¿Limites? ..
Creo que eso no tenía ¿no?... Es decir estaba divirtiéndome con un menor de 13 años. ¿Dónde carajo había un límite en ese sentido? ...
¿Y que más daba? No había como la experiencia y el placer de darle a conocer ese mundo a un menor de sus características.
Hinata Shouyou era... ¿cómo era?...Algo nuevo y fresco.
...
Llegue a Karasuno para cumplir una suplencia del profesor Takeda. Quien se encontraba demasiado ocupado con otros cursos y con el club de voleibol.
-Deberá cumplir una suplencia, pero me temo que será permanente. Es decir es probable que quede como titular.
-Entiendo.
-Sr Kageyama. ¿Se siente capaz para este puesto?
-¿A qué se refiere?
-Su historial es perfecto. Pero me inquieta el hecho que solo ha enseñado a universitarios. Espero comprenda que no puede esperar el mismo nivel. Deberá bajar su dificultad. Son chicos de escuela media.
-Si entiendo. Prepare un programa acorde para ellos. Pero aspiro a que puedan salir más que preparados para la vida universitaria.
-Bueno si tiene suerte, tendrá 5 años con ellos. Es el grupo con más bajo nivel académico y queremos que todos sus profesores sean estables.
-¿Bajo nivel académico?
-Si son excelentes jóvenes y respetuosos, pero su interés es nulo. Confío en que usted pueda lograr algo. Pero no se sienta presionado. Habrá chicos que tal vez lleguen tarde debido a club escolares. No sea condescendiente con ninguno. Todos deben tener los mismos derechos y obligaciones.
-Entiendo.
-Bien será sólo eso. Acompáñeme, así conoce al grupo y ya puede comenzar. Las clases serán de 16 a 18 los días lunes, martes, y viernes.
Y el director siguió con su charla hasta llegar al aula.
El grupo de escuela media que me tocó eran chicos entre 12 y 13 años y no eran más de 25.
Ese día supuestamente sería uno más en mi vida de profesor de secundaria. Nada nuevo. La monotonía de siempre.
Los jóvenes a pesar de su edad no eran ruidosos ni groseros. Eran tan callados que aburrían.
A media hora de haber comenzado él entró a mi vida.
….
Entro de un golpe al aula, haciéndome callar con su estrepitosa voz, la reseña que estaba dando sobre un escritor español fue a parar a la basura, opacado por esa cabellera rebelde color naranja.
-¡Gomen Takeda Sensei!... Nos quedamos practicando hasta tarde.- grito eufórico mientras inclinaba la cabeza, sin siquiera ver a quien le hablaba.
-Takeda Sensei ya se retiró. ¿Te equivocaste de aula?- pregunte divertido.
-¿Eh?...- miro buscando el número de su aula. - ¿esta no es la clase 1-1?
-En efecto. Soy tu nuevo profesor de Literatura. Toma asiento por favor-
Aun confundido y ante la miradas de sus compañeros, se dirigió a su asiento.
Me dirigí a mi escritorio y le observe detenidamente mientras sacaba sus cuadernos e intentaba guardar un balón en su pequeña mochila.
A diferencia de los otros alumnos, tenía puesta una chaqueta negra con una leyenda que no alcance a ver.
Con torpeza saco sus lápices e intento copiar con rapidez todo lo escrito en la pizarra.
Elevo su mano izquierda y alejo de su rostro, ese cabello rebelde y con unos ojos grandes y brillosos se empapo de la lectura de la pizarra y me ignoro completamente. Si quiera me habia preguntado mi nombre.
Sonreí al notar que era niño con las despreocupaciones de un adolescente que intenta ser aplicado pero no lo logra.
No quería ponerle media falta, pero sino sería injusto para con los demás.
-Me temo que le debere poner media falta. ¿Cómo es tu nombre? – dije alzando la voz y apagando aquellos leves murmullos que solía haber luego de que un profesor tomaba un leve receso.
-Hinata Shouyou- dijo parándose al lado del banco e inclinando la cabeza.
-Yo soy Tobio Kageyama. Y seré el profesor de literatura de ahora en más.
Asintió y se sentó, nuevamente se perdió entre las cosas escritas por mí.
Busque en la lista su nombre, pero no logre ponerle la media falta. Borre donde le habia puesto ausente y lo deje como presente.
Tal vez se esforzaba mucho en su club y por eso no lograba llegar a tiempo. Aparte habia que fomentar el deporte.
No obstante, empecé a sentir que eran escusas para no comprometerle.
Me senté en el escritorio, intentando liberar mi mente de su presencia. Es que no podía dejar de observarle.
Tenía algo, un no sé qué, que me llamaba demasiado la atención.
De repente elevo su mano izquierda y me llamo.
-¡Sensei!...
La voz eufórica con la que habia entrado habia cambiado por una un poco más suave. La palabra "sensei", recorrió mi espina dorsal y me puse en estado de alerta, al sentir y notar reacciones que no debía.
Camine despacio hacia su banco y me situé detrás de él.
-¿Qué ocurre?
-No entiendo esto…
Me señalo una variedad de Kanjis que habia escrito en su libreta.
Me acerque por su lado derecho y a la altura de su oído, las piernas me flaquearon. El aroma que desprendía, era realmente enceguecedor. Era una mezcla dulce y el olor que tienen los niños pequeños. Mezclado con el sudor…no lo sé. Y su aliento demasiado dulce. Y ni hablar de la calidez que salía a borbotones de su cuerpo, podía sentir el calor que se desprendía de él e iba directamente a mi mejilla.
Me sentí mareado ante tales sensaciones. Y mis piernas volvieron a temblar.
Lleve mi mano a mi boca para ahogar un gemido no deseado.
Y cerré los ojos buscando entender.
-¿Sensei?...-habia girado su cabeza y me miraba desde abajo. Sus grandes ojos llenos de vida me cautivaron una vez más.
¿Era posible tener deseos por un menor? Nunca antes me habia pasado.
-Lo siento. Repíteme cuales eran- conteste un poco más calmado.
Me volvió a mostrar sus anotaciones y lo ayude lo más rápido que pude.
Luego de decirme que habia entendido me retire a mi escritorio, tratando de mantener mi templanza. Pero creo que era inútil. Me temblaba todo.
….
Cuando sonó el último timbre anunciando el final de las clase me sentía muy cansado a pesar de ser un grupo calmo eran perezosos y despreocupados.
Uno a uno se fue retirando.
El sol del atardecer entró a radales por el aula y desaparecía muy pronto. El invierno aniquilaba los atardeceres.
Me propuse organizar mi maletín cuando note que Hinata no se había retirado.
-Es hora de irte. -anuncie mientras guardaba los libros usados en la biblioteca.
-¿Puedo quedarme por los minutos que llegue tarde? Sé que me puso media falta pero quiero cumplir con las dos horas.
Me quedé expectante esperando que fuese una broma.
-No es necesario joven. Además yo debo retirarme. ¿De qué sirve quedarse solo? Vamos andando.
-¿No se puede quedar un momento más? ¿Y explicarme lo que dio la primera media hora? Lo siento es que no entendí.
Y me dedico una mirada aniquiladora.
Aún quedaba en mí la sensación de una hora antes. Aun no me había recuperado por completo de lo que sentí al estar tan cerca.
Hacía mucho tiempo que un hombre no me generaba esas ganas tremendas y potentes de querer hacerlo mío. Pero ese era el tema: no era hombre en lo absoluto. Sólo un niño. Si un niño inexperto, fresco, inocente y sobre todo Virgen.
Otra vez mi cuerpo se llenó de sensaciones que conocía bien. Si esas ganas irremediables de coger a quien me los generaba.
-¿Sensei?
-¿Ah?
-¿Puede explicarme?
Asentí nervioso. Tome aire y me dirigí a su banco.
Antes de llegar a él, me coloco una silla a su lado y no tuve otra opción que sentarme.
Me mostró una vez más lo que no entiendo pero lamentablemente no le preste atención para nada. Me perdí nuevamente en la calidez que desprendía su cuerpo, el olor dulce de su aliento y esa tierna inocencia que quería palpar con mis manos.
Y una vez que me encontraba así, no lograba controlarme.
Y no me importaba que fuese un niño. Es más quería probar eso nuevo. Si, esa carne fresca y blanda de un pequeño como él.
-¿Qué edad tienes Hinata?
-13, Sensei.
Y con solo escuchar eso, el morbo aumento más, nunca me había pasado igual.
Tener en mis manos algo tan puro y limpio, el cual yo podía manipular un poco bastante, me producía un fervor inexplicable.
Y mientras Hinata seguía hablando sobre los benditos Kanjis que no reconocía, el aula se quedó más a oscuras y la pequeña luz que había prendida no ayudaba mucho.
Me sentí por demás envuelto en una lujuria poco antes vista y me acerqué más, mucho más y sentí su voz entrar directamente en mi oído, esa voz juvenil, algo ruidosa y sin poder remediarlo, sin poder contenerme busque un lugar entre su cabello y el lóbulo y lo bese.
Hinata se sobresaltó tímidamente. Pero ya era tarde para volver atrás.
Lamí con delicadeza el lóbulo izquierdo. Y baje de a poco por esa parte del cuello. Me hice un lugar entre esa garganta y la chaqueta y mi cabeza se perdió entre ellos.
Escuche como su lápiz cayó en seco en su escritorio y elevó su cabeza para darme más lugar.
No quería dejar ninguna marca, así que sólo me limité a lamer muy suave.
¡Ah! Y pude escuchar de su parte un leve gemido.
-Silencio. Si quieres que siga debes guardar silencio.
No hubo respuesta sólo que con su mano izquierda apretó con fuerza mi rodilla.
Y mientras seguía allí, con una de mis manos abrí con cuidado sus piernas. Las toque suavemente...Pero no quería estar mucho tiempo así, lo que yo quería era tocar más arriba. Palpar su entrepierna y ver si su pene se ponía duro conmigo.
Me entró una adrenalina bárbara al pensar que conmigo tal vez tendría su primera eyaculación
Entonces guie mi mano hasta allí. Y la pasé a lo largo de todo el lugar, desde su cola hasta su pene, notando en efecto que se movía y crecía.
Me detuve ahí y con algo de brusquedad lo sobe con fuerza. Queriendo provocar un gemido. Si un gemido que pudiera delatar las cosas que estábamos haciendo. Mis oídos necesitaban saber si le gustaba o no.
Y sí. Hinata largo un gemido lleno de placer. No me imaginaba como sería si tenía la oportunidad de follarmelo. Si gemía de esa forma con solo ser tocado ni pensar cuando la tuviese entera adentro.
Mordí su lóbulo y le inste a que guardara silencio.
Después de sobar todo lo que quise, baje más mi mano buscando por encima de aquel short, la entrada de su ano.
El pantalón era fino, por lo que parecía que lo estaba tocando directamente.
Toque y toque, hasta encontrar el hueco y ahí también le sobe, intentando posicionar los dedos dentro.
Hinata se revolvió en el banco dejándome meter mi mano más abajo.
En un momento, creí que se habia desmayado. No emitía ningún sonido, estaba perdido en lo que sentía.
Lo alce y lo lleve a la silla de mi escritorio que era más cómoda.
Le baje su pantalón y lo senté a espaldas mías. El niño ni se inmutó. Es más, se sentó cómodamente y me dejo que hiciera mi labor.
Simplemente me dediqué a masturbarle. No quería aún meter ningún dedo. En ese momento quería que tuviera su primera eyaculación...
Así que mientras él tiraba sus manos hacia atrás, sosteniéndose de mi camisa, yo masturbaba con rapidez aquel pequeño pene que estaba demasiado duro.
Cuando Hinata termino, había sido tanto el revoltijo que había hecho que casi me hace terminar a mí. Había movido tanto su cola por encima de mi pene que creí que terminaría así. Pero gracias que me contuve y no manche mi ropa. Ya tendría tiempo de sobra para dedicarme a mí.
Hinata respiraba aturdido y mientras seguía tocándolo, limpiando los restos del semen, bese con cariño su nuca.
Era hermoso. Realmente follable.
Y nos quedamos un momento así, hasta que recordé que el aula tenía la puerta abierta. Cualquiera podía venir y encontrarnos.
Así que me apure a ponerle su pantalón. Y limpiar con un pañuelo el semen derramado.
Hinata se quedó parado viéndome actuar. Aún estaba perdido.
Pero no tenía ganas en ese momento de arruinar la situación explicando.
Fui a su pupitre y guarde sus cosas. Se las entregue en mano y las recibió sin mirarme.
Estaba tan sonrojado.
Lo tome de la barbilla y probé esa boca pequeña, donde salía ese aliento dulce.
Al parecer también era su primer beso.
-Sensei...-
-¿Mmmm?
-¿Mañana nos vemos?
-Sí. Y luego el viernes. ¿Vendrás a horario?
Asintió con entusiasmo.
...
Pasarían un par de semanas, hasta que volviera a poder tener contacto con su cuerpo.
Por esos días, el niño estaba muy ocupado con su entrenamiento. Pero siempre me traía a última hora los trabajos adicionales que le pedía para no ponerle media falta o falta completa.
Siempre con una sonrisa. Por eso no me preocupaba mi situación.
Casi al llegar al mes de mi trabajo allí, creí que solo había sido algo pasajero.
Hasta que se me presentó la oportunidad de estar nuevamente a solas con él.
-¡Sensei! El entrenamiento intensivo finalizó. Ahora si llegaré temprano.
-Perfecto. Eso significa que no habrá más tarea adicional.
-¿Ya se va?
-Me temo que sí. Por ser lunes, ya es suficiente.
-Antes de irse, ¿podría explicarme lo temas del examen?
-Pero aún falta demasiado para eso. Siquiera se bien que es lo que tomaré.
-Por favor. Hay Kanjis que aún no logró entender en los libros que nos dio para leer.
Había olvidado un poco la sobriedad que me entraba al estar tan cerca de él. Y como si fuera adrede, el niño se acercaba más y más, haciéndome perder la noción.
Y cuándo quise reaccionar, tenía mi lengua metida hasta el fondo de su garganta.
Y lo mejor aún, es que Hinata se abrazaba a mí para besarme.
No había otra conclusión. A él también le había gustado lo de la vez anterior y había venido por más.
Me levanté un poco mareado y cerré la puerta con cerrojo.
Para ese entonces, Hinata había guardado ya sus útiles y me esperaba.
Si seguía siendo tan así, no me veía aguantando mucho más.
Así que esa vez, también lo senté en mis piernas pero de cara a mí.
Baje su short y con su permiso y urge hasta cansarme ese ano pequeño y estrecho, que era tocado por primera vez.
...
En ese mes me llevaba tres primeras veces de él. Y tenía pensado llevarme todas y cada una de sus primeras veces.
….
¿Cómo pueden preguntarme si seguiré la historia? Jajaja es un Kagehina nunca podría abandonarla. Mas cuando puedo ukear a Hinata a mi antojo Jajaja. Con respecto a la edad, me prende y motiva un Kageyama mayor, ya que adoro el shota. Así que muchas veces, seguro verán que la diferencia de edad es notable, porque me encanta.
En Kageyama puedo representar ese seme sexy y pervertido que todas queremos jauja y que mejor que un uke bien pasivo que se deje querer y mejor aún de menor edad?
Nos vemos pronto. Y gracias por el aguante.
