"Era mi tormenta y mi verano,

Quizás eso es el amor,

Una hermosa contradicción que de alguna u otra manera nos equilibra"

Ron Isreal.

.

.

.

.

.

.

Su mundo se detuvo, sintió un escalofrió por todo su cuerpo, levanto su rostro y sus ojos se encontraron con esos ojos de color esmeralda, aquellos ojos que seguían persiguiéndola cada día de su vida. Ahí estaba el dueño de sus desvelos y de sus suspiros, el dueño de muchos de sus pensamientos y sueños, y el culpable de una promesa que se había hecho hace tanto tiempo atrás que era difícil de recordar, pero el dolor y la tristeza no, al mismo tiempo de sentir eso el dolor volvió a ella ¿había sido así de rencorosa? ¿era tan rencorosa? Así parecía. No quería decir su nombre, porque sería como un encantamiento, ninguno de los dos decía palabra alguna, estaban quietos, catatónicos de volverse a ver en todo ese tiempo. No debía decir el nombre de ese hombre, no debía ser encantada nuevamente, pero una extraña magia le estaba obligando.

- Arnold – y comenzó su condena, el corazón comenzó a doler de una forma que había olvidado, una forma que ya estaba relacionada al pasado.

Ninguno apartaba su mirada, ella quería escapar, desaparecer en ese momento mientras que él, solo deseaba abrazarla, tocarla para saber si era real.

- Helga – susurro él nuevamente disfrutando ese nombre ya que la dueña de el estaba ahí, mirándole de manera incrédula – han pasado muchos años… - dijo levantándose y estirando su mano para ayudarle –

- si, han pasado años – se levanto sin aceptar la ayuda del rubio – ¿6?

- 10 – dijo con un poco de rapidez – han pasado 10 años…

- vaya, si que pasa volando el tiempo cuando te diviertes – agrego limpiándose su falda – como sea, que bueno que estas bien, adiós – dijo rápidamente dando media vuelta y comenzando a caminar –

- espera – tomo si muñeca - ¿no te alegra verme? – pregunto tímidamente – digo, han pasado 10 años, yo estoy feliz de verte –

La muchacha detuvo su caminar y aparto su brazo bruscamente para que el hombre la soltara, sus manos temblaron, pero de una rabia un poco contenida cerro sus ojos fuertemente y trato de controlarse, respiro profundamente y volteo a verlo.

- ¿alegrarme? – dijo fríamente - ¿alegrarme de qué?

- de verme – repitió tímidamente –

- no – respondió – no, no me alegra, mi vida estaba de lo mas bien sin saber de ti Arnold Sherman, mi vida estaba bien del modo que iba – se cruzó de brazos – pero si quieres, bueno ¿Cómo va la vida? ¿Cuántos hijos tienes? ¿Ya te casaste? ¿Con cual de todas las chicas te quedaste?

- ¿Qué? No Helga, por favor no seas así – suplico –

- no tengo tiempo para esto Arnold –

- solo dame 15 minutos –

- te di 8 años de mi vida y tal vez mas – sentencio ella - ¿y qué hiciste tu con esos años?

- lo lamento – respondió – me arrepiento tanto de lo imbécil que fui en ese tiempo, por favor tan solo escúchame, solo déjame saber de ti… - la miro – te lo suplico -

Se quedo mirando esos ojos color esmeralda y lo sabía, siempre lo había sabido; él tenia algo de poder en ella, algo que hacia que ella dejara de pensar en el resto y que se centrara en él… y porque lo sabia y volvió a entenderlo, aun sentía cosas como este ahora hombre frente a ella, suspiro derrotada y cerro sus ojos.

- 15 minutos, pero no pueden ser hoy – dijo cansada – vengo llegando y estoy cansada – le miro –

- cuando tú puedas – respondió él con una sonrisa –

- bien – saco una tarjeta de su cartera – ahí esta mi número y mi correo electrónico – sonrió derrotada –

- ¡ah! – saco una tarjeta – aquí está la mía, también tiene mi número y mi correo electrónico –

- entonces nos vemos Arnold – dijo colocándose sus anteojos de sol nuevamente –

- nos vemos Helga –

Camino con pasos largo y acelerados, necesitaba llegar al hotel, necesitaba poder respirar con tranquilidad, se sentía ahogada, su pecho iba a estallar en cualquier momento.

Sé que no has estado bien, no
Que el pasado es tu enemigo
Y en las noches siempre sueñas
Con lo que no fue

Siempre ha sabido de él, desde el primer día que se fue siempre supo de él, jamás pudo desligarse de su vida ni de su familia, ¿Qué podía hacer? El amor que sentía por él no podía irse de un día para otro a pesar de todo ella no podía olvidarlo ni odiarlo. Al llegar al hotel se dejo caer en la cama sin delicadeza, arrojo sus zapatos y se quedó ahí con sus ojos cerrados.

Y ahora que la culpa le ganó a la suerte
Te das cuenta de que el tiempo todo lo devuelve
Hoy después de tanto tiempo puedo ver
Que siempre te voy a querer

Pensaba que todo este asunto de Arnold se había terminado, que estaba superado que nada iba a cambiar si lo volvía a ver, pero cuanto se había equivocado, el destino se había encargado de demostrarle que tan equivocada podía estar, no solo con su familia que si le dolía el que no la hubieran buscado, que no habían hecho un esfuerzo para hablar con ella, sino que también la vida le demostró que Arnold seguía siendo alguien importante en su vida, un pilar que jamás se había desmoronado, un pilar que se negaba dejar ir.

Y aunque nunca me lo preguntaste, estoy bien
Y aunque nunca te lo dije antes, te extrañé
Fuiste tú quien decidió alejarse
El porque ya no es tan importante

Y aunque nunca lo pediste, ya te perdoné
Y aunque nunca lo pediste, ya te perdoné

Siempre creyó que al menos él iba a buscarla, que insistiría, que llamaría, pero no fue así. Sacudió su cabeza, debía ser justa, ella se escondió en un país que jamás pensaron que estaría, en una universidad que ni ella misma se lo creía. Quería ser justa, lo había extrañado tanto, el abrazarlo cuando tenia un problema y tomar su mano en forma de ánimo, el reír juntos, el ir por malteadas para celebrar o para pasar alguna pena. Sí, lo había extrañado. ¿era rencorosa? Ella pensaba que sí, con todo lo que había sucedido ese día, pero con respecto a él no lo sabía. Volteo para quedar mirando el techo blanco de esa habitación de hotel. Sonrió con tristeza, lo había perdonado, Dios, le había perdonado todo.

Nunca antes el silencio fue tan suficiente
Nunca antes un abrazo se sintió tan fuerte

Y aunque nunca me lo preguntaste, estoy bien
Y aunque nunca te lo dije antes, te extrañé
Fuiste tú quien decidió alejarse
El porque ya no es tan importante

Y aunque nunca lo pediste ya te perdoné

¿Cómo podía seguir cayendo y cayendo? No era culpa de nadie mas que de ella, por ser siendo una niña estúpida en el fondo. Porque eso provocaba Arnold en ella, un deseo de ser abrazada por él, una necesidad de estar con él, porque daba miedo todo lo que sentía por un solo sujeto, parecía obsesión. Todos dirían que ella estaba enferma y tal vez sí, lo estaba, pero ¿Qué podía hacer? Ese sentimiento que no quería decir, lo que aun anidaba en su corazón ¿Cómo un primer amor puede sobrevivir tanto tiempo? ¿Cómo alguien puede amar con tanto fervor a una sola persona? Unas lágrimas cayeron de esos ojos azules que se ahogaba con cada pensamiento.

Tantas noches que intenté olvidarte
Y aunque quiera yo no puedo odiarte

Ya no importa lo que fue
Siempre te voy a querer

Sus lagrimas no dejaban de caer, ya no podía detenerlas, llevo sus manos a su rostro para secar las lagrimas de manera inútil. Quería odiarlo, quería poder odiarlo y gritarle todo lo que le había hecho sentir, todo ese sufrimiento que sintió, esas ganas de querer de huir de esa ciudad también fueron por él de la manera injusta que rechazo sus sentimientos, y eso es lo que debía hacer.

Y aunque nunca me lo preguntaste, estoy bien
Y aunque nunca te lo dije antes, te extrañé
Fuiste tú quien decidió alejarse

Pero ya nada importaba, en ese momento nuevamente se sintió sola, abrazo sus piernas y sintió esa soledad que no sentía hace 10 años atrás, como cuando estaba en su habitación, llorando, mientras su madre estaba ebria tirada en el sillón y su padre gritándole a la televisión, Dios que difícil era todo esto. Pero a pesar de estar llorando, abrazando sus piernas sabía que podía contra esto, ya no era la niña que estaba sola, no era ya esa niña que se mostraba ruda porque no sabia como lidiar con sus sentimientos y con lo que pasada en su vida. Ahora era una mujer adulta, autosuficiente que bastaba con ella, lo sabía, sabía que se pondría de pie ante todo esto, pero solo por esta vez quería encogerse y llorar, quería que alguien le abrazara tal como lo hacia Ian… tomo su celular y titubeo por un segundo, pero mando aquel mensaje. El crecer le había demostrado que no siempre podría sola, que no siempre el fuerte era aquel que actuaba frio. Se quedo tirada en la cama con su mirada perdida, sus lagrimas caían de manera silenciosa como si no pudiera pararlas y solo el golpear de la puerta rompió el silencio de la habitación.

El porque ya no es tan importante

Y aunque nunca lo pediste ya te perdoné
Y aunque nunca lo pediste ya te perdoné

Se levanto de manera lenta y pesada, puso el pomo de la puerta en su mano, y lo giro de manera lenta, el clic que daba aviso que la puerta estaba abierta y que debía tirar la puerta hacia ella dio paso, todo iba en cámara lenta en ese segundo. Levanto la mirada y vio a esa figura en el marco de la puerta, su vista nuevamente se nublo, llevo su mano a su boca para apaciguar aquel llanto. Dios, ¿porque tenia que ser tan difícil? Había perdido a su marido hace tan poco y el volver a su ciudad natal estaba costando demasiado, no estaba preparada y muchos menos ver a Arnold el primer día, sabía que lo vería en algún momento, pero no de forma inmediata.

Escucho como la puerta se cerró y sintió como unos brazos la rodearon, se aferró con fuerza y su llanto se desato, no podía parar.

- no soy tan fuerte como creí que era – balbuceaba –

- nadie lo es – decía mientras le abrazaba con fuerza –

- no creí sentirme sola como antes –

- no estás sola –

- ¿Por qué…? – sollozaba - ¿Por qué yo…?

- No lo sé – respondió con voz resignada – no lo sé… si pudiera te quitaría todas las tristezas –

- Phebs… ya no quiero más –

- tranquila Helga, yo estoy aquí para ti – la abrazo con más fuerza – como siempre he estado y estaré amiga…


Canción: Ventino – ya te perdoné