Capitulo 6
Nos sentamos a desmontar la roja, Maggie pidió permiso para quitarse la playera y me resulto gracioso que lo hiciera después de todo estábamos en su cobertizo donde convenientemente no podía entrar la silla de Billy, las motos estaban a salvo, casi podría jurar que la princesa escogió este terreno a propósito para hacer sus fechorías.
Mientras hacíamos nuestro trabajo Maggie parloteaba felizmente sin que yo tuviera que esforzarme mucho para mantener viva la conversación, me puso al corriente sobre cómo iba su segundo año en la escuela y como eran sus clases, también se quejo por los ridículos alumnos con sus ridículos padres que les inculcaban buenos valores.
— ¿No te parece lógico que si desde pequeños se les enseña que tienen que respetar a los jefes de tribus y princesas, te traten como tal? — pregunte después que termino de quejarse sobre varios chicos que la dejaban estar adelante en la fila para pagar la comida.
— ¡Patrañas! — Escupió — si es así solo los chicos recibieron esa educación que dices — de solo imaginarme al montón de chicos detrás de Maggie y a las chicas odiándola sin ella querer nada de eso, hizo que una burbujeante necesidad de algo que no había hecho por meses saliera a la luz.
Me sorprendí cuando quise reírme, pero no lo hice.
Luego paso a relatarme todo sobre sus dos mejores amigos, Kitty una chica con la que mejor no se le dejaba el corazón roto ya que era cinta negra en karate y Embry un chico más alto que ella que era bastante inquieto en la escuela.
— Embry es un nombre raro — dije interrumpiendo su anécdota de cuando ellos tres se metieron a la cafetería y robaron la tarta de coco que era destinada para la directora del instituto.
Entonces ella volteo a mirarme y se rio.
— Embry se llama así por una estrella de telenovela que veía su madre desde siempre, pero no puedes burlarte de su nombre ¡Después se vuelve loco y terminas en la basura! —
— ¿Te lo ha hecho a ti? — pregunte levantando una ceja.
— No, nunca — suspiro riendo — es uno de esos chicos con valores como tú dices pero a otros si —
— vaya amigo que tienes —
— ¡Sí lo es! — dijo defendiéndolo vehemente — pero no hay que meterse con su nombre —
En ese momento se escuchó que la llamaban desde afuera.
— ¡Margaret! — grito una voz masculina.
— ¿Te llamas Margaret? — pregunte al reconocer que no era la voz de Billy.
— ¿Qué? ¿Cómo crees? ¡Solo soy Maggie! — Su bonito rostro se ruborizo — es solo el idiota de Embry que esta haciendo lo que mejor le sale —
— ¿Y es? —
— ser un idiota —
Sonreí divertido y Maggie como queriendo no decir nada a esperar si se iban sonó otra voz, esta vez femenina.
— ¡Maggie! — chillo la chica.
— ¡Aquí! — Grito ella de vuelta — hablando de la bruja y el diablo…— murmuro ella como si estuviera enojada.
Cuando me gire para observar a las dos ruidosas personas que entraron al cobertizo riéndose a más no poder, me sorprendí que se parecieran tanto y al mismo tiempo fueran tan diferentes. La chica que entro era de piernas largas y cabello negro corto hasta debajo del mentón con la raya en el medio, ojos con pestañas de plumero y pómulos altos, pero no sé porque su belleza no se compraba en nada con Maggie. Quizás porque a diferencia de esta chica la princesa no era consciente de sus hermosos rasgos. El chico era altísimo, incluso más alto que yo, corpulento con el cabello corto casi al rape y mirada ceñuda que estaba dirigida especialmente a mí.
— Maggie… — empezó él y ella lo atajo alzando una mano mientras se levantaba del suelo.
Automáticamente cerró la boca.
— Lo conozco, mi papa está en la casa y siempre trabajo más cómoda así — el chico asintió cruzándose de brazos con cara de pocos amigos — chicos este es Edward, amigo de confianza — me levante de inmediato e hice un saludo con la cabeza.
Los dos no dejaban de mirarme, aunque claro cada intención estaba bastante clara en los dos.
— Hola Edward — saludo la chica sonriendo ampliamente y extendiendo la mano para que se la tomara, tuve que corresponderle la sonrisa y le di un apretón rápido.
Gruñí internamente cuando ella me guiño el ojo.
El chico se relajo de inmediato y me extendió la mano con una sonrisa.
— eres el chico de Anthony ¿Verdad? —
— Así es — murmure viendo como mi mano se perdía en la monstruosidad de la suya.
— tu padre es bien recibido por aquí — comento con despreocupación, ignorando la mirada asesina que le estaba dedicando Maggie.
— Eso escuche — sonreí cortésmente.
— ¿Y qué hacen chicos? — pregunto Kitty sin dejar de mirarme.
— Edward y yo vamos a reparar estas motos — la explicación era poco exacta pero fue suficiente para que el grandulón me trata como si me conociera toda la vida y entabláramos una conversación.
A Maggie y a mí nos bombardeo con montones de preguntas que casi siempre respondía era ella, la chica como no sabía nada de motos, ni de piezas o componentes, abrió la puerta del Golf y se sentó ahí a escucharnos como si estuviera acostumbrada a ser una participante silenciosa. De vez en cuando me miraba así que procure que eso no me afectara, sobre todo cuando lo hacía más tiempo del que es debido.
Maggie y Embry estaban inmersos en si podían reconstruir varias piezas para que saliera más económico todo cuando decidí que tenía que irme, mire el cielo fuera del cobertizo, estaba colocándose más y más oscuro. Con un suspire me dirigí hacia donde estaban dos pequeños baldes, uno lleno de agua con jabón y otro solo con agua.
Maggie me siguió dándome una mirada de disculpa.
— Lo siento por dejarte rezagado —
La mire sonriendo.
— ¿Recuerdas que soy prácticamente un principiante en todo esto? — Ella asintió — así que relájate no siento nada, estaba aprendiendo de ustedes mejor dicho — no estaba mintiendo me sentía cómodo y hasta había aprendido un par de cosas útiles para autos.
— ¿Entonces porque te vas? —
Señale por sobre mi hombro.
— Cena. Anthony — me quite el exceso de agua en las manos y luego ella me paso las toallas para secarme — si no voy, el pobre terminara comiendo vaya a saber qué cosa — eso la hizo reír.
— terminare de desmontar las piezas esta noche y así sabré que más necesitamos —
— podrías hacer una lista para ir a comprar los componentes —
— ¿Cuándo planeas venir de nuevo? —
— ¿Mañana te parece bien? — pregunte al recordar que los domingos era la pesadilla de mi existencia.
Kitty y Embry intercambiaron codazos y muecas.
— ¡Eso sería estupendo! — Maggie sonrío — adelantaríamos muchísimo —
— de acuerdo, estaré por aquí temprano —
— ¿Te aguardo desayuno? —
— ¿Su alteza sabe cocinar? — bromee consiguiendo que me golpeara con el puño.
— ¡Cállate Ed! —
— tú sabes solo pregunto porque las princesas tienen todos esos sirvientes…—
— ¡Ahora si te lo ganaste! — se quejo agarrando agua y vi su intención por lo que me tape con la toalla y no consiguió mojarme.
Sonreí divertido.
Kitty le sonrío a Embry mientras le susurraba algo al oído. Maggie se molesto y les lanzo algo redondo que estaba a su alcance, por suerte los chicos consiguieron esquivarlo.
— ¡Basta los dos! — Ordeno irritada — ¡Largo de aquí! — los dos se levantaron dispuestos a irse a toda prisa.
— ¡No, no se vayan! — Interrumpí caminando hacia la salida — me tengo que ir de verdad, princesa nos vemos mañana —
— Nos vemos Ed — se despidió ella sonriéndome dulcemente, le sonreí en respuesta, se veía tan bonita incluso con la cara llena de grasa.
Tan pronto cuando estuve afuera escuche Kitty y a Embry aullar a coro.
— ¡Uauuuuuuuuuu…! —
Después escuche unos golpes continuos junto a unas cuantas maldiciones.
— ¿Cómo se te ocurre tratarme así Embry Call? — grito Maggie con voz enojada.
— ¡Lo siento! ¡Lo siento! Me preocupe, estabas prácticamente desnuda y…—
Un golpe.
— ¡Esto es la parte de arriba de un traje de baño! — chillo ella.
— ¡Lo siento! — grito él.
Otro golpe.
— ¡Maggie deja de lanzar cosas! — grito Kitty.
— ¡Mierda! ¡No! ¡No puedes lanzar llaves inglesas Maggie! — gritaba Embry.
— ¡Ojala mañana asomen sus feas cabeza por aquí porque les hare tragar…! — dos golpes más y luego un montón de quejidos de dolor que se perdieron junto a la amenaza de Maggie.
Esa necesidad burbujeante en mi pecho se hizo insoportable y lo solté en forma de risa. Me estaba riendo. Oírme a mí mismo hizo que me maravillara por el simple hecho de que estaba riendo y no había nadie que me mirara. Me sentía ligero y extraño pero en el buen sentido, tanto así que volví a hacerlo y seguí maravillándome.
Cuando Anthony entro por la puerta yo estaba de un lado a otro preparando pollo frito y puré de patatas para acompañarlo.
— ¿Cómo estas papá? — le devolví una sonrisa y pase de sopetón por su lado yendo a la lavadora, tenía una pila de ropa pequeña pero aun así no quería que se acumulara.
— Hola Eddie — estaba sentado en la silla con sus ojos mirándome sorprendidos aunque quería tapar la expresión — ¿La pasaste bien con Maggie? —
— bastante, si — volví a sonreír cuando pensé en ella.
— Eso está bien — murmuro cauteloso — ¿Qué hicieron? —
Ahora me tocaba a mí ser cauteloso.
— Estuvimos en su garaje trabajando en su auto — lleve la comida a la mesa y me senté sirviéndome mis presas favoritas — ¿Sabías que lo está remodelando? —
— Ah, sí, algo oí de Billy — la cara de mi padre estaba aparentemente tranquila pero sus ojos estudiaban todos mis movimientos y casi podía jurar que peso en su mente cuanta comida estaba ingiriendo.
Era un enorme plato el que me serví pero no fue para complacerlo, de verdad tenía hambre.
Después llego el turno de ir a dormir por mucho que estuviera barajeando el momento para evitarlo.
Mire la cama con horror, como si fuera el monstruo del armario que una vez llegue a temerle, me quite la ropa y me acurruque debajo de la sabana, el miedo me invadió poco a poco ocupando el lugar donde estaba la sensación de bienestar de esta tarde, cerré los ojos y espere el ataque que sin duda vendría al igual que la noche anterior… desperté a la mañana siguiente con la luz entrando por las ventanas.
Había dormido sin soñar o gritar por primera vez en cuatro meses, no podía decir cual emoción era más fuerte si el alivio o el estupor, como si fuera un soldado en pleno campo de batalla me quede quieto esperando a que llegara el enemigo, si no era el dolor era la droga, pero algo tenía que aparecer para torturarme.
Espere… espere… espere… pero no ocurrió nada.
Me levante de sopetón mareándome en el proceso y corrí hacia el baño con la toalla encima de los hombros me sentía más relajado de lo que en mucho tiempo no lo hacía, entre en la ducha y me lave el cabello confirmando lo que Anthony me dijo, estaba más largo de lo debido, llegaba justo al final del cuello pero no me molesto quizás hasta podría robarle una de esas fulanas ligas a Maggie y hacerme una coleta.
No confiaba que esto durara, me balanceaba en un precario equilibrio y no tardaría mucho en caerme, aún así no me intereso pensar en eso, hoy vería a Maggie de nuevo y me sentía… esperanzado. Pero mantuve a raya eso, no confiaba en que todo fuera como el día anterior, no podría ser todo tan fácil.
Durante el desayuno Anthony seguía mirándome de forma clínica, sobretodo porque solo me serví un vaso de leche.
— Bonita camiseta — comento — ¿No vas a comer? —
— Maggie me prometió guardarme desayuno — eso lo relajo y sonrío un poco mientras asentía — Lizzi me la mando hace algunas semanas, por su ultimo correo creo que esta en Venezuela — mire hacia abajo y la camiseta era azul con el logo de un parque que poseía una enorme cascada como atracción principal.
— Algo de eso escuche de ella — bajo la mirada a sus huevos revueltos — ¿Que harás hoy? — pregunto fingiendo estar muy distraído en su desayuno.
— iré a pasear con la princesa otra vez —
Asintió sin levantar la vista.
— Mjumm — murmuro con la boca llena.
— ¿Y tú? —
— Harry vendrá hoy a ver el partido, traerá de comer para ambos —
— Oh, bueno, quizás Harry pueda traerse a Billy así el viejo rey no me acusa de secuestrar todo el día su adorada hija —
— Eso suena estupendo — se llevo el plato hacia donde estaba el teléfono y marco el numero con verdadero entusiasmo.
Busque le impermeable y casi corrí hasta la camioneta, cuando me senté sentí la presión contra mi pierna de la chequera que nunca había usado… hasta hoy.
Fuera caiga un chaparrón de agua, cuando estacione frente a la casa de Maggie vi que me esperaba con la puerta abierta, corrí tratando de no mojarme y solo unos segundos después de que terminara de quitarme el impermeable se abalanzo hacia mis brazos que se abrieron automáticamente.
— Anthony llamo diciendo que venias en camino — murmuro con su rostro escondido en mi cuello — ¿Cómo amaneciste? — se separo de mi sonriendo ampliamente.
— bastante bien ¿Y tú? —
— sin duda, mejor que ayer — acomodo unos cuantos mechones de cabello que estaban obstaculizando mi vista y un sentimiento cálido se extendía cada vez que me miraba con esos oscuros ojos.
— ¿Mi desayuno? —
— Por aquí — me tomo de la mano y casi me arrastro hasta su habitación, sin dejarme si quiera saludar a un muy sonriente Billy — fue buena idea de que se llevaran a mi padre — comento cerrando la puerta a sus espaldas.
— Mi cabeza está llena de grandes ideas — dije en tono presumido mientras contemplaba su habitación.
— ¡Bah! — se quejo cruzando las piernas por encima de la pequeña cama y comenzando a comer, su emparedado de pollo estaba delicioso.
Extrañamente su habitación se parecía muchísimo a ella, solo había algo que no encajaba, un afiche enorme de un montón de chicas con ojos rasgados.
— ¿Qué es Girls Generation? — pregunte curioso.
— una banda de chicas —
— ¿Banda de chicas? —
— sí, fue lo que dije —
— ¿No deberías tener afiches de chicos? —
— Sería perder el tiempo adorando a alguien que no sabe que existo — se encogió de hombros restándole importancia al asunto — además Yoona es hermosa —
— sigue siendo una chica —
Ella me contemplo durante unos instantes sin poder creer que yo no entendiera su punto.
— con las chicas es diferente espero no gustarles, pero con los chicos… — sus ojos brillaron tan intensamente como lo fuera hecho la sonrisa que estaba tratando de ocultar —… cualquier chico al que escoja para perder mi cabeza tiene que saber que existo, no me gustan las relaciones unilaterales —
Me quede absorto en sus profundos ojos negros, teniendo la sensación de que ocultaban más de lo que decían.
— ¡Maggie me voy! — grito Harry.
Eso nos hizo salir del estupor, unos segundos después se escucho el portazo.
— Listo, estamos a salvo de posibles supervisores — asentí y la ayude a recoger el desorden de platos vacios encima de la cama.
Vagamente pude ver el brillo del rubor en sus mejillas.
Cuando estábamos en la camioneta saco un papel doblado del bolsillo y de reojo vi que su rostro se contraía en una mueca.
— ¿Qué sucede? —
— Va a costar mucho — como mi rostro no mostro preocupación alguna añadió: — quizás estará rondando más de cien dólares — saque mi chequera y me abanique con ella dedicándole una mueca arrogante — Ya que las cosas son así te tocara brindar los helados — sonrió y vi que estaba más tranquila.
— Como desee su alteza — murmure haciendo una inclinación de cabeza.
— ¡Con chispas de colores! — chillo ella divertida.
— Si le apetece a la princesa —
— ¡Y muchas fresas! —
— ¡No te pases! — exclame haciendo andar la camioneta y ni todo el ruido del motor logro apagar su risa.
Cuando caí de culo encima de un enorme barrial suspire escuchando la risita divertida a mis espaldas. No sabía qué diablos pasaba, tampoco si se debía a mi desesperación, o quizás fuera el resultado de la falta de aturdimiento pero este día me la estaba pasando genial. A pesar de tener barro por todos lados (por lo cual tendré que lavar la camioneta) llovía a cantaros y mis manos estaban llenas de grasa hasta los codos, se sentía extraño pero bien… aunque principalmente extraño.
Empezaba a sospechar que era todo por Maggie.
En realidad no tenía nada ver que conmigo. Maggie era Maggie, todo era tan sencillo como eso y no es porque siempre esta alegre, sonría por todo, conversaba sin esperar que hable o que no me mirara como si estuviera a punto de clavarme una bala en cabeza, ella simplemente acarrea a todos hacia su aura de felicidad llevándola a toda la gente que la rodea.
Para mi ella era como el fuego de una fogata a mitad de la noche, cálida. Lo más impresionante es que su calidez venia de forma espontanea, salía de lo más profundo de su ser y no resultaba tan extraño que quisiera pasar tiempo con ella. Ni siquiera cuando se refirió al enorme destrozo que hice a mi camioneta me inundo el frio mortal que tendría que haber sucedido.
— ¿Quién te robo el estéreo? — pregunto.
— nadie —
— pues que bueno, porque si fuera sido un ladrón le doy hasta dinero para que haga un curso de como robar mejor — inspecciono todo con ojo clínico — aquí realmente hicieron un destrozo…—
— ya… ya… soy el ladrón —
Ella soltó una risotada.
— quizás es mejor que no toques las motos —
— Te jodes princesa — sonreí de oreja a oreja — de verdad me gusta la idea de aprender sobre mecánica —
— Entonces mi pequeño saltamontes dirijámonos a Checker Auto Parts — ordeno con voz solemne, yo solo agite la cabeza divertido y doble en la dirección que me dijo.
Encontramos varias piezas ahí y la princesa siguió sorprendiéndome al observar como solo con un vistazo ya sabía que piezas eran aun cuando estaban torcidas, llenas de grasa y casi irreconocibles. Después de eso fuimos a Hoquiam, teniendo en cuanta la velocidad de mi auto suponía unas dos horas de viaje que Maggie lleno de historias sobre sus amigos y la escuela, lo más asombroso del asunto es que me encontraba preguntándole cualquier tipo de cosas y no era por aparentar, realmente estaba curioso.
— Estoy hablando demasiado — se quejo después de haberme relatado una larga historia sobre Kitty y el problema en que se metió por intentar conquistar al novio de una chica de último grado — ¿Qué tal tu? ¿Cómo es la escuela de los caras pálidas? —
— sin nada de emoción, tus amigos son más interesantes que los míos, Kitty es muy divertida —
Maggie frunció el ceño.
— Kitty tiene el mismo concepto de ti —
Me reí.
— ¿Y qué hice para merecer tal titulo? —
— Por tu total falta de respeto hacia mi — esta vez me reí más fuerte, sabía que ellos eran de los chicos que se tomaban muy enserio quien era Maggie — a ella le gustas — gruño cruzando los brazos.
— ¿Gustar? — masculle riendo todavía.
— sí, bastante —
— quizás recibió muchos golpes en la cabeza —
— ¿Y porque no podrías gustarle? —
— ya, en todo caso no podría salir con ella —
Su ceño se frunció más profundamente.
— ¿Por qué? —
— ¡Diablos ella es cinta negra! — Exclame aún con varias de sus historias rondando mi cabeza — además es una chiquilla todavía —
— no lo es tanto — la princesa se quejo y me dio un manotazo en el hombro — solo un año y unos cuantos meses —
— No podría salir con ella — repetí de nuevo tratando de no ponerme de mal humor.
— ¿Por qué? — se estaba empezando a molestar y tenía el leve presentimiento de que ya no hablábamos de su amiga.
— no es mi tipo —
Arqueo una ceja en mi dirección.
— ¿Así que tienes un tipo? —
— ¡Oh para ya! — Bufe — ¿Me harás admitirlo verdad? Bueno las chicas así me intimidan prefiero al puro estilo clásico — sonreí porque eso la distraería lo suficiente.
— ¡Edward eso es ser sexista! — chillo aguantando la risa.
— ¡Pf! ¿Yo sexista? — Sonreía de oreja a oreja — ¿Qué tiene de malo que les gusten hornear pastelitos? —
— eso es injusto, estamos en pleno siglo veintiuno ahora las chicas reparan autos, pelean y son presidentas —
— ¡Eso ya lo hacíamos nosotros y lo hacíamos mejor! —
— ¡Oh no lo dijiste Mesen! — me dio un zape y yo me eche a reír.
— tienes que aceptarlo ahora con tantas leyes que las ampara pueden hacer cualquier cosa aunque lo hagan mal ¡Pero el sexo masculino es mejor! — Maggie puso los ojos en blanco ante mi insólita declaración, era mentira pero irritarla se estaba convirtiendo en uno de mis pasatiempos favoritos.
— ya que quieres que esto sea una competencia, tienes que aceptar que las chicas maduramos primero que los chicos, así que el sexo femenino obtiene unos doce puntos —
— ¿Así que te pondrás exigente? Bien, considerando que los chicos somos más grandes que las chicas tendremos que agregar veinte puntos al marcador —
— ¡Eso no se vale! — Sé quejo ofendida — ¡Yo soy tan alta como tú! —
— No cuenta, eres un fenómeno — Me prepare para el golpazo en el brazo que recibí — ¡Además de agresiva! — gruñí sobándome con la mano libre, ella soltó una carcajada.
Cuando llegamos a la Push estábamos cargados de todo lo de la lista, Maggie no para de decir la suerte que habíamos tenido, mientras yo refunfuñaba de lo tramposa que se volvió para conseguir que el sexo femenino este arriba, según ella muchas chicas se encargan de las cuenta de la casa así que eso le sumos unos puntos más, después la hice perder porque la mayoría no sabía cambiar un neumático hasta que al final ¡Las chicas tenían treinta puntos y los chicos solo veintitrés! Me divertía cada vez que decía algo que se supone que eran habilidades de las chicas pero en realidad eran sus habilidades, este juego solo sirvió para afirmar mi opinión de que Maggie no era una chica común y corriente.
Quizás ella carecía de cromosomas y por eso poseía habilidades de ambos sexos.
Tan pronto llegamos al garaje nos pusimos a trabajar (aunque en realidad solo hacia lo que ella me ordenaba) no había dejado de ser fiel a mi deseo original y estaba ansioso por romper mi parte de un maldito contrato que no existía, aunque sin duda pasar el tiempo con la princesa era un beneficio extra que no había previsto que me gustara tanto.
A veces la miraba de reojo solo para ver como sus manos eran tan eficientes que resultaba fascinante, ella era tan delicada y precisa, mirándola ahí sentada con algunos mechones rozando su cuello y su ceño fruncido en concentración tenía un aspecto tan grácil. Luego de pie era otro caso muy diferente, era patosa y torpe, me divertía constantemente a su costa.
— ¡Maggie! ¡Edward! — nos llamo Billy, mire hacia afuera y descubrí que el cielo estaba tan oscuro como la boca del lobo.
El día paso volando sin quiera darme cuenta.
— ¡Voy! — grito ella y me jalo cuando se dio cuenta que empezaba a acomodar las cosas — deja eso, volveré más tarde — nos dirigimos para lavarnos las manos llenas de grasa.
— No dejes de hacer la tarea o cualquier otra cosa que tengas pendientes — la advertí empujándola suavemente por el hombro.
— Estate tranquilo — me sonrío dulcemente.
Asentí aún preocupado, no quería que se metiera en problemas ya que esto solo debía afectarme a mí.
— ¡Eddie! — grito Anthony, ambos miramos en la dirección de donde escuchamos la voz de mi padre.
— ¡Mierda! — Masculle sacando las manos del agua — ¡Ya voy! — le grite rogando de que eso fuera suficiente para detenerlo.
— ¡Vámonos! — cuchicheo la princesa con una sonrisa que surcaba toda su cara, sus ojos estaban brillantes, enloquecidos por la excitación del complot.
Apago la luz y me tomo de la mano para dirigirme por el camino que encontró con facilidad, su mano se sentía cálida y suave, tropezábamos cada dos por tres pero no parábamos de reír, aunque yo no reía con una risa profunda como la de ella (era más bien superficial) no dejaba de ser agradable. No estaba acostumbrado y me sentía bien pero mal.
Anthony estaba en el porche trasero y Billy un poco más atrás.
— ¡Hola papá! — saludamos los dos al mismo tiempo.
Eso nos hizo echarnos a reír de nuevo.
— ¡Me debes un chocolate! — exigió.
— ¡De eso nada! — empezamos a caminar aun riéndonos provocando que nos fuéramos de bruces al piso ya que la rama de un árbol estaba muy por encima de la tierra.
Me quede ahí tirando buscando aire para respirar.
— Sabia que terminaríamos así — me queje suspirando.
— eres un idiota, todo es tu culpa —
— ¿Mi culpa? —
— Sí, siempre esquivo esa pendeja rama — mire hacia un lado para encontrarme con su sonrisa — tú haces que se me olvide hasta en donde estoy — sus ojos brillaban como las estrellas del cielo y trague pasado.
Mierda… ¿Qué hago ahora?
— Chicos — ambos miramos a Anthony al revés — ¿Qué tal si se levantan del suelo y vienen a cenar? — su tono me dijo lo sorprendido que estaba y se abrieron de par en par cuando observo que ambos seguíamos cogidos de la mano.
Me levante con rapidez y ayude a la princesa tomándole ambas manos, caminamos hasta donde estaba Billy y aunque mi padre quiera ser discreto sentía la enorme presión de sus ojos en mi, se volvió más intenso cuando Maggie dulcemente me quitaba las ramitas que quedaron en mi cabello, quise aguantarme pero no pude y tuve que devolverle el favor sobretodo porque ella tenía un montón.
— ¿Y qué vamos a cenar? — pregunte para distraer a Anthony.
— Mi receta especial — quien me contesto fue Billy ya que estábamos lo suficientemente cerca para que nos oyera — espagueti con carne, trasmitida de generación en generación —
Maggie resoplo quitándose un mechón de cabello de la cara.
— dudo que la boloñesa exista desde hace tanto — la cara del viejo rey se descompuso y ante eso no pudimos hacer otra cosa que no fuera reírnos.
La casa del viejo rey estaba llena, a parte de nosotros estaba la familia de Harry su esposa era Sue que poco recordaba de las vacaciones que pasaba aquí y sus dos hijos, Lio era un año mayor que yo aunque se parecía mucho a Embry (estaba empezando a considerar que en la tribu tenían un molde para todos los chicos y chicas adolescentes) y en ningún momento soltó el teléfono de Billy, su hermanita pequeña llamada Beth solo tenía catorce y era hermosa al más puro estilo exótico de la tribu. No me costó mucho darme cuenta que absorbía cada palabra que decía Maggie, la idolatraba con la mirada.
Muchos tuvimos que comer con los platos apoyados en las rodillas, aquello era un parloteo cotico donde todos hablábamos al mismo tiempo y las risas que resultaban de cada chiste interrumpían las demás conversaciones, Anthony tenia puesto un ojo en mi a pesar de que estuviera apartado hablando con Maggie y Beth, nunca fingí nada, tampoco hablaba mucho pero sonreía bastante y de vez en cuando me reía de las tonterías de los demás.
Quisiera quedarme aquí siempre…
— ¿Volverás pronto a visitarla? — pregunto Anthony cuando estuvimos solos en la camioneta, a él lo había traído Harry.
— Mañana después de la escuela — admití — haremos la tarea juntos, no te preocupes —
— Más te vale, no quiero que el record académico de Maggie baje por tu culpa — intento a que sonara como una reprimenda pero no lo consiguió muy bien.
— ¿Qué tal le va en la escuela? — pregunte curioso.
— ¿No lo sabes? —
— ella dice que va bien, pero solo eso —
De reojo mire que Anthony sonreía.
— Billy no para de decir que es la número uno — soltó una leve risa — sobre todo con los números, se le dan bastante bien — eso me sorprendía aunque no sé porque, me estaba empezando a acostumbrar que la princesa sea excelente en todo — ¿Y qué hicieron hoy? — resulto fácil responder, le conté casi toda la verdad.
Cuando llegamos a la casa hice mil maromas para no subir a mi habitación, cuando ya no había nada que hacer decidí mirar el correo, tenía uno reciente de Lizzi y como cientos de los chicos, antes solo necesitaba contestarle a mi madre pero ahora que veo todo esto me deja un mal sabor de boca ¡Vaya amigo que era! Con un suspiro decidí posponer eso unos días más, la verdad era que no quería pensar mucho en ellos, estaban asociados con recuerdos que no quiero revivir y no estaba listo todavía.
Pero después que leí el de mi madre desee haber pospuesto ese también. Me hablaba como si estuviera reportando los acontecimientos para un periódico y no para su hijo, se me estrujo el estomago de solo imaginarme a mi bella y disparatada madre escribiendo algo tan frio y soso.
Tenía que arreglar eso.
Le conté todo los acontecimientos recientes, de cómo era Maggie y lo fascinado que me tenia, de la reunión en la casa de Billy ¡Hasta de la historia del enorme oso que escuche en el trabajo! solo porque quería llenar y llenar más paginas a ver si con eso lograba animarla por todos estos meses en que la había preocupado. Termine mandándole saludos a Charlie y le prometí que cuando hubiera un buen clima obligaría a Anthony a que fuera conmigo a la playa para así mandarle fotos.
Me acosté solo con mi ropa interior y con miedo sentí como toda la calidez de la presencia de Maggie se iba diluyendo como si fuera neblina, empecé a entrar en pánico sabiendo que el tiempo que estuve con ella (donde fui feliz de manera superficial) no me apartaría de las garras del horror esta noche.
Desperté cuando caí al suelo enrollado en las sabanas.
Anoche fue diferente, en mi pesadilla estaba Sam Uley y no dejaba de mirarme con hostilidad como si tuviera un secreto y no quisiera que me enterara, fue un gran cambio y me pareció bien ¡Por fin cambio algo! Pero me preguntaba porque, era extraño, él solo se quedaba ahí sin hacer nada, observando mi desesperación.
Anthony no dejo de vigilarme durante el desayuno, aunque estaba comiendo bien supuse que pasarían semanas antes de que el proclamara que estaba curado, yo también tenía mis recelos. Dos días no eran ni un poquito suficientes, pensaba en eso constantemente para evitar que me molestara.
En la escuela fue justo lo contrario, cuando yo estaba prestando atención nadie me observaba, recuerdo haber deseado esto, incluso los profesores pasaban la vista de mi asiento como si allí no existiera nadie. La clase con Mike fue todo un acontecimiento, no me hablo incluso cuando yo le salude primero, solo me dedico una mirada sospechosa y regreso a mirarle las piernas a una chica que estaba en la puerta, supongo que no tenía la paciencia suficiente para tratar con un chiflado. La mesa del almuerzo estaba llena, varias caras que conocía estaban ahí aunque no sabía si es que eran la primera vez o ya era costumbre de todos los días, me estaba empezando a emputar conmigo mismo ¿Dónde coño estuve yo el último año? ¿Por qué no me acuerdo de nada?
Me siento como si acabara de salir de una cajita de bolitas de poliéster.
Migue la dona que tenía en busca de algún tema de conversación en cual incluirme, era preocupante solo el hecho de cuando me senté nadie levanto la vista para mirarme.
— ¿Dónde está Cheney? — le estaba preguntando Tyler a Eric, al parecer todavía seguían juntos, me alegraba por él. Pero por Tyler no sabía que pensar ¡El muy imbécil se rapo la cabeza! Tan rapada que su cráneo brillaba con la luz ¡Eso le quedaba de lo más horrible! Tuve que ocultar una sonrisa, quizás el señor todopoderoso lo castigo y una mañana se levanto con la cabeza afeitada.
Aunque lo más seguro es que todas las personas que fueron víctimas de su idiotez se pusieron de acuerdo en hacerle ese desastre en la parte trasera del gimnasio.
— Contrajo gastroenteritis, con suerte se le pasara en unas veinticuatro horas — sonrío aunque estaba un poco tenso — su madre me echo a patadas de la casa esta mañana, se veía peor de lo que es por eso estoy aquí hoy — él sonrío y vislumbre que en cada uno de sus dientes tenía una diminuta pieza de ortodoncia en color rojo, no lo hacía ver mal aunque si él no me lo dice jamás sabré porque tuvo que colocárselos.
— ¿Qué hicieron ustedes este fin de semana? — pregunto Mike cambiando de conversación.
No me abre vuelto tan invisible que va a hablar de mi sin importarle que este pregunte ¿O sí?
— Íbamos de excursión el sábado pero Cheney se puso como loca así que abortamos — murmuro suspirando.
Eso no capto el interés de Mike y me pregunte qué clase de chica seria Cheney para que volverse loca fuera algo normal.
— ¿Cómo es que te puede controlar tanto? — no pude evitar resoplar ante la pregunta de Mike, la pobre chica no estaba loca simplemente era más consiente que las chicas con las que salía este idiota en cuestión.
Eric defendió su honor y el de su chica lanzándole una patada por debajo de la mesa.
— ¡Auch! — chillo sobándose la pierna afectada.
— Eres un idiota, te lo mereces — Eric puso los ojos en blanco pero con cierto aire tranquilo.
No soy el único que se acostumbro a las estupideces de Mike.
— ¿Qué ocurrió Eric? — pregunto Tyler ignorando todo lo pasado, parecía realmente curioso.
— bueno…— él dudo — estábamos cerca de las fuentes termales hay un sitio ideal justo a un kilometro del sendero…—
— ¡Aja! ¡Fuiste a pegarte el lote! — se burlo Mike.
Eric le lanzo el tenedor con todo y albóndiga causando que chillara cuando mancho su camiseta gris.
—… entonces vimos algo cuando estábamos más o menos a mitad de camino — todos parecía prestar atención esta vez, incluso Mike — no sé qué era eso, parecía un oso, era negro aunque demasiado… grande —
— ¡Oh, no! ¡Cheney también! — Tyler gruño y sus ojos se volvieron burlones — Lauren intento hacerme lo mismo la semana pasada, no sé porque no se invento la menstruación o algo así, lo del oso es ridículo —
— Acéptalo, tú chica no quería estar contigo, es imposible ver a un oso tan cerca de un centro turístico — Mike se estaba riendo entre dientes mientras decía aquello.
— Lo vimos de verdad — protesto Eric — ¡Y no todo es sexo en esta vida! ¡Imbéciles! —
— ¡Bah! — Tyler agito su mano quitándole importancia al asunto.
Me irrite porque Eric era una de las pocas personas decentes que quedaban en el mundo y estaba solo con este par de descerebrados.
— En realidad tiene razón en ambas cosas — intervine de mal humor — uno, no todo es sexo esa es la primera causa de que la mayoría de los chicos sean abofeteados por las chicas y lo segundo es que lo del oso no solo lo vio Eric, un mochilero la semana pasada aseguro haberlo visto, que era enorme y negro, lo encontró justo afuera de la ciudad ¿Verdad Jessica? — mire hacia donde estaba ella.
Hubo un momento de silencio, todos los ojos de los presentes estaban mirándome impresionados, incluso la chica nueva y pelirroja se quedo con la boca abierta.
Sus miradas me decían que había sucedido aluna clase de explosión.
— ¿Jessica? — Pregunte al ver que nadie se movió — ¿Te acuerdas del tipo ese en la tienda? —
— claroclaro — soltó tan atropelladamente que junto las palabras — digo, claro que si — continuo cuando se recobro — el tipo que lo vio dijo que era más grande que un oso pardo, estaba justo al comienzo del sendero — echo su cabello hacia atrás aun mirándome sorprendida.
Suspire impaciente yo hablaba con ella en el trabajo ¿O no?
— ¿Ya le contestaron de la USC? — Tyler rígido cambio de tema volviéndose hacia Mike y todos quitaron su atención de mí.
Jessica y Eric me miraron con pequeñas sonrisas yo se las devolví.
— ¡Bro! — saludo alzando el puño por encima de la mesa, se lo golpee pero aun así me tomo de la mano, como queriendo saber que tan bien estaba.
— ¡Bro! — respondí y él sonrío ampliamente, era fácil tratar con las personas mientras que estas fueran como Eric.
— Edward — me llamo Jessica con cautela — ¿Qué hiciste el fin de semana? — le dedique una sonrisa pequeña tratando de relajarla, eso pareció funcionar un poco aunque su mirada seguía extrañamente precavida.
No me paso desapercibido que todo el mundo me estaba mirando, estaban esperando mi respuesta.
— Mike y yo fuimos el viernes por la noche a un club nuevo en Port Ángeles, el resto del fin de semana fui a la Push — las miradas iban y venían entre Mike y yo, él estaba irritado así que lo más seguro era que no quería contar la historia.
— ¿Qué hicieron? — ahora Jessica empezaba a agarrar valor.
— Beber, escuchamos una banda y jugamos billar —
— Le patee el trasero en el billar — se jacto Mike sonriendo con malicia.
Jessica se rio.
— ¿Cierto? — pregunto deseosa de seguir con la conversación.
— bastante, me gano por mucho aunque esa es una porquería de club, olía tan mal que se me fue la cabeza —
Eric hizo una mueca mientras asentía.
— Escuche que ahora gozan de mala reputación — añadió Jessica arrugando la nariz.
La rubia no paro de hacerme preguntas en el almuerzo y poco a poco cada integrante de la mesa volvió a su conversación, Eric y Jessica pasaron todo el rato hablando conmigo, cuando la chica se fue corriendo porque llegaba clase y me dedicaba una última mirada ansiosa Eric me siguió cuando me levante a tirar la basura de la bandeja.
— Acabas de poner ansiosa a Jessica — Eric se rio — le toca gimnasia, por fin ya no escucharemos al entrenador quejarse de ella —
— Oh, cállate — lo empuje por el hombro provocando que volviera a reír.
— Gracias — murmuro cuando ya estábamos lejos de la mesa.
— ¿Por qué? —
Se encogió de hombros.
— por intervenir —
Sonreí un poco.
— no hay de que —
— Gracias de nuevo —
— ¿Y ahora por qué? —
Miro el piso, con el rostro ruborizado.
— porque sé que no soy el único chico que piensa que no todo es sexo —
Esta vez no pude evitar reírme más fuerte, se sentía bien reír, no tanto como cuando estaba con Maggie pero aun así era refrescante.
— Oye… — lo mire y note que me estaba evaluando, pero no en plan de que se volvió malditamente loco — ¿Éstas bien? —
Ese era el motivo por el que escogí a Mike, este chico era demasiado perceptivo y buena persona como para que un lunático como yo se sienta bien en su presencia.
Mire hacia adelante, tenía una pequeña sonrisa en los labios pero no dije nada, no era necesario decirle que estaba bien en la medida de lo remotamente aceptable, que estaba bien para ser un ser humano decente de nuevo… él sabría comprenderlo.
— es algo… ¿No? — cuchicheo colocando una mano en mi hombro.
— Si — suspire — es algo —
— Oye…— lo volví a mirar y me dedico una sonrisa brillante y no solo por los aparatos que cargaba en su boca — hacías falta bro —
Alguien choco mi hombro y no de buena manera.
— ¡El fenómeno regreso! — escuche como se burlaba Tyler, Mike lo seguía como perrito faldero.
Puse los ojos en blanco.
— Imbéciles — me queje.
— Idiotas — escuche que decía Eric.
Era como si hubiera retrocedido en el tiempo.
— ¿Qué día es hoy? — pregunte súbitamente.
— diecinueve de enero —
— ya —
— ¿Qué pasa? — inquirió curioso.
— ayer cumplí un año aquí —
— Nada ha cambiado — murmuro él viendo al par de tontos que estaban por delante de nosotros.
— Eso estaba pensando — musite despidiéndome.
Pero no era cierto… hace un año ella estaba aquí… hace un año yo no era yo… Hace un año todo cambio para mí.
Siento mucho no poder decirles cuanto les agradezco todo el apoyo, estoy un poquito ocupada y pase de volada por un ciber y subi el cap, me voy y espero con muchas ansias sus reviews.
Son las mejores.
Les deseo lo mejor como que hagas que Edward Mesen se fascine por ti.
