Shouyou me esperaba de una manera muy natural y tranquila.
Yo no podía articular muchas palabras. No había forma, aun no lograba normalizar mi voz.
Tire el maletín con rabia hacia el asiento de atrás y él se sobresalto.
Puse la llave como pude, mis manos temblaban como todo mi cuerpo.
Tome el volante con ambas manos y suspire largo y tendido antes de arrancar.
Pise el acelerador y tomé la dirección hacia mi casa.
-Sensei...
Esa voz, maldita voz angelical que me daba ganas de besar a cada instante. Pero no. Debía ser fuerte como una vez lo había hecho.
No contesté, emití un gruñido a modo de pedir silencio y maneje lo más rápido que pude. Sin importar las luces rojas o las cámaras de seguridad.
Me valía una multa. Tenía algo peor que enfrentar.
-Sensei...este no es el camino a mi casa.
-No vamos a tu casa.
-¿Eh? Pero yo
-Pero nada. Te callas. Iremos a mi casa. Y hablaremos.
-¿De Qué?
-De cómo me mentiste. A mí y a Senpai.
-Yo no
-¡No mientas! ¡No mientas Hinata Shouyou!
Mis gritos chocaron en aquel vehículo, y no me Sentía mejor. Yo no quería gritarle, ni hacerle sentir mal. Quería tenerlo conmigo. Abrazarlo y pasar la noche como siempre...pero...
-Sensei...
-¿Cómo es posible Shouyou? ¿Cómo es posible que te acostaras con tu padre?
La pregunta floto en el aire. Y Hinata se convirtió en el ser que conocí al principio. El niño que no hablaba. Se quedó quieto mirando hacia adelante. Concentrado. Como si a la primera de cambio estaría dispuesto a salir corriendo.
Pero esta vez no escaparía tan fácil. Esta vez se aclararía todo.
...
Cuando llegamos no espere a que bajara, lo dejé en el auto y lo vi entrar detrás de mi a los pocos minutos.
Lo mire con dureza y le indique que se sentara en uno de los taburetes de la mesada.
...
-¿Te obligó?
Shouyou bajó la mirada hacia la mesada -¿Cómo sabe eso?
-Responde la maldita pregunta. Te obligó ¿sí o no?
-No.
Esperaba esa respuesta, pero no estaba ni siquiera un poco preparado para oírla.
Respire hondo, mi cabeza martillaba. ¿Dónde diablos me había metido?
Cerré los ojos, tratando de encontrar algún rastro de cordura, algo que me dijera que las cosas no iban a irse a la mierda, pero lamentablemente eso ya había pasado.
-¿en que estabas pensando? ¡Es tu padre! ¿Entiendes que eso no se puede? ¿Lo entiendes?
Me miro altivo y por Dios, sabía muy bien con que me iba a salir.
-Tampoco debería hacerlo con usted.
-Es diferente. ¡MIERDA! NO SOY TU MALDITO PADRE, SOY UN DESCONOCIDO.
-¿Entonces puedo tener sexo con desconocidos que me doblegan en edad?
-No saques las cosas fuera de contexto. Tienes 13 años, y sabes muy bien que es el bien y el mal. Escúchame, me encanta tener sexo contigo. Pero no así. No puedo sacarme de la cabeza, que tu padre te lo hizo. ¿En que estabas pensando? ¿Al menos sientes algo de culpa?
-¿tenia que pensar? ¡Yo solo extraño a mi padre!
-¡Esa no es la manera maldita sea!
Shouyou se levanto del taburete y me miro con rabia -¿Entonces cual es? ¡A mí me enseño eso!
Su grito retumbo en toda la casa y me quede pensando, en cuanta inocencia o mentira, había en aquellas palabras.
-Ya sé que está mal. Sé que, eso no se hace con un padre. Pero…quise hacerlo, quería saber si lograba ser el hijo, por el que se quisiera quedar. Pero…no alcanzo. Creí que si tenía sexo con él, se quedaría conmigo, como usted. O como Senpai. Pensé, que como nunca, lo habíamos hecho, tenía que demostrarle que podía. Incluso…incluso me dijo que era mejor que mi madre, que me amaba a mí. Pero, no entiendo, aun así, se fue.
-Shouyou…los padres que aman a sus hijos, no tienen sexo con ellos.
-Lo sé.
-Entonces
-Cada quien tiene su manera de demostrar su amor
-¡BASTA! NO TE QUIERE, NO TE AMA ¿ENTIENDES? TE UTILIZA PARA SATISFACER SU ASQUEROSA ENFERMEDAD. ¡POR QUE ES UN ENFERMO! Si te quisiera, jamás en la vida, te hubiese puesto un dedo encima, te defendería. Se hubiese quedado contigo. Te alejaría de tipos como yo.
Se sentó de nuevo lentamente y mis palabras habían ido demasiado lejos.
Aun con el cuerpo temblando, trate de prepararme una taza de café caliente.
-¿le contaste a Senpai?
-No.
-¿Cómo diablos se te ocurre decirle que tenias novio? Oh dios, de que me sorprendo, tuviste sexo con él.
-¿Me obligara a contarle a Tooru?
-No. Has demostrado que eres suficientemente grande para tomar decisiones. Así que medítalo.
-No quiero contarle, no quiero que me grite como usted, que deje de quererme.
-Estoy enojado.
-Lo siento.
-Hoy no me basta con esas palabras tontas. Hiciste algo horroroso. Quiero denunciarlo.
-¡No! ¡No quiero que a mi papá le pase algo!
Lo mire incrédulo. –no lo hare. Si lo denuncio, también caeré yo. Y no pienso ir a la cárcel, por el hecho de acostarme contigo. Y menos aun, sabiendo muy bien que nunca te negaste a nada.
-Tampoco deseo que le pase nada a usted. Me gusta estar con Sensei.
-A mi también. Pero no de esta forma. No me creas un hijo de puta, sé muy bien que está mal. Aun así, me arriesgo cada día por estar contigo de esta forma y no solo eso, también quiero cuidarte y que nada te falte. Pero, debes entenderlo, me da mucha repulsión que lo hayas hecho con él. Que estés tan cegado a ese falso amor que te da. Porque no es sincero, al menos sabes, que yo no te amo, tampoco te he hecho el amor. Y no lo hare. ¿Cómo es que no diferencias eso con tu padre?
-Yo amo a mi padre.
-No, no puedes.
-¿no puedo amarlo?
-No, claro que puedes amarlo. Pero no de manera sexual.
-Creí que así se demostraba amor.
-No con tu familia. Así puedes demostrarle amor a Senpai. Tampoco a mí. Tú y yo, solo tenemos sexo. Pero yo te demuestro amor de otras formas.
-¿en serio?
El café simplemente se había enfriado sobre la mesada.
-Hinata, ¿crees que hubiese gastado dinero solo porque me gusta acostarme contigo? No necesitaba comprarte nada para tenerte en la cama y lo sabes. Tampoco necesitaba tenerte en casa a tiempo completo. Y a pesar de que Oikawa me pidió cuidarte, lo hubiese hecho de cualquier forma. Te dije, que te quiero, y es verdad. Me encanta hacerte sonreír, y comprarte cosas, odio que comas golosinas o pierdas tiempo mirando televisión, aun así, me gusta cuando lo haces. Quiero darte todo lo que un adolescente necesita, quiero verte feliz y que sepas que más allá de todo el sexo que podamos tener, tengas en mi casa un hogar y te sientas a gusto. Te quiero mucho. No te amo. Sabes que no puedo amarte, tampoco tú lo haces. Y me parece genial, no quiero que te olvides de Senpai. Pero tampoco quiero, que sigas creyendo que la única manera de demostrar amor es en la cama con alguien. Porque eso es simplemente una parte, y una parte de una pareja. No de un padre con su hijo. Entiende. Tu padre no te ama de verdad.
Hinata agacho su cabeza y seco algunas lágrimas. Aun me sentía enojado.
-¿No me quiere entonces?
-Eso no es amor.
Asintió de manera suave y replico- quiero irme a casa.
-Está bien. Te llevare. Pero una cosa más. Iremos a tu casa, y recogeré mis cosas.
-¿Qué?
-No volveré allí. Si tú decides irte, no te seguiré. Tampoco iré a buscarte. Solo te veré en clases y te preguntare como estas. Claro, te ayudare como prometí.
-¿tampoco puedo venir aquí?
-No. Si vas a estar acá es para quedarte. No para ir y venir de esa casa del demonio. Por mi parte no pisare mas tú casa, menos aun dormir en tu cama. Tu mismo dijiste que no compartías eso. Tampoco lo haré.
-Entiendo. ¿Tampoco…tendremos sexo?
-Así es. Creo que debes pensar bien las cosas. Si razonas debidamente, vas a entender todo.
-No quiero pasar la noche solo.
-Quédate.
-Quiero estar en mi casa.
-Lo siento, no planeo compartirte ni con tu padre ni con la casa. Pero si eso es lo que quieres. Adelante. Tienes la puerta abierta para irte.
-Mi papá ya no volverá. Estoy solo-
Su voz se quebró y lloro en silencio.-
-Aun así, quiero estar en mi casa.
-Pues ve.
-¡No quiero estar solo!
-Lo hubieras pensado antes.
Me miro con los ojos llenos de lágrimas y aunque me moría por abrazarlo y dejar de hacerle llorar, aun así me mantuve firme.
-Recoge tus cosas.
-¿Todas?
-¿Piensas quedarte?
-No.
-Entonces sí. Llévate todo.
Me miro expectante, como si esperase que le dijera que era una broma.
-Sensei…
-Si elegís ir a tu casa, no sirve de nada que tengas cosas aquí. Así que arma tu bolso. Y llévate todo.
-¿No puedo venir?
-No. Has elegido. Y como eres grande para tomar decisiones, te estoy dejando elegir esto.
-No quiero dormir solo.
-Yo no quiero que te acuestes con tu padre, no quiero que pienses que eso es amor. Tampoco quiero dejar de estar contigo. Pero quiero que aprendas a razonar. Y sé muy bien que sabes. Quiero que veas cuan errado estas. Y si elegís irte de aquí, lo entenderé. Entenderé que aun no puedes despegarte de tu familia. Y de ese recuerdo y esperanza de que algo cambiaria. Nada cambiara si sigues con esas ideas. Tampoco quiero obligar a que te quedes aquí, pensando que no te dejo vivir. Haz lo que quieras. Eres grande.
Lo vi apretar sus puños y secar sus lágrimas de manera firme.
Lo conocía, se iría. Porque era testarudo. Y también sabía que volvería.
Pero necesitaba, que de verdad, se tomara su tiempo, para entender a ciencia cierta que tan mal estaba todo eso.
-¿Los muffins?- pregunto de repente.
-¿Qué pasa?
-Dijo que me ayudaría a hacerlo.
-Te los llevare al club.
-Yo quería hacerlos con usted.
-Quédate.
-No.
-Listo.
Me levante de mi taburete y fui hasta el lavabo para lavar mi taza de café.
-Ordena tus cosas, en media hora te llevare.
Y sin oír palabras, lo sentí irse hacia la habitación que él usaba.
…
Viajamos la corta distancia de su casa a la mía, en completo silencio.
Antes de abrir la puerta, Shouyou se quedó un momento, decidiendo si bajar o no, apretando fuertemente su bolso.
-¿Usted no me ama por qué no quiere o no puede?
-¿A dónde quieres llegar con eso?
-Quiero saber bien. El motivo por el cual no me ama. ¿Soy yo?
-No. Sabes bien.
-No lo sé.
-Tú amas y quieres a Oikawa.
-¿Eso lo limita?
-Amo a Yuutaro. Y no importa si se casa con otro. Y tampoco importa si tengo sexo contigo. Pero lo amo a él. Y ese sentimiento no puedo dártelo.
-¿Se puede amar a más de una persona?
-No lo sé. No me interesa tampoco- contesté duramente. - creo que amar es algo para una persona y ya. Más allá de lo que hagamos con otros.
-¿No es malo...traicionar?
Me encogí de hombros- yo no estoy con nadie. Y Senpai está de acuerdo con esto. Creo que no es hora de hablar estas cosas. ¿No crees?
-¿Ha dejado de quererme?
-No. Los sentimientos no se van con una discusión. Pero has elegido. Y respeto tu decisión.
-¿Me dejara sólo entonces?
-Si, porque tú lo decidiste. Ahora bajemos del auto. Quiero retirar mis cosas.
Agachó su mirada y abrió, descendiendo lentamente del vehículo.
Tome su bolso grande de la parte de atrás, y se lo lleve hasta su habitación.
En el más profundo silencio, recogí la ropa y algún que otro accesorio que había llevado allí.
Lo cargue en el auto y antes de subir, volví a adentro para despedirme.
Shouyou se encontraba en el piso de su habitación, desarmando el pequeño equipaje.
-Debo irme. - Asintió sin mirarme.- no olvides cenar. Mañana nos vemos en clase.
-¿Cómo lo supo?
Me quedé de pie junto a él. -Hoy realice una reunión de padres. Él estuvo allí. Me contó, de Oikawa, y se dio cuenta, de lo nuestro. Luego me dijo... ¿En algún momento me ibas a decir? ¿O nunca me iba a enterar?
Hinata quedó en silencio sin levantar la mirada. Y obtuve la respuesta que esperaba
-Por favor, no descuides tus tareas. En especial literatura. El examen no será fácil.
-Pero...
- Te ayudaré. Pero debes demostrarme que te interesa. Si no te desaprobaré.
-Está bien Sensei. Iba a decírselo. Cuando estuviera listo.
-Ya es tarde Shouyou. Me hubiese gustado de todas formas que no te dejaras tocar por él.
-Sensei...no Quiero decirle a Senpai. Tengo miedo.
-Es tu elección. Pero creo que debe saberlo.
-Me odiara. Y... Me dejará también.
-No puedo decir que te entenderá. Pero no te dejará. Te ama. Pero le será difícil. No has medido las consecuencias. Y debes entender que siempre hay un desencadenante con cada acción. Ahora debes enfrentarte a ello.
-Sensei...por favor...
-No voy a quedarme. ¿Te acuerdas cuando te fuiste porque tenía sexo con Yuu? Estoy así de enojado.
-Yo no quería compartir.
-Exacto. No quiero compartirte ni con esta casa, ni con tu padre o su recuerdo. Si volvemos a estar juntos, es porque tú has decidido olvidar todo esto- susurro señalando la habitación y su casa en sí. -
-Quiero... estar con usted como siempre.
-Múdate definitivamente conmigo. Sino no.
Shouyou quedó en silencio y era lo que quería. Necesitaba que se quedase allí para pensar.
Acaricie su pelo, y me marché. No quería besarle. Tampoco estar tan cerca de él.
Esperaría. Estaba más que seguro, que volvería de nuevo. Pero esta vez, yo no movería un pelo.
...
Ese lunes, me fui a dormir temprano, sin cenar. Preguntándome si estaba bien o no. Aunque claramente, haberme metido con un menor, estaba más que mal.
Me acosté en mi cama, tratando de imaginar, como hubiese sido todo, si tan sólo Yuu estuviera conmigo. Que consejos me hubiese dado, o que tan sostenido emocionalmente estaría en ese momento.
De nuevo, me preguntaba cómo hacerle saber a Hinata, apreciar las distintas formas de amar y de querer.
Le había sido sincero, no podía amarle, pero si quererle y cuidarle.
Había dicho en voz alta y clara, lo que tanto me costaba admitir. Amaba a Yuutaro. Y no podía siquiera pensar en sentir eso mismo por Hinata. No podía, tampoco quería. Ese sentimiento tan grande, de una mezcla tan cruel de dolor y amor, solo era para Kindaichi y nadie más.
A Shouyou podía darle otro tipo de amor, los mismos cuidados y cariños que le daría a Kindaichi, pero con otros fines, con otras intenciones. Como había dicho, no sólo sexo, hacerle sentir confort y ese amor que nunca tuvo. Amor desinteresado, fraternal. Cariño de familia.
Pero había fallado. Él sólo quería entender que se daba de una manera sola. Entregando su cuerpo. Yo quería hacerle entender que hasta con una palmada en la espalda y un "bien hecho" se podía sentir el apoyo, compañía y querer.
Tal vez está rotura de límites, podía ayudarle a entender.
Quería creer, que empezaríamos de nuevo. Sabiendo de ante mano las reglas del juego.
Yo quería, me encantaba tener sexo con él, lo disfrutaba muchísimo. Pero eso. No quería hacerle el amor. Eso él lo había disfrutado con Oikawa. Yo lo quería hacer por primera vez con Yuutaro.
Y tenía la creencia y certeza, que eso sólo se hacía con la persona indicada.
Me dormí abrazando la almohada que le pertenecía a Yuu. Esperando dos cosas, que Hinata recapacitara y volviera a casa. Y que Yuutaro diera marcha atrás y no se casará.
Lo sé, dos cosas tan complicadas si es que se cumplían. Pero... a veces pensaba en las palabras de Hinata, ¿Qué sería de mí en un futuro? Yo sólo cuidaría de él hasta que Oikawa regresará. ¿Y yo? No quería a otro que no fuese Yuutaro.
Y tal vez, si Kindaichi regresará... Quería ir dejando progresivamente esa relación que tenía con Hinata, y criarlo junto a él, como si de un hijo se tratase. Y si eso pasaba, a pesar de todo el pasado sexual, que tanto Hinata como yo estábamos arrastrando, a pesar de eso, lo dejaría ahí, en el pasado. Y me dedicaría a criarlo con Kindaichi.
No, no crean que sería como su padre. Si debía criarle como se debía, claramente lo sexual quedaría enterrado.
Era una idea tan loca y utópica. Pero si pensaba bien en las palabras que me había dicho días atrás Shouyou, el hecho de aceptar lo que me pasaba y de no estar solo en el futuro, si tomaba esas cosas, tal vez no sería tan difícil.
Quería creer, que si aquello ocurría, que si Yuutaro volvía a mí, el pudiera entenderme, y aún así quedarse para que pudiera encargarme de él.
En cuanto a Hinata, tenía claro que volvería. No podía confiar tanto en me aceptaría tan fácil a Kindaichi, pero eso no debía desvelarme, porque estaba lejos de ocurrir.
Me encontré riendo ante la bendita estupidez de pensar en un futuro con Yuu... él no volvería. Y si le decía que era lo que me pasaba, pediría exclusividad y demonios, no podía darle eso. No tan rápido.
Y aunque mi cabeza martillaba y dolía, me dormí, pero no descanse, en ningún momento ni mente dejo de pensar.
De pensar, en cómo me gustaría que Shouyou viviera su adolescencia como todos los jóvenes, y tenía gran parte de culpa en ello.
Y pensé varias cosas más, soñé también. Pero nada de eso me ayudó realmente. Sino pasaba en realidad, de nada servía imaginarlo tanto.
…
Desperté con una llamada telefónica.
Y mis dedos se desesperaron por atender.
-Buenos días.
-Hola.
-¿Sigues molesto?
-No, ya no más. Lamento haberte hablado de esa forma.
-No te preocupes. Solo, quería saber cómo estabas.
-si te contara, estaríamos horas hablando por teléfono. Y tú no puedes. Te extraño.
-Yo también Tobio.
Quede en silencio, disfrutando de esas palabras, pero que a decir verdad, me supieron a muy insuficientes.
-¿No quieres tomar un café un día de estos?
-¿en tu casa, o en la mía?
Yuutaro rio, y espere su respuesta- en tu casa, como siempre.
…
…
