Haruka por un momento no supo que hacer, al ser inmovilizada de aquella forma y aquel tono tan prepotente provocó que por unos segundos sintiera que de verdad estaba acabada.
—Ella de verdad... —Pensó la rubia ceniza sintiendo aquella daga en su yugular —¿Ella es Serena?
—Haruka... —Murmuró la rubia temblorosa, su rostro perdió su color y el pánico se instaló en sus pupilas, algo que Haruka de inmediato notó —no puede ser... —Musitó para después alejar el objeto punzante de Haruka e intentar correr, pero Haruka reaccionó a tiempo y la jaló hacia sí abrazándola al notar el notorio miedo que sentía la rubia.
—Esta bien, tranquila —le susurró Haruka al notar el forcejeo que Serena hacia para separarse de ella —no voy a dejar que te apartes hasta que logres calmarte —dijo con firmeza.
—Lo lamento, Haruka —musitó la joven torpemente —juro que no sabía que eras tú —aseguró sintiendo sus ojos arder —creí que eras alguien más...
—Yo entiendo eso ¿Vale? —Le dijo Haruka con tranquilidad —debo dejar que se tranquilice, claramente le asustó apuntarme con un arma y que es lo que estoy pensando sobre ello —pensó pasando su mano por la cabeza de la rubia —después podemos hablar de esto, pero debes recuperarte —pasaron unos momentos más hasta que la joven se separó de Haruka.
—Ya estoy mejor —le dijo Serena en voz baja —de nuevo lo siento por lo de hace un momento.
—¿Quieres que vayamos al templo? —Le preguntó Haruka a lo que Serena negó con la cabeza —entonces iremos a tú casa.
Ante aquello Serena asintió en silencio y fue con ese silencio que transcurrió todo su trayecto hasta la residencia Tsukino donde se encontraron sólo con la señora Ikuko quién después de saludarla se dirigieron a las escaleras.
—Mamá, vamos a estar en mi habitación —le avisó Serena subiendo con Haruka detrás.
—¿Puedo saber por qué tenías aquello en tus bolsillos? —Le preguntó Haruka con tranquilidad cruzada de brazos —y esa no es la única pregunta que quiero hacerte.
—Te responderé, pero primero escucha y después juzga ¿Si? —Haruka asintió con seriedad sintiendo cierta inseguridad de lo que podría escuchar.
—Esta bien —le dijo la rubia ceniza dándole pase a Serena a hablar.
—Podría decir que yo soy una fugitiva que huyó de un hombre que la odiaba a ella y a su familia —contó con seriedad —el objetivo de ese hombre era matar a la familia para quedarse con sus empresas que son de las más importantes en Kyoto —suspiró —él intentó matarnos durante años.
—¿Ese hombre sigue vivo? —Preguntó Haruka al notar que habló de aquella persecución en tiempo pasado.
—No, ya no esta vivo —respondió mostrando por primera vez ante los ojos de Haruka una frialdad inigualable — el no podría estarlo si amenazaba de esa forma a mi familia.
—¿Tú lo mataste? —Le preguntó evitando que su voz mostrará el temor de su suposición.
—Lo hice —respondió mirándole a los ojos sin una pizca de remordimiento —mi hermano estuvo al borde de la muerte por su culpa, así que lo asesine para terminar de una vez por todas con ese infierno de haber huido de distintos distritos para estar a salvo, no había entrenado tanto para no hacer nada al respecto —dijo con firmeza —lo asesiné un tiempo después de que se realizó la batalla contra Galaxia.
—Asi que esa arma... —Musitó Haruka refiriéndose a la daga con la que le apuntó y mordió su labio.
—Cargo con ella todo el tiempo por simple protección —contestó —mi hermano y yo fuimos entrenados para manejar cualquier tipo de arma, incluso fuimos instruidos en Artes marciales y en mi caso, gimnasia rítmica para una mayor movilidad —comentó viendo como Haruka le miraba con incredulidad —soy mucho más de lo que he aparentado pero la razón por la que no mostré lo que soy es porque eso habría atraído la atención de ese hombre que conocía bien como trabajábamos mis padres, hermano y yo, nuestra forma de pelear o planear estrategias —suspiró —agregando a eso el hecho de que no quería que se vieran involucradas, ya sabes, cobrar con la gente que amas y de más.
—Serena... —Musitó Haruka cuando notó la tristeza en los ojos de la rubia.
—Me llegue a sentir miserable —confesó sintiendo sus ojos arder —necesitaba mostrar esa fachada de niña torpe, poco profesional en las peleas para mantener a salvo a mi familia y mi vida pero las ponía en riesgo ante los peligros inminentes que ocurrían provocados por sucesos que no son pertenecientes a los que se diría al mundo actual —sonrió con cierta amargura —de verdad que usaba una natural faceta de tonta —dijo con ironía.
—No eres una tonta y no deberías sentirte miserable —le reprochó Haruka con molestia.
—Bueno, al menos podía hacer algo para cubrir el hueco que dejaba al no ayudar en las peleas —dijo sonriendo ladinamente —hacía bien al curarlas después de cada batalla.
—¿A qué te refieres? —Le preguntó Haruka sin entender aquello.
—Promete que no vas a alterar —le pidió Serena a lo que dudosa Haruka asintió así que Serena se colocó de oie frente a ella para quitarse la blusa dejándole ver algunas cicatrices extremadamente grandes y otras apenas visibles como sí apenas sanaran.
—¡Serena! —Exclamó Haruka alarmada ante aquellas heridas.
—Sus heridas eran traspasadas a mi cuando utilizaba mi energía para curarlas —le explicó Serena haciendo caso omiso al llamado de la guardiana de los vientos.
—¿Tú tomabas esas heridas como tuyas? —Le cuestionó con notorio temblor en su voz —¡No vuelvas a hacer tal cosa como lastimar tu cuerpo así! —Le gritó furiosa ante la notoria frustración que ella sentia.
—¡Fue lo único que podía hacer por ustedes! ¡Por cada una de ustedes! —Refutó Serena exasperada provocando que Haruka no pronunciará palabra.
—Se supone que somos sus guardianas, que soy su guardiana e incluso su amiga —pensó crispando los puños con fuerza —entonces ¿Cómo fue que nunca me di cuenta de lo que le pasaba? —Se cuestionó con dureza para después tomar una bocanada de aire —confía en mi, ya no necesitas hacerte más daño —le dijo la guerrera de Urano con dolor reflejado en sus ojos —no vuelvas a lastimarte así, por favor, Serena —le suplicó —nos importas demasiado y nos lastimas al lastimarte, querida princesa.
—Perdón... —Musitó la rubia al notar el dolor en su querida guardiana —sólo ocasionó problemas, lo siento Haruka.
—Tú no ocasionas ningún problema, así no vuelvas a decir algo como eso ¿Entendido? —Serena ante aquello mordió su labio.
—Pero... —Trató de protestar pero la guardiana le detuvo.
—Pero nada —recriminó Haruka.
—¡Pero...! —Insistió intentando decir algo más pero ante la mirada desaprobatoria de la guerrera se detuvo —bien, pero ahora... ¿Guardaras mi secreto? —Ante la pregunta notó como Haruka mordió con fuerza su labio.
—No lo haré —respondió con seriedad haciendo que Serena se preocupara.
[...]
