Nuevo capítulo! :))))
La espera ha sido larga, pero gracias a todas las que habéis estado ahí, en redes, privados y reviews, sois increíbles! Por ahora, quizás porque el FF está empezando o porque son OS, los comentarios son más tímidos que de costumbre (aunque las visitas no...) y ya sabéis qué, aunque las que estáis ahí me dais millones de ánimos, la actualización no irá más rápido si a cambio no hay feedback... Vamos, que ambas partes trabajamos... ¿Habemus intercambio? :)
Por lo demás... Me han encantado vuestros títulos alternativos para "frustración" :P Y más aún que "Frustración" os gustara! :) Algunas de las mejores propuestas alternativas son "Sólo con mover las cejas" (con guiño a Extremoduro :P), "Dos niños muy cabrones", "La Tortura", "NIÑOS PORCULEROS" y "LEAVE REGINA AND EMMA ALONEEEEEE!" XDDD Gracias por las aportaciones, impagables! :P
En esta nueva ocasión... el sufrimiento por el título ha sido el mismo así que, por favor, se aceptan mil sugerencias :P (En serio o por echarnos unas risas!). Además es de los largos, de los muy largos, así que espero que compense la espera :)
Y por poneros en antecedentes, sólo diré que esta es mi propia versión de cómo debería haber sido un primer encuentro entre la Reina Malvada y Emma... La idea me vino después de ver los dos primeros capítulos de la nueva temporada. Y por cierto, sigamos cruzando los dedos, a ver si sigue por ese (casi del todo) buen camino hasta el final! :P
Espero que os guste tanto como a mi escribirlo y me encantará saber qué os parece! ^^ Ahora... a leer :)
CUALQUIERA VALE
La linterna de la salvadora alumbra el camino de piedras hasta la puerta de la cripta. Sobre la última baldosa de pizarra oscura se dibuja una silueta de espaldas. Incluso a tantos metros de distancia distingue el largo abrigo negro y los botines de cuero.
"¿Regina?" pregunta sin tener que alzar la voz ante el silencio sepulcral de la noche en el cementerio.
"¿Emma?" La alcaldesa se gira cubriendo sus ojos cuando la linterna le apunta directamente. "¿Quieres bajar eso?"
"Perdona… No se ve nada"
"Y menos ahora que me has cegado" gruñe, volviéndose una vez más hacia la cripta. Los pasos de Emma resuenan de piedra en piedra, hasta que siente su presencia junto a ella. No se gira antes de preguntar. "¿Puede saberse qué haces aquí? Podría ser peligroso"
"¡Eh! Estaba haciendo la ronda… Además, lo mismo puedo decir yo..." se queja. Ella es la sheriff, este es su trabajo. ¿Qué excusa tiene Regina? Apaga la linterna, acostumbrándose a la oscuridad de la noche hasta que el rostro de Regina se perfila junto a ella, ayudado por la luz de la luna. Los ojos marrones permanecen clavados en la puerta, con el ceño fruncido y cara de concentración. "¿No habías asegurado ya la cripta?"
Suspira antes de contestar y musita. "Sí, supongo... pero no estaba tranquila"
"¿Un presentimiento?"
"Sí, algo así..." deja caer sin demasiado énfasis, torciendo el rostro hacia Emma. "¿Estoy paranoica?"
La salvadora se muerde el labio y responde con media sonrisita. "Sólo un poco" La suave carcajada de Regina provoca su propia sonrisa. "¿Y está todo en orden?" pregunta balanceándose hacia la entrada de metal.
"Eso parece…" dictamina recorriendo con un vistazo la puerta de arriba abajo. "Pero me gustaría hacer un par de comprobaciones"
Emma asiente aunque no sepa cuáles serán y se cruza de brazos. "Claro"
La alcaldesa da medio paso, mirándola de frente y con una ceja alzada. Pero la salvadora no dice nada y no se mueve del sitio.
"Hhmmm… ¿Nos vemos mañana?" murmura Regina con todo el tacto del que es capaz.
"¿Qué?" pregunta ofendida, cruzándose aún más de brazos. "No, yo te espero"
Regina suspira paciente. "Emma, no será necesario"
"Son las doce de la noche y hay una bruja psicópata buscando venganza por ahí, no voy a dejarte sola en un cementerio"
"No necesito canguros"
"No soy una cuidadora de bebés, sólo quiero cubrirte las espaldas"
"No va a ocurrir nada…"
"¿Cómo sabes que la reina malvada no se asomará por aquí con nocturnidad y alevosía?"
"No lo hará…" insiste manteniendo su temple, pero perdiendo la paciencia progresivamente.
"Si estuvieses tan segura no habrías venido a reforzar la seguridad de tu cripta"
"Emma, sólo estás retrasándome" protesta sosteniendo el puente de su nariz.
"¿Acaso mi ayuda no te serviría para terminar antes con esas comprobaciones mágicas?" refunfuña dolida ante el evidente rechazo de la alcaldesa. Por si no ha quedado claro le enseña sus manos haciéndole entender que pone su magia a su disposición. La sola idea de Regina sola en ese desolador lugar… Y están en alerta de brujas malvadas, nadie debería quedarse atrás y menos cuando todos están repartidos en lugares seguros para pasar la noche. Como Henry que está en… "Espera, ¿si estás aquí con quién has dejado a Henry...?"
La espalda de la alcaldesa se tensa igual que un arco y Emma abre los ojos al ver la luz. Se aleja dos pasos, abriendo la boca, pero es tarde. Regina gira bruscamente, con la mano en alto y su cara deformada por una retorcida sonrisa. La salvadora trata de mover los brazos, pero la magia de la reina malvada la rodea con unos tentáculos invisibles que constriñen su cuerpo y sus extremidades y la mantienen atrapada en ese mismo lugar.
"Tú no eres mi Regina" jadea retorciéndose inútilmente.
"Muy bien, Salvadora" celebra dando un par de aplausos lentos y burlones. "Y sólo te ha llevado… ¿qué? ¿Cinco minutos?" ronronea caminando a su alrededor. "Si tan sólo te hubieras marchado como te sugerí… Niña tonta"
Los ojos de la salvadora no pierden detalle de su paseo, aunque le cueste mover el cuello para seguirla. "¿Pretendes reemplazarla?" Los tentáculos parecen apretar con más fuerza a cada instante. Pero su mano aún puede moverse unos centímetros. Sólo necesita acercarse un poco más hasta el walkie.
"¿Este ridículo disfraz?" se burla tirando del abrigo con dos dedos. "No, no es más que una treta para caminar entre vosotros. Llevar su aspecto facilita mucho las cosas" gruñe estudiando su ropa con desagrado.
Emma aprovecha la oportunidad para apretar el botón del walkie-talkie que cuelga en su cintura y gritar a pleno pulmón. "¡NECESITO AYUDA, DAV…!"
"¡Detente!" exige convocando el aparato con un solo giro de muñeca. El objeto desaparece de su cinturón con un discreto humo púrpura sólo para materializarse a los pies de la reina malvada. "¿En serio, Salvadora? Patético" Ni siquiera parece importunarle la desesperada treta de Emma más de lo que podría molestarle una mosca revoloteando.
"¿Qué pretendes?" gruñe removiéndose dolorida contra su agarre mágico.
"Lo primero… Deja que me ponga cómoda" murmura lentamente, dándole la espalda y convocando su poder. Una nube la envuelve hasta hacerla desaparecer casi en silencio. Cuando la magia se volatiliza la reina malvada aparece ante Emma en todo su esplendor. Vestido de cuero amoldándose a cada curva de su cuerpo y una trenza alta y tensa recogiendo su larga melena. "Esto no tenía que haber sucedido así…" susurra volviéndose hacia ella. "¿Pero quién sería tan descortés de rechazar un regalo semejante? La salvadora en bandeja… es sencillamente maravilloso"
Emma traga saliva. Pero no es por sus palabras. La amenaza velada, el cruel tono de voz, ni siquiera le está prestando atención.
"Salvadora, ¿dónde estás mirando?"
Abre los ojos sabiéndose pillada y su rostro se tiñe de rojo. "Yo…"
"Tú, tú, tú…" repite burlona. "¿La hija de los Charming tiene debilidad por el cuero…?" musita socarrona acercándose a ella. "¿O por las brujas malvadas quizás? Pensaba que lo tuyo eran los piratas pordioseros" se regodea estirándose en todo su seductor esplendor.
Emma carraspea colocando su mejor pose de ofendida salvadora. "No acostumbro a ver a Regina disfrazada de forma tan grotesca"
"¿Seguro?" insiste con un mohín triste y decepcionado. "Y yo que pensaba…" susurra paseando su dedo índice sin prisa por su propio cuello, acariciando su esternón hasta detenerse en su pronunciado escote. "…que quizás creías que mis ojos estaban aquí" se ríe cruel al ver cómo la mirada de Emma ha acompañado automáticamente el recorrido de su dedo.
"¡No!" exclama indignada elevando su rostro contrariada y avergonzada a partes iguales.
"Ya…" susurra encantada con la situación y más cuando la salvadora es incapaz de sostenerle la mirada y sólo intenta una y otra vez escapar de su agarre mágico. "Perdona mis modales…" murmura chasqueando sus dedos. La presión desaparece del cuerpo de Emma al instante, pero todavía es incapaz de mover sus brazos. "¿Quizás unos grilletes serían más convenientes?"
El ruido de metal se repite con cada tirón que Emma da. Pero los grilletes mágicamente convocados están ligados al suelo y no dan señales de ir a ceder. "Suéltame o te arrepentirás"
"¿No te gustan?" pregunta con un puchero. "Creí que en Nueva York habías dejado clara tu predilección por las cadenas" ronronea acercándose a ella hasta estar frente a frente. "¿O sólo te gustan cuando eres tú la que atas?" Frente a ella la salvadora va enrojeciendo por segundos, pero la vergüenza se sustituye lentamente por la furia y la adrenalina que está acelerando su cuerpo. "Es eso, Emma, ¿te gusta dominar?"
"¿Qué quieres de mí?" ladra sacudiendo sus manos tratando de agarrarla, aunque apenas se muevan dos centímetros.
"Aún estoy meditándolo… son tantas las posibilidades" sonríe elevándole la barbilla y buscando su mirada hasta que Emma se revuelve soltándose de ella. "Podría desollarte y matarte… ese sería un mensaje muy claro y conciso para mi otro yo y sus aliados, ¿no crees?" pregunta retomando sus pasos a su alrededor. "O podría torturarte, descubrir cómo abrir esa cripta y llevarme hasta el último gramo de magia negra de Regina. O quizás arrancarte el corazón y jugar contigo convirtiéndote en mi marioneta. Traicionando a los tuyos para mí, sin poder decir nada, hacer nada, sólo condenarles" Un susurro satisfecho y exaltante. "Pero hay tiempo para todo y siempre estoy abierta a escuchar a mis vasallos…" suspira lamiendo sus labios sin ninguna inocencia. Una vez más los ojos de Emma se fugan, insurrectos, y siguen con atención el movimiento de esa lengua. Y la reina malvada sonríe encantada con su reacción. "¿Quizás se te ocurre una idea mejor?"
"Sólo una" responde con entereza aunque sus ojos no acompañen a su máscara de fría indiferencia. "Que me sueltes, ahora, antes de que lleguen los refuerzos, y prometo que no sufrirás"
"¡Ja!" se ríe, caminando hacia su espalda, obligándola a agitar sus cadenas y a retorcerse una vez más para intentar verla. Pero la Reina se pega a su espalda, impidiéndole más movimientos, susurrándole al oído, bajito, grave, vibrante. "¿Refuerzos?" gruñe respirando contra su cuello. "Querida… aquí sólo estamos tú y yo" remarca las tres últimas palabras.
"Déjame…" Su voz convertida en un inoportuno gemido.
"No…"
"Hazlo" gruñe recuperando su voz.
"Venga, Emma… las dos sabemos que no es lo que quieres"
"¿Ah, no? ¿Y qué es lo quiero?" bufa furiosa tratando de alejarse de ella. Advierte el cuerpo de la reina acercándose cada vez más, rozando con el cuero del vestido su abrigo, traspasando su calor hasta ella, acelerando su pulso de una forma enfermiza.
"El trabajo de salvadora a jornada completa puede ser tan aburrido…" La mano de Regina sube hasta apartar los mechones sueltos de Emma y dejar a la vista la curva de su cuello. "Tú sólo quieres divertirte… nada más"
Emma abre los ojos fuera de sí, agradeciendo que, desde su espalda, la Reina malvada no pueda regocijarse con su sobresalto. Cierra los ojos, rehuyendo de cualquier imagen mental que su mente traicionera pueda llegar a fabricar. Busca serenidad, a toda costa, pero la reina malvada acaricia ese trozo de piel y ella apenas encuentra su voz. "No contigo"
"¿Seguro…?" pregunta decepcionada agarrando su cintura y haciéndola temblar. "Puedo ser muy… divertida" remata pegándose a ella hasta que desaparece toda separación y los pulmones de Emma renquean sobresaltados cuando una mano se cierra entorno a su pecho. Da un tembloroso respingo y su estómago se tensa culpablemente excitado.
"Quítame las manos de encima" exige en lo que parece más un gemido que una queja.
"Oh…" musita dejando sus manos quietas pero sin apartarlas de ella. "¿Prefieres que use la boca quizás?" gruñe antes de morder sin delicadezas su cuello. Un mordisco que obliga a Emma a cerrar su boca y contener un gemido mientras todo su cuerpo se reclina hacia ella.
Sacude su cabeza, intenta despejar su mente, pero sus sentidos se nublan y la razón está peleando a ciegas contra un enemigo al que realmente no quiere vencer. No es Regina, se repite una y otra vez. Pero cuesta creerlo. Es su voz, su olor, su piel… y sus mordiscos. No es que jamás los haya probado antes, ojalá. Pero la sola idea de su boca, sus manos, sus mordiscos… dios, sus besos. No es Regina, joder, y sin embargo no puede borrar de su cabeza la duda de cómo serán sus besos.
Pero esto no está bien.
"No… " jadea reponiéndose, consciente de que cualquiera podría oír la mentira en su voz.
"Lo deseas…" murmura ronca, melódica, atormentadora.
"No" Y esta vez suena casi como un "Sí" por el gallo que adereza su voz.
"¿Quieres que pare? Pídemelo y lo haré" Tira de su barbilla, obligándola a mirarla cara a cara, sobre su hombro, con apenas dos centímetros separando ambas bocas.
"Par…" Pero con la primera sílaba sus ojos ya se han despeñado hasta los labios rojos y antes de que termine de hablar la reina malvada embiste su boca. Un ataque tan violento que Emma se rinde al primer envite, olvidándose de hablar, de quejarse, de oponer resistencia. Los besos de la Reina Malvada son como ella, crueles, dolorosos pero irresistibles y Emma gime de dolor y placer a partes iguales. Un pequeño chispazo de juicio grita en su mente que, de ser Regina, sería insoportablemente mejor. Pero es lo más parecido a ella y su cuerpo ha sucumbido casi desde que tuvo ante si la imagen de ese vestido de cuero.
La reina malvada se desliza hasta quedar cara a cara y Emma rompe el beso, tira sin cuidado de su nuca y se abre camino hasta su cuello. Ha pasado de víctima a verdugo. Ahora son sus brazos los que las envuelven y su boca la que arranca gemidos a mordiscos de la garganta de la morena. Y debería preocuparse. O por lo menos reparar en que ahora puede mover sus manos libremente. Pero es incapaz. Las uñas de la Reina Malvada marcan su espalda al son de cada beso y mordida que deja en su soberano y malvado cuello y la mano de la salvadora se recrea en el tacto de la piel y el cuero ardiendo contra su palma.
Hasta que el calor desaparece, la reina malvada vuela por los aires y un grito atronador rompe el silencio del cementerio.
"¡¿QUÉ DEMONIOS PASA AQUÍ?!"
Emma abre los ojos desubicada, cachonda y muy confusa, pero a tiempo de ver a la Reina Malvada aterrizar con el trasero a varios metros. Busca automáticamente a la dueña de esa voz y sus ojos dan con ella al principio del camino de piedras. No hay ninguna duda. Es esa misma persona quien ha arrojado a la Reina Malvada con su magia y quien ha gritado. Regina, con la mano aún en alto y el rostro rojo de furia permanece de pie mirándolas a ambas alternativamente. Pero ninguna responde, Emma es incapaz y la Reina malvada se ríe a carcajadas mientras se pone en pie, como si no acabara de ser lanzada igual que un saco.
"Parece que han decidido arruinarnos la diversión…" ronronea caminando hacia Emma y sin apartar los ojos de su otro yo. Eleva su mano hacia Emma pero no llega a tocarla. Regina crea una descomunal bola de fuego al instante y la lanza contra su brazo, evitando el contacto, aunque la reina haga desaparecer la bola en el aire con un simple contra hechizo. "Creo que tendremos que posponer nuestra… conversación, Salvadora" gime lamiéndose los labios como hace escasos segundos hizo Emma con ellos y cuando escucha el crepitar de una segunda bola de fuego creándose en la mano de Regina, desaparece con un refinado movimiento de su brazo.
Emma pestañea igual que si acabara de despertar de un sueño o quizás de una pesadilla. Erótica… pero una pesadilla. Apenas recuerda dónde está ni qué debería hacer pero la imagen de Regina caminando a zancadas contra ella, porque eso no puede describirse como hacia ella, la devuelve al presente. Está en el cementerio, acaba de cometer un error enorme y está un 99% segura de que Regina la va a asesinar.
La alcaldesa llega hasta ella con el brazo por delante y Emma, buscando clemencia, sólo logra susurrar un mortecino: "Regina"
Pero la morena no detiene sus pasos ni su respiración furiosa y encabritada que suena igual que la de un toro y, cuando llega hasta ella, ese mismo brazo en alto atraviesa su pecho sin miramientos.
Emma chilla de dolor y se apoya contra él incapaz de decir nada. Frente a su rostro, el de Regina pierde todo su color y pasa de un rojo chillón a un blanco mármol antes de musitar:
"Tu corazón… sigue ahí"
"…Pues claro" lloriquea apretando los dientes y tratando de no gemir: ¡…Y duele! La mano de Regina sale con la misma brusquedad con la que entró, igual que si el esternón de Emma fuera un volcán en erupción que pudiera quemarla. "¿Qué pasa contigo…?" gime recuperando su respiración a duras penas.
"¿Cómo lo ha hecho? ¿Te ha envenenado? ¿Un hechizo quizás?" pregunta compulsiva agarrándola de los hombros, obligándola a ponerse recta sin importarle los pinchazos de dolor en el pecho , y buscando rastros de secuelas mágicas en ella.
"No, no, nada de eso… ¿No podías simplemente preguntar si conservaba el corazón?" insiste encogiéndose ante ella, aunque no sea únicamente por el dolor.
"Si te lo hubiese arrebatado me habrías dicho igualmente que lo tenías" espeta fuera de sí con prisa y rabia. "Contesta de una vez… ¿qué te ha hecho, estás bien?"
"Sí, sí, estoy bien…"
"¿Qué magia usó? ¿Por qué no te defendiste?"
Emma carraspea, acariciándose el tórax calmando el dolor. "No usó magia exactamente…"
"¿A qué te refieres?" persiste enseñando cada vez más los dientes y remarcando aún más las eses.
"Yo… Pensé que ella eras tú, llevaba tu misma ropa de hoy… y cuando la descubrí me encadenó"
"¿Qué te encadenó?"
"Sí…"
"¿Eso es todo? ¡¿Te encadenó?!"
"Eso creo, sí…" repite insegura, volviendo a temer por su vida.
"¿Nada de magia, hechizos ni brujería?"
"Convocó los grilletes…" remarca muy bajito, jugándose el cuello
"¡Grilletes!" chilla recuperando su color rojo, la vena del cuello hinchada y las manos en puños temblorosos y cerrados. "¡¿Qué tipo de grilletes?! ¡¿Unos mágicos, transparentes y elásticos?!" aúlla encarándola y obligando a Emma a caminar de espaldas por cada paso que Regina da hacia ella. "Porque mientras la agarrabas no parecías tener muchos problemas de movilidad, ¡¿dime, aún llevas esas cadenas mágicas?!" berrea agarrando su muñeca solo para levantarla y volver a tirarla lejos.
"No, yo…" tartamudea confusa preguntándose cuánto hará que han desaparecido, entre qué beso y beso la maldita Reina Malvada la hizo libre sin que hubiera sido capaz de advertirlo.
"¡Cierre su puñetera boca, señorita Swan!"
Los labios de Emma se cierran a la orden al escuchar la tercera persona y ese señorita Swan. Querría explicarse, pero tampoco tiene claro qué puede decir y esta versión de la alcaldesa acaba de romper todos los baremos de furia que Emma tenía registrados de Regina.
"¡Y pensábamos que estabas en peligro...! ¡JA!"
"Y lo estaba…" musita retrocediendo unos centímetros y cerrando la boca cuando la mano de Regina vuelve a ponerse en movimiento, amenazando con una nueva bola de fuego. Levanta las manos en son de paz y tartamudea: "¿Cómo supiste que algo iba mal…?"
"Tu padre me llamó… Escuchó tu voz por el walkie antes de que se cortara y me alertó. Temían que estuvieras en peligro y necesitaban que te encontrara" gruñe apretando sus manos y sólo entonces Emma repara en la mantita de bebe que sostiene en una de ellas, con su nombre bordado. "¡Pero si llego a saber que iba a interrumpir una sesión de sexo con cadenas invisibles con mi otra mitad hubiera mandado a los Charming en mi lugar!"
"No, de verdad que yo…" balbucea torpe, buscando las palabras atropelladamente. Pero es incapaz de decir en voz alta lo que ni siquiera termina de entender en su cabeza. Todo ha ocurrido tan rápido que nada tiene sentido y si esto es un sueño macabro desearía despertarse ya.
"¡Es la reina malvada, Swan!" grita fuera de sí y Emma sólo puede repetir una y otra vez en su cabeza: pero sigue siendo tú, al menos en esencia. Y esa es la única parte de ella que me… "Estás enferma…" añade entre dientes furibunda y en ese mismo instante Emma decide que nada de eso saldrá de su boca si no quiere provocar que la alcaldesa la asesine definitivamente.
"Regina…"
"¡Fuera!" ladra entre dientes.
"Pero necesitarás ayuda con la protección de la cripta… creo que ella estaba intentando romperla"
"Lo haré yo sola, gracias" Un gruñido que logra hacer sonar cada silaba más amenazante que la anterior. "Usted avise a sus padres de que está… bien" remarca con un retintín asesino.
Frente a ella, Emma abre la boca nerviosa y arrepentida, pero no llega a decir nada. Un solo movimiento de muñeca y siente como su cuerpo se evapora para recomponerse en medio del salón del apartamento.
"¡Ah!" el chillido de su madre le da la bienvenida mientras el humo púrpura se disuelve. "¡Emma! Es Emma, David" grita antes de saltar del sofá a abrazarla. "Estábamos tan preocupados" murmura sobre su hombro, meciéndola y estrechándola con fuerza, mientras los pasos de David se escuchan bajando las escaleras apresurados. "Me alegro tanto de que estés bien…" suspira. Y Emma chasquea la lengua para sí, no estando del todo de acuerdo con esa afirmación. Puede que todo Storybrooke esté en alerta por culpa de la furia psicópata de la Reina malvada… Pero ella acaba de desatar las iras de una alcaldesa colérica y todopoderosa y no está segura de qué es peor.
"¿Ha quedado claro el plan?" La voz de Regina resuena por todo el despacho mientras todos los protectores de la ciudad asienten en torno a la enorme mesa rectangular de piedra. Los Charming, Emma, el Doctor Jekyll, Hook, Belle, Ruby y Gruñón son, junto a la alcaldesa, el principal destacamento cuando de proteger la ciudad se trata. Y desde el regreso de la Reina Malvada forman el gabinete de crisis que trata de atraparla, aunque por ahora sin éxito.
"Sí, ha quedado claro…" asiente Snow mirando con curiosidad el enorme mapa que recoge cada centímetro de la ciudad. "Si la Reina Malvada se teletransporta a cualquier sitio en las inmediaciones de Storybrooke, el mapa se quemará allí donde lo haga"
"No sólo ella, si cualquier otra persona usa ese tipo de magia el hechizo localizador se activará también. Por tanto está terminantemente prohibido desapare…" Mira a su alrededor y detiene sus palabras. "No sé para qué me molesto en advertiros si nadie aquí tiene ese poder excepto Emma y, si lo intenta, seguro que acaba partida por la mitad entre dos lugares de Storybrooke…"
"¡Eh!" musita la susodicha ofendida. Los ojos marrones se clavan en ella furibundos, invitándola a decir algo, lo que sea, que le conceda una excusa para responderle. "Bueno… es cierto que bien no se me da…" recula carraspeando y bajando sus ojos hasta el mapa. Sólo han pasado unas horas desde su garrafal y legendario error en el cementerio y está claro que, por ahora, Regina no ha rebajado sus niveles de odio hacia su persona. No le ha dirigido ni una sola palabra en toda la mañana, excepto esta referencia a su magia, y duda mucho que por ahora vaya a recibir algo más que indirectas insultantes, miradas asesinas y vacíos por parte de Regina. Suspira para sí y da un discreto puntapié al aire.
"Tranquila, love" murmura Hook, forzando una voz ronca y pretenciosamente cariñosa. "Terminarás por aprender a hacerlo" Emma sonríe de lado brevemente y asiente agradeciendo sin casi enterarse sus palabras.
"Bien, ¿quién hará la primera guardia?" demanda Regina conteniéndose las ganas de golpear la mesa.
"¿Qué hay que hacer…?" pregunta Ruby no muy segura de ofrecerse la primera.
"Mirar al mapa fijamente, señorita Lucas. No requiere un gran esfuerzo"
"¿Durante horas?"
"Lo que dure la guardia, sí…" masculla entre dientes con una sonrisa que avisa de lo cerca que está de perder la paciencia.
Antes de que su amiga pueda responder y seguir poniendo a prueba los nervios de Regina, Emma estrecha su brazo, reclamando su atención. "Ruby, la única forma de atraparla es dar con ella en cuanto se teletransporte. Si esperamos, puede moverse de su localización y habría que volver a empezar"
"Entiendo…" reflexiona para sí. "Aunque sigue sonando muy aburrido" añade provocando que Regina cierre su mandíbula hasta que sus dientes casi rechinan y que Emma se rasque la frente temiéndose lo peor.
"Quizás no haya que esperar tanto…" Deja caer Gruñón reclinándose sobre la mesa hasta que le cuelgan los pies. "¿Vosotros diríais que eso es una quemadura…?"
Sobre el mapa un diminuto agujero empieza a crecer hasta comerse un centímetro de papel y soltar una diminuta humareda.
"Sin lugar a dudas…" susurra Snow estudiando el lugar. "Parece que la tenemos"
"O puede que no sea ella…" medita Emma girando el mapa hacia Regina, que la ignora tanto como es capaz. "Mira sobre qué dirección está la marca"
Los ojos marrones leen por encima las señas del mapa y exhala un suspiro cargado de molestia. "Puede… Pero debemos comprobarlo igualmente"
"¿Vamos?" pregunta Emma tendiéndole la mano.
"No hará falta que vengas…" masculla reprimiéndose para no usar la tercera persona ni un educado y gélido Señorita Swan. "Tú misma lo has dicho. Seguramente no sea ella… y nosotros tres podremos controlar la situación" añade alargando sus brazos hasta sostener los hombros de Snow y David.
"Pero…"
"Haz guardia… por si vuelve a aparecer" añade elevando el labio con recochineo, desapareciendo frente a ella sin más miramientos.
"Tiene sentido, Love, tu podrías avisarles más rápidamente si apareciese otra señal"
"Ya, ya…" farfullla Emma con desgana.
"Estarán bien, ya lo verás" insiste buscando la atención de Emma. Pero la cabeza de la salvadora no está ya ahí.
"¿Llamamos a la puerta?" susurra James, apoyado contra el marco de madera que da a la casa.
Regina niega con la cabeza. "No podemos avisar de nuestra llegada… Sólo por si acaso"
"Es tu hermana… tú mandas" sonríe Snow comprensiva y apretando su brazo para indicarle que ellos están listos. Regina asiente a su vez y abre la puerta con magia, logrando que la vieja madera de la casa de Zelena no haga un solo ruido ni sus bisagras rechinen. Entran en fila, siguiendo los pasos de la alcaldesa.
Atraviesan el recibidor en completo silencio pero al llegar al pasillo, el cuerpo de Zelena les corta el paso. La bruja pega un chillido y los tres intrusos saltan del susto. Snow abre la boca para disculparse por la intromisión cuando la Reina Malvada aparece por su espalda con prisas.
"¿Zelena, qué ocurr…? ¡VOSOTROS!" brama abriendo los ojos. Quiere atacar, pero un bebe entre sus brazos se lo impide, y Regina lleva toda la ventaja. Un par de palabras y la reina malvada queda congelada de pies a cabeza, casi sin poder hablar.
"Regina, ¡basta!" suplica Zelena entrometiéndose entra ambas. "No ha hecho nada malo, sólo ha venido a ver a Robin"
"¿Y por eso anoche trató de meterse en…?"
"¿En dónde, Regina?" pregunta burlona aunque el hechizo de su otro yo apenas le permita respirar y abrir su mandíbula.
"En mi cripta…" ruge aumentando la fuerza de su hechizo.
"Para, ¡vas a asfixiarla!" suplica cuando el rostro de su invitada comienza a tornarse rojo sangre.
Chasquea la lengua, afloja un poco el hechizo a regañadientes y apunta con el dedo a su hermana. "Tú y yo ya hablaremos, Zelena. Ahora coge a la niña, la Reina Malvada se viene con nosotros"
"¿Cómo lo habéis logrado?" pregunta Ruby torciendo la cabeza y observando la escena frente a sí. Es como estar en el Zoo. Pero en lugar de animales enjaulados, hay reinas malvadas en calabozos de una comisaría. Aunque el rítmico movimiento de la bruja, de un lado a otro sin parar, es muy similar al de una leona lista para morder.
"Nosotros no, ella" responde David señalando a Regina con la barbilla. La alcaldesa permanece de cuclillas en un extremo de la celda pronunciando un hechizo que Emma repite desde el otro. Sólo cuando la celda brilla fugazmente con un resplandor naranja, la alcaldesa sacude sus manos en su pantalón y se pone en pie. "Entró a por ella a casa de Zelena y le faltó sacarla de allí con un tirón de oreja…"
El doctor empuja las gafas por el puente de su nariz, fascinado. "¿Y la reina no opuso resistencia?"
"¡Ah no, no… la opuso! Pero Regina convocó uno de los jarrones de Zelena y se lo estampó en la cabeza"
Snow asiente ceremoniosamente. "La dejó inconsciente de un golpe y nos trasladó a aquí"
"Y nosotros pensando que con su parte mala se habría ido su mala leche…" silba Ruby sentándose sobre la mesa del sheriff. Frente a ellos, Regina y Emma proyectan un par de hechizos poniendo a prueba la barrera anti magia que han creado en torno a la celda.
"De hecho era uno de los jarrones favoritos de Zelena…" murmura David.
A su lado su esposa se remueve inquieta, sin apartar los ojos de Regina. "Creo que le ocurre algo…"
"Ha sido la llegada de su Majestad la tirana vengativa, sólo eso" asevera Gruñón restándole importancia.
"Yo también estaría un poco irascible si mi peor parte viniera a la ciudad a tocarme las narices" secunda Ruby mientras frente a ellos Regina y Emma dejan atrás la celda, acercándose a paso lento.
"Puede…" responde Snow aunque ese argumento no termine de convencerla. La reina malvada está encerrada, pero el gesto malhumorado de Regina no ha cambiado ni un poquito y no pronuncia más palabras de las necesarias. "¿Está todo en orden?" pregunta cuando ambas mujeres llegan junto a ellos.
"Sí, no saldrá de ahí por ahora y su magia está bajo control" resuelve Regina cruzándose de brazos y observando a su otro yo por encima del hombro. "Nuestra magia puede atravesarlo si es necesario, pero la de ella no saldrá"
Hook también mira detenidamente a la prisionera, sintiéndose retroceder en el tiempo al volver a tener ante sí esa imagen. "¿Por qué está aquí, donde puede atacar a Emma o David cuando vengan a trabajar, en lugar de en el psiquiátrico?"
"Oh, qué gran idea" contesta la alcaldesa sin pizca de emoción. "Podemos colocarla en la otra celda que hay, junto a Hyde, y que juntos planeen cómo hacerse con esta ciudad. ¿La trasladas tú o lo hago yo?"
"Un No es buena idea habría bastado" farfulla sintiendo su ego herido. Camina hasta la celda y golpea los barrotes con su garfio, admirando el centelleo mágico que eso provoca. Se gira, dándole la espalda a la Reina malvada y mirando al gabinete de crisis al completo "¿Es seguro?"
Regina aprieta los puños, agotada de su ineptitud, pero la leona enjaulada en la celda se adelanta a ella.
"Pongámoslo a prueba" profiere la reina creando una bola de fuego que supera el tamaño de su mano.
"¡Cuidado!" chilla Snow, pero no lo suficientemente rápido. La esfera sale como una llamarada, atravesando el aire, hasta alcanzar los barrotes. Al tocarlos se disuelve casi por completo, excepto por unos diminutos e ínfimos rescoldos que llegan a chocar con la espalda de Hook, prendiendo el cuero de su ropa allí donde tocan.
"¡Mierda!" grita tratando de golpearse la espalda con su mano y su garfio mientras el resto de los presentes corren a apagarle. La Reina Malvada se sienta en su camastro por primera vez riendo encantada hasta que Emma, extintor en mano, impregna de arriba abajo a Hook. "Será pu…"
"¡Eh…!" le detiene David con una mirada reprobadora. "Será mejor que guardemos las distancias"
"Y que tengáis un extintor cerquita" propone Ruby ayudando a Gruñón y Snow a empujar lejos de la celda todos los muebles y objetos susceptibles de arder, creando un perímetro de seguridad de al menos dos metros. "¿Qué hacemos ahora?"
Los presentes se miran entre sí, buscando una respuesta, y Snow decide tomar la palabra. Esa decisión debería correr a manos de Regina, pero la alcaldesa tiene una cara horrible y su humor de perros parece empeorar por momentos. Es consciente de que esa hermética y taciturna mujer no pedirá jamás un respiro, pero se lo ha ganado a pulso, y una decisión como la que ha de enfrentar no puede tomarse en caliente.
"Creo que todos nos merecemos un descanso…" murmura abrazándose a su esposo y dejando caer sus hombros, tranquila. "¿Podemos posponer todo hasta mañana y sólo disfrutar de esta pequeña victoria por ahora?"
"¿Y qué hacemos hoy con ella?" pregunta Regina, aunque la propuesta de Snow ya haya comenzado a seducirla.
"Podemos organizar un par de turnos de guardia…" propone Emma con una sonrisa educada que no obtiene reacción alguna por parte de Regina, principalmente porque ni siquiera se digna a mirarla.
"Tiene menos peligro que un bebé recién nacido" concuerda Gruñón.
La risa culpable de Ruby acompaña a las palabras del enanito. "Menos para Hook"
Todos se giran hacia él y sólo entonces el pirata repara en las ascuas que hay junto a su pie, quemando su bota hasta que empieza a oler a quemado.
"¡Joder!" farfulla furioso saltando hasta que su zapateo apaga las incipientes llamas. "¡¿Pero que cojones le pasa a su maldita su majestad?!" espeta. Pero la reina continua sentada y sonriendo con una cándida y preocupante inocencia.
"Yo me haré cargo del primer turno encantado" se ofrece el doctor con una sonrisa sincera, tratando de descargar el ambiente y de ser útil para sus nuevos amigos.
"Yo te acompañaré" añade Gruñón.
"Perfecto" celebra el doctor. "Pero antes hay algo que debería comentar. Especialmente a usted, alcaldesa"
"Claro…" musita girándose hacia él cortés, pero intrigada.
"Mejor fuera de aquí…" pide cabeceando hacia la celda antes de comenzar a andar.
David se apoya en una de las paredes del pasillo desde donde llega a ver a la Reina Malvada antes de preguntar "¿Qué sucede?"
"Es sobre vuestra división…" musita dirigiéndose directamente a Regina. "He estado haciendo algunas averiguaciones sobre Hyde y yo. Aunque nuestros cuerpos se dividieron al momento, nuestras mentes han estado conectadas estos días atrás…"
Regina frunce su ceño de nuevo. "¿Qué quieres decir?"
"Yo… me estaba preguntando cómo Hyde había descubierto nuestro farol tan rápido. Ya sabe, aquel día, frente al ayuntamiento, cuando él…"
"Ya, ya…" apremia Regina acariciando su cuello por inercia.
"Reparé en que parte de mis impulsos y sentimientos no me pertenecían a mí sino a él, y seguramente, sucede igual en dirección contraria"
La boca de Snow se abre, contrariada y sorprendida. "¿Quieres… quieres decir que, aún en cuerpos separados, son una?"
"No exactamente" titubea. "Creo que son restos de la unión de ambas esencias. Una mitad es capaz de percibir e imaginar o incluso compartir qué siente la otra, al menos al principio. Con el paso del tiempo estos vestigios disminuyen su efecto hasta, espero, desaparecer del todo"
"Significa que…"
"Que por ahora eres vulnerable. Si ella lo advierte, puede conocer qué pasa por dentro de tu cabeza"
"Maravilloso"
"Pero eso también tiene su ventaja…" murmura el delgado doctor. "Mientras ella tenga algo de ti en su interior, no dará rienda suelta a toda su maldad. Y tú puedes advertir cualquier señal sospechosa en sus intenciones"
"Puedo hacer guardia a distancia… perfecto" masculla cruzándose de brazos. El doctor agacha la cabeza, pesaroso, sintiéndose culpable por las malas noticias y el humor de Regina se rebaja con una ola de culpabilidad. "De todas formas gracias… por el aviso. Puede ser de gran utilidad para nosotros" tartamudea intentando una pequeña sonrisa educada que parece suficiente para aliviar al cortés doctor.
"No hay de qué" sonríe recuperando su energía. "Si os parece bien puedo enseñaros a usar el arma que creé para Hyde… dudo que la Reina logre escapar pero, si ocurriera, puede ser de gran ayuda para quienes estén haciendo guardia"
"Claro" acepta Regina echándose a un lado y cediéndole el paso a la comisaría.
"¡Veamos esa pistola eléctrica mágica!" canturrea Gruñón frotándose las manos. En el centro de la sala el doctor sostiene el arma con sumo cuidado y gira su manivela apenas unos milímetros apuntando al suelo. Al instante un rayo fulmina la baldosa dejando un cerco negro y humeante.
"¡¿Qué demonios es eso?!" grita la Reina Malvada poniéndose en pie de un salto.
"Tu correctivo si te mueves de ahí" sonríe Regina encantada cruzando sus manos frente a su cuerpo. "¿Por qué no me das el gusto y tratas de escapar…?" ronronea ampliando su sonrisa. La Reina Malvada se la devuelve con ofendida ironía y se sienta dejándose caer airada sobre el escuálido colchón.
"El funcionamiento es sencillo… a mayor giro de la manivela, mayor potencia. ¿Queda claro?"
"Totalmente…" responde Gruñón con ojos golosones, alargando su mano hacia ella.
"Eh" advierte Emma, adelantándose a sus intenciones y guardándola en el cajón de su mesa. "Sólo en caso de emergencia, ¿entendido?"
"Sí, sí…" responde sin mucho interés.
"En ese caso…" suspira David rodeando la cintura de Snow y dedicándoles a Jekyll y Gruñón un cabeceo de despedida. "…Que vaya bien" sonríe caminando hacia la salida, seguido por el resto de los habitantes.
Ruby se gira una última vez anunciando que volverá con refuerzos en unas horas y les sustituirá, cuando la voz de Hook rompe la calma de la sala.
"¡MALDITA BRUJA DEL DEMONIO!" Esta vez es su trasero el que arde con unas diminutas ascuas mientras se golpea convulsivamente los cachetes. "¡¿Pero qué cojones te pasa?!" pregunta sobre las carcajadas de la Reina Malvada. Los presentes se giran de golpe hacia el pirata y, una segunda vez, hacia la prisionera que recibe sus miradas reprobadoras con un gran recochineo.
"¡¿Qué?!" pregunta sonriendo de medio lado, desprendiendo desprecio y provocación a partes iguales, pero con un toque de reto y travesura que dirige especialmente a Emma al guiñarle un ojo.
"Manteneros a una distancia prudencial" ordena la salvadora, ignorando a propósito a la Reina Malvada, y suena tan tajante que nadie añade nada, tan sólo dan un paso atrás. "Y avisadnos si ocurre cualquier cosa, por insignificante que sea"
"Sí, jefa" Gruñón se cuadra ante ella y Emma no tiene claro si lo dice en serio o en broma, pero le convence. Quizás porque sólo quiere salir de allí y más al ver a Regina casi correr hacia la calle, adelantando a todos los demás. Necesita hablar con ella, aún a riesgo de que pueda acabar con un jarrón estampado en su cabeza. No soporta la ley del silencio que la alcaldesa ha vuelto a aplicar contra ella. Estaba segura de que aquello sería ya cosa del pasado, pero parece que después de traer a la mujer fallecida de su novio del pasado, lo que más enfurece a la alcaldesa es que se besen con su alter ego malvado. Bueno, besarse y algo más…
Pero sea como sea, necesita arreglar las cosas, aunque para pedirle disculpas tenga que aguantar que Regina la insulte, grite lo enferma que está o incluso le dispare con la pistola de Jekyll. Lo que haga falta con tal de no seguir sintiéndose tan miserable.
Pero para ello, antes tiene que deshacerse de algo.
"Dame un momento… ¿te importa?" pide girándose hacia Hook, que camina a su vera, con una sonrisa formal.
"¿Quieres intentar hablar con… ella?" pregunta cabeceando hacia la alcaldesa.
"Sí, necesito asegurarme de que está bien…"
"Eres demasiado bondadosa, love" musita acariciando su mejilla mientras Emma amplía su sonrisa, incómoda. Le está mintiendo y ni siquiera se siente culpable. Es peor que eso. Anoche besó a otra persona y no siente remordimientos. Al menos no por él. "Esperaré con tus padres, no te preocupes". Emma aprieta su brazo agradecida y se aleja antes de que su cabeza siga elucubrando y todo se enrarezca aún más.
Camina hasta la alcaldesa acelerando sus pasos cuando la ve acercarse a su coche, dispuesta a subir.
"¡Regina, espera!"
La alcaldesa detiene sus pasos y tensa su espalda como si se preparara para atacar, aunque sus brazos permanecen a ambos lados de su cuerpo, sin moverse. No se gira y es Emma la que tiene que caminar hasta ponerse a su vera, junto a su coche.
"¿Qué demonios quieres?" Un ladrido en el que enseña todos los dientes aunque no levante el tono de voz.
"Por favor, Regina, habla conmigo… insúltame, chíllame, pero déjame arreglar esto, deja que me disculpe" murmura compungida pero controlando que sus padres y Hook no vean más que su espalda.
Regina por su parte es una estatua de mármol sin expresión ni emociones y, aunque la observasen, desde lejos parece en calma. Pero, a unos centímetros de ella, Emma puede sentir el brillo furioso de sus ojos y la inflexión casi asesina de su voz templada y bajo control.
"No hay nada de lo que hablar"
"Por favor, sé que he metido la pata, hasta el fondo. Sé que no hay una explicación posible, pero de verdad no sabes cuánto me arrepiento… ni siquiera sé por qué lo hice" Se siente rastrera por engañarla cara a cara, pero está desesperada y sólo quiere arreglarlo. Aunque tenga que mentir por el camino.
"Creo que no es a mí a quien debe darle esas explicaciones. Su novio, ¿recuerda?" pregunta entrecerrando los ojos con una sonrisa crispada y abriendo la puerta.
"Regina…" murmura sintiendo como la pierde.
"Adiós, señorita Swan" zanja metiéndose en su coche.
"Un segundo, por favor" pide atrapando la puerta sin darle tiempo a tirar de ella y cerrarla.
"¿Qué?"
"Dime al menos qué tiene la Reina Malvada contra Hook"
"¿Perdón?"
"Sí… Tú lo has visto, estaba furiosa con todos nosotros, pero sólo ha arremetido contra él. Y no una ni dos veces…"
"¿Y cómo pretende que yo lo sepa?"
"No lo sé… ¿no recuerdas nada? ¿Algo que ocurriera en el pasado? ¿Quizás puedas sentirlo a través de vuestra conexión…?" suplica usando su último as en la manga para lograr que hable con ella, aunque sea desviando su conversación. "Por favor… la última vez que una villana tuvo algo contra él, fue Úrsula y todos sabemos la traición que había detrás. Y mejor no mencionar su pasado con Belle…"
"El intento de violación, ¿quiere decir?"
"Regina, ayúdame…"
Su súplica cae en saco roto. El gesto de Regina no cambia y lo único que mueve hacia Emma es su mano para apartar la de la salvadora de la puerta del coche y cerrar de una vez. Tiene la deferencia de bajar la ventanilla dejando un enorme espacio de unos tres centímetros por el que se cuela su voz.
"No tengo ni la más remota idea de qué puede tener contra Hook. Pero le recomiendo que, si quiere dejar a ese pirata indigente, lo haga sin más. Todos lo entenderemos a la perfección" gruñe metiendo la llave en el contacto y sólo entonces eleva sus ojos hasta Emma dirigiéndole la más gélida de las miradas. "Pero no pretenda que yo le dé una razón… ni use a mi yo malvado para buscar… otro tipo de "argumentos", ¿entendido?" cuestiona abriendo las aletas de su nariz, enseñando sus colmillos y arrancando tan rápido que casi pasa sobre las botas de la Salvadora, sin darle opción a contestar ni insistir. Lo último que ve es la matrícula desapareciendo a toda velocidad frente a sus ojos.
Traga hondo tratando, sin éxito, de digerir la sensación de angustia que está cerrando su tráquea. Da un par de pasos de espaldas, con los ojos perdidos en donde ha perdido a Regina de vista, y se gira con las manos en los bolsillos y el ánimo en el suelo. Ella, que tan sólo pretende conseguir el final feliz de todos, el de la alcaldesa el primero, parece sin embargo destinada a destrozar a Regina sin descanso.
Snow es la primera en preguntar cuando su hija llega hasta ellos, preocupada por el rostro cabizbajo de Emma. "¿Qué tal ha ido? ¿Cómo está Regina?"
"Bueno… no muy bien. Está enfadada… con la Reina Malvada y eso" balbucea mirando al suelo.
"Love, has hecho cuanto has podido, lo sé" La seguridad de Hook roza la prepotencia pero ni siquiera eso le importa. Sólo asiente, conforme con lo que sea que haya dicho, y comienza a andar al son de los otros tres, caminando hacia casa. Hook y David le conceden su espacio sin necesidad de más señales. Es obvio que el mal humor de la alcaldesa ha afectado al estado anímico de Emma, se repite el pirata tranquilamente. Pero Snow no lo deja estar.
Se sostiene del brazo de su hija y Emma podría jurar que, cada dos pasos, da un tercero más pausado, hasta que tres o cuatro metros les separan de ambos hombres.
"¿Qué le has hecho?" La voz de Snow se cuela en la mente absorta y distraída de Emma. Se gira hacia su madre pestañeando un par de veces. "A Regina, ¿qué le has hecho?"
Eleva ambas cejas, tratando de pensar una respuesta a toda prisa. "Preguntarle qué tal estaba llevándolo…"
"No, no digo ahora… Me refiero a antes de todo esto. ¿Qué ha ocurrido?"
"¡Nada!" responde entre incómoda y ofendida. "¿Por qué insinúas que le he tenido que hacer algo?" Además, es cierto que no le ha hecho nada. Literalmente se lo hizo a la Reina Malvada, medita mientras mentalmente agacha la cabeza avergonzada y furiosa consigo misma.
"Porque conozco a Regina" farfulla Snow nada convencida. "Está furiosa y encerrar a la Reina no ha hecho que su ánimo mejore"
"¿Y por eso debo tener yo la culpa?"
"No, pero sí de que no te mire"
"¿Qué quieres decir…?"
"¿Emma, vas a decirme que tú no lo has advertido también?" pregunta retórica tratando de enfrentar la mirada de su hija, pero esta continúa mirando al frente, como si estuviera muy preocupada por pisar una grieta en alguno de sus pasos. "Está bien, jugaré a tu juego. Lo digo porque está enfadada con el mundo en general, pero es sólo a ti a quien no le dirige ni la mirada ni la palabra, como si no existieras, ¿vas a decirme que no te habías dado cuenta?"
"Creo que exageras…" musita tosiendo para aclararse la garganta y ganar tiempo. Es difícil rebatir algo de lo que eres completamente consciente. Consciente y culpable. "Y si es cierto que está rara conmigo será porque hay más confianza y se desahogará así" añade con una seriedad que nace de su propia vergüenza.
"Ya…" responde Snow dejándolo estar. Pero Emma sabe que no ha creído una sola de sus palabras. Y no le extraña porque siente que lleva escrito en la frente Culpable. O al menos es cómo se siente…
La reina malvada se despereza sobre el colchón de su celda, poniéndose de pie y colocando su vestido. "Sabía que vendrías..."
Una voz le responde desde las sombras, junto a la entrada. "¿Oh, sí?"
"Digamos que he tenido una corazonada" sonríe caminando hasta los barrotes. "¿Inquieta, Regina? ¿No podías dormir quizás?
La alcaldesa recorre la comisaría sin prisa, encendiendo un par de lámparas discretas con un chasquido de sus dedos.
"Dímelo tú..." susurra cruzándose de brazos y apoyándose contra una de las mesas del perímetro de seguridad anti incendios. A su espalda, desde el despacho del sheriff, se escucha el murmullo de los ronquidos de Mudito y Sabio. Con un movimiento de su mano, la puerta se cierra lenta y silenciosa para que ningún ruido pueda alterar el plácido sueño de los eficientes celadores. "No soy la que tiene esa esterilla por cama y una lija de manta"
"Bueno, puedo soportarlo…" murmura con gesto aburrido "Al fin y al cabo esto será temporal"
Regina eleva una ceja, fingiendo que no sigue su razonamiento. "¿Qué piensas que te tenemos reservado?"
"¿Crees que acaso eso importa...? Saldré de aquí y pronto. Lo sabes tan bien como yo"
"No irás a ninguna parte"
La reina lame sus labios antes de ronronear. "¿Acaso alguna vez nos retuvieron los barrotes, querida? Esto no será para siempre. Por eso has venido... Porque lo sientes"
"¿A qué te refieres?" pregunta poniéndose en guardia.
"Venga, Regina... ¿vas a hacerte la tonta? ¿Conmigo?" Los pucheros de la reina se transforman en una mueca de divertida arrogancia. "Lo advertí desde el primer momento… ese vínculo que aún nos une…"
"No sé de qué de hablas"
"¿Vas a decirme que no es eso lo que os contó el buen doctor?" pregunta interrogándola con la mirada, pero sabiendo de ante mano la respuesta. Regina permanece inmutable, pero con su silencio la Reina Malvada ya obtiene su confirmación. "Lo sentí en el mausoleo… Esa furia asesina visceral e innata en nosotras… Hacía tanto que no la experimentaba…" se relame con su recuerdo. "Pero no tenía sentido… No podía nacer de mí, yo no estaba furiosa en ese momento… Más bien excitada. Y de repente apareciste tú, claro" Dedica una sonrisa de medio lado a su otro yo, que le responde con un silencioso y furibundo desdén. "Al principio dudé. Pero cuando vi a ese insulso y patético pirata de tres al cuarto lo entendí. Los celos de niña pequeña, ese asco casi animal…" enumera con burla. "Puede que quisiera verle en llamas, pero esos sentimientos eran tuyos, no míos. Sólo que yo soy más pasional... no desoigo a mis instintos y tú tampoco deberías hacerlo" termina con una sonrisita dulce diseñada especialmente para provocar a Regina.
"¡No sabes nada…!" ladra cayendo de bruces en su provocación.
"¡Sé todo, Regina!" espeta caminando por la celda de un lado a otro. "Sé qué piensas, qué sientes y tú también lo sabes de mí. Eres consciente de que huiré, de que no podrás pararme, recuperaré lo que es mío y todo volverá a estar en orden!
"No…"
"Volveremos. Seremos poderosas, Regina. O al menos yo lo seré. Y acabaré con todo aquello que me lo impida... incluida la salvadora"
Regina da un paso al frente, rompiendo por completo su quietud. "Jamás"
"¿Por qué?" cuestiona girando su rostro con una curiosidad paternalista "¿Crees que tu Emma es todopoderosa? Ni siquiera podría sacar un conejo de la chistera sin nuestra ayuda y un libro de instrucciones"
"No eres consciente de lo que es capaz…"
"No de tanto como yo. Por eso somos las malas" dictamina agarrándose a los barrotes y enseñando sus dientes en una sádica y cruel sonrisa, en toda una declaración de intenciones.
"No…"
"Ella es nuestra debilidad, Regina. Nos hace frágiles, buenas, patéticas… debe morir" masculla sólo para añadir con una sonrisita burlona. "Además así dejaría de hacerte sufrir una vez tras otra"
Regina respira hondo, reponiéndose de cada golpe y creciéndose frente ella. "No le tocarás un pelo…"
"¿Cómo estás tan segura?"
"Porque eres incapaz. Lo sé… lo sabemos, ¿recuerdas?" se regodea usando sus propias palabras.
"¿Te refieres a que no la mataré porque nuestro corazoncito hace bum bum cuando ella aparece?" cuestiona riéndose de su propia sugerencia. "Querida… Este vínculo no durará eternamente. Y cuando tú y yo seamos dos seres diferentes... Bueno, ¿qué quieres que te diga? La Reina Malvada no sabe amar, ¿verdad?
Regina niega con la cabeza, furiosa, segura… y sin embargo nerviosa. "No te freno sólo yo... Tú también tienes sentimientos por ella"
"¿Y desde cuándo querer a alguien más que a nada en el mundo ha sido impedimento para mí, Regina?" espeta clavando sus ojos en los de ella. "Diste recuerdos a Henry en el inframundo, ¿no? Pues prepara otro viaje porque Emma será la siguiente..."
"¡No!" chilla y sus manos se elevan en el aire, en un acto reflejo. Su magia traspasa el muro de protección y la reina se eleva en el aire cuando una mano invisible se cierra alrededor de su garganta, cortándole la respiración. Intenta pelear con ella, pero es inútil. Su rostro enrojece por momentos y únicamente puede patalear en el aire mientras siente su pulso acumulándose en su cabeza.
"¿Vas a matarme?" gruñe sin apenas voz. "Hazlo… Por favor… Así renaceré…" Un gemido con el que advierte cómo el agarre se suaviza, aunque aún no toque el suelo y la falta de oxígeno empiece a nublar sus sentidos. "¿No lo entiendes? Si me matas, aquí, indefensa, no serás mejor que yo… Estarás abrazando tu lado oscuro… Y yo volveré a ti, a tu corazón…" sonríe sin oponer más resistencia. "¡Mátame!"
Una orden que rompe contra el pecho de Regina y funciona como un jarro de agua fría. Eso es lo que va a lograr, ¿no? Matarla. Asesinar a su mayor enemigo. El mismo objetivo que siempre tenía en mente la sanguinaria Reina Malvada.
Pero no.
Ella no es así.
Ya no.
Aunque desee verla enterrada más que nada en el mundo.
Baja sus manos y rompe el hechizo de golpe, viniéndose abajo del mismo modo en que lo hace su magia. "No... No soy como tú, ya no"
"Eres patética" reniega desde el suelo, frotando su cuello y poniéndose en pie al mismo tiempo que sus pulmones vuelven a funcionar. "Y por eso lo perderás todo"
"No… Encontraré la forma de vencerte"
La Reina Malvada sonríe agarrando una vez más los barrotes para acercarse a ella tanto como es capaz. "Yo que tú no lo haría…"
"¿Qué quieres decir?" pregunta arrepintiéndose una y otra vez de caer en su juego, pero no ser capaz de frenarlo.
"Oh, Regina…" canturrea caminando por la celda con un paseo errante "Siempre has sido tan posesiva… Pero, ¿qué diría tu "familia" si supiesen que ahora a quien quieres poseer es a la otra mamá de Henry?" pregunta deteniéndose sólo para disfrutar de su reacción. Y hasta que no ve sus ojos marrones abrirse casi imperceptiblemente por la ansiedad, no retoma sus palabras. "Es muy sencillo, tócame un solo pelo y todo el mundo sabrá tu secretito"
"También es el tuyo" Traga saliva e intenta recomponerse con una pose que no engaña a los ojos expertos de la Reina.
"Pero a mí me da absolutamente igual, no tengo nada que perder" sonríe. "De hecho me muero por contar con detalles lo que ocurrió en la cripta…" ronronea cerrando los ojos y recreándose en el recuerdo.
"¡No ocurrió nada!" espeta cerrando sus manos, conteniendo el deseo de convocar su magia una segunda vez.
"La vena de tu cuello no dice lo mismo, querida…" se ríe encantada. "Hhhmmmm… No te haces una idea de cómo besa…" susurra convirtiendo su voz en un gemido. "Esa fuerza, esa pasión… Es una lástima que a ti no te desee, porque es delicioso…" jadea cerrando los ojos.
"Basta…" Y la orden suena más furiosa que cualquier grito o advertencia anterior, más fuera de sí, más violento, más peligroso, sin importar que no supere la fuerza de un susurro.
"Puedo cerrar la boca… Ahora y siempre…" canturrea misericordiosa. "Sencillamente déjame en paz y seguiré mi camino con la boca cerrada. ¿Hay trato?"
Por un segundo, siente que Regina claudicará. Esta frente a ella, con la mirada esquiva, las manos abriendo y cerrándose compulsivamente y la respiración alterada. Pero algo cambia. Sus ojos buscan los de la reina y muestra una sonrisa que compite con la de ella.
"¿Sabes qué?" murmura. "Tengo una idea mejor" Extiende su mano frente a la reina y la cierra dando un tirón mágico. La Reina Malvada se lleva las manos a la garganta con gesto de espanto y chilla. Pero nada sale. La alcaldesa sonríe disfrutando de su cara desfigurada por la impotencia y susurra hacia la celda. "Canta, pajarito, canta"
La reina se agarra a los barrotes, desesperada, sin arrancar un solo ruido ni del metal ni de su garganta, mientras Regina sale de la comisaría sin mirar atrás, únicamente molestándose en volver a abrir la puerta del despacho del sheriff antes de desaparecer.
"¿Qué está haciendo?" Emma tuerce la cabeza intentando descifrar los movimientos de la Reina Malvada. Levanta los brazos, los vuelve a bajar, abre la boca como si fuera a gritar, pero pega un taconazo y después golpea con las manos los barrotes.
Gruñón frunce el ceño. "¿Quizás se ha vuelto loca?"
"O está jugando a las películas" sugiere Ruby con seriedad y cruzándose de brazos.
La salvadora eleva una ceja hacia su amiga, pero cuando no añade nada y se reafirma en su idea asintiendo a sus propias palabras, Emma suspira: "¿La reina malvada? ¿En serio, Ruby?"
La camarera encoge los hombros, mirando la desesperación y furia de los movimientos sin sentido de la reina. Para Ruby, la prisionera bien podría estar interpretando a la protagonista de Los Pájaros, apartando a los cuervos a base de aspavientos… Sea como sea, los tres permanecen en silencio, observando fascinados a la prisionera que parece enfurecerse al apreciar a sus espectadores aunque no deje de moverse y gesticular.
"Mudito y Sabio dicen que lleva así desde esta mañana" deja caer Gruñón.
Ruby prueba con otra teoría mientras los brazos de la reina dibujan un arco en el aire, como si reclamara su atención. "¿Y no puede ser que haya perdido la voz? ¿Con un constipado, quizás?"
"¿Un constipado express de unas horas y en pleno septiembre?" Esta vez la salvadora eleva ambas cejas, convencida de que Ruby no les está tomando el pelo. Sólo está siendo ella misma. "Sea como sea, igual sí que ha perdido la voz e intenta comunicarse…"
"¿Y si le damos papel y boli?" propone Gruñón. Emma asiente conforme y se gira iniciando la búsqueda del material.
"Esas manos quietas" gruñe Regina desde la puerta de la comisaría exclamando directamente hacia ellos. Los tres se giran a tiempo de ver entrar a la alcaldesa seguida del resto del equipo de crisis. Snow, David, Jekyll y Hook caminan tras ella hasta quedar en torno a la puerta del despacho, bajo cuyo marco se coloca Regina. "Esta así porque anoche yo le quite la voz…" abrevia ganándose la atención de todos los presentes. Ellos la miran fijamente, extrañados, y la Reina Malvada, desde su celda la señala histérica y con un dedo acusador. "Quería asegurarme de que no lanzaba ningún hechizo ni causaba más desastres" responde incómoda contra el cuello de su camisa, pero su explicación es suficiente para que asientan conformes. "Por cierto, Gruñón, felicite a sus hombres. Unos guardianes inmejorables" pide con una enorme y fingida sonrisa, antes de mirar a los presentes en general y a Snow en particular. "Creo que hay un asunto que debemos tratar, ¿no?"
"Si" corrobora Snow, tratando de calmar los ánimos con una sonrisa. "¿Emma has preparado la sala de reuniones?"
Asiente aunque sin apartar los ojos de Regina, que ha hecho saltar su alarma anti mentiras. Pero no dice nada, lo deja estar y responde: "Todo listo"
La mesa ovalada tiene varias jarras con café, bollos de la abuelita, tostadas y un poco de bacón. Un desayuno improvisado con ayuda de Ruby y Emma para alimentar a todos los convocados allí a primera hora. Las tazas humeantes van de un lado a otro y los bollos desaparecen a una velocidad trepidante, pero Regina no está comiendo. Tiene el estómago cerrado y la mente en otra parte, y Emma, a dos sillas de distancia, no pierde detalle. La alcaldesa da un par de tragos a su café y pasa de largo las bandejas que llegan hasta ella con comida y postres, como si no estuviera allí.
Abre la boca, queriendo decir algo, preguntarle qué tal está o qué ocurre. Pero su madre se adelanta tras darle el último sorbo a su café.
"Regina" pronuncia suavemente, atrayendo la atención de todos los comensales y recuperando la de la alcaldesa. Pestañea un par de veces al mirar a la maestra y cuando Snow percibe que está atenta, pregunta delicada. "¿Has… has decidido algo?"
"Yo…" Toda la noche pensando, meditando hasta estar segura, y ahora le fallan las palabras. "Yo no creo que sea capaz de…"
"De acabar con ella, ¿verdad?"
"Sí…" resopla dejando caer sus ojos hasta la taza que aún sostiene apenas un segundo. Pero es suficiente para que a Emma se le encoja el estómago ante el conflicto que Regina está sufriendo ante sus ojos. Gruñón abre la boca, atónito. Y Emma no sabe si es porque la alcaldesa tenga reparos en matar a alguien, dado su pasado, o si quizás pretende quejarse ante la posibilidad de que perdonen la vida de la reina y ésta tenga ocasión de huir. Pero, sea cual sea el motivo, dirige un puntapié nada delicado contra la espinilla del enanito. Este cierra la boca del dolor, y Regina continúa hablando. "Es una tontería, podéis decirlo…" masculla ante el silencio general imperante en la sala. "¿Qué diferencia hay entre esto y lo que intenté hacer en Nueva York? Pero siento que ahora no es en defensa propia, que es un asesinato frío y calculado… Una ejecución." susurra ante esa audiencia que jamás consideró digna de sus explicaciones. Y sin embargo, aquí está. Justificándose ante ellos, deseando que la entiendan. A veces aún se hace extraño ser parte de un equipo… pero incluso los momentos incómodos como este tienen su lado bueno. Este es su bando, ya no está sola y está segura de que nadie aquí la obligaría a hacer nada en contra de su voluntad. Aunque a cambio les deba una explicación… "Y de alguna forma es como matar a una parte de mí. Una que no me gusta y que no voy a volver a ser nunca" se apresura a añadir. "Pero una parte de mí, al fin y al cabo. Y si ya ha muerto gente por mi decisión egoísta de librarme de ella separándonos, no quiero saber qué me tendría reservado la justicia de los cuentos si le quito la vida"
"¿Y entonces que prefieres hacer? ¿La encerramos de por vida?" pregunta David comprensivo, dejando a un lado su preocupación.
Pero Regina niega con la cabeza, diciendo en voz alta lo que todos piensan. "Es un riesgo demasiado grande, no puedo pedir a esta ciudad que asuma tal peligro. Lograría escapar algún día, estoy segura"
"¿Entonces?" pregunta Snow frunciendo el ceño, hasta que los ojos marrones se clavan en los de ella, decididos y apagados. "Regina…" murmura. "No estarás pensando en volver a unirte a ella, ¿no?"
"¿Qué otra opción me queda?" pregunta jugando con su taza con un tic nervioso e inconsciente.
David suena más aterrorizado incluso que su esposa al responder. "¿Y tu final feliz?"
Regina respira hondo. "Tendrá que haber otra forma de lograrlo… O quizás sencillamente no haya uno reservado para mí"
"Pero eso no es justo... no te mereces volver a tener que luchar día a día con ella" murmura la maestra negando con la cabeza y apretando la mano de David compungida.
"¿Y este pueblo sí, Snow?" sugiere Regina conteniendo sus propias emociones. Ha tomado la decisión, pero eso no significa que le apetezca dar vueltas sobre ella. Quiere no pensarlo… quiere hacerlo y ya está. "¿Cuántas veces os habéis enfrentado a ella? Casi todos aquí lo habéis sufrido… ¿Queréis pedirle al pueblo de Storybrooke que vuelva a vivir amenazado por la sombra de la Reina?" espeta apretando sus labios por pura frustración. "Recuerda esos tiempos…" pide mientras todos quedan en silencio. Todos menos Emma, que aunque no dice nada boquea mirando rostro por rostro sin dar crédito a los ojos huidizos y las cabezas gachas que encuentra a su alrededor. Todos ellos, supuestos héroes, están dispuestos a dejar a Regina enfrentarse sola con la reina, en lugar de ir todos juntos contra ella. Es pedirle que asuma un uno contra uno para toda su vida cuando podría tratarse de un mil contra uno, ¡¿por qué nadie dice nada?!
"¡Pero…!" exclama escandalizada. Y sin embargo su queja muere en su garganta cuando los ojos marrones se posan sobre ella, furiosos y, al mismo tiempo, suplicantes. Emma se atraganta con sus propias palabras ante esa inesperada mirada y termina por permitirle recuperar la palabra. Aunque a cambio se cruce de brazos, molesta también.
"Jekyll, ¿crees que quizás podrías fabricar un antídoto?" pregunta entrecomillando la última palabra.
"¿Estas segura?" suplica el hombrecito, más consciente que nadie en esa sala del sacrificio que Regina está dispuesta a padecer. Y ni siquiera habla del dolor ni el proceso sucio y lacerante. Es el después. Cuando la suciedad de uno mismo vuelve a ti, dispuesta a quedarse para siempre, exigiéndole que le plantes cara. Día a día. Sin descanso. Pero Regina asiente con firmeza y él suspira y se coloca las gafas, incómodo. "Sólo he de invertir la fórmula del compuesto. No debería llevarme mucho… Puede que para esta tarde lo tenga, si de verdad es lo que quieres" insiste una última vez.
"Así es…" suspira Regina.
"Espera" La salvadora interrumpe una vez más, con los ojos abiertos y la cara iluminada y ni siquiera la mirada de reproche de Regina logra detenerla esta vez. "Vale, pongamos que lo haces… Quizás haya una forma de que os volváis a unir, pero la reina no pueda plantarte cara, que te deje ser la versión que tú desees sin tener que pelear por ello"
"¿Qué propones?" Odia estar respondiéndola, pero la esperanza en su voz suena tan tentadora que no puede ignorarla.
Emma sonríe al saberse escuchada y responde nerviosa: "Antes de uniros… duérmela" resume con demasiada prisa y nadie a su alrededor parece seguir su razonamiento. "…Con la maldición del sueño"
"¿Qué?" balbucea Regina.
La carcajada risueña de Jekyll resuena por la sala de reuniones. "Sí, tiene sentido…"
"¿Y no caería también Regina en la maldición?" duda Snow.
"No, claro que no" se adelanta el doctor. "Ahora mismo son dos seres absolutamente independientes, no importan los vestigios del vínculo. Si una muere la otra vive, ¿recuerdas? Lo que le ocurra a una de ellas no afectará a la otra... Y si la reina adopta ese estado, debería mantenerlo y de forma exclusiva, incluso aunque volvieran a unirse"
Todos cuchichean entre sí, comentando la estrategia, pero Emma sólo tiene ojos para Regina. "¿Qué opinas?
Toma aire y llena sus pulmones con una fuerza que, desde anoche, creía perdida. "Podemos intentarlo"
"Puede ser peligroso…" advierte nerviosa, mordiendo su propio labio inferior.
"No más que cada minuto que ella está ahí fuera" responde convencida y borrando de su mirada ese brillo derrotado. "¿Jekyll?"
"Sí, ¡lo prepararé!" exclama saltando de su silla.
"Gracias" suspira viéndole desaparecer por la puerta de la habitación, antes de dirigirse a los Charming. "¿Podéis encargaros de las guardias…? Hay algo que necesito hacer antes de dormir a la reina malvada"
"Claro, dalo por hecho" asiente David, dando la reunión por terminada y poniéndose en pie con el resto de los presentes. La alcaldesa sonríe agradecida dispuesta a desaparecer como Jeckyll.
"¡Regina!" grita Emma antes de que dé un par de pasos. La alcaldesa se detiene y se gira con educación al escuchar su nombre, pero sus ojos son una silenciosa advertencia. Y aunque casi nadie presta atención, Snow advierte esa mirada y cómo Emma traga hondo del mismo modo en que Regina respira con fuerza, amenazante. "¿Todo bien…?" pregunta muy bajito, muy acongojada.
"Sí, gracias, Emma" responde desprendiendo cordialidad y una apatía prácticamente subliminal. Menos para Snow.
La salvadora abre la boca, pero la mano de su madre la detiene, estrujando su hombro. Regina se da media vuelta sin miramientos y, sólo entonces, Snow susurra: "¿Con que no pasa nada, eh? Deja que le pregunte yo…"
Emma agacha la cabeza con tanta culpabilidad que es imposible de disimular y acepta en silencio. Snow sale tras la sombra de Regina y Emma no tiene más opción que ver a ambas mujeres desaparecer ante sus ojos antes de salir de la sala de reuniones.
"Regina… ¡Regina!" Los pasos de Snow se aceleran hasta ir casi al trote y le cuesta más de dos gritos conseguir que la alcaldesa se detenga, girándose extrañada y a más de diez metros de la comisaría. "Sí que tienes prisa…" bromea recuperando el aliento al llegar a su vera.
"Yo… Necesito encontrar algo antes de…"
"Ya…" la interrumpe ahorrándole entrar en detalles. "¿Necesitas ayuda con algo o…?"
"No, creo que sé dónde mirar"
"Regina…" murmura Snow con tanta comprensión como puede dejar caer sin que la alcaldesa termine por mandarla muy lejos. "¿Seguro que no quieres compañía o simplemente un poco de apoyo? Lo que vas a hacer no es fácil y… pareces preocupada"
"Estoy bien. Es sólo que…" masculla trabándose y mirando a cualquier otra parte. Pero cuando sus ojos se cruzan con los de la pequeña y tierna mujer cede y da paso a una verborrea que ni ella misma entiende. Puede que empiece a considerar a su archi enemiga como parte de su familia y parece ser que, este nuevo estatus, además de resultar muy irónico, le impide cerrar la boca. "Sé quién fue la reina malvada, o quién es. No lo olvido… Pero ni siquiera ella se merece la maldición del sueño eterno, tú la conoces bien. No soy capaz de imaginar a la reina… o imaginarme sufriendo eternamente ese destino"
Snow asiente comprensiva, recordando los detalles de esa agonía. "Tienes toda la razón… ¿Pero entonces por qué aceptaste?"
"Porque puede que no tenga que sufrir exactamente… sino sólo dormir"
"¿A qué te refieres?"
"Yo…" musita mordiéndose el labio inferior, volviendo a mirar a cualquier parte menos a Snow. "Tú me viste en el bosque encantado… cuando regresamos con la maldición de Pan. Estaba destrozada, necesitaba dejar de sufrir… y puesto que tú no me permitías deshacerme de mi maldito corazón… pensé en…"
"¿En qué, Regina?" pregunta Snow atragantándose con sus propias sospechas.
"No es tan horrible como crees… o quizás es peor, quien sabe" musita con media carcajada sin diversión. "Robin evitó que me pinchara con una poción del sueño que yo misma había adulterado"
"Regina…" boquea angustiada.
"Ey, Snow. Está todo bien, no lo hice, me convenció y si hay algo que le agradezca es haberme salvado de mi misma aquel día… Pero el caso es que esa poción existe, tiene que estar en mi cripta. Y será mucho más benévola con aquel que la padezca que la rueca de Cenicienta o la manzana que te obligué a comer a ti. Sólo un sueño eterno y reparador, sin llamas ni sufrimiento…" murmura acariciando su frente antes de levantar su rostro hasta Snow "¿Suena tan patético como me imagino?"
Frente a ella, Snow sonríe con un dulce orgullo. "Para nada. Suena a que te preocupas por los demás, incluso aunque sean malvados. Suena a que ya eres una de las buenas"
"Lo que yo decía… patético" gruñe cascarrabias, pero sonriendo de lado cuando Snow la abraza por los hombros con un brazo.
"¿Puedo ayudarte a buscarla?"
"No me vendrían mal un par de manos más si quiero encontrarla antes de que Jekyll tenga el antídoto"
"En ese caso, será un placer hurgar entre tus cosas" sonríe Snow poniendo rumbo hacia el coche de Regina.
"Ya me estoy arrepintiendo…" bromea dedicándole esta vez una sonrisa entera y abriendo la puerta del conductor.
Emma recorre el porche de la mansión. Una y otra vez. Diez pasos para un lado, diez para el otro. Y Jekyll, de personalidad paciente y sosegada, se coloca las gafas por cuarta vez sobre el puente de su nariz, deseando que el suelo bajo los pies de la salvadora se desgaste, se caiga y pare de maldita una vez.
A unos diez metros de ellos, junto a la puerta del garaje, David espera apoyado en el coche de policía mientras dentro la Reina Malvada espera congelada mágicamente a voluntad de Emma. Hace diez minutos, su boca continuaba silenciada y todos los improperios que les dedicaba morían mientras movía los labios recitando sin recitar. Pero sus piernas estaba reventando el asiento del copiloto y Emma decidió inmovilizarla antes de que desmontara a patadas todo el coche patrulla.
Un fugaz momento de paz para la salvadora, que pudo dejar la mente en blanco mientras convocaba su magia para el hechizo paralizador. Pero el resto del tiempo ha sido agónico. Llevan allí menos de quince minutos, pero para la salvadora es una eternidad. Habían acordado las nueve de la noche, pero Regina y Snow no aparecen y aunque han dicho que están de camino, los nervios de la salvadora no encuentran consuelo.
No hasta que un motor resuena por la desierta calle y el coche de Regina gira la manzana.
Emma se detiene ipso facto en el sitio y escucha como a su vera Jekyl farfulla: "Por fin... ¡qué paz!"
La salvadora se gira de soslayo hacia él, esperando ver su cara de alivio dirigida hacia el coche, pero el doctor mira directamente a sus botas. Quiere fulminarle con la mirada, aunque probablemente tenga razones para quejarse, pero no llega a hacerlo. Regina se baja del coche a toda velocidad y con semblante neutro y, a su lado, Snow.
"¿Todo bien?" pregunta Emma como si no llevara quince minutos martirizando a Jekyll.
"Lo tenemos" celebra Snow levantando un frasquito que la salvadora mira con detenimiento aunque no tenga ni idea de qué está mirando.
"Vayamos dentro, es hora de empezar" pide Regina tomando aire con fuerza y cerrando la puerta de su coche. Todos se ponen en marcha y la alcaldesa tiene un fugaz momento para sí misma. Mira sus dedos, que aún están junto a la puerta. Tiemblan igual que los de una niña pequeña. Respira hondo una segunda vez y se pone en marcha.
La Reina Malvada está sentada en todo su esplendor sobre la cama de Regina y es la viva imagen de una muñeca diabólica. Tiesa, estática, pero con rictus furioso y endemoniado. Siguiéndoles con la mirada allí a donde van, porque sus ojos son lo único que Regina le ha permitido mover.
Desde que empezaron a subirla indignamente en brazos hasta que llegó al colchón, David casi recibió dos mordiscos y la alcaldesa juraría haber leído de sus labios frases como "Regina ama a Emma" y "Vais a morir todos". Y aunque las amenazas le daban un poco igual, y más viniendo de una estatua con la forma de la reina malvada, no podía arriesgarse a que nadie leyera sus silenciosas palabras. Así que congeló también su rostro, matando dos pájaros de un tiro, ya que David agradeció no perder ningún trozo de su anatomía expuesto a los dientes de la reina.
En torno a la prisionera, los presentes se mueven de un lado a otro, dejando listos los últimos preparativos. Jekyll abre su pequeño maletín y saca un tubo de ensayo en el que vierte la nueva fórmula antes de rellenar dos jeringuillas, Snow sostiene la pócima que Regina y ella han traído del mausoleo y David hace estiramientos después de cargar con la Reina Malvada. Y luego está Emma cuya presencia, tanto su majestad como la alcaldesa, ven absolutamente innecesaria por ahora. Pero la Reina Malvada no puede quejarse en voz alta y Regina no se atreve para no levantar sospechas, así que tolera su presencia con silenciosa resignación.
Pero no hay nadie más.
Ni siquiera Henry, que se ha quejado hasta la saciedad, ni el resto de miembros del gabinete de crisis.
Querían concederle cierta discreción, otorgarle intimidad en un momento tan importante y significativo. Aunque todos están pendientes, pegados al teléfono, preparados por si ocurriera cualquier emergencia y tuvieran que salir corriendo hacia allí.
Pero los nervios de Regina no entienden de intimidad ni calma. Su cuerpo cosquillea con un nerviosismo que amenaza con destrozar sus entrañas y sus manos se abren y cierran convulsivamente. Todo va a ir bien, está segura… se repite una y otra vez. Pero no está segura. Y peor aún… ni siquiera está segura de que quiera que todo salga bien. Si sucede… la reina y ella volverán a ser una, su destino estará ligado al de ese monstruo, su final feliz estará una vez más condenado al fracaso por el pasado que cargará en sus hombros. Las luchas diarias contra su peor yo volverán a ser una constante. Y en un mundo donde todo lo que quiere está destinado a desaparecer, esas luchas serán una auténtica batalla a vida o muerte constante.
Abre y cierra las manos una vez más.
No quiere pensarlo. Necesita dejar la mente en blanco. Cierra sus ojos… pero advierte los de la reina sobre ella. Los abre solo para encontrar a su otro yo atravesándola con un odio líquido, una furia inhumana, una rabia que podría deshacer los polos.
Y Regina suspira un poco más aliviada.
Pase lo que pase, ha mirado a su peor enemigo, a sí misma, a la cara. Una visión que le recuerda contra qué está luchando. Y ahora tiene más claro que nunca que no cederá ante su lado oscuro. Jamás.
Puede que unir sus esencias sea una tortura, pero al menos le ha servido para recobrar fuerzas.
Deja de abrir y cerrar sus manos y suelta el aire. "¿Todos preparados?"
A su vera Snow, Emma y David permanecen de pie, quietos, rodeando la cama y Jekyll coloca ambas jeringuillas sobre la mesilla de noche.
"Estamos listos" murmura Emma. Y aunque Regina no la mira, ni se dirige directamente a ella, la salvadora es consciente de que la respuesta es sólo para ella.
"Si algo sale mal, ya sabes qué tie…"
"Nada va a salir mal" interrumpe con firmeza y esta vez sí recibe la mirada de Regina. Más turbada y menos furiosa que durante las últimas 24 horas. Aunque sus ojos sigan siendo cuchillos enfadados lanzados contra Emma. "No estoy aquí para frenarte si despierta la Reina Malvada, porque no va a ocurrir"
"¿Entonces para qué?" pregunta sin poder contenerse.
"Sólo voy a darte los buenos días cuando despertéis siendo una" sonríe transmitiéndole una calma casi tangible que Regina rechaza con una mirada molesta, aunque caliente su pecho y relaje sus pulsaciones.
"Está bien… no lo pospongamos más" pide con un carraspeo, tendiendo su mano hacia Snow, que deposita en ella el pequeño frasco rosa y una diminuta aguja de coser.
La alcaldesa se sienta sobre el colchón, a centímetros del cuerpo congelado, moja la punta metálica con mucho cuidado y la aguja brilla durante un instante. Los ojos de la Reina Malvada se abren, mostrando un pavor que desfigura sus rastros y la hace más humana, hasta dejar de parecer una muñeca diabólica. Pero Regina no puede echarse atrás. Las personas en ese dormitorio son un recordatorio de todo por lo que está luchando y este sacrificio es una nimiedad en comparación a mantener a salvo a los suyos. Porque es así. Aunque le repatee, todos en ese cuarto, TODOS, forman parte de su familia y amigos. Y nada les hará daño. Mucho menos la peor versión de ella misma.
"Lo siento…" murmura entrecortándose. Y se disculpa de corazón, rota al mirar a los ojos de esa Reina Malvada que no es más que una mujer herida, con el corazón despedazado y una dolorosa, desesperada, autodestructiva sed de sangre. Sostiene su mano y la gira sosteniéndola bocarriba. Eleva la aguja y enfrenta a la Reina a los ojos. "De verdad que sí" musita mientras las pupilas oscuras y furiosas se clavan en las suyas, del mismo modo en que la aguja atraviesa la suave piel.
El marrón de los ojos de la reina se apaga lentamente, sus párpados caen igual que el telón de un teatro y, aunque no se mueve ni un centímetro, el cuerpo deja de estar en tensión para ceder como un saco ante el hechizo paralizador.
La Reina Malvada ya no está. Larga vida a la malvada durmiente… piensa Regina para sí, echándose a un lado y apartándose de ella. La respiración de la Reina Malvada es suave y constante, casi inexistente.
"Está bien, puedes retirar tu magia" pide Regina colocando su ropa y apartando sus propios hechizos de la garganta y el rostro de la reina. La magia regresa a ella sin mayor esfuerzo, abandonando un cuerpo que roza el estado del coma. Emma obedece al momento y, con un giro de muñeca, el cuerpo frente a ellos se vence. Un peso muerto que entre Regina y Snow colocan con delicadeza hasta que parece estar durmiendo plácidamente, mientras los demás miran a cualquier otro lado
"¿Estás bien?" susurra Snow apretando su mano.
"Sí…" carraspea apartando los ojos de la reina. "Así dormida parece buena, ¿verdad?" bromea arrancándoles una sonrisa. La primera parte está conseguida, el resto depende de ella. Y lo va a lograr. "Jekyll, ¿empezamos?"
El doctor asiente varias veces antes de responder. "Mantente en contacto con la reina… y túmbate, es mejor que estés cómoda"
Regina obedece paso a paso y, aunque quiere cerrar la boca, termina por preguntar, muy bajito: "¿Dolerá?"
"Nunca lo he hecho antes, no hay forma de saberlo…" musita abatido.
"Pero todo apunta a que sí, ¿verdad?" responde con media sonrisa resignada, remangando su brazo y dejándolo a su merced. Destensa sus hombros, cierra los ojos y trata de dejar su mente en blanco, de no pensar en el sufrimiento que vendrá a continuación.
Emma carraspea en medio de la habitación y un ojo color chocolate se abre amenazante, buscándola y pidiéndole que se calle sin palabras. Pero la salvadora no se deja amedrentar y murmura sonriente: "Con eso sí puedo ayudar"
"¿Perdón?"
"Puedo mitigar el dolor si es que lo hay" insiste encantada.
"¿Y cómo?" cuestiona manteniendo a raya su hostilidad pero sin ser capaz de dedicarle ni media sonrisa agradecida.
"Magia" Es toda la respuesta que obtiene. Y antes de poder refutar o quejarse, la salvadora toma asiento junto a ella en el colchón, mueve su mano y sostiene la de Regina sin preguntar. La misma del brazo en el que Jekyll va a inyectar su fórmula. La alcaldesa dirige su peor gesto de disconformidad a la salvadora, pero Emma la ignora rotundamente. Sólo se molesta en apartarse, para que Jekyll pueda trabajar con libertad, y en anunciar, sin soltar su mano: "Estamos listas"
Regina toma aire, furiosa por tantas libertades, y masculla con menos disimulo que antes. "Eso mismo…"
Jekyll asiente hacia ambas mujeres en silencio y sostiene la jeringuilla, con ceremonioso cuidado. Pone a prueba la aguja dejando salir un par de gotas y, cuando está seguro, dispone la piel de Regina con una mano y se prepara para atravesarla con suavidad. Toma aire, la alcaldesa también a su vez, y la jeringuilla se introduce en ella con un suave movimiento. Regina odia mostrarse débil, patética e indefensa. Y odia que haya tantos testigos para presenciarlo, pero no puede evitar prepararse para lo que vendrá. Cierra los ojos y la boca con fuerza y justo cuando su corazón empieza a encabritarse víctima de la adrenalina, unos dedos se cierran entorno a los suyos y aprietan con un cariño que le desborda, y que acelera su corazón con más fuerza que el miedo. No le devuelve el apretón, es una mujer fuerte y, sobre todo, está furiosamente enfadada con Emma, pero siente cómo parte de su miedo se fuga con ese pequeño gesto. Y aunque no quiera agradecérselo, lo hace.
El doctor espera paciente unos segundos, hasta que Regina parece reponerse del pinchazo, antes de inocular su fórmula. Pero cuando lo hace, la alcaldesa deja de pensar y sólo siente. Siente el calor que abrasa sus venas desde dentro, siente su propia piel retorcerse ante esa invasión líquida y siente sus entrañas lacerándose, llamando a su otra mitad. Está dispuesta a gritar y llorar, no importa quién pueda verla. Pero justo cuando va a hacerlo, cuando el dolor está cerca de vencerla, una narcótica y cálida presencia combate cada dolorosa, lacerante y desgarradora secuela.
Es Emma. Es su magia, canalizando el dolor.
No lo hace desaparecer, es tal cantidad de sufrimiento que es incapaz de desvanecerlo. Pero Regina apenas lo advierte más allá de una leve sensación que oprime su cuerpo y hace rechinar sus dientes. Emma está absorbiendo todo el dolor que su magia no puede borrar y los dedos de la salvadora aprisionan los suyos con fuerza. Regina abre los ojos a tiempo de verla a su lado, sin moverse, sin emitir el más mínimo ruido, la más mínima queja, sólo aguantando, firme y segura bajo todo ese dolor que ha de estar padeciendo. La alcaldesa quiere devolverle el apretón, agradecerle silenciosamente semejante sacrificio.
Pero la poción ha empezado a hacer efecto.
Advierte su pecho dividirse en dos, y mira su cuerpo aterrada, pero nada parece diferente. Nada excepto la figura de la reina malvada en coma y tumbada a su vera. Allí donde ambos cuerpos se tocan comienza a difuminarse, como si fueran siamesas, unidas tan sólo por esos centímetros. Puede intuir los rostros de todos los presentes, aterrados, sin apartar los ojos de ella. Incluso advierte los estremecimientos de Emma o los del cuerpo inconsciente a su vera, pero ella no siente nada. Ni dolor, ni calma. Nada. Cierra los ojos y procura respirar hondo. Intenta tranquilizarse, llenar sus pulmones y resistir. Pero con la segunda exhalación, su consciencia se hunde hasta desaparecer. Cree escuchar su nombre, a lo lejos, pero quién sabe… Ella sólo ve una oscura tranquilidad.
"Jekyll, ¡Jekyll!" exclama Emma encogida sobre su propio cuerpo. El dolor la ha doblado hasta obligarla a apoyarse en sus rodillas, pero no ha soltado a Regina ni un solo momento. Advierte la mano de Snow sobre su espalda, preocupada, preguntando algo sobre su estado. Pero le da igual. Sólo le importa Regina y Jekyll, que no se mueve de su sitio, con cara de anonadado. "¡Doctor!" chilla una tercera vez, logrando al fin que reaccione. El hombre aparta los ojos del colchón, donde ya sólo hay una persona, y la mira fascinado. "¿Qué le ocurre?" espeta rozando el grito y por un momento, piensa que habla de él y su parálisis. Pero los ojos claros se mueven alternativamente entre él y la alcaldesa, que permanece inconsciente y su cabeza termina uniendo los puntos.
"¡Oh!" exclama estirándose hacia su maletín. Rebusca hasta sacar un fonendoscopio que apoya sobre el pecho de la alcaldesa y todos aguardan en silencio. Mueve la pequeña pieza metálica sobre su tórax y deja escapar una pequeña sonrisita, aunque antes de anunciar nada se mueve un par de veces más sobre sus pulmones. Cuando escucha lo que espera, recoge su instrumental y sonríe a los presentes. "Todo parece en orden"
"Pero está…" musita Emma elevando la mano que aún aprieta y que parece un peso muerto.
"Inconsciente, eso es todo" se adelanta con voz tranquila. Estira su mano hasta el maletín solo para guardar el fonendo y alcanzar una diminuta linterna con aspecto futurista. "Sus constantes vitales son normales, respira perfectamente…" musita elevando por turnos los párpados de la alcaldesa e iluminándolos con su luz. "…y sus pupilas reaccionan normal. Todo parece indicar que la unión ha sido un éxito"
"¿Entonces?"
"Está agotada, sólo eso" sonríe, intentando tranquilizarla. "Era de esperar que sus fuerzas se vencieran ante el esfuerzo. Un sueño reparador y despertará como nueva" añade recolocándose las gafas.
"¿Cuánto tiempo necesitará?" pregunta observando el cuerpo profundamente relajado de Regina, junto a la forma del colchón donde antes se encontraba también la Reina Malvada.
"Unas horas, quizás un día… No puedo predecirlo con exactitud"
"Y cuando despierte…" suspira sin soltar su mano.
"Si todo está en orden, tendremos a una alcaldesa despierta con una reina malvada hibernando en su interior…" confirma con paciencia.
"Seguro que su inconsciencia no es por culpa de la maldición, ¿no?" insiste, logrando incluso crispar los nervios del tranquilo doctor.
"Emma. Seguro" remata con una tensa sonrisa. "Las constantes son las de un vivo echando una siesta, no las de una bella durmiente"
"Está bien…" responde mirando exhaustivamente a Regina en busca de alguna señal de peligro. Pero es cierto. Todo parece en orden. Incluso su instinto está tranquilo. Es su propia ansiedad la que despierta sus nervios, pero no puede evitar preocuparse ante una imagen tan insólita como Regina profundamente dormida y casi ronroneando, frágil y expuesta. "Entonces esperáremos" suspira.
"Sí…" musita David estrechando su hombro. "Hablando de eso, deberíamos turnarnos. ¿Quién hará la primera guardia?" Una pregunta que no es más que una cortesía para confirmar lo que ya todos dan por hecho.
"Yo" responde Emma, soltando por fin la mano de Regina y poniéndose en pie mientras los últimos vestigios de dolor desaparecen de su cuerpo.
"Bien…" David asiente conforme sin la más mínima sorpresa. "Cuídala y mantennos informados" pide abrazando a su hija por los hombros.
"Hecho" responde dejándose estrujar. "Tranquilizar a Henry y decirle que podrá venir a ver a Regina en cuanto despierte"
Jekyll y David dejan atrás la habitación y Snow abraza a su hija tratando de rebajar sus nervios. "¿Cuándo venimos a sustituirte?"
"Cuando despierte…" responde entre sus brazos.
Snow se separa lo justo para enfrentar su mirada, con el morro torcido. "Emma…"
"Mamá, lo digo en serio. No quiero que nada vaya mal… No me iré hasta que despierte"
"Emma…"
"¿Qué?"
"Regina está muy furiosa contigo, ¿verdad?"
"¡Mamá!" brama avergonzándose, pero tratando de sonar ofendida, mientras que la empuja con delicadeza hacia la puerta.
"¿Pero qué le has hecho? ¿Seguro que es buena idea que tú seas la primera persona que vea ahora que la Reina vuelve a estar en su interior?"
"¡La Reina está dormida!"
"Nos va a matar… nos va a matar a todos…" Va farfullando preocupada mientras sale definitivamente por la puerta, con Emma sin dejar de empujarla.
Rasga poco a poco su consciencia, intenta regresar a ella. Está profundamente dormida. Pero empieza a ser consciente de ello. Sus extremidades pesan igual que si un elefante durmiera sobre ella y abrir los ojos parece imposible. Intenta levantar sus brazos para frotar su cara. Imposible. Ahí no se mueve nada. Prueba una segunda vez, pero siente que su cuerpo ha gastado todas las energías de las que disponía y estás están regresando lentamente, muy lentamente, a su cuerpo.
Lo único que logra mover es su garganta. Para gruñir de frustración. Pero muy muy bajito.
"¿Regina?"
Una voz se cuela en su limbo de sueño y consciencia. Alguien ha dicho su nombre. No reconoce ni la voz, pero ese estímulo despierta sus sentidos un poquito más y la empuja a abrir sus ojos. Lo intenta párpado a párpado, muy despacio, esforzándose hasta la extenuación. Pero lo consigue.
Abre los ojos.
Y sólo ve oscuridad.
Y por un momento teme que se haya quedado ciega.
Pero advierte movimiento a su lado, una sombra, y vuelve a gruñir.
No está ciega. Es de noche y las luces están apagadas.
"Regina, ¿me escuchas?"
Esta vez sí que reconoce la voz. Es Emma. Suena medio dormida, pero no hay duda. Es la salvadora. Tensa su espalda, incómoda y ese es el segundo movimiento que logra arrancar de su cuerpo tras haber abierto los ojos. Quiere responder alguna impertinencia sobre qué hace ahí y por qué a oscuras, pero sólo le sale un segundo gruñido que casi se parece a palabras.
"Espera, tengo un poco de agua, ¿quieres?"
"Ñññgggmmmsssiii…"
"Está bien…" murmura y mientras el cuello de Regina se va desentumeciendo, escucha los pasos de Emma por el cuarto. La salvadora. De todos tenían que dejar a la salvadora. ¿No había nadie más que ella? Incluso Gold habría sido una opción mejor. Acaba de recibir una inyección de ácido y tragarse a una reina malvada, ¿no ha sido sufrimiento suficiente? "Toma…" El murmullo de Emma llega hasta sus oídos y advierte el tacto contra su boca de algo que debe ser una pajita. Mueve los labios hasta retenerla y escucha un suave susurro: "Bebe despacio, no te atragantes"
El líquido, delicioso y frío, se desliza placenteramente por su garganta, devolviéndola a la vida y ayudando al resto de su cuerpo a hacer lo mismo. Pestañea un par de veces con el segundo trago y en el tercero mueve pesarosa su brazo hasta alcanzar ella misma el vaso que sostiene Emma.
"Gracias…" Es lo primero que pronuncia Regina con la voz rasposa y el ánimo agotado. Pero no suena agradecida, ni amigable, ni educada siquiera. Es un mero formalismo mientras le quita el vaso para beber sola. "Ahora ya puede irse"
"¿Qué?" tartamudea Emma.
Regina da un último trago y deja el vaso a tientas sobre la mesilla de noche. "Ya me ha oído"
La sombra que es Emma se cuadra, cruzando los brazos y permaneciendo recta sobre la silla que ha colocado junto a la cama. "No me iré hasta que sepa que estás bien"
Regina hace volar su mano hasta que se estampa contra el interruptor de la pared y de golpe todo el cuarto se ilumina. La salvadora pestañea un par de veces temiendo que sus pupilas se hayan calcinado y Regina se remueve hasta quedar sentada sobre su colchón. Advierte que tiene una manta que no recordaba haber cogido, cubriéndola de hombros para abajo y preservando su calor.
"Ya lo ha visto, estoy perfectamente" gruñe sentada contra su cabecero, aunque le cueste horrores mantener la cabeza recta. "Ahora fuera"
"Regina…" suspira Emma paciente y alargando la mano hasta su frente, para hacer unas comprobaciones. La alcaldesa levanta sus manos, agitándolas y tratando de apartar o golpear la de Emma. Pero sus fuerzas continúan a media asta y no consigue acertar, así que opta por gruñirla.
"Déjeme"
"Si crees que por usar la tercera persona o aletear tus manos voy a dejarte aquí, estás muy equivocada"
"¿Y qué se necesita para mandarla lejos, señorita Swan?"
"Regina…"
"Recuerdo perfectamente cómo me llamo"
"¿Quieres que me vaya? Pues habla conmigo"
"¿Se da cuenta de lo contradictorio y estúpido que es eso?"
"Si lo haces sabré que estás bien" suspira apoyando sus codos en sus rodillas, hasta que su rostro queda a la altura del de Regina. La alcaldesa rehúye su mirada y observar sus ojos en busca de alguna señal de peligro es una tarea casi imposible para Emma. "Y me iré si quieres" añade rindiéndose.
"¿Y de qué pretende hablar para poder marcharse?" pregunta con recochineo, remarcando la incongruencia de su idea.
"Dime sólo una cosa…"
"Se-ño-ri-ta Swan…"
"¿Qué puedo hacer para que me perdones?"
Regina pone los ojos en blanco, hastiada. "Dios… ¿Va a durar mucho esta cantinela?"
"Hasta que lo consiga. O al menos hasta que lo haya intentado todo…"
"Se supone que está aquí para asegurarse de que me encuentro bien y lo único que está consiguiendo es que mi cabeza quiera explotar…" gruñe frotando sus sienes y cerrando los ojos.
Emma se agacha a su lado, acariciando su hombro, tratando de que la mire cara a cara. "¿Estás bien?"
"¿Sigue usted hablando?" ladra apartándose de su mano con un movimiento brusco. "Entonces la respuesta es no"
La salvadora traga hondo, conteniendo un gallo de pura impotencia y encogiendo sus dedos. "No soporto haber retrocedido de esta forma… No puedo soportar la sola idea de que me odies. Otra vez. Sé que me lo merezco pero…"
"No le odio…" interrumpe, rematándolo con una sonrisa. "Me es indiferente"
"Regina… Por favor"
"Ya he hablado con usted. Ahora, fuera"
"No me iré, Regina. Te lo dije y lo vuelvo a repetir. Regáñame, chíllame, insúltame, lo que quieras, me lo merezco…"
"Señorita Swan…" Cada vez más impaciente, más amenazante.
"…Pero haz algo. Tengo que arreglarlo…"
"¡SWAN!"
"Necesito arreglarlo" suplica apretando la colcha entre sus manos.
"Fuera…" ladra amenazante.
"Regina, por favor, por favor, por favor…"
"¡Emma…!"
"No me odies, por favor, por favor…"
"Basta…"
"Dime cómo lo arreglo…"
"No hay nada que arreglar"
"No me miras, no me hablas, ni siquiera te ríes de mí…"
"He dicho que basta…"
"No debí dejarme confundir, no debí besarla, yo…"
"Basta…"
"Habrá algo que pueda hacer, lo que sea, yo…"
"¡BASTA!" chilla fuera de sí. Por primera vez, enfrenta sus ojos a los de Emma y lo hace con la mirada inyectada en sangre, la vena de su cuello hinchada y su rostro iluminado con un intenso rojo furia. "¡He dicho que basta!" ordena a una salvadora que cierra la boca de golpe y con un sonido hueco. "¡No hay nada que pueda hacer porque el problema es todo el mundo, es cualquiera!"
"¿Cua… cualquiera?" repite muy bajito y muy preocupada, temiendo seriamente haber desquiciado a Regina hasta el punto de provocarle un colapso.
"¡¿Por qué cualquiera vale?! ¡¿Por qué todos valen… menos yo?!"
Abre la boca y los ojos, confusa. "¿Cómo…?" No sabe de qué le habla, pero ya está segura. La ha hecho enloquecer.
"Todos valen para ti, cualquiera. No importa que sean escoria humana, que no te merezcan… cualquiera sirve. Ese ladrón que fue capaz de abandonarte en la cárcel y embarazada… Ese condenado motorista misterioso y mentiroso compulsivo que debía protegerte y te dejó sola en aquel orfanato… Este maldito pirata maltratador que ni siquiera te respeta… Incluso esa adolescente usurpadora de casas, cleptómana y medio dragona" enumera a voz en grito. "Lo he soportado. A todos y cada uno de ellos… ¡UNA Y OTRA VEZ! Pensando, creyendo, intentando entender que tendrían algo que yo no…" chilla fuera de sí, con su vena palpitando y una humedad latente que baña sus palabras por debajo de toda esa furia desatada. "Pero la Reina Malvada… Ella es yo, es mi peor versión, es un monstruo, es vengativa y una zorra, ni siquiera sabe querer… ¡¿E incluso ella sirve antes que yo?!"
"¿Qué…?" tartamudea lívida, congelada, confusa.
Regina coge aire por la nariz, igual que un dragón despertando, reponiéndose de su discurso a bocajarro. "Fuera"
"Regina, estás celosa… Las bolas de fuego que la Reina Malvada lanzó a Hook… No eran de su parte, ¿verdad? Eras tú… ¿transmitiéndole tus celos?"
El labio de Regina tiembla, sus ojos tintinean, pero su voz resuena con una firmeza que rompe contra el pecho de Emma y la obliga a retroceder. Incluso aunque las mejillas de la alcaldesa se hayan teñido de vergüenza y desprendan un calor casi tangible. "He dicho que se vaya de mi casa, ¡YA!"
"Regina…" carraspea atónita. "Nunca han sido todos menos tú…"
"¿Bromeas?" gruñe enseñando los dientes. "Graham, el mono volador…"
"¡Regina!" exclama de pura frustración, deteniendo su retahíla antes de que añada más nombres. Pero aunque cierre la boca, aunque no siga gritando, los ojos de Regina siguen sin pestañear y su nariz se abre amenazante con cada inhalación. "Nunca han sido ellos. Siempre has sido tú, antes tú, sólo tú…" musita bajito, torpe, mordiéndose la lengua al tartamudear. "Pero es que jamás pensé que TÚ fueras una opción"
Un susurro tenue, temeroso, tímido, suave, pero que borra a su paso el color rojo de la cara de Regina. El vaivén de su pecho al respirar furioso. Incluso rebaja un poquito las pulsaciones de la vena del cuello. Los ojos chocolate pestañean y se pierden en los verde claro, neutros, implorando sin palabras. Emma sonríe con inocencia, con un candor que nace de su estómago, revuelto por mil maripositas, y de su piel, erizada de pies a cabeza, víctima de una emoción casi infantil. Y justo cuando su sonrisa va a crecer, cuando se acerca unos centímetros a esa cama, cuando estira su brazo hacia Regina… La alcaldesa vuelve a enrojecer y a enseñar los dientes, y Emma aparta la mano temiendo perder un dedo.
"Te seguí sin dudar hasta Nueva York, Camelot… ¡incluso al mismísimo infierno, joder!" brama furiosa volviendo a agitar los brazos frente a su cuerpo. "¿Es que eso no te dio siquiera una pista? ¿Qué esperabas? ¡¿Qué te pidiese una maldita cita?!" ladra cada vez más alto.
Pero esta vez ya no la evita, ya no mira a ningún otro lado, sólo a Emma. Y su voz no resuena con ese eco húmedo y tiritante, ni su furia da realmente miedo. Y la salvadora no puede evitar sonreír de lado al intuir cada señal, cada pequeño gramo de alivio aligerando su pecho, cada palpitación de su corazón, desbocándose ante lo que está ocurriendo. Regina no cree que sea una enferma. Regina no la odia. Regina estaba celosa. Regina, de hecho, aún lo está. Sonríe, aunque se la juegue, pero no puede evitarlo. Son tontas, las dos.
"Pues eso habría facilitado las cosas, sin lugar a dudas…" musita encogiéndose de hombros, sabiendo que se la juega, pero sin poder evitarlo. Es tan feliz que, si no salta a esa cama, es porque aún permanece fascinada, sin creer que nada de esto pueda estar sucediendo. "Si hubiera sabido que tú… no habría habido ningún otro…"
Regina cierra los ojos, lenta y dolorosamente. "Pero lo hubo… lo hay" Traga hondo, conteniendo las lágrimas tras sus párpados y elevando la barbilla para engullirlas.
"Pero ya no lo habrá."
Emma suena tan cerca, tan condenadamente cerca, que Regina abre los ojos de golpe, asustada. Y ahí está la salvadora. Frente a ella. A centímetros de su rostro. Sonriendo y apoyándose en el colchón, sentándose junto a sus piernas, rozándola con el calor que desprende su cuerpo. Regina vuelve a tragar hondo, pero esta vez para engullir los nervios.
"Emma, no…"
"Ya no lo habrá" repite en un susurro, recortando un centímetro más. "Bueno… son las tres de la madrugada. En cuanto sea una hora decente para mantener una conversación como esa… ya no lo habrá."
"Quieres decir…" duda con la boca seca y el corazón desbocado. "Vas a…" No quiere terminar la frase. No quiere ilusionarse. No quiere despertarse si está soñando.
"…A hacer lo que debí hacer hace mucho tiempo" susurra Emma por ella, lamiendo sus labios, acercándose hasta que su nariz roza con la de la alcaldesa.
Regina abre de golpe los ojos y Emma trastabilla frenándose en seco al escuchar la voz de la alcaldesa. "¿Has dicho que son las tres de la mañana?"
"¿Eso es lo que te preocupa ahora?" pregunta entre divertida y avergonzada, con media sonrisa. Regina, azorada, aprieta sus labios entre sí, sin creer que, efectivamente ella misma haya detenido ese preciso instante. Y más aún para hacer semejante pregunta. Pero Emma no se aleja ni un centímetro y susurra, apartando un mechón oscuro de su frente. "Sí, parece que la fusión agotó tus energías"
Regina se deja caer sobre esa caricia y pestañea más tiempo del normal, disfrutando de ella. "¿Llevas aquí todo el día?"
La salvadora asiente, perdida en los ojos marrones que se abren frente a ella. "Necesitaba asegurarme de que estabas bien…"
"No lo estoy…" musita Regina torciendo el morro. "Tengo dentro de mí una reina malvada psicópata"
"Y dormida…" protesta Emma. "Y aunque no fuera así… es parte de ti, y me gustas por entero"
El corazón de Regina se encabrita, libre, osado, infinitamente feliz. No vale cualquiera, sólo ella. ELLA. Le gusta a Emma.
Pero aún necesita más. Aún hay barreras patentes, aún hay miedos, aún hay demasiado pasado a sus espaldas cómo para dejarse llevar sin más.
"¿Incluso aunque guarde una bestia dormida en mi interior?" duda.
Emma niega con la cabeza, sin creer la forma en que Regina se ve a si misma. "Creo que precisamente eso, esa lucha que te he visto afrontar durante años contra tu lado oscuro sin rendirte nunca, es parte de lo que me enamoró de ti"
Enamorar. Emma ha usado esa palabra. Para referirse a sentimientos. A sus sentimientos. Hacia ella, para ser más exactos. Y sigue habiendo barreras, y golpes por curar, y hasta que se haga de día Emma no podrá… tener cierta conversación. Pero joder. Ha dicho enamorar. Y eso no hay alcaldesa, ni reina malvada, ni mujer que lo pueda tolerar.
Agarra la tela del cuello de la salvadora, como si fuera necesario para mantenerla a su vera, y abre la boca. Quiere hablar, o besarla, o hacer ambas cosas a la vez. Y sólo le frena la sonrisa de Emma y su voz, volviendo a envolverla.
"Te quiero a ti entera… a cada parte de ti" susurra con esa inocencia de la que sólo es capaz la salvadora, como si no estuviera diciendo nada fuera de lo común, como si la alcaldesa estuviera acostumbrada a escuchar algo así cada día, cada hora. Y más aún de ella. Regina intenta digerir cada palabra, todo, y frente a ella, a seis centímetros de separación, la sonrisa de Emma se torna pícara, casi traviesa. "Además está claro que un poquito la reina malvada también me gusta..."
Regina pega un nuevo tirón a la camisa de Emma, torciendo el morro y entrecerrando los ojos. Muy molesta y sólo un poco divertida. "No me lo recuerdes..."
"Quería que fueras tú… con cada beso, sólo quería que fueras tú"
"Haberlo dicho antes…"
"Haberme pedido esa cita…"
"La próxima vez te vas al infierno sola…"
"¿No crees que ya hemos pasado suficiente tiempo separadas…?"
"Suficiente…" repite Regina, sin orden, ni concierto, ni voz apenas. Sólo con hambre. Mucha. Tira una vez más de la camisa de Emma y con ella de toda la salvadora, hasta que sus labios colisionan con los suyos. Al fin. Un beso pospuesto durante minutos que en realidad equivalen a años y que la devora desde las entrañas hasta su boca, donde un gemido muere contra los labios de la salvadora. Es Emma, son sus besos, sus caricias, su respiración, mezclándose con la suya. Rompiendo todas sus fantasías para superarlas con una felicidad que duele, a la que su cuerpo no está acostumbrado. Los labios de la salvadora marcan los suyos con saliva y una entrega que la derrite y entonces lo advierte. Un fuego en su interior, una liberación que roza lo demencial y que obliga a su corazón a latir descontrolado… casi por dos.
"Oh mierda…" farfulla rompiendo el beso con torpeza, pestañeando perpleja.
"¿Qué? ¿Qué pasa?" tartamudea Emma, apurada y temerosa. "¿Mucha lengua? ¿Te he mordido?"
"No, no… el beso…" murmura casi con un gemido por voz. Carraspea avergonzada y lo intenta de nuevo. "El beso… bien. Pero acabas… Acabas de despertar a alguien"
"¿Cómo?" pregunta Emma mirando a todas partes.
"La Reina Malvada… Ya no está dormida" Un susurro asombrado, pero libre de miedo, de preocupaciones. Sólo calma. Se toca el pecho, reconociendo esa sombra que nada entre sus costillas, oscura, malvada, pero más tenue, debil y mortecina que nunca.
Los ojos de la salvadora se abren de par en par, luminosos y tan felices que Regina se ve obligada a acariciar su mejilla. "¿Soy tu amor verdadero?" pregunta inclinándose con adoración hacia su mano.
"El de las dos, parece ser…"
"Pues sí que ha sido eficaz mi plan..." gruñe Emma sin gruñir, virando los ojos con resignación.
"Bueno, has conseguido lo que pretendíamos… ¿no?" pregunta contra sus labios temblando antes incluso de retomar su beso. "Ella ha dormido hasta que yo he encontrado mi final feliz" Un susurro tan dulce como rotundo y que muere entre sus labios que se hunden en los de Emma, que no dejan de sonreír. "No necesito más" Es lo último que pronuncia antes de tragarse un gemido y una riada de lágrimas. Pero esta vez, son de felicidad.
De final feliz, en realidad.
Fin
