Sus labios me besan con ansia. Jadeo en su boca y aprovecha para meter su mágica lengua. "Joder, se me están pegando sus cosas raras." Pero de verdad que hace magia. Seguro que tiene algún tipo de afrodisíaco capaz de excitante con sólo un beso. Pasa sus dedos por mi cuello y aún cuando ya no están, mi piel arde.
Enreda sus dedos en mi pelo y tira. Se separa de mi boca y lame desde la clavícula hasta mi oreja. Muerde ahí y hace el camino de vuelta mordiendo. Deja unos segundos de tocarme y yo aprovecho para lanzarme a su cuello, mordiéndole y desabrochando los primeros botones de su camisa. Mordisqueo sus clavículas. Siento sus manos por debajo de la camiseta, colándose por dentro del pantalón. Mi piel arde, arde mucho. Me agarra del culo y me acerca a él de golpe.
—¡Ah! Joder Lys… —gimo al sentir el roce.
Le quito el botón de los pantalones a la vez que él saca mi camiseta. La tira al suelo. Le vuelvo a besar. Llevo mis manos a su cabeza y le revuelvo el pelo. Se separa unos milímetros de mi y yo gimo de frustración.
—¿Es que quieres ir tu arriba? —pregunta sarcástico.
Me lo quedo mirando con la boca abierta. Ladea la cabeza y me mira interrogante. Bajo mis manos a mi polla. El sarcasmo en Lys me excita de una manera inimaginable. Y creo que él lo sabe.
—Joder, duele… —digo con la voz aguda.
Lys me mira con media sonrisa ladeada. Se acerca otra vez a mi y me besa, pero ahora lento y suave. Desabrocho unos pocos botones más de su camisa.
Oigo la puerta pero la ignoro. Vuelven a llamar a la puerta. Al poco rato suena el timbre. Me entra un tic en la ceja. Siguen tocando. Me separo de de Lys y abro la puerta bruscamente.
—¿Quién coño es y qué cojones quieres? —gruño enfadado por la interrupción.
Veo a Su sorprendida con una bolsa blanca en la mano. Me mira de arriba a abajo y luego a Lys. Se le forma una sonrisa pervertida.
—¿Qué estabais…? —empieza a preguntar con un tono que no me gusta nada.
—Lo siento Sucrette —la interrumpe Lys —¿Esto es para nosotros?
—¡Ah! Si —dice extendiendo la bolsa hacia nosotros y sonriendo inocente. "Mis cojones inocente", pienso al ver su cara.
Lys coje la bolsa.
—Buenas tardes —dice y la cierra la puerta en las narices. Mira el interior de la bolsa y se dirige a mi habitación.
Le sigo, todavía cabreado por la interrupción. Entro en mi habitación. Ha dejado la puñetera bolsita en la mesilla de noche.
—¿Donde nos habíamos quedado? —pregunta con voz grave y profunda a la vez que me coje y tira de mi. Me choco con su pecho y vuelve besarme con pasión y un poco de lujuria. Mis piernas tiemblan. Lys me agarra del culo y me hace rodear con mis piernas su cintura. Me tumba en la cama. Siento sus besos calientes por todo mi cuello y en mi pecho. Me desnuda por completo entre besos y mordidas.
—Joder Lys —gimo al notar que no baja del vientre.
Se incorpora y se me queda mirando. Es jodidamente caliente y lujurioso. Noto que me pongo más duro si es que eso es posible.
Alcanza la bolsa y observa lo que hay dentro. Mientras va rebuscando en la bolsa se le va formando una sonrisa perversa. Saca un bote, lo abre y se echa bastante en la mano. Saca otra cosa más que no llego a ver. Siento sus dedos en mi culo, untados con esa cosa que intuyo que es lubricante. Esta caliente. Mete dos dedos de golpe. Se me escapa un jadeo. Mete dos dedos más sin ningún esfuerzo. Los saca y al poco mete otra cosa también con lubricante. Me le quedo mirando mientras busca algo más en la bolsa.
—Quítate la ropa —logro murmurar.
Vuelve a formar esa sonrisa que me hace temblar.
—No es momento para eso, tendrás que esperar.
Gimo por su tono de voz y al segundo noto que empieza a vibrar lo que me metió en el culo. Y entonces caigo. Un consolador, un puto consolador.
—Saca esa mierda de plástico de mí y mete el tuyo —gruño a la vez que me incorporo.
—Imposible —murmura sobre mis labios mientras me recuesta otra vez sobre mi cama.
Oigo un sonido metálico y siento cerrarse algo sobre mis muñecas. Doy un tirón.
—¡ME HAS PUESTO UNAS JODIDAS ESPOSAS! —grito.
—Te mueves demasiado.
Le fulmino con la mirada pero me ignora. Coge algo más de la bolsa. Deja a milímetros sus labios de los míos. Siento su aliento cálido hacerme cosquillas. Me besa lento, jodidamente lento, mi desesperación aumenta. Intento acelerar el beso pero se separa. Una y otra vez. Cada vez que quiero más.
—Déjate mimar un poco —murmura con voz grave y ronca.
Baja la cabeza hasta mi polla apenas rozando con la nariz mi torso, haciéndome cosquillas, excitándome más. Se mete mi polla entera en la boca de una estocada. Se me escapa un gemido y alzo las caderas. Mueve un par de veces el consolador dentro de mí mientras él sigue con mi polla en su boca. Una imagen jodidamente erótica y sexy. Saca lentamente el consolador y luego lo vuelve a meter de golpe, haciendo que me corra sin poder aguantarlo.
—Lys —gimo.
Veo extasiado como se lo traga todo. Me pone algo en la polla que hace que deje de mirarle para averiguar lo que me ha puesto.
—Mierda —abro los ojos como platos. —Lys, joder, no, quitamelo.
—Dame una razón.
—Pues es que da la casualidad de que me gusta poder correrme cuando me da la jodida gana —digo con sarcasmo.
—No me convences —dice con una sonrisa maliciosa.
Aumenta la velocidad del consolador y lo mueve más duro dentro de mí. Siento dolor al estar a punto de correrme y no poder. Se me escapan las lágrimas y me muerdo el labio tan fuerte que siento la sangre en mi boca. Cuando me ve Lys se le dilatan las pupilas. Me quita el consolador del culo con ansia y mete su polla de golpe. Arqueo la espalda por el golpe de placer. Me besa saboreando la sangre de mi boca. Siento que se hace más grande y gimo. Me quita las esposas. Inmediatamente voy a quitarle la camisa, ansioso por verle desnudo. Se separa de mí y pone mis pies en sus hombros. Gimo y jadeo cuando llega todavía más profundo. Me corro al instante cuando me quita el anillo que me había puesto. El se corre justo después que yo. Se deja caer encima mía.
—No te creas que hemos terminado —dice levantándose de encima mía sin sacarla.
Me da la vuelta y se pone de rodillas, llevándome con él.
—Vamos, muévete —dice con burla mientras pellizca mis pezones y lame, besa y muerde mi nuca y hombros.
Empiezo a subir y bajar por toda su longitud. Siento fallar mis piernas, me cosquillean y tiemblan.
—Ah, Joder Lys.
Me pone a cuatro patas pero me hace pegar el pecho a la cama.
—Vamos, ¿no querías tanto correrte? —dice brusco y metiendola duro de una estocada.
—No más —gimo a la vez que me corro.
Bombea un par de veces más y se corre. Sale muy lentamente y se tumba a mi lado en la cama.
—Eh, no te duermas, vamos a ducharnos primero —dice con voz suave.
Me ayuda a levantarme y me lleva a rastras hasta la ducha.
