—Castiel, ya me he dado cuenta de que estás muy caliente pero tenemos clases y sobretodo tú no deberías saltártelas.

—Eres demasiado estirado, Lys —ronronea el pelirrojo sobre los labios del otro muchacho.

Castiel cuela sus manos por debajo de la camisa de Lys a pesar de sus protestas. En cuanto siente los hábiles dedos sobre su piel hacer lentos círculos, deja caer la cabeza hacia atrás con un suspiro. Castiel se relame y en seguida ataca el pálido cuello. Siente la nuez de Lysandro subir y bajar contra su mejilla cuando traga. Muerde y un segundo después lame esa zona, dejando un cosquilleo placentero en la piel de Lys. Castiel siente el suspiro tembloroso de su pareja en el cuello. Se incorpora un poco y va dejando besitos hasta llegar a los labios. Delinea su forma con la lengua hasta que Lys abre la boca para soltar una mezcla entre gemido y jadeo. Castiel aprovecha para besarle, dándole mordisquitos en los labios y chupando después. Castiel sabe que su novio se ha rendido a su deseo cuando empieza a devolverle el beso con ganas. Lys le coge de ambos lados de la cabeza, tapándole las orejas, cuando su pareja hace el amago de separarse.

—No me voy a ir a ningún sitio, Lys —gime Castiel entre sus labios.

Lys hace un ruidito de asentimiento con la garganta pero no le suelta. En cambio, profundiza más el beso. Castiel siente la lengua blanda y caliente de Lys resbalar por su boca, provocando un cosquilleo que corre directamente a su entrepierna. Un gemido inusualmente alto por parte de Castiel hace que Lys se separe de sus labios. Castiel no puede hacer sino un ruidito de protesta.

—Te recuerdo, cariño, que estamos en la azotea del instituto y, si bien ahora mismo todo el mundo está en clase, queda bastante poco para el recreo.

A Castiel se le escapa un jadeo de la impresión cuando cae en la cuenta de que no le importaría nada en absoluto que la gente se enterase que era pareja de Lysandro. Y de que le ponía demasiado la posibilidad de que les pillasen en pleno acto, aun si eso le costaba la expulsión.

—Estaré callado, te juro que estaré callado —hay un deje de desesperación en la voz de Castiel al decir esas palabras. Por nada del mundo pensaba dejar que Lysandro se echara para atrás ahora.

Le vuelve a besar con ansia, pasando sus manos por el pecho y estómago de su compañero hasta llegar al botón de sus pantalones.

—Espera, espera, Castiel… —el tono de su voz es más ronco que de normal.

—¿Y ahora qué? —gime con frustración.

—No tenemos lubricante ni nada parecido.

Castiel se le queda mirando unos segundos, con cara de "¿Y me interrumpes solo por eso?".

—Da igual —murmura acercándose de nuevo a los labios de Lys.

—No da igual, Castiel, si no esta lubricado te va a hacer daño —Lysandro lo mantiene ligeramente separado, con sus manos en los hombros del pelirrojo.

Castiel fuerza un poco y consigue besar de nuevo a Lys. Castiel desabrocha con un poco de dificultad el botón del pantalón y baja la cremallera despacio. Lysandro suelta un suspiro al sentir un poco de libertad sobre su erección. La libera del todo, sacándola de los boxers. Castiel se relame, pensando en la mejor manera de lubricarla, aunque fuera un poco. Para bien o para mal, Lys tenía razón en que si no le iba a hacer daño. Se baja de su regazo y se arrodilla entre sus piernas. Pasea la lengua blanda por el glande, haciendo gemir a Lys.

—¿No se suponía que teníamos que estar en silencio? —se burla Castiel antes de dejar caer un hilillo de saliva sobre la polla de Lys.

Este inspira brusco y se muerde el labio inferior para no volver a proferir sonido. Sentir la caliente humedad de la boca de Castiel le distrae de su determinación y le hace jadear de placer. Castiel sube y baja por toda la longitud hasta que decide que está suficiente húmedo. Los gemidos quedos de Lys, por mucho que le gustasen, iban a tener que ser para otro momento. Si le escuchaba un poco más iba a correrse sin siquiera tocarse y tenía demasiadas ganas de tenerle dentro. Entonces se incorpora, se baja sus propios pantalones lo suficiente para dejar su culo al aire y se mueve hasta donde estaba sentado antes. Baja lentamente, sosteniendo la polla de Lys para alinearla a su entrada. Siente las manos de Lys temblorosas en sus muslos y sabe que es por placer. Sus dedos se clavan un poco en su piel, sosteniendole para que no se mueva. Castiel sabe que Lys está haciendo gala de todo su autocontrol en ese momento.

—No estás preparado —suspira.

—Esta bien.

—Te va a doler, Castiel. Déjame prepararte un poco al menos —su voz sale entrecortada por su respiración irregular.

—No va a doler tanto, no te preocupes. Además si duele me va a doler a mi, no a ti.

Lys se aferra a él cuando siente la punta de su erección abriendo la entrada caliente de su novio. Castiel va bajando poco a poco. Se detiene un segundo con un gesto de dolor al sentir el latigazo ardiente cuando consigue meter todo el glande de Lys dentro suyo. No se lo ha dicho nunca pero joder que Lys la tiene grande. Y eso cuando ya está dentro lo vuelve loco, pero meterla así cuesta. Siente, más que ve, las intenciones de Lys de murmurarle un "te lo dije" y antes de que diga nada, le besa consiguiendo que su agarre en los muslos se relaje y que a él se le olvide la punzada de dolor. Continúa bajando por toda la longitud hasta que termina sentado en la pelvis de Lysandro. Tiembla al sentirse tan lleno. Lys hace lentos círculos al final de su espalda, justo donde comienza el culo. Le deja el tiempo que necesite para que se acostumbre lo suficiente a tenerla dentro y aprovecha para acostumbrarse él a su calor y no correrse demasiado rápido.

—¿Ves? Está bien —murmura Castiel rozando los labios de Lysandro cada vez que pronuncia palabra.

Sube lentamente y se deja caer un poco más rápido. Los dedos de Lys reptan por su ropa hasta llegar a su piel y acaricia todo lo que pilla. Castiel se recoloca hasta que la polla de Lys roza su próstata. Se arquea contra él en ese momento, siempre pareciendole demasiado las sensaciones que le provoca. Lys se inclina hacia él, completamente dispuesto a atacar su cuello. Empieza dejando besos por toda la extensión de piel que está cerca de su boca, pero cuando nota el interior de Castiel palpitar y ceñirse todavía más a él siente la imperiosa necesidad de morder y chupar hasta dejar marcas. La vibración de los gemidos que Castiel intenta contener le hace cosquillas en sus labios.

—Te llevas de paseo mi cordura, Castiel —murmura contra su piel.

Siente a su pareja temblar y sube uno de sus brazos para rodear sus hombros y apretarlo contra él. Con la otra agarra su culo y lo masajea con parsimonia. Castiel mueve levemente las caderas, haciéndole salir levemente de él y volviendo a entrar. Mueve sus dedos hasta acariciar la piel sensible que aprieta su erección. Está tensa e inflamada y eso le saca un jadeo. El pelirrojo se echa sobre él todavía más y le muerde en el cuello, ahogando un gemido que en su habitación habría sido bastante sonoro.

—Por Dios, Castiel —oirle jurar así, junto con el firme agarre en su culo empujandole hacia abajo hace que maldiga demasiado el tener que estar en silencio.

Oyen unas voces que se acercan, charlando y riéndose escandalosamente. Cada vez más cerca. Lys nota como la entrada de Castiel le aprieta realmente fuerte. Escuchan el pomo de la puerta girando y esta siendo entornada. Castiel se tensa con el corazón a mil y la polla más dura de lo que la ha tenido nunca. La puerta deja de abrirse y las voces se alejan de nuevo. El cuerpo de Castiel se destensa ligeramente, ahora todavía más cachondo si es posible. La puerta que los separaba un poco de la realidad está entornada. El corazón de Castiel todavía late desbocado. Y en los labios degusta el pulso acelerado de Lys.

Lysandro comienza a moverse manteniendo a Castiel en esa postura, completamente pegado a él.

—Lys, joder Lys —gime sobre su cuello cuanto el placer paralizante se extiende por todo su cuerpo.

No va a durar mucho más. No cuando la polla de su novio está frotando constantemente y sin descanso su próstata, no cuando tiene su propia polla apresada entre su cuerpo y el de Lys. Sin contar, claro está, con lo jodidamente cachondo que estaba ya de antes. La erección de Lysandro palpita y se hincha, dejándole claro que su pareja está casi al mismo nivel que él.

Castiel cierra los ojos con tal fuerza que empieza a ver colores tras sus párpados. Ahoga los gemidos que escapan sin control de su boca contra el cuello de Lys.

—Lys, por favor, Lys —que gima su nombre de esa manera le pone más de lo que se puede expresar con palabras.

Se entierra profundo dentro de Castiel, pegandole a sí mismo lo más posible, moviéndose apenas pero lo suficiente para que el pelirrojo le muerda con fuerza. A punto está de soltar un quejido cuando Castiel le aprieta tan fuerte que siente que le va a arrancar el pene.

—Lys, necesito… Lys… por favor —lloriquea Castiel.

El orgasmo de su pareja es tan intenso que casi lo siente Lys en su propio cuerpo. Ni siquiera se da cuenta de que ha dejado de respirar por varios latidos. Las olas de placer electrizante le parecen a Castiel que duran horas y a la vez segundos, dejandole al mismo tiempo tremendamente satisfecho y con muchas ganas de más. Se recuesta completamente relajado sobre Lys, que con un par de estocadas más se corre dentro de él, alargando unos momentos más los residuos del devastador orgasmo. Se remueve ligeramente, solo para acomodarse todavía más contra su novio. Si tuviera que ser absolutamente sincero reconocería que le encanta esa sensación húmeda dentro de él. Pero ni tenía que ser totalmente sincero, ni Lys le había preguntado, así que él no iba a decir ni una palabra. Cuando siente los brazos de Lysandro rodearle frota su mejilla contra la clavícula como si fuera un gato buscando mimos. El albino se sonríe y le da un beso en la sien, quedandose ahí durante largo rato.

—Deberíamos ir a clase, cariño —murmura contra su piel.

—No puedo —bosteza Castiel.

—¿Tan brusco he sido? —pregunta preocupado y separándose un poco para mirarle.

—Mmm… no… pero todavía siento el orgasmo en el cuerpo y no creo que mi cabeza se pueda centrar en algo ahora.