Senpai se ha ido…ha sido sincero conmigo…pero se fue y me dejo. Mi corazón duele mucho…y sensei… ¿ha dejado de quererme también?...es bueno conmigo y me compra cosas…pero ¿Por qué no quiere hacer "eso"?... ¿A caso encontró a alguien como mamá? ¿Alguien que le dice que no puede hacerlo?...pero…se ve que es un hombre solo… ¿Quién quisiera alejarlo de mí?...viviendo con él, puedo saber que su amigo no se ha hecho presente, lo sé por sus ojos tristes… ¿Quién más podría decirle que no se acerque a mí y me haga feliz de "esa" manera?...estoy triste…realmente triste.
Kageyama:
No sé bien cómo es que debo enseñar a amar alguien. Porque nunca quise hacerlo. Nunca me llamo la atención amar. No lo creía necesario. Y viví así mucho tiempo. Aún hoy, tantos años más tarde, me sigue pareciendo algo con lo que su ausencia me permite igual vivir...pero... He caído. Me imagino que puedo volver a vivir sin amar o ser amado...pero sé que será algo sumamente difícil de hacer.
Mi madre me enseñó a sentir y entender que era esa cosa rara llamada amor.
El amor se encuentra en las pequeñas cosas...los gestos más simples... Lo que uno puede percibir como sencillo o llano. Algo que no se nota a simple vista, pero quien sabe querer o está falto de ello lo nota a enseguida.
Estaba más que seguro que las cosas materiales no se podían considerar como querer...pero solían hacer muy feliz. Y también las cosas más tontas, hechas con amor hacían la diferencia y reconfortaban al corazón.
Tal vez no sabía bien como se expresaba. Pero yo le daba a Shouyou amor en diferentes formas... En formas que calentaban cualquier pecho frío.
En formas que él jamás había experimentado.
Y no es complicado o costoso. Solamente hay que echarle dedicación.
Cumplir con sus caprichos era una forma de mimarlo. Y por Dios... No es que fueran caprichos al fin y al cabo, eran cosas que todo niño de su edad tenía.
Ver sus ojos brillar y mostrarme esa inocencia que creía haber robado, me ponía sumamente feliz. Y eso es lo bueno de amar... Porque es recíproco. Porque uno es feliz cuando él otro lo es.
No sé de qué forma otros lo expresaban. Yo lo hacía como una vez mi madre lo hizo.
Llevándome a los parques.
Comprándome comida chatarra.
No enojarse cuando me ensuciaba.
Ayudarme a bañarme.
Tener un árbol de Navidad y un regalo, a pesar que ella no creyese en eso.
En invierno, calentar mi ropa en la estufa e ir poniéndomela a la vez que me iba secando las partes del cuerpo.
Tener mi cama limpia. Tener ropa limpia.
Abrir mi lonchera en la escuela y tener un buen almuerzo.
Desesperarse por obtener la lista de libros y ser la primera en comprarlo.
Ayudarme a pagar mi carrera.
Aceptar mi condición sexual.
Amarme a pesar de todo lo que la hice enojar en mi adolescencia.
Levantarse todos los días junto a mí, preparar el desayuno y tomarlo junto a mí.
Y sobre todo... Sentir sus labios en mi frente cada noche antes de dormir.
Todo eso era amor en su máxima expresión. Y aunque yo no lo profesaba, sabía diferenciarlo de otras cosas.
…
…
Oikawa llevo a Hinata cerca de las ocho, lo invitamos a cenar, pero se excusó. Tenía que llegar temprano a casa, debía seguir estudiando un poco más. Su último examen no era cosa fácil.
...
Había quedado un poco sacudido con la conversación que habíamos tenido. Esperaba que de verdad me hiciera caso y terminará con eso. Sólo podía hacerle mal a Shouyou... Tenía la certeza que si ambos quedaban como novios quien sufriría más seria el niño. Porque a pesar de que la mayoría de las personas que quería lo habían dejado, a pesar de todo eso, él seguía esperando que nosotros no lo hiciéramos. Y destruiríamos su fe al materializarle sus temores. Peor aún, nos vería como sus enemigos. Y saldría muy lastimado. Porque Hinata, era de darlo todo. De poner todas las emociones en el mismo lugar. A pesar de las experiencias vividas... Él no se cerraba al amor. O al contacto físico. Él no se alejaba de esa dependencia de sentires y presencia que necesitaba de los otros. No...Él no se apartaba de eso... Volvía a la carga, esperando por más, sabiendo de antemano que la caída era prolongada y dura. Y cuando eso pasaba, lloraba hasta cansarse, haciéndose miles de preguntas existenciales...para levantarse y volver a la lucha. La lucha de por fin sentirse amado. De saber con exactitud qué esa persona que él eligió no se iría. Se quedaría.
Se quedaría y lo amaría hasta el último instante.
…
…
Le habia sido sincero a Oikawa, una vez que él volviera tendría vía libre con Shouyou, pero no antes, de nada serbia alimentar un amor a la distancia.
Y si era tan grande como decía, si su amor podía aguantar esos años que tenía por delante, estoy seguro que el niño también lo haría.
Obviamente, su reencuentro, seria de una forma muy diferente, ambos serian adultos, por lo menos Oikawa lo seria, y él estaría a un paso de serlo. Su inocencia quedaría atrás, y esperaba que también ese pasado que ahora era un presente tan horrible.
Esperaba con todo mi corazón, que él día en que Shouyou se convirtiese en un hombre, no siguiera los pasos de su padre, o los míos propios…por eso quería que me viese como un hombre, no como su padre. Que me viese como una de las tantas posibilidades que podía encontrarse en la vida, sin ser nada malo, sino algo pasajero pero que no tenía nada que ver con eso que él creía como nato y como amor paternal. Tenía que apreciar, aprender las diferencias, y por sobre todo…aprender que quien ama no abandona, quien quiere de verdad no se va…que solo se aparta o aleja cuando lo cree necesario, no escapando y dejando un alma en pena.
A veces…no es que uno abandone al ser querido…es que lo deja irse cuando sabe que puede tener algo mejor…algo que uno no puede darle. Entonces uno mata su orgullo y decide ver la felicidad desde lejos, apreciándola. Y eso también es una forma de amar…una forma dolorosa. Pero amor al fin.
…
Antes de dormir ese lunes, quería que me contara que habia pasado con la llamada de sus papás.
Así que, aunque estuviese helando, él prefirió hablar afuera, jugando en el columpio.
Nos abrigamos, y salimos. Él se sentó despacio y tomo con fuerza las cadenas que sostenían el pequeño banco.
Yo me quede detrás, observando y empujando.
No hable, hasta que él no lo hizo. Y lo haría cuando estuviera dispuesto.
-Me llamo papá…
-¿te pregunto algo?
-no…
-¿de que hablaron?
-no hablo mucho…estaba enojado porque no lo habia atendido para navidad…
-tal vez quería saludarte…
-no era eso, me llamaba por otra cosa.
-¿otra cosa?
-si…
-…
-sensei…ellos no van a venir más…
-¿eh?
-papá dijo…dijo que dentro de poco me llegara una tarjeta y que con esa tarjeta yo tendré dinero para vivir… y que…una vez que cumpla 18 deberé trabajar…
-¿trabajar? Tú a los 18 tienes que estudiar. Podrás conseguir un trabajo de medio tiempo más de eso no.
Apoyo los pies sobre la tierra y detuvo los vaivenes.
-¿de qué se supone que viviré entonces?...puedo ser algo tonto, pero sé que necesito del dinero para sobrevivir. Y un empleo de medio tiempo…no creo que pueda ayudarme.
Hablo por primera vez como él hombre que años más tarde seria. En un momento mi niño habia envejecido por lo menos cinco años. Ya tenía las preocupaciones de un adulto, los desvelos y problemas económicos que solo una persona grande podría tener.
Lo abrace por detrás, queriendo reconfortar su alma y la mía…queriendo sanarlo de alguna forma. Pero eso era tan difícil. Y estuvimos así, cuando él volvió a la normalidad…a su llanto y esos miedos que aún no lograba comprender.
-no tienes que preocuparte por eso…
-¿no?
-no…yo te ayudare.
Me asome por delante de él, y me arrodille para llegar a su par, tenía el rostro frio, y unas cuantas lágrimas.
Seque una por una.
-escúchame…tu…guardaras ese dinero que te de ahora y estos años que vendrán. Yo cuidare de ti. Yo te daré todo lo necesario. Y cuando sea la hora…también te ayudare, iras a una universidad…y estoy seguro que Senpai también cuidara de ti una vez que vuelva. Sé que esto para ti es difícil…pero déjame a mí cuidarte y criarte. No te dejare.
-¿no me dejara?...
-no. Cuidare de ti…
-¿usted me quiere sensei?
Sus ojos se dilataron, esperando una respuesta positiva. Me gritaban…me pedían con desespero que dijera que sí.
-si…te quiero mucho.
Asintió y quedo en silencio, y yo sentí que mis palabras no lo satisficieron. Pero confiaba en que me lo diría, estaba más abierto y hablaba con más claridad.
…
Entramos una hora más tarde y nos acostamos.
Mi autocontrol estaba costando cada vez más…
El beso de Shouyou de buenas noches me instaba a algo más.
Acaricie su rostro y bese su frente.
-buenas noches Sho.
Bajo su mirada y se acomodó a mi lado.
-Buenas noches Tobio sensei.
Cerré mis ojos buscando paciencia y a él también le parecía afectarle. Por Dios…yo quería estar con él de esa forma, mi cuerpo lo pedía. Pero…no podía hacerlo, no quería crear más confusión.
…
Me levante temprano y prepare un desayuno. Lo tomo en la cama y se puso feliz. El desayuno en la cama tiene ese no sé qué, que te cambia la cara.
Pasamos ese día paseando. Lo lleve al centro comercial y mientras tomaba un café, él quedo en el centro de juegos.
…
Y el día que se fue con Oikawa, lo extrañe horrores.
Mi casa quedo en ausencia de nuevo. Me gustaba su presencia…la soledad ya no era para mí. A pesar que Shouyou solía ser callado, las veces que hablaba o reía mi casa se llenaba de una juventud extrema.
…
Demás está decir, que el Hinata que volvió, fue uno que conocía bien, era el niño decepcionado. Me dolía el alma verle así…pero estaba convencido que era lo mejor.
Senpai habia cumplido su parte del trato. Y aunque en ese momento habia dolor, prefería eso a que estuviera en un llanto eterno y sufriera por la ausencia.
…
Pero no hablo mal de su senpai, al contrario lo poco que me conto…pude ver claramente cuanto le apreciaba. Y tenía el presentimiento que era el uno para el otro. Y el tiempo me daría la razón. Pero por ese momento, eso no era posible.
…
Festejamos año nuevo solos nuevamente.
Y a mí cada vez más me costaba mas no perder el control…no perderme entre su aroma, su inocencia y ese amor torpe que quería darme, con el cual quería seducirme…pero aún no estaba listo.
…
Le arme un baño de tina, lleno de espuma de colores y se divierto bastante.
Pero a veces solía estar distante y estaba esperando el momento en que hablase y me contara que sucedía.
Tome una esponja y lave despacio su espalda blanca, mientras él mezclaba todo los colores de aquellas espumas especiales.
-Tobio Sensei...
-¿mmm?
-Se puede vivir... ¿sin amigos?
-Sí. Aunque a veces es bueno tener al menos uno que te entienda... Que conozca todo de ti para poder hablar sin problemas sobre todo lo que quieras. Pero si... Después se puede vivir sin amigos. Por lo menos yo puedo.
-¿No tiene amigos?
-Sí. Tengo a Yutaro... Ya sabes quién me entiende. Y después tengo 4 amigos más. A quienes no veo mucho...pero de vez en cuando nos reunimos. Todos vivimos lejos, pero hablo a menudo con ellos por WhatsApp.
-¿A ellos no les cuenta todo?
-No. No soy de contar mi vida. No me gusta.
-¿A Yutaro si?
-Él es diferente...
- ¿Por qué?
- Lo conozco desde que tenía tu edad. Me conoce...conoce todo de mí. Y me acepta y quiere así. No creo que algún día encuentre otra persona así.
-¿Por qué se fue entonces? ¿No le quiere como usted?
Le sonreí - ¿Cómo crees? Me quiere y mucho... Pero digamos que es como cierto niño que tengo frente de mi - me miró sorprendido- él quiere ser especial... Quiere ser único. Es caprichoso como tú. Y ahora no puedo darle eso...ahora estoy cuidando de ti.
-¿yo no le gusto?
-Le caes muy bien... Sólo que él quiere ser especial para una persona... Y como yo no puedo darle eso, se fue con la persona que sí.
-No entiendo... ¿Él ama a esa persona?
-No. No la ama.
-¿Entonces?
-Es complicado... Pero a veces uno quiere ser la primera opción del otro aunque eso no signifique amar. Sólo quiere ser único y especial...nada más.
-Tobio Sensei...gracias por hablar conmigo como un adulto... Nadie quiere hacer eso.
- Lo haremos las veces que quieras ¿Vale?
-¡Sí! Gracias...
-¿Y tú? ¿Amigos?
-Ninguno de los chicos de mi edad me entiende... Pero tampoco necesito soy feliz así. A parte... Está Senpai...aunque ahora se ha ido... Pero siento acá en mi corazón que Senpai es como su amigo... Especial y lo amo como usted a Yutaro.
Le sonreí...siempre decía lo mismo, no sé si lo hacía para ver que hacía yo o porque le gustaba deducir cosas. Lo cierto es que ya no negaba cuando me decía eso... Más bien lo disfrutaba.
Mi Yutaro era igual de caprichoso. Ambos querían exclusividad...pero se me había dado esta vida en las manos, la vida de Shouyou, y por el momento no podía pensar en otra cosa que no fuese el bienestar del pequeño sol.
…
Senpai ya se había ido hacia Tokyo y las clases habían comenzado nuevamente.
Los días más fríos y crudos del año estaban por venir.
Enero en Miyagi era realmente terrorífico.
El domingo antes de dormir y anterior al inicio de clases, me quedé hasta tarde preparándole un desayuno y un bento para llevar.
Yo no era de levantarme muy temprano...pero lo haría ahora para poder alcanzarle en el auto hasta la escuela. No quería que tomara frío o un Bus. Yo lo llevaría con gusto hasta allí.
Shouyou me esperaba despierto mirando televisión desde la cama...a decir verdad yo tenía la esperanza de que estuviese dormido. Me era muy difícil no tocarlo o besarle... Más aún no poder hacerlo con él.
Él tenía una fragancia capaz de hacerme perder todos los sentidos. Y cada día costaba más, muchísimo más.
Me acosté a su lado y apago el aparato.
Y por Dios... Cuando abrí las sábanas para meterme adentro, él me regaló una visión por demás perturbadora. Completamente desnudo me esperaba para dormir a mi lado.
-¿Dónde está tu pijama? - preguntó absorto sin quitar la vista de su maravilloso cuerpo.
-No quiero dormir con él...
-Hace frío...debería ponertelo ¿Vale?
-No quiero.
Me miró con dureza y asentí despacio tratando de encontrar calma... Pero eso era imposible.
Me acosté a su lado y su cuerpo cayó encima del mío.
Sentí un tirón en mi pene y juro por lo más sagrado que creí que moriría en ese instante. Él sabía muy bien de que mi cuerpo reaccionaba violentamente hacia él...pero el recuerdo de la última vez, aún me atormentaba.
Sin quererlo o tal vez si, lo tome de su nuca y atraje hacia mi sus pequeños labios que reaccionaron al instante.
Shouyou pasó una pierna a cada lado de mí y se sentó cómodamente.
Lo vi desprender de a uno los botones de mi chaqueta.
Lo tome de las manos y aún ebrio por besar aquella boca susurre- es hora de dormir.
-Pero...
-Mañana hay clases.
-Sensei... ¿Ya no me quiere como antes?
-No...No es eso.
-¿Entonces?
- Es tarde. Hay que dormir.
Se bajó de mí y se acomodó como cada noche, dándome la espalda.
- Hasta Mañana Sho...
Pero no obtuve respuesta.
No me importaba que tuviera 13... En lo absoluto, digan lo que digan a él le gustaba el sexo. Tanto como a mí. Pero no podía en ese momento complacerlo.
...
Tarde horas en dormir... Y lo puse hacer una vez que fui al baño a masturbarme pensando en él...lo deseaba muchísimo. Más que antes.
...
Me despertó un ruido seco, de una puerta golpeándose.
Me levanté de un salto y vi que la cama estaba vacía.
Camine con apuro hasta el comedor y lo vi cargando su mochila y bolso.
-¿Qué haces?
- Me voy a casa.
-¿tu casa? ¿No ibas a quedarte aquí?
-extraño mi casa- afirmó sin mirarme.
-pero
-no me puede obligar a quedarme.
Me quedé absorto mirándolo. Tenía razón no podía hacerlo.
-Al menos puedes decirme ¿Por qué te vas?
-Usted no me quiere más... Y no me voy a quedar donde no me quieren.
-Shouyou no es
- Me voy.
-Espera, hablemos, es temprano. ¿Quieres que te lleve?
-No. Quiero irme ahora.
Tome las llaves y gire despacio la cerradura. Tenía la mirada implacable. No iba a cambiar su decisión.
-¿Vendrás a visitarme? - pregunte.
-No lo sé. Quiero ir a mi casa.
-Acá tienes tu árbol y el columpio.
-Quiero ir a mi casa.
-No olvides lo que hablamos la semana pasada…yo cuidare de ti. Ahora puedes irte, pero sabes muy bien que esto no termina acá.
-¿Por qué no?
-porque no estas siendo sincero conmigo. No me dices los motivos verdaderos.
-ya se lo dije…usted no me quiere.
-sabes muy bien que es no es cierto, dime el verdadero. Dímelo.
Se sonrojo y volvió la dureza en su mirada. No iba a hablar más.
Abrí la puerta, dándole lo que tanto quería.
Pero no quedaría allí. Sabía que algo no estaba bien desde sus largos silencios.
Sí. Lo dejé irse hacia su casa.
Pero también, como le habia comentado, hecho una promesa. La de cuidarlo.
Y él no se escaparía de mi tan fácil. No.
...
