra de aliento.

No pudo evitar el soñar con ella, con su voz, con su mano guiándole a diferentes sitios, dándole ánimo, explicándole que no debía rendirse, que él era Arnold Shortman, el muchacho mas optimista de todo el mundo y que no podía tirar la toalla en ese momento, que ella le ayudaría a caminar si era necesario. Recordaba como varias veces lo había llevado donde estaban las chicas que le gustaban, donde Helga siempre lo arreglaba un poco y ponía sus manos en los hombros de él.

"- El mundo es tuyo Arnold –"

Después de esas palabras le daba un pequeño empujón y ahí iba él de nuevo. ¿Cuántas veces habían sido? Bastantes ¿Cuántas veces le había dado las gracias? Ninguna. ¿en que momento normalizo que Helga fuera tramoyista de su vida? Aun podía recordar cómo se había sentido cuando sus padres aparecieron en su hogar, vio a Helga al lado de ellos, pero no le presto atención, tan solo abrazo a sus progenitores ¿Qué más podía pedir? Esa alegría jamás podría ser igualada. Muchos recuerdos venían en sus sueños, muchos recuerdos donde era espectador y podía ver a esa chica, esa chica que le estaba mirando constantemente desde que eran pequeños pero que él jamás pudo ver. ¿Cómo había sido tan ciego? ¿Cómo había podido ser tan idiota?

"- todos merecemos tener un poco de amor ¿no Arnold? -"

Abrió sus ojos con rapidez, miro a su alrededor y pudo ver la oscuridad ¿ya era tan tarde? Reviso su celular, 9 p.m. marco el número de la rubia, pero no contestaba, marco una y otra vez, pero nada sucedía, suspiro; dejo el celular a un lado y se quedo viendo el cielo acostado en su cama ¿Qué haría cuando Helga le contestara? ¿Qué le diría? ¿Cómo debía mirarla? Ella le miraría como muchas veces le había visto ¿no? Con esos ojos azules que sentía que se rebalsarían en cualquier momento, esos ojos que no era capaz de mirarlos directamente porque algo provocaba en él que jamás supo descifrar que era. Esas veces donde ella tomaba la mano de él y una calma se apoderaba de su alma en un instante. Inconscientemente la esperaba, a veces en el parque haciendo nada más que caminar hasta que oía la voz de ella junto a la de Phoebe. Una voz que tenia tantas emociones guardadas. Cerro nuevamente sus ojos con fuerza y Helga era la primera imagen que venía.

Dios, jamás la había visto como en ese momento, cuando levanto su mano, vio sus ojos vacíos, esos ojos azules como el cielo, vacíos; esa voz como hilo que en cualquier momento se rompería. Era verdad, Helga estaba rota en ese momento y había sido culpa de él. Pero ¿Qué podía hacer él? No sabia que hacer con los sentimientos que le habían dicho ¿Cómo corresponder? Se acobardo, se asusto por la intensidad de sentimientos que ella le estaba entregando, pero algo había en su corazón que se encendió cuando lo escucho, movió su cabeza de un lado a otro para disipar todo una vez mas ¿realmente el merecía ser querido de la manera que ella lo quería? Esa era la pregunta que realmente se tenia que hacer, y con tristeza encontró la respuesta.

"no"

No merecía ser amado de la manera que ella lo amaba, y estaba claro. Ella merecía un hombre que le diera el cielo, las estrellas. Que le bajara la luna las veces necesarias, ella necesitaba alguien que estuviera siempre para ella en cada segundo de su vida y que se dedicara a ella como ella se había dedicado a él. Ella no merecía a alguien como él, que la ignoraba a veces, que no le prestaba atención, veces donde escapaba de ella al sentirse abrumado por la sola presencia de esa muchacha. Con esa sonrisa melancólica que no sabia el origen de esta, se sentó de golpe en la cama. No sabia nada de ella, no sabia el porque Helga era así, por qué había cambiado de un momento a otro y nació esa necesidad de protegerla, nació una necesidad en su pecho de querer abrazarla y permitirle llorar lo que tenia guardado en sus ojos. Se levanto de la cama y salió corriendo en busca de ella.

Menudo idiota. Todo ese tiempo donde buscaba diferentes chicas la buscaba a ella, la buscaba en cada sonrisa, en cada mirada. Entendió que algo había cambiado en su mundo cuando la vio por primera vez en la entrada de la guardería. Porque en ese momento su mundo fue mejor, cada día fue mejorando con ella, y cuando cambio, cuando se acerco a él algo en su pecho daba vueltas, se sentía inmortal, se podía sentir capaz de todo. A veces dudaba de él, que nadie iba ayudarle, que siempre estaría solo pero siempre estaba ella, ahí, a su lado mejorando su mundo, con sus palabras, con sus caricias en la cabeza, dando siempre lo mejor de ella para él, siempre postergándose para darlo todo por él.

Corrió buscando en el parque, corrió buscando a los alrededores de la escuela, en el centro de la ciudad. Su pecho subía y bajaba por el haber corrido. Quería decirle tantas cosas en ese momento, que había sido un idiota, que no la merecía pero que si le daba la oportunidad él remediaría todo, sería la persona que ella merecía, seria el hombre que ella merecía y que apartaría todas las lágrimas, todos los problemas se esfumarían, que nadie más le haría daño. Que podía contar con él para siempre, que si no podía seguir, que si el cielo parecía que caía sobre ella, si sentía que el suelo se abría en cualquier momento y la tragaba él estaría ahí para ella. Que jamás se separaría de su lado. Vio nuevamente la hora en su reloj de pulsera. 11:50 p.m. Ya era media noche. Suspiro, seria una imprudencia ir a su casa a esta hora y llamar a Phoebe le causaba un poco de temor. Camino hasta su casa, iría allá a primera hora, tal vez estaba donde su amiga, su única amiga.

Llego a su casa, fue a su habitación y subió a la azotea, se quedo mirando las estrellas y viendo la inmensidad de la luna de esa noche, una luna tan blanca que podía iluminar todo.

- lo lamento – susurro –

Se quedo ahí durante toda la noche, entendiendo tantas cosas que había obviado durante su vida. Bajo hacia su habitación y reviso su celular, la pantalla marcaba "un nuevo mensaje"

"Lamento el haberte incomodado tanto Arnold. Olvida lo que te dije que yo también olvidare todo"

Apretó sus dientes, tomo una chaqueta y salió corriendo en dirección a la casa de Phoebe, no quería olvidar, no quería que ella olvidara porque ahora se había dado cuenta de lo idiota que había sido, quería estar con ella. A lo lejos pudo ver a Phoebe y a Gerald en el pórtico de la chica oriental, las lágrimas salían de sus ojos.

- Phoebe – dijo entrecortado –

- Arnold – respondió ella - ¿Qué haces aquí? – le miro –

- b-busque a Helga durante la noche… - se detuvo - y-yo me equivoque Phoebe, me equivoque terriblemente sobre Helga… y-yo fui un tonto que jamás me di cuenta todo lo que ella hizo por mi –

- no necesita tu lastima Arnold – dijo ella –

- nena… -

- no es lastima – dijo directamente- no siento lastima por ella, me di cuenta el porque me alejaba de ella, me di cuenta de que… - mira el suelo – siempre busque su sonrisa Phoebe… siempre la busque a ella en cada momento, pero me daba miedo buscarla a ella en específico. El miedo no me dejo… ¡soy un cobarde! Un idiota, un… un cabeza de balón, pero… -

- ¿pero? –

- me di cuenta de que la amo… necesito a Helga, necesito que este a mi lado, necesito que este en mi vida siempre… -

- Oh Arnold – sonrió con tristeza – lamento el haberte dicho esas cosas – agrego abrazándole – pero no será posible –

- ¡si lo es!, si me odia hare lo posible para revertir el daño que he hecho, seré mejor persona, puedo hacerlo, puedo lograrlo – exclamo alejándose de la chica oriental -

- no Arnold – dijo ella –

- ¿Por qué Phoebe? – suplico –

- porque Helga se fue, viejo – agrego Gerald con tristeza y poniendo su mano en el hombro de él – se ha ido tal vez para siempre…

Sintió como un balde de agua helada caía en su cuerpo, su mente se fue a blanco. Saco su teléfono y marco el teléfono de ella "fuera de servicio" llamo una y otra y otra vez, pero era inútil. Arrojo el teléfono al suelo y cayo de rodillas, las lágrimas cayeron desde sus ojos ¿Qué había hecho? ¿Qué tanto daño le había hecho a esa muchacha? ¿Qué tanto había roto a Helga? Dios… ¿Qué había hecho? ¿Qué haría ahora sin ella?