Tooru…
…
Me desvele un par de horas, no lo sé.
Hacía tiempo que no me sentía con ese nudo en el estomago.
Ni siquiera los días ajetreados de universidad, el poder mantener la beca intacta, el saber poco y nada de él, nada de esas cosas me erizaban la piel como el terror que me daba esta situación,
Volví a sentir la sensación de ser un adulto, de hacerme cargo de ciertas cosas, que la verdad en ese momento no me sentía capaz.
Capaz de coordinar, de encarrilar no solo mi vida sino la de él.
¿Qué hacer? ¿Cómo sobreponerse? ¿Cómo sacar fuerzas y hacer frente a tantas cosas oscuras y dolorosas?
Tan arraigadas en su ser, que le llegaba a parecer que estaban bien.
Que mal que teníamos la cabeza. Que tan enfermos éramos todos. Como nos habíamos perdidos del camino.
Y era el turno de despertar y empezar a enderezar las cosas. Y sería tan difícil.
Shouyou dormía en paz, realmente tranquilo. Su respiración era regular, apenas si se oía. Me daba algo de confort. Quería que eso fuera siempre así. Quería protegerlo y devolverle todo el cariño que me generaba. Pero me estaba viendo limitado. Porque no sé si Shouyou funcionaba con solo amor o si necesitaba de esa oscura perversidad de la que yo también había sido parte.
Me dolía el estomago al pensar que tal vez nunca podría dejarle hacer tener esos sentires de querer dormir con su Sensei o su padre, dejarle claro que eso era malo. Tenía miedo de que nunca se pudiera recuperar de todas las locuras que se había dejado hacer y lo habíamos hecho sin ningún pudor.
Me sentía tan culpable.
Lo abrace fuerte. Era mío. Y así debía serlo siempre. Pero me veía batallando sin armas. Debía tener ayuda. Debía alejarle de su padre. Y la persona que estaba a mi alcance era tal vez peor que su padre y eso me generaba más miedo.
Tenía que ver cuántas cartas podía tener a mi favor. El problema mío era confiar en que esas cartas no fueran comodines.
Y la verdad en ese quiebre de mi vida lo último que tenia era confianza en otra persona. Todas se aprovechaban de Shouyou y el que no se resistía lo hacía mucho más apetecible, lo sé, yo también había caído en eso. Pero yo estaba enamorado, era diferente. Había muchas diferencias entre todos lo que lo pervertíamos, pero muy finas. Realmente una delgada línea que nos volvía loco y nos convertía en los asquerosos seres que éramos en ese punto de la vida de mi amor.
…
Pero después de todo era un hombre, enamorado, pero hombre, y tenerle tan cerca después de tanto tiempo, era difícil.
…
Habíamos despertado.
Tal vez eran la del domingo.
Shouyou seguía abrazado a mi torso y dibujaba línea sobre mi estómago.
Había extrañado, extrañaba su cuerpo. Extrañaba hacerlo con mi novio. Y tratando de respetarle todo el tiempo posible no miraba a nadie más y me masturbaba muy poco.
...
Acaricie su espalda, y no sabía si era pronto para tener sexo, cuando aquello le había pasado hacia tan poco.
Así que tratando de no ser tan desconsiderado pero con mi pene a punto de reventar, empecé a acariciarlo más fuerte.
Levante el elástico de su pantalón y metí mis manos en su cola.
Shouyou gimió bajito dejándome seguir.
Tomé una de sus nalgas y las acariciaba con fuerza. Con determinación. Como si estuviese amasando.
Shouyou volvía a gemir, había dejado de trazar líneas para agarrarse de mi remera.
Despacio me metí entre sus nalgas y con un dedo seguí la línea desde sus genitales hasta la terminación.
Me pare en el orificio de su ano e hice movimiento circular.
-¿Puedo?
-Si Senpai, ¡Ah!
Para cuándo había dicho sí, mi dedo estaba enterrado buscando sus gemidos de placer.
Shouyou se escondió bajo mi axila y disfruto de la penetración que le hice con los 3 dedos que de a poco pude ir metiendo.
Una vez pasado un buen rato de aquello, necesitaba urgente ocuparme de mí.
Así que saque mi pene, que estaba tan duro como siempre cuando pensaba la preciosura de chico que tenía en casa y que era mío.
-Chúpamelo - ordene casi muerto. No quería acabar con solo tenerlo al lado. Quería que Hinata disfrute con él.
Shouyou se metió bajo las sábanas y sin siquiera tocarlo, lo puso dentro de su boca. Sus pequeños labios lo apretaban de forma tal que quería gritar. Tenía semejante exaltación que deseaba que todo el mundo lo supiera.
Hacia un trabajo excelente. Seguramente su Sensei se lo pedía a diario. Cerré los ojos y me relaje disfrutando de eso.
Creí que no iba a poder disfrutar de todo Hinata, dejando mi semen en aquella mamada, cuando mi niño salió entre las sábanas y me pidió ser cogido.
Sin pensarlo demasiado saque toda su ropa y lo hice sentar sobre mí.
Hinata se movió vergonsozamente.
Su piel era tan blanca, pálida. Su vientre plano se contraía contra los movimientos y yo tapaba su boca para que no salieran aquellos gemidos que tanto me gustaban.
Se inclinó para tomarse de mi remera y empezó a saltar sobre mí.
No pude aguantar nada. Me vine de lleno dentro de él.
Lo necesitaba tanto que no siquiera había logrado que él también acabase. Así que lo acosté en mi lugar boca abajo. Lamí su cola un rato y lo hice acabar poniendo mis dedos de la forma más bestial. Los sacaba y ponía con fuerza y rapidez para que se asemejara a mi pene hasta que lo sentí temblar.
Me acosté encima de él y acaricie su pequeño rostro -prometo hacerte el amor antes de irme. Y te haré acabar mejor.
Me sonrió de lado y beso la comisura de mis labios.
Me acosté nuevamente a su lado y no me levanté de allí hasta no saciarme de su pequeña boca.
…
Shouyou desayuno tranquilo, bajo la mirada estricta de mi padre, quien se había mantenido callado hasta al momento, por respecto de mi novio. Pero sabía que tarde o temprano debía sentarme hablar con él, y decirle con mi boca que es lo que sucedía allí.
Me acerque hasta la mesada de la cocina, donde él tomaba su café diario, y me quede en silencio, esperando el sermón, que solía ser en voz baja para que mi madre o esta vez Sho, no oyera.
Lanzo un suspiro y lo vi venir: - Escucha Tooru, no me importa tu sexualidad. Pero si tu futuro. Y si ese joven se mete en medio de eso, me temo que no aprobare la relación.
-Eso no sucederá papá-
-Entonces que sea la última vez que vuelvas de Tokio por él.
-Pero
-Nada. – corto en seco – y si quieres hacerlo de todos modos, consigue un trabajo y paga tu vida allí. ¿Entendido?
Me quede en silencio. Necesitaba enormemente de su ayuda económica, la beca que se me otorgaba por ser parte del club de voleibol no era demasiado. Y realmente quería estudiar, para en un futuro poder ser capaz de darle a Shouyou todo lo que siempre había merecido.
Las duras y frías palabras de mi padre, me erizaron por un momento la piel, pero mi corazón se apaciguo al saber que no le molestaba, o no tenia problema en que su único hijo fuera gay.
Shouyou me sonrió de forma fugaz, y el mundo parecía ser mejor cuando hacia eso.
…
Mis domingos, solían ser aburridos en extremo, y rara vez me sentía bien en esos días, porque llegando el fin de semana, me entraba una melancolía nunca antes sentida, extrañaba a Shouyou, y no es que no lo hiciera en la semana, pero en esos días, tenía muchas veces la mente ocupada en tantas cosas, y cuando apoyaba la cabeza en la almohada solía dormirme de forma rápida.
Pero el fin de semana, cuando me relajaba totalmente, y sumido en algún libro de lectura, el recuerdo de Shouyou inundaba mi ser, dándome una agonía extrema. Sabía que era mío, pero no sabía bien como estaba, con quien estaba, si me extrañaba, si me recordaba, y aunque tuviera solo esa certeza, había noches en que el insomnio me jugaba una mala pasada y me hacía pensar que no, que no era mío, que se estaba olvidando de mi, y el día que yo volviera sería tan tarde.
Pero ese domingo, era diferente, me sentía extasiado y no quería que terminara nunca.
Hasta que sentí una puntada en mí estomago. Se acercaba la hora de llevarlo de nuevo a casa de Kageyama Sensei, y eso significaba muchas cosas. La más importante de todas, que debía volver a Tokio, y que toda esa felicidad que había sentido después del trago amargo de la situación con su padre, se esfumaría cuando la añoranza invadiera mi cuerpo.
Solo me quedaba ser perseverante.
Y por ese momento, no podía pensar en los días próximos, sino pensar en lo que tenia de frente, la puerta de Tobio Kageyama, donde una vez más debíamos poner las cartas sobre la mesa.
Continuara.
Perdón por esta ausencia.
Cambie de trabajo, y de vida totalmente. Pero no lo he dejado.
Gracias a todos los que se van sumando.
Felices fiestas.
