¡Nuevo FF! Y antes de nada… ahí van mis pequeños y condensados disclamers…
Servidora, me alegro de que te haya gustado el nuevo OS! :) Y tendré en cuenta lo del bebé porque me lo habéis comentado unas cuantas como Kykyo-chan y 15marday :P Por cierto, todas coincidimos en que, si tienen un baby, será nena, verdad? :P
Por otro lado, aunque no tengas cuenta por aquí, a mí puedes encontrarme casi por cualquier red social, así que si quieres, escríbeme por ahí y hablamos! :) Ah, y la comparativa con el Rubius, xaxi :P La de Beliebers no, OMG... Pero perdona si te has sentido atacada, no creo que nadie pretendiera eso! Supongo que sólo querían dar su opinión sobre ti, igual que tú la habías dado previamente sobre mí. Aunque supongo que el hecho de que tú fueras una, pero te hayan contestado varias, puede agobiar...
Y tenemos nueva troll... No te equivoques Mara, decir de dónde eres supuestamente o tu edad no hace tus comentarios más reales... Lo haría que, si es verdad que eres autora y por tanto tienes que tener cuenta, firmes tus opiniones con ese usuario.
Si no para mí no es que no seas real (cualquier RW para mí lo es, sea o no guest), sino que eres simplemente una cobarde.
Y citándote textualmente: "PD: con la tontería de los "trolls" (como tú nos llamas) te estamos hinchando el fic de Reviews eh? No tendrías queja."
Sí, claro que me quejo, porque es triste que le pongáis más ganas a tocar los huevos o criticar que a apoyar a los escritores.
Estoy segura de que no habías dejado tantos rw nunca en un fic, y sin embargo, aquí estás, gastando fuerzas, haciéndolo por fin... y sólo para criticar o insultar a alguien a quién no conoces.
Es muy triste.
Por cierto, mil gracias a todas las que estáis ahí, pero por favor, pasad de Mara. No merece la pena y no quiero que acuse a nadie de hacerle bulliyng, ni a mí de "lanzar a mis hordas de fans" contra ella. Tampoco se merece más atención que esta.
Dicho esto, ya has dado tu opinión (o tus insultos), así que si te repatea que tus RW estén ahí "sumando para mí porque según tú es lo único que me interesa", dímelo en un tercer RW y borro los tres, no te agobies. Mientras, no lo haré porque no quiero censurar.
Por mi parte, y más con tus formas, no te responderé más porque no sé si estás rabiosa o sólo quieres tus quince minutos de gloria, pero no tengo interés en seguir dándote alas. Ni a ti ni a ninguna otra "persona" similar.
Al resto… ¡qué puedo decir! ^^ Que mil gracias por tanto apoyo y por los comentarios! :))) Me alegra que os haya gustado el nombre de la bebota… incluso aunque se parezca al de cierto personaje que los xenites recordamos pero bien XD Spoiler, no el bebé no iba a ser una psicópata asesina esta vez :P
GreenApple86 no me digas eso! :P Jajajajajaja no tengas la espinita clavada por el capi anterior, jo… Es que alguna vez tenían que tocar FF angst… pero prometo que serán los menos!
Dicho esto, espero que os guste este nuevo oneshot, que es mi propia visión sobre la visión, valga la redundancia! Por si alguien ha dejado a estas alturas la serie (no te culpo) OS PONGO EN CONTEXTO: Emma está teniendo visiones en las que ella lucha sola con un encapuchado misterioso de identidad desconocida y acaba perdiendo y muriendo.
A leer ¡y a ver qué os parece! ^^
ECO
El arco que dibuja la espada es casi anti natural. La muñeca de Emma ha girado en el último segundo y el molinete de su arma dirige el filo directo al cuello del encapuchado.
Un movimiento inesperado. Lo suficiente tenaz como para zarandear al desconocido y obligarle a elevar sus manos sin cuidado, la única forma de contener el golpe con su propia espada.
Y cuando sus brazos se mueven, desesperados, la capucha al fin se aparta, apenas un par de centímetros.
Los suficientes para que la lánguida luz de la noche alumbre sus rasgos.
Ella.
Emma baja su espada con espanto y retrocede dos metros, como si la sola presencia de esa mujer quemara.
Una tétrica carcajada. "¿Sorprendida, Salvadora?"
"No" Pero quiere decir sí, aunque guarde las formas. Sus ojos se escapan sobre su hombro, mira a su espalda, donde permanece su familia. Y, por sus caras, es consciente de que ellos también han llegado a ver esa cara. Ese rostro tan familiar. Ese que se repite entre ellos con gesto atormentado.
"Oh, venga…" masculla la Reina Malvada, girando su propia espada en el aire. "¿A qué tanta conmoción?" pregunta apuntándoles con la punta de su arma.
"¿A qué tanto misterio?" le devuelve la pregunta cabeceando hacia su disfraz.
"No quería arriesgarme a que tus malditas visiones estropeasen la sorpresa antes de tiempo… Vieras lo que vieses esta era la mejor forma de que… bueno, no me vieras a mí" ríe sin humor. "Pero ya sabíais que sería yo… tú siempre lo supiste, ¿verdad, salvadora? Que Regina sería tu verdugo…"
"Regina no, ¡tú!"
"¿Y qué soy yo sino ella?"
"Puede que os parezcáis y que una vez compartierais cuerpo… Pero tú eres un monstruo, ella no"
"Entonces cuando te mate, ¿crees que ella no se sentirá culpable?"
Emma se cuadra, sosteniendo su espada tal y como ha entrenado durante semanas. "Eso no ocurrirá, hemos cambiado el futuro"
Y es cierto. Han logrado transformarlo.
Su familia está allí. Todos. Incluida Regina.
Su sola presencia planta cara a la profecía. El primer cambio de un final que no va a llegar a suceder, se repite una y otra vez Emma. Cueste lo que cueste.
"Ya veo… ¿Pero crees que habrá sido suficiente?" cuestiona girando alrededor de Emma, que rota siguiendo sus movimientos.
"Lo sé" ladra lanzando el primer golpe. Nada de defenderse, como en la profecía. Sólo piensa en atacar, en ganar. Su espada corta el aire sin piedad, directa al cuerpo de la Reina Malvada, una, dos y hasta tres veces. Y la Reina Malvada se ve obligada a retroceder sobre sus pasos para frenarla sin respiro.
Con cada golpe, cada movimiento que intercambian, los dedos de Regina aprietan sin cuidado el hombro de Henry y la mano de Snow se cierra en torno al brazo de la alcaldesa. David y Hook permanecen a ambos lados de ellos, inmóviles, con las mandíbulas apretadas hasta doler y siguiendo cada movimiento con una impotencia que les destroza por dentro.
Pero todo va bien. Emma gana.
Sus golpes son cada vez más certeros, está reduciendo a la Reina malvada. Su último giro desvía su espada y deja el flanco de la Reina desprotegido. Dirige su filo hacia ella descargando toda su rabia y obliga a la villana a caer de rodillas para protegerse con un movimiento desesperado. Frena la estocada de Emma pero queda a su merced y la salvadora lo sabe. Dirige su espada contra ella aprovechando la ventaja de su altura, pero un brillo distrae su atención apenas un segundo.
Una daga.
Pequeña, afilada y sobre la mano de la Reina Malvada.
Esquiva el ataque, pero no es lo bastante rápida y la daga secciona su pantalón y rasga su piel. Lo suficiente profundo para hacerla sangrar y chillar, pero no para detenerla. Retrocede con un gemido de dolor y la Reina se incorpora de un salto y una sonrisa retorcida.
"¿Demasiado duro para ti, princesita?" espeta recuperando su posición. "Ríndete y terminemos con esto. Termina con esa agonía que llamas vida..."
"Jamás" ladra entre dientes y se abalanza una vez más contra ella. Sus golpes continúan combinando fuerza y agilidad, pero el dolor de su pierna entorpece sus movimientos. Trata de disimularlo, pero la Reina ataca cada vez más rápido y cada vez más veces contra ese flanco.
La pelea que dos segundos antes estaba tan a su favor empieza a igualarse. Sus ataques se combinan peligrosamente con cada vez más respuestas defensivas y la Reina gana terreno y recorta distancias. Pelean casi cuerpo a cuerpo, obligando a Emma a pensar más rápido, pegar más fuerte, sin tiempo para considerar su siguiente movimiento. Sólo puede resistir, esquivar y tratar de golpearla.
Su espada se detiene en el aire, frenando el ataque de la Reina. Detienen la contienda, apenas dos segundos, midiéndose cara a cara, intentando doblegarse a base de fuerza. Hasta que la reina sonríe y la voz de Regina corta el silencio de la noche.
"¡La daga!"
Pero es tarde.
La pequeña arma brilla un instante entre ellas y se clava en el hombro derecho de Emma. Un grito de dolor y su pierna contrataca con una patada en pleno estómago de la reina. Un acto reflejo que evita la estocada final y envía a la reina contra el asfalto.
Pero ella se repone en seguida, sacudiendo su capa. Emma, sin embargo, no.
Agarra su hombro, con un chillido contenido, sus padres gritan su nombre a su espalda y el mango de su espada brilla con el rojo de su sangre. Pero se gira y grita:
"¡No, esperad!"
Una orden que detiene a los cinco allí, a metros de ella, de esa pelea que cada vez se tiñe de un color más oscuro. Pero Emma no piensa dejarles intervenir. La profecía es clara. La única forma de matar a la Reina, a la villana de esta historia, es a manos de la heroína… o con la muerte de la propia Regina, algo que no piensa consentir.
Así que luchará.
Y nadie más puede intervenir.
Esas son las reglas.
"La Reina es mía" ruge y baila su espada una vez más. Como si no estuviera sangrando, su pierna no enviara espasmos de dolor y su hombro no comenzara a dormirse. Puede hacerlo. Tiene que hacerlo.
"Creo que es más bien al revés, salvadora… ¡Tú estás a mi merced!" grita antes de abalanzarse una vez más. Gana fuerza, confianza, terreno en cada golpe y Emma va perdiéndolos a la misma velocidad.
Los dedos de Regina, casi blancos, se cierran de impotencia alrededor del brazo de su hijo y su garganta se niega a tragar. Ni siquiera respira. No hasta que sacuden su cuerpo como el de un muñeco sin voluntad y retuercen su brazo hasta nublar su vista del dolor.
Hook, tras ella, retiene sus brazos contra su espalda amenazando con dislocarlos si se resiste y eleva su garfio hasta colocar la punta en la yugular de Regina. Henry se gira al notar la ausencia de su madre y grita, deteniendo hasta la batalla que sucede ante sus ojos.
"¡Mamá!
"¿Qué coño haces…?" gime Regina contra la punta de metal.
"No dejaré que hagas daño a Emma…"
"No es su culpa... ¡Es de la reina!" protesta Henry amenazando con andar hacia ellos.
"Detente" exige Hook estirando su brazo y amenazando con clavarse aún más en la piel de la alcaldesa si se acerca. "Emma no va a morir, no si yo puedo evitarlo"
"Hook, ¡no así!" brama la salvadora, girando para poder encarar a su familia sin perder de vista a la reina.
"Esto se pone interesante…" canturrea ésta, girando su espada en el aire. "Parece que la salvadora no puede hacerse cargo de sus propios problemas"
"Puedo y lo haré…" ladra clavando sus ojos en ella. "Killian, suéltala" chilla sin obtener respuesta. "¡Suéltala!"
"¡No, Emma! Su vida no vale más que la tuya, ¡no vale nada!… No te perderé por este monstruo"
"¡Es mi madre!"
"¡Killian, no pue…!" La voz de Emma se pierde cuando la espada de la Reina corta el aire y la obliga a pelear.
"Estoy cansada de tonterías" espera encadenando una serie de golpes sin piedad. Emma responde con la velocidad que su hombro le permite, empleando hasta la última gota de su fuerza, dejando que la adrenalina esconda el dolor y le permita aguantar los salvajes envites de la soberana.
El último de los golpes roza su brazo herido y le deja una segunda herida, superficial pero igual de fea que la de la pierna.
"¿Cuánto crees que puedes aguantar?" canturrea encantada.
"Hasta que mueras" ladra arremetiendo contra ella con un grito de pura rabia. Logra encajarle dos golpes rápidos que la reina frena milagrosamente, pero se expone y el tercero lo encaja ella. La empuñadura de la reina choca contra su estómago, obligándola a retroceder y dar las gracias por que no fuera el filo de la espada.
"¡La está matando!" espeta Hook, tirando inconscientemente de los brazos de Regina, que gime de dolor y se reclina hacia él, intentando aplacar el daño de sus brazos retorcidos.
"¡Killian!" lloriquea Snow superada por la angustia, sin poder apartar los ojos de su hija y de la alcaldesa. El chillido es suficiente para atraer la atención de Emma. Aparta los ojos de la reina un segundo. Quizás menos, pero es suficiente.
Mira a Regina morder sus labios para no gritar. El garfio de Hook apretando su piel, al límite de rasgarla. Y quiere bramar que se detenga, pero un golpe seco contra su nuca se lo impide.
Cae de rodillas, mareada, con sus ojos luchando por no cerrarse, su espada en el suelo, a metros de ella.
Y la sombra de la Reina irguiéndose frente a ella en todo su esplendor.
Disfrutando del momento.
Y dejando caer su espada con un grito demente de victoria.
Emma rueda en el último segundo y esquiva el golpe. La espada se estrella contra el asfalto y la reina grita de frustración. Pero la salvadora no logra ir muy lejos. Quiere levantarse, pero su cuerpo apenas responde. Busca su espada, pero su vista aún está nublada por el golpe en la cabeza y por ahora sólo puede moverse cuando una vez más el acero de la reina sobrevuela su cuerpo.
"¡Eres un puto cobarde!" chilla Regina.
"¡¿QUÉ?!" espeta Hook, dejando de prestar atención a la batalla de la salvadora.
"¿Vas a hacerlo? ¡No te atreverás!"
"¡Tú, maldita furcia…!" grita fuera de sí.
"¡Eres un puto cobarde, un simple pirata de…!"
Jamás termina la frase.
La Reina Malvada eleva su espada. Emma se cubre con los brazos, encogida, atrapada. Y el garfio de Hook se eleva en el aire para clavarse en el pecho de Regina. Hasta el fondo.
La espada de la reina cae al suelo. Se lleva las manos al pecho y sus ojos se cierran antes siquiera de derrumbarse contra el asfalto.
"¡NO, MAMÁ!"
El chillido de Henry obliga a Emma a apartar los brazos. Todo está bien, no siente dolor, no hay ninguna espada clavada en su cuerpo.
Pero, ¿entonces…?
Se gira hacia su familia, hacia el grito, hacia su hijo.
Y el cuerpo de Regina cae de entre los brazos de Hook. Contra el asfalto, con los ojos cerrados.
"¡NO!"
"Regina…" Un susurro cálido, acogedor… familiar.
Un ojo marrón se abre, perezoso. Y se vuelve a cerrar con dolor. Incluso a través de los párpados puede sentirla. Una luz radiante, demasiado nívea, que nada tiene que ver con la luz de la luna.
No entiende nada.
"Regina…"
La voz repite su nombre y repite su dulce entonación. Pero cuesta abrir los ojos. Todo cuesta. Incluso mover su mano para tapar su rostro y evitar que sus córneas se derritan si intenta volver a mirar.
Y sin embargo está de pie.
¿Qué hace de pie?
De hecho… ¿Dónde demonios está?
"Bienvenida…" Esa misma voz, otra vez. Es suave, atenta… y definitivamente masculina. Además se toma la libertad de bromear. "Al principio puede ser un poco molesta, pero te acostumbrarás. Sólo pestañea un par de veces" propone.
No termina de convencerle pero lo intenta. Pestañea una vez, y la luz blanca se cuela entre sus pestañas. La segunda vez casi no molesta, y con una tercera ya es capaz de mirar y enfocar.
Y una sonrisa es lo primero que sus ojos logran distinguir.
"¿Ro… Robin?"
"Hola Regina"
"¿Robin?" repite atónita.
Sonríe aún más. "Sí… Soy yo, en carne y hueso" Tuerce el gesto, divertido. "…Más o menos"
"Esto no es posible…"
"Me encantaría darte la razón…"
"Tú no puedes estar aquí…" musita mirando a todos lados, preguntándose si es la única que no entiende nada. Pero allí no hay nadie más. Ella… ella estaba en la calle. De noche, no bajo toda esta luz blanquecina fluorescente. Y a su lado… a su lado estaba su familia, la Reina malvada, Hook… Pero ya no hay nadie.
Sólo Robin.
Traga hondo e intenta tomar aire.
"¿Dónde estoy?" musita y se contradice rápidamente. "Quiero decir, ¿dónde estamos?"
"¿Qué recuerdas?"
"Yo…" respira y responde con entereza. "Todo" Y con eso, la respuesta de Hood está de más. "Estoy muerta… Y aquí arriba han pensado en ti para recibirme, ¿no?"
Él gira su rostro, dócil y con una sonrisa dulce. "¿Te molesta la elección?"
"No, claro que no" musita devolviéndole la sonrisa y caminando a pasos cortos hasta él. Cuando les separan unos pocos centímetros se deja caer contra su cuerpo y Hood la envuelve con sus brazos. Como si esos últimos meses separados jamás hubieran sucedido.
Quiere quedarse ahí, con los ojos cerrados, para siempre.
Pero no por Hood, no por ese lugar que grita "Cielo" en cada uno de sus blanquecinos rincones.
No, quiere quedarse ahí porque algo en su interior se rompe en mil pedazos y acuchilla sus entrañas y sostenerse contra Hood es más fácil que abrir los ojos y afrontar lo ocurrido. Ha muerto. Ha salvado a Emma, la Reina malvada ha desaparecido, Storybrooke está a salvo. Pero ella ha sido el precio a pagar.
No se arrepiente.
Jamás podría.
Es una tortura placentera.
Pero no puede evitar que duela. Que le destroce por dentro. Que le entren ganas de despedazar a golpes todo ese maldito decorado de nubes y lucecitas angelicales.
Morir es mucho más sencillo que afrontar la muerte.
"Ey, preciosa…" musita dejando un beso sobre su pelo. Pero Regina no dice nada, no hace nada, no siente nada. Puede que haya muerto físicamente, pero es ahora cuando siente que está muriendo de verdad. "Regina… Regina, escucha…" insiste sosteniendo su rostro hasta que se separa de su pecho y los ojos marrones se elevan hasta los suyo. "¿Estás bien?"
Lame sus labios, contiene las lágrimas y musita: "¿Lo estabas tú cuando moriste…?"
"No, supongo que no…"
No, supongo…, repite para sí.
Quiere sonreír. Robin está ahí, ¿no? Ese es su final feliz, ¿verdad? Ha tenido que morir para conseguirlo pero… ey, ding dong, la bruja tiene su "Y comieron perdices"… ¿no?
Entonces… ¿por qué su sonrisa continúa sin aparecer y siente –irónicamente- que quiere morirse?
Si esto es el cielo, si tiene que vivir toda su eternidad con este dolor, con esta conciencia, con la sensación de que todo su ser sigue en otra parte, agarrado con uñas y dientes, suplicando por no avanzar hacia el paraíso celestial… Su cielo va a parecerse demasiado a un infierno eterno…
Pero Robin sigue ahí, frente a ella, reclamando quién sabe qué con su mirada y ella trata de recomponerse. Será una muerta digna.
O lo intentará al menos.
"Así que… ¿este es el aspecto que tiene el cielo?"
"Más o menos…"
"¿A qué te refieres?"
"Este lugar se considera más bien una… recepción"
"¿Recepción?"
"Sí… una especie de limbo. Como la puerta de entrada que conecta ambos mundos"
"¿Dónde las almas van al cielo o al infierno según cómo sean juzgadas?"
"Supongo"
"Así que es eso…" musita.
"¿El qué?"
"Mi alma… Estos últimos años no han compensado todo lo que hice como reina malvada, ¿verdad? Sigo en la cuerda floja y quizás no se abran las puertas del cielo para mí"
Robin contrae su gesto, confuso. "¿Qué?" pregunta negando con la cabeza. "¡Claro que no! Tu lugar es el cielo" Dos cejas, oscuras, perfiladas y sorprendidas, se alzan atónitas y Robin continúa hablando. "Con todo lo que has luchado estos años seguramente habría bastado… Pero sólo con tu sacrificio es más que suficiente para que cualquier alma se gane el cielo"
"¿Sacrificio…?"
"Tu… muerte, Regina" aclara incómodo.
"Robin, creo que te equivocas. No he hecho nada, ha sido ese maldito pirata quien…"
"Aquí arriba conocen bien todos los detalles, Regina. Incluso yo los conozco…" musita con una sonrisa dulce y comprensiva. "Con o sin la reina en tu interior, eres más poderosa que nadie. Si hubieras querido detener a Hook te habría bastado con pestañear, pero no lo hiciste… Ellos lo saben" añade señalando con sus dedos hacia el techo, que no es más que un cúmulo de niebla indefinida sobrevolando sus cabezas en las alturas.
A Regina le falta el aliento, las fuerzas para devolverle la mirada. "Yo…"
"Dejaste que te retuviera contra él, le provocaste, ni siquiera intentaste huir ni empujarle. No le gritaste que te soltara. Querías salvar a Emma y permitiste a Hook seguir adelante con su plan, ¿verdad?"
"Era lo correcto…" gime apretando sus labios con la más húmeda y rota de las sonrisas. Hood no lo soporta más y vuelve a abalanzarse sobre ella para abrazarla hasta que siente las lágrimas de Regina contra su hombro.
"Sólo una heroína como tú habría aceptado ese sacrificio" musita con orgullo besando su cabello. Y Regina se siente tan ruin, que por un momento deja de llorar. Pero no le desmiente. Sólo piensa una y otra vez en que ahora ésta es su vida. O su muerte. Y al menos le espera el cielo. Y Hood. Como Campanilla le prometió. "¿Mejor?" pregunta contra su oído y la cabecita morena asiente.
Aunque al separarse aún queden rastro de sus lágrimas. Aunque los ojos miel brillen y sus labios tiemblen.
Respira con fuerza y traga su dolor, intentando esconderlo, mitigarlo. Y no funciona. Pero Hood parece sonreír, algo más aliviado, y para Regina es suficiente.
"Me alegra saber que el cielo es algo mejor que esto…" musita girando sobre sus talones, mirando la enorme y blanquecina nada que les rodea. "Habría sido un poco decepcionante…"
"No, el cielo… El cielo es realmente el paraíso…" suspira contento.
"¿Es tal y como lo imagino?"
"Mejor"
"¿Sí?" musita.
"Todo lo que nunca has podido soñar"
"¿Pero cómo puede ser un paraíso si… si dejo atrás mi vida?"
"Cuando atraviesas esas puertas, el sufrimiento queda atrás"
Las tripas se le retuercen y su boca sabe a bilis ante la idea que toma forma en su cabeza. "¿Quieres decir que no tendré recuerdos?"
"Sólo los buenos…" intenta explicarse. "No olvidas a nadie, todos están contigo, pero…"
"Pero no les echas de menos" zanja ella.
"Simplemente sabes que están bien, que algún día se reunirán contigo… casi como si fuera a ser ya mismo"
"¿Eso has sentido tú todos estos meses?"
"Sí…" sonríe él, sintiendo que la tranquiliza. "Hasta ahora no era consciente de nuestra separación, yo sólo esperaba, feliz"
Pero a Regina eso no le suena a felicidad. No le suena a paraíso ni a eterno descanso. Quiere y ama todo lo que ha dejado atrás. Es lo que le ha dado fuerzas cuando no las tenía, es lo que la ha convertido en lo que es hoy. Es lo que le ha abierto las puertas al cielo. Y no quiere olvidarlo. Ni siquiera para dejar de sufrir. No está preparada. No. Henry no puede ser un mero recuerdo borroso. Su familia… Emma.
No.
No quiere una lobotomía celestial.
Quiere… Quiere estar viva, lloriquea para sí.
Pero eso se ha acabado.
Y ahora le espera una felicidad eterna.
Una que suena a condena.
"Regina…"
Se cuadra al oír su nombre, pero carraspea, le devuelve la mirada y procura hablar con una serenidad que roza lo convincente. "Estoy preparada"
"Regina" Su nombre vuelve a resonar por la vacía habitación. Pero esta vez no es Hood quien lo ha dicho.
"¿Qué ha sido eso?" pregunta mirando a ambos lados.
"¿El qué?"
"¿No lo has oído? Alguien ha pronunciado mi nombre… en un susurro"
Robin suspira, apartando un mechón oscuro del rostro de Regina. "¿Quieres decir además de mí?"
"Sí, justo después de ti… ¿Lo has escuchado?"
"No…" musita, pero pestañea con calma y respira con fuerza.
"¿No?" inquiere Regina. "¿Qué ocurre, Robin?"
"Es algo que…"
"Regina…"
"¡Otra vez, esa voz!" grita sobresaltada. Ha sonado más alto, más nítido. "Es imposible que no hayas escuchado eso"
"No, no lo he hecho…" suspira dando un paso atrás.
"Robin…" inquiere cada vez más nerviosa.
"Regina, el cielo te espera… pero quizás tú a él no"
"¿Qué quieres decir?" Pero Hood no dice nada y Regina agarra su camisa, con un tirón. "Robin, ¿qué está pasando?"
"Lo supe cuando me trajeron hasta aquí…"
"¿Qué supiste?" insiste sin soltarle. "¡Robin!"
"Regina…"
"¡Regina!"
Las dos voces se solapan y el susurro de Robin desaparece bajo ese grito.
"¡Basta!" chilla Regina cerrando los ojos. Cuando todo queda en silencio levanta su mano hacia ninguna parte, nerviosa "¿Qué ha sido eso? ¡Y no me digas que no lo has escuchado!"
"Es que no lo he hecho, Regina… No he oído nada"
"¡Robin!"
"No es a mí a quien llaman… ¡por eso no he oído nada!"
Gira sobre sí misma, nerviosa, abre la boca, pero no encuentra las palabras y termina por preguntar dudosa: "¿De qué estás hablando?"
"Que está en tu mano…" es todo lo que tiene que decir, dejando caer los hombros y su ánimo.
"¿En mi mano?" repite. "¿El qué?"
"¿Qué se hace cuando dicen tu nombre?" sonríe sin alegría. "Escoges a quién contestar"
"Robin… basta" Un lloriqueo rabioso, impotente. No entiende nada y siente que Hood tampoco piensa ayudarla a aclarar nada. "¿Qué quieres decir? ¡¿Que está sucediendo?!"
"Tu final feliz, Regina… No sé si es por tu sacrificio o… bueno"
"¡¿Qué?!" Las respuestas sólo desencadenan en más preguntas y todo queda a medias en esta conversación tan inútil. Y si no golpea a Hood es porque no quiere jugarse su entrada al cielo.
"Da igual…" insiste él dejando en el aire su última respuesta y moviendo su mano, restando importancia. "Es sólo que todo se reduce a eso… a tu final feliz, a que puedes elegir"
"¿A qué te refieres?" murmura y su rostro se descompone, sin entender nada. "Tú eres mi final feliz"
"Jamás pensé que escuchar esas palabras pudiera doler tanto…" Los ojos de Hood se cierran durante tres segundos y su sonrisa es lo más triste que Regina ha contemplado nunca. "¿Lo soy? ¿Estás segura?" inquiere sosteniendo las manos de Regina con adoración, aunque su voz suene como un hilo, sin fuerza, sin ganas.
"Claro que sí…" responde y los dedos de su mano izquierda se fugan en una caricia efímera sobre el antebrazo de Robin. Sobre el tatuaje.
Chasquea la lengua, derrotado antes de murmurar. "¿Has sido feliz conmigo?" Regina mueve sus labios, pero nada sale. A veces…, creo que a veces, tartamudea en silencio. "Eso creía…" responde él mismo soltando sus manos y viendo como Regina se deja hacer sin queja alguna.
Hood camina por la habitación y le da la espalda antes de empezar a hablar a ninguna parte.
"Regina, yo nunca he sido tu final feliz, y si alguna vez fui tu final… es sólo porque no te consideras digna de esa felicidad… No crees merecerla" musita devolviendo su mirada a los ojos de Regina, que por un momento duda. Duda y se rompe, porque no sabe si Hood habla de la felicidad o de… "Y te equivocas, nadie lo hace más que tú" añade y termina por confundirla del todo.
Y no sabe a qué contesta. Si a considerarse digna de su propia felicidad o… o de cualquier otra insinuación. Pero contesta, tartamudea y niega con la cabeza: "Eso no es cierto…"
"¡Regina…!" "¡Mama!" ¡No, por favor!" La sala se estremece con un segundo estallido y esta vez escucha dos voces. Más fuertes, más rotas, taladrando sus oídos hasta clavarse en su pecho con un dolor real.
"¿Qué es…?" pregunta encogiéndose sobre sí misma.
"La señal de que has de elegir. La puerta al paraíso o... esa segunda puerta" responde acariciando sus hombros mientras ella trata de recomponerse. "Pero creo que los dos sabemos qué ocurrirá. Gana la nueva oportunidad, ¿verdad?"
"¿Nueva oportunidad a qué?" lloriquea, preguntándose desde cuando Robin es tan críptico, tan complejo, y por qué ha tenido que elegir precisamente este momento. Podría gritar, de impotencia, de dolor, de rabia.
Pero él apenas se inmuta, apagándose frente a sus ojos.
"A tu final feliz…" susurra casi sin voz.
"Pero ese eres tú…" responde, obviando el tono de pregunta, aunque resuene como un eco en su cabeza.
"Ojalá…" gime.
"¡REGINA!" La voz ya es un trueno, un estallido que retumba por toda la sala y se estrella contra su cuerpo, sacudiéndola hasta los huesos. Y no puede creer que Hood no lo escuche, que él no sienta la angustia de ese grito, la forma en que tira de su ser.
Pero está segura.
Hood no escucha nada, para él todo es silencio y tristeza y el hombre al que una vez creyó amar se desmorona segundo a segundo frente a sus ojos. Trata de recomponerse, de olvidar la exigencia, la necesidad de esos gritos, y susurra con torpeza.
"Te quiero…"
"Lo sé…" asiente una y otra vez, pero sus ojos se humedecen y su voz se reduce. "Lo suficiente para sostenerme cuando morí, para llorar sobre mi cuerpo, para sufrir por mí" recuerda con los ojos cerrados, pero cuando los abre cae una pequeña y casi olvidada lágrima. "¿Pero tanto como para morir por mí? ¿Sin dudarlo?"
Lo sabe. Como ella. Quizás incluso más que Regina. Y lo está diciendo. Sin palabras. Sólo miradas. Pero es suficiente para romperla, para dejar todo claro, para que Regina se sienta como una mierda y al mismo tiempo liberada.
"Lo siento…" lloriquea.
"No tienes por qué…" niega repetidas veces con la cabeza. "No es tu culpa… y en unos segundos lo olvidaré todo" intenta bromear, intenta sonreír. Pero todo queda en intento.
"Lo siento… lo siento tanto, Robin" musita buscando sus manos, apretándolas con fuerza entre las suyas. Se está disculpando, pero no tiene claro si es por no quedarse aquí con él, o por no haber estado nunca.
"Yo no…" solloza llevándose las manos de Regina hasta sus labios y dejando sendos besos en ellas. "Sólo quería que fueras feliz… hubiera deseado ser yo pero…" Le falla la voz y libera las manos de Regina, dejándolas caer sin fuerza. Los propios ojos de Robin caen hasta el suelo "Debí haberlo sabido antes… En realidad siempre había sido así…"
"¡REGINA!" Regina cierra los ojos cuando el rugido retumba en su pecho y tira de ella con un efecto casi físico.
Hood no ha oído nada, pero lee las señales cada vez mejor. "No les hagas esperar…"
"Robin…" balbucea.
Él niega con la cabeza, de nuevo, pidiendo que se detenga. "Yo también te quiero… sé feliz" ruega sin tomar aire e inclinándose hasta que sus labios tocan su frente. Regina cierra los ojos, rota por esa despedida. Por Hood. Por haber vuelto a él sólo para romper su corazón. Pero puede volver. Y no hay nada que desee más. Nada que pudiera evitar que regresara. Nada lo suficientemente poderoso, importante, o fuerte como para no elegir… esa segunda puerta. "Os lo merecéis"
Los labios dejan de tocar su piel y un segundo grito parte su cuerpo en dos.
"¡NO, REGINA, POR FAVOR!"
Chilla, igual que esa voz. Chilla y siente como Hood, las nubes, esa luz nívea y desquiciante desaparecen. Todo desaparece, nada queda…
Sus pulmones se expanden y un dolor punzante recorre todo su cuerpo cuando este vuelve a la vida. Toma aire con desesperación y abre sus ojos aterrada. Pero el oxígeno vuelve a expandir su pecho y una mano aprieta la suya con fuerza, sosteniéndola aunque esté tumbada. Porque está casi segura de que está tumbada. Sus ojos distinguen un cielo estrellado sobre su cabeza y varias cabezas más asomándose sobre ella.
"¡Mamá! ¡MAMA!" Es la voz de Henry gritando fuera de sí, con lágrimas y una sonrisa enorme. "¡Ha funcionado!" chilla una vez más sosteniendo con ambas manos el rostro de Regina, que pestañea intentando enfocar.
"¿Qué… qué ha pasado?" musita y su garganta se resiente al volver a ser de utilidad. Mira a su alrededor. Ya no está en el cielo, es de lo único que está segura. Aquí hace frío, hay dolor, y no puede ver más luz que la de las tétricas farolas que alumbran la calle. ¿Ha sido todo un sueño? Hood, el limbo, los gritos… No, no puede ser. Todo ha sido real. Ella… Hook… su garfio… "Yo… yo estaba…" Se toca su pecho, ahí donde debería estar la herida, pero sólo encuentra piel lisa y bajo ella… palpitaciones. "¿Tengo pulso?"
"Eso parece…" bromea David, una de las cuatro cabecitas que permanecen junto a ella.
"¿Tengo corazón?"
"Bueno… medio" Esta vez es Snow la que puntualiza.
"¿Qué?" susurra mirando a todas partes. "¿De quién?" Y esta vez sus ojos se clavan en Henry, sospechosos, confundidos.
Pero el pequeño niega con la cabeza.
"Mamá dijo que usar el mío podría ponerme en peligro…"
Pestañea dos veces, incluso tres. "¿Entonces?" musita y esa mano que no ha soltado la suya desde que regresó, le da otro apretón, más largo que el anterior. Sigue el rastro de esa mano, desde la suya hasta el hombro del que nace y sus ojos chocan con los de Emma. "Oh."
Ojos rojos, hinchados, y con las mejillas al rojo vivo. Una imagen que contrasta con la sonrisa de verdadera felicidad que ilumina su cara.
"Bienvenida"
Esa voz…, piensa para sí con el recuerdo de cada grito retumbando en su pecho, dando vida a su cuerpo, reclamándola para el mundo de los vivos. Hacia su final feliz.
Su corazón, o su medio corazón, late tan fuerte que teme que estalle. Y ella sólo es capaz de sonreír y musitar: "Oh."
Fin
