Chicas, nuevo oneshot pero antes de nada, MIL GRACIAS. Me repatea y me emociona a partes iguales que reaccionéis así de bien cuando os "regaño". Me pica, porque pienso… "¿Por qué no comentáis aunque no esté de bajón? Pero por otro lado es como… Jo, si veis que estoy de bajón, reaccionáis. Así que mi opinión bipolar y yo os damos las gracias, de corazón por estar ahí sea por el motivo que haya sido! :) A las que estáis siempre, sois increíbles. A las que normalmente os mantenéis en las sombras y habéis empezado a dar un paso hacia la luz, os lo agradezco! ^^

Alemar183, en realidad los comentarios no son para que otros lectores los usen de baremo a la hora de decidirse o no por leer una historia. Como tú bien dices, para eso están los favs y los seguidores! Los reviews, al menos para mí, son total y principalmente para el autor. Un regalo a cambio de su esfuerzo, una crítica para saber si su historia ha gustado o no, y gasolina para su ánimo y su inspiración. Si en un año por fanfiction sólo has dejado unos 5 rw o menos… por un lado me siento agradecida y por otro me alegra que te hayas sentido regañada por mi disclamer :P La próxima vez que una historia te guste no dudes en escribir, porque esa es la única forma de que ese escritor/a se motive y tú puedas seguir encontrando nuevas obras suyas. Y no es necesario que pongas solo "Estuvo bueno" o "actualiza! :)". Puedes señalar que parte no te convenció, o cual te pareció perfecta y no cambiarías nada. O puedes explicar que te hizo sentir la historia, para que el autor sepa si logró transmitir lo que quería o si no. Igual que me has dicho que por culpa del FF estuviste a las 4 am en una habitación compartida tratando de aguantar la risa! :P No sabes la ilusión (y gracia!) que me hizo leerlo :)

Y lectoras como Laury Ramos, que desde mis regañinas empezó a entendernos a los autores, o la increíble 15marday que ha dejado un comentario en todos y cada uno de los capítulos de Diálogos y El Silencio de las manzanas aunque ya estuviera acabada (y a la que sólo puedo dar las gracias por aquí), hay que agradeceros semejante apoyo, en serio!

Sin embargo, no todas veis el asunto de los reviews igual! Porfi, si queréis, dejarlo con usuario registrado, porque si no es imposible responderos por privi. Pero este párrafo va principalmente para los Guest "servidora" y "Mara". Servidora, me encanta que mis historias te parezcan maravillosas, mil gracias! ^^ Pero que haya otras historias maravillosas de otros autores en las que casi no haya reviews no es razón para no comentar estas, sino todo lo contrario. Lo que deberíamos hacer es movilizarnos para que todos los ff que nos gusten sean valorados todo lo posible! Porque otros me apoyen, no has de dejar de hacerlo tú, al revés, debemos estar ahí para motivar a cada autor que nos guste. Una de mis escritoras favoritas de este fandom no tiene ni una milésima parte de los reviews que se merecerían sus historias y me repatea, pero desde luego siempre comentaré sus FF, reciba muchos o pocos comentarios, porque son una maravilla y se merece ese apoyo.

En cuanto a Mara… No, no me planteo que "la ausencia de comentarios se deba justamente a la "amenaza" de que si no hay reviews no hay capítulo nuevo. Primero, porque los RW siempre han sido los mismos, incluso desde antes de "amenazar", como lo consideras tú. De hecho, como en esta ocasión, cuando lo comento en los disclamers, la gente sí parece espabilar y hay más que de costumbre. Bastantes más. Y segundo, porque no es una amenaza. Yo no actualizo en base a los RW, simplemente si hay RW me motiváis, me alegráis la vida y actualizo antes. Y si no los hay, pierdo motivación. Tan sencillo como eso… ¿Acaso no tienes algún FF que te encanta, que te mueres por leer el final… y que lleva tres años parado? Esa gente no os está "amenazando" con su ausencia esperando a que lleguen los RW que considera, simplemente perdieron las ganas, la inspiración, el ánimo, lo que sea, y dejaron de escribir. Y eso, la mayoría de las veces, se debe precisamente a que, a pesar de las visitas, los favs, los lectores, etc, el autor no siente apoyo, no ve un feedback y termina por pasar de la historia.

Básicamente, publicar sin que nadie comente, es como pedirle a un actor que se suba a un escenario y actúe, pero con el patio de butacas vacío. Tú dile al actor que ensaye y, después de todo el trabajo, que se suba e interprete la obra mirando a un montón de butacas vacías, que aunque no haya nadie para aplaudir, nadie se ría de su comedia o nadie llore con su drama, hay un montonazo de gente mirándole y disfrutando de su obra a través de cámaras desde su casa. En silencio y sin demostrarle si les está gustando o no, pero estar, están.

Lo que sería si nos quedamos sólo con los favs, seguidores y visitas.

Porque para nosotros es igual.

No me importa la cifra de reviews, me importa lo que tienen que decirme los comentarios. Y reciba muchos o pocos, todos me importan, todos los leo con atención y me encantaría contestaros uno a uno. Y si os gusta lo que escribimos, si os emociona, decírnoslo (o si queréis que algo cambie o consideráis que algo no está bien, las críticas constructivas siempre son una ayuda indescriptible!), no dejéis de escribir, porque como dice DualSoul, esto "definitivamente es un ida y vuelta". En este o en cualquier otro ff y autor. A nosotros nos encanta escribir y más de nuestras niñas Swanqueen :) ¡Sólo necesitamos saber que a vosotros os gusta leernos! ^^

Dicho esto… perdonad por la chapa y ya casi casi me callo, lo prometo!

Sólo decir una cosa sobre este nuevo oneshot! Para agradeceros vuestro apoyo post-regañina, ahí va uno de los largos! :) Y digamos que es mi revisión del capítulo "Darkness on the Edge of Town", el 4x12… ¡Espero de corazón que os guste! Nos vemos por los reviews, los privados, la redes y cualquier lugar donde creáis oportuno! ^^Ahora sí, dejo los disclamers y… a leer! :)


Héroes, villanos. Historias de amor, batallas entre reinos, familias desestructuradas y madrastras con mala leche. Todo el día lo mismo. Todas las páginas igual. No hay otra cosa. Y aun así aquí estoy. Sentada en mi despacho. Frente a este libro. Releyendo una y otra vez sobre héroes y villanos. Observando las mismas ilustraciones que ayer y antes de ayer. Sin cambios. Sé que entre estas páginas debe estar la respuesta, que en algún punto de estás 1028 hojas hay una clave oculta. Un camino de baldosas amarillas que debería llevarnos al autor.

Pero no encuentro anagramas, repeticiones, acrósticos ni lenguajes ocultos, los dibujos no esconden señales ni detalles que formen un rompecabezas, y las historias sólo significan lo que significan. Historias. Cuentos. Nada más. Además, tengo las yemas cortadas, los ojos extenuados y creo que ya paso de hoja por inercia. Por inercia y asco.

Quiero tirar este libro. Muy lejos.

Y si no lo hago es porque aun guardo un poco de esperanza. Y porque perder los papeles no es digno de una reina.

Y quizás, también, por esa ensalada que aparece mágicamente en mi mesa.

No necesito levantar los ojos del maldito libro de cuentos. Sé que junto a la ensalada podría encontrar un brazo enfundado en una cazadora roja. Y tras él, el resto del cuerpo de la sheriff.

"¿Te gusta la ensalada de col?"

No llama a la puerta. Ni siquiera saluda. Sencillamente entra. Esos son los modales de Emma, tan agresivos, invasivos y entrañables como la propia salvadora.

Clavo los ojos en el libro con energías renovadas. Sé por qué está aquí. Es la hora de la comida. O quizás hace un par de horas que era la hora de la comida. No estoy segura… Pero no quiero pausas. Odio este libro. Siempre lo odié. Desde que Mary Margareth se lo regaló a Henry y echó mi vida abajo. Y sólo hay una forma de librarme él y de lograr mi final feliz. Y resulta que son la misma. Desentrañar el misterio que esconde, me lleve el tiempo que me lleve.

No quiero interrupciones.

Y, si no tengo hambre, el almuerzo es una interrupción.

Así que prefiero no mirar, no mirarla, y continuar centrada en este estúpido e inservible libro.

"Parece que alguien descubrió un sitio nuevo además de Granny's…" farfullo pasando de página. Aunque realmente no sé qué estoy mirando ni qué acabo de ojear. Pero las malas pulgas y la falta de atención suelen echar a Emma.

O solían.

Desde que compartimos misión en busca del autor y mi final feliz, las confianzas que Emma se toma son como su falta de modales: Infinitas.

Y la peor parte es que no te importa, Regina.

"Me gusta el sándwich de queso de la abuelita…" se defiende de mi pequeña burla. "Pero sé que no es tu comida preferida"

Sugerir que no es mi comida favorita es poco conciso. Ese pan bañado en aceite, grasas y lactosa no debería formar parte del menú de ningún adulto. Aunque puede que Emma tampoco debiera formar parte de la definición de adulto al uso.

"Comes como una niña…" me burlo levantando los ojos del libro dando pie a lo que espero sea una conversación fugaz.

O puede que no.

Frente a mí Emma aguarda confiada y tranquila con un par de botellas bajo el brazo. "¿Eso es una cerveza?" Una maravillosa pregunta en la que hago gala de toda mi elocuencia. Me aplaudo mentalmente y, sin embargo, Emma no parece reparar en la estúpida obviedad, porque se lanza a recalcar lo evidente.

"Dos" responde orgullosa. "Creo que te vendría bien una pausita"

Y ahí está. La salvadora diciéndome lo que debo hacer. Peor aún. Preocupándose por mis necesidades. Invitándose a sí misma a acompañarme en mi almuerzo. Queriendo pasar tiempo conmigo, sin ningún motivo aparente más que el hecho de hacerlo.

¿Tomándose aún más libertades, señorita Swan?

Empiezo a divagar. Por su culpa. Tiene que irse de este despacho. Necesito concentrarme y para ello Emma debe encontrarse a una distancia prudencial.

Quizás podría reírme de ese diminutivo o de sus intenciones de comer aquí, conmigo, sin que nadie la haya invitado. Eso bastaría para hacerla marchar con el rabo entre las piernas y evitaría que volviese en un futuro próximo. Puedo incluso optar por ser borde, tajante, ruda… Es mi especialidad, ¿no?

Y, sin embargo, para Emma guardo una especialidad distinta. Una en la que mi humor más macabro, mi lengua viperina, mis peores desprecios se quedan atascados en mi garganta. De hecho, prácticamente todo se queda ahí atascado. Una vez se marcha, se me ocurren tan buenas réplicas… unas respuestas magistrales. Pero sólo cuando se marcha. Y es entre frustrante e inaudito. Aunque estoy aprendiendo a vivir con ello.

Sí… Mi mente me sabotea y mi decisión es aprender a vivir con ello. Es oficial. Estoy perdiendo el juicio.

Pero hoy intento pelear y plantar cara. Un poco al menos. "¿Un descanso de qué? ¿De ir de un callejón sin salida a otro? Ese brujo, autor o como sea que lo llamen, ha sabido ocultarse"

Trastea con las botellas y responde sin darle importancia a mi reticencia. "Han pasado pocos días…" Si lo tuviera, Emma estaría extendiendo un mantel sobre mi mesa y retirándome el libro. Y no puedo evitar disfrutar de su desparpajo.

Pruebo con una tiránica observación: "Sí, y yo he conquistado reinos enteros en menos tiempo"

Pero no funciona. Otra vez.

"Conquista esto. Pensé que tendría abre fácil"

Y caigo irremediablemente en su juego.

Antes de darme cuenta estoy replicándola, dejándome pinchar por sus palabras, olvidando el libro. "¿Tengo pinta de saber abrir botellas con los dientes?"

Camina por el despacho como si fuera su salón y se gira únicamente para dedicarme sobre su hombro una de esas sonrisas resignadas y divertidas. Y por un momento juraría que es precisamente por esas sonrisas por las que es tan tentador hacerla rabiar.

A pesar de todo, juego mi papel de alcaldesa déspota. He de mantener las apariencias. Y quizás logre que sonría una segunda vez. "Como reina soy más refinada que eso" insisto con una vanidad que no siento.

"¡Lo he pillado…!" A pesar del gruñido y de darme la espalda, sé que ha vuelto a sonreír. Y yo con ella. Es divertido. Un sano, infantil y divertido intercambio. Sólo eso. Mientras no le tire de las coletas y le arroje arena a la cara todo estará bien. "Mi madre guardó por aquí un abridor mientras fue alcaldesa…"

Quiero fingir que la presencia de Emma me es indiferente y vuelco tanto esfuerzo en ignorarla, en regresar mi atención a un libro de cuentos casi olvidado, que la exploración de la salvadora se me pasa por alto. Sigo sus movimientos por el rabillo del ojo, escucho su voz de lejos, pero reacciono tarde.

Emma abre un cajón. Pero no uno cualquiera. El cajón.

Salto de mi silla. Grito: "¡Espera, no…!" Pero ya está abierto y Emma no necesita mi orden para quedarse congelada porque ya lo está. Tuerce el rostro y estudia su descubrimiento. Perfecto.

Emma, te presento mi cajón de la vergüenza. Por favor, pasa.

Espero. Cierro la boca y trago hondo. Y frente a mi disfruto de la visión de la salvadora quieta y mirando fascinada el cajón. Estira la mano, quiero hablar y detenerla, pero algo me lo impide. Ya me he puesto en evidencia. Se ha abierto una puerta que hubiera escogido no tocar. Ahora no puedo echar marcha atrás, así que al menos quiero estudiar su reacción.

Y no me defrauda.

Estira la mano sin miramientos, contengo la respiración, y sus modales hacen el resto. Ni siquiera pregunta o pide permiso. Tan solo levanta su descubrimiento y lo mira fijamente. Parece fascinada por ese dibujo roto y recompuesto. Mira de arriba abajo esa surrealista ilustración donde una Regina joven e irreconocible besa a un Robin de los bosques que no ha existido nunca.

Quiero leerla como ella parece estar leyendo mi dibujo, pero apenas alcanzo a ver su rostro, y es principalmente sorpresa lo que encuentro.

¿Qué pasa por tu cabeza, salvadora?

¿Sé acaso qué pasa por la mía? No tengo claro qué espero ver en tu rostro. O qué me gustaría ver. Y aun así no dejo de mirarte. Sólo sé que encontrar sólo sorpresa es… decepcionante. No, más bien, raro. Sí, es más exacto. La precipitada e irreflexiva salvadora no puede sencillamente asombrarse. ¿Nada de curiosidad? ¿Un poquito de preocupación? ¿Desagrado quizás…?

¡¿Pero que estás pensando, Regina?!

Y aun así tuerzo el morro. Emma me enseña el dibujo y su rostro es simplemente de circunstancias. Como un folio en blanco.

Camina hacia mí, con una cerveza bajo el brazo, otra en la mano y sin soltar esa página con textura de pergamino.

"¿Qué es?" pregunta mirándola con detalle.

Un souvenir para recordar el último de mis fracasos… ¿te gusta?

No respondo y ella sigue preguntando. "¿La cogiste del libro?"

Y así continuará hasta que obtenga una respuesta. Conozco bien sus interrogatorios.

"No es del libro…" Un suspiro y mi mirada cae hasta al suelo. No quiero hablar de esto. Ni siquiera entiendo por qué lo estoy haciendo. Quiero gritarla, decirle que lo deje donde estaba, que si estaba guardado es por un motivo. Pero, una vez más, soy incapaz de actuar y me contengo. Quizás porque hablar de él ya no es tan doloroso, quizás porque en este momento me siento avergonzada, pero no compungida. "Robin lo encontró antes de irse con su familia…" Por si no parezco lo suficientemente patética, ahí va mi más triste admisión. Mi supuesto amor verdadero salió corriendo de la ciudad incluso después de encontrar una pista como esa. "Se le apareció" Lo dejo escapar con una especie de tos, no es más que una tontería. Igual que haber guardado ese estúpido recordatorio de los finales felices que yo jamás podré conocer.

"No pertenece a tu historia… ¿Qué es?"

Y una vez más ese rostro neutro, casi ambiguo.

Venga, Salvadora, dame algo más con lo que trabajar. ¿Qué piensas? Algo debe estar recorriendo esa hueca cabecita tuya…

Permanece ahí, con el dibujo en alto, temblando entre las dos. Y me doy cuenta que no tengo respuesta. ¿Qué es?

"Robin consideraba que era esperanza… una señal de que las cosas funcionarían para mí. Resultó ser una broma cruel…" Sonrío sin ganas y por las arrugas de expresión de Emma sé que la decepción de mi voz ha sido suficiente clara incluso para ella. Baja los ojos, siento que se apiada y una sensación desagradable se instala en mi estómago. Odio la compasión. Y más por algo que ni siquiera lo merece. Detesto la sola idea de presentarme como una mujer débil, que sigue atrapada en su pasado, a la que le sigue doliendo haber quedado atrás en la vida de su ex novio. Y no quiero que ella, más que nadie, piense así.

Pero al volver a mirarme, no cambia su rostro. Si siente lástima o no por mi patética vida, lo disimula bastante bien. "¿Has vuelto a saber algo de él?" pregunta con una cautelosa y educada sonrisa, devolviéndome la ilustración.

"No…" suspiro con calma. Ni siquiera me molesta reconocerlo. Y menos aun cuando podría jurar que la discreta sonrisa de la Salvadora se estira un par de centímetros.

¿Pero qué…?

Quisiera decir algo. Preguntar algo. Abrir la boca y dejar que… Ni siquiera sé el qué. Fuera lo que fuese, muere en el saco de las dudas sin resolver, porque un pirata con tan solo una muda para los 365 días del año atraviesa la puerta de mi despacho sin llamar. Y sí, puede que Emma haya hecho lo mismo unos minutos antes, pero esta invasión no despierta la misma indulgencia en mí.

No soporto las visitas inesperadas, la falta de modales, ni las interrupciones. Y desde hace unos meses he descubierto que tampoco el eyeliner mal aplicado y los piratas trasnochados. Y Hook en este momento es todas esas cosas juntas.

Me cuadro tras mi mesa, recta e impertérrita, y Emma deja de mirarme para girarse hacia él. Escondo la ilustración de Robin entre las páginas del libro de cuentos. Me niego a tener que ir repartiendo más explicaciones. Y me niego a dárselas a… eso.

Hook atraviesa el despacho como un torbellino diciendo algo sobre la forma de rescatar a las Hadas y sólo entonces reparo en Belle, que camina tras él, sofocada, tratando de seguir su velocidad:

"Sí, encontré un hechizo. Es parte de un conjuro en una lengua antigua que nunca había visto antes"

"Lo que hizo de la traducción un desafío" interrumpe Hook para aportar el más interesante de los comentarios. Supongo que intenta sentirse útil. Debe seguir intentándolo.

Belle le mira hasta que cierra la boca y continúa con su explicación. "Encontré a un lingüista experto de Oxford… y me acaba de enviar por email la traducción. Es una antigua ceremonia, una que las traerá de vuelta" Las miradas de alivio recorren la sala. Al fin una buena noticia. Intento no dejarme llevar por la esperanza, pero todas esas monjas de vuelta pueden ser la llave para avanzar y dejar de ir de callejón sin salida en callejón sin salida. "Sólo hay que llevarla a cabo"

Me acerca un papel recién impreso con un detallado esquema mágico. Me reprimo, una vez más. Pero leyendo esas pautas estoy casi segura. Sólo necesitamos un objeto mágico poderoso… pero podría funcionar.

"Una ceremonia, ¿eh? Bueno, señora alcaldesa…" musita Emma con ese toque de listilla. Sus ojos brillan con un mudo te lo dije, y a pesar de todo no puedo más que contener mi sonrisa y cerrar la boca. Me tiende la dichosa cerveza y pregunta encantada consigo misma. "¿Preparada para proclamar hoy el día de la liberación de las hadas?"

Oh, sí. Preparadísima.


Escapamos hasta el bosque buscando calma y la proximidad del pozo. El ritual es muy sencillo y no requiere más fuente de magia que un objeto poderoso, pero contar con una segunda fuente de poder como esa nos proporciona cierta calma. Emma y yo dirigimos al grupo hasta aquí. Es la misma llanura que usamos durante los entrenamientos semanales de su magia. Por alguna razón la Salvadora se niega a volver a practicar cerca del puente de madera y los barrancos.

Cobarde…

Todos nos siguen sin objetar nada y se preparan para el ritual mientras dispongo lo necesario. Repito en mi cabeza las palabras que debo recitar y coloco la caja que contiene el sombrero y a las hadas sobre un improvisado altar de piedra. Sólo espero que sea suficiente para soportar la reacción mágica.

Estiro mi mano hacia Belle y la bibliotecaria me entrega la daga de Rumpelstiltskin. Que este sea el objeto mágico poderoso usado para salvar a las hadas resulta una ironía kármica. Sostengo la pesada daga sobre mi mano y me acostumbro a ella.

"¿Lo tienes?"

"Lo tengo" rezo más para convencerme a mí que a Emma, Hook, Snow y Belle. No entiendo por qué esta misión de salvamento parece haberse convertido en un partido de futbol con público. Somos demasiadas personas y sólo Emma podría resultarme útil. Los demás espero que al menos aplaudan cuando acabe el espectáculo o habrán venido para nada.

Suspiro, trato de dejar la mente en blanco e intercambio una mirada con Emma. Cuando asiento con la cabeza, reafirmando mis palabras, ella se aleja unos pasos, disponiendo una cautelosa distancia de seguridad sin que yo tenga que abrir la boca para pedírsela. Belle y Snow, sin embargo, se quedan mirándome con curiosidad, sin enterarse de nada. Elevo una ceja, esperando a que entiendan por qué Emma se aleja de la zona cero y Hook poco a poco también, y sólo entonces reparan en dónde se ha colocado la salvadora. Giran sobre sí mismas, dan un par de pasos confusos, como un muñeco al que se le están acabando las pilas, y terminan al fin por colocarse junto a Emma.

Respiro hondo, acompaso mi respiración con mis pulsaciones y doy comienzo al ritual. Las palabras desfilan por mi mente desprendiendo su magia hacia mis manos, reaccionando al contacto con la daga. Cuando ambos poderes comienzan a entrelazarse, deslizo el arma sobre la pequeña cajita, delineado su forma, sin precipitarme. Los pasos del ritual son muy específicos y no aceptan errores.

Presiento la caja, su resistencia, la magia que contiene sublevándose contra el ritual, negándose a ceder. Pero la daga resiste, dominando esta batalla gracias a la magia del oscuro. Recito en silencio la última de las palabras y apoyo el arma contra la caja. Dos magias enfrentadas, resistiéndose ambas a ceder. Pero ocurre, lo presiento. Sólo… tengo… que aguantar…

Elevo la daga, dirijo toda su magia, toda mi magia a esa pequeña y débil cajita y quiebro la última de sus barreras. Está tan cerca… Estiro el brazo, me alejo de ella y sólo la punta de la daga hace contacto con ella. El ritual está completo. Doy dos pasos atrás. No ocurre nada. Pero estoy segura de mí, segura de haber seguido los pasos, de lo que he sentido a través del arma de Gold, tiene que…

Funcionar.

El suelo tiembla, aguanto de pie a duras penas y una luz amarilla anega toda la explanada, golpeándonos. Doy dos pasos atrás. Quiero taparme los ojos, pero no puedo soltar la daga. Aún estoy conectada a esa caja y el arma tira de mi propio poder para no ceder. Aprieto la mandíbula, cierro los ojos y aguanto hasta que pasa la tormenta. Hasta que la luz mengua y me permite volver a abrirlos. Hasta que todo deja de sacudirse y la daga vuelve a parecer un trozo de metal sin vida.

Se me doblan las rodillas, pero resisto en pie. Recupero la respiración y miro a mi alrededor. La explanada ha sido tomada por una inmensa cantidad de monjas desorientadas y confusas y Hook, Snow, Belle y Emma no dan abasto para asegurarse de que todas están bien. Pero yo las veo como siempre, mojigatas, con moño y caras poco expresivas.

Permanezco allí, ajena al intercambio, sin saber si intervenir o dejar que sean sus amigos –y Hook- quienes las reciban. Algunas de ellas se ayudan a levantarse, se abrazan y miran a su alrededor como si el bosque de Storybrooke fuera el lugar más maravilloso de la faz de la tierra. Ni siquiera puedo hacerme una idea de cómo ha debido ser ese encierro. Entre todas ellas, Azul se pone en pie ayudada por Emma y trata de darle las gracias delirando entre medias.

Emma sostiene sus manos, asegurándose de que de verdad está bien, antes de murmurar: "De hecho, deberías darle las gracias a la alcaldesa…"

Abro la boca. Eso no me lo esperaba. Un reconocimiento tácito capaz de hacerme sonrojar si no fuera porque, desde la distancia, soy capaz de escuchar los esquemas de Azul derrumbándose como un edificio en ruinas. Por si quedara alguna duda, los ojos de Emma me buscan, dan con los míos y me sonríe. Y yo… yo me limito a sonreír también, casi como un mono de repetición más que por decisión propia. Presiento a Azul volviéndose hacia mí, siguiendo los ojos de la salvadora, y me giro hacia ella.

"Bienvenida" murmuro encantada, ampliando mi sonrisa con un toque de soberbia. Pero no puedo evitarlo. Azul ni siquiera se molesta en ocultar su animadversión y puedo distinguir como se retuerce incómoda antes de decir un tenso "gracias", sin tan siquiera mirarme a la cara.

Si Emma es capaz de convertirme en una heroína con nueve palabras y una sonrisa, Azul me devuelve a mi sitio con apenas una mueca de asqueado agradecimiento. Quiero gruñirla, devolverle ese insulto implícito en sus ojos, pero lo dejo estar. Acaba de regresar, puedo esperar. Conozco a Azul, esta no será la última vez que no se moleste en ocultar su odio hacia mí.

Damos media vuelta, cada una en dirección contraria, y yo me alejo buscando a Belle. Quiero soltar esa malita daga de una vez. El ritual ha terminado y cuanto más lejos esté de la detestable arma, mejor. Azul, por su parte, corre con el resto de sus hermanas y en el centro de la explanada se produce un súper abrazo monjil.

Tengo que desaparecer de aquí antes de que empiecen con los kumbaya.


Nunca es un buen momento para acercarme a Azul. Nunca. Pero quizás hoy sea el menos peor momento para hacerlo.

Tengo que intentarlo al menos.

Porque ella puede ser la clave.

Joder, le he salvado la vida. Sé que me odia, no hace falta ser muy observador para ver que mi presencia le produce una acidez casi instantánea. Y su cara… si estoy a menos de dos metros es como si tuviera una mierda bajo sus fosas nasales.

Y lo entiendo.

Nunca hemos sido muy amigas. Ni como monja ni como hada, ni como alcaldesa ni como reina malvada de todos los territorios del bosque mágico. Enemigas acérrimas sería más acertado. Pero llevo años tratando de redimirme, luchando del lado de los buenos. ¿No se supone que los cristianos creen en el perdón?

Y más hoy.

He salvado su estirado culo. He salvado el de todas sus hermanas, en realidad. Y no lo he hecho por el premio. Simplemente era lo correcto. Lo hubiera hecho de cualquier forma, incluso aunque ella no fuera la única pista que podemos seguir. Este es mi nuevo código.

Aunque me parezca estúpido.

Pero ahora, con ella de regreso de entre los muertos, necesito preguntarle. Es la única capaz de decirnos por donde continuar, la única que puede saber algo sobre el autor. Y con la tendencia que tiene esta mujer a morir no puedo arriesgarme a que vuelva a fallecer y esta vez no resucite…

Aunque me duela reconocerlo, sin ella estamos perdidos y espero que haberla sacado del sombrero de Mickey Mouse ablande su estirado corazoncito de hada superiora. Pero, por si acaso no fuera suficiente, Henry me cubre las espaldas. Espero que los ojos suplicantes de mi hijo sirvan de ayuda. Y sino, al menos con él delante, no dirá palabras malsonantes ni atentará contra mí en un acto suicida y enajenado.

La observo desde la barra, al otro lado de la cafetería de la abuelita. Quiero acercarme, de verdad que sí, pero verla ahí, sola, sin una mísera sonrisa a pesar de haber regresado, impone. No le tengo miedo a un hada, y mucho menos a una monja. Pero Henry se ve obligado a empujarme levemente para que comience a andar hacia ella. Atravieso la cafetería y tomo aire para insuflarme valor. Quizás debería darle una segunda vuelta a mi idea…

"Vamos mamá, pregunta" La fe ciega de Henry es una peligrosa combinación si se suma con la impaciencia de su adolescencia. Y aun así le escucho y vuelvo a caminar.

Toso igual que una colegiala y susurro un patético: "Perdone…", mostrando una dignidad acorde con mi temple: inexistente. Y aunque trato de no dejar de sonreír con educación, una versión de mí muy pequeñita está dándome puntapiés en la cabeza. Procuro recuperar la compostura, pero cuando los ojos inquisidores de Blue suben de su té hasta mi rostro, me siento aún más pequeña e indigna de su estúpida atención.

"¿Puedo preguntarte algo…?" …persona desagradable a la que acabo de salvar la vida.

Esa última parte queda en el limbo de lo que callo por ser políticamente incorrecto. Pero siento cada una de esas palabras.

Antes de responder sus ojos se escapan hacia Henry. Lo sabía. Odio usar a mi hijo de parapeto. Pero él es lo mejor de mí y es probablemente una de las pocas razones por las que este pueblo no resucitó a la inquisición bajo el grito de: ¡Quememos a la bruja! Y hoy, Henry parece el único motivo por el que Blue se toma la molestia de contestarme.

"¿Qué puedo hacer por ti?" El retintín debe ser detectable a kilómetros a la redonda. Pero me contengo. Ahora soy de las buenas. Matar es malo. Y sí, torturar también.

Henry, ajeno a todo, toma asiento a su lado con una inocencia que envidio. Y yo, a duras penas, acerco uno de los libros del autor hasta a ella, sobre la mesa llena de migas.

"¿Sabes lo que es esto?" pregunto con un gallo en la voz, cada vez más nerviosa. No soporto esta sensación, necesitar la ayuda de otra persona que no sea yo misma, sentirme vulnerable y mostrar mis anhelos. Y encima a esa bruja censuradora de Blue.

Se me seca la boca, froto mis manos entre sí… y Emma se coloca a mi lado. No sé de dónde ha salido ni cuándo, pero ahí está. Rauda y veloz. Como un soplo de aire fresco que calma mis nervios. Si Henry es mi parapeto, la Salvadora, esa oportuna e incondicional salvadora, siempre ahí, funciona como un recuerdo constante de a qué equipo pertenezco ahora, quiénes son mis aliados. Incluso cuando yo misma dudo y lo olvido. Me cuadro frente a Blue, recuperando mi temple, y el hada deja de prestarme atención para abrir la boca al mirar el libro que tiene frente a ella.

"¿De dónde lo habéis sacado?"

"De la mansión del hechicero" se adelanta Emma, recibiendo todo el interés de Blue. "Henry encontró docenas de esos libros en blanco"

"¿El hechicero está aquí?"

"Bueno… su casa" especifica Henry. "Pero no le hemos encontrado aún"

"¿Le estáis buscando?" cuestiona y sus ojos inquisidores regresan a mí. Como no. Qué mujer más encantadora.

"Yo…" Dudo. ¿Quiero que esta mujer conozca los motivos tras nuestra operación? No, para nada. Pero sin un poco de sinceridad y sin morirme de la vergüenza, dudo que Blue tenga a bien mover su trasero por mí. "Esperaba que pudiese escribirme un final feliz" confieso de un solo suspiro. Sonrío porque a mi lado advierto la sonrisa orgullosa de Emma. No es que necesite su aprobación. No, para nada… Es sólo que siempre es un punto a favor que la salvadora y su instinto anti mentiras estén ahí. Apoyándote.

"Ja…" o algo similar es lo único que escapa de esa altiva mujer. No sé si es por su mirada incrédula, su risa arrogante o esa especie de sonidito incrédulo, pero su trasero me resulta tan pateable…

Y aun así me contengo. Por Henry. Por Emma. Por mi final feliz. Porque soy de los buenos. "Sin embargo, ese libro parece poseer un gran poder…" murmuro compartiendo información con ella, buscando un poco de indulgencia por parte de una mujer a la que ni siquiera tolero.

"Lo tiene…" susurra mirándolo con una adoración casi enfermiza. ¿Quién es ahora la que se siente atraída por la magia y el poder, madre superiora de pacotilla?

"Esperaba que si lo reescribiese…" Ni siquiera termino la frase. Decirlo en voz alta es superior a mis fuerzas. Tengo miedo de que pronunciarlo lo haga real y todo se estropee. De que darle voz a mi mayor anhelo lo gafe. Igual que siempre.

Blue me mira atónita. Estoy segura de que no podría desprender más desprecio ni aunque estuviera borracha ante ella y pidiéndole ingresar en su orden. Es como si la sola idea de que su detestada enemiga pretenda ser feliz hiciera arder todos sus órganos internos. Sí, todo tan cristiano, Blue…

Sé cómo funciona la justicia de los cuentos de Hadas. Todo el mundo lo sabe, por el amor de Dios. ¿Pero acaso es una ofensa tratar de redimirme, de no sufrir a cada paso? Algunos personajes abogan por la justicia y el perdón, pero inconscientemente disfrutan con la "venganza" que los finales tienen reservados para los villanos como yo. Y la sola idea de que mi castigo deje de ser eterno parece dolerles más que una espada retorciéndose en sus tripas. No es que disfrute con la imagen mental de Blue siendo ensartada… no.

Respiro hondo, pero ella no está dispuesta a decir nada más que su Ja, y pruebo a intentar ser comprensiva. "Sé que parece una locura…" admito.

Vuelve a reírse. Otra vez. Y, cuando creo que van a tener que sujetarme entre Henry y Emma, al fin me responde. "No es una locura…" Una respuesta comprensiva, sin dobles sentidos. Mis cejas se arquean hasta la mitad de mi frente, incrédula. "Pero buscáis a la persona equivocada"

Nada podía ser tan fácil, ¿no?

"Aunque el hechicero es un mago muy poderoso, deberíais buscar al autor"

Emma frunce el ceño, perdida. "¿Acaso no son la misma persona?"

Y yo tampoco entiendo nada. "¿Por qué el hechicero tendría al autor de los libros?"

"Esa es una pregunta muy desconcertante… Y me temo que no lo sé" musita. "Pero sí estoy segura de que son dos personas diferentes"

Estamos cerca de otro callejón sin salida. Uno más. Mi ánimo empieza a desinflarse y casi sin darme cuenta me siento frente a Blue, no queriendo darme por vencida. Intentando conseguir algo. Necesito una pista al menos, un camino por el que seguir intentándolo.

"Entonces… ¿tú sabes quién es el autor?"

"No" responde concisa y sonriente. Lo está disfrutando y yo no puedo responderla como desearía. Al final, Henry está ahí para evitar mis palabras malsonantes y no las de esa bruja. "Pero sé que él existe… quiero decir, si es un hombre. Nunca lo he visto. De hecho, nadie lo ha visto. No desde hace años…"

Las respuestas de Blue solo logran sumar más preguntas, y no resuelven ninguna de nuestras dudas. Es un callejón sin salida, más oscuro y enrevesado que los anteriores. Un laberinto del que no sabemos cómo escapar ni por dónde avanzar. Y no tiene lógica, pero me giro hacia Emma, frustrada. Como si ella tuviera la culpa.

"¿Así que aquí es donde me ha llevado la esperanza?" farfullo irónica.

Pero ella ni siquiera se defiende, no me ataca, sólo me mira a los ojos. Comprensiva. Casi tan decepcionada como yo. "Le encontraremos, Regina… No es como si se hubiese desvanecido" insiste convencida. "Blue, ¿tienes idea de por qué ha desaparecido?"

"Por desgracia, no. Pero hay rumores de que dejó pistas ocultas en sus obras"

"¿Obras? ¿Cómo el libro de Henry?" inquiere Emma. Su gesto es un vivo reflejo del mío. Cualquier información es un regalo del cielo… Pero en este caso, no sé cómo va a ayudarnos si hemos revisado ese libro de principio a fin sin encontrar nada. Quiero sonsacarle más. O mejor aún, consentir que lo haga Emma. Blue parece mucho más dispuesta a contestarla a ella, aunque el fin siga siendo ayudarme a mí.

Pero nuestra conversación queda en el olvido

La cafetería entera retiembla y sólo se escucha un rugido animal, casi demoniaco. Las luces tintinean y me agarro a la mesa hasta que cesa la sacudida.

Todo acaba como empezó. De golpe. Se hace el silencio y las luces vuelven a funcionar. Pero las lámparas se balancean y todos permanecemos inmóviles.

Emma es la primera en reaccionar.

Como si ese sonido hubiera sido una molesta y descortés interrupción a su pregunta y no un grito amenazante y potencialmente peligroso.

"¿Qué demonios era eso?" Su pregunta roza la indignación, y no creo que esté realmente preocupada. La salvadora no entiende de amenazas.

"Supongo que deberíamos salir y ver qué está destrozando la ciudad ésta vez… Henry, no salgas bajo ningún concepto, ¿entendido?" Este improductivo y frustrante interrogatorio tendrá que esperar.


Fuera de la cafetería se ha desatado la locura. Corremos hasta la avenida principal sin separarnos unos de otros y lo vemos. El motivo de tantos chillidos agudos, de las insensatas carreras de los ciudadanos de Storybrooke y, seguramente, de ese rugido infernal. Un ser de unos tres metros, negro como la noche, rodeado por dos alas plegadas y huesudas, posado sobre el reloj de la biblioteca. ¡¿Qué tienen todos con ese pobre edificio?!

Es invierno, hace semanas que las temperaturas son insoportables, y sin embargo podría jurar que no necesito abrigo ni bufanda. Mi temperatura corporal se desata, junto a mis pulsaciones y mi adrenalina. Es la sensación de peligro, la realidad de una nueva amenaza despertando mis instintos.

Me coloco a la vera de Emma, preparando mi magia. Es instintivo. Y espero mirando fijamente a ese ser. Rogando porque su aspecto amenazante sea sólo eso. Aspecto.

Pero cuando despliega sus alas y tras su espalda veo serpentear una cola puntiaguda sé que no será una visita amistosa. Siento que nos mira. Directamente a nosotros, al pequeño grupo que permanece quieto en la calle y que no huye de él gritando despavorido. Sea cual sea la razón, sus ojos, rojos, sin vida, no se apartan de nosotros y ruge enseñándonos todos sus dientes.

No hay tiempo de plantarle cara. Se eleva en el aire solo para arrojarse en picado contra nuestras cabezas, sin previo aviso. Reaccionamos por puro instinto, nos agachamos y esquivamos unas garras que se abren y arañan el aire a centímetros de nosotros. Sigo su vuelo casi de cuclillas. Ese demonio vuela hasta que pierde velocidad y gira su enorme cuerpo, dispuesto a volver a embestir. Pero no le daremos esa oportunidad. Salgo corriendo, Emma sigue mis pasos y tras ella el resto del grupo. Improviso un refugio temporal detrás la primera esquina que encuentro y pego mi espalda a la pared mientras nos reagrupamos.

"¡¿Esa criatura ha salido del sombrero?!" chillo furiosa. La última vez que revisé el censo de la ciudad no había gorilas alados de tres metros en él. Y esa ha sido la única puerta por la que ha podido atravesar nuestras barreras. Busco a Belle, intentando encontrar respuestas. "¡Pensaba que el hechizo sólo debía liberar a las hadas!"

"Quizás sea algún tipo de hada" Snow no puede estar hablando en serio. Esto es elevar su fe ciega y su inocencia al nivel de memez.

Por supuesto, es posible que esconda una varita coronada con una estrella y purpurina entre sus garras y sus colmillos, ¡¿cómo no se me había ocurrido?!

La resolución de Emma es lo único que evita que responda a su madre. "¿Por qué no le devolvemos al sombrero y aclaramos el resto más tarde?"

"Porque no podemos…" jadea Belle. "Una vez liberado, no se puede volver a atrapar"

"Espera, ¿nuestra mejor defensa contra bestias mágicas sigue las mismas reglas que la varicela?" Me mira, pero comparto su frustración y no tengo muchas más soluciones que ella. Me estremezco al escuchar el aleteo cada vez más cerca.

"La salvadora y la reina malvada pueden vencer a esa bestia" Hook se mantiene en la esquina, observando a la bestia, sin que su vigilancia me proporcione demasiada seguridad. Y considero que el Capitan Eyeliner podría ahorrarse las libertades de llamarme así, o cerrar la boca de hecho. Incluso aunque su idea pueda funcionar.

"¿Puedes omitir lo de malvada?"

Miro de soslayo a Emma, sus ojos ya buscan los míos y las palabras sobran. Asiento con la cabeza y la salvadora entiende mi pregunta sin tener que hacerla. ¿A por la bestia? A por ella.

Hemos entrenado para esto. Hemos entrenado mucho.

Es cierto que el mayor enemigo mágico que hemos enfrentado ha sido un puente de madera que se caía a cachos y algún que otro plato lanzado al aire para probar puntería. Pero Emma está lista. Es una fuerza de la naturaleza y cada día, con cada preparación, la veo crecer y dominar su magia con una habilidad extraordinaria. Puede que este peligro tenga garras y alas en lugar de cuerda y astillas, pero ni siquiera dudo. No con Emma a mi vera, como compañera.

De lucha…

Y ella mucho menos. La inconsciente e impetuosa Salvadora corre sin mirar atrás, directa a la avenida principal y sigo sus pasos arrepintiéndome de haber escogido al vestirme unos botines con tanto tacón. Se frena, me observa llegar y da los últimos pasos sincronizándose con los míos. No creo que sea consciente, pero incluso cuando deja de mirarme y vuelca toda su atención en la bestia, continúa siguiendo mis movimientos y repitiéndolos a la par. Con una sincronización perfecta

La magia empieza a fluir. La bestia mira en nuestra dirección, de nuevo las únicas presencias que no huyen de ella ni gritan calle abajo. Y se precipita contra nosotras. Un rugido y se arroja con las fauces abiertas, las alas cortando el aire. Puede que sea una imprudencia, pero me giro hacia Emma, apenas un segundo. Y ahí está ella, mirándome al mismo tiempo. Cierro la boca y las dos asentimos. Igual que en los entrenamientos. Apostamos por un ataque frontal, sin palabras, y sólo entonces tomo aire y preparo mis manos.

Esperamos el momento idóneo.

Demasiado lejos puede hacernos errar.

Demasiado cerca puede costarnos una herida fea. O algo peor.

Espero, y Emma conmigo. Dos segundos, uno… y cuando sus alas se baten, alejadas del cuerpo, desprotegiendo su torso y propiciando un blanco más vulnerable, desato mi magia. Exactamente igual que Emma.

Sólo tres metros nos separan de esa criatura pero se frena en el aire, chillando, cuando el torrente combinado de nuestras magias impacta a la vez contra ella.

Perfecto.

Golpeamos su rostro y su tórax y allí donde impacta nuestra magia, su piel estalla en llamas. Retrocede, mueve sus brazos tratando de protegerse, pero es imposible. Se mantiene en el aire a duras penas y gira sobre si misma. Una de las alas se lleva la peor parte pero aún es capaz de volar cuando da media vuelta, y termina por huir. No presenta batalla, sólo desaparece. Pero no está muerta, ni siquiera herida de gravedad ni mucho menos. Pero la distancia es suficiente para obligarnos a detenernos.

Parece que el hada del infierno de Snow es mucho más poderosa de lo que cabía imaginar… Hemos usado uno de nuestros mejores ataques y esa bestia aún tiene fuerzas para marcharse volando y con unas nimias quemaduras de recuerdo.

"Bien…" chasquea Emma satisfecha. "Ha sido fácil"

"No te emociones. Sólo lo hemos aturdido…" Tomo aire, y me dirijo a ella, aunque los demás empiezan a rodearnos. "Y una explosión como esa debería haberlo destruido"

Casi puedo leer la decepción en su rostro. "Oh, me estaba acostumbrando a que las cosas estuvieran tranquilas aquí…" masculla con una mueca de fastidio. "Bella…"

La bibliotecaria la interrumpe, siempre tan acelerada. "Veré si puedo descubrir algo sobre esta bestia en la biblioteca"

"¡Gracias! Y Mary Margaret…"

"Pondré a todo el mundo a salvo. ¡Ya estoy en ello!"

La salvadora abre los ojos, creo que contrariada frente a tanta eficacia entre este grupo de tarugos. "Vaya, lo tenéis todo bajo control…"

Hook despliega todos sus encantos, si es que tiene de eso, con una sonrisita soberbia. "No es nuestra primera batalla…"

Me doy media vuelta mientras se aleja para evitar que se me escape alguna carcajada sarcástica. Puede que no. Pero si será de las primeras en la que tú vas con los buenos… "Ya que está todo claro, ¿qué tal si tú y yo encontramos la forma de cortarle las alas a ese murciélago antes de que regrese?"


Emprendemos el camino de vuelta a mi despacho por inercia. Este es nuestro punto de encuentro, la base central de la operación final feliz y, parece que también el cuartel general cuando Storybrooke es atacado por el monstruo de la semana. Antes de entrar, ya hemos repartido los cometidos. Yo revisaré los escritos mágicos y las lecturas antiguas que guardo en mis estanterías en busca de un hechizo capaz de atravesar a esa cosa de una vez por todas. Y Emma… se quedará a mi lado mirando las hojas por encima de mi hombro, preguntándome a cada ratito si necesito algo y planteando dudas irrisorias. Cada una lo que mejor se nos da… Y no negaré que el revoloteo de Emma, fascinada por mí y mis libros, tiene cierto encanto.

Dejo mi bolso en la primera mesa y antes de deshacerme del abrigo, vibra mi bolsillo izquierdo. Es mi teléfono. Una llamada, ahora mismo, no puede ser una buena señal. Miro a Emma mientras alcanzo el móvil y veo un número parpadear en la pantalla.

Emma baila de un pie a otro, inquieta. "¿Quién llama?"

"Es Gold…" frunzo el ceño.

"¿Gold? ¿Puede llamar desde el exilio? ¿Storybrooke tiene conexión telefónica con el exterior?" me pincha y no tengo claro si quiere provocarme o sólo busca que me relaje. Pero consigue ambas cosas.

"Sí, ha llegado incluso la fibra óptica, ¿sorprendida sheriff?" Sonríe de lado, divertida y cabecea hacia el teléfono que no ha dejado de sonar, en lugar de responderme. Descuelgo y aclaro la garganta antes de preguntar: "¿Sí?"

"Hola Regina"

Reconozco esa desagradable voz de ultratumba. De ultratumba marina. Mi nuca se eriza, tenso todo mi cuerpo y permanezco en silencio. Repitiendo en mi cabeza ese saludo. Tratando de entender cómo es posible que ella esté al otro lado de la línea. Hubiera preferido la triste y patética voz de Gold suplicando a escuchar este repugnante eco del pasado.

Mi silencio despierta las alarmas de Emma. Noto sus ojos clavados en mí, no ha dejado de mirarme desde que sonó el teléfono, pero ahora es diferente. Su rostro ha cambiado cuando lo ha hecho mi gesto y se acerca a mí, dando un par de pasos cortos.

"Regina, ¿quién es?"

"La… bruja… marina" Guardo las formas y evito añadir ningún adjetivo que acompañe al título de esa… mujer. Pero sólo porque continúa al otro lado del teléfono, porque puedo escuchar su soberbia sonrisa. Emma me rodea, acercándose hasta poder oírnos ambas y yo permanezco en el centro del despacho, intentando entender algo.

"Yo también te echaba de menos, ¿cómo estás?"

"Me estoy preguntando cómo un calamar me habla desde el móvil del ser Oscuro"

"Se lo he robado…" responde encantada consigo misma. Cada vez suena peor. Las alarmas que se encendieron al ver el número de Gold se han multiplicado al escuchar esa voz y no puedo pensar con claridad. Debo de parecer una lamentable estatua, de pie, en medio de mi despacho, sin nada que decir, pero con la boca abierta. Lo noto por Emma, por la preocupación que baña cada vez más su rostro.

"Regina…" musita. Eleva su mano hacia mí, hacia mi brazo, pero se detiene a medio camino, dudosa. Tuerce el rostro y sus ojos muestran toda la preocupación que empieza a sentir. Por mí. Trago hondo, intento reponerme. De la mirada de la salvadora y de la voz que respira contra mi oído. Recupero el control de mi misma, del atisbo de dignidad que aún conservo y pulso el botón del altavoz. Dejo el teléfono sobre la mesa y ambas nos sentamos en torno a él.

"¿Y dónde está él ahora?"

"Desmayado en el antro donde lo dejamos Cruella y yo"

"Cruella…" Otro eco del pasado. Aún más sanguinario, aún más oscuro. Maravilloso.

"Sí, de nuevo juntas" celebra encantada y con un descaro que remarca su cinismo. "Rumpel vino a buscar a sus viejas amigas a Nueva York. Nos contó que había vivido en una ciudad pintoresca hasta que lo arruinó todo. Que era un lugar especial donde podían hallar redención los malvados…" Escucho sus palabras, pero miro a Emma. Tiene un gesto tan neutro como el mío, y sus ojos me buscan a su vez. No sabe qué pensar y yo tampoco. Ellas… ellas no pueden estar sugiriendo lo que parecen insinuar… ¿Verdad? Úrsula no detiene su discurso y yo cierro los ojos, suspiro, intento controlar mis nervios. Pero cada vez estoy más segura. Pretenden llegar hasta Storybrooke. "Nos contó lo mucho que has cambiado…" Un golpe bajo. "…Y nosotras también lo hemos hecho" Un segundo golpe, aún peor. Aunque me mantengo firme y escéptica, como la media sonrisa que muestra la salvadora. "Hemos cambiado, hemos escarmentado… Y me gustaría poder demostrártelo. Por favor, déjanos entrar"

Ahí está. La suplica que precede al desastre.

Miro a Emma y no dice nada. Ni con palabras, ni con gestos. Lo deja en mis manos, su rostro solo muestra calma y me ofrece a mí tomar la decisión. Sumisa, con una confianza que me sobrepasa. Y es precisamente esa imagen, esa prueba de todo lo bueno que hay ahora en Storybrooke, en mi vida, lo que decide mi sentencia. La sola idea de poner en peligro a Emma o a Henry… De contaminar la cuidad con la presencia de más villanos "reformados" como Hook. O la sola posibilidad de tener que volver a vivir vigilando mis espaldas, las espaldas de las personas que me importan… Por si ocurre algo. No. No voy a aceptar el riesgo. No estoy dispuesta a exponerles.

"Lo siento queridas, bastante tenemos ya para invitar a…"

El rugido de la bestia resuena junto a la ventana e interrumpe mi respuesta. Resuena por todo el despacho y estoy segura de que ellas han tenido que escucharlo. Quiero retomar la conversación, fingir que nada marcha mal, pero se adelantan al otro lado de la línea.

"¿Tenéis un murciélago infernal de ojos brillantes y cuernos diabólicos?"

Ruedo los ojos, furiosa con lo acertada que es su descripción. Reinas de la oscuridad, ¿vais de la mano con esta criatura infernal?

"¿Cómo lo has sabido?"

"Porque hizo el mismo sonido antes de que intentara matarme…" susurra.

Qué casualidad…

"Ah, ¿ya te has enfrentado antes a esta criatura?"

"Sí, y sé exactamente lo que quiere"

"Qué oportuno" farfullo sin mirar a ninguna parte. Emma se inclina hacia mí y cubre el teléfono con su mano, susurrándome.

"Si han vivido en una tierra sin magia… ¿cómo han llegado?" Su duda revolotea en el aire, pero ella misma la resuelve, dando vueltas a una idea. "¿Con el sombrero?" pregunta interesada y puedo ver hacia dónde caminan sus deducciones. Esa podría ser nuestra solución, la salida que mandara lejos a esa criatura indestructible.

"Hmmmm… lo sé" gruño molesta. Emma destapa el teléfono y se encoge de hombros, sintiéndose culpable por ser la portadora de buenas y malas noticias a la vez. Pero ella no debería sentirse así. Soy yo, mi pasado oscuro, el que se retuerce por la posibilidad de reencontrarme con esas dos viejas amigas directamente salidas del infierno. "Bien" farfullo "Bien, dinos qué quiere"

"¿Y nos dejarás entrar?"

"No podría hacerlo ni aunque quisiera"

"¡Pues entonces ahí os quedáis!" espeta furiosa. Una respuesta digna de un villano reformado, sin duda. Me abalanzo contra el teléfono, ya he tenido suficiente.

Pero Emma vuelve a cubrirlo y me detiene.

"Espera"

¿No estarás pensando en escuchar a esas dos víboras, verdad?

"La reina de las nieves entró una vez con su pergamino, quizás les sirva"

Sí… eso es exactamente lo que ha hecho. Escucharlas y ofrecerme una forma de traerlas a Storybrooke.

Emma, ¿sabes si quiera a quien estás invitando a tu casa…?

Y sin embargo, su plan puede funcionar. No puedo negarme, ellas pueden salvar a la ciudad y yo… yo no puedo robarnos esa posibilidad sólo porque pensar en ellas revuelva mis demonios internos y me recuerde que un día no muy lejano yo fui un monstruo igual que ellas. La ciudad no debe pagar por mis pecados. Emma no debe hacerlo. No podría obligarla a luchar sin opciones contra un monstruo indestructible sólo porque yo no soy capaz de enfrentarme a un recuerdo de mi pasado más oscuro. Bueno, a dos recuerdos, y vivitos y coleando.

Cedo, por mí, por Emma, por Storybrooke y por los desquiciantes rugiditos que resuenan por toda la calle. Tuerzo el morro y aprieto la mandíbula, pero no cuelgo y termino por responder.

"Escucha calamar, si tu información es útil nos plantearemos dejaros entrar…" Me arrepiento de mis propias palabras antes siquiera de que escapen de mi boca, pero resisto. "¿Aceptas mis condiciones?" La línea se queda en silencio, no hay respuesta. Siento cierto alivio culpable, mi mente sueña con la posibilidad de que se nieguen, de que hayan colgado. Y al mismo tiempo, no puedo creer que tengan la desfachatez de hacerlo. Espero unos segundos más y cuando estoy dispuesta a colgar, escucho a alguien tomar aire al otro lado, como si estuviera meditando:

"Trato hecho."

"En ese caso… habla" ordeno odiando cada momento de esta conversación. "No nos sobra el tiempo"

"Claro, querida. Seré rápida… Te quiere a ti"

Abro los ojos y tartamudeo antes de poder responder. "¿Qué?"

"Es el corazón más oscuro lo que mueve a esa bestia. Se llama Chernabog y se alimenta de mal, de almas podridas, como las nuestras, y no descansará hasta que haya devorado el corazón con mayor grado de oscuridad, Regina" musita encantada con su revelación. "Ahí tienes tu información… Espero que cumplas tu parte del trato" Es todo lo que dice antes de que la llamada se corte y en mi despacho sólo se escuchen los pitidos del teléfono.

Me pongo en pie, inquieta, furiosa. No puede ser cierto… He vuelto a poner a la ciudad en peligro. No importa lo que haga, las consecuencias de mis actos nunca dejan de perseguirme y son mis seres queridos quienes las pagan. Esa maldita bestia ha escapado del sombrero, pero si no estuviera relamiéndose al pensar en mi corazón color carbón, no estaría aterrorizando a la ciudad sino en letargo, esperando la llegada de alguien tan horrible como yo.

Emma está congelada, mirándome, y no lo soporto. Me giro, incapaz de enfrentarla, miro al techo y cierro las manos en puños, nerviosa.

"Ey, ¿estás bien?"

Claro, ¿por qué no iba a estarlo…? "Emma, todo esto es culpa mía…"

"Regina no sabemos si va a por ti"

"¡Claro que va a por mí! Úrsula dijo que devora el corazón más oscuro que percibe y ahora que Gold se ha ido, ¿Quién tiene ese corazón?"

¿Puede un estúpido murciélago mutante hacerte sentir sucia, oscura… malvada? Parece que la respuesta es sí…

"¿Algún enano se llama Malvadito?" farfullo sarcástica cerrando las persianas una a una. Emma no dice nada, espera y me observa ir tela por tela moviéndolas, como una psicópata. "Quiere el mío" remarco inquieta.

"¡No vamos a sacrificarte!" zanja cruzándose de brazos. Pero esta vez no será tan fácil salvadora. ¿Qué otra opción nos queda, Emma?

"Creo que no tenemos más remedio"

"Esa bestia es mágica, ¿verdad?"

"No hace falta ser muy listo…" Elevo ambas cejas, burlona. Pero es la histeria la que me obliga a ser tan incisiva.

"Pues si es mágico… ¿Qué es lo que pasaría si acabase yendo a un mundo sin magia?"

Freno en seco y respiro hondo por primera vez desde que esa llamada se cortó. Emma está en lo cierto… Puede funcionar. "Sin magia… adiós bestia"

"Sólo tenemos que llevarlo al límite de la ciudad" sonríe satisfecha con su plan y su inocencia me irrita. O quizás lo haga el hecho de que tengo que romper sus ilusiones…

"El chernabog ha resistido contra nuestra magia y aunque yo me teletransportara a la línea de la ciudad, en cuanto me vea al descubierto me aplastará sin más"

Emma no se amedranta. Tiene esa mueca cabezona y segura de salvadora incontestable, y su voz, aunque trato de evitarlo, me transmite una confianza que se cuela odiosamente entre mis miedos. "No si recibes protección…" responde sin dudar. Y quiero espetar que es una niña pequeña jugando a cosas de mayores, que ni siquiera sabía que estas bestias existían hasta hace cinco malditos segundos ni se preocupó cuando nuestro ataque no la dañó. Que debería echarse a un lado, dejarme pelear y esperar a que ocurra lo inevitable, si es que debe ocurrir. Pero antes de abrir la boca, ella continúa hablando. "…Confía en mí"

Y con esas tres palabras se deshace mi furia, mi rabia, mis dudas. Y me callo, incapaz de responder nada, incapaz de no obedecerla si me lo pide así.


Vamos a morir.

Es un hecho. Vamos a morir.

El concepto de Emma de recibir protección es montarme en su escarabajo.

Para ser más específico es venir a buscarme hasta el garaje subterráneo del ayuntamiento a escondidas. Sacarme del edificio a toda velocidad. Y Emma esperaba que gritáramos: "¡Eh! ¡Monstruo!" para llamar su atención cuando ya estuviésemos a suficiente distancia del pueblo. Lástima que nos haya localizado cuando apenas llevábamos cien metros y que desde entonces nos pise los talones.

Sí, ese era el concepto de Emma.

Y el mío es que vamos a morir.

Vamos calle arriba, corriendo todo lo que da de sí este motor moribundo, que no supera los 120 kilómetros por hora, y tratando de dejar atrás a un murciélago de 3 metros de altura.

Vamos a morir

Y será culpa mía por haber hecho caso a esta salvadora neófita, inconsciente y con el instinto suicida que caracteriza a todo maldito héroe.

Vamos a morir, y ni siquiera puedo enfadarme. Esta ha sido una idea estúpida, espantosa y probablemente mortal. Y sin embargo, estás aquí. Conmigo. Tratando de protegerme. Sin asustarte ante nada. Y eso… eso borra de un plumazo mi ira, mis dudas, mi miedo.

Pero no mi mordacidad.

Porque si hoy, por su maldita idea, deja a Henry huérfano de un plumazo, pienso regresar de la muerte sólo para atormentar a su espíritu por toda la eternidad. Y planeo empezar a martirizarla desde ya.

"¿Por qué escogiste el amarillo?" La silueta de la bestia cada vez se acerca más. Ya no parece una mancha lejana en el retrovisor y, aunque corramos, no nos pierde de vista.

"¿Qué?" murmura desconcertada. Me mira antes de devolver la vista a la carretera, con sus ojos fugándose constantemente hacia el Chernabog.

"Tu coche..." insisto como una cretina, desahogándome con ella como si tuviera quince años. Pero alivia… "Llama mucho la atención"

"Me gusta mucho este color… y lo robé" reconoce entre dientes. "¿Escoges justo este momento para criticar mis gustos?"

"Es para no pensar en que puedo convertirme en la merienda de un demonio…" gruño buscando el rastro de ese ser tras nosotras. Puedo escucharlo, pero no encuentro su silueta

"No lo vas a ser" zanja rotunda.

"Me alegra tu seguridad" respondo sin alegría alguna, tratando de provocarla. Su voz me calma, incluso nuestras discusiones lo hacen. Puede parecer estúpido. O quizás infantil. Pero es una rutina, nuestra rutina… y en el fondo reconozco que me divierte. Que me tranquiliza. Y es justo lo que necesito ahora que esa maldita cosa negra de seis metros no aparece ni por los retrovisores ni por nuestras ventanillas.

Pero Emma no puede responderme, no sigue mi discusión, porque el coche casi frena en seco.

Un rugido, el techo de metal del escarabajo se resiente y el coche reduce drásticamente su velocidad. El chernabog está sobre nosotras. Justo encima. Sus tres metros de largo obligan al coche a correr a duras penas, renqueando, y a Emma le cuesta horrores mantener el volante firme. Más aún cuando camina y sus garras se estrellan contra la luna.

No vemos nada. Emma y el coche continúan en marcha por pura cabezonería. Pero la carretera ha desaparecido, sólo vemos y escuchamos a la bestia. Y el escarabajo se sacude de un lado a otro con cada movimiento furioso de esas alas descomunales. Estamos a su merced.

Emma trata de lanzarle lejos con un par de volantazos. Pero resiste y golpea contra el techo, para sostenerse o quizás para atacarnos. Miro ahí donde ha chocado y veo su huella, marcada perfectamente cómo si fuera el paseo de la fama.

"¿Este coche es de hojalata?"

Me ignora y se mantiene firme. "Ya casi hemos llegado" Esta tensa y concentrada, pero a pesar de todo, es como si no estuviera preocupada. Como si la bestia de tres metros que hay sobre nuestras cabezas fuera sólo una molestia. Como si nada pudiera oponerse a ella. Tiene una misión, una que considera justa y correcta, y está convencida de que por tanto seguro que lo logrará.

Solo que esa misión soy yo, es mi vida, y no puedo dejar que dé la suya a cambio.

El siguiente golpe va directo al cristal.

Nos apartamos a tiempo, no llega a golpearnos y los trozos de cristal vuelan lejos de nosotras. Pero ha estado muy cerca. Más de lo que puedo tolerar.

"Es demasiado tarde…" gruño mirando a través del enorme agujero del cristal.

Desde que entendí qué perseguía el Chernabog ni siquiera pensé en mí, en la idea de ser atravesada por su garra, de ver mi corazón fuera del pecho, de ser devorada de un solo bocado. No… Ahora me doy cuenta. Era la ciudad, eran sus habitantes los que me preocupaban, ni siquiera pensé en que era mi vida de la que estábamos hablando, que era yo lo que deseaba esa cosa. Pero ahora es diferente. Ahora sí pienso en ello, porque si viene a por mí, si yo muero aquí, dentro de esta chatarra con ruedas, Emma lo hará conmigo. Y eso no puedo permitirlo. Puede que Henry posea el corazón del auténtico creyente, pero el suyo es el más heroico que he visto. Valiente hasta rozar lo mortal, capaz de luchar hasta las últimas consecuencias.

Cueste lo que cueste.

Pero no si alejo la lucha de ella. Si peleo yo misma, yo sola, esta batalla. Si no le dejo elección, si tan sólo… te digo adiós.

"No pienso dejar que ambas muramos en este ataúd metálico con ruedas" grito furiosa, aunque esa rabia no esconda más que tristeza y una despedida. Trago hondo y me giro apenas un instante para susurrar. "Gracias por intentarlo" Lo digo de corazón y sin embargo suena tan débil, tan exiguo, tan insignificante. Tan falto de todo lo que realmente guardo. Pero agradezco que me falle la voz y el coraje, agradezco que nada más se escape.

Mis palabras son suficiente para hacer reaccionar a la salvadora. Aparta sus ojos de la carretera, del Chernabog y del volante y me mira, gritando por primera vez. Un aspaviento kamikaze, asustado. "¡¿Qué?!"

Busca mis ojos, mostrándose débil, humana, por primera vez, tras esa coraza de héroe, ese instinto temerario que no entiende de peligros. Y soy incapaz de sostenérsela. Si me pierdo en sus ojos, si dejo que me atrape ese dulce gesto de miedo, de preocupación, nos estaré condenando a ambas. Lo sé.

No respondo a su mirada.

Cierro los ojos, porque me fallan las fuerzas, y busco mi magia.

"¡Regina!" chilla mi nombre, angustiada, y eso es lo último que escucho antes de desvanecerme lejos de ella, tratando de apartarla de una muerte segura.

Estoy preparada para hacer frente a lo que haga falta…

Pero yo sola.

En el borde de una ciudad creada de la nada por mi magia. Dispuesta a enfrentar las consecuencias de mi pasado, de mi vida.

Sin embargo, algo va mal.

No hay aleteos ni rugidos.

El Chernabog no ha seguido mi magia, continúa sobre el coche, tratando de atraparme una y otra vez.

Emma conduce en eses, esquivando un zarpazo que debería ir dirigido a mí y yo, impotente, espero a lo lejos. Libre del ataque que intentaba atraer.

¡Estúpida bestia!

"¡Eh! ¡EH!" chillo a pleno pulmón. Sacudo los brazos, salto, grito hasta desgañitarme, impotente e incrédula, y sólo entonces atraigo su atención.

Los ojos brillantes color sangre se clavan en mí y también lo hacen los de Emma. La bestia ha dejado de pelear durante un segundo y menos de 100 metros me separan del escarabajo. Miro a Emma, está bien… Estás bien

Sus ojos también se pierden en los míos, decididos y fríos. Y puedo leer en ellos su intención, su nuevo plan.

Pisa a fondo, acelera hasta que suena ruido de metal. Yo chillo una vez más, asegurándome de que la bestia piensa en mí, únicamente en mí. Que se olvida de Emma, del coche, de todo. Y cuando apenas nos separan 20 metros, Emma aprieta sus labios, me mira y las dos asentimos. Ella pisa el freno, yo me agacho y cubro mi cabeza.

Y todo sucede muy rápido.

El escarabajo se detiene de golpe a cinco metros de mí y la bestia sale propulsada por la inercia. Atravesando el aire sin control, sobrevolando mi cabeza a sólo unos centímetros. Rugiendo como un animal antes de desaparecer como una nube de polvo al atravesar la linde de la ciudad.

Sin magia… adiós bestia.

Me pongo en pie lentamente, casi sin creerlo. Pero el aire huele a magia y muerte y lo que queda del Chernabog desaparece al ritmo que marca el viento.

Lo ha conseguido.

Y sin embargo, permanezco con el corazón en un puño.

Frente a mi está lo que queda del escarabajo. La luna delantera se ha resquebrajado hasta desaparecer, el motor suelta humo y el techo está hundido con una forma completamente aberrante. Y dentro de todo ello, está Emma…

Necesito creer que está bien, que los daños son sólo en ese esperpento que llama coche. Que la bestia no ha podido tocar a la salvadora. Por favor. Creo ver su rostro entre el humo y los trozos de luna, pero no estoy segura. Me busca y cuando no logra ver a través del humo, su puerta se abre, de un empujón.

Y sale apresurada. Y de una pieza.

Sí, está bien…

Me lo repito una y mil veces. Y vuelvo a respirar, descargando mis hombros de un peso inhumano. Dejando escapar una sonrisa enorme, serena, radiante y aliviada… tan aliviada.

Se escapa del coche apresurada, hasta que me ve. Se apoya en la puerta, el resto de su cuerpo sale lentamente y me mira con el mismo alivio inundando sus ojos. Pero deseosa de gritarme un te lo dije. Estoy segura. Y sin embargo, me daría igual. Todo ahora me da igual. Menos ella. Menos esa maldita loca, desquiciada y kamikaze, capaz de arriesgarlo todo. Incluso por una ex reina malvada de corazón oscuro y lengua viperina que no deja de provocarla.

O quizás más aún porque es de esa ex reina de quien se trata…

Aprieto los labios y miro al suelo en cuanto ese pensamiento cruza mi mente. Furiosa conmigo misma, temiendo que pueda leerse en mi rostro, con esa facilidad que Emma parece tener. La salvadora avanza hasta mí, con el pergamino de la Reina de Hielo en sus manos y yo no levanto los ojos hasta que no es inevitable. Hasta que no he borrado de mi cabeza las estupideces y de mi boca la sonrisa boba.

Dos brujas infernales esperan su recompensa al otro lado y yo debo regresar en mí.

"¿Preparada?" pregunta colocándose a mi vera. No respondo porque las palabras me traicionarían. No estoy preparada, en absoluto. No quiero abrir las puertas de Storybrooke a estas dos arpías, no quiero que remuevan los cimientos de mi nueva vida ni que traigan consigo ese apestoso olor a mi pasado y mis remordimientos.

Pero los buenos cumplen su palabra, ¿no?

Evito hablar para que su súper radar anti mentiras no me detecte y toco su brazo, asintiendo, y para ella es suficiente. Retiro mi mano, aunque no hay nada que desee más que dejarla ahí. Apoyándome en ella, empapándome en su seguridad, disfrutando solamente de su calor. Pero no puedo, no es correcto, me freno y me aparto y ella mira hacia ambas mujeres, decidida.

Y sin embargo, no nos movemos. Alguien grita su nombre a nuestra espalda y me doy la vuelta atónita. Snow y David corren hacia nosotras, abrazando a Emma como si fueran mínimamente conscientes de lo que acabamos de enfrentar. Si vienen a ayudar, igual alguien debería avisarles de que llegan con retraso.

"¿Estás bien?" David farfulla sin aliento, y su esposa es incapaz de calmarse o soltar a Emma hasta que esta responde.

"Sí…"

Solo entonces Snow la suelta y parece reparar por fin en mi existencia. "¿Cruella y Úrsula no mentían?"

"Eso parece…" Aunque me duela reconocerlo. Con mi respuesta, para Emma ya está todo dicho. Ellas han cumplido su parte, nos toca a nosotras. Y me tiende el pergamino sin titubear.

"Espera, Emma" ordena Snow, deteniéndonos. "Esto no es una buena idea… que no mientan no significa que sean de confianza…"

Emma mira a su madre y frunce el ceño, extrañada. Yo cierro la boca, prefiero que sea ella quien trate con los Charming, pero comparto la inquietud de la salvadora. Algo aquí huele mal. Y no me refiero al motor cochambroso del escarabajo ni al olor a perra de Cruella.

"Eso no suena a ti, mamá" musita extrañada. "Tú siempre crees en lo mejor de cada persona…"

Reconozco que es agradable encontrar a alguien con las mismas ganas que yo de negarle la ciudadanía a estas dos arpías, pero coincido con Emma. No tiene sentido. Snow y su exagerada bondad crónica nunca le negarían una oportunidad a nadie y menos si eso supusiera romper una promesa como esta. Aunque me duela admitirlo, gracias a ellas el pueblo está a salvo y nosotras aun respiramos.

"No sabemos qué intenciones tienen… podrían intentar redimirse o podrían ser tan malvadas como Gold o Zelena. O incluso peor…"

Snow, ¿es desesperación eso que escucho?

"Quizás… pero nos han ayudado e hicimos un trato" insiste Emma con firmeza.

"No importa, son malvadas"

Me encojo ante esas palabras y esta vez tomo yo la palabra. "Sí, es cierto, son horribles…" susurro, buscando impulso y energía para decir lo que sé que he de responder. "Pero no tanto como lo fui yo" Esa es la verdad, ¿no? Esas dos mujeres juntas no se acercan ni a la suela del tacón de aguja de la Reina Malvada y sus atrocidades. "Y si yo merezco otra oportunidad, también ellas"

Snow me clava una mirada incómoda. No alcanza las cuotas de odio que quedaron atrás hace un par de años, pero advierto como me reprende. Tiene cierto toque a madre decepcionada, como si estuviera desilusionada al no contar con mi ayuda, y trato de explicarme. ¿Desde cuándo soy tan blanda?

"¿Cómo quedarme buscando mi felicidad, y negarle la suya a ellas dos?"

Mis palabras no sirven de nada. Snow retuerce aún más su gesto y David a su lado se tensa. Pero no responden nada. O les hemos dejado sin argumentos para su rabieta… o tienen otros que no pueden pronunciar en voz alta. Quiero insistir, pero Emma no está por la labor. Le puede su pragmatismo y su integridad. ¿Han cumplido su palabra? Pasan. Fin del debate.

"Pienso igual…" secunda Emma "Dejarles que entren"

Una sensación de bilis bulle en mi boca del estómago y mis pulsaciones se encabritan. Hasta que dos ojos claros me buscan con una mirada orgullosa y agradecida. Y lograr que los ojos azules de la salvadora me observen con esa admiración es suficiente para olvidar la bilis, las pulsaciones y los nervios. Me tiende el pergamino, ofreciéndome la última palabra, sabiendo que no la voy a fallar y que este gesto bondadoso, y espero que acertado, me corresponde a mí concluirlo.

Lo sostengo y espero unos segundos antes de tirarlo.

No es que esté esperando a que Snow o David digan algo y me detengan, claro que no… pero me encantaría proclamar: Si alguien tiene algo que decir que lo haga ahora o...

Pero me callo. Respiro hondo y suelto el pergamino con un suave arco. En cuanto atraviesa la línea mágica me quedo congelada y las dos arpías saltan maravilladas. Cruella lo sostiene atónita y en apenas tres segundos está al volante de ese esperpéntico coche, leyendo el hechizo junto a Úrsula.

En cuanto terminan, dejan de estar a ciegas para mirarnos directamente. Para ser más exactos, a mí. Ahora ven lo que les había sido negado… ahora pueden entrar. Y mis miedos no hacen más que crecer. Es real, van a atravesar esa línea. Y yo sólo puedo rezar por que todos mis miedos estén equivocados.

El ruido del motor me arranca de mis ensoñaciones y la limusina hortera camina hasta mi altura. Guardo toda mi dignidad en una sonrisa rígida y, aunque me siento una operadora de peaje, me dirijo a ellas cuando bajan la ventanilla.

"Bienvenidas a Storybrooke"

"Gracias Regina" La sonrisa de Cruella se cuela en mis oídos y chirría hasta mis entrañas, revolviéndolas. "No te arrepentirás"

Henry, Emma, los Charming, Storybrooke… "Más me vale…" No sueno convencida. Ni realmente quiero hacerlo. Están dentro, sí, pero si pretenden conseguir su redención van a tener que acostumbrarse a tener a alguien siempre pegado a sus cogotes de arpías. Pienso encargarme de ello personalmente.

El coche se aleja sin más miramientos, sin ni siquiera preguntar por un lugar donde pasar la noche, y el desmesurado suspiro que suelta Snow agita la copa de un par de árboles. "Lo hicisteis…"

Ese tono de nuevo. Como si la hubiéramos fallado. Como si no estuviésemos actuando al pie de la letra del manual de "Como ser detestablemente bueno, correcto y bondadoso".

Emma derrocha la paciencia que a mí me falta, y se gira hacia ella, calmada. "Mamá, ese fue el trato. Nos han ayudado…"

"Pero son villanas" insiste David.

"Hoy han sido aliadas…" zanja Emma. "Y mientras nada indique lo contrario, formarán parte de esta ciudad. También tienen derecho"

"Yo…" musita Snow. Suena sin fuerzas, pero aun quiere dar guerra. Si continúan así, lograrán que empiece a ver con buenos ojos a Cruella y Úrsula. Están dentro, sí, ¿podemos dejar de hacer ya un mundo de ello y seguir con nuestras vidas? "…Está bien, vosotras habéis decidido. Sólo espero que no tengamos que arrepentirnos"

"Por supuesto que no" celebra Emma contenta y aumenta su sonrisa estirándose entusiasmada y mirándome. Querría apoyarla y compartir su emoción. Pero no soy tan expresiva, y, sinceramente, me cuesta alegrarme por nuestras nuevas ciudadanas. Y aun así lo intento, empujada por esa ilusionada, inocente y casi infantil sonrisa que exhibe Emma. Soy incapaz de no apoyarla, de dejarla sola encabezando el frente: "¡Confiamos en los ex villanos!" Y más al imaginar que su cabezonería tenga parte de su motivación en mí. Que quizás esté apoyándolas porque indirectamente siente que me apoye a mí, que da la cara por esta villana reformada.

Así que sonrío. Pero porque me conmueve, no porque confíe en su seguridad…

Frente a mí, los Charmings se dan por vencidos y hunden los hombros. "¿Queréis que os llevemos…?"

Respondo como un resorte. "No será necesario" Intento no sonar brusca ni desagradecida, pero no, gracias. Meterme ahora en un coche con los Charming, con un silencio incómodo y su cara de decepción mirándome por el retrovisor no es mi gran sueño. Precisamente para evitar eso se inventó la tele transportación, estoy segura.

"Sí, lo tenemos controlado" añade Emma, sumándose al carro sin rodeos. Me giro hacia ella y sé que sus padres también. Yo pensaba tele transportarme, salvadora. ¿Tienes en mente conducir esa tartana humeante?

Y aunque la respuesta de Emma carezca de demasiado sentido, los Charmings están tan derrotados que asienten con la cabeza, medio idos, como si su réplica fuera normal.

"Está bien" musita Snow entrando en el coche mientras David lo pone en marcha. Mira a Emma una última vez y medio sonríe. "Hablamos luego"

"Claro" responde tranquila balanceándose sobre sus pies mientras la camioneta de David da marcha atrás. Guarda sus manos en los bolsillos y se gira hacia mí, deteniendo el movimiento de su cuerpo. "¿Te llevo a alguna parte?"

Elevo una ceja, divertida y atónita. Llévame donde quieras… ¿pero cómo?

"¿Pretendes mover eso?" pregunto divertida, señalando esa máquina de señales de humo.

"Oh, vamos… un poco más de confianza" protesta golpeando un par de veces sobre el capó del coche. A pesar de su naturalidad, el segundo golpe se detiene una milésima de segundo y advierto su magia actuando traviesa. El morro del coche absorbe el humo, como si se tratara de un cigarro, y un segundo después suena igual que si alguien hubiera metido la llave en el contacto. Las abolladuras han desaparecido y el ruido del motor se asemeja al de un cachorrito ronroneando. Cuesta no dejarse impresionar, pero guardo las formas.

Me cruzo de brazos, peleando un poquito más. "¿Es que acaso no he tenido suficiente con el viaje de ida…?"

"Venga… prometo conducir a más de cien esta vez" bromea con mejor humor del que puedo aguantar sin sonreír.

"Vas a necesitar mucha magia para eso, Swan" añado con una risa burlona, tirando de esa puerta medio oxidada y metiéndome en el coche.

Tomo asiento y, a unos centímetros, Emma gira la cara y me mira. "Bueno…. no tenemos prisa, ¿verdad?" Pronuncia con la misma calma que dejan entrever sus palabras, paladea cada una de ellas y quiero creer que son fortuitas. Que no hay nada detrás. Pero al devolverle la mirada, todo cambia. Sus ojos buscan deliciosamente los míos y me rindo a ello. Un escalofrío atraviesa mi espalda y vuelco todas mis fuerzas en no sacudirme de pies a cabeza, en no sonreír ni salirme de mi papel. Aunque se erice hasta la última célula de mi piel, aunque mi estómago gire sobre sí mismo, aunque quiera hundirme en esos ojos verdes que me sonríen. Me mantengo firme y sólo le dedico media sonrisa comedida.

"No, claro que no" Emma sonríe conmigo, sus ojos regresan al frente y los míos a mis manos. Tomo una profunda bocanada de aire pero sin hacer el menor ruido.

Los dedos de la salvadora dejan el volante cuando se estira hacia lo que queda del cristal. "Quizás tenía que haber arreglado también las lunas…" bromea con un chasquido de su lengua y esta vez mi sonrisa es totalmente auténtica.

"Quizás…" admito lanzando fuera un par de esquirlas rebeldes que quedan sobre la guantera. El coche está hecho un verdadero desastre y si no perteneciera a una poderosa y mágica salvadora, iría directamente al desguace. Mire donde mire sólo veo trozos de lo que solía ser un coche entero. Feo pero entero. Un recuerdo viviente de las garras que acaban de machacarnos, de las que casi nos abren en canal un par de veces. Mis tripas vuelven a girar, pero esta vez es el miedo regresando a ellas hasta estrangularlas mientras recuerdo la que casi es nuestra última aventura. Y cómo Emma no dudó en quedarse a mi lado, sin importarle jugarse la vida. Una vez más. "O quizás tendrías que haberte estado quieta" murmuro reprendiéndola sin ser realmente capaz de hacerlo. "Y así tu coche no habría sufrido…" añado con la cabeza apoyada contra el respaldo y girando el rostro hacía ella.

Su sonrisa se borra de un plumazo, pero no suena seria ni ofendida. Únicamente testaruda, firme, convencida. "Dejarte sola no era una opción…" espeta devolviéndome la mirada y cortando mi respiración de raíz. "Ni lo será nunca" zanja.

Y yo quiero responder, darle las gracias como si no pasara nada y yo fuese una persona normal y corriente y no al borde del colapso. Pero no puedo. Estoy paralizada, alterada y fuera de mí. Y no lo será nunca… ¿De verdad no es consciente de lo que dice? ¿Ni siquiera del modo en que lo hace? Con Emma siempre es igual. Y todo se complica si estamos a solas. Y más si hemos estado a punto de morir y nuestros sentidos están abotargados y los nervios a flor de piel. Me supera, como otras tantas veces, pero no entiendo nada y me mantengo en guardia, quieta, sin poder decir nada y sin querer hacerlo para no romper el momento. Porque eso es lo que siempre ocurre al final. Si trato de alargar la mano, de atrapar ese instante, de dejarme llevar y responder… se rompe. Y nada termina siendo lo que parece…

Permanezco impasible, con los labios entreabiertos y la mirada hundida en la de ella. Me dedica una sonrisa suave y risueña y alarga su mano hasta la mía, que permanece rígida e inmóvil sobre mi pierna y que parece volver a la vida cuando ella la toca. "Somos un equipo, ¿no?" susurra apretando mis dedos entre los suyos, casi entrelazándolos.

"Claro…" Trago hondo y le dedico una sonrisa agradecida, pero formal. La última gota de mi resistencia. "¿Qué puede tener de malo formar equipo con una kamikaze?" bromeo devolviéndole el apretón y arrancando sus carcajadas. Río con ella, sin poder contenerme. No son sólo mis palabras, es su risa contagiándome, su mano que no se aparta a pesar de que pasen los segundos, la atmósfera que nos envuelve. Caigo irremediablemente y, aunque querría resistirme, fingir que todo es normal, que nada me afecta, el momento vuelve a vencerme y me dejo llevar.

"Creo que aún no te lo he dicho así que… gracias" musito cuando desaparecen las carcajadas y giro mi rostro totalmente hacia ella, igual que el resto de mí. Un susurro tan suave como el movimiento de mi cuerpo, con el que acorto distancias. "Puede que tengas ciertos instintos suicidas, pero gracias"

Emma tan solo niega con la cabeza, lentamente. "No tienes que dármelas…"

Nuestros brazos se rozan, permaneciendo casi hombro con hombro. Su mano cubre la mía hasta el punto de casi entrelazar nuestros dedos y su calor es irresistible. Su pulgar acaricia errátil el dorso de mi mano y mi pierna. Y no se aparta, ninguna de las dos lo hacemos. No puede ser inconsciente… ¿Verdad?

Humedezco mis labios y sus ojos se desploman hasta mi boca. Un pestañeo después regresan a mis ojos, pero ya es muy tarde. Sus palabras, su mano, su mirada… Acaba de jugarse la vida, por mí. Sin dudar ante el peligro, sin rendirse, sin mirar para otro lado. Ni una sola vez. Tan valiente, tan irresistible. La contemplo sin ocultar mi agradecimiento, mi fascinación, y ella permanece firme, devolviéndome la mirada con la seguridad de la heroína que es. Abro la boca antes de pensar y susurro:

"¿Hay algo con lo que tú no te atrevas?" Algo que no seas capaz de hacer… algo que no seas capaz de decir… algo que, aunque quieras, no seas capaz de enfrentar. Pero estas preguntas no llegan a fugarse de mis labios. Demasiado evidentes incluso para esta conversación, aunque cada segundo de ella sea una obviedad en sí misma.

"Seguro…" musita tan bajito que casi no puedo escucharla. Tan bajito que no quiero escucharla.

"Creo que aún no estoy lista para volver al mundo real…"

Se toma su tiempo y susurra. "¿Qué quieres decir?"

Trago hondo, intentando borrar cualquier rastro ansioso o anhelante. "Acabo de ver pasar mi vida por delante de mis ojos con los gritos de un murciélago mutante de banda sonora… o un hada muy fea, según tu madre" respondo y no recupero mi respiración hasta que ella sonríe ante mi inocente burla. Cojo fuerzas y murmuro con una total y fingida inocencia. "Necesito una copa"

Abre los ojos y se para en seco. Incluso dejo de notar el errático pasear de su pulgar sobre mi mano. "¿Una copa?" repite hundiéndose en su asiento y espero que sea sólo por el agotamiento de la batalla. "¿De dónde sacas esa energía?"

De que necesito aprovechar cada segundo contigo… "Será la adrenalina, supongo" Una broma con inocencia y mentira a partes iguales. "¿Me acompañas?" propongo con mi mejor pose de persona casual y desinteresada. Qué demonios. De amiga sin intenciones, sin mariposas en el estómago, sin la piel ardiendo allí donde me toca, sin la boca seca y las pulsaciones desatadas.

"Yo…" tartamudea y se resquebraja frente a mí. Un sudor frío que no me es desconocido comienza a deslizarse por mi espalda y aunque mantengo el tipo no es sólo Emma la que se resquebraja. La atmosfera, ese sutil y constante acercamiento, ese tono de voz que dice más que las palabras… Todo desaparece. Poco a poco. Y sin embargo yo caigo a toda velocidad dispuesta a estamparme una vez más contra la cruda realidad. Sin paracaídas, sin frenos. Pero lo intento, y lo hago hasta el final, como siempre que soy tan imbécil de dejarme llevar.

"No hace falta recurrir a los chupitos de veneno de la abuelita" propongo con toda la naturalidad y despreocupación que no siento. "¿Un vaso de sidra casera?" Una pregunta que no es más que una súplica disfrazada, un reclamo, un ruego a los cielos porque el momento no se acabe. No tenemos prisa, tú misma lo dijiste, imploro para mis adentros.

Pero Emma no sonríe, no se mueve, ¿respira acaso? Sólo vuelve a tartamudear. "¿En la mansión?" pregunta pestañeando un par de veces, mirándome igual que si estuviese conduciéndola a una trampa. Y de repente es así como me siento. Fuera de lugar, equivocada… incluso un tanto desleal. Estoy tan segura como siempre. O lo estaba. Las señales… Emma, están ahí, ¿verdad? Y sin embargo de repente es como si estuviera frente a dos personas diferentes.

"¿Te apetece?" pregunto encogiéndome de hombros, rozando su brazo con el mío con el movimiento. Eso parece despertarla y ser consciente de los escasos centímetros que nos separan. Ella retrocede y yo, aun así, continúo en mis trece. Patética, desesperada, negándome a asumir que ese momento ha vuelto a desaparecer, como siempre. Que me ha salvado la vida, que mi heroína personal ha vuelto a interponerse entre la muerte y yo… Tan temeraria, tan valiente, tan protectora. Pero que no puedo agradecérselo como muero por hacer. "Es lo mínimo por salvarme la vida"

"Yo…" responde con torpeza y espero el golpe inevitable. Ni siquiera me mira al hablar, sus pies resultan más interesantes, aparta su mano hasta recogerla en su regazo y su barbilla casi toca su pecho. Y quiero gritar, detenerla y suplicar que no lo diga, pero no puedo. No tengo derecho. He hecho todo lo posible… es su decisión y todo queda en sus manos. Yo quedo en sus manos. "Acordé con Hook reunirnos cuando todo acabara… estará esperándome"

Directo al estómago.

Un golpe que me devuelve a la cruda realidad sin medias tintas ni anestesia. Ahora sé que sintió esa bestia al ser lanzado contra la barrera de la ciudad, atravesando el aire sin control, convirtiéndose en polvo. Sólo que mi piel, mis huesos y mi cuerpo permanecen intactos, aunque por dentro me sienta agonizar.

Él… siempre él. Aunque me duela y me parta en dos, ni siquiera puedo odiarle. No sé si él es una excusa, si lo soy yo… si me equivoco en todo, y te malinterpreto… Si veo lo que quiero ver, o si pierdo cuando intento ganar porque vuelvo todo demasiado real para ti. Si puedes jugar cuando la partida no tiene consecuencias, cuando se mantiene en un nivel latente, controlado. Pero te rindes en cuanto la realidad se vuelve tangible y has de hacerle frente.

Sí… puede que me equivoque. Igual que lo hago cada vez que me expongo a ti.

Pero, no, estoy segura.

Casi casi segura.

Te miro de soslayo, aún eres incapaz de devolverme la mirada.

Toda tu aura de heroína, todo ese poder que desprendes, esa fuerza innata, esa valentía que roza lo suicida, ese halo casi divino de guerrera justa, consagrada a los demás, invencible, osada, se evapora… Y te vuelves humana frente a mí. Una imagen tan terrenal y desoladora, y que vuelve a ser culpa mía. Por esperar de ti, por exigirte, como hacen otros tantos, que seas siempre esa imbatible paladina capaz de todo. Sin asumir nunca que en este mundo, en nuestro mundo, ni los villanos somos tan villanos… ni los héroes tan heroicos.

Sólo simples humanos.

Recojo mis trozos, desperdigados por el suelo en el que me he estrellado yo sola, saltando desde un acantilado, otra vez, esperando que el resultado fuera diferente al de los otros trescientos saltos. Y trato de hablar sin recuperar del todo mi ánimo.

"Claro…" musito retrocediendo hasta mi lugar, hasta mi asiento. Rompiendo esa cercanía estúpida y dolorosa, el último vestigio que queda de este fugaz momento que quizás en realidad nunca existió. Y no importa que me falle la voz al responder, porque no eleva sus ojos del suelo ni se gira hacia mí. Querría tirar de su cuerpo, preguntar dónde quedó el "no tenemos prisa", agarrar su mano como hacía ella un segundo atrás y recuperar ese instante. Pero no, Emma no lo permitiría. Ese irresistible "no tenemos prisa" ha dado paso a un "he quedado con Hook", y no hay nada más que añadir.

El silencio comienza a taladrar mis oídos y solo quiero desaparecer de aquí de una maldita vez. Teletransportarme de repente sería demasiado difícil de explicar, pero si no arrancamos de una maldita vez puede que mi orgullo herido, mi corazón renqueante y yo nos disolvamos en una patética nube de humo violeta.

"Deberíamos ponernos en marcha" sugiero con más dureza de la que pretendía, pero no me queda tacto ni suavidad y ser dura es la forma más sencilla de no venirme abajo.

"Tienes razón" Es cuanto responde antes de devolverme por fin la mirada. Dudosa, frágil, tan indigna en una heroína. Pero guarda las formas, las apariencias y no sé si es la culpabilidad o los nervios lo que la impulsa a seguir hablando, casi con verborrea. "¿Quieres venir con nosotros a Grannys?" pregunta de carrerilla, poniendo en marcha el escarabajo. "Sus chupitos de veneno no están tan mal" intenta bromear.

Lo que me faltaba. Tú, yo y él. Mi estupidez tiene un límite aunque no siempre lo parezca. "No, gracias" respondo mirando por la ventanilla. Noto sus ojos sobre mí, pero no tengo ganas ni de exigirle que mire a la carretera. "Prefiero descansar" Mi respuesta carece de sentido, cuando hace cinco segundos suplicaba por compartir una sidra con ella. Pero me da igual. No tiene que tenerlo. No es más que una excusa. Ni siquiera me importa que su mirada me reclame insistentemente. ¿Quieres ir con él? Bien, yo quiero desaparecer. Concédemelo.

Es lo mínimo que merezco.

Porque puede que me equivoque, que todo esté en mi cabeza. Pero juraría que he respondido a mi propia pregunta. No importa que siempre esté ahí, pendiente de mí, que a su lado me sienta importante o heroica, que su mano se fugue en caricias inesperadas, que sus ojos busquen mis labios, que por un momento parezca tan perdida como yo... Importan sus palabras, sus decisiones. Importa que, al final, le escoge a él.

¿Hay algo a lo que Emma no pueda enfrentarse? Sí, sin lugar a dudas…

Y en momentos así pierdo la fe, las ganas, el ánimo… la esperanza. La esperanza, no de no encontrar jamás al autor, sino de que cuando lo hagamos, ni siquiera él sea capaz de arreglar esto. La parte que no cuentan los cuentos de hadas, el capítulo olvidado del libro de Henry: Cuando los héroes dejan de ser héroes, para convertirse en humanos.

Porque este parece siempre el auténtico final. Y no es para nada feliz…

FIN